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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Los hacendados yucatecos: pequeña propiedad y movilidad social, 1790-1809]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Historical analysis about Yucatan landowners have focused on the oligarchy, particularly during the great epoch of sisal harvesting. But we know little about smaller scale landowners and their corresponding haciendas. This paper presents a first approach to this unknown group in the period when haciendas began to develop in Yucatan, at the end of the eighteenth century and at the beginning of nineteenth century. We will outline their general characteristics and identify their strategies including some of their individual careers.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Art&iacute;culos</font></p> 	    <p align="center">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Los hacendados yucatecos: peque&ntilde;a propiedad y movilidad social, 1790&#45;1809</b></font></p>      <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Laura Machuca Gallegos</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>CIESAS Peninsular.</i></font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fecha de recepci&oacute;n: 2 de mayo de 2007.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     Fecha de dictamen: 30 de mayo de 2007.</font></p>      <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los trabajos hist&oacute;ricos en torno a los hacendados yucatecos se han enfocado principalmente en la constituci&oacute;n y desarrollo de las oligarqu&iacute;as sobre todo en la &eacute;poca del henequ&eacute;n. Poco se conoce de los peque&ntilde;os propietarios, quienes viv&iacute;an en los pueblos y apenas pose&iacute;an una modesta hacienda. As&iacute;, este trabajo pretende ser un primer acercamiento a este grupo en el periodo en que la hacienda comenzaba a desarrollarse, es decir, entre fines del siglo XVIII y principios del XIX. Se delinear&aacute;n sus caracter&iacute;sticas y se identificar&aacute;n sus estrategias, incluyendo algunas trayectorias personales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Palabras clave:</b> Yucat&aacute;n, hacendado, peque&ntilde;a propiedad, siglo XIX, movilidad social.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Historical analysis about Yucatan landowners have focused on the oligarchy, particularly during the great epoch of sisal harvesting. But we know little about smaller scale landowners and their corresponding haciendas. This paper presents a first approach to this unknown group in the period when haciendas began to develop in Yucatan, at the end of the eighteenth century and at the beginning of nineteenth century. We will outline their general characteristics and identify their strategies including some of their individual careers.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Key words:</b> Yucatan, landowners, nineteenth century, social mobility.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Introducci&oacute;n<sup><a href="#notas">1</a></sup></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando se piensa en hacendados, en la &eacute;poca colonial y en el siglo XIX el t&eacute;rmino autom&aacute;ticamente se relaciona con grupos de poder. Y aunque la historiograf&iacute;a de los &uacute;ltimos tiempos se ha encargado de matizar esta idea, todav&iacute;a resulta dif&iacute;cil hacer la disociaci&oacute;n. De esta manera, se han formado incluso ciertos modelos explicativos que resultan un tanto restrictivos al momento de presentarse una realidad m&aacute;s compleja como la yucateca. No en todos los casos los hacendados formaban parte de la &eacute;lite, entendida &eacute;sta tanto en el sentido pol&iacute;tico (aunque no se ignora el peso de lo econ&oacute;mico), es decir, como un grupo, cuyos miembros han tenido acceso y han ejercido un cargo p&uacute;blico y por ende la definici&oacute;n se extiende a su familia m&aacute;s cercana (Bottomore, 1993: 9&#45;15).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un problema de los historiadores que han estudiado Yucat&aacute;n es que han puesto &eacute;nfasis en la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena (como grupo) y algunos otros se han centrado en los grupos de poder, pero se han olvidado de los actores sociales individuales, tanto de los mayas como de los que no lo eran. En este trabajo nos proponemos estudiar precisamente al grupo de hacendados que no pertenec&iacute;a a la &eacute;lite; hombres y mujeres que pose&iacute;an peque&ntilde;as propiedades y basaban parte o toda su subsistencia en ellas. Por un lado se sigue la pista a 19 hacendados que redactaron su testamento entre 1790 y 1809; por el otro, se analizan algunos casos de movilidad social para mostrar que la posesi&oacute;n de una hacienda fue fundamental en este proceso. En particular nos interesa conocer &iquest;Qui&eacute;nes eran? &iquest;Cu&aacute;les fueron sus trayectorias? En caso de movilidad social ascendente &iquest;Cu&aacute;les fueron las estrategias?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para el an&aacute;lisis de estos peque&ntilde;os hacendados &#151;quienes al contrario de las &eacute;lites produjeron muy poca documentaci&oacute;n&#151; se ha recurrido como fuente principal a los testamentos (algunas veces constituyen el &uacute;nico testimonio de estas vidas), de donde se pudo obtener informaci&oacute;n sobre sus trayectorias, sus familias, sus lazos, sus estrategias econ&oacute;micas, el monto de su fortuna total y el aval&uacute;o de sus haciendas. Se parte de la idea que los casos individuales o familiares, lejos de ser aislados, nos pueden servir tanto para identificar comportamientos y tendencias generales como para explicar las condiciones sociales en que se encontraban ciertos grupos.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Hacendados y &eacute;lite</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los estudios regionales realizados en diversas partes del pa&iacute;s han permitido corroborar la inmensa variedad de hacendados, que no se pueden encasillar en un solo modelo. Juan Felipe Leal y Mario Huacuja (1982: 10, 82), escribieron de ellos que no eran ociosos ni ausentistas &#151;como durante a&ntilde;os se sostuvo&#151;, que integraban un grupo muy heterog&eacute;neo, que se preocup&oacute; por administrar convenientemente y obtener ganancias de sus propiedades, aunque los ejemplos que proporcionan conciernen a los grupos de poder.<sup><a href="#notas">2</a></sup> Para Eric Van Young (1986: 40) el grupo de hacendados "ciertamente no era homog&eacute;neo ni social ni pol&iacute;ticamente" y varias veces hab&iacute;a desacuerdo entre ellos, as&iacute; que para examinar las complejidades de la influencia de los se&ntilde;ores en el campo, no basta con decir que "ocupaban cabildos locales, serv&iacute;an como magistrados reales o enviaban con cierta regularidad a sus hijos a la iglesia". Ya que esto implica simplificar al m&aacute;ximo la realidad. En Zacatecas el grupo tampoco era homog&eacute;neo socialmente, y pod&iacute;an integrarlo peninsulares, mestizos y sobre todo criollos (Jim&eacute;nez Pelayo, 1990: 59).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entonces si no hay un estereotipo de hacendado &iquest;por qu&eacute; se le identifica siempre con la &eacute;lite? David Brading fue uno de los pioneros en asociar hacendado con rico (1975), pero tambi&eacute;n ha sido uno de los pocos que identific&oacute; a los peque&ntilde;os propietarios (1988), conocidos en la regi&oacute;n del Baj&iacute;o como rancheros, generalmente gente de "bajo estrato" entre criollos, mestizos, indios y mulatos, cuyas propiedades eran de tama&ntilde;o peque&ntilde;o y oscilaban entre los 300 y 5 mil pesos; en contraste con las haciendas cuyo valor, a fines del siglo XVII, iba desde los 8 mil hasta m&aacute;s de 150 mil pesos y ocupaban extensas porciones de tierras. El rancho est&aacute; definido en su glosario como "peque&ntilde;a propiedad de tierra subordinada a una hacienda", &eacute;sta &uacute;ltima se refiere sobre todo a la necesidad que ten&iacute;a el ranchero de rentar tierras de la hacienda. El investigador (1988: 260) distingue dos tipos de rancheros, el primero un floreciente agricultor que contaba con peones, el otro un labrador al que apenas le alcanza para subsistir. Incluso reconoce que en el Baj&iacute;o de principios del siglo XVIII el modelo de la tenencia de la tierra era la conservaci&oacute;n del rancho del peque&ntilde;o propietario.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Varios investigadores se han preocupado por definir a qu&eacute; tipo de propiedad se le llama hacienda &#151;se han distinguido dos periodos, antes y despu&eacute;s del porfiriato&#151; y han establecido sus caracter&iacute;sticas generales, en las cuales casi todos est&aacute;n de acuerdo: eran unidades productivas que se dedicaban a actividades agr&iacute;colas, pecuarias, extractivas y manufactureras, siendo su rasgo esencial el peonaje por deudas. Otros rasgos que resaltan son la inestabilidad en su posesi&oacute;n y los altos censos e hipotecas en que estaban gravadas (Morner, 1978; Leal, 1982; Van Young, 1986: 23&#45;64; Brading, 1988; Nickel, 1988; Semo, 1988: 87&#45;164; Chevalier, 1999).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, consideramos que en el af&aacute;n de establecer modelos generales a veces se han perdido de vista los casos regionales y realidades que saltan a los ojos. Por ejemplo, un autor como Herbert Nickel (1988: 208&#45;209) ha escrito que debido al escaso tama&ntilde;o de las fincas (refiri&eacute;ndose a la regi&oacute;n Puebla&#45;Tlaxcala) aun cuando se llamen haciendas "no disponen de todas las caracter&iacute;sticas primarias que se han atribuido a la 'hacienda' en este trabajo", negando as&iacute; la visi&oacute;n que los contempor&aacute;neos ten&iacute;an de s&iacute; mismos e imponiendo una perspectiva moderna. Nosotros, m&aacute;s que ofrecer un esquema del funcionamiento de la hacienda yucateca, que ya se ha hecho, pretendemos estudiar a los individuos mismos y sus trayectorias.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>El caso yucateco</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La historia de Yucat&aacute;n difiere un tanto de la del centro de M&eacute;xico, ah&iacute; las encomiendas no murieron hasta fines del siglo XVII, justo al mismo tiempo que la hacienda se desarrollaba, acostumbr&aacute;ndose la poblaci&oacute;n blanca que la mayor riqueza de la regi&oacute;n, al no haber ni miner&iacute;a ni comercio a gran escala, era la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena. As&iacute;, del tributo y del repartimiento de mercanc&iacute;as en la &eacute;poca colonial se pas&oacute; al peonaje en la &eacute;poca independiente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La &eacute;lite yucateca tambi&eacute;n resulta bastante particular. En &eacute;poca colonial la uni&oacute;n entre los descendientes de los conquistadores y emigrantes espa&ntilde;oles dio lugar a la formaci&oacute;n de familias que concretaron su poder&iacute;o a trav&eacute;s de la encomienda, &uacute;nica gran fuente de prestigio que garantizaba la pertenencia a la &eacute;lite (ver Garc&iacute;a Bernal, 1978). Ya en el siglo XVIII cualquiera que pudiera pagarse el t&iacute;tulo era aceptado en el "selecto c&iacute;rculo", integrado tambi&eacute;n por algunos comerciantes, cabildantes y oficiales de gobierno. S&oacute;lo una cuarta parte de los encomenderos (calculados en un centenar en 1785) adquiri&oacute; haciendas. Despu&eacute;s de la independencia no toda esta &eacute;lite colonial supo mantenerse en su lugar, varias familias salieron de la escena en la primera mitad del siglo XIX, por no haberse adaptado a las condiciones pol&iacute;ticas y sociales imperantes y muchasm&aacute;s, que nunca brillaron en la &eacute;poca colonial, adquirieron un papel protag&oacute;nico. Si no todos los hacendados formaban parte de la &eacute;lite &iquest;qui&eacute;nes eran los restantes?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Cu&aacute;l es la particularidad de la hacienda yucateca? Primero, &eacute;sta no surgi&oacute; sino hasta fines del siglo XVIII y no se consolid&oacute; sino en el XIX. Segundo, aunque comparte las caracter&iacute;sticas se&ntilde;aladas en el inciso anterior como la inestabilidad y los censos (al ser los prestamos de la Iglesia una de las principales fuentes de capital) tuvo la particularidad de ser de un tama&ntilde;o modesto, por lo menos hasta antes del auge henequenero. Por ejemplo, entre 1790 y 1803, seg&uacute;n datos encontrados para 145 haciendas, veinte estaban valuadas entre cuatro mil y seis mil pesos, doce entre seis mil y nueve mil pesos y s&oacute;lo tres en m&aacute;s de 10 mil. El valor de ciento diez fluctuaba entre 300 y 4 mil pesos. La misma situaci&oacute;n prevaleci&oacute; en las siguientes d&eacute;cadas.<sup><a href="#notas">3</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En Yucat&aacute;n, como en otras partes, se cre&iacute;a que quienes dominaban las haciendas eran los grupos de poder, sin embargo a partir de un an&aacute;lisis en curso, se ha encontrado que aunque las &eacute;lites poseyeron varias haciendas y en algunos casos las m&aacute;s productivas, exist&iacute;a un grupo mayoritario (formado por labradores, curas, mujeres, mayordomos, etc.) que estableci&oacute; tambi&eacute;n peque&ntilde;as haciendas, llamadas as&iacute; por los contempor&aacute;neos, no en busca de riquezas o de prestigio, sino como su &uacute;nica actividad generadora de recursos econ&oacute;micos. Si buscamos encontrarles un parang&oacute;n en otro lado, constituyen lo que Brading llam&oacute; rancheros en el Baj&iacute;o.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En Yucat&aacute;n hasta mediados del siglo XIX, la mayor&iacute;a de los hacendados (&eacute;lites o no) fueron peque&ntilde;os propietarios &#151;si tomamos en cuenta el tama&ntilde;o y el aval&uacute;o de sus propiedades, aunque se encuentren varias excepciones&#151; unos consagrados exclusivamente a la tierra y al ganado (con diverso grado de &eacute;xito), y otros que se dedicaban a actividades distintas (religiosos, funcionarios, pol&iacute;ticos, comerciantes), y entre estos dos grupos algunos que acumularon diversas haciendas y que se encargaron de aumentar su tama&ntilde;o, a costa de la &uacute;nica tierra que exist&iacute;a libre en Yucat&aacute;n: la perteneciente a los indios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Varios autores antes ya hab&iacute;an detectado la presencia de estos peque&ntilde;os propietarios en la zona a quienes no se les dedic&oacute; despu&eacute;s un espacio, quiz&aacute; por que el testamento no se hab&iacute;a planteado como una fuente para acceder a ellos. Por ejemplo, Robert Patch (1993: 193) afirma que era imposible establecer una divisi&oacute;n entre grandes propietarios (hacendados), vecinos rurales o peque&ntilde;os productores e indios (campesinos pobres), pues al ser la mayor&iacute;a de las haciendas tan peque&ntilde;as, algunas veces no pod&iacute;an distinguirse las propiedades de los vecinos o de los indios. Debemos notar que a fines de la &eacute;poca colonial y principios del siglo XIX en Yucat&aacute;n nosotros entendemos que "gran propietario" no era sin&oacute;nimo de alguien que posee grandes propiedades, sino miembro de la &eacute;lite.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pedro Bracamonte (1993: 77) hace constante alusi&oacute;n a este grupo en su estudio sobre la hacienda yucateca, y estudia las motivaciones que tuvieron para establecer sus propiedades, entre las que se encontraban reunir un capital y asegurarse un futuro, en una coyuntura econ&oacute;mica en donde la mejor opci&oacute;n era instalar una hacienda y conseguir mano de obra ind&iacute;gena para trabajarla, aunque tampoco profundiz&oacute; en el tema.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por su parte, Arturo G&uuml;&eacute;mez Pineda (1994: 44&#45;45) tambi&eacute;n detect&oacute; esta caracter&iacute;stica del agro yucateco, sin ahondar m&aacute;s, al afirmar que no hab&iacute;a grandes propietarios, ya que no exced&iacute;an una legua cuadrada y eran muy pocos los que llegaban a alcanzar o superar las ocho leguas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Los peque&ntilde;os propietarios</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estos peque&ntilde;os propietarios fueron la base del auge de la hacienda. No siempre eran "blancos", se pueden distinguir algunos mestizos, mulatos y hasta indios, en pueblos como Izamal constitu&iacute;an familias completas donde varios miembros pose&iacute;an haciendas. El &eacute;xito de su empresa variaba mucho, en algunos casos lograban salir adelante, pero la propiedad se acababa con su muerte, pues los hijos prefer&iacute;an vender, en otros, alg&uacute;n hijo o varios decid&iacute;an quedarse con la hacienda (o haciendas) para lo cual daban su parte a los otros hermanos o las recib&iacute;an directamente como herencia. Por lo general se trata de gente que con a&ntilde;os de trabajo logr&oacute; tener alguna propiedad, lo cual se puede saber pues en los testamentos casi siempre especifican que cuando llegaron al matrimonio no aportaron cosa alguna. A veces la esposa es la que recibe en dote una peque&ntilde;a propiedad, que el esposo se encarga de hacer prosperar, otras porque logran formar parte de la clientela de alguien con cierto poder. Cada uno presenta caracter&iacute;sticas propias, de ah&iacute; el inter&eacute;s de adentrarnos en la vida de algunos de ellos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No est&aacute; de m&aacute;s mencionar que la mayor&iacute;a aprovech&oacute; en mayor o menor medida la mano de obra ind&iacute;gena: el endeudamiento fue ampliamente utilizado. En ocasiones muy contadas algunos hac&iacute;an gala de generosidad y perdonaban ya sea toda la deuda o la mitad a sus sirvientes de las haciendas al momento de su muerte. Sin embargo, el contar con una peque&ntilde;a propiedad y vivir al d&iacute;a no los exceptuaba &#151;sobre todo para aqu&eacute;llos que s&iacute; eran "blancos"&#151; de practicar ese sentimiento de superioridad, que a&uacute;n ahora prevalece y el despojo de tierras tambi&eacute;n. Desafortunadamente en los documentos consultados casi nunca aparece la percepci&oacute;n que ten&iacute;an de los indios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para identificar a estos peque&ntilde;os hacendados, en primer lugar se analizar&aacute; una serie de testamentos encontrados en el ramo de sucesiones testamentarias y sucesiones intestadas del Archivo de Yucat&aacute;n.<sup><a href="#notas">4</a></sup> Es un fondo importante pues adem&aacute;sincluye los inventarios de bienes, aunque s&oacute;lo se ha trabajado con los que consignan una propiedad rural. Se trata de diecinueve hacendados, de los cuales tres son mujeres, cuyos testamentos datan de 1790 a 1809. Los datos se han sintetizado en el <a href="/img/revistas/peni/v2n1/a3c1.jpg" target="_blank">cuadro 1</a>. Se trata de un periodo importante en la historia de Yucat&aacute;n, el de la transici&oacute;n entre el viejo sistema basado en el tributo al nuevo de explotaci&oacute;n de la tierra, cuando la encomienda pierde fuerza (y finalmente desparece con la independencia) y empieza una nueva era de explotaci&oacute;n econ&oacute;mica, la de la hacienda. Es por eso que en algunos momentos encontramos como sin&oacute;nimos hacienda, estancia y algunas veces hasta los descritos como parajes se asemejan a los primeros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En sus propiedades rurales, los 21 hacendados pose&iacute;an ganado y colmenas, aunque no siempre se consigna la siembra de ma&iacute;z. En algunos casos gracias a los inventarios, conocemos el n&uacute;mero de criados y el monto de sus deudas. Lo primero que sobresale son los precios de las haciendas y el total de los bienes pose&iacute;dos. La fortuna total m&aacute;s alta ascend&iacute;a a 8 570 pesos, la m&aacute;s modesta era de s&oacute;lo 291 pesos. La hacienda m&aacute;s cara costaba 3718 pesos y la m&aacute;s simple 119 pesos. En efecto, las propiedades de Juan Lugo, Baltazar Medina, Prudencio Bolio, Juan Rodr&iacute;guez Acosta, Lorenzo Burgos o Basilio Polanco eran min&uacute;sculas como lo era su fortuna en general, que apenas se compon&iacute;a de su propiedad rural, la casa de su morada y algunos muebles y utensilios.<sup><a href="#notas">5</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El &uacute;nico que ten&iacute;a estudios era Joaqu&iacute;n Escalante, cursante de filosof&iacute;a en 1787. Su caso resulta particular pues el precio de su hacienda era de 3 110 pesos y la cuenta de sus criados ascend&iacute;a a 800 pesos, constituyendo ya el 25% del total. Algo parecido sucede con Petrona D&iacute;az, ya que la deuda de sus sirvientes equivale al 22% del aval&uacute;o total de la hacienda.<sup><a href="#notas">6</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A la hora del matrimonio algunos consignan ya la posesi&oacute;n de ciertos bienes. Pablo Ricalde aport&oacute; mil pesos y Felix Brice&ntilde;o 400.<sup><a href="#notas">7</a></sup> Jos&eacute; Aranda, por ejemplo, realiza un balance de bienes con motivo de que contraer&iacute;a matrimonio por segunda vez, y quer&iacute;a proteger a los hijos de su primera uni&oacute;n con Martina Mal&#45;donado. Cuando se casaron ella contribuy&oacute; con 1017 pesos y &eacute;l con 1 005 (incluyendo la hacienda Xlunch). Por lo que a diferencia de otros casos, su situaci&oacute;nera bastante holgada.<sup><a href="#notas">8</a></sup> Entre otras esposas de cuyas dotes se tienen datos, est&aacute;n Cristina D&iacute;az, mujer de Rafael L&oacute;pez quien llev&oacute; 99 pesos 2 reales y Petrona D&iacute;az, quien tuvo como dote mil pesos, mientras que su esposo, Jos&eacute; Eusebio M&eacute;ndez, s&oacute;lo aport&oacute; 40.<sup><a href="#notas">9</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los testamentos, en la mayor&iacute;a de veces, adem&aacute;s de la hacienda tambi&eacute;n se asienta la propiedad de una casa de cal y canto. Son muy pocos los que manifiestan m&aacute;s bienes, por ejemplo Rafael L&oacute;pez, pose&iacute;a una tienda, lo mismo que Petrona D&iacute;az, quien adem&aacute;s sembraba ca&ntilde;a y ten&iacute;a un alambique, de ah&iacute; se explica que fuera la m&aacute;s rica del grupo que tratamos. Cabe mencionar que Petrona pertenec&iacute;a a una extensa familia de hacendados de Izamal (los D&iacute;az y los Canto), desde su abuelo y estaba emparentada con Rafael L&oacute;pez, Marcelino del Canto y tal vez incluso hasta con Br&iacute;gida y Margarita D&iacute;az (ver <a href="/img/revistas/peni/v2n1/a3c1.jpg" target="_blank">cuadro 1</a>) cuyos nexos familiares no he podido hallar sus nexos familiares. En el caso de la familia de Ciprian Sald&iacute;var, aunque sus or&iacute;genes eran humildes y su fortuna apenas superaba los mil pesos, su hermano el teniente Santiago Sald&iacute;var logr&oacute; ser pensionario de encomienda, lo que le daba derecho a recibir una renta y aunque &eacute;sta s&oacute;lo fuera de 150 pesos anuales, el prestigio que a&uacute;n daba la instituci&oacute;n era innegable.<sup><a href="#notas">10</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La cantidad de hijos que tuvieron var&iacute;a desde uno hasta ocho, siendo el promedio cinco. En este sentido no estamos de acuerdo con Brading (1988: 208, 278) quien en su trabajo critica "la despiadada fertilidad de sus mujeres", que contribu&iacute;a a que un &eacute;xito financiero se viniera a la baja, pues seg&uacute;n &eacute;l: "una esposa prol&iacute;fica casi era garant&iacute;a de que la familia perder&iacute;a su propiedad". Debemos recordar que en las sociedades rurales el exceso de hijos, adem&aacute;s de ser a veces incontrolable, era m&aacute;s bien una inversi&oacute;n al tener brazos que ayudar&iacute;an en las labores. Y en el caso yucateco, quiz&aacute; a diferencia de otras regiones, la mujer jug&oacute; un papel clave como hacendada, a pesar de su fertilidad. Aunque no podemos negar, que la tendencia era que los hijos vendieran para as&iacute; repartirse la herencia.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s de su muerte, de m&aacute;s de la mitad se desconoce qu&eacute; fue de sus haciendas, lo m&aacute;s probable es que no quedaran en la familia. Un caso extremo es el de Basilio Polanco, cuyos bienes se reduc&iacute;an a 526 pesos (exclusivamente lo que costaba su peque&ntilde;&iacute;sima propiedad) y que se tuvo que repartir entre los 9 herederos. Despu&eacute;s no se registra a ning&uacute;n otro Polanco, por lo que creemos que los hijos prefirieron vender y repartirse lo poco que les correspondi&oacute;.<sup><a href="#notas">11</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando Juan Lugo muri&oacute; en 1790 seguramente su viuda vendi&oacute; la peque&ntilde;a hacienda valuada apenas en 319 pesos, quince a&ntilde;os despu&eacute;s estaba en manos de Jos&eacute; Gamboa. Cuando &eacute;ste &uacute;ltimo muri&oacute; se realiz&oacute; la divisi&oacute;n testamentaria, pero no se sabe c&oacute;mo hicieron la viuda y los seis hijos para repartirse los bienes. Cabe mencionar que aunque Gamboa no hizo mejoras a la propiedad pues la planta costaba pr&aacute;cticamente lo mismo que en tiempos de Lugo (180 pesos), aument&oacute; el ganado, las colmenas y las deudas de los criados de tal forma que en 1805 ya val&iacute;a 1091 pesos.<sup><a href="#notas">12</a></sup> En el <a href="/img/revistas/peni/v2n1/a3c1.jpg" target="_blank">cuadro 1</a> se puede observar que la mayor inversi&oacute;n de las haciendas era efectivamente el ganado, llegando a constituir en varios casos m&aacute;s de la mitad de su valor.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En tres casos la hacienda permaneci&oacute; en manos de la familia, prefiriendo los hermanos (por lo general numerosos) que un familiar cercano la administrara y que s&oacute;lo les pasara su parte: as&iacute; sucedi&oacute; con Marcos G&oacute;mez con ocho hijos (su hijo mayor se hizo cargo), Br&iacute;gida D&iacute;az con cuatro (quedando de responsable su yerno) y Rafael L&oacute;pez con ocho (al hacerse responsable su esposa Cristina D&iacute;az Canto).<sup><a href="#notas">1</a></sup><a href="#notas"><sup>3</sup></a></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otros prefer&iacute;an vender y satisfacer las demandas de los herederos, as&iacute; se hizo con los bienes de Juan Rodr&iacute;guez Acosta, de Marcelino del Canto y de F&eacute;lix Victoria.<sup><a href="#notas">14</a></sup> Una de las caracter&iacute;sticas de la hacienda fue la inestabilidad de su posesi&oacute;n y desde esta &eacute;poca ya empieza a ser evidente. Las haciendas no ten&iacute;an una continuidad familiar y la actividad tampoco. De la muestra s&oacute;lo de los hijos de tres (Marcelino del Canto, F&eacute;lix Victoria y Antonio Brice&ntilde;o) se tiene la certeza que tuvieron haciendas &#151;no las mismas que sus padres&#151; y no por mucho tiempo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Brading (1988: 206&#45;207) ha se&ntilde;alado varias causas de este fen&oacute;meno, igualmente recurrente en el Baj&iacute;o y en otras regiones, algunas naturales como que la &uacute;ltima heredera no tenga progenie o que el propietario sea un sacerdote, una mala administraci&oacute;n o embargos en caso que el hacendado estuviera muy endeudado y no pudiera pagar. Pero tambi&eacute;n una de las causas fue el sistema testamentario espa&ntilde;ol, ya que salvo en el caso de mayorazgos y la libertad de dejar el quinto o el tercio de los bienes a uno de los herederos, por lo general todos deb&iacute;an reciba parte iguales. Raz&oacute;n por la cual varios vend&iacute;an las propiedades. Aunque ya hemos visto que se pod&iacute;a llegar a un acuerdo, aun siendo muchos los herederos.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Historias familiares</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A continuaci&oacute;n analizaremos algunos casos particulares que nos permitir&aacute;n adentrarnos un poco m&aacute;s en la vida de estos propietarios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Marcelino del Canto contrajo matrimonio con Rosa Bobadilla, sin que ambos aportaran nada al matrimonio. Con el tiempo pudo hacerse de dos haciendas: Pakal y Chach&oacute;n. Tuvo ocho hijos: Santiago, Antonio, Mar&iacute;a, Eugenio, Nicolasa, Luis, Juana y Bernarda. Quiz&aacute; Marcelino era mestizo o pardo, pues cuando su hija Nicolasa pretendi&oacute; contraer nupcias con Jos&eacute; Mart&iacute;n, el padre de este &uacute;ltimo, Domingo, tambi&eacute;n hacendado, se neg&oacute; rotundamente e incluso ech&oacute; de su casa al hijo, pues dec&iacute;a no eran de la misma calidad. Sin embargo, como Nicolasa ya estaba pre&ntilde;ada, al padre de Jos&eacute; no le qued&oacute; m&aacute;s que dar su consentimiento.<sup><a href="#notas">15</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Marcelino muri&oacute; hacia 1806 y su hijo Santiago hered&oacute; Pakal y su esposa, Rosa Bobadilla, Chach&oacute;n, la casa de su morada y muebles. Este a&ntilde;o Pakal se valu&oacute; en 462 pesos y Chach&oacute;n en 637 pesos, de los cuales 63 eran deuda de criados. A los otros hijos s&oacute;lo les tocaron 110 pesos a cada uno. Un a&ntilde;o despu&eacute;s, cuando Rosa Bobadilla falleci&oacute;, la misma Chach&oacute;n ya val&iacute;a 665 pesos y las deudas de criados hab&iacute;an disminuido a 31 pesos. Santiago hered&oacute; la planta de Chach&oacute;n (valuada en 200 pesos) de parte de su madre. Sin embargo, prefiri&oacute; traspasarla primero a Felipe Acosta y, mucho despu&eacute;s, en 1826, al presb&iacute;tero Santiago Barcel&oacute;. Ninguno de los familiares se quiso hacer cargo de las haciendas.<sup><a href="#notas">16</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El caso de Baltazar Medina nos servir&aacute; para ilustrar la forma en que los hacendados obten&iacute;an sus propiedades, y mostrar los problemas que pod&iacute;an tener estos peque&ntilde;os propietarios ante aquellos con m&aacute;s poder. Medina, de calidad mulato, inici&oacute; en 1801 un proceso contra Faustino Im&aacute;n, juez de paz de Dzidzant&uacute;n. Le reclamaba haberse apropiado de 150 mecates de tierra de su hacienda llamada San Antonio, su &uacute;nica fuente de supervivencia, junto con otros 250 mecates pertenecientes a su hermano Pedro, que &eacute;l cuidaba mientras sus sobrinos crecieran.<sup><a href="#notas">17</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Im&aacute;n gozaba de un gran poder local econ&oacute;mico y pol&iacute;tico, era recolector de diezmos, explotaba sus haciendas y cosechaba sal. Tal vez por esta posici&oacute;n se sinti&oacute; con derecho a apropiarse de las tierras de alguien a quien consideraba inferior. Medina afirmaba que Im&aacute;n le ofreci&oacute; cinco pesos por la tierra de su hermano y un pozo y como &eacute;l se negara, no s&oacute;lo le rompi&oacute; el documento de posesi&oacute;n sino que lo puso en el cepo, adem&aacute;s que lo acus&oacute; de varios abusos. Medina perdi&oacute; el juicio contra Im&aacute;n, s&oacute;lo se le devolver&iacute;an los 150 mecates de tierras si demostraba que Im&aacute;n actu&oacute; maliciosamente al quererlos incorporar a su estancia; podr&iacute;a recuperar los 250 mecates siempre y cuando efectivamente probara que pertenec&iacute;an a sus sobrinos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Medina, no contento con esta resoluci&oacute;n y sin recibir respuesta en M&eacute;rida, decidi&oacute; partir para M&eacute;xico a apelar. Como no contaba con recursos, no sabemos si realmente lo intent&oacute;. El monto de sus recursos sali&oacute; a relucir al momento de su muerte en 1803. En el inventario de sus bienes, la supuesta hacienda San Antonio aparece nombrada apenas como paraje, con su corral en cuadro de 8 mecates de albarrada doble, su pozo ("una cueva abierta"), bebedero, 21 vacas, 4 becerros y 5 toros flacos, con un valor de 168 pesos 4 reales. Sus bienes totales apenas alcanzaban 220 pesos. Sin embargo, ni la esposa ni sus cinco hijos pudieron recibir nada del poco patrimonio de Medina pues los bienes se embargaron por un tiempo, mientras se terminaba de esclarecer su responsabilidad en el pleito con Faustino Im&aacute;n.<sup><a href="#notas">18</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La viuda del hermano de Medina, quien le hab&iacute;a encargado el terreno para sus hijos, inici&oacute; un proceso para que se le devolviera y se hiciera cuenta de bienes de su esposo que muri&oacute; intestado. Parece que los herederos de Medina aprovecharon el desembargo de bienes de su padre para adjudicarse todo el paraje San Antonio &#151;es decir 400 mecates de detr&aacute;s&#151; por lo que a la pobre viuda ya no se le devolvi&oacute; nada.<sup><a href="#notas">19</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Veamos a continuaci&oacute;n si podemos seguir la pista de peque&ntilde;os propietarios, de los cuales sab&iacute;amos el monto de su fortuna total y el aval&uacute;o de sus haciendas. Se ha delineado tanto algunas tendencias en cuanto a la continuidad de su propiedad, como sus trayectorias, al &iexcl;lustrar unos cuantos ejemplos particulares. A continuaci&oacute;n analizaremos algunos casos de movilidad social.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Movilidad social ascendente: Los Canto</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No cabe duda que en una sociedad como la yucateca, a&uacute;n con sus prejuicios y sus esquemas r&iacute;gidos sobre la importancia del linaje, hubo entre la poblaci&oacute;n blanca y mestiza una movilidad social, este concepto entendido "como el conjunto de cambios econ&oacute;micos y sociales ocurridos en la vida de una persona o a lo largo de dos o tres generaciones de una familia y que afectan sensiblemente su patrimonio y su prestigio social". Por falta de criterios o estad&iacute;sticas para medir este fen&oacute;meno hist&oacute;ricamente, la &uacute;nica manera de estudiarla es a trav&eacute;s de casos particulares (Von Mentz, 2003: 8&#45;11).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el sentido ascendente tuvo un papel preponderante la posesi&oacute;n de una hacienda, aunque fuera muy peque&ntilde;a. Se ha notado que estos grupos siguen pautas distintas que los miembros de la oligarqu&iacute;a. Una caracter&iacute;stica es que el matrimonio no era clave en el proceso de movilidad como s&iacute; lo era en el caso de las &eacute;lites, por lo tanto ellos no ten&iacute;an tantas restricciones al momento de buscar pareja. La mayor&iacute;a se casaba con mujeres del mismo nivel social y econ&oacute;mico, es decir ni una ni otra parte contribu&iacute;a con nada al matrimonio o muy poco. Al que mejor le iba se encontraba con una novia que aportaba a la uni&oacute;n una peque&ntilde;a hacienda y a partir de ah&iacute; pod&iacute;an mejorar las condiciones de vida. M&aacute;s bien jugaban otras estrategias, como el formar parte de la clientela de alguien m&aacute;s poderoso y sacar todo el provecho de esta relaci&oacute;n, tanto de aprendizaje (algunos hab&iacute;an fungido como mayordomos o mayorales de haciendas) o econ&oacute;micas, actuando como intermediarios comerciales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De hecho, David Brading (1988: 280) al hablar de esta movilidad en el campo mexicano, sostiene que aqu&eacute;llos con &eacute;xito proven&iacute;an de un fr&aacute;gil estrato conformado por familias espa&ntilde;olas, en algunas ocasiones descendientes o parientes cercanos de hacendados, en otras fungiendo como mayordomos. Estos rancheros &#151;a diferencia de los hacendados que ten&iacute;an administradores&#151; supervisaban personalmente el trabajo. El modelo ciertamente podr&iacute;a aplicarse a Yucat&aacute;n, sin perder de vista que &eacute;sta &uacute;ltima regi&oacute;n tiene sus especificidades y que finalmente existen varias excepciones no tan ins&oacute;litas ni poco comunes. Presentamos s&oacute;lo algunos ejemplos representativos, pero que muestran a esta sociedad en constante cambio.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una familia bastante peculiar la constituye la de los Canto, una de las muchas ramas que exist&iacute;an en Izamal (ver genealog&iacute;a al final). Bernardino del Canto y Zapata lleg&oacute; a ser un pr&oacute;spero hacendado y de hecho uno de los pocos que logr&oacute; monopolizar un gran n&uacute;mero de propiedades: Cauca, Xcazamil, Xmatkuil, Kampepen, Chuntuak, San Jos&eacute; Occhac, Ak&eacute;, Kanabch&eacute;n, Muy&aacute; y sitio Poluyc. Lo logr&oacute;, sobre todo, gracias a que era comerciante, adem&aacute;s de prestamista de peque&ntilde;as cantidades. Cuando muri&oacute; hacia 1807, sus bienes se calcularon en 38 920 pesos, que para el Yucat&aacute;n de esta &eacute;poca puede considerarse una gran fortuna. Bernardino, debe quedar claro, no era parte de la &eacute;lite.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se cas&oacute; tres veces (con Antonia Garren, Mar&iacute;a Pelayo y Juana Heredia) y tuvo 12 hijos o m&aacute;s, de los cuales varios fallecieron antes de alcanzar la mayor&iacute;a de edad. Cuando se realiz&oacute; la divisi&oacute;n de sus bienes en 1807, s&oacute;lo quedaban seis ramas de herederos. A su tercera esposa le toc&oacute; un quinto de los bienes, 7439 pesos, el resto, 5 149 pesos a cada uno, se dividi&oacute; entre: Juan, Mar&iacute;a Manuela, Luis, Bernardo y Marcos Canto Pelayo y Juan Nepomuceno Canto Heredia (estos dos &uacute;ltimos a trav&eacute;s de sus descendientes).<sup><a href="#notas">20</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto a las haciendas, la esposa, Juana de Heredia, se qued&oacute; con Cauca, pero la vendi&oacute; a Benancio Ayala, a quien adem&aacute;s ya le hab&iacute;an traspasado la hacienda Muy&aacute; y sitio Polyuc. Su hijo, Bernardo, hered&oacute; Chumtuak, Ak&eacute; y San Jos&eacute; Occhac, con la condici&oacute;n de completar la parte de su herencia a su madrastra. Como muri&oacute; al poco tiempo, su esposa Josefa Roca las vendi&oacute;, dos a ManuelaRam&iacute;rez y otra al capit&aacute;n Luis Duran, pero despu&eacute;s compr&oacute; otra e Xmatkuil fue I vendida a Lorenza Lara.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sus hijos tuvieron diferentes destinos, algunos terminaron en la pobreza como Luis, quien ped&iacute;a que de la herencia de su padre se le adelantaran 100 pesos "necesitando socorrer mi indigencia". Su caso es un claro ejemplo de movilidad social descendente y un mal aprovechamiento de recursos. Bernardino prefino seguir los pasos de comerciante de su padre y se le encuentra en 1801 a cargo dd abasto de la carne de M&eacute;rida y actuando como fiador en algunos puestos administrativos de la ciudad, pero muri&oacute; poco despu&eacute;s que su padre, as&iacute; que no pudo concretar su carrera ascendente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pondremos particular &eacute;nfasis en otros dos de sus hijos Marcos y Manuela, pues adem&aacute;s de hacendados, son de los que poseemos m&aacute;s informaci&oacute;n. Empecemos por Marcos quien era propietario de las haciendas Santa B&aacute;rbara, Thotol, Vizunchac Telhas y sitio Katicch&eacute;n, contaba tambi&eacute;n con un solar en el pueblo de Cansahcab, una casa en Izamal y otra en M&eacute;rida. Muri&oacute; hacia 1797, una d&eacute;cada antes que su padre. Por lo menos dos de sus hijos se hicieron hacendados: Antonio y Micaela. Antonio viv&iacute;a en Cacalch&eacute;n y ten&iacute;a una hacienda llamada Dzonot valuada en 1786 en 2233 pesos. En realidad, formaba parte de la clientela del regidor Joaqu&iacute;n Bnto. a quien incluso le regal&oacute; una casa.<sup><a href="#notas">21</a></sup> Micaela se cas&oacute; con el capit&aacute;n y hacendado Francisco del Canto Arias; seguramente eran familiares muy cercanos. Los bienes de Marcos por alguna raz&oacute;n no se repartieron al momento de su muerte. En 1817 su hija Micaela qued&oacute; como la &uacute;nica heredera viva y le tocaron 900 pesos.<sup><a href="#notas">22</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La otra hija de Bernardino, Manuela del Canto, hacia el fin de su vida era viuda y de sus siete hijos s&oacute;lo le sobreviv&iacute;an una hija y dos nietos; le pertenec&iacute;an las haciendas Kanabch&eacute;n y Lumhuh en Tixkokob. Un tiempo las administr&oacute; sin &eacute;xito su hermano Luis. Despu&eacute;s se las encarg&oacute; al cura Antonio Ma&iacute;z y al presb&iacute;tero Jos&eacute; Antonio Pastrana, quienes las descuidaron a&uacute;n m&aacute;s. Estas haciendas, Kanabch&eacute;n y Lumhuh, las obtuvo por una permuta que hizo en 1811 con el rector del seminario conciliar Antonio Ma&iacute;z, e&uuml;a le cedi&oacute; su hacienda Kankabch&eacute;n, que su esposo, Salvador de Castro, hab&iacute;a comprado en 1781 al capit&aacute;n Laureano Mu&ntilde;oz.<sup><a href="#notas">23</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando Manuela muri&oacute;, en 1818, Kanabch&eacute;n se valu&oacute; en 2046 pesos y Lumhuh en 551, sin embargo muri&oacute; en la pobreza: sus &uacute;nicos bienes se valuaron en 74 pesos pues ya no ten&iacute;a ni casa &#151;que tambi&eacute;n malbarat&oacute; su hermano Luis V viv&iacute;a con Mar&iacute;a Antonia Valdez, esposa del procurador Ignacio Rivas Chac&oacute;n, quien finalmente compr&oacute; Kanabch&eacute;n en 1 500 pesos.<sup><a href="#notas">24</a></sup> Al contrario de esta situaci&oacute;n, dos nietas de Bernardino, las hijas de Juan, Manuela y Joaquina hicieron magn&iacute;ficos matrimonios con dos hermanos Jos&eacute; Mar&iacute;a y Mat&iacute;as C&aacute;mara y Sol&iacute;s, &eacute;ste &uacute;ltimo notario y prestamista.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, nos damos cuenta a partir de los datos conocidos de esta familia, que la fortuna que alcanz&oacute; el padre no dur&oacute; m&aacute;s de una generaci&oacute;n. Aunque tuvo muchos hijos, centr&oacute; todas sus esperanzas en el m&aacute;s af&iacute;n a sus actividades, cuya muerte temprana acab&oacute; con su carrera. El padre hab&iacute;a puesto las bases, pero finalmente el &eacute;xito depend&iacute;a de la astucia de cada uno de los hijos para mantener su nivel o descender en la escala social.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Movilidad social incompleta: Barrera</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El siguiente ejemplo pertenece a una movilidad social ascendente incompleta.<sup><a href="#notas">25</a></sup> Juan de la Barrera muri&oacute; intempestivamente el primero de marzo de 1794, dejando a su esposa Isabel de los Reyes con 10 hijos. Ella era hermana del encomendero Miguel de los Reyes, quien no pod&iacute;a ayudarla pues viv&iacute;a, parece, en gran pobreza. El &uacute;nico bien de valor dejado por el difunto fue una hacienda, San Antonio Ukan&aacute;, en el pueblo de Cansahcab, con valor de 2 523 pesos pero con un censo de 1 100. Barrera apenas hab&iacute;a comprado la hacienda en enero de 1792 a Manuel de Pasos y los 1 100 de censo los hab&iacute;a pedido para "reedificar su planta y poblarla en los siguientes dos a&ntilde;os". Con ese dinero adquiri&oacute; tambi&eacute;n un alambique, que a la larga pod&iacute;a haberle dado buenas ganancias. De esa forma, se volvi&oacute; peque&ntilde;o comerciante y empez&oacute; a recibir anticipos de comerciantes mayores para la obtenci&oacute;n de panelas y aguardiente, que su muerte le impidi&oacute; cumplir. En 1794 deb&iacute;a a 11 personas 2 634 pesos 4 reales, que ni siquiera el precio de la hacienda sin censos alcanzaba a saldar. Resulta interesante subrayar qui&eacute;nes eran sus acreedores, casi todos comerciantes, tres espa&ntilde;oles, algunos miembros de la &eacute;lite como el encomendero y alcalde Jos&eacute; de Cepeda, o Francisco Ortiz (casado con otra encomendera), tambi&eacute;n Bernardino del Canto, Miguel Badillo y el presb&iacute;tero Miguel de Paz y dos se&ntilde;oras Mar&iacute;a Pacheco y Luc&iacute;a del Canto, a estas &uacute;ltimas deb&iacute;a menos de 100 pesos. La posici&oacute;n de sus acreedores indica que Barrera contaba con cr&eacute;dito social, tal vez en parte debido a que su esposa era hermana de un encomendero. Tambi&eacute;n a Barrera le deb&iacute;an 31 personas peque&ntilde;as cantidades que suman 460 pesos, ninguno era indio, casi todos tienen antepuesto el don.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La venta de la hacienda no fue f&aacute;cil y el proceso dur&oacute; varios a&ntilde;os, hasta que en 1799 la compr&oacute; Tadeo Quijano, sobre todo por presi&oacute;n de los acreedores. Pero lo que queremos se&ntilde;alar es el endeudamiento de Barrera, en el que apost&oacute; una movilidad social ascendente, que acab&oacute; con su muerte. Su innumerable descendencia qued&oacute; sin recursos. Si bien no todos los hacendados eran comerciantes formales como Barrera &#151;aunque todos se ve&iacute;an obligados a comercializar sus excedentes&#151; una buena parte contrajo deudas sobre todo con la Iglesia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Podr&iacute;amos consignar decenas de ejemplos, pero nos centraremos s&oacute;lo en uno muy significativo de ascensi&oacute;n social. Se trata de Nicol&aacute;s de Puga, cuyo matrimonio no le aport&oacute; nada, ni siquiera hijos "y disuelto el matrimonio permanec&iacute; en la misma pobreza hasta que la divina majestad fue despu&eacute;s servido darme bienes de fortuna". En realidad, encontr&oacute; un protector que lo ayud&oacute;. Primero fue criado de don Josef Pardio y con pr&eacute;stamos pudo comprar una hacienda, San Antonio Tah, la cual hipotec&oacute; al capit&aacute;n y encomendero don Pedro de Anguas en dos mil pesos. Con este dinero adquiri&oacute; las haciendas San Francisco Xtuch y San Antonio Opola. Puga era parte de la clientela del ex capit&aacute;n a guerra del partido de la Sierra, Enrique de los Reyes, era su compadre y su agente comercial en algunos pueblos. Gracias a estas relaciones y seguramente a varias malversaciones, logr&oacute; hacerse de un capital. Al final de su vida declar&oacute; haber creado una compa&ntilde;&iacute;a (quiz&aacute; de ganado) con Juan Josef Sol&iacute;s, poniendo Puga el dinero y Sol&iacute;s su trabajo. En su testamento, a este &uacute;ltimo (por su lealtad) y a su hijo, les hereda la hacienda San Antonio Opola con la condici&oacute;n de reconocer el gravamen de 500 pesos. Puga tambi&eacute;n asent&oacute; que Pedro Brunet le dio una estancia llamada Yaxch&eacute;, de la cual s&oacute;lo le pagar&iacute;a el 5% de su valor con la condici&oacute;n que la tuviera produciendo, pero como &eacute;l no pod&iacute;a hacerse cargo se la pas&oacute; Sol&iacute;s. Como le deb&iacute;a tres mil pesos a Pedro Anguas, le dej&oacute; la administraci&oacute;n de sus haciendas mientras que se saldaba la deuda. Una vez que esto tuvo lugar, las haciendas pasaron a su heredero Pedro Puga, quien, sin ning&uacute;n esfuerzo, vendi&oacute; en 1788 la hacienda San Francisco Xtuch a Norberto G&oacute;mez.<sup><a href="#notas">26</a></sup></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Movilidad social descendente</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Frente a los casos de &eacute;xito social, tambi&eacute;n se encuentran todos aquellos que fracasaron, un ejemplo es el de do&ntilde;a Cecilia Franco y don Sebasti&aacute;n del Valle, quienes el 8 de noviembre de 1786 pidieron prestados a la Iglesia 400 pesos para terminar de poblar su hacienda. Ya no volvemos a saber de ellos hasta 1821, cuando nos enteramos que don Sebasti&aacute;n muri&oacute; en la mendicidad y do&ntilde;a Cecilia se hallaba en una pobreza tal que hab&iacute;a dejado yerma la hacienda y nunca hab&iacute;a pagado los r&eacute;ditos. No se sabe que uso le dieron a los 400 pesos, pero la realidad es que no los recuperaron. Do&ntilde;a Cecilia cedi&oacute; su hacienda a sus acreedores pues declar&oacute; ser incapaz de poder pagar alguna vez.<sup><a href="#notas">27</a></sup></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Conclusiones</b></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A lo largo de este trabajo hemos visto que el calificativo de hacendado &#151;por lo menos en Yucat&aacute;n&#151; no se puede reducir exclusivamente a la &eacute;lite, pues este extenso grupo estuvo conformado por personas en diferente nivel social y econ&oacute;mico. Incluso varias mujeres fungieron como propietarias con &eacute;xito. Pero no bastaba con s&oacute;lo identificar la existencia de este grupo menos favorecido, tambi&eacute;n era necesario situarlo en su contexto y trazar las trayectorias de algunas familias. Estos peque&ntilde;os propietarios considerados como amos entre los indios, del &uacute;nico privilegio del que gozaban era su color de piel y un apellido no ind&iacute;gena, pues en realidad algunos ten&iacute;an que trabajar tan duro como sus sirvientes. La mayor&iacute;a &#151;aunque siempre hay sus excepciones&#151; no contaba con fortunas superiores a los tres mil pesos y s&oacute;lo viv&iacute;a del fruto de sus haciendas. Los m&aacute;s afortunados instalaban una tienda y entonces adquir&iacute;an un poco m&aacute;s de recursos; aquellos con capacidad relaciona! pod&iacute;an ponerse a la sombra de alguien poderoso y de esa forma subir ellos o sus hijos en la escala social. La elecci&oacute;n matrimonial no parece ser tan importante. As&iacute; blancos, mestizos y mulatos menos favorecidos que las &eacute;lites tambi&eacute;n supieron ver que el futuro econ&oacute;mico de Yucat&aacute;n en el siglo XIX estaba en la hacienda y a esa opci&oacute;n econ&oacute;mica le apostaron.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a href="/img/revistas/peni/v2n1/a3i1.jpg" target="_blank">Los Canto de Izamal.</a></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Archivos</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">AGEY Archivo General del Estado de Yucat&aacute;n</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">AGN Archivo General de la Naci&oacute;n</font>.</p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bracamonte y Sosa, Pedro, 1993&nbsp;<i>Amos y Sirvientes. Las haciendas de Yucat&aacute;n, 1789&#45;1860.</i> M&eacute;rida, Universidad Aut&oacute;noma de Yucat&aacute;n.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5772960&pid=S1870-5766200700010000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Brading, David, 1975 <i>Mineros y comerciantes en el M&eacute;xico borb&oacute;nico (1763&#45;1810).</i> Roberto G&oacute;mez, (trad.). M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5772962&pid=S1870-5766200700010000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; 1988 <i>Haciendas y ranchos del Baj&iacute;o, Le&oacute;n 1700&#45;1860.</i> M&eacute;xico, Grijalva&#45;Enlace.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5772964&pid=S1870-5766200700010000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Chevalier, Francois, 1999 <i>Formaci&oacute;n de los latifundios en M&eacute;xico. Tierra y sociedad en los siglos</i> <i>XVI</i> <i>y XVII.</i> Antonio Alatorre (trad.). M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5772966&pid=S1870-5766200700010000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Garavaglia Juan Carlos y Juan Carlos Grosso, 1990 "Mexican Elites of a Provincial Town: The Landowners of Tepeaca", <i>Hispanic American Historical Review,</i> 70 (2): 255&#45;293.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5772968&pid=S1870-5766200700010000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Garc&iacute;a Bernal, Manuela Cristina, 1978 <i>Poblaci&oacute;n y encomienda en Yucat&aacute;n bajo los Austrias.</i> Luis Navaro Garc&iacute;a (prol.). Sevilla, Escuela de Estudios Hispanoamericanos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5772970&pid=S1870-5766200700010000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">G&uuml;&eacute;mez Pineda, Arturo, 1994&nbsp;<i>Liberalismo en tierras del caminante. Yucat&aacute;n 1812&#45;1840.</i> M&eacute;xico, Michoac&aacute;n, El Colegio de Michoac&aacute;n/ Universidad Aut&oacute;noma de Yucat&aacute;n.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5772972&pid=S1870-5766200700010000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jim&eacute;nez Pelayo, Agueda, 1990 "La hacienda zacatecana colonial, su origen y desarrollo", Mar&iacute;a Teresa Jarquin Ortega <i>et al, Origen y evoluci&oacute;n de la hacienda en M&eacute;xico: siglos</i> <i>XVI</i> <i>al</i> <i>XX,</i> pp. 53&#45;59, M&eacute;xico, El Colegio Mexiquense, Universidad Iberoamericana, Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5772974&pid=S1870-5766200700010000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Leal, Juan Felipe y Mario Huacuja Rountree, 1982 <i>Econom&iacute;a y sistema de haciendas en M&eacute;xico. La hacienda pulquera en el cambio. Siglos</i> <i>XVIII, XIX y</i> <i>XX.</i> M&eacute;xico, Era.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5772976&pid=S1870-5766200700010000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mentz, Br&iacute;gida von, 2003 <i>Movilidad social de sectores medios en M&eacute;xico. Una retrospectiva hist&oacute;rica (siglos</i> <i>XVII</i> <i>al</i> <i>XX).</i> M&eacute;xico, CIESAS.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5772978&pid=S1870-5766200700010000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&ouml;rner, Magnus, 1978 "La hacienda hispanoamericana: examen de las investigaciones y debates recientes", Enrique Florescano (ed.), <i>Haciendas, latifundios y plantaciones en Am&eacute;rica Latina,</i> pp. 15&#45;48, M&eacute;xico, Siglo XXI.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5772980&pid=S1870-5766200700010000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nickel, Herbert, 1988 <i>Morfolog&iacute;a social de la hacienda mexicana.</i> Ang&eacute;lica Scherp (trad.). M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5772982&pid=S1870-5766200700010000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Patch, Robert, 1993 <i>Maya and Spaniard in Yucatan. 1648&#45;1812.</i> Stanford University Press. Semo, Enrique</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5772984&pid=S1870-5766200700010000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Semo, Enrique 1988 "Hacendados, campesinos y rancheros", <i>Historia de la cuesti&oacute;n agraria mexicana. El siglo de la hacienda. 1800&#45;1900,</i> pp. 87&#45;164, M&eacute;xico, Siglo XXI, CEHAM.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5772985&pid=S1870-5766200700010000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tutino, John, 1991 "Las relaciones sociales en las haciendas de M&eacute;xico: la regi&oacute;n de Chalco en la &eacute;poca de la independencia", <i>Haciendas, pueblos y comunidades. Los valles de M&eacute;xico y Toluca entre 1530y 1916,</i> pp. 186&#45;229, Manuel Mi&ntilde;o (comp.), M&eacute;xico, CONACULTA.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5772987&pid=S1870-5766200700010000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Van Young, Eric, 1986 "La historia rural de M&eacute;xico desde Chevalier: historiograf&iacute;a de la hacienda colonial", <i>Historias,</i> 12: 23&#45;64, Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5772989&pid=S1870-5766200700010000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Este trabajo forma parte de uno m&aacute;s amplio que se desarrolla actualmente sobre los hacendados yucatecos y sus redes de sociabilidad, en donde se siguen casos particulares y familiares. Quisiera agradecer a los dictaminadores an&oacute;nimos sus puntuales comentarios, que ayudaron a enriquecer este texto.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> &Eacute;l identifica dos tipos de hacendados en la hacienda pulquera de Hala, en la jurisdicci&oacute;n de Otumba, el primero &#151;un funcionario real, preocupado por la ostentaci&oacute;n y con un costoso nivel de vida&#151; pensaba que su hacienda era una fuente de prestigio y rentas. Para el segundo, un propietario de minas y comerciante de textiles, su hacienda significaba una empresa econ&oacute;mica que fungia a la vez como base y alternativa a sus otras actividades.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Datos obtenidos a partir del an&aacute;lisis de los precios consignados en operaciones de compraventa encontrados en el ramo notarial del AGEY.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Desafortunadamente esta colecci&oacute;n est&aacute; digitalizada y varios de estos documentos, que ya presentaban serios da&ntilde;os en papel, son completamente ilegibles en la pantalla.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup>&nbsp;AGEY, Colonial, Sucesiones testamentarias (en adelante ST), vol. 1, exp. 4, "Testamentar&iacute;a de Juan Lugo, vecino que fue de Tekant&oacute;", 1790; AGEY, ST, vol. 1, exp. 6, "Testamentar&iacute;a de prudencio Bolio Ercila, natural y vecino que fue de Izamal", 1791; AGEY, ST, vol. 1, exp. 12c, "Testamentaria de don Juan Rodr&iacute;guez Acosta, vecino que fue de Tekant&oacute;", 1803; AGEY, ST, vol. 1, exp. 15, "Testamentar&iacute;a de Baltazar Medina, vecino que fue de Yoba&iacute;n", 1804; AGEY, ST, vol. 1, exp. 15a, "Testamentar&iacute;a de Lorenzo Burgos, vecino que fue de Tixcocob", 1802; AGEY, Colonial, Sucesiones Intestadas (en adelante SI), "Intestado de Basilio Polanco, vecino que fue de Cansahcab", vol. 1, exp. 21, 1806.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup>&nbsp;AGEY, ST, vol. 2, exp. 6, "Testamentar&iacute;a de Don Joaqu&iacute;n Escalante, vecino que fue de Te&#45;max", 1809; AGEY, Colonial, SI, vol. 1, exp. 13, "Intestado de Petrona D&iacute;az de M&eacute;ndez, vecina que fue de Izamal", 1805.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup>&nbsp;AGEY, SI, vol. 1 exp. 12, "Intestado de Pablo Ricalde, vecino que fue de Motul", 1804; AGEY, ST, vol. 1, exp. 21, "Testamentar&iacute;a de Felix Antonio Brice&ntilde;o, vecino que fue de Izamal", 1805.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup>&nbsp;AGEY, ST, vol. 1, exp. 11, "Balance practicado en los bienes de Jos&eacute; Aranda, vecino de Izamal, por muerte de su esposa Martina Maldonado", 1804.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup>&nbsp;AGEY, ST, vol. 1, exp. 17, "Testamentar&iacute;a de Rafael L&oacute;pez, natural de Cenotillo y vecino que fue de Izamal", 1804. Petrona D&iacute;az, doc. cit.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup>&nbsp;AGEY, ST, vol. 2, exp. 8, "Testamentar&iacute;a de Cipriano Sald&iacute;var, vecino que fue de Dzidzan&#45;t&uacute;n", 1809. La renta del hermano se consigna en 1810 en AGN, Tributos, vol. 7, exp. 14.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> Polanco: doc. cit.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup>&nbsp;Lugo: doc. cit. AGEY, SI, vol. 1, exp. 14, "Intestado de Jos&eacute; Gamboa, natural y vecino de Tekant&oacute;", 1805.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup>&nbsp;AGEY, ST, vol. 1, exp. 11, "Testamentar&iacute;a de Marcos G&oacute;mez, vecino que fue de Cacalch&eacute;n&#094;. 1794. AGEY, ST, "Testamentar&iacute;a de do&ntilde;a Br&iacute;gida D&iacute;az viuda de L&oacute;pez, vecina que fue de Izamal". 1803. Rafael L&oacute;pez: doc. cit.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup>&nbsp;AGEY, ST, vol. 1, exp. 12c, "Testamentar&iacute;a de don Juan Rodr&iacute;guez Acosta, vecino que fue de Tekant&oacute;", 1803; AGEY, ST, vol. 1, exp. 20, "Testamentar&iacute;a de Marcelino del Canto, vecino que fue de Izamal", 1806. AGEY, ST, vol. 1, exp. 22, "Diligencias promovidas por Tom&aacute;s Meneses para U divisi&oacute;n de los bienes mortuorios de F&eacute;lix Victoria y Casilda Rosado, 1806.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup>&nbsp;AGEY, Colonial, Judicial, vol. 1, exp. 7, "Diligencias del disenso de Domingo Mart&iacute;n, practicadas a instancia de su hijo Jos&eacute;, por matrimonio que &eacute;ste pretend&iacute;a contraer con Nicolasa del Canto", 1791.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup>&nbsp;Barcel&oacute; la rent&oacute; mas de 10 a&ntilde;os hasta que el 24 de julio de 1837, los descendientes de don Marcelino pidieron permiso para vender la finca al mismo Barcel&oacute; en 150 pesos, quien ya hab&iacute;a pagado 50, por lo que la hacienda en treinta a&ntilde;os en lugar de crecer, s&oacute;lo hab&iacute;a mantenido la planta. El cl&eacute;rigo pag&oacute; despu&eacute;s de un proceso que se le interpuso, pues alegaba haber hecho mejor&iacute;as, y el dinero se reparti&oacute; entre las seis ramas de descendientes que quedaban, m&aacute;s de quince individuos. Marcelino del Canto: doc. cit; AGEY, ST, vol. 1, exp. 24, "Testamento, inventario y partici&oacute;n de bienes que quedaron por fallecimiento de Rosa Bobadilla, viuda de Marcelino del Canto, ambos vecinos de Izamal", 1807.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup>&nbsp;AGEY, Colonial, Tierras, vol. 1, exp. 7, "Autos promovidos por Baltazar Medina, vecino de Joba&iacute;n, contra Faustino Im&aacute;n, juez espa&ntilde;ol de Dzidzant&uacute;n, por usurpaci&oacute;n de tierras del paraje Coma", 1803.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup> Medina: doc. cit.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19</sup> <i>Ibidem.</i> agey, Sucesiones intestadas., vol. i, exp. 9, "Intestado de Pedro Medina, vecino que fue de Joba&iacute;n", 1804.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20</sup> AGEY, ST, vol. 2, exp. 2, "Hijuela de partici&oacute;n de los bienes que quedaron por muerte de don Bernardino del Canto", 1807.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21</sup> AGEY, Colonial, Judicial, vol. 5, exp. 9, "Demanda de Bartolom&eacute; P&eacute;rez contra el regidor Jos&eacute; Joaqu&iacute;n Brito, para cobro de cantidad de pesos", 1819.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>22</sup> A Manuel lo encontramos peleando porque los herederos del comprador de una de las haciendas de su padre, le paguen lo correspondiente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>23</sup>&nbsp;AGEY, Archivo Notarial, vol. 18, 1781. Mu&ntilde;oz a su vez la obtuvo de su hermano pol&iacute;tico el bachiller Pedro Calder&oacute;n.&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>24</sup>&nbsp;AGEY, ST, vol. 3, exp. 1, "Testamentar&iacute;a de Manuela del Canto, vecina que fue de M&eacute;rida, 1819.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>25</sup> AGN, Tierras, vol. 1255, exp.l, "Inventario y concurso de acreedores a bienes de Juan de la Barrera, due&ntilde;o de la hacienda de san Antonio Ukana, situado en jurisdicci&oacute;n del pueblo de Can&#45;sacab", 1793&#45;1799.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>26</sup>&nbsp;AGEY, Archivo Notarial, vol. 22, p. 298, 1786; vol. 25, pp. 459&#45;486, 1788.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>27</sup>&nbsp;AGEY, Archivo Notarial, vol. 22, p. 419, 1786; AGEY, Archivo Notarial, vol. 100, pp. 865879, 1821.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre la autora:</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mexicana. Licenciada y maestra en Historia por la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras de la UNAM y doctora en Historia por la Universidad de Toulouse le Mirail, Francia. Es investigadora del Centro de Estudios Superiores en Antropolog&iacute;a Social (CIESAS), sede Peninsular, en M&eacute;rida, Yucat&aacute;n. Es autora de varios art&iacute;culos sobre la &eacute;poca colonial y siglo XLX. Obtuvo el primer lugar en la categor&iacute;a de doctorado en el XI Premio BANAMEX "Atanasio Saravia" de Historia Regional Mexicana 2004&#45;2005. Actualmente desarrolla la investigaci&oacute;n "Los hacendados yucatecos y sus redes de sociabilidad, 1785&#45;1847". <a href="mailto:laura_machuca@yahoo.com">laura_machuca@yahoo.com</a></font></p>      ]]></body><back>
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