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Península

 ISSN 1870-5766

        08--2025

https://doi.org/10.22201/cephcis.25942743e.2025.20.1.90484 

Sección Conmemorativa

Veinte años de Península

Un apunte sobre el andar de Península

Salvador Tovar Mendoza1 

1Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales


La producción editorial del Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales (CEPHCIS) concluye en la revista Península o en un libro. El sentido de publicar en una o en otro va más allá de la extensión. Por ejemplo, podemos pensar en la decisión de reunir textos de distintos autores como dosier o como libro colectivo. Creo que una de las diferencias obedece a la dinámica de cada publicación. En una revista, el resultado es relativamente inmediato en términos editoriales, por esta razón, puede servir como un avance de lo que quizá, en otro momento, llegue a ser parte de algo más; además, es una manera de conformar grupos con objetivos comunes. En el caso de un libro, los procesos suelen ser más prolongados y derivan en un producto en solitario o de pocos autores. La difusión del conocimiento -y, en el caso que nos atañe, el académico- requiere de ambas dinámicas de producción: la más inmediata y la que requiere mayor tiempo.

Antes de continuar, agradezco ahora a quienes han dirigido el cephcis y han confiado en mi persona para estar al frente del Departamento de Publicaciones. En orden cronológico, a Mario Humberto Ruz Sosa por haberme brindado la oportunidad de asumir la jefatura y a Miguel Lisbona Guillén, Adrián Curiel Rivera y María Carolina Depetris por haberme dado continuidad en sus proyectos directivos. A quienes han estado a cargo de Península, valoro que hayan asumido el cargo y que no hayan desistido; no los nombro ahora porque lo haré más adelante. Finalmente, mi gratitud y reconocimiento a quienes han conformado, desde diversos nichos y en distintos momentos y circunstancias, el equipo editorial: Daniela Maldonado Cano, Carlos Alberto Martínez López, Samuel Flores Osorio, Nery López Osorio, Marcos García Yeh, Ximena Garduño Sánchez, Alitzel Escamilla Haas, Marina Flores Cruz, Andrea Bonilla Blesa, Julissa Pacheco Guzmán y Salma López Rendón. Sin toda esta gente no hubiera sido posible la edición de cada número.

Cuando llegué al Centro no interveníamos de manera tan cercana en algunos procesos de Península, pero aquellos en los que sí, fueron el punto de partida para advertir la línea editorial de la revista. Considero que, desde su fundación, Mario Ruz, editor en ese momento junto con Daniela Maldonado -quizá por su vínculo con Yucatán, por la convivencia con un sinnúmero de especialistas y por el conocimiento del quehacer académico-, tuvo claro hacia dónde debía dirigirse esta publicación peninsular y estableció cimientos que la siguen guiando, por ejemplo, su inclusión en índices (y así se ha mantenido hasta ahora a pesar de algunas peripecias).

El primer relevo de los editores ocurrió con la llegada de Ricardo López Santillán, quien puso al día la periodicidad de la revista que, por diversas circunstancias, se había retrasado. Además, se dio cuenta de que era necesario contar con unas normas editoriales que le dieran homogeneidad al aparato de referencias y como bien lo menciona en su texto conmemorativo, se siguen utilizando hoy, tanto en Península como en los libros publicados por el CEPHCIS. Cuando estábamos trabajando en ellas me retrasé en la entrega porque no estaba satisfecho con el resultado, él -sabedor de las necesidades y las urgencias de ese momento- me pidió lo que tenía y, de manera práctica, terminó de elaborarlas. Hoy me doy cuenta de su acierto, pues ir desarrollando esas normas ha llevado alrededor de once años y se utilizan en la actualidad.

Rubén Torres Martínez fue el siguiente editor y estuvo a cargo de dos números, durante diez meses, como comenta. La brevedad del período no me permitió saber hacia dónde conduciría la revista, sin embargo, aunque su adscripción al cephcis era reciente y estaba aprendiendo en diversos sentidos, logró que se siguiera publicando a tiempo. Acertadamente afirma que el paso por la revista es formativo, muestra de ello es que una de las cosas más tensas para el equipo es el cambio de editor porque esta situación conlleva una curva de aprendizaje y el tiempo nunca sobra; a pesar de esto, las renovaciones siempre han resultado enriquecedoras.

Para que el proceso editorial fluya, me parece necesario dejar que cada editor vaya guiando la revista en función de su propio camino profesional y de sus redes, cuestión que, además, es inevitable. En este sentido, Península tiene definida una línea, sin embargo, a partir de ella, la revista se reconfigura y es esta característica la que muestra la diversidad del Centro. Por ejemplo, el trabajo conjunto de Rosa Torras Conangla y de David de Ángel García dejó ver cómo podían interactuar dos disciplinas de las ciencias sociales y las humanidades. Entender el camino del editor es apropiarse de algo del conocimiento de cada uno y esa suma es una manera de tejer el fin que persigue la interdisciplina: reunir el conocimiento diverso para un fin común.

David de Ángel dirigió en solitario su último número -ya con bastante soltura, recuerdo- y entregó la revista a Virginia Carrillo Rodríguez quien, debido a coyunturas laborales -como relata-, tuvo que asumir sola el cargo. Hasta ahora ha sido quien ha estado durante más tiempo y me gusta pensar que un buen reconocimiento a su perseverancia fue el Premio al Arte Editorial otorgado por la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (caniem). En este periodo el Departamento de Publicaciones elaboró un proyecto para que llegaran estudiantes interesados en realizar el servicio social en la dependencia. La revista había contado antes con estudiantes que apoyaban principalmente a los editores y, de manera secundaria, al Departamento, así que el plan ahora era que estuvieran centrados en Publicaciones. Aunque durante los primeros meses no hubo interesados, después de que llegó la primera persona, ha habido candidatos de manera constante. Ha sido enriquecedor trabajar con ellos porque aportan ojos frescos a las tareas editoriales y nosotros intentamos brindarles herramientas que les resulten útiles en el campo laboral al que están por enfrentarse. Debo mencionar que también existe una parte ingrata pero que de ninguna manera nos desanima a que sigan llegando aspirantes: se capacitan, comienzan a entender el trabajo editorial y, cuando van teniendo un dominio, deben irse. Valga decir que este ciclo guarda una similitud con los editores.

Si bien desde que se logró la periodicidad puntual no han vuelto a ocurrir retrasos, nunca dejan de existir los tiempos a contrarreloj. No me refiero solamente a las labores de corrección y maquetación, el apremio ocurre en otras fases, como la de solicitud de dictámenes. Esta situación fue más clara cuando Amada Rubio Herrera involucró a los integrantes del Departamento de Publicaciones en procesos que veíamos de lejos. En alguna ocasión asistimos a un conversatorio con estudiantes de doctorado donde dialogamos sobre los procesos de publicación en revistas académicas. Ahí me di cuenta de que Península tenía una forma propia: un cerco amplio y flexible que le permite unificar disciplinas. Este número ha estado a cargo de Fernanda Valencia Suárez y de Rodrigo Llanes Salazar y, pese a las premuras y a que están al frente por primera vez, han logrado concluirlo satisfactoriamente. Recién advertimos hacia dónde se encamina la revista y es temprano para saber hacia dónde la llevarán, pero, sin duda, continuaremos trabajando para que Península siga siendo un órgano de difusión del cephcis y de lo que ocurre alrededor de la región y sus latitudes geográficas y disciplinares.

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