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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Sobre las palabras inesperadas o de cómo escuchar a las vaginas que hablan]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) Programa Universitario de Estudios de Género (PUEG) ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">En la mira</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Sobre las palabras inesperadas o de c&oacute;mo escuchar a las vaginas que hablan</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Sylvia Sol&iacute;s L&oacute;pez</b><sup>*</sup></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Eve Ensler. <i>Mon&oacute;logos de la vagina</i>.</b> <b>Barcelona, Emec&eacute; Editores, 2004.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><sup>*</sup> Licenciada en sociolog&iacute;a. Socia, investigadora y analista del Gremio Anal&iacute;tico de lo Cotidiano S. C. Evaluadora en el PUEG&#45;UNAM.</i> Correos electr&oacute;nicos: <a href="sylviasolislopez@unam.mx" target="_blank">sylviasolislopez@unam.mx</a> / <a href="mailto:sylvia.soll@yahoo.com">sylvia.soll@yahoo.com</a></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Recepci&oacute;n: 4 de abril de 2011    <br> 	Aceptaci&oacute;n: 19 de abril de 2011</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2"><i>Para ejercitarnos en el uso de la palabra porque,    <br></i><i>como es sabido, la palabra nos mueve    <br></i><i>y nos libera.</i></font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">Eve Ensler</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hace algunos a&ntilde;os, mi primera lectura de <i>Mon&oacute;logos de la vagina</i> fue inc&oacute;moda y apresurada. Me dej&oacute; un mal sabor de boca, un regusto de texto soez y radical que pretend&iacute;a una reivindicaci&oacute;n al estilo de la vieja guardia feminista. Sin embargo, una segunda lectura, basada en los principios hermen&eacute;uticos de Hans&#45;Georg Gadamer, seg&uacute;n los cuales para comprender un texto hay que estar dispuesto a dejarse decir algo por &eacute;l, me permiti&oacute; un descubrimiento cualitativamente distinto; fue conmovedora y sumamente reveladora.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para ponernos en contexto, recordemos primero que el mon&oacute;logo es el acto en que un personaje exterioriza sus pensamientos y sentimientos. En este sentido, si el arte de hablar es an&aacute;logo al arte de comprender, estos mon&oacute;logos se proponen exponer a la vagina en y desde sus propias palabras, al tiempo que plantean su comprensi&oacute;n en tanto que personaje. En segundo lugar, consideremos lo desafiante que resulta que sean las vaginas las que hablen, no s&oacute;lo para quienes no osan mencionarlas, sino tambi&eacute;n para la reflexi&oacute;n desde la perspectiva cr&iacute;tica de g&eacute;nero.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En contraparte, escribir sobre la vagina puede resultar tan obvio y al mismo tiempo revelador como escribir sobre la punta de la nariz: fehaciente e imprescindible, pero soslayada. Sin embargo, la provocaci&oacute;n moral, sexual, pol&iacute;tica y, s&iacute;, tambi&eacute;n est&eacute;tica, resulta incomparable. Si partimos de que el g&eacute;nero es la construcci&oacute;n sociocultural de la diferencia sexual y admitimos como una hip&oacute;tesis que la vagina es el s&iacute;mbolo de la diferencia sexual femenina, entonces el modo en que la percibimos y nos relacionamos con ella orienta en buena medida nuestro comportamiento gen&eacute;rico o, dicho de otra manera, nuestro ser y estar en el mundo como mujeres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, leer acerca de lo que la vagina dice implica leer sobre lo que las mujeres piensan y sienten, lo que no piensan y no sienten, lo que desean, en fin, implica un viaje de (auto)descubrimiento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es precisamente el secretismo sobre la palabra <i>vagina</i> y el oscurantismo en el que a&uacute;n hoy se encuentra esta parte del cuerpo de las mujeres lo que impuls&oacute; a Eve Ensler, dramaturga y activista estadounidense, primero a preguntar y luego a escribir sobre ella. O mejor dicho, sobre <i>ellas</i>, en plural, como el propio texto lo revela.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La autora nos comparte que escribi&oacute; <i>Mon&oacute;logos de la vagina</i> porque al re&#45;conocer esta parte de su cuerpo se dio cuenta de lo desconectado que estaba su cuerpo de su mente. Ensler fue violada de ni&ntilde;a y ese hecho hab&iacute;a supuesto que, a pesar de ser adulta y haber hecho todo lo que una mujer adulta se supone haga con su vagina, nunca hab&iacute;a vuelto a adentrarse en esa parte de s&iacute; misma. Re&#45;conocer su vagina le permiti&oacute; clarificarla, desenmascararla.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ensler comenz&oacute; por preguntar a sus amigas m&aacute;s cercanas acerca de la vagina, y a partir de sus respuestas descubri&oacute; que lo que no se dice se convierte en secreto que genera verg&uuml;enza, miedos, mitos. Encontr&oacute; que la palabra <i>vagina</i> no es usada por las mujeres para hablar de este lugar del cuerpo, el suyo propio o el de otras. Se preocup&oacute; por el modo en que nombramos a las vaginas y por c&oacute;mo no las nombramos. Hay decenas, tal vez cientos de palabras en cada cultura para de&#45;signarlas, para re&#45;signarlas: "parte", "paparrucha" o "pucha" en la lengua espa&ntilde;ola de M&eacute;xico; "co&ntilde;o" o "chirri" en la de Espa&ntilde;a; "coochie snorcher" o "cunt" en el ingl&eacute;s estadounidense. Descubri&oacute; que hay mujeres que adem&aacute;s de su imposibilidad de nombrarla, nunca se han visto su vagina, que incluso nunca la han tocado m&aacute;s que para el aseo estrictamente necesario, o que nunca han tenido un orgasmo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que comenz&oacute; como re&#45;conocimiento propio y transit&oacute; a charla informal se transform&oacute; en una investigaci&oacute;n en la que entrevist&oacute; a m&aacute;s de 200 mujeres de todas las edades, or&iacute;genes &eacute;tnicos y raciales, clases sociales, profesiones y preferencias sexuales, con pareja o sin ella. Si bien las mujeres se rehusaban en un principio a hablar sobre sus vaginas, una vez que comenzaban no pod&iacute;an parar de hacerlo. Y cada mujer con una historia extraordinaria la conduc&iacute;a a otra mujer con otra historia extraordinaria. Ensler consider&oacute; la importancia de compartir con otras personas lo que estas mujeres narraban de sus propias vaginas y lo que las vaginas dec&iacute;an de las mujeres que las pose&iacute;an. Pens&oacute; en la necesidad de crear un contexto a partir de otras vaginas, o como ella misma dice: "Necesitaba el contexto de otras vaginas... una comunidad, una cultura de vaginas" (p. 27); y as&iacute; naci&oacute; la idea de escribir estos mon&oacute;logos, que tienen en com&uacute;n a la vagina pero que son tan diversos como diversas somos las mujeres en el mundo. A partir de las entrevistas, la autora escribi&oacute; los mon&oacute;logos interpretando lo que han narrado las entrevistadas o transcribiendo literalmente sus palabras, pero permitiendo siempre el juego, el componente l&uacute;dico de la recreaci&oacute;n, ya sea en el nombre del mon&oacute;logo, en la caracterizaci&oacute;n del personaje o en el juego mismo de las palabras. Cada mon&oacute;logo es precedido por una breve introducci&oacute;n en la que la autora expone el contexto en que fue concebido o escrito.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta manera, Ensler nos habla sobre el vello p&uacute;bico, que rodea a la vagina "como la hoja alrededor de la flor, como el c&eacute;sped que rodea la casa"(p. 34) y de c&oacute;mo no se puede amar la vagina sin amar el vello; nos comparte sus hallazgos sobre lo que las vaginas dir&iacute;an si hablaran, porque tienen algo que decir y para poder afirmarse a s&iacute; mismas; sobre lo que vestir&iacute;an si pudieran hacerlo, para ya no estar escondidas, para que se les permita presentarse en sociedad; sobre lo que dicen las mujeres acerca del olor de sus vaginas...</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute; mismo, la autora nos permite comprender que si para algunas de nosotras, a pesar de la revoluci&oacute;n sexual, es problem&aacute;tico nombrar, conocer, proteger y alimentar nuestras vaginas, para las mujeres de generaciones anteriores es a&uacute;n m&aacute;s dif&iacute;cil.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nos cuenta tambi&eacute;n acerca de un proceso inquisitorial en el que el cl&iacute;toris fue considerado como "una tetilla del diablo" (p. 49), y nos recuerda la do&#45;lorosa realidad de las mutilaciones genitales. Relata los horrores de las violaciones a mujeres como t&aacute;ctica de guerra, y sobre la violencia sexual que ocurre cotidianamente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Del mismo modo, Ensler nos habla de la menstruaci&oacute;n; de Betty Dodson y sus ense&ntilde;anzas para que las mujeres aprendan "a localizar, amar y masturbar sus vaginas" (p. 61); sobre las mujeres que aman a otras mujeres, y de su propia incomodidad para hablar de las vaginas desde la perspectiva del placer sexual.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nos comparte c&oacute;mo una vez que las mujeres han o&iacute;do hablar de las vaginas, a&uacute;n perturbadas, reconocen que son portadoras de una, que la llevan por dentro y que s&iacute;, tambi&eacute;n ha sido el centro de sus vidas. Es entonces, dice la autora, que no paran de hablar de ella con entusiasmo y le hacen saber de viva voz, a trav&eacute;s de llamadas telef&oacute;nicas o cartas, lo que para ellas significa la vagina. En cierta medida, es una especie de reivindicaci&oacute;n del co&ntilde;o, una especie de giro hermen&eacute;utico de la palabra para otorgarle ya no un sentido peyorativo, sino de dignidad, ya no de verg&uuml;enza sino de orgullo. Finaliza compartiendo su propio descubrimiento de la vagina como un generoso coraz&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una conclusi&oacute;n posible sobre la lectura de este texto es que si tan s&oacute;lo una nueva generaci&oacute;n de ni&ntilde;as crece sin prejuicios sobre su vagina y sin los consecuentes perjuicios que estos acarrean, tal vez podr&iacute;amos esperar una generaci&oacute;n de mujeres dispuestas a valorar y defender lo suyo, empezando por la vagina y terminando por su derecho a ser, con todo lo que ello implica. Ensler pregunt&oacute; a una ni&ntilde;a de seis a&ntilde;os "&iquest;Qu&eacute; tiene de especial tu vagina?". Ella le respondi&oacute;: "En alguna parte de ah&iacute; dentro s&eacute; que tiene un cerebro muy listo" (p. 98).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si la vagina simboliza la diferencia sexual femenina y a partir de ella se determina buena parte de nuestro comportamiento gen&eacute;rico, es a trav&eacute;s de la vagina que las mujeres somos interpretadas como apropiadas o inapropiadas, es decir, como concordantes o no con las prescripciones gen&eacute;ricas: heterosexuales aprobadas o lesbianas sancionadas; fieles o casquivanas; mujeres plenas si madres, o yermas si no parimos; honorables o deshonradas, enajenadas, saqueadas... Si la vagina es el centro de la diferencia sexual, simboliza hasta ahora el centro de nuestro cuerpo e identidad sexuados. Por ello, escuchar lo que estas vaginas tienen que comunicar resulta un modo distinto de tratar de comprender a las mujeres a trav&eacute;s de sus vaginas, m&aacute;s all&aacute; de las convenciones gen&eacute;ricas. Luego entonces hablar de vagina es:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Amar a las mujeres, amar nuestras vaginas, conocerlas y tocarlas y familiarizarnos con quienes somos y con lo que necesitamos. Satisfacernos a nosotras mismas, ense&ntilde;ar a nuestras o nuestros amantes a satisfacernos, hablar de ellas en voz alta, hablar de su hambre, de su dolor, de su soledad y de su humor, hacerlas visibles para que no puedan ser saqueadas en la oscuridad sin mayores consecuencias, para que nuestro centro, nuestro n&uacute;cleo, nuestro motor, nuestro sue&ntilde;o, deje de estar escindido, mutilado, adormecido, roto, para que deje de ser invisible o de estar avergonzado (pp. 109&#45;110).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta obra las mujeres se expresan a s&iacute; mismas a trav&eacute;s de lo que sus vaginas dicen. Del mismo modo, permiten pensar a estas vaginas como el contexto en que estas mujeres son en el mundo, a la vez que nos conceden interpretar a las mujeres como el contexto en que estas vaginas son, existen, tienen lugar, cabida y, s&iacute;, voz propia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, consideremos que estos mon&oacute;logos permiten el juego de espejo entre protagonistas y lectoras, o bien, espectadoras. Como la propia autora se&ntilde;ala, las mujeres que asisten a la representaci&oacute;n de los <i>Mon&oacute;logos</i> se sienten interpeladas y perciben la necesidad de hablar de s&iacute; mismas, de narrarse a trav&eacute;s de sus vaginas y de permitirse a su vez ser narradas por sus vaginas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al inicio se&ntilde;al&eacute; que la segunda lectura de <i>Mon&oacute;logos de la vagina</i> me result&oacute; cualitativamente distinta; ahora me parece conmovedora y, s&iacute;, tambi&eacute;n muy reveladora.</font></p>      ]]></body>
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