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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">H&aacute;pax Leg&oacute;mena</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>De la raz&oacute;n</b><sup><a href="#nota">1</a></sup></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Antes de comenzar con estos estudios, antes de que sean introducidos por su autor, es indispensable advertir que el autor no apela a nada m&aacute;s que a la raz&oacute;n. Esto es indispensable en un tiempo en el que la raz&oacute;n tiene m&aacute;s enemigos que nunca, que son peligrosos, un tiempo en los que ella tiene m&aacute;s falsos amigos que nunca y que son a&uacute;n m&aacute;s peligrosos que los enemigos. Debemos llamar enemigos de la raz&oacute;n a los dementes que ejercen su demencia contra la raz&oacute;n. Y debemos llamar falsos amigos de la raz&oacute;n a los dementes que quieren que la raz&oacute;n proceda por las v&iacute;as de la sinraz&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La raz&oacute;n no procede de la v&iacute;a de la autoridad. Porque ella no admite nada que ense&ntilde;e por intimidaci&oacute;n, chantaje ni amenaza, porque ella no acepta ning&uacute;n ejercicio de la fuerza, ning&uacute;n exceso de poder, ning&uacute;n poder, mandato, abuso ni golpe de Estado, ella no implica nada que sea ense&ntilde;ado por la cobard&iacute;a. Eso es traicionar a la raz&oacute;n; querer asegurar el triunfo de la raz&oacute;n por los medios de la autoridad es privar a la raz&oacute;n de la raz&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La raz&oacute;n no procede de la autoridad gubernamental. Querer asegurar el triunfo de la raz&oacute;n por medios gubernamentales es traicionar a la raz&oacute;n. Querer establecer un gobierno de la raz&oacute;n es faltar a la raz&oacute;n. No puede haber, no debe haber ni ministerio ni prefectura ni subprefectura de la raz&oacute;n, ni consulado ni proconsulado de la raz&oacute;n. La raz&oacute;n no puede, la raz&oacute;n no debe mandar en nombre de ning&uacute;n gobierno. Hacer o dejar hacer a un prefecto de investigaciones en la rec&aacute;mara de una institutriz, aunque el prefecto fuera un prefecto republicano, aunque la institutriz no fuera una institutriz republicana, no ser&iacute;a solamente atentar contra la libertad, ser&iacute;a atentar contra la raz&oacute;n. La raz&oacute;n no pide, la raz&oacute;n no quiere, la raz&oacute;n no acepta que se le defienda o se le sostenga o que se act&uacute;e en su nombre por los medios gubernamentales. En un sentido, la raz&oacute;n no es la raz&oacute;n de Estado. Toda raz&oacute;n de Estado es una usurpaci&oacute;n desleal de la autoridad sobre la raz&oacute;n, una infracci&oacute;n, un defecto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En particular, la raz&oacute;n no procede de la autoridad militar. Ella ignora totalmente la obediencia pasiva. Querer asegurar la victoria de la raz&oacute;n por la disciplina, que es la fuerza principal de los ej&eacute;rcitos, es traicionar a la raz&oacute;n. Ense&ntilde;arla por medios militares es disparatar a la raz&oacute;n. La raz&oacute;n no pide, no acepta la obediencia. No se manda en nombre de la raz&oacute;n como se manda a la estrategia. No hay ning&uacute;n arma de la raz&oacute;n, ning&uacute;n soldado de la raz&oacute;n, y sobre todo no hay un jefe de la raz&oacute;n. No hay, hablando con propiedad, una guerra, una campa&ntilde;a, una expedici&oacute;n de la raz&oacute;n. La raz&oacute;n no hace la guerra a la sinraz&oacute;n. Reduce a la sinraz&oacute;n tanto como puede, por los medios que no son los medios de la guerra, porque son los medios de la raz&oacute;n. La raz&oacute;n no da asaltos; no forma columnas de ataque; no retira posiciones; no fuerza posiciones; no hace entradas solemnes; ni se engalana a s&iacute; misma como el vencedor militar en el campo de batalla.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La raz&oacute;n no procede de la autoridad religiosa. Har&iacute;a falta una incre&iacute;ble locura para osar instituir el culto de la diosa Raz&oacute;n. Y si puede excusarse la locura en un tiempo de p&aacute;nico, dig&aacute;moslo bien alto: la fr&iacute;a repetici&oacute;n pol&iacute;tica de esta locura, la conmemoraci&oacute;n concreta de esta locura constituye el signo m&aacute;s grave de incoherencia y de demencia, de sinraz&oacute;n. No, la raz&oacute;n no procede por la v&iacute;a del culto. No, la raz&oacute;n no quiere altares. No, la raz&oacute;n no quiere plegarias. No, la raz&oacute;n no quiere sacerdotes. Investirla de diosa, de histrionismo y m&uacute;sica, es traicionar grav&iacute;simamente a la raz&oacute;n, es disparatar grav&iacute;simamente a la raz&oacute;n; es traicionarla fabricarle fiestas religiosas, imitaciones de pseudoculto con todo lo necesario. As&iacute; la admirable plegaria que Renan<a href="#nota"><sup>2</sup></a> levant&oacute; en la Acr&oacute;polis despu&eacute;s de haber comprendido que la belleza perfecta no tiene ning&uacute;n sentido, le&iacute;da o declamada sobre el escenario frente a una multitud infinitamente equivocada.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo declaramos sin miedo. Y hag&aacute;monos de los enemigos que quieran. La raz&oacute;n no quiere Iglesia alguna. No puede, la raz&oacute;n no debe tener una Iglesia de la raz&oacute;n. Las pr&aacute;cticas ceremoniales, cultuales y rituales son totalmente extra&ntilde;as a la honestidad de la raz&oacute;n. Las pr&aacute;cticas sobrehumanas, religiosas, infernales o divinas, inhumanas, son totalmente extra&ntilde;as a la humanidad de la raz&oacute;n. La raz&oacute;n es hombre honesto. No hay un cl&eacute;rigo de la raz&oacute;n. No hemos renunciado, no queremos denunciar a las religiones de ayer por anunciar la religi&oacute;n de ma&ntilde;ana, por predicar alguna religi&oacute;n nueva. Nosotros somos irreligiosos de todas las religiones. Somos ateos de todos los dioses. En el doloroso debate de la raz&oacute;n y la fe, no hemos abandonado la fe por la fe en la raz&oacute;n, sino por la raz&oacute;n de la raz&oacute;n. La raz&oacute;n no admite ni profec&iacute;as ni declamaciones ni proclamaciones, &#45;ni dogmas ni decretos de concilios ni op&uacute;sculos papales. Y presentar al pueblo las verdades de la raz&oacute;n bajo el mismo tono y como se anuncian las verdades pretendidamente reveladas no es otra cosa que enga&ntilde;arle lamentablemente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La raz&oacute;n no procede de la autoridad parlamentaria. No echa en falta ni esas grandes asambleas a las que llamamos parlamentos, ni esas peque&ntilde;as asambleas a las que llamamos congresos. La raz&oacute;n no tiene ni presidentes, ni asesores, ni secretario ni oficina alguna. Carece a menudo de taqu&iacute;grafos. No levanta actas, no lleva cuentas. No constituye ning&uacute;n comit&eacute; directivo. Ella no procede por votaci&oacute;n. Ella no es sumisa a la ley de la mayor&iacute;a. Ella no es proporcional al n&uacute;mero; muchos pueden estar equivocados; puede ser que uno solo tenga raz&oacute;n, as&iacute; como es posible que ninguno la tenga. La raz&oacute;n no var&iacute;a con el n&uacute;mero, no halaga m&aacute;s a las multitudes que a los grandes, no halaga m&aacute;s a los pueblos que a los reyes, no halaga m&aacute;s a las democracias que a las monarqu&iacute;as y oligarqu&iacute;as. Sabemos que ha habido en el pasado mucho tiempo y vastas regiones donde la raz&oacute;n no resid&iacute;a sino en las minor&iacute;as, en unidades; incluso ha habido naciones en donde la raz&oacute;n no ha residido. Puede ausentarse hoy todav&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La raz&oacute;n no procede de la autoridad demag&oacute;gica. Despertar a las masas, lanzar multitudes es un ejercicio de autoridad no menos extra&ntilde;o a la raz&oacute;n que amasar mayor&iacute;as, que mandar un regimiento. Estamos hoy bajo el gobierno de la demagogia mucho m&aacute;s que bajo el gobierno de la democracia. Tribunos, abogados, periodistas nos gobiernan como un fardo. Libre de la monarqu&iacute;a, de la oligarqu&iacute;a y de la democracia, de gobiernos regulares, la raz&oacute;n es libre tambi&eacute;n de la demagogia, gobierno de hecho. Ella no es m&aacute;s sumisa a los nuevos cortesanos de lo que ha sido sumisa a los antiguos. Ni las manifestaciones en las calles ni las manifestaciones de los m&iacute;tines valen a la mirada de la raz&oacute;n. La raz&oacute;n se sustenta sobre algunos caballetes; los movimientos de las masas no pesan m&aacute;s que las revoluciones de palacio; el pueblo enga&ntilde;ado no puede hacer que la raz&oacute;n abandone la raz&oacute;n, ni que devenga raz&oacute;n la sinraz&oacute;n; la multitud enga&ntilde;ada no puede m&aacute;s que la monarqu&iacute;a enga&ntilde;ada; el pueblo no es soberano de la raz&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La raz&oacute;n no procede de la autoridad manual. Si es verdad que la raz&oacute;n no ejerce autoridad alguna, es verdad que el gobierno de los intelectuales ser&iacute;a el m&aacute;s insoportable de los gobiernos, &#45;si bien es igualmente verdad que la raz&oacute;n, que no acepta autoridad alguna, que no ejerce ning&uacute;n gobierno, no acepta una autoridad manual, no ejerce un gobierno manual. Imaginar, como so&ntilde;&oacute; Renan, un gobierno espiritual de la tierra habitada, un gobierno omnipotente de los intelectuales es torcer a la raz&oacute;n. La rep&uacute;blica de los pedantes no ser&iacute;a menos inhabitable que la rep&uacute;blica de los monjes. Si permitimos que se forme, una casta de intelectuales ser&aacute; m&aacute;s molesta y pesar&aacute; m&aacute;s en el mundo que cualquier casta. Pero alborotar a las autoridades burdas de los trabajadores maleducados contra los intelectuales serios es tambi&eacute;n faltar a la raz&oacute;n. La justicia, la raz&oacute;n, la buena administraci&oacute;n del trabajo piden que los intelectuales no sean ni gobernantes ni gobernados. Que sean modestamente libres, como todo el mundo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la sociedad presente, donde el juego de la especializaci&oacute;n se exagera autom&aacute;ticamente, las labores intelectuales y las labores manuales no son jam&aacute;s atribuidas a los mismos trabajadores; los trabajadores intelectuales abandonan casi todo trabajo manual; los trabajadores manuales abandonan casi todo trabajo del esp&iacute;ritu, casi cualquier ejercicio de la raz&oacute;n. En la ciudad armoniosa, en la que preparamos el nacimiento y la vida, las labores intelectuales y las labores manuales se reparten armoniosamente entre los mismos hombres. Y la relaci&oacute;n del intelectual con el manual, en lugar de establecerse trabajosamente en uno u otro individuo, se establecer&aacute; libremente en el coraz&oacute;n mismo del hombre. El problema ser&aacute; traspuesto. Porque no hemos dicho nunca que suprimiremos los problemas humanos. S&oacute;lo queremos y esperamos llevar los problemas del terreno burgu&eacute;s, en el que no pueden sino recibir una soluci&oacute;n ingrata, al terreno humano, libre en fin de las esclavitudes econ&oacute;micas. Dejamos los milagros a los profesionales de las antiguas y las nuevas iglesias. No prometemos un para&iacute;so, preparamos una humanidad libre.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los jefes audaces y las multitudes hartas, los l&iacute;deres consagrados, los candidatos y los electores encontraron sin duda que este programa es insuficiente. Pero sabemos por la historia de la humanidad, por la historia de las ciencias, de las artes, de la filosof&iacute;a, que un cambio de plan es un acontecimiento, una operaci&oacute;n importante. En todos los g&eacute;neros de trabajo dos l&iacute;neas de progreso est&aacute;n abiertas. Para empezar, podemos avanzar por evoluci&oacute;n, continuando en el mismo sentido. Pero viene casi siempre un momento en el que el trabajador tiene la impresi&oacute;n de que el sentido est&aacute; agotado: ninguna aplicaci&oacute;n, ninguna insistencia pueden tirar m&aacute;s de lo real que lo que ya se ha avanzado en la direcci&oacute;n comenzada. Vidas enteras consumidas por un trabajo ingrato no producen m&aacute;s que lo que cuestan. Entonces interviene la revoluci&oacute;n. Visto desde fuera, afrontado desde fuera, lo real vuelve bruscamente a derramarse de sus cauces. Y, por tanto, lo real es lo mismo que lo que era; pero no se ve con la misma mirada, no se ve igual, no se conoce lo mismo. As&iacute; es como somos revolucionarios. Queremos que la humanidad misma se otorgue la nueva libertad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No menospreciamos la humanidad pasada, no tenemos ni este orgullo ni esta vanidad ni esta insolencia ni esta imbecilidad, esta debilidad. No menospreciamos lo que de humano tiene la humanidad presente. Al contrario, queremos conservar lo que tienen de humano las humanidades antiguas. Queremos salvar lo que tiene de humano la humanidad presente. Evitamos, sobre todo, cometer la m&aacute;s grande injusticia con la humanidad presente, pretender domesticarla. No tenemos la presunci&oacute;n de imaginar, de inventar, de fabricar una humanidad nueva. No tenemos ni plan ni presupuesto. Queremos liberar a la humanidad de las esclavitudes econ&oacute;micas. Liberada, libre, la humanidad vivir&aacute; libremente. Libre de nosotros y de todos aquellos que la quisieron liberar. Utilizar la liberaci&oacute;n para someter a los liberados a la mentalidad de los liberadores ser&iacute;a cometer la prevaricaci&oacute;n m&aacute;xima, el giro m&aacute;s grave. Presentar a la humanidad la liberaci&oacute;n para luego atraerla a una filosof&iacute;a, cuando esta misma filosof&iacute;a ser&iacute;a etiquetada como filosof&iacute;a de la raz&oacute;n ser&iacute;a tender a la humanidad una emboscada universal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adherir al socialismo un sistema, anudar al socialismo &#45;aunque fuera en nombre de la raz&oacute;n&#45;, un sistema de ciencia o de arte o de filosof&iacute;a, es cometer literalmente un abuso de confianza en contra de la humanidad. Llamar a la humanidad a su liberaci&oacute;n para precipitarla sobre un sistema es cometer, en nombre de la raz&oacute;n, la malversaci&oacute;n que la Iglesia comete en nombre de la fe. Es venderle a la humanidad aquello que deber&iacute;amos entregarle como un don. Es vender un objeto que no debemos dejar caer en el comercio econ&oacute;mico. Por la liberaci&oacute;n, introducir un avasallamiento. Digamos m&aacute;s: vender a la humanidad su liberaci&oacute;n econ&oacute;mica por el establecimiento de un sistema, eso no es solamente enga&ntilde;ar y robar a la humanidad, no es solamente traicionar a la humanidad, no es s&oacute;lo vender lo invendible, ni secularizar la malversaci&oacute;n de la Iglesia, repetir en versi&oacute;n secular la prevaricaci&oacute;n de la Iglesia, que vende a los pobres el pan por el tal&oacute;n de la confesi&oacute;n, por la oraci&oacute;n honorable y por la santa comuni&oacute;n, es cometer el m&aacute;s grande crimen para un socialista; es monetizar para su ventaja la esclavitud econ&oacute;mica misma.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adherir al socialismo liberador un aumento de sistema porque va con &eacute;l no es solamente una operaci&oacute;n poco elegante, fea, burda, de mal tono, de malos modales, de mala cultura, de mal gusto, de mal aspecto; no es solamente una operaci&oacute;n inmoral, injusta, perversa, inversa y de mala administraci&oacute;n; es una operaci&oacute;n propiamente, particularmente contraria al socialismo. El idealismo o el materialismo, el idealista o el materialista, el determinista o el liberal que para su ventaja hagan del socialismo algo m&aacute;s o menos confuso con el motivo &uacute;ltimo de su sistema, no jugar&aacute;n solamente un juego horriblemente desleal, sino que su juego ser&aacute; una perpetua renegaci&oacute;n del socialismo; no jugar&aacute;n solamente un juego falso, sino que jugar&aacute;n al burgu&eacute;s. Usando para sus fines interesados el deseo, la necesidad, la pasi&oacute;n de liberaci&oacute;n econ&oacute;mica, utilizar&aacute;n en efecto, en segundo grado, la esclavitud anterior, la servidumbre misma de la que queremos escapar. No pondr&aacute;n en pr&aacute;ctica solamente un chantaje sino que ejercer&aacute;n precisamente el chantaje econ&oacute;mico, vicio propio de la sociedad burguesa, del r&eacute;gimen burgu&eacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No tenemos la tierra para venderla como los cristianos no la tuvieron para vender el cielo. No tenemos que laicizar la mercanc&iacute;a de los cl&eacute;rigos. Bien lejos del socialismo reposar oficialmente en un sistema de artes o de ciencias o de filosof&iacute;a, lejos de tender al establecimiento, a la glorificaci&oacute;n de un sistema, lejos de ser materialista, ate&iacute;sta o te&iacute;sta, al contrario el socialismo es quien dejar&aacute; a la humanidad liberada, libre al fin para trabajar, estudiar y pensar libremente. Es el efecto de una anti&#45;inteligencia singular imaginarse que la revoluci&oacute;n social ser&aacute; una conclusi&oacute;n, un t&eacute;rmino de la humanidad en el insulso &eacute;xtasis de sus serenos muertos. Es el efecto de una ambici&oacute;n est&uacute;pida y malvada, idiota y escurridiza querer la clausura de la humanidad por la revoluci&oacute;n social. Hacer un claustro de la humanidad ser&aacute; el efecto de la m&aacute;s redituable supervivencia religiosa. Lejos de que el socialismo sea definitivo, es preliminar, es previo, necesario, indispensable pero no suficiente. Est&aacute; antes del umbral. No est&aacute; al final de la humanidad, y tampoco est&aacute; al comienzo. &Eacute;l est&aacute;, seg&uacute;n nosotros, antes del comienzo. Antes del comienzo ser&aacute; el Verbo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">No est&aacute; bien que las ideas sean arrivistas, ni que las hagamos pasar de contrabando. No est&aacute; bien que sean parasitarias, que se adhieran al socialismo de modo que los j&oacute;venes infelices se conviertan en los secretarios de hombres influyentes. El disgusto que tenemos por los peque&ntilde;os ambiciosos que quieren colocarse en empleos del socialismo ministerial y en los correspondientes empleos del socialismo antiministerial, lo tendremos de los sistemas que quieran llegar por el socialismo y en el socialismo. Es, en fin, un insoportable abuso de la autoridad paternal querer imponer a las nuevas generaciones las tonter&iacute;as de las viejas y fatigadas generaciones que somos nosotros. Justamente porque los haremos libres, ellas sabr&aacute;n mucho mejor que nosotros qu&eacute; es lo que deben pensar. La raz&oacute;n no procede de la autoridad paternal. No hagamos, en nombre de la raz&oacute;n, votos perpetuos para con nosotros mismos. Y no los hagamos tampoco para las generaciones perpetuas. Dejemos a la humanidad tranquila. Una revoluci&oacute;n que pretende desasirse de intereses debe ser absolutamente desinteresada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rec&iacute;procamente, es traicionar a la raz&oacute;n, como se traiciona al socialismo, introducir pesos adicionales en los debates de la raz&oacute;n. En el debate de los sistemas racionales, ajustar los sobrepesos de las voluntades socialistas a ciertos sistemas &#45;al materialismo, al ate&iacute;smo&#45;, infundirles la savia y la sangre de las pasiones revolucionarias, es distorsionar la acci&oacute;n por intervenciones extra&ntilde;as a la acci&oacute;n; pero, rec&iacute;procamente, es torcer el juego de la raz&oacute;n por intervenciones extra&ntilde;as a la raz&oacute;n. Es dar a ciertos sistemas una importancia desmesurada en la historia del pensamiento. La raz&oacute;n no procede de la autoridad socialista, suponiendo que hubiera una autoridad socialista. La raz&oacute;n no procede de la autoridad revolucionaria, admitiendo que los jacobinos hayan instituido verdaderamente una autoridad revolucionaria. La raz&oacute;n no depende m&aacute;s de las masas revolucionarias que de las masas reaccionarias o de las masas inertes. No depende de fuerza alguna. No depende m&aacute;s de las armas revolucionarias que de las armas militares. La raz&oacute;n no depende de las masas populares. Ella no depende de la autoridad manual.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Querer establecer sobre el pueblo un gobierno, un mandato, una autoridad de la raz&oacute;n es traicionar a la raz&oacute;n y traicionar al pueblo. Pero querer establecer sobre la raz&oacute;n, por la demagogia o por la pedagog&iacute;a, un gobierno, un mandato, una autoridad de los trabajadores manuales es tambi&eacute;n traicionar a la raz&oacute;n y al pueblo. Esc&uacute;chennos: los trabajadores manuales, porque son hombres y tienen su parte de la raz&oacute;n com&uacute;n, tienen el derecho y el deber de pensar en la medida de su capacidad. Pero ocultar al pueblo sus incompetencias inevitables, provisorias, pero provisoriamente inevitables, es una de las t&eacute;cnicas m&aacute;s peligrosas de la demagogia. Denunciar frente al pueblo de los trabajadores manuales una obra de filosof&iacute;a porque se vende a 7.50 en Alcan, denunciar frente al pueblo una obra de metaf&iacute;sica que tiene quince veces la palabra <i>Dios</i> en la p&aacute;gina 28 y noventa y dos veces la palabra <i>Dios</i> en la p&aacute;gina 31, denunciar frente al pueblo esta obra como manchada de clericalismo; yo digo que eso es jesuitismo, y digo que es la Inquisici&oacute;n.<sup><a href="#nota">3</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es jesuitismo y es duplicidad porque el peri&oacute;dico tiene dos clientelas, dos p&uacute;blicos. Si el diario no fuera le&iacute;do m&aacute;s que por los intelectuales, una acusaci&oacute;n de clericalismo establecer&iacute;a una tesis filos&oacute;fica, &#45;bosquejada sobre lo que ah&iacute; parece la palabra <i>Dios,</i> no ser&iacute;a peligrosa, porque el lector, avezado, reconocer&iacute;a ah&iacute; un divertimento. Un divertimento de un gusto ambiguo, m&aacute;s bien perverso, pero un divertimento al fin y al cabo. Si el diario no fuera le&iacute;do sino por los trabajadores manuales, si el autor de la acusaci&oacute;n fuera &eacute;l mismo un obrero manual, esta acusaci&oacute;n ser&iacute;a peligrosa, pero ser&iacute;a sincera. Lo que provoca la duplicidad es que un autor intelectual lanza deliberadamente esta acusaci&oacute;n delante de un p&uacute;blico doble. El autor, intelectual, sabe qu&eacute; son la metaf&iacute;sica y la teodicea. El autor no puede creer que su acusaci&oacute;n exista. Y porque tiene talento, la acusaci&oacute;n &#45;insidiosa&#45; es enunciada en t&eacute;rminos cuidadosamente violentos. Los intelectuales ver&aacute;n muy bien que es una buena broma y no despreciar&aacute;n al periodista como un ignorante. Los trabajadores manuales la tomar&aacute;n como efectiva.<sup><a href="#nota">4</a></sup> La reputaci&oacute;n literaria ser&aacute; salvada ante los primeros, la reputaci&oacute;n moral se guardar&aacute; ante los segundos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No creo que nada sea tan peligroso tanto para el pueblo como para la raz&oacute;n como estos malentendidos de doble sentido. El marqu&eacute;s de Rochefort<sup><a href="#nota">5</a></sup> sobresali&oacute; en esto. &Eacute;l supo admirablemente inventar un tipo de calumnia que hiciera sonre&iacute;r a la gente de esp&iacute;ritu a la vez que sublevar la emoci&oacute;n del pueblo. Hacer la calumnia lo suficientemente grande como para que esa misma grandeza haga entender, a los entendidos, que se entienden a s&iacute; mismos; y al mismo tiempo utilizar esta grandeza para sublevar la grandeza de la emoci&oacute;n del pueblo; &eacute;ste es el doble juego en el que el marqu&eacute;s de Rochefort era considerado un jugador inimitable. De todas las soluciones que se pueden imaginar del problema intelectual&#45;manual, &eacute;sta es la m&aacute;s insultante para los intelectuales a la vez que para los manuales, pues supone que los intelectuales son tan sensibles a los placeres ambiguos de una diversi&oacute;n perversa que olvidan los elementos m&aacute;s simples de la moral com&uacute;n, y supone al mismo tiempo que los obreros est&aacute;n tan atareados con su grosera indignaci&oacute;n que jam&aacute;s aprender&aacute;n nada sobre los m&eacute;ritos, sobre la verdad y sobre la justicia de los informes que lanzan los fiscales de conveniencia y los abogados generales del periodismo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&Eacute;sta no es la soluci&oacute;n injuriosa, dudosa, doble, que aceptamos. Atendiendo al cambio preliminar del plan que nos parece capital en el futuro, en la pr&oacute;xima historia de la humanidad, la salvaci&oacute;n del trabajo manual y la salvaci&oacute;n del trabajo intelectual ser&aacute; conferida a todos los hombres. Atendiendo que la relaci&oacute;n de lo manual con lo intelectual se sit&uacute;a libremente en todo hombre, pues en la sociedad presente la repartici&oacute;n es hecha entre individuos y no entre elaboraciones de un mismo individuo, de la misma persona, del mismo hombre, porque el trabajo manual y el trabajo intelectual son distribuidos a individuos diferentes, porque &#45;salvo excepciones, poco numerosas&#45; los unos no trabajan sino apenas con sus manos y los otros con su raz&oacute;n, nuestra soluci&oacute;n ser&aacute; la simple soluci&oacute;n de la libertad profesional. Por la misma raz&oacute;n que los panaderos no hacen las casas, y que los obreros no hacen la ropa, por esa misma raz&oacute;n los trabajadores manuales, panaderos y alba&ntilde;iles, segadores, sastres y tejedores no har&aacute;n ni deshar&aacute;n las tesis de filosof&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Exactamente como no se admite la autoridad profesional del trabajador manual sobre otro trabajador manual en un campo de oficios diferentes, exactamente as&iacute; no se debe admitir autoridad profesional alguna del trabajador manual sobre el trabajador intelectual. Como los panaderos son ignorantes de la construcci&oacute;n y los segadores de la confecci&oacute;n y los tejidos, exactamente as&iacute; los panaderos y los alba&ntilde;iles, los segadores y los tejedores, ellos, son ignorantes de la teodicea. Es posible ense&ntilde;arles, si hay razones para que se les ense&ntilde;e. Es posible no ense&ntilde;arles, si hay impedimentos o razones contrarias. Pero es halagarlos por lo bajo dejarles por razones pol&iacute;ticas un trabajo para el que a&uacute;n no han adquirido la competencia. Declar&eacute;moslo fuerte: un profesor de filosof&iacute;a puede y debe hacer teodicea cuando la raz&oacute;n se lo demande. Y no es responsable y experto sino ante a la raz&oacute;n, ante la raz&oacute;n razonante, ante la raz&oacute;n que trabaja, ante la raz&oacute;n cr&iacute;tica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No fundaremos, no dejaremos fundar una religi&oacute;n de la raz&oacute;n. Hemos renunciado a una religi&oacute;n que nos obligue a hacer vigilia en viernes santo; no fundamos una religi&oacute;n que nos fuerce a la gula ese mismo d&iacute;a. Hemos renunciado a fundar una religi&oacute;n que nos ordene creer en un Dios personal, en tres personas, soberanamente bueno, soberanamente amable, todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, y soberano se&ntilde;or de todas las cosas; no fundamos una religi&oacute;n que nos proh&iacute;ba pronunciar un nombre del que lo menos que se puede decir es que ha tenido alguna fortuna en la historia de la humanidad. La raz&oacute;n no procede de la autoridad presbiteral. Una religi&oacute;n de la raz&oacute;n acumular&iacute;a todos los vicios religiosos y todo el reverso de las virtudes racionales. Ser&iacute;a un c&uacute;mulo raro, singular, culminante, &uacute;nico de vicios com&uacute;nmente inconciliables, habitualmente separados, l&oacute;gicamente contradictorios. Ser&iacute;a como un desaf&iacute;o de acumulaci&oacute;n. Un catecismo es insoportable. Pero un catecismo de la raz&oacute;n tendr&iacute;a en sus p&aacute;ginas la m&aacute;s espantosa tiran&iacute;a. A la vez parodia y texto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La raz&oacute;n no procede m&aacute;s de las autoridades oficiosas que de las autoridades oficiales. Ni el publicista, ni el periodista, ni el tribuno, ni el orador, ni el conferencista son hoy simples ciudadanos. El periodista que tiene treinta o cincuenta u ochenta mil lectores, el conferencista que tiene regularmente mil doscientos o mil quinientos espectadores ejercen en efecto, como el ministro, como el diputado, una autoridad gubernamental. Hoy se maneja a los lectores como no se ha cesado de manejar a los electores. La prensa constituye un cuarto poder. Muchos periodistas que acusan con raz&oacute;n la debilidad de las costumbres parlamentarias, har&iacute;an bien en volver sobre s&iacute; mismos y considerar que las salas de redacci&oacute;n se mantienen como los parlamentos. Hay al menos tanta demagogia parlamentaria en los diarios como en las asambleas. Se despilfarra tanta autoridad en un comit&eacute; de redacci&oacute;n como en un consejo de ministros; y tanta debilidad demag&oacute;gica. Los periodistas escriben como hablan los diputados. Un redactor en jefe es un presidente de consejo, igualmente autoritario, igualmente d&eacute;bil. Hay menos liberales entre los periodistas que entre los senadores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es el juego ordinario de los periodistas, amotinar todas las libertades, todas las licencias, todas las revueltas y, en efecto, todas las autoridades, las m&aacute;s contradictorias, contra las autoridades gubernamentales oficiales. "Somos simples ciudadanos", van repitiendo. Quieren as&iacute; acumular todos los privilegios de la autoridad con los derechos de la libertad. Pero el verdadero libertario sabe advertir la autoridad en donde ella act&uacute;a; y en ninguna parte es ella tan peligrosa como ah&iacute; donde nota los aires de libertad. El verdadero libertario sabe que hay verdaderamente un gobierno de los periodistas y de las manifestaciones, una autoridad de los periodistas y de los oradores populares como hay un gobierno de las oficinas y las asambleas, una autoridad de los ministros y de los oradores parlamentarios. El verdadero libertario se previene tanto de los gobiernos oficiosos como de los gobiernos oficiales. Porque la popularidad es tambi&eacute;n una forma de gobierno, y no menos peligrosa. La raz&oacute;n no se hace de una clientela. Un periodista que juega con los ministros y que arguye ser un simple ciudadano no es admisible. Porque tambi&eacute;n es doble y eso es demasiado c&oacute;modo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando un periodista ejerce en sus dominios un gobierno de hecho, cuando tiene un ej&eacute;rcito de fieles lectores, cuando entrena a sus lectores por la vehemencia, la audacia, la ascendencia &#45;medios militares&#45;, por el talento &#45;medio vulgar&#45;, por la mentira &#45;medio pol&iacute;tico&#45;, y as&iacute; cuando el periodista se ha tornado verdaderamente un poder en el Estado, cuando tiene sus lectores exactamente como un diputado sus electores, cuando un periodista tiene una circunscripci&oacute;n lectoral, frecuentemente m&aacute;s vasta y m&aacute;s s&oacute;lida, no puede venir luego a jugarnos el doble juego; no puede venir a lloriquear. En la gran batalla de los poderes del mundo, no puede dar sus golpes redituables en nombre de su poder y cuando los poderes contrarios le devuelvan los golpes, al mismo tiempo, no puede proclamarse como simple ciudadano. Quien renuncia a la raz&oacute;n por la ofensiva no puede reclamar la raz&oacute;n para la defensiva. Habr&aacute; una deslealtad insoportable, y por tanto duplicidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La raz&oacute;n no procede del terror, que es la forma fina de la fuerza. La raz&oacute;n no procede de la sospecha, que es la forma artera del terror. El r&eacute;gimen del terror, sea del terror gubernamental o del terror popular &#45;no menos gubernamental&#45;, cuando ese mismo r&eacute;gimen prepare altares a la raz&oacute;n, y sobre todo si ese r&eacute;gimen prepara altares a la raz&oacute;n, no es un r&eacute;gimen de la raz&oacute;n. El r&eacute;gimen de los sospechosos, o el ejercicio de la fuerza ejercida es misteriosamente ensanchado por el miedo de la fuerza ejercible, cuando esos sospechosos sean los enemigos de la raz&oacute;n, y sobre todo si los sospechosos son los enemigos de la raz&oacute;n, el r&eacute;gimen de sospechosos es el m&aacute;s contrario a la raz&oacute;n. Pero no hay solamente que temer por la raz&oacute;n un r&eacute;gimen oficial de sospechosos, amplificando un terror oficial. M&aacute;s temible, en cambio, m&aacute;s odioso, m&aacute;s enemigo de la raz&oacute;n, m&aacute;s detestable es un r&eacute;gimen oficial de sospechosos, como aqu&eacute;l al que nos somete el gobierno de la prensa. Ni las denuncias calumniosas, ni los alegatos sin pruebas son de la raz&oacute;n. La raz&oacute;n no es policiaca. Ella no es m&aacute;s polic&iacute;a de la prensa que polic&iacute;a del Estado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La raz&oacute;n no procede de esta popularidad m&aacute;s fina y m&aacute;s aireada que se obtiene en los campos de la cultura. Ni las decoraciones del Estado, ni las distinciones corporativas, ni las colaboraciones, ni los grandes profesionales, ni los acad&eacute;micos, ni los festivales cient&iacute;ficos, ni los cincuentenarios, ni los centenarios, ni las estatuas ni los bustos, ni los nombres inscritos en las placas de las calles, ni los banquetes, incluso si se les llaman cenas, ni la fama ni la gloria son propias de la raz&oacute;n. Todo eso supone una emulaci&oacute;n. Y la raz&oacute;n no procede por emulaci&oacute;n. Todo eso supone una aplicaci&oacute;n a los trabajos de la raz&oacute;n de cantidades que no son del mismo orden. La raz&oacute;n no admite la rivalidad, sino la sola colaboraci&oacute;n, la cooperaci&oacute;n. Toda idea de recompensa o de castigo, de sanciones, sean ellas elegantes, espirituales y psicol&oacute;gicas, es dif&iacute;cil proporcionar las ceremonias a los trabajos en las que ellos son la consagraci&oacute;n. En las letras, en las artes y en la filosof&iacute;a, eso es literalmente imposible. Al contrario las obras m&aacute;s fuertes son tambi&eacute;n las m&aacute;s inesperadas, las menos atendidas, las m&aacute;s envidadas. En fin, las ceremonias laicas imitan siempre las ceremonias religiosas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La raz&oacute;n no procede de la autoridad hist&oacute;rica. Las mayor&iacute;as hist&oacute;ricas de las generaciones muertas no pueden mandar a la raz&oacute;n m&aacute;s que las mayor&iacute;as contempor&aacute;neas. As&iacute; como no es siempre propiamente revolucionaria, la raz&oacute;n no es siempre propiamente tradicional. Pero ella es propiamente racional y razonable. Asimilarla o identificarla con la revoluci&oacute;n es despreciarla; asimilarla o identificarla con la tradici&oacute;n tambi&eacute;n. Ella es la raz&oacute;n. Y no obedece a la revoluci&oacute;n, no obedece a la tradici&oacute;n, ella no obedece tampoco a la coincidencia de las dos, a la tradici&oacute;n revolucionaria. Porque por un acoplamiento singular, por una vuelta inesperada, vemos cada vez m&aacute;s que las fuerzas revolucionarias se cristalizan en formas tradicionales. Cada vez m&aacute;s la revoluci&oacute;n, que es la ruptura de la tradici&oacute;n, tiende a constituir ella misma un dispositivo tradicional. Y de cara a estas nuevas tradiciones revolucionarias &#45;y en tanto revolucionarias, pues son tradiciones&#45;, la raz&oacute;n no tiene ya m&aacute;s sus dos libertades propias: libertad que sabe guardar frente a la tradici&oacute;n, libertad que sabe guardar frente a la revoluci&oacute;n. En todos los tiempos los movimientos revolucionarios, las rupturas de la tradici&oacute;n, esencialmente libres de origen, han tenido la tendencia de recaer en el antiguo automatismo. As&iacute; la conservaci&oacute;n recomienza, la tradici&oacute;n renace con la materia misma de la que hicieron la revoluci&oacute;n. Pero nunca como hoy el movimiento revolucionario ha estado tan amortiguado por formas ya tradicionales, ya conservadoras. Por una extra&ntilde;a inconsecuencia, o por una extra&ntilde;a insuficiencia de pensamiento, el precedente constituido por la Revoluci&oacute;n francesa, por la gran revoluci&oacute;n burguesa, ha fascinado a los revolucionarios socialistas, les fascina hoy mucho m&aacute;s que nunca. Las jornadas de 1830, las jornadas dobles de 1848, los meses de la Comuna<sup><a href="#nota">6</a></sup> han contribuido a formar, han completado como un c&oacute;digo revolucionario. Nunca como hoy los partidos revolucionarios, los comit&eacute;s, las comisiones, los congresos, los consejos han fracasado en su vinculaci&oacute;n, no est&aacute;n ligados, no han vinculado a sus electores y sus secretarios, por tanto ceremonial, por tanta etiqueta, por tanta costumbre, por tanto protocolo, por tanta tradici&oacute;n, por tanta conservaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por una ingratitud mental singular, los gobiernos revolucionarios, las autoridades sociales se oponen a la raz&oacute;n, a la libertad en las que ellos nacieron, a las tradiciones suplementarias, a las conservaciones sobrecargadas. La raz&oacute;n no debe someterse a esas tradiciones onerosas ni porque son tradicionales, ni porque son revolucionarias. Imitar a los antiguos revolucionarios, a los viejos revoltosos, no consiste en pensar exactamente, frente al mundo que conocemos, los pensamientos que ellos ten&iacute;an del mundo que fue su contempor&aacute;neo. Pero es imitarlos bien tener frente al mundo que conocemos la misma actitud, el mismo sentimiento de libertad, de raz&oacute;n, que ellos tuvieron frente a su mundo. Imitar servilmente, puntualmente sus ideas, as&iacute; como aceptar una herencia inerte, muerta, tener frente al mundo presente las ideas que ellos tuvieron frente al mundo pasado, repetir a nuestros ancestros &#45;que fueron justamente revolucionarios porque ellos no imitaron a sus ancestros&#45;, calcar sus ideas, ser&iacute;a no imitar ni su conducta ni su m&eacute;todo ni su acci&oacute;n ni su vida. Eso ser&iacute;a no imitar el uso que ellos hicieron de la raz&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Imitar bien a los antiguos revolucionarios es posicionarnos libremente cara al mundo, como ellos se posicionaron libremente cara al mundo. No es situarnos servilmente cara su mundo. Es usar de la raz&oacute;n como ellos la usaron, sin ning&uacute;n artificio de escuela ni retraso ficticio. No m&aacute;s que lo que no debemos fijar a la revoluci&oacute;n social ni imponer a las humanidades futuras nuestros sistemas, no debemos imponerles sistemas heredados, aunque sean heredados de revolucionarios. No debemos imponerles, comunicarles a trav&eacute;s nuestro, sistemas viejos. No debemos transmitir autoridades que no debemos instituir. La operaci&oacute;n ser&iacute;a la misma. Aunque el sistema impuesto m&aacute;s tarde por la revoluci&oacute;n haya nacido entre nosotros o nosotros lo hayamos recibido de nuestros mayores, el resultado ser&iacute;a el mismo. Ser&iacute;a siempre marcar a la humanidad en lugar de liberarla. Ser&iacute;a siempre regatear y distorsionar la liberaci&oacute;n. Ser&iacute;a siempre oprimir a la raz&oacute;n, hacer pesar sobre la raz&oacute;n libre las viejas obras de una raz&oacute;n menos libre. Ser&iacute;a siempre monetizar la esclavitud econ&oacute;mica para beneficiar al personal revolucionario.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No traemos con nosotros, no traemos ni como un invento ni como una herencia, sentimientos in&eacute;ditos, fabricados expresamente por nosotros y que lleven la marca de su fabricaci&oacute;n. No pretendemos reemplazar, suplir, reestablecer en la tienda los viejos sentimientos que han tra&iacute;do la alegr&iacute;a o la consolaci&oacute;n, el bienestar y la belleza del mundo. No tenemos sentimientos nuevos que remplazar&aacute;n al antiguo amor, la amistad, los afectos, los sentimientos y pasiones del amor, los sentimientos y las pasiones del arte, de las ciencias, de la filosof&iacute;a. No somos dioses que creamos el mundo. Queremos convertirnos en tesoreros &uacute;tiles, administradores informados, diligentes, del hogar. No pedimos crear animalidades o humanidades sino, modestos, pedimos que los bienes econ&oacute;micos de la humanidad presente sean administrados por los mejores a fin de que, habi&eacute;ndose parado el cuello la esclavitud econ&oacute;mica, las cabezas libres se enderecen, los cuerpos vivan saludables y las almas tambi&eacute;n. Somos antes que nada modestos. Un socialismo orgulloso ser&iacute;a una aberraci&oacute;n. Una metaf&iacute;sica ser&iacute;a criminal, o una locura.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La raz&oacute;n no procede de la educaci&oacute;n. Y tocamos aqu&iacute; el m&aacute;s grave peligro del tiempo presente. A pesar de la complicidad de las palabras mismas, la educaci&oacute;n no debe ser dominaci&oacute;n<sup><a href="#nota">7</a></sup>. Es la educaci&oacute;n la que debe inspirarse en la raz&oacute;n, guiarse por la raz&oacute;n, modelarse bajo la raz&oacute;n. No debe ser que despu&eacute;s de haber sufrido nuestra negligencia, el pueblo de hoy sea deformado por nuestra complacencia. No vaya a ser que habiendo sufrido la ignorancia en la que fue abandonado, sea hoy deformado por un medio&#45;saber, que es siempre un falso saber. Los indigestos programas enciclop&eacute;dicos son el inmenso peligro de la ense&ntilde;anza primaria, pero son a&uacute;n m&aacute;s el inmenso peligro de la ense&ntilde;anza primaria superior, son el m&aacute;s alto grado, el m&aacute;s grande peligro y la inmensa dificultad de las universidades populares. Individuos admirablemente dedicados, perfectamente sabios, personas entendidas, previenen, evitan el peligro, dan la vuelta, superan la dificultad, pero ellas son tambi&eacute;n las primeras personas en imponer medidas. Aquellos que aman la primaria, los maestros y el pueblo, ellos est&aacute;n preocupados con raz&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hacer o dejar creer al pueblo de trabajadores manuales, a los diferentes grados de ense&ntilde;anza primaria, que el trabajo de la raz&oacute;n obtiene sus resultados sin dolor, sin esfuerzo y sin aprendizaje ser&iacute;a falsear irreparablemente el esp&iacute;ritu del pueblo, ser&iacute;a traicionar a la raz&oacute;n m&aacute;s numerosa, hacer delirar a la raz&oacute;n m&aacute;s numerosa, alentar la locura general, cultivar la demencia y sembrar la sinraz&oacute;n a manos llenas. Sobre todo porque el pueblo sabe muy bien, el pueblo admite muy bien &#45;mejor que los burgueses&#45;, el pueblo conoce por su experiencia profesional que sin un orden el trabajo manual no obtiene sus resultados gratuitos, regalados. Todo el mundo sabe que en todos los oficios manuales se debe trabajar y se necesita haber aprendido. Por qu&eacute; injusta inferioridad, o por qu&eacute; complacencia demag&oacute;gica en el fondo, por qu&eacute; halagos se har&aacute; creer o se dejar&aacute; creer al pueblo que la ciencia, que el arte y que la filosof&iacute;a, que los trabajos intelectuales, que los trabajos de la raz&oacute;n no son tambi&eacute;n serios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vulgarizar, extender al pueblo de los trabajadores el viejo prejuicio aristocr&aacute;tico ser&iacute;a ofrecer a la democracia el pero de los malos servicios. No debe ser tampoco que el pueblo quiera saber todo sin haber jam&aacute;s aprendido nada. No debe ser que el pueblo ya no sea dado a m&aacute;s pena que a la de nacer pueblo. Nunca hemos tenido la idea de hacer pan sin conocer la panificaci&oacute;n, ni de labrar sin saber de labranza. Porque se quiere tratar los grandes problemas sin haber hecho el aprendizaje suficiente. Porque estamos relativamente de acuerdo en que la ciencia exige un aprendizaje, pero ello se niega muy seguido en las letras, en las artes, en la filosof&iacute;a. Se introduce as&iacute; la presunci&oacute;n m&aacute;s peligrosa; se preparar&iacute;an las decepciones m&aacute;s graves, m&aacute;s merecidas. Aquello que ha de ser ense&ntilde;ado al pueblo, no es ni una vanidad, ni un orgullo, es la modestia intelectual, es esta justeza que es la justicia de la raz&oacute;n. En lugar de lanzarlo sobre la existencia o, lo que es lo mismo, sobre la inexistencia de Dios, sobre la inmortalidad del alma o sobre su supervivencia o sobre su mortalidad, sobre el determinismo o el indeterminismo, sobre el materialismo o la filosof&iacute;a de la historia, ense&ntilde;&eacute;mosle modestamente las materias m&aacute;s prontas. Eso, por s&iacute; solo, ser&aacute; &iacute;ntegro, ser&aacute; probo. Solamente as&iacute; respetaremos al pueblo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">No es que queramos prohibir a la gente el acceso a la raz&oacute;n. Al contrario, somos nosotros quienes no queremos que se rompan la nariz en puertas falsas. Pedimos que avance razonablemente, sabiamente, racionalmente por los caminos de la raz&oacute;n, tan lejos como pueda, pero con toda honestidad. La raz&oacute;n no utiliza la mentira. Por lo falso el camino ser&iacute;a m&aacute;s corto. Si se est&aacute; frente a un auditorio que no entiende la demostraci&oacute;n de un teorema sobre el cuadrado de la hipotenusa, no hay que fabricar una demostraci&oacute;n falsa pero que aparentemente conduce a la misma respuesta y presentarla al pueblo con la tranquilidad del mundo como si no pasara nada, porque la verdadera demostraci&oacute;n conseguir&iacute;a una garant&iacute;a adicional eternamente v&aacute;lida, una certeza. Pero no, nosotros decimos honestamente a quienes son ge&oacute;metras: los ge&oacute;metras demuestran que el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los lados del &aacute;ngulo recto. &#45; No hay que olvidar que la mayor parte de los grandes problemas son m&aacute;s dif&iacute;ciles y demandan m&aacute;s preparaci&oacute;n que el teorema del cuadrado de la hipotenusa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quisi&eacute;ramos instituir un reino m&aacute;s all&aacute; y por encima de la humanidad no s&oacute;lo para garantizar la independencia, la plena libertad de la raz&oacute;n. Es en la humanidad misma y por la humanidad que sabemos que la raz&oacute;n funciona. Que la humanidad escuche la voz de la raz&oacute;n es el inter&eacute;s com&uacute;n de la raz&oacute;n y de la humanidad. Los dos intereses son aqu&iacute; inseparables. Pero el funcionamiento, el trabajo de la raz&oacute;n tiene su propia caracter&iacute;stica, que en ese trabajo no se debe nunca sacrificar nada por el &eacute;xito exterior. Hace falta que la raz&oacute;n penetre m&aacute;s y m&aacute;s a la humanidad; hace falta que la raz&oacute;n se inserte m&aacute;s y m&aacute;s en la acci&oacute;n, pero a condici&oacute;n de que en esta penetraci&oacute;n, de que en esta inserci&oacute;n, la raz&oacute;n no haga mella. Las ventajas que la raz&oacute;n deriva de su propio trabajo y las ventajas que la raz&oacute;n y la humanidad derivan de su propagaci&oacute;n no son ventajas de un mismo orden, que se balancean y pueden ser equivalentes. Pero las ventajas propias de la raz&oacute;n trabajadora son rigurosamente condicionales, constituyen la condici&oacute;n indispensable sin la que toda ventaja exterior es nula.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Debemos trabajar todo lo posible para hacer avanzar a la raz&oacute;n en su propia obra; debemos trabajar todo lo posible para hacer entrar la raz&oacute;n a la acci&oacute;n de la humanidad, pero estos dos esfuerzos no son del mismo orden; el segundo est&aacute; rigurosamente condicionado por el primero. El primero es absolutamente libre del segundo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La raz&oacute;n no es todo lo que hay en el mundo. Sabemos, por la propia raz&oacute;n, que la fuerza no es algo despreciable, que muchas pasiones y sentimientos son venerables o respetables, poderosos, profundos. Sabemos que la raz&oacute;n no agota la vida ni lo mejor de la vida; sabemos que los instintos y el inconsciente son de un ser sin duda m&aacute;s profundamente existente. Estimamos en su valor los pensamientos confusos, las impresiones, los pensamientos obscuros, los sentimientos y tambi&eacute;n las sensaciones. Pero pedimos que no se olvide que la raz&oacute;n es para la humanidad la condici&oacute;n rigurosamente indispensable. Sin la raz&oacute;n no podemos estimar en su justo valor todo aquello que no es la raz&oacute;n. Y no es sino por la propia raz&oacute;n que podemos preguntarnos qu&eacute; conviene y qu&eacute; no conviene a la raz&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo &uacute;nico que nosotros pedimos &#45;y lo pedimos sin ninguna reserva, sin ninguna limitaci&oacute;n&#45;, no es que la raz&oacute;n lo sea todo, sino que no haya ning&uacute;n malentendido en el uso de la raz&oacute;n. No defendemos a la raz&oacute;n contra las otras manifestaciones de la vida. La defendemos contra la manifestaciones que, siendo otras, quieren ponerse en su lugar y degeneran en sinrazones. No la defendemos contra las pasiones, contra los instintos, contra los sentimientos como tales, sino contra las demencias, contra las sandeces. Pedimos que no se haga creer al pueblo que se habla en nombre de la raz&oacute;n cuando se utilizan medios que no son los medios de la raz&oacute;n. La raz&oacute;n tiene sus propios medios, que ella emplea en las artes, en las letras, en las ciencias, en la filosof&iacute;a. Sus medios no son de ninguna manera descalificados por los estudios que comenzaremos sobre los fen&oacute;menos sociales.<sup><a href="#nota">8</a></sup> No es sino cuando la materia de estudio es particularmente compleja, inestable, libre, dif&iacute;cil, que podemos privarnos de una herramienta importante o que podemos distorsionarla.</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">Charles P&eacute;guy</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota" id="nota"></a>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Tradujo Diego I. Rosales Meana del original franc&eacute;s <i>De la raison,</i> basado en la edici&oacute;n de las obras completas de Charles P&eacute;guy, <i>CEuvres en prose completes. Tome I.</i> Paris: &Eacute;ditions Gallimard, Biblioth&eacute;que de La Pl&eacute;iade, pp.834&#45;853. Edici&oacute;n presentada, establecida y anotada por Robert Burac. Agradezco a Juan Carlos Vila, Gabriel Leal y Juanma Escamilla los comentarios y sugerencias a la versi&oacute;n y el estilo final y de esta traducci&oacute;n. &#91;N. del T.&#93;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Joseph Ernest Renan (1823&#45;1892) fue un fil&oacute;sofo, fil&oacute;logo e historiador franc&eacute;s, miembro de la <i>Acad&eacute;mie fran&ccedil;aise</i> y administrador del <i>College de France,</i> hasta que fue expulsado de &eacute;l por sus opiniones sobre la realidad hist&oacute;rica de Jesucristo. Fascinado por la ciencia y la teor&iacute;a darwiniana de la evoluci&oacute;n, estableci&oacute; una relaci&oacute;n entre las religiones y sus ra&iacute;ces hist&oacute;rico&#45;&eacute;tnicas. Sus ideas sobre la etnicidad, la naci&oacute;n y la raza fueron sumamente pol&eacute;micas. No obstante su disenso del antisemitismo alem&aacute;n de finales del s. XIX, consider&oacute; que los semitas eran una raza "mentalmente limitada por el dogmatismo" y culturalmente sectaria. &#91;N. del T.&#93;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> P&eacute;guy habla aqu&iacute; de un art&iacute;culo de Gohier aparecido en <i>L'Aurore</i> el 28 de octubre de 1901 intitulado "Jaur&eacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6732553&pid=S2007-2406201400020000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->s y Dios'; que atacaba la tesis de Jaur&eacute;s, <i>De la realidad del mundo sensible</i> publicada, en 1981,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6732554&pid=S2007-2406201400020000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> por F&eacute;lix Alcan (al costo de 7 fr. 50). Jaur&eacute;s respondi&oacute; a Gohier en un art&iacute;culo de <i>La Petite R&eacute;publique</i> del 30 de octubre de 1901,    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6732555&pid=S2007-2406201400020000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> intitulado "Ignorancias". &#91;N. del E.&#93;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> P&eacute;guy utiliza una expresi&oacute;n coloquial francesa de la que hemos traducido &uacute;nicamente su sentido pero no su literalidad. El original dice: &laquo;<i>Les ouvriers manuels prendront pour argent comptant</i>&raquo;, que literalmente quiere decir: "Los trabajadores manuales la tomar&aacute;n como dinero en efectivo". "Tomar algo como dinero en efectivo" es una expresi&oacute;n cuyo uso coloquial en Francia quiere decir: "dar por cierto algo de manera ingenua". Como el lector comprender&aacute;, este lugar com&uacute;n que identifica lo verdadero con el dinero, tiene un matiz especialmente elocuente cuando se aplica a los obreros. &#91;N. del T.&#93;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Victor Henri Rochefort, marqu&eacute;s de Rochefort&#45;Lucay (1830&#45;1913) fue un periodista, dramaturgo y pol&iacute;tico franc&eacute;s. Como periodista fue un gran polemista, abrazando a lo largo de su vida pr&aacute;cticamente todas las posturas pol&iacute;ticas controvertidas, desde el anticlericalismo y el nacionalismo hasta participar en la Comuna de Par&iacute;s, asumir el socialismo y ser antidreyfusard. Su esp&iacute;ritu polemista era de tal grado que se gan&oacute; el mote de "el hombre de los veinte duelos y los treinta procesos". Estuvo en la c&aacute;rcel de Numea, Nueva Caledonia, a la que fue deportado a pesar de las intervenciones en su favor por parte de Victor Hugo. Se escap&oacute; de ella en 1874, escape al que, por cierto, &Eacute;douard Manet dedic&oacute; uno de sus lienzos. P&eacute;guy se refiere a la capacidad que tuvo para verse envuelto hasta el fondo en todas las pol&eacute;micas que sostuvo, por contradictorias que pudieran ser algunas veces sus posiciones. &#91;N. del T.&#93;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> P&eacute;guy puede referirse aqu&iacute; a varios acontecimientos que tienen que ver con el origen de la socialdemocracia en Europa a lo largo del siglo XIX. La revoluci&oacute;n de 1830 comenz&oacute; en Francia con la <i>Revoluci&oacute;n de Julio</i> (la famosa pintura de Delacroix, <i>La libertad</i> <i>guiando al pueblo,</i> conmemora esta revoluci&oacute;n). Las "jornadas revolucionarias" en Paris en ese 1830 llevaron al trono a Luis Felipe I. El movimiento se extendi&oacute; por Europa hacia B&eacute;lgica (que consigui&oacute; su independencia), Alemania e Italia, en donde se identific&oacute; con movimientos de tipo nacionalista unificador, y a Polonia y el Imperio austriaco, en donde fue m&aacute;s bien un movimiento nacionalista disgregador. Las potencias absolutistas y mon&aacute;rquicas de la Santa Alianza (Austria, Rusia y Prusia) consiguieron reconducir este proceso revolucionario para sus propios fines, por lo que no cayeron sino hasta la siguiente revoluci&oacute;n en 1848. Por otra parte, aunque Inglaterra no particip&oacute; de este movimiento antiabsolutista, form&oacute; parte de tal tendencia en la medida en que fue gestando en su entra&ntilde;a, poco a poco, el movimiento obrero, en concreto a trav&eacute;s del movimiento Cartista. Entre 1830 y 1840, basado en la <i>Carta</i> <i>del pueblo &#45;People's charter,</i> un documento escrito en 1837 en el que se expresaban seis peticiones de los obreros frente a las discriminaciones y abusos padecidos por la revoluci&oacute;n industrial&#45;, surgi&oacute; el movimiento que reivindicaba a la clase obrera. Es significativo que fue en 1848 (el mismo a&ntilde;o que tuvo lugar en la Europa continental la segunda revoluci&oacute;n antiabsolutista) cuando Marx public&oacute; en Londres el <i>Manifiesto del partido comunista.</i> Por &uacute;ltimo, la <i>Comuna de Paris</i> fue un movimiento insurreccional que quer&iacute;a instaurar un proyecto pol&iacute;tico horizontal y autorregulativo, muy semejante al anarquismo o a alguna versi&oacute;n democr&aacute;tica del comunismo. La <i>Comuna</i> tuvo existencia durante muy pocos meses: entre el 18 de marzo y el 28 de mayo de 1871. Todos estos son eventos important&iacute;simos, hitos, en la historia de la socialdemocracia en Europa, a la que P&eacute;guy se adher&iacute;a entusiasta y expl&iacute;citamente. &#91;N. del T.&#93;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> P&eacute;guy hace un juego de palabras que hemos intentado traducir. El original franc&eacute;s dice: &laquo;<i>Il ne faut pas que la p&eacute;dagogie soit de la d&eacute;magogie</i>&raquo;. Literalmente, habr&iacute;a que traducir por: "La pedagog&iacute;a no debe ser demagogia" pero se pierde la afinidad fon&eacute;tica entre ambos vocablos. Hemos optado, por ello, por traducir <i>&laquo;p&eacute;dagogie&raquo;</i> por "educaci&oacute;n" y &laquo;<i>d&eacute;magogie</i>&raquo; por "dominaci&oacute;n". &#91;N. del T.&#93;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Hay que recordar que este ensayo es un pr&oacute;logo a los <i>Estudios socialistas</i> de Jean Jaur&eacute;s. &#91;N. del T.&#93;</font></p>      ]]></body><back>
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