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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Ex libris</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>&iquest;La l&oacute;gica del populismo o el populismo bajo otra l&oacute;gica?</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Jos&eacute; Ruiz Valerio*</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Laclau, E. (2005). <i>La raz&oacute;n populista.</i> Buenos Aires: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Escuela de Graduados en Administraci&oacute;n P&uacute;blica y Pol&iacute;tica P&uacute;blica (EGAP), ITESM, Campus Monterrey.</i> <a href="mailto:jfrv@itesm.mx">jfrv@itesm.mx</a></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El populismo ha sido abordado, a lo largo del tiempo, desde distintas perspectivas anal&iacute;ticas. Mientras que algunos lo analizan como una etapa vinculada con los procesos de modernizaci&oacute;n de los pa&iacute;ses perif&eacute;ricos (Germani<sup><a href="#nota">1</a></sup>, Ionescu y Gellner<sup><a href="#nota">2</a></sup>); otros lo ligan con el papel del Estado, ya sea para introducir al capital y las clases sociales en la transici&oacute;n hacia el capitalismo (Ianni<sup><a href="#nota">3</a></sup>), para garantizar el desarrollo dependiente (Cardoso y Faletto<sup><a href="#nota">4</a></sup>), o para apoyar a las burgues&iacute;as, d&eacute;biles a la hora de imponer su hegemon&iacute;a (Weffort y Quijano<sup><a href="#nota">5</a></sup>); algunos lo analizan como un tipo particular de discurso pol&iacute;tico (De Ippola<sup><a href="#nota">6</a></sup>, Sigal y Ver&oacute;n<sup><a href="#nota">7</a></sup>); como una experiencia pol&iacute;tica particular de los sectores populares (James<sup><a href="#nota">8</a></sup>, Maretuccelli y Svampa<sup><a href="#nota">9</a></sup> ); como una forma de articulaci&oacute;n entre la pol&iacute;tica y la econom&iacute;a (Dornbush y Edwards<sup><a href="#nota">10</a></sup>); como una construcci&oacute;n acad&eacute;mica que, parad&oacute;jicamente, se&ntilde;ala las limitaciones de los propios acad&eacute;micos a la hora de intentar resolver los fantasmas creados por su propia imaginaci&oacute;n (Olivera<sup><a href="#nota">11</a></sup>). Algunos creen que no existe el populismo sino populismos (Canovan<sup><a href="#nota">12</a></sup>), mientras que otros son pr&oacute;digos a la hora de proyectarlo hacia el futuro en funci&oacute;n de los avances propios de la sociedad contempor&aacute;nea, hablando entonces de populismo posmoderno (Taguieff<sup><a href="#nota">13</a></sup>). A pesar de que la lista precedente no resulta definitiva (ni mucho menos), nos permite afirmar sin temor a equivocarnos que hay tantas concepciones del populismo como enfoques acad&eacute;micos, visiones ideol&oacute;gicas e, incluso, modas intelectuales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de la variedad de autores y posiciones mencionadas desde las que se abord&oacute; la cuesti&oacute;n, con el tiempo se produjo un ocultamiento del concepto que nos lleva de forma casi autom&aacute;tica a pensar al populismo seg&uacute;n uno u otro referente (el populismo "a la Canovas" o "a la Germani", por ejemplo). Parecer&iacute;a imposible abordar al populismo como fen&oacute;meno en s&iacute;, lo que nos obliga a decir, junto con el m&iacute;stico isl&aacute;mico Ibn Ul'Arabi, "&iexcl;L&iacute;branos, oh Al&aacute;, del mar de los nombres!" Dicho ocultamiento, sin embargo, pone de manifiesto el punto ciego de la reflexi&oacute;n sobre el populismo: la falta de un acuerdo b&aacute;sico sobre sus elementos definitorios. De tal forma, el populismo se transform&oacute; en una "etiqueta pol&iacute;tica", que designa una amplia gama de fen&oacute;menos, partidos, movimientos, l&iacute;deres democr&aacute;ticos y autoritarios de distintas &eacute;pocas, lugares y afiliaciones ideol&oacute;gicas. Evidentemente, cuando todo se transforma (o puede transformarse) en populismo, hemos perdido la especificidad descriptiva del concepto. Dicho estiramiento conceptual, a la larga, constituye uno de los principales obst&aacute;culos en la reflexi&oacute;n sobre el tema.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, a partir de esta Babel conceptual, Olivera, con una contundencia implacable, se&ntilde;ala que el populismo como problema, habitualmente ha sido producido en las sedes acad&eacute;micas, a partir de cuestiones pol&iacute;ticas y culturales. Por lo tanto, el populismo m&aacute;s que explicar procesos, saca a la luz puntos ciegos de la reflexi&oacute;n, tanto de la pol&iacute;tica como de la cultura. Entonces, "El concepto de 'populismo' parece presentarse como una coartada que los propios intelectuales producen, pero que ellos mismos se muestran incapaces de resolver. Exceso de 'la realidad' que, producido por la teor&iacute;a, simult&aacute;neamente la excede" (Olivera, 2005: 52).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este contexto, en el a&ntilde;o 2005 Ernesto Laclau dio a conocer una nueva obra, <i>La raz&oacute;n populista,</i> que retoma y profundiza sus aportaciones anteriores sobre el tema. Efectivamente, ya en el a&ntilde;o 1978 Laclau hab&iacute;a publicado otro texto sobre la misma cuesti&oacute;n, el que alcanz&oacute; amplia repercusi&oacute;n, posicionando a su autor como un referente obligado sobre el tema <sup><a href="#nota">14</a></sup>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El texto del a&ntilde;o 2005, al tiempo que retoma la tem&aacute;tica del populismo, profundiza algunos puntos significativos en la obra de Laclau, sobre los que el autor viene trabajando desde hace una buena cantidad de a&ntilde;os. Por lo tanto, para el lector familiarizado con su producci&oacute;n acad&eacute;mica, encontrar&aacute; en <i>La raz&oacute;n populista</i> un texto que integra de forma coherente y provocativa el resultado de a&ntilde;os de trabajo. En la misma, se analiza al populismo como una l&oacute;gica discursiva particular, la que puede ser desarrollada en el contexto de diferentes tipos de organizaciones e ideolog&iacute;as pol&iacute;ticas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n Laclau, el populismo presenta una forma de articulaci&oacute;n de las demandas sociales a partir de la cual se constituye la unidad de un grupo pol&iacute;tico y con ello, se da lugar al surgimiento de una l&oacute;gica determinada. Por lo tanto, el populismo es una l&oacute;gica pol&iacute;tica, entendiendo por ello un sistema de reglas que articulan un horizonte dentro del cual algunos objetos son representados mientras que otros est&aacute;n excluidos, generando un proceso de significaciones que s&oacute;lo puede ser comprendido en su propio contexto. La importancia de las l&oacute;gicas pol&iacute;ticas reside en que instituyen lo social, no de forma arbitraria, sino a partir de una determinada articulaci&oacute;n de las demandas sociales. Esta articulaci&oacute;n, que puede llevarse a cabo tanto a trav&eacute;s de la l&oacute;gica de la diferencia como de la equivalencia, presupone la constituci&oacute;n de un sujeto pol&iacute;tico. En nuestro caso: el pueblo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El an&aacute;lisis de Laclau parte de la consideraci&oacute;n de las demandas sociales como unidad de estudio. El concepto de demanda es ambiguo: puede significar tanto una petici&oacute;n cuanto un reclamo. Pero es su propia ambig&uuml;edad la que resulta clave para definir al populismo, ya que es en el paso de la petici&oacute;n al reclamo en donde vamos a encontrar uno de sus elementos definitorios. En efecto, las demandas sociales pueden ser de dos tipos. El primer grupo, llamado demandas democr&aacute;ticas, se caracteriza porque las mismas permanecen aisladas y, dicho aislamiento se genera porque son atendidas una a una por las instituciones. Esta diferencialidad es el &uacute;nico equivalente posible: todas las demandas son consideradas igualmente v&aacute;lidas dentro de una totalidad amplia. En cambio, en el populismo, esta igualdad posible se quiebra.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo grupo es el de las demandas populares, que comienzan de forma incipiente a constituir al pueblo como actor hist&oacute;rico potencial. Este proceso se origina, en muy resumidas cuentas, cuando una demanda no resulta satisfecha, siendo marginada dentro de un contexto institucional. La misma, a partir de una l&oacute;gica de las equivalencias, se re&uacute;ne con otras demandas distintas, pero que comparten con la primera su no satisfacci&oacute;n. De esta forma, se pasa de la petici&oacute;n al reclamo. A partir de ese momento, por la l&oacute;gica de las equivalencias, se forma no s&oacute;lo un c&uacute;mulo de demandas populares (insatisfechas), sino que los grupos que las sustentan comienzan a configurarse como tales en un nuevo colectivo: el pueblo. Este nuevo colectivo aparece opuesto a las instituciones oficiales, que las excluye y desconoce. En este momento podemos encontrar ya a tres de las caracter&iacute;sticas que habr&aacute;n de definir al populismo:</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">(1) la formaci&oacute;n de una frontera interna antag&oacute;nica separando el "pueblo" del poder; (2) una articulaci&oacute;n equivalencial de demandas que hace posible el surgimiento del "pueblo". Existe una tercera precondici&oacute;n que no surge claramente hasta que la movilizaci&oacute;n pol&iacute;tica ha alcanzado un nivel m&aacute;s alto: la unificaci&oacute;n de estas diversas demandas &#45;cuya equivalencia, hasta ese punto, no hab&iacute;a ido hasta m&aacute;s all&aacute; de un vago sentimiento de solidaridad&#45; en un sistema estable de significaci&oacute;n (Laclau, 2005: 99).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las cadenas de equivalencias resultan fundamentales para dar lugar al populismo. Las mismas, a medida que avanzan y se unifican simb&oacute;licamente, sirven para generar un "nosotros", diferente de los "otros". El populismo presupone una comunidad mayor que la generada a escala local en el primer momento, por lo que se expanden las cadenas equivalenciales, desde las primeras demandas que resultan marginadas hacia la inclusi&oacute;n de nuevas demandas, todas ellas diferentes pero equivalentes en cuanto a su condici&oacute;n marginal, las que atraviesan grupos sociales nuevos y cada vez m&aacute;s heterog&eacute;neos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde luego, las equivalencias pueden atemperar, pero no domesticar las diferencias. Es decir, dentro de una cadena de equivalencias, cada demanda mantiene su naturaleza, al tiempo que se identifica con las dem&aacute;s en cuanto a su no satisfacci&oacute;n. Este hecho genera una tensi&oacute;n al interior de las redes de equivalencias, ya que diferencia y equivalencia son incompatibles entre s&iacute;, al tiempo que se necesitan como "condiciones necesarias para la construcci&oacute;n de lo social" (Laclau, 2005: 106&#45;107). Mientras que la equivalencia sirve para establecer un "pueblo" a partir de distintos grupos que se articulan desde la insatisfacci&oacute;n de sus demandas, hecho que los distingue de otros grupos cuyas demandas son atendidas, la totalizaci&oacute;n necesita de un elemento diferencial que la asuma y la represente. Es aqu&iacute; donde entran en juego los significantes vac&iacute;os. Vale decir, cuando se genera una serie de equivalencias, se produce un desplazamiento de la cadena de significaci&oacute;n entre sus componentes, en la medida en que un t&eacute;rmino asume la representaci&oacute;n de lo que lo excede (una plenitud imposible). Tal t&eacute;rmino, s&oacute;lo puede ser un significante vac&iacute;o, ya que la representaci&oacute;n equivalencial culmina en un vaciamiento de su sentido. M&aacute;s a&uacute;n, en su versi&oacute;n ideal, un significante vac&iacute;o carecer&iacute;a de toda significaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La totalizaci&oacute;n populista necesita de estos significantes privilegiados, que estructuran el conjunto de la formaci&oacute;n discursiva. Sin embargo, por definici&oacute;n, los significantes vac&iacute;os resultan incapaces de determinar el tipo de demanda que entra en la cadena de equivalencias, lo que otorga a &eacute;stas una amplitud cada vez mayor. Mientras que un discurso institucionalista es el que intenta hacer coincidir los l&iacute;mites del discurso con los de la comunidad, en el populismo, ocurre lo contrario. Puesto que una frontera de exclusi&oacute;n divide a la sociedad en dos campos, el "pueblo" es menos que la totalidad de los miembros que integran la comunidad. Sin embargo, es una parcialidad que aspira a ser concebida como &uacute;nica totalidad leg&iacute;tima. El pueblo puede ser concebido como el <i>populus,</i> la totalidad de los ciudadanos, o como la <i>plebs,</i> los menos privilegiados. Justamente, lo que constituye al populismo es la presencia de una <i>"plebs</i> que reclame ser el &uacute;nico <i>populus</i> leg&iacute;timo, es decir, una parcialidad que quiera funcionar como la totalidad de la comunidad" (Laclau, 2005: 108).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este momento, cuando una parcialidad reclama la representaci&oacute;n de la totalidad, marca el momento de la hegemon&iacute;a. Vale decir, cuando una diferencia, sin abandonar su car&aacute;cter particular, asume la representaci&oacute;n de una totalidad, asume "una significaci&oacute;n universal inconmensurable" a la que denominamos hegemon&iacute;a. Como las luchas populares engloban a un conjunto de luchas parciales, el "enemigo" se vuelve cada vez menos evidente. De tal forma, las fronteras internas tambi&eacute;n se tornan imprecisas y las equivalencias pueden llegar a operar en varias direcciones diferentes y simult&aacute;neas, lo cual enturbia el contexto general. Habitualmente se acusa al populismo de ser vago e impreciso. En realidad, es el propio marco pol&iacute;tico en el que se desenvuelve el que resulta vago e impreciso. Es en dicho contexto que ocurre un hecho fundamental:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una determinada demanda, que tal vez al comienzo era s&oacute;lo una m&aacute;s entre muchas, adquiere en cierto momento una centralidad inesperada y se vuelve el nombre de algo que la excede, de algo que no puede controlar por s&iacute; misma y que no obstante se convierte en un "destino" al que no puede escapar. &#91;...&#93; es s&oacute;lo entonces que el "nombre" se separa del "concepto", el significado del significante. Sin esta separaci&oacute;n no habr&iacute;a populismo (Laclau, 2005: 153).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es decir, una demanda particular se convierte en bandera de un conjunto de demandas. Surgen entonces, como mencionamos antes, los significantes vac&iacute;os que asumen la representaci&oacute;n de la cadena de equivalencias Un significante vac&iacute;o es un concepto "totalizador" y hueco a la vez; los significantes vac&iacute;os, sirven de "resumen" del conjunto de equivalencias insatisfechas, por lo que al convertirse en algo que las excede, pierde necesariamente precisi&oacute;n, quedando as&iacute; en condiciones de representar a una totalidad heterog&eacute;nea (ya que m&aacute;s all&aacute; de la equivalencia, se mantienen las diferencias originales). Sin embargo, existe una segunda alternativa: que dichos significantes se conviertan en significantes flotantes. Ve&aacute;moslo as&iacute;: cuando una demanda recibe la presi&oacute;n de dos proyectos hegem&oacute;nicos rivales, se genera una autonom&iacute;a diferente de la que estamos considerando. La demanda ya no se vuelve independiente y autosuficiente de cualquier articulaci&oacute;n equivalencial, sino que su sentido permanece indeciso entre fronteras equivalenciales alternativas, en pugna. A los significantes cuyo sentido aparece suspendido los denominaremos significantes flotantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mientras que un significante vac&iacute;o tiene que ver con la construcci&oacute;n de las identidades populares una vez que una frontera se da por sentada, los significantes flotantes intentan capturar los desplazamientos de esa frontera. No obstante, ambas operaciones son hegem&oacute;nicas y, muchas veces, ambas se superponen. Las fronteras son inestables y est&aacute;n en un proceso constante de desplazamiento; las fronteras que definen al pueblo, y el propio pueblo, se transforman. De all&iacute; la importancia de los significantes flotantes. Si lo pol&iacute;tico es el momento de construcci&oacute;n de un pueblo, y dicha construcci&oacute;n surge a partir del establecimiento de una frontera interna, las mutaciones entre lo "flotante" y lo "vac&iacute;o" ser&aacute;n centrales en este proceso que, a su vez, modifica lo "exterior". Lo pol&iacute;tico no s&oacute;lo supone la reconfiguraci&oacute;n de las demandas existentes, sino tambi&eacute;n la incorporaci&oacute;n de nuevas demandas y la expulsi&oacute;n de otras que hasta el momento se hallaban incluidas. Estos procesos de inclusi&oacute;n y exclusi&oacute;n suponen luchas y &eacute;stas, por definici&oacute;n, constituyen la esencia de la pol&iacute;tica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El populismo se presenta como subversivo, toda vez que establece fronteras internas e instituye un pueblo que intentar&aacute; imponer su hegemon&iacute;a sobre su contrario discursivo. Para que este proceso sea posible, el orden institucional debe estar fracturado. Si tal orden fuera estable, la &uacute;nica oposici&oacute;n posible frente al mismo operar&iacute;a desde el exterior, pero el populismo no supone exterioridad total (en tal caso se reducir&iacute;a a un conjunto de protestas y actos de rechazo sin mayores posibilidades de transformaci&oacute;n), ya que rearticula y ordena demandas existentes en torno a un nuevo n&uacute;cleo. Por lo tanto, el populismo puede surgir a partir de tres opciones claramente definidas: (1) un sistema institucional autoestructurado que relega cualquier desaf&iacute;o antiinstitucional a una situaci&oacute;n marginal, con escasas posibilidades; (2) un sistema menos estructurado que requiere de recomposiciones peri&oacute;dicas: como el sistema conserva a&uacute;n una capacidad significativa de autoestructuraci&oacute;n, las fuerzas populistas deben actuar a la vez como <i>insiders y outsiders</i> (Per&oacute;n en 1945, por caso); (3) un sistema en situaci&oacute;n de "crisis org&aacute;nica", donde las fuerzas que los desaf&iacute;an se encuentran en la situaci&oacute;n ambigua de subvertir al sistema al tiempo que son integradas por &eacute;l: deben reconstruir la naci&oacute;n en torno a un nuevo n&uacute;cleo populista, por lo que la reconstrucci&oacute;n prevalece sobre la subversi&oacute;n.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En algunos contextos, el n&uacute;cleo que articula las cadenas de demandas equivalentes ni siquiera es un significante vac&iacute;o, sino que el &uacute;nico elemento capaz de integrar la diversidad es la propia figura del l&iacute;der, que funciona as&iacute; como significante vac&iacute;o con la suficiente "amplitud" como para integrar una multiplicidad de demandas cada vez m&aacute;s amplia. De tal forma, la relaci&oacute;n entre el l&iacute;der y las demandas marginadas que canaliza a trav&eacute;s de cadenas de equivalencias alcanza su momento cumbre. El l&iacute;der mismo se convierte en significante que aglutina los reclamos populares. Es aqu&iacute; donde se establece el personalismo que algunos interpretan como distintivo del populismo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En resumen, el populismo opera una ordenaci&oacute;n topol&oacute;gica del &aacute;mbito pol&iacute;tico de acuerdo con un triple proceso: la generaci&oacute;n de un conjunto de demandas marginadas que se agrupan y articulan a partir de la l&oacute;gica de las equivalencias, la funci&oacute;n hegem&oacute;nica que juegan algunos significantes en la representaci&oacute;n de dichas demandas, hecho que da origen a la formaci&oacute;n del "pueblo" como grupo diferenciado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el desarrollo de su argumentaci&oacute;n (rese&ntilde;ada aqu&iacute; de forma sucinta y, seguramente, condicionada por mi propio inter&eacute;s en el tema), Laclau cruza lanzas con las aportaciones de otros pensadores (con algunos de ellos, como en el caso de Zizek, duramente), dedica tambi&eacute;n dos cap&iacute;tulos estupendos para mostrar c&oacute;mo el an&aacute;lisis negativo del populismo se inscribe en un debate m&aacute;s amplio: el de la psicolog&iacute;a de masas, surgido en el siglo XIX. Dicho debate construy&oacute; una frontera entre lo "normal" y lo "patol&oacute;gico" que perdura hasta nuestros d&iacute;as y que sirve a los jueces del fen&oacute;meno populista para situarlo entre las manifestaciones sociales "aberrantes". De tal forma, "el populismo no s&oacute;lo ha sido degradado, tambi&eacute;n ha sido denigrado. Su rechazo ha formado parte de una construcci&oacute;n discursiva de cierta normalidad, de un universo pol&iacute;tico asc&eacute;tico del cual deb&iacute;a excluirse su peligrosa l&oacute;gica" (Laclau, 2005: 34).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La postura de Laclau no s&oacute;lo disiente de aquella condena, sino que la enfrenta de forma contundente. Como resultado de dicha postura, el autor plantea nuevamente la cuesti&oacute;n de la democracia a partir de la relaci&oacute;n contingente que media entre la tradici&oacute;n democr&aacute;tica y la tradici&oacute;n liberal. Mientras que la primera, seg&uacute;n Mouffe, se basa en la igualdad, la identidad entre gobernantes y gobernados, y la soberan&iacute;a popular, la segunda se asienta en el gobierno de la ley, la defensa de los derechos humanos y el respeto por la libertad individual. Si nos centramos en pensar a la democracia como un r&eacute;gimen liberal, dejar&iacute;amos de atender a la construcci&oacute;n de sujetos democr&aacute;ticos populares y es aqu&iacute;, seg&uacute;n Laclau, donde el populismo puede llegar a jugar un papel destacado, ya que no s&oacute;lo no se contrapone con la democracia, sino que puede profundizarla. "La consecuencia es inevitable: la construcci&oacute;n de un pueblo es la condici&oacute;n <i>sine qua non</i> del funcionamiento democr&aacute;tico. Sin la producci&oacute;n de vacuidad no hay pueblo, no hay populismo, pero tampoco hay democracia" (Laclau, 2005: 213).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Indudablemente, estamos en presencia de un texto cuestionador, reflexivo, siempre interesante. Laclau presenta un an&aacute;lisis de los que no admiten la indiferencia del lector: obliga a posicionarse permanentemente. Sin embargo, tambi&eacute;n genera dudas y reflexiones que mantienen y profundizan el debate (a&uacute;n m&aacute;s). De esas cuestiones, quiero destacar aqu&iacute; tres de ellas, que me resultan particularmente interesantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En primer lugar, si el populismo se genera cuando un conjunto de demandas marginadas, articuladas a trav&eacute;s de la l&oacute;gica de las equivalencias, permite construir un pueblo y posiciona por lo tanto a ese grupo dentro del espacio pol&iacute;tico que le hab&iacute;a sido negado hasta entonces, &iquest;el populismo no supone el momento de dicha aparici&oacute;n (o irrupci&oacute;n) en el espacio p&uacute;blico? Podemos hablar del populismo de Per&oacute;n o de C&aacute;rdenas pero, en sentido estricto, seguir&iacute;an siendo populistas sus herederos en la medida que contin&uacute;an una l&oacute;gica pol&iacute;tica que se rutiniza con el paso del tiempo, hasta convertirse en base de nuevas marginaciones y, por lo tanto, de nuevas manifestaciones populistas. Se alude reiteradamente al populismo de Echeverr&iacute;a o de L&oacute;pez Portillo en M&eacute;xico, o de Menem en Argentina. Pero, estos l&iacute;deres, en la medida en que act&uacute;an sostenidos por masas que han perdido su virginidad pol&iacute;tica hace d&eacute;cadas y que expresan demandas que ya han sido reconocidas y oficializadas por el sistema institucional, &iquest;siguen siendo populistas? De ser negativa la respuesta a este interrogante, &iquest;el populismo no supone un momento en el tiempo pol&iacute;tico de una sociedad? &iquest;C&oacute;mo distinguir el momento fundacional, propiamente populista, de su trayectoria posterior? &iquest;C&oacute;mo llamar al momento de la rutinizaci&oacute;n populista? &iquest;Podemos hablar en esos casos de pospopulismo?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En segundo lugar, y asociado con lo anterior, resulta interesante dar seguimiento a la evoluci&oacute;n de las demandas que son impulsadas por un movimiento populista. Podr&iacute;a resultar que con el correr del tiempo, algunas de las demandas aceptadas como leg&iacute;timas, las que incluso son reconocidas constitucionalmente (como los derechos de ni&ntilde;os y ancianos), sean desatendidas por las autoridades y las instituciones del gobierno. En este contexto, el surgimiento de un pol&iacute;tico oportunista que apele a ellas como arma electoral no constituye de hecho una situaci&oacute;n populista. M&aacute;s a&uacute;n: no debemos confundir populismo y clientelismo. &Eacute;ste &uacute;ltimo puede asumir formas institucionales; s&oacute;lo se convertir&aacute; en populismo en la medida en que haga un llamado a los "de abajo" (expresi&oacute;n que constituye una cuesti&oacute;n de debate en s&iacute; misma) por fuera de los canales pol&iacute;ticos normales. El uso c&iacute;nico o instrumental que los pol&iacute;ticos hacen de algunas cuestiones y reclamos populares no es definitorio del populismo. Sin embargo, en contextos altamente institucionalizados, la l&oacute;gica de las equivalencias tiene menos espacio para desplegarse, por lo que "la ret&oacute;rica populista se convierte en una mercanc&iacute;a carente de toda profundidad hegem&oacute;nica. En ese caso, s&iacute;, el populismo se vuelve casi sin&oacute;nimo de demagogia trivial" (Laclau, 2005: 238).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En tercer lugar, resulta compleja pero interesant&iacute;sima la idea del populismo como factor que ensancha la democracia, que la hace m&aacute;s democr&aacute;tica en tanto incorpora a nuevos sectores sociales en un concepto de pueblo m&aacute;s amplio. Una democracia m&aacute;s democr&aacute;tica pero, en ciertos casos, menos liberal. Sin embargo, la relaci&oacute;n entre la democracia y el liberalismo no deja de ser contingente (e hist&oacute;ricamente, accidentada). En este sentido, Laclau nos empuja a pensar, una vez m&aacute;s, cu&aacute;les son las alternativas a la democracia tal y como hoy la conocemos, si queremos que &eacute;sta sea cada vez m&aacute;s inclusiva y sensible a los reclamos sociales. Laclau se&ntilde;ala con justa raz&oacute;n que los derechos humanos y las libertades civiles, en algunos pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina, son demandas populares acuciantes y, como tales, objetos de reivindicaci&oacute;n de movimientos populares. Ciertamente, en algunos casos este proceso deriva en la construcci&oacute;n de alternativas no democr&aacute;ticas. Las posibilidades, democr&aacute;ticas o no democr&aacute;ticas que encierra el populismo, tiene que ver con la variedad de partidos, movimientos, l&iacute;deres e ideolog&iacute;as que pueden encarnarlo, lo que nos advierte sobre la premura de sacar conclusiones <i>a priori</i> sobre el tema, con independencia del contexto hist&oacute;rico y social donde se desarrolla; no caer en un "fetichismo" populista.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como se desprende de lo se&ntilde;alado anteriormente, uno de los m&eacute;ritos centrales de la obra que aqu&iacute; comentamos es su capacidad de provocaci&oacute;n indudable. Quienes no coincidan con la visi&oacute;n del autor, encontrar&aacute;n en &eacute;l a un oponente de val&iacute;a, que los cuestionar&aacute; una y otra vez. Los que sientan inter&eacute;s y curiosidad sobre el tema, hallar&aacute;n en el libro argumentos sobre los cuales merece la pena reflexionar. Sin embargo, m&aacute;s all&aacute; de las distintas posiciones que cada uno sustente, estamos en presencia de un texto que no puede ser soslayado, puesto que ofrece una visi&oacute;n articulada sobre el tema, que permite abordarlo respetando su complejidad.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">1&nbsp;Germani, G. (1978). <i>Authoritarianism, Fascism, and National Populism.</i> New Jersey: New Brunswick.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2174084&pid=S1870-3569200600010000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">2&nbsp;Ionescu, G. y Gellner, E. (Compiladores) (1969). <i>Populism. Its Meaning and National Characteristics.</i> Londres: Macmillan.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2174086&pid=S1870-3569200600010000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">3&nbsp;Ianni, O. (1975&#45;1984). <i>La formaci&oacute;n del Estado populista en Am&eacute;rica Latina.</i> Ciudad de M&eacute;xico: Era.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2174088&pid=S1870-3569200600010000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">4&nbsp;Cardoso, F. E. y Faletto, E. (1969 &#45; 1996). <i>Dependencia y desarrollo en Am&eacute;rica Latina.</i> Ciudad de M&eacute;xico: Siglo XXI.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2174090&pid=S1870-3569200600010000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">5&nbsp;Weffort, F. y Quijano, A. (1973). <i>Populismo, marginalizaci&oacute;n y dependencia: Ensayos de interpretaci&oacute;n sociol&oacute;gica.</i> San Jos&eacute; de Costa Rica: Universitaria Centroamericana.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2174092&pid=S1870-3569200600010000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">6&nbsp;De Ipola, E. (1987). <i>Ideolog&iacute;a y discurso populista.</i> Ciudad de M&eacute;xico: Plaza y Vald&eacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2174094&pid=S1870-3569200600010000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">7&nbsp;Sigal, S. y Ver&oacute;n, E. (1986 &#45; 2003). <i>Per&oacute;n o muerte. Los fundamentos discursivos del fen&oacute;meno peronista.</i> Buenos Aires: EUDEBA.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2174096&pid=S1870-3569200600010000700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">8&nbsp;James, D. (1990). <i>Resistencia e integraci&oacute;n. El peronismo y la clase trabajadora argentina 1946&#45;1976.</i> Buenos Aires: Sudamericana.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2174098&pid=S1870-3569200600010000700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">9&nbsp;Martuccelli, D. y Svampa, M. (1997), <i>La plaza vac&iacute;a. Las transformaciones del peronismo.</i> Buenos Aires: Losada.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2174100&pid=S1870-3569200600010000700009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">10&nbsp;Dornbusch, R. y Edwards, S. (Editores) (1991). <i>The Macroeconomics of Populism in Latin America.</i> Chicago: The University of Chicago Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2174102&pid=S1870-3569200600010000700010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">11&nbsp;Olivera, G. (2005). "Revisitando el s&iacute;ntoma del 'populismo'", en <i>Metapol&iacute;tica,</i> 44 (9), noviembre/diciembre 2005, pp.51&#45;58.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2174104&pid=S1870-3569200600010000700011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">12&nbsp;Canovan, M. (1981). <i>Populism.</i> Londres: Junction Books.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2174106&pid=S1870-3569200600010000700012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">13&nbsp;Taguieff, P. (1996). "Las ciencias pol&iacute;ticas frente al populismo: De un espejismo conceptual a un problema real", en <i>Populismo posmoderno,</i> AA.VV. Quilmes: Universidad de Quilmes, pp. 29&#45;79.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2174108&pid=S1870-3569200600010000700013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">14 Laclau, E. (1978). <i>Pol&iacute;tica e Ideolog&iacute;a en la teor&iacute;a marxista. Capitalismo, fascismo, populismo.</i> Madrid: Siglo XXI.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2174110&pid=S1870-3569200600010000700014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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