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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Eduardo Gonz&aacute;lez Castillo, <i>Juventud, espacio urbano e industria cultural. Un estudio del medio</i></b> <b><i>sonidero</i></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>New York, Peter Lang, 2015.</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/crs/v10n19/a10f1.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Juventud, espacio urbano e industria cultural</i> es un libro que se inserta dentro del conjunto de trabajos que ven en la cuesti&oacute;n de lo popular diferentes preguntas irresueltas y err&oacute;neamente abandonadas por la academia latinoamericana de finales del siglo pasado. Lo popular representa, desde la perspectiva a la que el libro se adhiere, una especie de anomal&iacute;a kuhniana que descuadra persistentemente el paradigma que se instal&oacute; como dominante entre los estudios sobre cultura latinoamericana desde finales de los noventas. <i>Grosso modo,</i> este paradigma enfatiz&oacute; el car&aacute;cter moderno de la noci&oacute;n de lo popular y apunt&oacute; hacia la necesidad de reformular la problem&aacute;tica que la misma describ&iacute;a adaptando los conceptos y la terminolog&iacute;a propios al pensamiento postmodernista que entonces se propagaba con fuerza entre la academia. La cuesti&oacute;n de lo popular fue as&iacute; presentada no c&oacute;mo una pregunta, sino como una respuesta simple y general, incapaz de aprehender las sutilidades identitarias (&eacute;tnicas, de g&eacute;nero o generacionales) que se encuentran activas en la conformaci&oacute;n de las diferentes poblaciones a las que alud&iacute;a. A esta cr&iacute;tica de tinte postmodernista se agreg&oacute; el estudio (y la celebraci&oacute;n) de lo h&iacute;brido y, de modo importante, un desinter&eacute;s constante y creciente hacia toda tem&aacute;tica que evocara dentro de su an&aacute;lisis la noci&oacute;n de clases sociales, de desigualdad, de explotaci&oacute;n o de capital. &Eacute;mulo de la evoluci&oacute;n de los estudios culturales brit&aacute;nicos (que pasaron del estudio de las subculturas de clase al del consumo y el placer postmoderno), este movimiento acad&eacute;mico termin&oacute; adquiriendo los rasgos de la vulgata que dec&iacute;a criticar: una academia <i>snob,</i> lista para desde&ntilde;ar, con un manojo de respuestas hechas, los estudios o las problem&aacute;ticas te&oacute;ricas que recurrieran a t&eacute;rminos o a debates como los mencionados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El investigador Pablo Alabarces ha ya se&ntilde;alado que una caracter&iacute;stica importante de los trabajos realizados dentro del paradigma postmoderno que se hizo entonces dominante fue el de limitarse de modo importante, para el an&aacute;lisis de la cultura, a la realizaci&oacute;n de estudios de consumo. Seg&uacute;n este mismo autor, este &iacute;mpetu "consum&oacute;logico" estuvo asociado de modo importante a una comprensi&oacute;n parcial de la noci&oacute;n de mediaci&oacute;n tal y c&oacute;mo fue desarrollada por Jes&uacute;s Mart&iacute;n&#45;Barbero en su <i>De los medios a las mediaciones.</i> En efecto, en lugar de ver a la mediaci&oacute;n como a una din&aacute;mica cultural y comunicativa mayor, que comprende pr&aacute;cticas tanto de consumo como de producci&oacute;n cultural (de diferente &iacute;ndole y escala), la mediaci&oacute;n fue m&aacute;s bien entendida como una invitaci&oacute;n a abstraer las pr&aacute;cticas culturales de las relaciones socioecon&oacute;micas y pol&iacute;ticas en las que est&aacute; inserta y a estudiarla &uacute;nicamente en t&eacute;rminos de lo que el estudio del consumo medi&aacute;tico puede decirnos de la cultura. Alabarces marca un muy buen segundo punto cuando subraya el hecho de que este proceso acad&eacute;mico de sustracci&oacute;n de lo econ&oacute;mico y de lo pol&iacute;tico del an&aacute;lisis de la cultura ocurri&oacute; en el contexto de una violenta reestructuraci&oacute;n neoliberal de las sociedades latinoamericanas y, adem&aacute;s, en una &eacute;poca de estancamiento de los procesos de democratizaci&oacute;n que emerg&iacute;an t&iacute;midamente en Am&eacute;rica del Sur en los noventas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">A nivel te&oacute;rico, una de las consecuencias m&aacute;s importantes de este paradigma fue la de lo que podemos llamar la perversi&oacute;n de lo pol&iacute;tico. Perversi&oacute;n porque lo pol&iacute;tico&#45;social fue degradado al &aacute;mbito de lo privado y porque la visi&oacute;n foucaultiana que celebra la acci&oacute;n transgresora individual se instal&oacute; como modo dominante de pensar la pol&iacute;tica subalterno. Algunas de los posicionamientos te&oacute;ricos m&aacute;s maltratados (y quiz&aacute;s tambi&eacute;n, m&aacute;s desvirtuados) dentro de este orden de ideas fue el de la Escuela de Fr&aacute;ncfort. As&iacute;, si bien se tend&iacute;a a desechar toda alusi&oacute;n a la cr&iacute;tica del capitalismo que los miembros de esta escuela desarrollaron, al mismo tiempo se recuperaba algunos de sus conceptos s&oacute;lo para reformarlos y para, de este modo, evocar con muy poco rigor algunos de los debates entorno a los que estos fil&oacute;sofos alemanes desarrollaron sus ideas. Este fue el caso de la noci&oacute;n de industria cultural, que fue resemantizada por algunos autores para abordar pr&aacute;cticas de consumo medi&aacute;tico, pero aisladas de las relaciones de poder dentro de las que est&aacute;n insertas. La noci&oacute;n de cotidianeidad, tal y como fue desarrollada por Michel De Certeau fue tambi&eacute;n de gran utilidad para esta empresa. De este modo, al desdibujamiento de lo pol&iacute;tico&#45;social correspondi&oacute; la celebraci&oacute;n de lo pol&iacute;tico&#45;&iacute;ntimo. Como en el caso del historiador franc&eacute;s, muchos de los trabajos realizados dentro de este marco vieron en lo cotidiano el &aacute;mbito de la creatividad y de la transgresi&oacute;n del <i>petit peuple.</i> Empero, tal y como lo se&ntilde;al&oacute; Carlos Reynoso en su <i>Apogeo y decadencia de los estudios culturales,</i> lo anterior fue posible gracias a la primac&iacute;a que este enfoque daba a la ret&oacute;rica y a las figuras coloridas del lenguaje en la descripci&oacute;n y el an&aacute;lisis social. Todo lo cual fue acompa&ntilde;ado por cierto silencio (y quiz&aacute;s por una suerte de ceguera sociol&oacute;gica) ante el hecho de que lo cotidiano tambi&eacute;n existe para los grupos de poder y de que, como Marcel Proust lo mostr&oacute; con majestuosidad, lo florido, original y creativo no est&aacute; ah&iacute; ausente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Juventud espacio urbano e industria cultural</i> es un libro que se inserta en este debate y pone al centro de su reflexi&oacute;n la relaci&oacute;n entre industria cultural y cultura popular. Al centro de la reflexi&oacute;n de la obra est&aacute; precisamente la cuesti&oacute;n de la relaci&oacute;n entre poder y cultura, abordada desde un punto de vista cr&iacute;tico del paradigma dominante. Un desaf&iacute;o importante que busca enfrentar el libro es, por lo mismo, el de conciliar dos conceptos aparentemente contrapuestos para el estudio de las pr&aacute;cticas subalternas: el de hegemon&iacute;a y el de industria cultural. En efecto, si la noci&oacute;n gramsciana de hegemon&iacute;a sugiere que la dominaci&oacute;n absoluta no existe al nivel de la cultura, sino que lo que existe son procesos de negociaci&oacute;n cultural constante: &iquest;c&oacute;mo es posible conciliar dicha noci&oacute;n con un enfoque que busca recuperar la fuerza de la noci&oacute;n de industria cultural? La respuesta que el libro ofrece apunta hacia la existencia de una industria cultural fragmentada, en la que la dominaci&oacute;n se ejerce no tanto a partir de una cultura &uacute;nica, sino a partir de culturas diversas, entretejidas de modo contradictorio en la reproducci&oacute;n del orden dominante desde lo cotidiano. Dentro de este enfoque, la cotidianidad de las pr&aacute;cticas subalternas adquiere un sentido diferente del que De Certeau le asigna: para el libro, lo cotidiano existe como un espacio contradictorio en el que la reproducci&oacute;n y el rechazo del orden dominante se entretejen para formar una unidad contradictoria. En consecuencia, lo popular no aparece como un conjunto de pr&aacute;cticas ajenas a la industria cultural, sino como un conjunto de pr&aacute;cticas que participan en su construcci&oacute;n a partir de posiciones espec&iacute;ficas. En el caso sonidero abordado, dichas posiciones conciernen la inserci&oacute;n particular de los grupos subalternos estudiados tanto dentro de la econom&iacute;a capitalista urbana como dentro de las redes clientelares que dan forma a lo pol&iacute;tico entre algunas de los grupos subalternas del M&eacute;xico contempor&aacute;neo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro se desprende de una investigaci&oacute;n de larga data. De hecho, re&uacute;ne los resultados de trabajos de investigaci&oacute;n realizados por su autor en diferentes momentos a lo largo de los &uacute;ltimos quince a&ntilde;os. La parte etnogr&aacute;fica concierne en gran medida una investigaci&oacute;n realizada a finales de los noventa e inicios del nuevo siglo. Sin embargo, informaci&oacute;n recogida en el marco de investigaciones posteriores, que tuvieron lugar a lo largo de la primera d&eacute;cada del nuevo siglo, completan el retrato etnogr&aacute;fico del medio sonidero y muestran la pertinencia del debate sobre las pr&aacute;cticas culturales subalternas en el violento M&eacute;xico contempor&aacute;neo. En su parte te&oacute;rica (que ahonda en los debates aqu&iacute; mencionados), el libro presenta un marco conceptual que concierne debates diferentes pero interrelacionados: juventud, espacio urbano, consumo cultural, cultura popular e industria cultural. La segunda parte del libro contiene un esbozo de la historia de la ciudad en la que el fen&oacute;meno sonidero fue abordado: la ciudad mexicana de Puebla. Dentro de esta parte del trabajo, uno de los objetivos del autor es mostrar c&oacute;mo la evoluci&oacute;n de las pr&aacute;cticas populares dentro de esta ciudad ha estado estrechamente relacionada con diferentes pr&aacute;cticas y componentes de la econom&iacute;a popular urbana. La tercera y &uacute;ltima parte del libro presenta la informaci&oacute;n hist&oacute;rica y etnogr&aacute;fica necesaria para comprender el medio sonidero en tanto que manifestaci&oacute;n de una cultura popular urbana y en tanto que indicador de una industria cultural fragmentada. Esta parte del libro incluye la revisi&oacute;n tanto del contexto urbano que ha favorecido la emergencia y permanencia del medio sonidero como del conjunto de pr&aacute;cticas y de bienes culturales que le dan vida. En esas p&aacute;ginas la obra muestra, mediante m&uacute;ltiples testimonios, las dificultades que los sonideros enfrentan para el desarrollo de sus pr&aacute;cticas, la inserci&oacute;n de los sonidos en el espacio urbano, la importancia de la emigraci&oacute;n para el medio y los placeres que los j&oacute;venes sonideros asocian a esta pr&aacute;ctica, entre otros temas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los investigadores interesados en el estudio de las pr&aacute;cticas culturales de las poblaciones subalternas encontrar&aacute;n en este libro una serie de propuestas cuya discusi&oacute;n busca abordar las preguntas que el debate sobre lo popular conlleva.</font></p>      ]]></body>
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