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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Notas cr&iacute;ticas</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>       <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Calder&oacute;n, aprendiz de brujo o la guerra como escape</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Arturo Anguiano*</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>   	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Profesor&#45;investigador de la Divisi&oacute;n de Ciencias Sociales y Humanidades, Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana, unidad Xochimilco. Calzada del Hueso 1100, C. P. 04960 Coyoac&aacute;n, Ciudad de M&eacute;xico, M&eacute;xico</i>. Correos electr&oacute;nicos: <a href="mailto:anoa6259@correo.xoc.uam.mx">anoa6259@correo.xoc.uam.mx</a> / <a href="mailto:anguiano68@gmail.com">anguiano68@gmail.com</a></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No han dejado de publicarse libros sobre la llamada guerra contra el narcotr&aacute;fico, que caracteriz&oacute; al Gobierno del presidente Felipe Calder&oacute;n Hinojosa, la que sin duda fue central en el desplome de su partido, Acci&oacute;n Nacional (PAN), en las elecciones nacionales de 2012 y en la vuelta a la Presidencia de la rep&uacute;blica del a&ntilde;ejo Partido Revolucionario Institucional (PRI), con la candidatura triunfante de Enrique Pe&ntilde;a Nieto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los reg&iacute;menes priistas estuvieron marcados por hechos significativos de violencia, que fue una constante ineludible, y por los que son recordados Gustavo D&iacute;az Ordaz, por la masacre de Tlatelolco; Luis Echeverr&iacute;a y Jos&eacute; L&oacute;pez Portillo, por la <i>guerra sucia</i> contra la guerrilla; Miguel de la Madrid, por la violencia de la reestructuraci&oacute;n productiva contra el trabajo y la par&aacute;lisis estatal ante la devastaci&oacute;n natural de los sismos de 1985; Carlos Salinas de Gortari, por los asesinatos de Luis Donaldo Colosio y Jos&eacute; Francisco Ruiz Massieu &#45;candidato a la Presidencia y secretario general del PRI respectivamente&#45;; Ernesto Zedillo, por su odio contra los ind&iacute;genas zapatistas y su guerra de baja intensidad contra las comunidades rebeldes (&iquest;qui&eacute;n olvida la masacre de Acteal?). Vicente Fox Quesada, quien lleg&oacute; a la Presidencia en el a&ntilde;o 2000 sobre la ola de repudio contra el desgastado r&eacute;gimen priista, simbolizando el cambio de milenio evolucion&oacute; como un personaje lamentable que hizo trizas todas las expectativas de cambio creadas, y desemboc&oacute; en la criminalizaci&oacute;n de lo social, la represi&oacute;n desmedida en Atenco, al final de su mandato, y la judicializaci&oacute;n de la pol&iacute;tica.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero s&oacute;lo Calder&oacute;n identific&oacute; su mandato de seis a&ntilde;os (2006-2012) con una guerra cruenta y envolvente que lo determin&oacute;, lo atrap&oacute;, le impuso su l&oacute;gica que se le escap&oacute;, se le fue de las manos. Combati&oacute; en forma imprevista e improvisada a un poderoso enemigo inasible &#45;los c&aacute;rteles del narcotr&aacute;fico&#45;, que al parecer se reprodujo como nunca, y en forma parad&oacute;jica se extendi&oacute; y potenci&oacute; con cada golpe infringido. La violencia, la inseguridad y el miedo se generalizaron hasta volverse realidades cotidianas del conjunto de la sociedad, en todos los rincones del pa&iacute;s, y ya no s&oacute;lo en algunos estados y municipios como era el caso antes de que el Presidente declarara la guerra al llamado crimen organizado, a diez d&iacute;as apenas del inicio de su r&eacute;gimen. El saldo de alrededor de cien mil muertos es estremecedor; sin duda muchos miembros de los c&aacute;rteles, asesinados en ajustes de cuentas o en enfrentamientos con el Ej&eacute;rcito y la Marina (un convidado sorpresivo), al igual que hombres, mujeres, j&oacute;venes y ni&ntilde;os considerados por el gobierno "da&ntilde;os colaterales", como v&iacute;ctimas que tard&oacute; en reconocer por la presi&oacute;n de la sociedad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No pretendo escribir un art&iacute;culo sobre el tema, m&aacute;s bien me interesa acercarme cr&iacute;ticamente a la literatura m&aacute;s significativa al respecto. Basta mirar los t&iacute;tulos de algunos de los libros m&aacute;s recientes, para percibir la magnitud del desastre que anuncian y tratan de explicar: <i>Los saldos del narco: el fracaso de una guerra; La farsa detr&aacute;s de la guerra contra el narco; Saldos de guerra: las v&iacute;ctimas civiles en la lucha contra el narco y,</i> un poco en tanto contrapunto, <i>La batalla por M&eacute;xico. De Enrique Camarena al Chapo Guzm&aacute;n.</i> Los autores, sobre todo periodistas, pero tambi&eacute;n acad&eacute;micos devenidos funcionarios: Rub&eacute;n Aguilar y Jorge G. Casta&ntilde;eda del primero, Nancy Flores N&aacute;ndez del segundo, V&iacute;ctor Ronquillo del tercero y Jorge Fern&aacute;ndez Men&eacute;ndez redactor del &uacute;ltimo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las razones de la guerra que decidi&oacute; el Presidente, son un misterio, adem&aacute;s del trastrocamiento inesperado de las prioridades estatales que conllev&oacute;. La cuesti&oacute;n del crimen organizado tiene una larga historia en M&eacute;xico; el narcotr&aacute;fico en particular, ni siquiera apareci&oacute; en la campa&ntilde;a electoral del candidato panista como una preocupaci&oacute;n o un reto, ni sucedi&oacute; nada excepcional durante el corto periodo de sucesi&oacute;n que hubiera podido empujar al Presidente por el camino tomado. Existe, empero, un consenso en el sentido de que, como lo enfatizan Aguilar y Casta&ntilde;eda (2012, 13) &#45;ex miembros del gobierno foxista&#45;, se trat&oacute; de una "cruzada pol&iacute;tica; &#91;la cual&#93; se propuso lograr la legitimaci&oacute;n, supuestamente perdida en las urnas y los plantones, a trav&eacute;s de las batallas en las calles y las carreteras &#91;...&#93; ahora pobladas por mexicanos uniformados", lo cual resultaba revelador en el cambio del aire de los tiempos, que resultar&iacute;an en extremo cargados de desasosiego e incertidumbre.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, las elecciones de julio tuvieron un desenlace poco claro; millones de mexicanos consideraban que se hab&iacute;a producido un nuevo fraude electoral. Calder&oacute;n asumi&oacute; el gobierno acorralado, aislado y, sobre todo, resultaba evidente que la legitimidad de su mandato no era reconocida; las dudas al menos pusieron en entredicho lo que apareci&oacute; como una designaci&oacute;n contradictoria y poco fundamentada del tribunal electoral. Por esto, su sostenimiento en las fuerzas armadas y la declaraci&oacute;n de la guerra contra el narcotr&aacute;fico suscitaron muchas lecturas, entre ellas la b&uacute;squeda de reafirmaci&oacute;n, un intento de reforzamiento y legitimaci&oacute;n por otras v&iacute;as, de cualquier forma institucionales. Esta fue de hecho una interpretaci&oacute;n muy generalizada, que luego se fue confirmando durante el resto del sexenio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los autores de <i>Los saldos del narco: el fracaso de una guerra</i> echaron mano de cifras oficiales para evidenciar la superficialidad de los argumentos oficiales, y se dedicaron a desmontar una a una las justificaciones de la guerra que Calder&oacute;n fue formulando, de forma err&aacute;tica, a trav&eacute;s de los a&ntilde;os respecto a la violencia pretendidamente in&eacute;dita, el crecimiento del consumo de drogas, el tr&aacute;nsito y producci&oacute;n de &eacute;stas, as&iacute; como sobre la debilidad de las instituciones. Analizan las pol&iacute;ticas y actitudes de Estados Unidos, el principal consumidor, destacan su permisividad y rechazo a efectuar alg&uacute;n tipo de guerra contra el narcotr&aacute;fico, "conscientes de que los costos y da&ntilde;os de la misma son muy superiores a sus posibles beneficios". Concluyen de entrada: "A pesar de ello, y de que en M&eacute;xico el consumo de drogas era muy bajo, de que se viv&iacute;a la menor violencia de la historia del pa&iacute;s y la menor penetraci&oacute;n del narco en las instituciones del gobierno, Calder&oacute;n opt&oacute;, sin necesidad y fundamento, por la guerra y anunci&oacute; que de esta forma lograr&iacute;a terminar con los c&aacute;rteles, la violencia y el consumo de drogas" (p. 14). Nada de esto consigui&oacute; y, m&aacute;s bien, como aprendiz de brujo, potenci&oacute; y multiplic&oacute; los componentes de un enemigo cada vez m&aacute;s poderoso y difuso, al tiempo que generaliz&oacute; la violencia, la inseguridad y el propio consumo de drogas que siguieron abasteciendo sobre todo <i>al otro lado,</i> al voraz consumidor del norte.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el primer cap&iacute;tulo analizan 14 a&ntilde;os de mediciones sobre el consumo de drogas en M&eacute;xico, lo comparan con el de otros pa&iacute;ses y con mediciones internacionales, y concluyen que aqu&iacute; el consumo ha sido y contin&uacute;a siendo bajo (antes y ya con la guerra adelantada), por lo que "la guerra que la presente administraci&oacute;n decidi&oacute; dar contra el narcotr&aacute;fico no se puede justificar por un mayor consumo (el cual es inexistente), ni por la presi&oacute;n del narcomenudeo" (p. 63). Desmenuzan los &iacute;ndices oficiales de la violencia en todo el pa&iacute;s, y concluyen que al iniciar el Gobierno de Felipe Calder&oacute;n "el pa&iacute;s viv&iacute;a la menor violencia en su historia" (p. 70), la cual se disparar&iacute;a y multiplicar&iacute;a precisamente al ritmo de la ofensiva militar: "el auge de la violencia o la inseguridad en M&eacute;xico fue resultado de la guerra declarada por Calder&oacute;n" (p. 73). No s&oacute;lo result&oacute; un fracaso, sino que gener&oacute; males incluso mayores, pues la percepci&oacute;n y responsabilidad de la violencia se traslad&oacute; hacia las fuerzas armadas por violaciones frecuentes a los derechos humanos. No deja de llamar la atenci&oacute;n que para nada cuestionen las cifras que retoman, ni se pregunten sobre la forma en que surgieron.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aguilar y Casta&ntilde;eda destacan que el despliegue de los m&aacute;s de 50 mil miembros del Ej&eacute;rcito y la Marina y la duplicaci&oacute;n de los efectivos de la Polic&iacute;a federal no lograron reducir la violencia ni la inseguridad en el pa&iacute;s y, en cambio, se descuidaron las labores de destrucci&oacute;n de plant&iacute;os y decomisos de drogas, lo que implic&oacute; una notable expansi&oacute;n de los territorios dedicados al cultivo; esto contradice las publicitadas afirmaciones de Calder&oacute;n de que pasaba lo contrario. Tambi&eacute;n rechazan que sean v&aacute;lidas las justificaciones del Presidente que alud&iacute;an a la excepcional p&eacute;rdida del control territorial y la penetraci&oacute;n del narcotr&aacute;fico en las instituciones y en los medios pol&iacute;ticos, y subrayan m&aacute;s bien que en realidad esas eran constantes que se hab&iacute;an debilitado en los &uacute;ltimos gobiernos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En lo que podr&iacute;a considerarse una segunda parte del libro, los autores se enfocan en el otro lado de la frontera, analizan las pol&iacute;ticas y pr&aacute;cticas estadounidenses se&ntilde;alando c&oacute;mo se mantiene un mercado estable de las drogas (y las armas), no alterado por la tremenda guerra que Calder&oacute;n puso en pr&aacute;ctica en M&eacute;xico. El desaf&iacute;o de la venta y consumo de drogas lo enfrenta el Gobierno de Estados Unidos como "un problema social cuya soluci&oacute;n depende, en buena medida, de las instituciones de salud p&uacute;blica", mientras que el mexicano lo enfoca como "un problema de seguridad", y enfatizan: "La estrategia de Zedillo, Fox y Calder&oacute;n ha sido la misma; lo que ha variado es la intensidad en su ejecuci&oacute;n" (p. 121), argumento que no deja de ser significativo trat&aacute;ndose de ex funcionarios que buscan deslindarse y criticar. En fin, hacen un repaso un tanto apresurado de la experiencia colombiana, de donde desprenden las alternativas posibles: atacar los da&ntilde;os colaterales (secuestro, homicidio, extorsi&oacute;n, asalto, robo), reducir el da&ntilde;o (cambiando el enfoque de seguridad por el de salud p&uacute;blica), cabildear en Estados Unidos y construir una polic&iacute;a nacional. En el fondo, no perciben m&aacute;s que una fatalidad que s&oacute;lo se puede matizar, atenuar, con pol&iacute;ticas siempre ligadas sin remedio a los vecinos del norte; se trata de administrar un problema, m&aacute;s que resolverlo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nancy Flores, por su parte, confronta en <i>La farsa detr&aacute;s de la guerra contra el narco</i> el discurso presidencial sobre la guerra, sus desarrollos y resultados, con hechos y datos institucionales que van demostrando mentiras, equivocaciones, montajes, el fracaso oficial nunca reconocido. Para la autora, hay una "farsa discursiva" que se combina con una "guerra social"; "un doble r&eacute;gimen de violencia: el de los c&aacute;rteles y el de las fuerzas armadas y del orden:</font></p>  	    <blockquote> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">A los primeros se les atribuyen asesinatos, secuestros, levantones, trata de personas, prostituci&oacute;n infantil, venta y tr&aacute;fico de drogas il&iacute;citas, de personas, armas y animales; pero como espejo de esa ilegalidad, tambi&eacute;n hay reportes de que los militares ejecutan extrajudicialmente civiles, cometen violaciones sexuales, detenciones y allanamientos al margen de la ley, amenazas, desapariciones forzadas y uso de comandos especiales clandestinos, entre otros actos violatorios de los derechos humanos que recuerdan la siniestra guerra sucia que padecieron mexicanos en las d&eacute;cadas de 1969 y 1970 (2012, 25).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tesis de Flores N&aacute;ndez es que junto con la pretendida guerra contra el narcotr&aacute;fico se realiza una verdadera guerra social contra defensores de los derechos humanos, luchadores sociales y periodistas. De ah&iacute; que la estrategia gubernamental contra el narcotr&aacute;fico asuma tambi&eacute;n un car&aacute;cter contrainsurgente. El resultado se traduce en una "tragedia humanitaria" con m&aacute;s de 50 mil v&iacute;ctimas mortales (los "da&ntilde;os colaterales" de Calder&oacute;n), entre los que ella percibe 147 cr&iacute;menes pol&iacute;ticos; en su obra se esfuerza por desmistificar el discurso oficial, lo confronta, revela sus contradicciones y trata de leer su trasfondo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el cap&iacute;tulo "Los enemigos p&uacute;blicos", la autora ironiza con la desproporci&oacute;n que se da entre el triunfalismo presidencial sobre los buscados, capturados y encarcelados y los m&aacute;s de 70 mil soldados y marinos involucrados por el gobierno:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En t&eacute;rminos estad&iacute;sticos, para la detenci&oacute;n de cada uno de esos capos &#91;13, que menciona&#93; se necesitaron 5 384 militares; y por cada 53 efectivos del Ej&eacute;rcito y la Secretar&iacute;a de Marina enrolados en la guerra se gener&oacute; una consignaci&oacute;n exitosa de sus c&oacute;mplices, ahora procesados judicialmente por delincuencia organizada, delitos contra la salud y operaciones con recursos de procedencia il&iacute;cita.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de informaci&oacute;n de la Procuradur&iacute;a General de la Rep&uacute;blica, abunda en que "los 1 306 consignados entre diciembre de 2006 y febrero de 2010 &#45;que tienen v&iacute;nculos comprobables con alg&uacute;n c&aacute;rtel de la droga&#45; representan apenas 1.12 por ciento de los 121 199 que, para ese mismo lapso, report&oacute; el presidente Felipe Calder&oacute;n a los legisladores federales" (pp. 33 y 34).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En "Para&iacute;so de la impunidad", Nancy Flores documenta c&oacute;mo hay varios delitos que no se persiguen, a pesar de las reiteradas declaraciones presidenciales, por lo que se encuentran en <i>situaci&oacute;n de impunidad</i> como: el secuestro, la asociaci&oacute;n delictuosa, la pornograf&iacute;a infantil, el tr&aacute;fico de personas, el lavado de dinero, el tr&aacute;fico de &oacute;rganos, el lenocinio de menores y la corrupci&oacute;n, central en la lucha contra la criminalidad. Mientras m&aacute;s el Presidente trata de justificar su estrategia de guerra, resultan m&aacute;s evidentes sus insuficiencias y riesgos, la incapacidad de resolver de origen las causas de fondo, no s&oacute;lo las sociales, sino de arrancar las ra&iacute;ces que nutren el problema, que sin duda se encuentran en la descomposici&oacute;n del propio aparato estatal, caracterizado desde siempre por la corrupci&oacute;n multiforme. Ejemplo de ello son las complicidades financieras con el crimen organizado, que facilitan el lavado de dinero, donde empresarios y funcionarios se relacionan y confunden con los narcotraficantes en un mercado sin fronteras muy rentable. Los montos son descomunales, las vinculaciones se conocen por parte de las autoridades gubernamentales, pero no se persiguen; ni en Estados Unidos ni en M&eacute;xico se hace nada al respecto, a pesar de ser b&aacute;sico en la lucha contra el crimen organizado (p. 95 y ss). Los cinco c&aacute;rteles mexicanos m&aacute;s importantes encuentran as&iacute; el terreno propicio que ha posibilitado no s&oacute;lo su prosperidad, sino tambi&eacute;n su proyecci&oacute;n y desarrollo internacionales que van en aumento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la segunda parte, Nancy Flores analiza los costos humanos y econ&oacute;micos en su tesis sobre la guerra social, que asume la forma de una nueva <i>guerra sucia</i> que &#45;a diferencia de los a&ntilde;os sesenta y ochenta&#45; no es s&oacute;lo contra luchadores, l&iacute;deres sociales, pol&iacute;ticos, periodistas y guerrilleros, sino que "tambi&eacute;n se ejecuta a personas sin activismo social o pol&iacute;tico". Es un escenario que alcanza a cualquiera, a todos, en forma indiscriminada, amenazados con volverse posibles "da&ntilde;os colaterales", c&oacute;mplices presuntos o v&iacute;ctimas; incluso a j&oacute;venes, adolescentes y ni&ntilde;os levantados, desaparecidos, asesinados. Los grupos paramilitares surgen en el contexto de la guerra contra las drogas, y lo mismo las caravanas de la muerte que se ocupan de la "limpieza social": ejecuciones selectivas de presuntos delincuentes, adictos, estudiantes, disidentes y civiles.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La guerra del presidente Calder&oacute;n potenci&oacute; por igual a dos negocios lucrativos: "la milicia nacional y la industria armamentista extranjera". Un enorme derroche de recursos se escuda en las pretendidas necesidades de la guerra, sostenidas, seg&uacute;n la autora, "por tres principios b&aacute;sicos de los conflictos b&eacute;licos que est&aacute;n presentes en el mexicano: reactivar la econom&iacute;a nacional, legitimar al gobierno y reprimir las movilizaciones sociales" (p. 125). Los incrementos presupuestales desmesurados para las instancias institucionales involucradas en la guerra (multiplicados por ocho durante el r&eacute;gimen de Calder&oacute;n), no perjudican ni disminuyen las ganancias desmedidas lavadas por los c&aacute;rteles. Ella desmiente la publicidad presidencial que les concede a &eacute;stos mayores y mejores armas, como justificaci&oacute;n de una verdadera carrera armamentista sin controles, desarrollada por el gobierno y en favor de la corrupci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como parte de la guerra social, los j&oacute;venes y adolescentes enfrentan una situaci&oacute;n que los condena a la precariedad: "parecen tener solamente tres opciones: unirse a las filas de la delincuencia, entregarse a las adicciones o sobrevivir a duras penas, explotados en un mercado laboral cada vez m&aacute;s agresivo" (p. 149). Ni&ntilde;os y ni&ntilde;as son reclutados por los c&aacute;rteles, los primeros para trabajar como vigilantes, para el traslado de droga o incluso como sicarios, y las ni&ntilde;as sobre todo en el empaquetado de la droga. Es uno de los aspectos m&aacute;s dram&aacute;ticos de la estela actual del crimen organizado: j&oacute;venes y ni&ntilde;os de ambos sexos ligados de diversas formas y grados a las actividades criminales o incluso devenidos sicarios, como pretendida tabla de salvaci&oacute;n de una situaci&oacute;n sin remedio, en un contexto que los ahoga. Un r&eacute;gimen y una sociedad que de antemano los desecha como poblaciones prescindibles, sin futuro, en tanto "ninis" (que <i>ni</i> estudian <i>ni</i> trabajan <i>ni</i> son protegidos de forma alguna), abandonados sin esperanzas ni futuro, donde algunos sin embargo quieren apurar el paso con sue&ntilde;os alimentados por las expectativas ef&iacute;meras que conlleva el ingreso al mundo del crimen organizado.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En <i>La farsa detr&aacute;s de la guerra contra el narco</i> se aborda con iron&iacute;a y amargura al "buen vecino", se&ntilde;ala que "el principal promotor de la guerra antidrogas en M&eacute;xico (Estados Unidos) ha legalizado cientos de millones de d&oacute;lares a los criminales a cambio de cuotas" (p. 159). Luego de una revisi&oacute;n de sus pol&iacute;ticas, acciones, ayudas y complicidades con el gobierno de este pa&iacute;s, acota que "mientras los hogares mexicanos se enlutan, en Estados Unidos se consolida el mercado de drogas il&iacute;citas, las armas y el lavado de dinero" (p. 173).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como colof&oacute;n, la autora recuerda que "la econom&iacute;a de la criminalidad es, sin duda alguna, parte de la econom&iacute;a capitalista" y que la Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas calific&oacute; en 2010 a los c&aacute;rteles mexicanos como "superpotencia". En efecto, &eacute;stos tienen el doble car&aacute;cter de mafias criminales y negocios rentables (al igual que el mercado de armas y la econom&iacute;a informal), y su difusi&oacute;n por el planeta &#45;de m&aacute;s en m&aacute;s interconectado y comunicado&#45; tiene mucho que ver con la universalizaci&oacute;n de mercados cada vez m&aacute;s libres e incontrolados (desregularizados) y, en general, con la mundializaci&oacute;n de la econom&iacute;a capitalista.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La guerra contra el narcotr&aacute;fico se revela, para Flores N&aacute;ndez, como una simulaci&oacute;n ante la ausencia contundente de resultados positivos: "Es evidente que el desmantelamiento de la industria de las drogas no es el objetivo que persigue la pol&iacute;tica de seguridad, pues no la ha menoscabado en ning&uacute;n sentido. Lo que s&iacute; ha hecho, y muy bien, es desgarrar el tejido social" (p. 176). Son conclusiones tremendas, que no dejan de expresar un sentimiento generalizado de una sociedad conmocionada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">V&iacute;ctor Ronquillo, reconocido especialista en los temas relacionados con el crimen organizado, en <i>Los saldos de la guerra</i> hace un minucioso recorrido por los denominados "da&ntilde;os colaterales", que no han dejado de ocurrir desde los terribles d&iacute;as de la <i>guerra sucia</i> del M&eacute;xico de Luis Echeverr&iacute;a (1970&#45;1976). Persecuciones, desapariciones forzadas, homicidios, tortura, violaciones de mujeres, simulaciones judiciales, mentiras y falsificaciones dieron forma a una violencia que desde entonces no ha cesado y donde los actores son los mismos (Ej&eacute;rcito, cuerpos especiales, paramilitares), por m&aacute;s que haya cambiado en cierta medida el marco legal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una violencia que, por lo dem&aacute;s, fue un elemento constitutivo de las relaciones sociales en extremo desiguales e injustas que predominan en M&eacute;xico desde siempre, en particular fruto de un Estado emergido de una guerra civil en extremo cruenta (la de 1910&#45;1920), que construy&oacute; un orden social y un r&eacute;gimen pol&iacute;tico ajenos a la democracia, sostenidos en la intolerancia, la cerraz&oacute;n y la consiguiente reproducci&oacute;n de distintas formas de violencia (Anguiano 2010, 19 y ss.). Una violencia de Estado que con el tiempo se trasmina al conjunto de la sociedad, asume formas extra estatales (paramilitares) y privadas (guardias blancas o incluso servicios de seguridad en venta), que el propio gobierno convalid&oacute; y promovi&oacute; hasta desembocar en la expansiva violencia criminal de los c&aacute;rteles del narcotr&aacute;fico; un Estado al que se le escapa el monopolio de la violencia ya no tan leg&iacute;tima.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La guerra contra el narcotr&aacute;fico, en opini&oacute;n de Ronquillo, no comenz&oacute; con Felipe Calder&oacute;n sino con Ronald Reagan, en los a&ntilde;os ochenta, y la intervenci&oacute;n de las fuerzas armadas en su combate principi&oacute; con Carlos Salinas de Gortari. Ernesto Zedillo y Vicente Fox continuaron con la misma estrategia de aumentar la intervenci&oacute;n militar en las labores policiacas; Felipe Calder&oacute;n la intensific&oacute; y la dirigi&oacute; supuestamente hacia "la b&uacute;squeda y recuperaci&oacute;n de territorios dominados por el crimen organizado" (pp. 85 y 86).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La estrategia de guerra contra los c&aacute;rteles (incluso la militarizaci&oacute;n) viene del norte y se proyecta para largo plazo. La violencia que conlleva deteriora el tejido social, "la zozobra determina los modos de vida" (p. 88). La impunidad, el crimen y la represi&oacute;n acarrean la descomposici&oacute;n social, como en el caso paradigm&aacute;tico de Ciudad Ju&aacute;rez, Chihuahua, devenida la ciudad m&aacute;s violenta del mundo. Su situaci&oacute;n es inquietante; de repente las disputas sangrientas de los c&aacute;rteles, los cr&iacute;menes masivos y la violencia generalizada provocaron su vaciamiento, muchos de sus habitantes emigraron a ciudades del sur o del centro del pa&iacute;s, otros pasaron a residir <i>al otro lado,</i> a El Paso. Por todas partes, Ciudad Ju&aacute;rez comenz&oacute; a convertirse en una ciudad fantasma, abandonada, con casas cerradas a piedra y lodo, en venta incierta, negocios clausurados de la noche a la ma&ntilde;ana, calles desoladas, una econom&iacute;a dislocada, vida social y cultural venidas a menos, bajo amenaza. Decenas de miles (o incluso cientos de miles) de desplazados de guerra que nadie cuenta ni percibe. El miedo surcando la ciudad, una atm&oacute;sfera cargada de incertidumbre e inseguridad tal vez sea lo que quede en el recuerdo de los d&iacute;as del Gobierno de Felipe Calder&oacute;n por los rumbos de esa cicatriz, de esa herida abierta que representa pr&aacute;cticamente toda la frontera norte del pa&iacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Luego del terror desatado, a principios de 2010, Ciudad Ju&aacute;rez se convirti&oacute; en "la ciudad m&aacute;s vigilada del mundo", con visitas y programas especiales del propio presidente Calder&oacute;n (Todos Somos Ju&aacute;rez), quien tuvo que enfrentar a familiares de las v&iacute;ctimas criminalizadas y hasta ofrecer disculpas (Monsiv&aacute;is 2010a y 2010b). Las operaciones y fuerzas invertidas masivamente por el gobierno federal no lograron recuperar el territorio dominado por el crimen organizado, ni abatir la impunidad que lo acompa&ntilde;a. Sus programas de pretendido apoyo econ&oacute;mico y desarrollo social fueron rechazados por la propia poblaci&oacute;n desenga&ntilde;ada y esc&eacute;ptica. Hartos de promesas oficiales y ausencia de resultados, los juarenses se empezaron a movilizar para recuperar y defender su ciudad convulsionada (Torrea 2012); del narco, de los asesinatos seriales de mujeres acusadas de provocar su propia muerte ("se lo buscaban"), nada menos que por Francisco Barrio Terrazas, el primer gobernador panista de Chihuahua (1992&#45;1998), como lo recuerda Jorge Fern&aacute;ndez Men&eacute;ndez (2012, 36). Los feminicidios son considerados por Ronquillo como expresi&oacute;n de la "ineficaz procuraci&oacute;n de justicia en M&eacute;xico", como "cruel representaci&oacute;n del deterioro social". La guerra del Presidente de la rep&uacute;blica, la presencia masiva de los operativos de las fuerzas de seguridad no contienen a los c&aacute;rteles, pero tampoco al feminicidio, que prosigue tan campante: "Hasta los primeros meses de 2010 ya hab&iacute;an desaparecido 24 mujeres" (p. 135). Junto a ellas, los j&oacute;venes mueren como moscas (134 asesinados en 2009, 22 menores de 13 a&ntilde;os).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Peor todav&iacute;a, la ciudad agrava su situaci&oacute;n de inseguridad con el aumento de toda suerte de robos, extorsiones y delitos menores cometidos ya no s&oacute;lo por los c&aacute;rteles, sino tambi&eacute;n por integrantes de las fuerzas de seguridad federales, llegadas en forma masiva como fuerzas de ocupaci&oacute;n. La violencia cotidiana que no cesa, transforma la vida de los miembros de la sociedad que a final de cuentas no huyen y deben resignarse a vivir en condiciones de riesgo, como testigos y v&iacute;ctimas, pero igualmente dispuestos a no dejarse, a sobrevivir en la adversidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero si Ciudad Ju&aacute;rez fue atrapada por el torbellino de la violencia extrema y el Estado de excepci&oacute;n, antes lo fue Baja California, en particular Tijuana, sigui&oacute; Tamaulipas donde la mayor&iacute;a de sus ciudades ca&iacute;an una tras otras en crisis de seguridad por la guerra contra el narco (De la O y Flores &Aacute;vila 2012). Asimismo, Nuevo Le&oacute;n, Coahuila, Durango y los viejos enclaves que no dejan de vivir en id&eacute;nticas condiciones de riesgo como Sinaloa. Ya no s&oacute;lo la frontera norte y las v&iacute;as del trasiego de las drogas, Guerrero, Oaxaca, Michoac&aacute;n, Veracruz y Morelos, sino todo el territorio nacional convertido en zona de guerra. Testigos y v&iacute;ctimas de confrontaciones armadas, en especial del c&aacute;rtel del Golfo y los Zetas, se convierten por igual en v&iacute;ctimas, "da&ntilde;os colaterales", de los enfrentamientos entre los grupos criminales y las fuerzas de seguridad, sobre todo del Ej&eacute;rcito y la Marina, fuera tambi&eacute;n de su &aacute;mbito constitucional de acci&oacute;n. Una guerra que al extenderse y reproducirse revela por lo dem&aacute;s las redes de corrupci&oacute;n y las complicidades perversas que la vuelven incierta, sin soluciones factibles. Toda la naci&oacute;n vive el desgarramiento de su tejido social, la degradaci&oacute;n de su convivencia social, sometida a la cotidianidad del desasosiego y el temor generados por la inseguridad, el terror criminal y sus secuelas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Luego de delinear la geograf&iacute;a de la violencia, V&iacute;ctor Ronquillo aborda la persistente "tortura como m&eacute;todo de fabricaci&oacute;n de culpables. El recurso para ocultar la ineficacia, la ausencia de una aut&eacute;ntica investigaci&oacute;n". Y concluye: "Por la fuerza del dolor se llega a la delaci&oacute;n. Luego viene el montaje con personajes que desempe&ntilde;an roles en ese drama de falsa legalidad" que caracteriza a M&eacute;xico (p. 161).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al final del libro, el autor dibuja el contenido de la "caja de Pandora" en que se ha convertido M&eacute;xico: alcaldes asesinados, vidas desechables, j&oacute;venes acechados por la muerte, depredadores de la libertad de prensa, desplazados por la violencia, los dineros y ej&eacute;rcitos del narco, el narcomenudeo, las mujeres del narco (las presas, sus roles y angustias), el narco terror y la narco insurgencia, sus jornaleros y pandillas, para concluir con la crisis de seguridad p&uacute;blica. Un trabajo de periodismo de investigaci&oacute;n que dibuja los trazos de un paisaje desolador.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>La batalla por M&eacute;xico,</i> de Jorge Fern&aacute;ndez Men&eacute;ndez, en cierta medida es un contrapunto de los tres libros comentados. De entrada aclara que el narcotr&aacute;fico le interesa "como un factor de poder", y tal vez por esto se dilata haciendo una radiograf&iacute;a de vinculaciones e irrupciones de los c&aacute;rteles en la esfera p&uacute;blica, en el &aacute;mbito de las instituciones, esto es, del poder. Vinculaciones y complicidades con los c&aacute;rteles de personajes e instituciones, lo mismo en las cumbres del poder (como el general Jes&uacute;s Guti&eacute;rrez Rebollo, zar antidrogas, o el gobernador de Quintana Roo, Mario Villanueva Madrid), que en los estratos m&aacute;s bajos. En un largo recuento relata la historia de esas complicidades pr&aacute;cticamente desde mediados de los a&ntilde;os setenta, al tiempo que estudia la evoluci&oacute;n, contradicciones, rupturas, divisiones y enfrentamientos entre los c&aacute;rteles. Siempre est&aacute;n presentes pol&iacute;ticas y relaciones de colaboraci&oacute;n entre gobernantes estadounidenses y mexicanos, que tejen la conflictiva trama. Incluso explora la conexi&oacute;n mexicana en el famoso esc&aacute;ndalo Ir&aacute;n&#45;contra, que cimbr&oacute; al Gobierno de Estados Unidos cuando, en su combate contra el sandinismo, "los ranchos de los narcotraficantes mexicanos serv&iacute;an para entrenar a la Contra nicarag&uuml;ense y, a cambio, ellos transportaban drogas desde Centroam&eacute;rica, sobre todo desde Honduras y Nicaragua. Los aviones iban con armas para los Contras y regresaban con coca&iacute;na para el consumo estadounidense" (p. 16). Se ocupa tambi&eacute;n de la hip&oacute;tesis del involucramiento del narcotr&aacute;fico en el asesinato, en 1994, del candidato presidencial del PRI, Luis Donaldo Colosio y su secretario general, Jos&eacute; Francisco Ruiz Massieu, aunque no profundiza.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fern&aacute;ndez Men&eacute;ndez retoma como v&aacute;lidos la mayor&iacute;a de los argumentos del presidente Calder&oacute;n, con los que trat&oacute; de justificar su estrategia de guerra contra el narcotr&aacute;fico. Sin un dejo de duda, asume las cifras que va mostrando o formulando el gobierno &#45;a trav&eacute;s de su vasta publicidad&#45; sobre el consumo, el incremento de la producci&oacute;n, el control territorial, la violencia, etc&eacute;tera, cuestionadas con precisi&oacute;n (o sujetas a matices o dudas) por varios de los autores antes mencionados. Es el &uacute;nico que explica el lance guerrero de Calder&oacute;n, y al inicio de su r&eacute;gimen lo coloca en una situaci&oacute;n de verdadera crisis de seguridad por los avances de los c&aacute;rteles y su incidencia en la sociedad como en las instituciones. Observa una situaci&oacute;n de alarma en la que el Presidente no ten&iacute;a de otra; era una "guerra necesaria", enfatiza (p. 155). Tambi&eacute;n retoma como v&aacute;lidas las noticias triunfalistas sobre los &eacute;xitos materiales de la guerra, (capturas, decomisos, etc&eacute;tera), sin ponderar ni confrontar datos, como lo hacen otros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Empero, el autor realiza algunas cr&iacute;ticas dirigidas a evidenciar incongruencias, fallas, "insuficiencias t&aacute;cticas y estrat&eacute;gicas" y una "mala pol&iacute;tica de medios". De hecho, destaca c&oacute;mo el involucramiento masivo de las fuerzas armadas y el objetivo de capturar a los principales capos romp&iacute;an y fragmentaban las grandes redes, pero la inseguridad y la violencia aumentaban y se difund&iacute;an: "La violencia crece en las calles en la misma proporci&oacute;n que las grandes redes se van desarticulando" (p. 31). Fern&aacute;ndez Men&eacute;ndez concluye con Calder&oacute;n: "Son dos batallas, dos procesos, dos guerras &#91;...&#93; que se entrecruzan, pero que se libran por separado: la de los grandes c&aacute;rteles y las principales rutas, por una parte, la de las calles, las colonias, las escuelas, la del narcoconsumo, la extorsi&oacute;n y el secuestro" (pp. 32 y 33). Una visi&oacute;n muy distinta a la que, por ejemplo, fundamentan Rub&eacute;n Aguilar y Jorge G. Casta&ntilde;eda, con prop&oacute;sitos encontrados por supuesto; &eacute;stos como condena, aqu&eacute;l como justificaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al final, Jorge Fern&aacute;ndez Men&eacute;ndez se pregunta si hace falta un cambio de estrategia, y responde con una entrevista a un Felipe Calder&oacute;n orgulloso de sus pol&iacute;ticas. Es claramente, sin resquicios de duda, un periodismo acomodaticio, al servicio del poder en turno, cualquiera que sea el partido o el presidente a cargo. Una l&aacute;stima, pues se trataba de un periodista autor de libros informados e interesantes, si bien <i>La batalla por M&eacute;xico</i> es un p&aacute;lido reflejo de sus audiciones cotidianas en la televisi&oacute;n mexicana <i>(Todo personal,</i> Canal 40).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como puede verse, la estrategia de guerra de Calder&oacute;n y sus saldos son cuestiones abiertas, que seguir&aacute;n suscitando investigaciones y debates. Al menos en los autores considerados falta, tal vez, un an&aacute;lisis de los significados y consecuencias m&aacute;s de car&aacute;cter pol&iacute;tico, que de consideraciones electorales o apuestas de legitimaci&oacute;n, que en efecto considero pertinentes. No s&oacute;lo acerca de las complicidades del poder, sus perversiones y distorsiones, sino tambi&eacute;n sobre los trasfondos no confesados, los objetivos duraderos que las c&uacute;pulas del poder no dejaron de perseguir en la perspectiva de una crisis pol&iacute;tica que no encuentra su desenlace, y en cambio se complica en un conflictivo proceso de descomposici&oacute;n. Los libros comentados, empero, van m&aacute;s all&aacute; de la simple descripci&oacute;n o la cr&oacute;nica superficial, que abundan y hasta se han puesto de moda. Merecen ser le&iacute;dos y analizados, pues en la confrontaci&oacute;n aportan elementos, tal vez todav&iacute;a insuficientes, para comprender la problem&aacute;tica del crimen organizado y en especial el sentido y el balance de la guerra que asol&oacute; al pa&iacute;s durante el mandato de Felipe Calder&oacute;n Hinojosa, sobre todo las secuelas de una militarizaci&oacute;n que ser&aacute; dif&iacute;cil desmontar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta guerra, el Presidente se revel&oacute; como aut&eacute;ntico aprendiz de brujo; m&aacute;s que rescatar e imponer la seguridad perdida en ciertas regiones o estados sensibles, por las acciones del crimen organizado, lo que hizo fue <i>generalizar la inseguridad en todo el pa&iacute;s.</i> Lo que s&iacute;, esto no fue un resultado inesperado, imprevisto, sino producto de una <i>estrategia de Estado</i> deliberada, destinada a imponer la <i>inseguridad como modo de vida que requiere la protecci&oacute;n estatal,</i> a <i>promover el miedo y la par&aacute;lisis,</i> esto es el <i>conformismo,</i> el sometimiento resignado de la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n, independientemente de las clases a las que pertenezca. El gobierno conservador, con la coartada de la guerra contra el crimen organizado, impuls&oacute; la intervenci&oacute;n cotidiana, la presencia masiva y generalizada de las fuerzas armadas en labores que rebasan y contradicen las disposiciones de la Constituci&oacute;n. Las luchas reivindicativas contra la explotaci&oacute;n, la precarizaci&oacute;n y el despojo, el rechazo a las mascaradas democr&aacute;ticas de la clase pol&iacute;tica y las exigencias de libertades usurpadas no caben en un M&eacute;xico militarizado, sujeto a reglas arbitrarias y un Estado de sitio virtual. Como consecuencia, la vida nacional se trastoca, se desgarra en medio de una atm&oacute;sfera catastrofista reproducida noche y d&iacute;a por los medios (con su alcance cada vez m&aacute;s avasallador) y los gobiernos, destinada a regir mediante el sometimiento temeroso de la poblaci&oacute;n y la amenaza a toda disidencia, que corre el riesgo de devenir "da&ntilde;o colateral".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La centralidad de la guerra conlleva invariablemente un endurecimiento del autoritarismo, el redimensionamiento del peso y el papel de las fuerzas armadas, la <i>legalidad a modo</i> que desacredita a todo el aparato judicial y de procuraci&oacute;n de justicia, las libertades acotadas y la violaci&oacute;n recurrente de los derechos humanos, tal y como lo vivimos durante el sexenio de Calder&oacute;n. El <i>Estado de derecho</i> nunca ha sido una realidad en M&eacute;xico y con la militarizaci&oacute;n se deja como una simple aspiraci&oacute;n a futuro, mientras el <i>Estado de excepci&oacute;n</i> y sus reglas arbitrarias se justifican, ahora bajo la figura del Estado de seguridad. La Constituci&oacute;n, las leyes, las normas y la justicia se violentan todav&iacute;a m&aacute;s y el conjunto de las instituciones estatales prosiguen su acelerada p&eacute;rdida de confianza y credibilidad, y se prefigura una suerte de Estado policiaco.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Concluida la pesadilla que represent&oacute; el sexenio de Felipe Calder&oacute;n Hinojosa, todav&iacute;a no se aclara ni se observa el sentido del cambio de pol&iacute;ticas prometido por Enrique Pe&ntilde;a Nieto, el nuevo presidente de la rep&uacute;blica. La incertidumbre y la inseguridad contin&uacute;an presentes, pero Calder&oacute;n corre el riesgo de ser enjuiciado en la Corte Penal Internacional, donde fue demandado por el abogado mexicano Netza&iacute; Sandoval, respaldado por m&aacute;s de 23 mil firmas. Se responsabiliza al Estado mexicano, en particular a su entonces mandatario, por <i>cr&iacute;menes de lesa humanidad</i> como violaciones sexuales, perpetradas por elementos del Ej&eacute;rcito; por secuestro y "esclavizaci&oacute;n" de migrantes indocumentados por funcionarios, en colaboraci&oacute;n con grupos de delincuentes; homicidios de civiles en retenes militares; desapariciones forzadas; uso de tortura y ejecuciones extra judiciales. Los grupos delictivos como el c&aacute;rtel de Sinaloa, tambi&eacute;n demandado, han afianzado un extenso control territorial, con ej&eacute;rcitos propios que realizaron incontables ejecuciones, amputaciones, decapitaciones e incluso el reclutamiento de menores de edad y ataques contra objetivos civiles (Camacho Serv&iacute;n 2011).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La trama de la guerra contra el narcotr&aacute;fico en M&eacute;xico prosigue inconclusa. Las ondas de choque de la improvisada y err&aacute;tica estrategia del presidente Felipe Calder&oacute;n no dejar&aacute;n de acarrear consecuencias duraderas e impredecibles.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aguilar, Rub&eacute;n y Jorge G. Casta&ntilde;eda. 2012. <i>Los saldos del narco: el fracaso de una guerra.</i> M&eacute;xico: Punto de Lectura.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6452504&pid=S1870-3925201400060001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Anguiano, Arturo. 2010. <i>El ocaso interminable. Pol&iacute;tica y sociedad en el M&eacute;xico de los cambios rotos.</i> M&eacute;xico: Era.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6452506&pid=S1870-3925201400060001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Camacho Serv&iacute;n, Fernando. 2011. Demandan a Calder&oacute;n en La Haya por "delitos de lesa humanidad". <i>La Jornada.</i> 26 de noviembre. <a href="http://www.jornada.unam.mx/2011/11/26/politica/005n1pol" target="_blank">http://www.jornada.unam.mx/2011/11/26/politica/005n1pol</a> (3 de octubre de 2013).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6452508&pid=S1870-3925201400060001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">De la O, Mar&iacute;a Eugenia y Alma Leticia Flores &Aacute;vila. 2012. Violencia, j&oacute;venes y vulnerabilidad en la frontera noreste de M&eacute;xico. <i>Desacatos</i> (38): 1 1&#45;28.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6452510&pid=S1870-3925201400060001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fern&aacute;ndez Men&eacute;ndez, Jorge. 2012. <i>La batalla por M&eacute;xico. De Enrique Camarena al Chapo Guzm&aacute;n.</i> M&eacute;xico: Taurus.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6452512&pid=S1870-3925201400060001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Flores N&aacute;ndez, Nancy. 2012. <i>La farsa detr&aacute;s de la guerra contra el narco.</i> M&eacute;xico: Oc&eacute;ano.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6452514&pid=S1870-3925201400060001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Monsiv&aacute;is, Carlos. 2010a. La culpa es de los muertos. <i>El Universal.</i> 7 de febrero.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45&#45&#45&#45&#45&#45&#45&#45&#45&#45; . 2010b. Disc&uacute;lpeme, no le puedo dar la bienvenida. <i>El Universal.</i> 14 de febrero.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ronquillo, V&iacute;ctor. 2011. <i>Saldos de guerra: las v&iacute;ctimas civiles en la lucha contra el narco.</i> M&eacute;xico: Temas de Hoy.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6452518&pid=S1870-3925201400060001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Torrea, Judith. 2011. <i>Ju&aacute;rez en la sombra. Cr&oacute;nicas de una ciudad que se resiste a morir.</i> M&eacute;xico: Aguilar.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6452520&pid=S1870-3925201400060001100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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