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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as y noticias</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp; </font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Pensar nuestra historia: entre lo acontecido y lo vivido</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Dora Elvira Garc&iacute;a G.*</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Carlos Sola Ayape, <i>El reencuentro de las &aacute;guilas: Espa&ntilde;a y M&eacute;xico (1975&#150;1978). </i>M&eacute;xico, Porr&uacute;a/Tecnol&oacute;gico de Monterrey, 2009.</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Profesora/investigadora de la Escuela de Humanidades y Ciencias Sociales del Tecnol&oacute;gico de Monterrey (RZMCM).</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fecha de recepci&oacute;n: 12/12/2009     <br>   Fecha de aceptaci&oacute;n: 04/01/2010</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Me honra enormemente realizar un comentario en torno al libro de Carlos Sola, porque he compartido con &eacute;l el proceso en el que se fue gestando. Muchos encuentros fortuitos en los pasillos de nuestros cub&iacute;culos &#151;en el seno de nuestra universidad&#151; que a la par de ser enlace de estos &uacute;ltimos lo han sido de nuestros pensamientos. Muchas charlas en torno a las cuestiones trabajadas por Sola que nos han vinculado. Por mi parte, el inter&eacute;s siempre por los asuntos en torno al republicanismo espa&ntilde;ol &#151;del que abrev&eacute; mi visi&oacute;n del mundo y mis hondos pensamientos&#151; que me forjaron desde mi m&aacute;s tierna ni&ntilde;ez hasta mis avatares previos a la vida universitaria.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esas conversaciones &#151;en medio de prisas y de investigaciones propias de cada uno&#151; en muchas ocasiones se alargaban porque mi buen amigo Carlos Sola sab&iacute;a que era un tema que, por muy apurada que estuviera, me iba a mantener firme como un im&aacute;n. Por ello, me siento muy contenta de ver que est&aacute;n acrisolados en este texto los esfuerzos de mi amigo y colega Carlos Sola que como todo el trabajo acad&eacute;mico realizado por &eacute;l, mantiene siempre un rigor casi mon&aacute;stico, con la seriedad de un profesional de la historia que caracteriza a su autor.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Doble gozo. Por un lado ver la aparici&oacute;n de un libro tejido de pensamientos serios y prudentemente evaluados y sopesados en torno a un tema que vitalmente no puedo obviar. Por el otro, porque es un libro que pone el dedo en la llaga en relaci&oacute;n a las cuestiones pol&iacute;ticas mexicanas y espa&ntilde;olas en los a&ntilde;os considerados en este libro (1975&#150;1978), que fueron muy relevantes para la causa republicana. No me cabe duda de que generar&aacute; discusiones por las diversas formas de interpretaci&oacute;n, a&uacute;n a sabiendas que Sola, como historiador juicioso se apoya en fuentes historiogr&aacute;ficas serias. Con ello, el libro da muchas luces en torno a las relaciones entre dos pa&iacute;ses cuya historia ha sido llena de acuerdos y desacuerdos, de luces y sombras, de verdades a medias generadas por ambig&uuml;edades propiciadas por los mismos hechos hist&oacute;ricos. Todos estos avatares fueron dando la pauta para la generaci&oacute;n de cambios en las mismas relaciones entre una Espa&ntilde;a que finalizaba un periodo que hab&iacute;a sido herencia de una guerra intestina que sembr&oacute; la muerte, en las familias, en los pueblos y en las provincias. La Guerra Civil espa&ntilde;ola dividi&oacute; de tajo a los espa&ntilde;oles en bandos irreconciliables y oblig&oacute; a los perdedores, &#151;quienes no iban a acallar y someter sus ideales y que sab&iacute;an que siendo as&iacute; las cosas ten&iacute;an que elegir entre la muerte o el exilio&#151;. No fue f&aacute;cil para quienes tomaron la segunda opci&oacute;n. Sin embargo, el mundo entendi&oacute; su batalla y fueron acogidos por algunos pa&iacute;ses que, como el nuestro, compart&iacute;a sus luchas ideol&oacute;gicas y sus anhelos profundamente humanos. Fueron recibidos en nuestro pa&iacute;s en un episodio por todos conocido, y sus herencias marcaron los derroteros en diversos &aacute;mbitos. Uno de los espacios en donde dejaron vasta estela fue en el campo de la cultura y la educaci&oacute;n. Quienes me acompa&ntilde;an en esta mesa seguramente se&ntilde;alar&aacute;n mucho mejor &#151;por su amplio conocimiento en estos temas&#151; las cuestiones diplom&aacute;ticas y pol&iacute;ticas de cada uno de los pa&iacute;ses. Por mi parte, quiero referirme a las herencias que los exiliados espa&ntilde;oles moldearon en generaciones de mexicanos. Esto no es poca cosa.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las hondas huellas que dejaron aquellos republicanos en quienes hoy somos herederos de una formaci&oacute;n rigurosa y exigente con todo lo humano, nos requer&iacute;a un compromiso de coherencia para con nosotros mismos pero tambi&eacute;n para con nuestra comunidad. Como alumnos, esas ense&ntilde;anzas quedaron selladas en nuestro esp&iacute;ritu y nos dejaron marcados de manera indeleble en nuestras formas de pensar y de actuar, perviviendo en nuestro ser de manera constante, en el intento siempre decidido de no doblegarse, tal como lo hicieron nuestros maestros. Ellos, trasterrados educadores eran verdaderos maestros que ense&ntilde;aban con el ejemplo de vida sustentado en principios inviolables. Aquellos maestros, como los nombr&aacute;bamos, no nos hablaban de coherencia, pero nos la mostraban, no nos hablaban de valores, pero los aprend&iacute;amos, no nos daban retah&iacute;las de teor&iacute;as &eacute;ticas o sobre la educaci&oacute;n, las practicaban con nosotros en su trabajo cotidiano y en su trato por igual a aquellos que eran hijos de presidentes o de rectores, as&iacute; como quienes eran hijos de quienes limpiaban los ba&ntilde;os o de quienes cuidaban a los alumnos en los camiones escolares, o los hijos de quienes eran los porteros de los edificios escolares, o de los jardineros que velaban los jardines y las flores y barr&iacute;an las hojas de los &aacute;rboles. El trato que nos daban era exactamente el mismo; las oportunidades en los salones de clases, en los patios y en los espacios escolares eran id&eacute;nticas. Quienes &eacute;ramos alumnos aprend&iacute;amos estas cuestiones en la cotidianidad y no las ve&iacute;amos extra&ntilde;as. Hoy, despu&eacute;s de muchos a&ntilde;os de haber vivido esos sucesos de manera cotidiana, pienso que bajo todas esas cuestiones hab&iacute;a una raigambre de enorme sabidur&iacute;a. Era esa sabidur&iacute;a de vida que se alcanza por la consistencia de un pensar y un actuar que se logran cuando a&uacute;n poniendo en juego la vida, se defienden ideales, los cuales, para ellos eran fundamentales y estaban sustentados en conceptos tales como igualdad, congruencia, justicia, libertad, democracia y legitimidad, t&eacute;rminos propios del republicanismo de m&aacute;s tradici&oacute;n: el latino.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al presente cuando hago los minuciosos recuentos de los legados que aquellos republicanos exiliados dejaron &#151;puedo decir como tantas veces lo coment&eacute; a Carlos Sola&#151; que, en la mayor&iacute;a de quienes tuvimos el privilegio de su cercan&iacute;a, los saldos son, a mi modo de ver, excepcionales. En el centro de sus pretensiones, en tanto educadores, estaba el &aacute;nimo incansable de hacernos personas reflexivas, con la posibilidad de un pensamiento libre, con la libertad de creer en lo que prefiri&eacute;ramos y aceptando otros credos y otras ideas. Conceptos importantes como el de la igualdad que generaba la inclusi&oacute;n en diversos campos como el de la econom&iacute;a, como reci&eacute;n lo apunt&eacute;, as&iacute; como el de la inclusi&oacute;n de las mujeres en tono de equidad en todos los quehaceres humanos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una noci&oacute;n era fundamental: el respeto a los dem&aacute;s y la comprensi&oacute;n clara de que nuestras acciones s&iacute; ten&iacute;an repercusiones, para bien y para mal. Y si eran acciones reprobables, hab&iacute;a que asumir el error frente al grupo en el que estuvi&eacute;ramos en ese momento y la promesa de que intentar&iacute;amos no repetirlo. Se nos se&ntilde;alaba con claridad y sin empacho alguno que si pens&aacute;bamos que era incorrecto pues as&iacute; deber&iacute;amos hacerlo en la pr&aacute;ctica, en nuestras acciones diarias. Creo que lo que subyac&iacute;a a toda esa forma de educaci&oacute;n era un compromiso profundo con lo humano y a sus valores m&aacute;s nobles. El sentido de justicia fue algo que esos educadores republicanos dejaron grabado en mi ser. Ese sentido que se acompa&ntilde;aba de fuertes conceptos de libertad y fraternidad, pensados siempre en clave de congruencia.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para m&iacute;, compartir el republicanismo en el exilio fue una fuente de conocimiento y comprensi&oacute;n de "lo posible", de la b&uacute;squeda de una vida libre y justa; pero tambi&eacute;n de las posibilidades m&aacute;s ruines que puede haber en lo humano. Ver el <i>Guernica </i>de Picasso en la oficina del director general significaba el enorme dolor que me hac&iacute;a quedarme at&oacute;nita al comprender el sufrimiento humano, as&iacute; como de lo miserable que es la guerra y de lo mezquino que resulta tener que dejar la patria.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El exilio para los republicanos fue &#151;como suelen ser todos los exilios&#151; parte de una situaci&oacute;n desgarrada que marc&oacute; una distancia fundamental con el origen, una nostalgia por el lugar a donde remiten los recuerdos. Esta situaci&oacute;n de desplazados hizo que, en el caso de los republicanos espa&ntilde;oles, se refugiaran en sus ideas. Estas ideas se convirtieron en ideales absolutos en sus vidas, que entre sus muchas preocupaciones, siempre resaltaba y sal&iacute;a a relucir el momento en el que Francisco Franco cayera. En ese momento podr&iacute;an retornar y poner en pr&aacute;ctica todos sus principios e ideales. El &aacute;nimo que los mantuvo vivos fue precisamente esa idea que diariamente aparec&iacute;a en sus vidas: &iexcl;hoy cae Franco! Hay tantas historias contadas, como las de los lugares de reuni&oacute;n de estos grupos de intelectuales. Uno de esos caf&eacute;s era el caf&eacute; Tupinamba. Seg&uacute;n contaban &#151;quienes compart&iacute;an un caf&eacute; con aquellos republicanos, eran largas las horas de charlas y discusiones en torno a la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola en la que aparec&iacute;a invariablemente la deseada Rep&uacute;blica, y ante la nostalgia siempre ilusionada del retorno&#151;, las mesas del ruidoso caf&eacute;, dec&iacute;an las malas lenguas, estaban marcadas por los se&ntilde;alamientos diarios de los diferentes clientes republicanos espa&ntilde;oles que apuntaban con el dedo &iacute;ndice la citada frase, "hoy cae", "hoy cae", "hoy cae". La esperanza de la oportunidad del regreso no fue vista ni vivida por muchos de ellos que quedaron en tierras mexicanas para siempre. Esperaron casi cuarenta a&ntilde;os, por lo que quienes llegaron con m&aacute;s edad a M&eacute;xico, la muerte no les permiti&oacute; la posibilidad del retorno a su tierra. Ese grupo de republicanos que airada e incansablemente exclamaron su perfil ideol&oacute;gico durante esos cuarenta a&ntilde;os, dej&oacute; una huella imborrable en muchos que tuvimos la enorme fortuna de estar cerca de ellos. Eran hombres y mujeres de una pieza, inc&oacute;lumes. Muchos de ellos verdaderos maestros, verdaderos ejemplos a seguir. No s&eacute; si me acuerdo bien a bien de los contenidos de las materias, supongo que mucho qued&oacute;, pero lo que m&aacute;s recuerdo es su ense&ntilde;anza de vida.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por eso, en las incontables ocasiones en que hemos hablado de esto, a Carlos Sola seguramente le parec&iacute;a interesante y hasta quiz&aacute; extra&ntilde;o, esa gratitud tan desbordada que yo manifiesto con enorme orgullo. Resulta de sumo interesante ver todo aquello que dejaron los republicanos en tantos mexicanos, pero quiz&aacute; lo m&aacute;s llamativo es sobre todo "c&oacute;mo" lo lograron. Mucho puede hablarse de esto.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando finalmente el dictador ya no estaba y se daba inicio a una nueva etapa en la Espa&ntilde;a peninsular, surg&iacute;a una nueva controversia, se&ntilde;alada con toda pertinencia y claridad por Carlos Sola en su libro. Dejo sus propias palabras que son l&uacute;cidas y contundentes: "encontrarse con una &#91;Espa&ntilde;a&#93; &#91;porque estaba la republicana, es decir la del exilio y la territorial&#93; supon&iacute;a despedirse de la otra &#91;...&#93; La republicana se convertir&iacute;a de la noche a la ma&ntilde;ana en la Espa&ntilde;a inc&oacute;moda, en un obst&aacute;culo que deb&iacute;a apartarse para dejar expedito el camino y normalizar as&iacute; la relaci&oacute;n con la Espa&ntilde;a 'territorial' (p. 74). &iquest;C&oacute;mo se adjetivaba a la Espa&ntilde;a republicana? Se pregunta el autor. "&iquest;Era la a&eacute;rea, la supraterritorial, la espiritual? &iquest;A qu&eacute; hab&iacute;a quedado reducida la Espa&ntilde;a del exilio, que durante tantos a&ntilde;os acab&oacute; siendo un verdadero emblema para el presidencialismo mexicano? Despu&eacute;s de cuatro d&eacute;cadas, la memoria segu&iacute;a pesando en el horizonte colectivo de ambos pa&iacute;ses, y la causa republicana espa&ntilde;ola tuvo presente antes, durante y despu&eacute;s del reencuentro oficial, a pesar de que s&oacute;lo dos mil quinientos exiliados, seg&uacute;n la prensa del momento, quedaban sobre el papel en aquel M&eacute;xico de L&oacute;pez Portillo" (p. 74).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se fue escampando el panorama para poder lograr el reencuentro que implicaba la ruptura de las relaciones con la Espa&ntilde;a del exilio, sin embargo, el gobierno buscaba la manera c&oacute;mo respetar a la Rep&uacute;blica a la par que se reiniciaran las relaciones con el gobierno espa&ntilde;ol. Quien era el real gu&iacute;a de la transici&oacute;n democr&aacute;tica era el rey Juan Carlos, parad&oacute;jicamente, si vemos los or&iacute;genes del Republicanismo en contra de la Monarqu&iacute;a, quien "cerraba por completo cualquier posibilidad, por remota que &eacute;sta fuera, de ver consagrado un retorno republicano al estado en que las cosas estaban antes del "alzamiento nacional" del 18 de julio de 1936" (p. 77). Por ello es que Carlos Sola apunta que "el desenlace acertado, conclusi&oacute;n eficaz de casi cuatro d&eacute;cadas honrosas para ambas partes, debi&oacute; haber sido con otro pacto republicano y no el financiamiento de relaciones con una monarqu&iacute;a espuria, heredera del franquismo" (p. 97).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiz&aacute;, como algo que no se hubiera esperado, &#151;pero con una gran muestra de honor y calidad humana&#151; el jefe del Gobierno de la Republica Espa&ntilde;ola en el Exilio acept&oacute; con enorme sabidur&iacute;a y madurez (en marzo de 1977) su reconocimiento p&uacute;blico de la deuda de gratitud hacia el pa&iacute;s que nunca quiso reconocer al r&eacute;gimen franquista y que mucho hizo al mantenerse fiel a los principios republicanos y democr&aacute;ticos por cuarenta a&ntilde;os, a&uacute;n en contra de sus mismos intereses materiales (p. 78). Y fue el 18 de marzo de 1977 &#151;apunta nuestro autor&#151; cuando se dio fin a las relaciones del gobierno mexicano con el gobierno republicano en el exilio. Esto no significaba ruptura &#151;apunta Carlos Sola&#151;, porque no se pretend&iacute;a cancelar y abandonar los principios que el gobierno mexicano compart&iacute;a con el gobierno republicano (como fue se&ntilde;alado por Jos&eacute; Maldonado ante el presidente L&oacute;pez Portillo). Sola se&ntilde;ala: "lo que Franco no pudo lograr, lo hicieron aquellos espa&ntilde;oles en M&eacute;xico" (p. 82) y de manera parad&oacute;jica tambi&eacute;n, seg&uacute;n nuestro autor, lo que sepult&oacute; al republicanismo espa&ntilde;ol en el exilio fue la democracia en Espa&ntilde;a (p. 83).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De los ocho a&ntilde;os<sup><a href="#notas">1</a></sup> que dur&oacute; la Rep&uacute;blica Espa&ntilde;ola se han escrito innumerables historias, porque ciertamente fue tan breve el tiempo de su vida, pero tan profunda su huella que resulta sorprendente su impacto. Una Rep&uacute;blica parlamentaria y constitucional de trabajadores de todo tipo, organizada sobre conceptos de libertad y justicia, que declaraba la no confesionalidad del Estado, que introduc&iacute;a el matrimonio civil y el divorcio, que otorg&oacute; el voto a las mujeres y reconoci&oacute; en la ley el elemento vertebral, sucumbi&oacute; presa de antagonismos internos deudores de muy diversas ideolog&iacute;as. La dificultad de consolidaci&oacute;n de los diversos partidos como el Radical, La Acci&oacute;n Republicana, el Partido Radical Socialista, la Derecha Liberal Republicana y sus diversas ideolog&iacute;as de los socialistas, de las organizaciones sindicales y de las uniones de trabajadores encontraron enormes dificultades para consolidarse. Todo esto sumado a que quieres eran los dirigentes, del estilo de Manuel Aza&ntilde;a, eran intelectuales y profesores que no pudieron controlar la "abundancia del desorden" que finalmente dio pie a la debacle. Y de ah&iacute; el exilio de quienes pudieron huir a pa&iacute;ses como el nuestro que les dio cobijo, quedado rotas las relaciones con una Espa&ntilde;a dictatorial. No fue sino hasta el a&ntilde;o 1977 que se recompusieron tales v&iacute;nculos diplom&aacute;ticos, como lo relata Carlos Sola, se&ntilde;alando atinada y cr&iacute;ticamente que a la par se rompi&oacute; con quienes ideol&oacute;gicamente hab&iacute;an sido tan cercanos y quienes continuar&iacute;an su lucha hasta que, contin&uacute;a nuestro autor, se restablecieran la libertad y la democracia. &Eacute;stas son las banderas de la lucha de absoluta raigambre republicana que, el pueblo ha de detentar, y es quien tiene el poder y la legitimidad, seg&uacute;n estos mandatos republicanos. &Eacute;sta legitimidad ser&iacute;a la que el 15 de junio de 1977 sepultara pol&iacute;ticamente a la Rep&uacute;blica en el Exilio mediante el poder de la participaci&oacute;n del pueblo en las urnas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Termino con un poema de Antonio Machado, quien fuera testigo de aquellas esperanzas de la primavera de 1931 con el inicio de la Rep&uacute;blica, y quien llor&oacute; su ruina en sus versos cuando dec&iacute;a:</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"&#91;...&#93; traz&oacute; una odiosa mano, Espa&ntilde;a m&iacute;a,/ancha lira, hacia el mar, entre dos mares/zonas de guerra, crestas militares/en llano, loma, alco y serran&iacute;a, Manes de odio y la cobard&iacute;a/cortan le&ntilde;a de tus encinares,/pisan la baya de oro en tus lagares,/muelen el grano que tu sue&ntilde;o cr&iacute;a. &iexcl;oh triste Espa&ntilde;a&iexcl;,/cuanto se anega en viento y mar se ba&ntilde;a/juguete de traici&oacute;n, cuanto se encierra/ en los templos de Dios mancha el olvido,/cu&aacute;nto acrisola el seno de la tierra/se ofrece a la ambici&oacute;n, &iexcl;todo vendido!"</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Nota</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Del 14 de abril de 1931 al mes de abril de 1939.</font></p>      ]]></body>
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