La comunicación con el paciente, fuera del ámbito del consultorio o del hospital, siempre ha sido difícil y, en ocasiones, compleja. Los médicos siempre hemos tratado de estar cerca del paciente, aún antes de que existieran las tecnologías que hoy conocemos, la voluntad de estar atentos a sus necesidades siempre ha estado presente.
En algunos hospitales se tiene la ayuda valiosa de los médicos residentes o asistentes que están en las diversas áreas y que nos mantienen informados cuando el médico no puede estar presente. La necesidad de la comunicación médico-paciente exige el uso nuevas tecnologías que permiten tener un contacto inmediato; sin embargo, esta facilidad de tener una consulta médica a través de mensajes conlleva al abuso de muchos pacientes, incluso, algunos exigen contestar a la brevedad, sin mencionar que la gran mayoría consulta por esta vía de forma gratuita.
Por diversos medios electrónicos envían estudios de laboratorio, de gabinete, fotografías solicitando al médico interpretar, establecer un diagnóstico y prescribir el tratamiento; llegando en ocasiones a la necesidad de enviar recetas médicas digitales. Hoy día, las farmacias aceptan, también, recetas por WhatsApp, ya que únicamente se corrobora la cédula profesional y con ello otorgan al paciente el medicamento, pero no todo termina ahí, ya que el paciente puede guardar la receta y volver a surtirla en el momento que desee, ya sin la prescripción del médico.
Existen países en donde esta situación tiene una regulación estricta: es obligatorio que el paciente acuda a un consultorio o al servicio de urgencias para ser revisado y atendido con calidad para otorgarle el tratamiento conveniente.
Desafortunadamente, en nuestro país la prescripción médica es muy liberal y, en muchas ocasiones, es manipulada por exigencias del paciente.
Algunos médicos se niegan a tener comunicación por WhatsApp; sin embargo, el paciente no se siente a gusto y prefiere buscar a otro que lo atienda por esta vía, no importando que el cambio de médico tenga un costo en su calidad. ¿Será que, en el futuro, el médico no tenga la necesidad de explorar al paciente? y ¿solo a través de estas nuevas tecnologías se tendrá que prescribir el tratamiento?
¿El futuro de la atención médica seguirá en esta misma dirección? Podemos, también, pensar que el paciente podría consultar a la inteligencia artificial y pedirle, a través de los síntomas y signos, el diagnóstico de su enfermedad y el tratamiento que tendría que recibir. Con esta nueva herramienta, los médicos pasarían a un segundo plano, y ya no habría ninguna necesidad de su existencia, de su empatía, que se está perdiendo ante este vaivén de mensajes de texto.
Hoy en día, los pacientes y los médicos hemos creado un tipo de medicina a través del WhatsApp, en donde la inmediatez se exige y lo impersonal se vuelve habitual. En el futuro, la inteligencia artificial será la fórmula de contacto para que el paciente tenga un rápido conocimiento de su posible diagnóstico y tratamiento, y no necesite más del médico.














