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Diálogos sobre educación. Temas actuales en investigación educativa

 ISSN 2007-2171

        25--2024

https://doi.org/10.32870/dse.v0i27.1386 

Paisajes nítidos

El trayecto al aquí y el ahora

The journey to the here and now

Dafne Rodríguez González* 

*Maestra en Tecnologías para el Aprendizaje. Doctorante en Educación. Líneas de Investigación: Nuevas literacidades, Innovación educativa y Procesos de aprendizajes. Universidad de Guadalajara. México. dafne.rodriguez3772@alumnos.udg.mx


Cuando pesco un momento del caudal de mi vida para reflexionar sobre las decisiones que me han llevado a estudiar el Doctorado en Educación, siento que estoy donde debo estar. En estas líneas intentaré explicar el porqué de este sentir.

Esta historia tiene cuatro momentos determinantes que enlazaré poco a poco: 1) el reconocimiento de la investigación como algo más que un requisito de titulación; 2) la consolidación de “El cuentero” como proyecto de investigación aplicada desde y para las personas que leen por placer; 3) los Nuevos Estudios de Literacidad como primera aproximación teórica a la lectura desde una perspectiva sociocultural, y 4) el diálogo con una pluralidad de mundos como fuente de conocimiento.

A fin de que estos momentos tengan sentido en esta historia, requerimos de cinco elementos adicionales. Para identificarlos, tenemos que regresar varios años en el tiempo: a la génesis de mi forma de ser, aspiraciones y sueños. Tuve una infancia rodeada de experiencias de escucha activa, validación de mis pensamientos, referentes educativos y de libros. Estos últimos (elemento A) han sido mi constante fuente de conocimiento, esparcimiento y consuelo.

Cabe apuntar que mis historias favoritas eran las de Sherlock Holmes; me maravillaba la forma en que deducía situaciones con sólo ver el barro, las cenizas de un cigarro o hacer dos preguntas muy concisas. En mi poco contacto con el mundo, creía que sólo los detectives podían ejercer ese oficio, pero soñaba con desarrollar esa capacidad de utilizar el conocimiento de forma estratégica para leer el mundo (elemento B), más allá de acumularlo para pasar un examen y tener una buena nota.

La lectura (elemento C) incentivó mi curiosidad, creatividad y capacidad de expresión hasta el punto que cuando tuve que elegir una profesión, buscaba una que me permitiera explorar distintas formas de externar ideas. Sin embargo, mi madre, que ha dedicado su vida a la educación de niños y jóvenes, me orientó a mirar hacia la comunicación como un camino con más vertientes para manifestar mis ideas.

Es necesario confesar que al inicio no estaba muy convencida, pero, conforme me fui formando como licenciada en comunicación en la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT), descubrí que mi vocación estaba en idear formas de transmitir pensamientos y conocimiento en mensajes adecuados para cada público (elemento D). Con el tiempo, también me di cuenta de que no quería transmitir cualquier idea, sino los sentimientos, reflexiones y conocimientos que originan la lectura y los libros.

Me orienté a la promoción de la lectura (elemento E) y me encontré con una práctica que debería apoyarse en una pluralidad de disciplinas que permitieran conectar con las personas, pero que en la praxis muchas veces se espera que los individuos lean porque “es beneficioso para su desarrollo”, con una guía que no toma en cuenta sus intereses, prácticas y contexto, y un listado de materiales elegidos por su “prestigio literario”.

Cabe señalar que una asignatura que me reconectó con mis sueños holmesianos fue la del periodismo literario. Conocer cómo la investigación se utiliza para escribir historias y expresarse con base en hechos y averiguaciones, me hizo replantear el camino que estaba tomando hacia una especialización en literatura.

En este punto de la historia se originó el primer momento. Solicité una beca de movilidad estudiantil en España con el propósito de salir de mi zona de confort y conocer otras culturas. Me inscribí a asignaturas de investigación en la licenciatura en sociología, y no en comunicación. Nunca me imaginé lo que significaría esto para mí; primero, porque sí me sacó de mi confort, no sólo porque la cultura educativa era diferente sino porque la disciplina era desconocida para mí; y segundo, porque me alejó de la idea de que la investigación era un cúmulo de teorías y datos sobre un tema.

Recuerdo perfectamente cuándo se dio ese primer momento determinante. Fue durante un congreso multidisciplinario, cuando una ponente señaló que faltaban comunicólogos investigando para realizar aportaciones sobre temas que ya son estudiados desde otras disciplinas; que debíamos creernos que podíamos enriquecer el conocimiento, no sólo difundirlo. Ahí me planteé dedicarme a la investigación sobre la lectura, mirándola como un proceso comunicativo. Sin embargo, mi proyecto fue ingenuo y tardío, pues al regresar a cursar mi último año e iniciar mi tesis, me encontré con que los procesos de titulación eran muy largos para mi proyecto de vida, y que requería insertarme en el mercado laboral al terminar el programa de estudios.

En consecuencia, me titulé por medio de examen CENEVAL y comencé a trabajar en una agencia de publicidad en redes sociales. En aquellos años -por ahí de 2014- el marketing digital iba tomando fuerza, y por eso me llamaba la atención aprender cómo comunicar mensajes por ese medio. Además, buscaba aplicar estos conocimientos en la promoción de la lectura a través de lo que llamo “el laboratorio de prácticas”, un proyecto denominado “El cuentero”.

Aquí me detendré para darle contexto al segundo momento determinante. Durante poco más de tres años, con un grupo de compañeros y amigos locuté y produje un programa en la radio universitaria. “El cuentero”, producto de mis ganas de expresarme y mi amor por la lectura; consistía en acercar al público general cuentos y novelas dramatizados en capítulos semanales, acompañados de comentarios y recomendaciones de libros. A mi egreso, el proyecto se fue conmigo para continuar construyéndolo y explorando.

Con los aprendizajes sobre comunicación en redes sociales y mi propio espacio comunitario para aprender por ensayo y error, en los siguientes años comencé a crear distintos contenidos sobre lectura, libros y literatura. La idea era conformar una comunidad de lectores para dialogar e intercambiar ideas y sentires.

Más adelante, laboré en la Coordinación de Difusión de la División de Ciencias Sociales y Humanidades de la UJAT, lo cual me permitió tener más contacto con la investigación y la divulgación de la ciencia. Participé en la coordinación de una gran diversidad de eventos culturales y científicos de los que aprendí mucho. Además, el contacto con la cultura investigativa, no sólo de la región sino del país, reavivó mis pretensiones de dedicarme a la investigación ya con una visión mucho más realista y avezada.

Es así como, con ideas más claras, ingreso al Máster en e-learning y redes sociales de la Universidad Internacional de la Rioja. La intención era aprender sobre educación y los procesos de aprendizaje a través de los medios digitales, pues quería enriquecer la promoción de la lectura con elementos educativos. Además, deseaba conocer el manejo de ambientes informales de aprendizaje y hacer mis pininos en la investigación.

Tras titularme, me acerqué a mi alma máter en la búsqueda de aplicar los saberes adquiridos, pero me encontré que la integración de tecnologías en la educación aún era incipiente. Así decidí estudiar una segunda maestría para reconocer el contexto educativo mexicano, pero que siguiera la línea de tecnologías e innovación.

Con este fin, y el de formarme en investigación, ingresé a la Maestría en Tecnologías para el Aprendizaje en la Universidad de Guadalajara. Ahí me adentré en temas de literacidad y pedagogía desarrollando el diseño fundamentado de una plataforma para incentivar la comprensión lectora y promover la lectura. A través de este trabajo se dio el tercer momento determinante, mi primer contacto con los Nuevos Estudios de Literacidad, que le dieron sentido a todas las experiencias en mi práctica empírica como promotora de lectura que no había sabido clasificar dentro de la cultura letrada que se promueve en el sistema educativo.

Con esta nueva perspectiva comencé a implementar diversos cambios en “El cuentero”, que me permitieron reconocer la teoría en las situaciones y los diálogos que originaron. Además de comprender que la lectura no se promueve, se media, pues todas las personas tienen prácticas de lectura, y estas sirven de puente para que exista comunicación entre el texto y su pensamiento. La persona que media sólo orienta al reconocimiento de estas prácticas.

Estas observaciones me llevaron a ser consciente de las imposiciones que había ejercido en nombre de la “calidad literaria” y el “leer bien”. A partir de ahí comencé a cuestionarme ¿quién decide lo que se debe leer?, ¿qué debemos leer?, ¿por qué debemos hacerlo por placer?, ¿por qué leer?, cuando llegó la pandemia. Al obligarnos a usar la tecnología para la educación, la necesidad de profesionales en tecnología de información y comunicación (TIC) para el aprendizaje me permitió colaborar en la capacitación docente a lo largo y ancho del país; así como entablar diálogos con actores educativos en una intimidad que la falta de contacto presencial y la necesidad de expresión propiciaban.

Ahí, en el cuarto momento determinante de esta historia, observé que la reconfiguración de las prácticas de lectura que ya había iniciado me permitió aprender más de las experiencias con las que tuve contacto, y reconocer mis prejuicios y limitaciones; comprendí que comunicar y dialogar son actividades diferentes, pero igualmente enriquecedoras y, por ende, que amplían mi mundo. Además, las reflexiones más ricas las propiciaron personas cuyos puntos de vista sobre la lectura han sido invisibilizados por los sistemas educativo y cultural, como las infancias, las juventudes, las amas de casa, adultos que no tuvieron acceso a educación media superior o superior e individuos que provienen de comunidades originarias.

El contacto con estos últimos fue un choque cultural, educativo e investigativo muy fuerte. Se dio a través de un grupo de estudiantes indígenas de la Universidad Intercultural del Estado de Tabasco (UIET) durante el Taller de Fortalecimiento de las Lenguas Originarias, diseñado con apoyo de la Red de Investigación en Educación Rural en 2021. Durante las sesiones se entabló un diálogo muy fértil con los y las estudiantes, quienes se mostraron muy abiertos a escuchar y dar su opinión sobre los temas abordados. Además, intercambiamos experiencias desde la riqueza de los saberes originarios, donde se prioriza la oralidad sobre la escritura.

Los encuentros con esta comunidad hicieron evidente que es indispensable que los individuos tengan una visión de la lectura diferente a la que promueve el sistema educativo, para producir conocimiento en relación con la literacidad.

Esta historia culmina con las reflexiones subsecuentes al taller, que se dieron en alineación perfecta al momento que inicio el doctorado. El rumbo de esta nueva etapa de mi trayectoria académica me lleva a la exploración, no sólo de nuevos saberes sino de formas alternativas y alterativas para producirlos. Creo que cada aspiración personal me ha llevado a determinaciones académicas que desembocan en este momento y este lugar, el Doctorado en Educación de la Universidad de Guadalajara. Cada experiencia ha guiado mis decisiones ontológicas y teóricas sobre el tema; y cada persona ha abonado a mi posicionamiento axiológico, epistemológico y metodológico. Lo anterior, con la conciencia de que este viaje que apenas está comenzando, no es lineal ni inmutable, fácil o diáfano, pero con la convicción de que, como dijo Lewis Carroll, “siempre llegarás a alguna parte… si caminas lo suficiente.”

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