Anexo metodológico

 

Definición operacional de los migrantes

En nuestro estudio se define como migrantes a las personas cuyo lugar de residencia cinco años antes de la realización de la encuesta censal resulta ser una entidad federativa diferente a la de su residencia en dicho momento (Baja California).

Limitaciones de la pregunta sobre el lugar de residencia

Las limitaciones más importantes en el caso de la pregunta sobre la residencia anterior no son pocas, y debemos tomarlas en cuenta para no cometer errores conceptuales.

En el presente trabajo se tomó la decisión metodológica a favor de la especificidad que presenta la pregunta sobre la residencia anterior de las personas, debido a que no se pone énfasis en las características particulares del lugar de nacimiento de los migrantes, o en el estudio específico de las corrientes migratorias (ONU, 1972). La pregunta sobre residencia previa en un periodo acotado logra además superar los límites de la pregunta por el lugar de nacimiento, ya que ésta no indica la residencia en el momento del último traslado. La pregunta por el lugar de residencia anterior tiene la ventaja de una mayor simplicidad y especificidad; el intervalo está precisado y la condición de migración se determina a partir de la comparación en dos momentos definidos en el tiempo.

Las preguntas sobre lugar de nacimiento pueden contener inexactitudes producto de fallas en la memoria de los encuestados acerca del lugar y las fechas; muchas veces pueden ser resultado de cambios y variaciones en los límites jurídico-políticos de los estados, lo que se agrava en el caso de las personas de mayor edad. La pregunta acerca de la última residencia en general presenta muchos menos problemas en este sentido (ONU, 1972).

La pregunta acerca de la residencia cinco años antes proporciona el número de personas sobrevivientes en un periodo determinado, pero subestima su número al no tomar en cuenta cuántas personas salieron de una zona determinada antes de que terminara el periodo de referencia del cuestionario censal. También subestima el número de personas que nacieron antes de dicho periodo y el de las personas que fallecieron en ese intervalo; la magnitud de estos subregistros varía de entidad en entidad. Tampoco se identifica el número de desplazamientos que realiza una persona, ya que el concepto da cuenta de la condición migratoria de las personas y no de las migraciones en sí mismas. Es decir, se identifican migrantes y no cantidad de desplazamientos que una persona pudo haber realizado previamente al periodo considerado en la pregunta. Se debe tener presente que cuanto mayor sea la unidad administrativa que se tome como referencia menor será la cantidad de los desplazamientos que logren ser registrados, ya que las personas suelen realizar una mayor cantidad de desplazamientos cortos entre localidades cercanas y viceversa. Se ha calculado que en México por cada desplazamiento entre entidades federativas existe al menos otro entre municipios de un mismo estado (Corona, 1991a).

Al no tomar en cuenta si ha realizado desplazamientos entre municipios o localidades de la entidad en donde declara residir en ese momento, tampoco se contabilizan los desplazamientos dentro de la misma entidad federativa, por lo que los casos de migrantes municipales pueden estar subsumidos bajo la categoría de no migrante.

Por otra parte, al tener el límite temporal de cobertura, la pregunta sobre lugar de residencia sólo capta el último desplazamiento a nivel interestatal en el periodo considerado, y no se refiere a desplazamientos anteriores, por lo que se debe prestar atención al análisis de las entidades desde las cuales el encuestado dice provenir, ya que en muchos casos puede haber sido una "escala" de una ruta aún más larga. El lugar de procedencia exacto de los migrantes, por el efecto de las personas que realizan más de un movimiento en el periodo censal, y la medición de otras características que pueden estar asociadas, pueden verse afectadas (Corona, 1991b).

Limitaciones del censo de 1990 para captar la PEA

En la preparación de nuestro trabajo consideramos los problemas que presenta el Censo para el análisis de la PEA, y en especial los que presentó el censo de 1990. En general, las fuentes censales son consideradas por los expertos en la materia como bastante imperfectas para medir algunos grupos de la PEA (Pedrero, 1995). En particular el censo de 1990 tiene severas fallas para captar la PEA, subestimando su magnitud real y afectando especialmente la medición de los casos de migrantes municipales la fuerza de trabajo femenina y a los trabajadores no asalariados (García, 1994). Además, a través del censo de 1990 no hay manera de reconstruir las actividades "no asalariadas" cuando el encuestado dice no trabajar, aunque en realidad lo haga por poco tiempo y sin remuneración.

Respecto a los trabajadores por cuenta propia, los censos no demuestran ser herramientas demasiado eficientes para su localización, pues debido a las infracciones legales en las que pueden incurrir algunas actividades, puede suponerse que se subestima la magnitud total de estas tareas. En el censo de 1990 las actividades que lograron captarse mejor son aquéllas que la población considera como "trabajo", es decir actividad remunerada, y en principio, de tiempo completo (Pedrero, 1995).

Además, el periodo de levantamiento del censo pudo haber condicionado por un efecto estacional los resultados. Hay que destacar el hecho adicional de que el censo pregunta sobre el trabajo una semana antes de la administración del cuestionario. Pero en tal caso la subestimación no afectaría el volumen global de la PEA sino su distribución según la posición en la producción.

A pesar de estas limitaciones generales del censo para medir la participación de los jóvenes o las mujeres se ha señalado que no hay sustitutos comparables al Censo en lo que se refiere a la captación de la población activa mexicana a niveles estatal o municipal.

En general puede decirse que el censo de 1990 tiene una buena cobertura a nivel estatal de los hombres asalariados, aunque subestima a las asalariadas. En nuestro caso, esto podría afectar la interpretación que podamos realizar acerca de la mayor incorporación de mujeres como población activa o su inserción particular como obreras, ya que para el censo del 2000 es probable que estos sesgos e inexactitudes hayan sido tomadas en cuenta y controladas, por lo cual se expresaría un "salto" demasiado grande en las cantidades de los datos de ambos años. De esta manera, los datos que presenta el censo de 1990 deberían ser confrontados con las cifras de las encuestas laborales (ENEU, etc.) (García, 1994).

Presentadas estas aclaraciones, suponemos que los sesgos que presenta la medición censal de 1990 para Tijuana serán menores que en otros casos particulares. En esta ciudad los trabajadores no asalariados del campo son una ínfima minoría, y dadas las características urbanas y el grado de desarrollo industrial que presenta, el mercado laboral de Tijuana no adquiere grandes rasgos de informalidad en comparación con otros municipios.

 

La regionalización propuesta

Con el fin de agrupar a las entidades de procedencia de los migrantes a Tijuana, determinamos una serie de regiones que agruparan a las entidades según algún criterio homogéneo. Para ello consultamos la regionalización del Índice de Marginación elaborado por el Consejo Nacional de Población (Conapo) para 1995 (tabla 1).

Es poco probable, sin embargo, que se puedan realizar inferencias rigurosas si se relacionan las regiones así constituidas con características propias de los individuos que capta el censo. Se trata de cuestiones conceptuales diferentes, pues el hecho de que los migrantes se desplacen desde entidades que presentan un grado de marginación determinado, no tiene necesariamente relación con la persona en sí misma. Es posible que pueden migrar los individuos que estén en mejores condiciones económicas y socioculturales, dentro de una comunidad que presenta índices altos de marginación. Es decir, las características de marginación del lugar de procedencia de los migrantes no debe asociarse necesariamente con las características individuales de los migrantes, y sólo de manera indirecta pueden establecerse hipótesis al respecto.10

Adicionalmente, las limitaciones propias de la pregunta censal sobre residencia cinco años antes de la implantación del cuestionario nos impiden extraer demasiadas conclusiones al respecto, porque las entidades en que declaran haber residido los encuestados puede ser una "escala" en un movimiento migratorio interestatal más amplio, que las preguntas tanto del censo de 1990 como el de 2000 no permitirían captar. Esto es notablemente así en el caso de la frontera norte, debido a las largas distancias que deben recorrer algunas personas provenientes sobre todo desde el sur. Ello sugiere que hay que prestar especial vigilancia al inferir más allá de estos límites, determinadas características de los migrantes de acuerdo con su "lugar" o "región" de procedencia.

Por lo dicho, queda claro que no es intención del presente trabajo inferir de manera directa e inmediata una asociación entre características colectivas inherentes a la comunidad de la que declaran proceder los migrantes, con características personales de los mismos. Nos interesa en todo caso contar con un marco contextual que permita un análisis de los desplazamientos interregionales a Tijuana.