83 330 
Home Page  

  • SciELO

  • SciELO


Investigación económica

 ISSN 0185-1667

        08--2025

https://doi.org/10.22201/fe.01851667p.2024.330.89655 

Adam Smith at 300: a symposium

Una forma de releer a Adam Smith

A way to reread Adam Smith

Alejandro Valle Baeza1 

1Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (unam, México). Correo electrónico: valle@unam.mx


RESUMEN

Las relecturas que motivan este ensayo son el objeto de la economía política y la medida del valor. Releer a Adam Smith siempre nos lleva a encontrar algo nuevo en la medida que avancemos en alguno de los temas que trata. Mostraré que frecuentemente se vulgariza a Smith en el sentido que le dio Marx al término de economía vulgar: un cuerpo teórico donde la propaganda domina sobre la búsqueda de la verdad. El proceso de vulgarización de la obra de Smith empezó con Walras y continúa hoy en los think tanks que lo presentan como un adalid del mercado omnipotente. El tema de la medición del valor ha seguido dos rutas, una marxista y otra ricardiana. Nuestro análisis muestra las diferencias enormes que hay entre ambas. El planteamiento de Smith es más ricardiano que marxista, aunque se distingue de ambos por su interés práctico. Esto lo ilustramos con una sugerencia del escocés que se ha visto realizada.

Palabras clave: finalidad de la economía; teoría del valor trabajo; teoría de los precios; medida del valor

Clasificación JEL: B12; B51

ABSTRACT

Revisiting Adam Smith always leads us to find something new as we advance in some of the topics addressed. Here motivations to revisit Smith are twofold, the object of Political Economy and the problem of the measure of value. Smith is often vulgarized in Marx's sense of the term vulgar economics: a body of theory where propaganda dominates over the search for truth. The process of vulgarization of his work began with Walras and continues today with the think tanks that present him as a champion of the omnipotent market. On the other hand, the subject of the measurement of value has followed two routes, one that I call Marxist, and the other Ricardian. The analysis here presented seeks to show the enormous differences between the two. Smith’s approach would be more Ricardian than Marxist, although it differs from both by its practical interest. An example is given to illustrate the practical relevance of the great Scotsman’s argument.

Keywords: Aim of economics; labour theory of value; theory of prices; measure of value

JEL Classification: B12; B51

1. INTRODUCCIÓN

Presento dos relecturas de Adam Smith desde una perspectiva marxista. Smith fue un economista burgués, pero también un científico que indagó la verdad. Como teórico burgués sus preocupaciones son principalmente las de la clase capitalista, como científico encontró cosas que incomodaron e incomodan a la burguesía. Las relecturas que motivan este ensayo son el objeto de la economía política y la medida del valor.

El título de este ensayo dice claramente lo que pienso de la actualidad del legado de Adam Smith. No recuerdo de quien leí que un autor clásico es aquel de quien se dice: “estoy releyendo a”. Nos dejó algo importante desde la primera lectura y con las posteriores entendemos nuevas cosas cada vez. Eso es Smith, un clásico. De Carlo Benetti recuerdo haber escuchado en una conferencia que los clásicos son autores que no sólo respondieron preguntas fundamentales para la disciplina, sino que formularon preguntas que aún hoy no hemos respondido cabalmente. Hay que releer a Smith por esa razón.

Adam Smith es un economista político clásico, sin duda. En lo que sigue hablaré de una forma de releer a Smith que me permito sugerir a otros. Espero que sea útil. Tocaré dos aspectos: el objetivo de la economía política que él planteó y una interpretación mía de la “medida del valor”, tal como la entiendo de La Riqueza de las Naciones. El primer punto se refiere a que Adam Smith no fue lo que la propaganda dice, un campeón del mercado libérrimo. La economía política lo tiene entre sus constructores más notables.

El segundo tema de este ensayo es la medida del valor. Una brevísima síntesis del tema muestra que hoy se sigue leyendo la teoría del valor de Smith e interpretando sus palabras. El precio real fue definido por el escocés de una forma que resulta actual. Para él se trataba de un asunto práctico y no sólo teórico. Veremos que las dificultades del tema se aligeran si empleamos a Marx. Como éste último hizo, hay que leer y releer a Smith para avanzar en el conocimiento.

2. SMITH Y EL OBJETIVO DE LA ECONOMÍA POLÍTICA ENTONCES Y HOY

Los primeros textos de la disciplina económica se autodenominaban Economía Política y, para Smith, tenían la finalidad expresa de intervenir en la política gubernamental de la época. El escocés definió la economía política como:

[…] uno de los ramos de la ciencia del legislador o del estadista, que se propone dos objetivos distintos: el primero, suministrar al pueblo un abundante ingreso o subsistencia, o hablando con más propiedad habilitar a sus individuos y ponerles en condiciones de lograr por sí mismos ambas cosas; el segundo proveer al Estado o República de rentas suficientes para los servicios públicos. (Smith, 1981, p. 377).

La obra de Smith está llena de afirmaciones claramente apologéticas del capitalismo. Califica al “sistema mercantil” como un estado “progresivo”, como “un estado feliz y lisonjero para todas las clases de la sociedad.” Propiciando la crítica, Smith llega a afirmar: “Por un individuo muy rico ha de haber quinientos pobres y la opulencia de pocos supone la indigencia de muchos.” (Ibid., p. 629). En el mismo sitio justifica la existencia del gobierno civil por la defensa de la propiedad privada. “Más allí donde no hay propiedad, o ésta no excede del valor de dos o tres días de trabajo, dicha institución, no es tan necesaria.” (Ibid.).

Otro de los grandes de la economía política, David Ricardo, a pesar de haber sido él mismo parlamentario, no propuso para la disciplina un fin que hoy parezca inmediatamente político: dice en el Prefacio de su Principios de Economía Política y Tributación que “la determinación de las leyes de la distribución es el problema primordial de la economía política.” Sin embargo, ese problema era de la mayor importancia e inmediatez política en un momento en que un aumento en el precio de los cereales causaba protestas callejeras. Hay que traer a colación que en la Inglaterra del primer cuarto del siglo xix cerca del cuarenta por ciento del ingreso de un asalariado se gastaba en pan. En consecuencia, la elevación de ese precio tenía efectos muy considerables sobre el nivel de vida de la población trabajadora. Tales elevaciones de precios beneficiaban a la clase terrateniente, la cual todavía gozaba de un considerable poder. Por ello, aunque la obra de Ricardo tenía una finalidad principal que hoy podríamos calificar de académica, en rigor estaba estrechamente ligada a la práctica política de la clase burguesa británica. Ricardo propugnó la libre importación de granos para impulsar el desarrollo de la sociedad capitalista.

Smith y Ricardo simbolizan bien la doble finalidad de la economía política: por un lado, hacen una defensa del régimen capitalista y, por otro, indagan soluciones a los problemas prácticos de su tiempo. El vínculo entre ideología y ciencia es desde esa época complejo: Smith y Ricardo son -en palabras de Rubin (1979, pp. 239-241, passim)- “hombres -de su clase y de su tiempo” y son capaces, en muchas ocasiones, de plantear ciertas verdades que más tarde serían consideradas perniciosas por los miembros de esa clase a la que pertenecían.

La defensa del capitalismo en la fase que le tocó vivir a Smith fue una tarea progresista. Muy pronto los economistas e ideólogos de la clase capitalista combatieron el aspecto político de la disciplina que facilitaba posiciones anticapitalistas:

Proporcionar a la gente unos ingresos abundantes y al Estado unos ingresos suficientes constituyen dos objetivos muy valiosos, y si la economía política nos ayuda a lograrlos, nos prestará un notable servicio. Pero no me parece que constituyan el objeto de una ciencia en sentido estricto. (Walras, 1987, p. 140).

La ciencia -según la define Walras- debe procurar verdades “puras” independientes de los resultados buenos o malos que ellas ocasionen (Ibid.). La economía política debe ser pura, desligada de las aplicaciones:

[…] decir que el objeto de la economía política es proporcionar a la gente unos ingresos abundantes y al Estado unos ingresos suficientes, es como decir que la geometría tiene por objeto construir casas sólidas y que la astronomía tiene por objeto navegar con seguridad por los mares. (Ibid., p. 141).

Walras nos proporciona un atisbo de lo que aparecerá en la diciplina: ¡Say es más relevante que Ricardo! Say define la economía política de manera opuesta a Smith: es una “ciencia natural” que tan sólo expone cómo se produce, se distribuye y se consume la riqueza social. Algunos economistas celebraron el enfoque naturalista de Say:

Este punto de vista les ayudó -a los economistas-, en efecto, particularmente en su lucha contra los socialistas.

Todo plan de organización del trabajo, todo plan de organización de la propiedad, fue rechazado a priori por ellos y por así decirlo, sin discusión, no porque estos planes fuesen contrarios al bienestar económico o a la Justicia social, sino simplemente porque eran arreglos artificiales encaminados a sustituir lo que es natural (Walras, 1987, pp. 343-344).1

Walras concuerda con Say sobre que la economía política debería ser una “ciencia natural” pero discrepa de los seguidores de Say que afirman el laissez faire, laissez-passer absoluto. Consideró que la definición de economía política de Smith superaba a la de Say. No obstante, las cuestiones prácticas no pertenecían a la ciencia sino al arte. La visión de Smith sobre la economía política es calificada por Walras como “incompleta” y la de Say como “inexacta”.

La crisis de 1929 preparó el terreno para que la regulación gubernamental reinara en el capitalismo. El sistema tuvo una edad de oro regulando la economía después de la Segunda Guerra Mundial y hasta mediados de la década de 1970. Alrededor de esta década se consideró que las crisis habían desaparecido y habían dado paso a recesiones comparativamente benignas. El valor político de este logro económico fue resumido por Harold Mcmillan en 1959: “La lucha de clases es obsoleta”. 2 El triunfo del capitalismo se le atribuyó a la aplicación de políticas keynesianas que estimulaban la demanda. Richard Nixon, un paladín del conservadurismo, declaró en 1971: “Ahora todos somos keynesianos”, aunque lo que dijo fue un tanto diferente la frase anterior es la que ha trascendido. La economía política ya se denominaba teoría económica para entonces. ¿Smith y otros clásicos habían vencido a los “economistas vulgares? Marx afirmó lapidariamente que la economía política como ciencia había muerto con David Ricardo y su lugar era ocupado por la economía vulgar, una mezcla de propaganda y teoría económica aplicada. Paul Samuelson afirmó: la depresión, el dinosaurio de la preguerra se ha transformado en una lagartija en la posguerra.3 La crisis petrolera de 1974-1975 terminó con el triunfalismo. La estanflación capitalista debilitó hasta expulsar de su pedestal a Keynes y a los practicantes de su teoría.

La crítica de la realidad trajo las políticas ofertistas en diferentes empaques: monetarismo, expectativas racionales, etcétera. Hoy Say y Hayek parecen ser los que inspiran los enfoques dominantes, no Adam Smith. La libertad de mercado resuelve los problemas económicos y, además, trae libertades democráticas, sostienen muchos líderes políticos del planeta. “Hemos eliminado más regulaciones destructoras de empleos que cualquier administración anterior, afirmó Trump en su discurso de despedida” (Wallach y Kennedy, 2022, p. 1). “¡Viva la libertad carajo! grita el presidente argentino Javier Milei cada vez que puede. Se refiere a la libertad de mercado.

Say parece hablar por la boca de muchos economistas en el poder que no podrían hacer investigaciones con la profundidad de Adam Smith. La figura de Smith aparece distorsionada por el sesgo falsamente “libertario” en think tanks como el Adam Smith Institute, que declara ser “una organización independiente, sin fines de lucro y apartidaria, trabajamos para promover el libre mercado y las ideas neoliberales a través de la investigación, la publicación, la difusión en los medios y la educación. El Instituto está hoy a la vanguardia de la defensa de los mercados libres y de una sociedad libre en el Reino Unido” (Adam Smith Institute, s.f.).

La Association for Private Enterprise Education (APEE) le otorgó el premio Adam Smith en 1995 a Vernon Smith, un senior fellow del Cato Institute (una organización ultraconservadora), el mismo que en 2002 recibió el Premio Nobel de Economía. La misión de la APEE es poner en práctica conocimientos precisos y objetivos sobre la empresa privada. El liderazgo de la APEE se compromete a:

  • Ayudar a las personas a comprender y aplicar los principios de la empresa privada.

  • Revelar a las personas la mano invisible en acción.4(APEE, s.f.).

Hay una gran distancia entre la propaganda realizada por una red de organizaciones conservadoras o francamente reaccionarias como la Heritage Fundation y el trabajo serio de investigación realizado por Adam Smith. Hay una diferencia enorme entre elogiar al capitalismo en las postrimerías del siglo XVII, como hizo Adam Smith, y hacerlo ahora cuando la capacidad destructiva del sistema amenaza la vida misma. Releer a Smith nos obliga a recelar de los que reducen su complejo y riguroso pensamiento a una arenga procapitalista.

En la página web del Project 2025, una agenda conservadora que propone The Heritage Foundation a la sociedad estadounidense y, especialmente, al próximo gobierno que supone será el de Trump, se lee: “Durante más de dos años, la izquierda ha ignorado la voz de los estadounidenses comunes y corrientes, lo que ha provocado una inflación paralizante, el predominio de los varones biológicos en los deportes femeninos, una violencia desenfrenada y una crisis en la educación que no se había visto en décadas. Nuestro país es prácticamente irreconocible.” (The Heritage Foundation, 2023).

Una muestra de cómo hace propaganda la Heritage Foundation es que, para la fundación, la “izquierda” es el Partido Demócrata estadounidense. Otro ejemplo lo podemos leer en las soluciones que propone, donde afirma:

Los contribuyentes con ingresos altos ya pagan la parte del león de los impuestos federales sobre la renta. El 1 por ciento de mayores ingresos, obtiene el 21 por ciento de los mismos y paga el 40 por ciento de los impuestos. Los hogares en la mitad inferior de los asalariados pagaron el 3 por ciento de los impuestos federales sobre la renta y obtuvieron el 12 por ciento de los ingresos en 2018 (el año más reciente para el que hay datos impositivos disponibles). (The Heritage Foundation, s.f.).

La Heritage ve un problema en que el uno por ciento más rico pague la parte del león de los impuestos a los ingresos; no le incomoda que reciba el 21 por ciento de los ingresos. Por ello, el Project 2025 propone reducir los impuestos para todos, así como el gasto del gobierno de manera que el déficit gubernamental también se aminore.

Las ideas conservadoras actuales muestran vínculos con el pensamiento de Adam Smith sesgándolo, al exaltar el papel del mercado. Esto vulgariza a Smith pues ignora que su definición de economía política y en varias partes de su obra plantea la intervención racional del Estado en la economía, además del papel del mercado. Eso lo destacó Walras como vimos. La competencia es juzgada como benéfica para todas las clases sociales en la obra de Smith, aunque plantea un efecto negativo muy importante: la caída de la tasa de ganancia. La afluencia de capitales limitará la rentabilidad en toda nueva rama. Esto no es suficiente para concluir, como Ricardo y Marx, que la tasa media de ganancia disminuya tendencialmente. No obstante, mostrar un aspecto negativo de la competencia es un ejemplo de la actitud científica de Smith.

La obra de Adam Smith es incompleta tal como califica Walras a su definición de economía política. Pero esa es una perogrullada, toda obra es incompleta en algún grado. Hay obras como las de Marx y Ricardo que encuentran continuadores y exégetas. No he encontrado continuadores científicos de la obra de Adam Smith, como lo es Sraffa con la obra de Ricardo. He encontrado casi exclusivamente exégetas vulgarizadores de Adam Smith. Aquí hemos esbozado la vulgarización presente en varios sitios. Son principalmente “economistas vulgares” los que abundan y lo son porque hacen propaganda procapitalista y no ciencia. Los exégetas son de dos clases, los críticos como fue Marx en El capital o como Napoleoni en Smith, Ricardo y Marx; y los acríticos. Aquí mi primera lectura de La Riqueza de las Naciones fue indagando los temas de valor y plusvalía desde la perspectiva crítica de Marx. Ahora paso a releer la obra para analizar el valor y su medición conectados con la práctica económica del siglo xxi.

3. VALOR EN SMITH

Encuentro tres puntos principales en La Riqueza de las Naciones: a) valor de cambio (precio nominal) y el trabajo incorporado; b) el precio real o el valor de cambio medido por el trabajo adquirido (commanded labor), y c) el precio nominal y los ingresos de las clases.

Marx vio una contradicción entre el valor determinado por el trabajo incorporado y el determinado por el trabajo adquirido (Marx, 1987, p. 61). Rubin destaca que Smith definió el valor como trabajo incorporado y trató de encontrar una “medida invariable” del valor (Rubin, 1979, p. 184).

Ambos se refieren a lo siguiente: en una misma página, Smith define de dos maneras el valor, sin advertir las diferencias entre ambas: a) “El precio real de cualquier cosa, lo que realmente le cuesta al hombre que quiere adquirirla, son las penas y fatigas que su adquisición supone” y b) “[…] el valor de cualquier bien, para la persona que lo posee y que no piensa usarlo o consumirlo, sino cambiarlo por otros, es igual a la cantidad de trabajo que pueda adquirir o de que pueda disponer por mediación suya” (Smith, 1981, p. 31).

Más adelante, Smith aclara que los frutos del trabajo los tiene que repartir el trabajador con capitalistas y terratenientes y que sólo en el estado primitivo y rudo de la sociedad el producto íntegro del trabajo perteneció al trabajador (Ibid., cap. VI). El precio de las mercancías se resuelve en salarios, ganancias y renta. Otros ingresos como el interés se derivan de estos.

Entonces, sólo cuando no había ganancia y renta, el trabajo incorporado en cada mercancía y el trabajo que puede adquirirse con su venta coincidían. Fácilmente puede leerse de lo anterior que la teoría del valor trabajo de Adam Smith sólo es aplicable a las sociedades mercantiles precapitalistas. Blaug nos dice eso claramente (Blaug, 1990, p. 39).

No obstante, resulta paradójico leer: “El trabajo no sólo mide el valor de aquella parte del precio que se resuelve en trabajo, sino también el de aquella otra que se traduce en renta y en beneficio” (Ibid., p. 49).

Hay otras interpretaciones de la teoría del valor de Smith. Un ejemplo reciente es Terry Peach quien planteó varios aspectos de la teoría del economista escocés y refuta lo dicho por Blaug (Peach, 2009). No encuentro ni en Smith ni en sus exégetas claridad sobre dos temas centrales: valor absoluto y su relación con el precio; y el concepto de plusvalía. En lo que sigue discutiré el tema del valor absoluto.

El trabajo gastado en la producción, el valor absoluto, o trabajo incorporado fue definido más precisamente por Ricardo que por Smith como el trabajo gastado para producir los medios de producción más el trabajo directamente empleado en la producción. ¿Smith entendía por trabajo gastado sólo el directamente empleado? Ricardo no aclara suficientemente que su definición implica que la determinación del valor de cualquier mercancía sólo puede hacerse conociendo los valores del conjunto de todas las mercancías. Eso queda claramente planteado con los modelos matemáticos utilizados para definir los valores: el modelo es un sistema de n ecuaciones para n mercancías. El defecto de Ricardo no es éste, sino el que veremos un poco más adelante. Por ahora, me interesa destacar que la descomposición del precio que hace Smith en salario, ganancia y renta es erróneo pues ignora los medios de producción.

El defecto de Ricardo en su definición de trabajo incorporado es que no toma en cuenta las diferencias de eficacia atribuibles a técnicas y laboriosidades distintas. Marx afirmó que si el trabajo gastado fuera el determinante del valor entonces los productos de los procesos menos eficaces deberían de tasarse más alto que el de los más productivos. Al venderse todos los productos de diferente eficacia al mismo precio, se premia a los procesos más productivos y se castiga a los menos eficaces. De manera que el precio mide el valor como el tiempo de trabajo socialmente necesario en la concepción de Marx. Esto impulsa el crecimiento continuo de la productividad capitalista. Esta importante afirmación no está ni en Smith ni en Ricardo; pero fue derivada de sus teorías por Marx.

Esta medición precisa que los precios sean proporcionales (aunque sea aproximadamente) a los valores de las mercancías, pues de otra manera si no hubiera una fuerte correspondencia entre valores y precios no habría el premio y el castigo descritos.

Volveré a Marx más adelante, ahora veamos el asunto de la medida del valor.

3.1. Medida del valor en la teoría

Smith plantea que el precio con dinero mercancía falla al cambiar el valor de la mercancía dineraria. La inflación era y es un problema. Smith destaca que el menor valor del oro y de la plata proveniente de América hizo que los precios subieran considerablemente. “La distinción entre el precio real y el precio nominal del trabajo y de las mercancías no es materia de mera especulación, sino de mucha importancia y utilidad práctica” (Smith, op. cit., p. 34). Un ejemplo de utilidad práctica ofrecido por Smith es la venta de un terreno por una renta perpetua. En tal operación debería procurarse que los titulares de ese derecho conservaran el mismo valor de su renta y, por tanto, podría fijarse dicha renta no como una cantidad de moneda sino en unidades de salario.

Esta es una preocupación práctica contrastable con la teórica y puede verse en una carta de Ricardo a Say:

“[…] afirma usted que para que un manufacturero pueda saber a ciencia cierta si el valor de su capital ha aumentado, debe hacer un inventario de todo lo que posee, valuando cada artículo a su precio ordinario. Tal procedimiento sólo le informaría de si el valor en dinero de su capital ha aumentado: tal vez esto pueda satisfacer al manufacturero, pero no es el modo por el que un economista político debe juzgar el valor incrementado del capital. Durante la depreciación de nuestra moneda (billetes de banco) muchas personas pensaban que el valor de su capital había aumentado siendo que en realidad había disminuido, sólo por el hecho de que valía una mayor cantidad de libras esterlinas. El dinero, ya sea en papel moneda o metálico, puede siempre perder valor, y por tal motivo no puede ser una medida correcta de los otros productos, por seis meses consecutivos” (Ricardo, 2005, pp. 248-249).

Ricardo parece anticipar la separación positivista entre teoría y práctica hoy consolidada en la enseñanza de la teoría microeconómica como “núcleo duro” o científico de la economía y la macroeconomía. Lo que puede ser suficiente para el capitalista puede ser distinto de lo que el científico desarrolla.

En los planteamientos citados de Smith y Ricardo sobre la medida del valor son destacables dos aspectos: en Smith el aspecto práctico y en Ricardo el teórico. Smith contribuye a la economía como “arte” en palabras de Walras, como economía aplicada diríamos hoy. Ricardo aporta a la economía teórica y Smith a la economía práctica.

El aspecto teórico de la medición del valor, lo planteado por Ricardo, desembocó en la medida invariable del valor de Sraffa (1966). Aun cuando no cambie el valor los precios deben cambiar si se altera la tasa de plusvalía y sus variaciones dependen de las “diferentes proporciones entre medios de producción” (Sraffa, 1966, p. 37) y el trabajo directamente empleado.

La medida invariable del valor de Sraffa muestra que los precios, tal como lo afirmó Ricardo, varían no sólo por el valor, sino por el reparto del producto entre las clases. La canasta derivada matemáticamente de los datos técnicos de la producción permitiría observar las variaciones de precios de las mercancías ocasionadas por sus condiciones particulares neutralizando los cambios en la canasta misma. Es un logro científico sorprendente para un problema complejo que sirvió para reafirmar la crítica a la teoría subjetiva del valor. Sin embargo, los cambios de los valores son ignorados en este hallazgo. Parece confirmar la afirmación ricardiana de que es imposible encontrar “[…] una medida perfecta de valor y todo lo que le resta al economista es reconocer que la causa más relevante de la variación de las mercancías es la mayor o menor cantidad de trabajo que se necesita para producirlas […]” (Ricardo, 1973, p. 178). Veamos el lado práctico de la medición del valor que nos propuso Adam Smith.

3.2. Sobre el lado práctico de la medida del valor

La inflación importa principalmente porque significa la desvalorización del capital dinerario y la deflación, la desvalorización del capital productivo. La medición smithiana del valor atañe a una forma práctica de tratar la inflación: un ingreso, la renta de una propiedad, puede establecerse en unidades de salario y no en dinero metálico. Marshall contribuyó a la comprensión de la medida del valor dentro del pensamiento ortodoxo que atiende cuestiones prácticas:

La falta de un patrón adecuado de poder adquisitivo es la causa principal de que persistiera la falacia monstruosa de que pueda producirse demasiado de cada cosa. Las fluctuaciones en el valor de lo que utilizamos como patrón producen siempre bien una agitación de las actividades comerciales que se convierte en verdadera fiebre malsana, bien un cierre de miles de talleres. (Marshall, 1978, p. 39).

Marshall propone que el patrón de precios sea una canasta de mercancías y cita a otros cuyas preocupaciones fueron similares: Jevons, Lowe, Scrope (Ibid., p. 43). De acuerdo con Marshall, los contratos de compraventa y los préstamos no se fijarían en libras esterlinas en la Gran Bretaña, sino en “unidades” de esa canasta. Con ello “el prestamista sabría que cualesquiera que fueran las variaciones de que experimentase el valor del dinero, recibiría cuando la deuda se salde la misma cantidad de riqueza real” (Ibid., p. 44). “El prestatario no experimentaría en algunos momentos la impaciencia de iniciar negocios aventurados con objeto de aprovechar una posible alza general de precios, y en otros momentos no temerá pedir prestado para emprender negocios legítimos por miedo a fracasar ante cualquier probable baja general de precios” (Ibid.).

Los precios son una medida imperfecta del valor. Es claro que los problemas capitalistas señalados por Alfred Marshall en el siglo XIX serán los del siglo xxi, al menos durante algunos años. El gobierno mexicano aplicó la canasta marshalliana. Aunque limitándolas a los préstamos, las unidades marshallianas denominadas unidades de inversión (UDI), tenían un valor cambiante con el índice de precios al consumidor sin que con ello se resolvieran los problemas de la economía mexicana. Eso trasladó los problemas de los acreedores a los deudores, no eliminó las dificultades.

Por varios años, la Ciudad de México fijaba las multas y sanciones para los automovilistas en unidades de salario mínimo para reducir el efecto inflacionario sobre esos ingresos. En 2020 el sistema cambio y desde entonces se establecen en Unidades de Medida y Actualización (UMA). El cambio de unidades se debió a que los salarios mínimos habían aumentado considerablemente por arriba de la inflación. Las umas se utilizan desde 2016.

Los cambios de calidad en las mercancías y los nuevos productos han modificado lo que entendemos por precio real. El precio nominal ya no tiene que ver con el oro y la plata. El dinero mundial ya no es el de la época de Adam Smith. La discusión de este punto daría para otro artículo, aquí me limitaré a destacar que la medida del valor está insuficientemente planteada tanto por Smith como por Ricardo. Marx introdujo un aspecto decisivo sobre la medida del valor.

4. MARX Y LA MEDIDA DEL VALOR

La medición del valor fue correctamente planteada por Marx, pero de una manera que no cubría las necesidades burguesas como sí lo intentaba Smith. El valor para Marx es el tiempo de trabajo abstracto socialmente necesario para producir los valores de uso. En el capitalismo eso se logra mediante precios de mercado que miden de manera suficientemente aproximada los valores de las mercancías. Los precios de mercado se alejan de los precios equivalenciales,5 los que medirían exactamente los valores, para favorecer la reproducción capitalista. Los precios de mercado tienen una fuerte correspondencia con los precios equivalenciales en todos los trabajos empíricos realizados hasta la fecha. El más exhaustivo de ellos corrobora con datos de 15 años para 42 países dicha correspondencia (Işıkara y Mokre, 2021). Desde hace más de 40 años la correspondencia entre precios de mercado y precios equivalenciales se ha venido comprobando sin merecer la atención de teóricos ortodoxos y heterodoxos. Ian Steedman (1978, 2003) vierte sus vitriólicas críticas a la teoría marxista del valor sin esforzarse en leer lo que los marxistas consideran como avances. Para teóricos burgueses y para los sraffianos, la teoría marxista en general está muerta y enterrada o viva, pero asimilada dentro de la escuela sraffiana.

Los precios de mercado miden los valores trabajo con buena aproximación a pesar de lo que afirmen sus críticos. Uno de los pilares más sólidos del capitalismo es el aumento de la productividad. Ello explica que la esperanza de vida al nacer de la población mundial haya aumentado triplicándose desde los tiempos de Adam Smith hasta hoy. El trabajo humano se ha vuelto más eficaz y los productos se elaboran con menos tiempo. ¿Cómo se ha conseguido esto sin una contabilidad expresa del tiempo de trabajo gastado en la producción? Porque el ahorro monetario que efectúan los capitalistas cotidianamente lo consigue, respondieron Farjoun y Machover desde 1983 en un muy importante libro (Farjoun y Machover, 1983). Los mismos autores y Zachariah reafirmaron sus planteamientos en 2021:

La ley del valor decreciente de las mercancías (LVDM) es una fuerza dinámica central de la economía capitalista. Afirma que, con una alta probabilidad, el valor de cualquier canasta muestral grande disminuye continuamente. Para efectos de análisis, postulamos que el valor de una canasta muestral heterogénea de productos básicos se reduce a la mitad cada 20-30 años durante un período largo.” (Farjoun, Machover y Zachariah, 2021, p. 51).

Me parece que si Adam Smith leyera los libros anteriores estaría de acuerdo con la ley del valor decreciente de las mercancías o el aumento generalizado de la productividad. Quizás Smith indagaría respuestas a ciertos problemas como el que un aumento de productividad de los elementos del capital fijo es una pérdida para los capitalistas. Sin que un capitalista actúe, la máquina que significó una cierta cantidad de trabajo social vale menos por un adelanto productivo realizado en otro proceso capitalista. Tendrá que vender sus productos a un precio que no le permitirá recuperar su inversión o perder mercado ante otros capitalistas que produzcan con medios de producción más baratos.

Smith planteó en su obra principal un problema muy importante: ¿cómo conservar el valor de un ingreso? Su respuesta puede leerse así: hay mejores formas que los metales preciosos. El salario puede ser una de ellas si atendemos a lo que dijo sobre la distinción entre precio nominal y precio real. En Marx podemos leer que el precio es una medida del valor trabajo de las mercancías. La medición aparece de dos maneras distintas y eso introduce confusión en la ciencia económica. La reflexión científica sobre la teoría de la medición nos ayuda reducir la confusión. Medir es un proceso donde hay un mesurando y una medida. El mesurando es la variable que se desea medir y esto se hace con la medida (Caws, 1962). Todo proceso de medición introduce errores (Kuhn, 1987). La cantidad de una sustancia se mide por peso o por volumen según se necesite y convenga. En un laboratorio químico se hacen varias mediciones y se informa un promedio de ellas como el resultado para reducir el error. Ricardo plantea la cuestión de la medición desde el punto de vista científico utilizando el ejemplo de la medida de longitud. Las diferentes medidas de tiempo ilustran la conexión indivisible entre teoría y práctica: de los relojes solares a los atómicos utilizados en la actualidad ha habido una evolución para satisfacer diversas necesidades. La exactitud y precisión actuales tienen que ver con las necesidades de los viajes aéreos a gran velocidad de hoy.

Los trabajos empíricos sobre la correspondencia entre precios de mercado y precios equivalenciales muestran que, aún sin dinero metálico, con dinero crédito ambos conjuntos de precios están fuertemente asociados. El valor tiene, según Marx, dos medidas, una intrínseca, el tiempo de trabajo, y otra extrínseca, el precio. La empiria obtiene valores en unidades de tiempo de trabajo. ¿Son estos nacionales? ¿Es posible hablar de valores internacionales?

Si el valor se obtiene para agregados económicos tal como se hace en los estudios empíricos, también puede conocerse para mercancías individuales; de esto hablaré someramente en las conclusiones. También ahí trataré el aspecto práctico de la medición del valor que destacamos en Adam Smith.

5. CONCLUSIONES

Mis dos relecturas de Adam Smith me llevan a dos conclusiones. El objeto de la economía política planteado por Smith se ha vulgarizado, pues se interpreta su obra como una exaltación del mercado para organizar la producción. Este es un proceso degenerativo. Mi otra relectura me hace concluir que el problema científico de la medición del valor planteado por Smith ha llevado a una solución que pasa desapercibida.

El aspecto práctico de la medición del valor para lidiar con la inflación se ha realizado en al menos un país. La causa de que Smith propusiera los salarios para establecer un ingreso se adoptó y abandonó al menos en México. El abandono puede decirse que obedeció a la crítica ricardiana del salario como medida del valor: el precio de la fuerza de trabajo es también variable como lo son los valores de los metales preciosos.

La observación que llevó a Smith a proponer el salario para preservar el valor de los ingresos ya no puede aplicarse a las economías contemporáneas, ya que los metales preciosos no son dinero hoy. Las inflaciones observadas en los siglos xx y xxi difícilmente las pudo imaginar Smith. ¿Por qué? ¿Por qué se prefiere el dinero crédito al dinero mercancía?

La definición del proceso de medición ya fue realizada correctamente por Marx, quien hizo una negación superadora de las teorías clásicas del valor. El valor se mide necesariamente como precio. Es una medición que como toda medición es errónea en cierto grado. Pero a diferencia de la medición científica, no es consciente. Los errores tanto en la medición científica como en la no científica se consideran admisibles de acuerdo con criterios prácticos. La medición de distancias astronómicas tiene errores que, en términos absolutos, resultarían inadmisibles para la construcción de un edificio. Los errores con los que se miden los alimentos no son aceptables en la elaboración de medicinas. La tendencia a uniformar las tasas de ganancia en industrias diversas introduce errores sistemáticos que son no sólo admisibles sino necesarios para la reproducción armoniosa del capitalismo.

El considerar al precio como una medida del valor, tal como entiendo de Marx, plantea cuestiones muy complicadas: ¿cómo puede haber una medición si los capitalistas, aunque lo necesiten, no se proponen conocer el valor? ¿Cuál es el mecanismo que aproxima los precios a los valores? Si los precios miden los valores, ¿cómo aparece la problemática del error admisible que expone muy claramente Thomas Kuhn? ¿De acuerdo con cuál criterio las desviaciones valor precio, tal como se las ha llamado, son errores admisibles? ¿Pueden reducirse los errores de medición -como se hace regularmente- y con qué fines?

Este aspecto de la medición plantea nuevas incógnitas, pero también elimina otras: la búsqueda ricardiana de una medida perfecta del valor carece de sentido, las desviaciones exigidas para uniformar las rentabilidades entre ramas es un error admisible y conveniente.

El valor se conoce mediante el método Morishima-Seton (Morishima y Seton, 1961), para agregados y para mercancías específicas puede determinarse también. El aspecto de la medición real del valor que significa la “preciación”6 es un claro desarrollo científico que resultó cimentando, junto con la teoría de la plusvalía, en la crítica a la economía política y al capitalismo. El sistema capitalista debe ser sustituido por una sociedad donde la producción social se organice racionalmente. ¿Es posible resolver el problema práctico planteado por Smith de preservar el valor de un ingreso?

Lo que Marx hizo en economía fue ciencia crítica (crítica de la economía política) y no ciencia positiva, con las dificultades que explicó Manuel Sacristán (1978). Adam Smith hizo economía política como ciencia positiva: investigó para desarrollar el capitalismo. Lo mismo puede decirse de David Ricardo. Walras criticó el objetivo de la economía política planteado por el escoces: dicho objetivo sería “arte” o economía aplicada. Pero, la crítica walrasiana que destaco aquí es que Adam Smith propiciaría la aceptación de regulaciones gubernamentales. Walras condenó, sin embargo, lo que vendría después: la vulgarización de la ciencia económica por el predominio de la propaganda procapitalista y el abandono de la búsqueda de la verdad. Walras, sin embargo, estaba contribuyendo a ese proceso. Las referencias que he encontrado en cierta literatura ortodoxa de la obra de Adam Smith son mayormente vulgarizaciones. Smith se nos presenta como un campeón de la idea que todos los males del capitalismo se deben a la falta de capitalismo. No son límites que el propio capital crea, como Marx afirmó.

Releo a Smith para saber por qué la admiración de Marx por él. ¿Puede hacerse economía política hoy retomando ideas de Adam Smith? Los autodenominados clásicos, ¿tienen una producción, al menos prometedora, que sirva al capitalismo como intentó el escocés? Un marxista siempre encontrará motivos para releer a Smith. Ello a pesar de que Adam Smith no es tratado como el científico que fue, sino que nos lo presentan como un campeón defensor de la mano invisible. Hay que releerlo seriamente.

REFERENCIAS

APEE (s.f.) About APEE. [en línea ] Disponible en: <https://apee.org/about-apee/> [Consultado el 6 de junio de 2022 ]. [ Links ]

Adam Smith Institute (s.f.) About the Adam Smith Institute. [en línea] Disponible en: <https://www.adamsmith.org/about-the-asi> [Consultado el 22 de marzo de 2016 ]. [ Links ]

Blaug, M. (1990). Economic Theory in Retrospect. Nueva York: Cambridge University Press. [ Links ]

Bogdanor, V. (1986). Harold Macmillan obituary. The Guardian, 30 de diciembre. [ Links ]

Caws, P. (1962). Definition and measurement in Physics. En: C.W. Churchman y P. Ratoosh (eds.), Measurement Definitions and Theories (pp. 3-17). Londres: Wiley & Sons. [ Links ]

Işıkara, G. y Mokre, P. (2021). Price-value deviations and the Labour Theory of Value: Evidence from 42 countries, 2000-2017. Review of Political Economy, 34(1), 1-16. https://doi.org/10.1080/09538259.2021.1904648 [ Links ]

Farjoun, E. y Machover, M. (1983). Laws of Chaos: A Probabilistic Approach to Political Economy. Londres y Nueva York: Verso Editions y NLB. [ Links ]

Farjoun, E., Machover, M. y Zachariah, D. (2021). How Labor Powers the Global Economy: A Labor Theory of Capitalism. Cham, Suiza: Springer Nature. [ Links ]

Kuhn, T.S. (1987). La función de la medición en la física moderna. En: T.S. Kuhn (ed.), La Tensión esencial (pp. 202-247). México: Fondo de Cultura Económica. [ Links ]

Marshall, A. (1978). Remedios para las fluctuaciones de los precios. Obras Escogidas (pp. 35-59). México: Fondo de Cultura Económica. [ Links ]

Marx, K. (1987). Teorías sobre la plusvalía, vol. I. México: Fondo de Cultura Económica. [ Links ]

Morishima, M. y Seton, F. (1961). Aggregation in Leontief matrices and the Labour Theory of Value. Econometrica, 29(2), abril, 203-220. https://doi.org/10.2307/1909289Links ]

Peach, T. (2009). Adam Smith and the Labor Theory of (Real) Value: A re-consideration. History of Political Economy, 41(2), 383-406. https://doi.org/10.1215/00182702-2009-007Links ]

Ricardo, D. (2005). The Works and Correspondence of David Ricardo, eds. P. Sraffa y M.H. Dobb, Vol. 6, Letters 1810-1815. Indianapolis: Liberty Fund Inc. [ Links ]

Ricardo, D. (1973). Principios de economía política y tributación. México: Fondo de Cultura Económica. [ Links ]

Rubin, I. (1979). A History of Economic Thought. Londres: Ink Link. [ Links ]

Sacristán, M. (1978). El trabajo científico de Marx y su noción de ciencia. Mientras Tanto, 2, 61-96. [ Links ]

Smith, A. (1981). La riqueza de las naciones. México: Fondo de Cultura Económica. [ Links ]

Sraffa P. (1966). Producción de mercancías por medio de mercancías: preludio a una crítica de la teoría económica. Barcelona: Oikos-Tau. [ Links ]

Steedman, I. (1978). Marx after Sraffa. Londres: New Left Books. [ Links ]

Steedman, I. (2003). Marx after Sraffa and the Open Economy [Working Paper 2003-02]. Discussion Papers in Economics, Manchester Metropolitan University, Manchester, Reino Unido. [ Links ]

The Heritage Foundation (2023). Mandate for Leadership: The Conservative Promise. 21 de abril. [en línea] Disponible en: <https://www.project2025.org/news/press-releases/project-2025-publishes-comprehensive-policy-guide-mandate-for-leadership-the-conservative-promise/> [Consultado el 9 de septiembre de 2024]. [ Links ]

The Heritage Foundation (s.f). Solutions. [en línea] Disponible en: <https://www.heritage.org/solutions/> [Consultado el 9 de septiembre de 2024]. [ Links ]

Wallach, P. y Kennedy, K. (2022). Examining some of Trump’s deregulation efforts: Lessons. [en línea] Disponible en: <https://www.brookings.edu/articles/examining-some-of-trumps-deregulation-efforts-lessons-from-the-brookings-regulatory-tracker/> [Consultado el 8 de septiembre de 2024]. [ Links ]

Walras, L. (1987). Elementos de economía política pura (o Teoría de la riqueza social). Madrid: Alianza Editorial. [ Links ]

Zarnowitz, V. (1972). The Business Cycle Today: An Introduction. [en línea] Disponible en: <https://www.nber.org/books-and-chapters/economic-research-retrospect-and-prospect-volume-1-business-cycle-today/business-cycle-today-introduction> [Consultado el 20 de marzo de 1994]. [ Links ]

1 Énfasis mío.

2Primer Ministro británico de 1957 a 1963 (Bogdanor, 1986).

3Citado por Zarnowitz (1972, p. 4).

4Énfasis mío.

5Propongo este término para denotar un vector de precios P = µM, donde M es el vector de valores y µ es una constante que corresponde a lo que Marx llamó expresión dineraria del valor definida hoy cuando hay dinero crédito.

6Propongo este término para significar que los precios miden el valor de las mercancías individuales.

Recibido: 20 de Julio de 2024; Aprobado: 21 de Septiembre de 2024

Creative Commons License Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons