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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b><i>&iquest;Ruralidad sin agricultura?</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Patricia Arias*</b></font></p>  	     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Profesora&#45;investigadora del CUCSH. Universidad de Guadalajara.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este libro re&uacute;ne los trabajos emanados de un proyecto colectivo de investigaci&oacute;n de cuatro a&ntilde;os de duraci&oacute;n &#151;de 2001 a 2004&#151; realizados en tres localidades rurales donde participaron, junto a investigadores de El Colegio de M&eacute;xico, estudiantes de licenciatura, maestr&iacute;a y doctorado de Econom&iacute;a y Sociolog&iacute;a de la misma instituci&oacute;n. Es decir, fue una investigaci&oacute;n que sirvi&oacute; como campo de entrenamiento para nuevas generaciones de investigadores, conjunci&oacute;n para todos beneficiosa pero muchas veces dif&iacute;cil de realizar. M&aacute;s tarde, Kirsten Appendini y Gabriela Torres&#45;Mazuera se dieron a la tarea de reunir y convertir en libro los diversos trabajos a partir de una idea central que fue el eje de las investigaciones: la crisis, al parecer irremediable, de la producci&oacute;n agr&iacute;cola tradicional en las comunidades rurales.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde el inicio, las dos editoras, que son tambi&eacute;n coautoras de esta reciente publicaci&oacute;n de El Colegio de M&eacute;xico, van a lanzar tres ideas y argumentos que, aunque certeros, suelen todav&iacute;a suscitar resistencias. En primer lugar, inscriben la investigaci&oacute;n y sus resultados en una tradici&oacute;n y constataci&oacute;n. Despu&eacute;s de una revoluci&oacute;n pionera que tuvo mucho de agraria, era casi inevitable que en M&eacute;xico existiera una larga y vigorosa tradici&oacute;n de estudio y reflexi&oacute;n acerca del papel del campo y los campesinos en el desarrollo nacional. No voy a repetir lo que todos aprendimos de las investigaciones, reflexiones, debates y pol&eacute;micas entre &Aacute;ngel Palerm, Arturo Warman, Cynthia Hewitt de Alc&aacute;ntara, Luisa Par&eacute;, Roger Bartra y tantos m&aacute;s en torno al tema. Esas forman parte de la historia de la antropolog&iacute;a y los estudios rurales que hay que tener en cuenta pero no repetir.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero, como se&ntilde;alan Appendini y Torres&#45;Mazuera, ya no es posible seguir pensando en t&eacute;rminos tradicionales porque la relaci&oacute;n entre el Estado mexicano y los campesinos ha cambiado de manera dr&aacute;stica. Las pol&iacute;ticas estatales dirigidas al desarrollo agropecuario dan cuenta, una y otra vez, nos guste o no, de que los campesinos han sido marginados de tal manera que han dejado de formar parte del modelo de desarrollo nacional actual. En la econom&iacute;a global, competitiva, tecnologizada, los campesinos tradicionales han pasado a ser residuales. De protagonistas de la historia y el desarrollo nacionales han sido desplazados a un nuevo &aacute;mbito de la intervenci&oacute;n estatal: las pol&iacute;ticas compensatorias de combate a la pobreza. Para los campesinos ya no hay programas productivos de desarrollo agropecuario sino subsidios p&uacute;blicos de asistencia centrados en la educaci&oacute;n, la salud y el consumo. Este es uno de los grandes escenarios donde se desenvuelve hoy la vida rural.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En segundo lugar, los estudios de este libro comparten otra gran constataci&oacute;n: que las actividades agropecuarias tradicionales, en especial, la agricultura, han dejado de ser el eje de la sobrevivencia de las familias en el campo. Entre 1970 y 2000, dice Appendini, se observa la transici&oacute;n de las econom&iacute;as campesinas maiceras a las econom&iacute;as no agr&iacute;colas y la diversificaci&oacute;n de los mercados locales de trabajo. El retiro de los subsidios y la competencia internacional han herido de muerte a las actividades agropecuarias tradicionales y de peque&ntilde;a escala. De esa manera, las familias en el campo viven y sobreviven de una combinaci&oacute;n de actividades, locales y extralocales, que se ubican sobre todo en los sectores comerciales y de servicio. Para las editoras, muchas de esas actividades est&aacute;n desligadas de la econom&iacute;a nacional y resultan muy similares a las actividades informales urbanas de las que tanto se habl&oacute; en d&eacute;cadas anteriores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una tercera constataci&oacute;n es que los cambios han dado lugar a la emergencia de nuevos actores sociales en el campo. Como han mostrado muchos estudios en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, en la actualidad, las identidades y representaciones tradicionalmente asociadas al campo (ejidatarios, comuneros, asambleas) han comenzado a desdibujarse frente a la presencia de nuevos actores locales: las mujeres, los empresarios, los migrantes, los profesionistas, los pobres cuyos intereses y pr&aacute;cticas particulares han ampliado el espectro de quehaceres y maneras de vivir la ruralidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esas tres constataciones sirven como hilos conductores de la pregunta central a la que buscan responder, desde diferentes &aacute;ngulos, los once art&iacute;culos que forman parte del libro: &iquest;C&oacute;mo han cambiado los modos de vida de la gente del campo en el contexto de la globalizaci&oacute;n?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La mayor parte de los trabajos que integran el libro se llevaron a cabo en tres peque&ntilde;as comunidades rurales de tres entidades del centro del pa&iacute;s: el Estado de M&eacute;xico, Quer&eacute;taro y Morelos: Emilio Portes Gil, Boye y Barranca Honda. Se trata de comunidades rurales, como tantas, que fueron dotadas de tierras ejidales y comunales; que vivieron los impulsos de la revoluci&oacute;n verde; que experimentaron enormes crecimientos demogr&aacute;ficos hasta la d&eacute;cada de 1970 que afectaron el tama&ntilde;o y el uso de las parcelas; que observaron los cambios en los mercados regionales de trabajo; que vieron llegar la educaci&oacute;n, los servicios p&uacute;blicos, la salud. Pero adem&aacute;s, comparten otra peculiaridad: se trata de localidades que han pasado a formar parte de espacios metropolitanos y redes de ciudades y, por lo tanto, est&aacute;n expuestas a las din&aacute;micas, demandas y tensiones de esa nueva espacialidad emergente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las investigaciones generaron y recurrieron a un repertorio amplio de estrategias de investigaci&oacute;n cuantitativas y cualitativas: informaci&oacute;n estad&iacute;stica, encuesta sociodemogr&aacute;fica y socioecon&oacute;mica aplicada a 15&#45;20% de los hogares de las tres localidades principales de estudio, entrevistas abiertas, elaboraci&oacute;n de "retratos", historias de vida, grupos focales. Los autores tuvieron siempre muy presentes las diferencias de g&eacute;nero y generaci&oacute;n. Cada autor recuper&oacute; informaci&oacute;n del acervo com&uacute;n y construy&oacute; su propio repertorio para la generaci&oacute;n de informaci&oacute;n sobre temas espec&iacute;ficos que, en varios casos, formaron parte de sus investigaciones de tesis.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, cada uno de los once cap&iacute;tulos explora una tem&aacute;tica particular. Con todo, en t&eacute;rminos generales los asuntos tratados pueden agruparse en cuatro grandes ejes anal&iacute;ticos: el papel y el sentido de la producci&oacute;n maicera; las caracter&iacute;sticas y consecuencias del nuevo orden laboral rural; el espacio regional y el sentido de la comunidad y los nuevos actores sociales en el campo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dos trabajos &#151;el de Appendini, Cort&eacute;s y D&iacute;az Hinojosa (cap&iacute;tulo V) y el de D&iacute;az Hinojosa (cap&iacute;tulo VI)&#151; se dedican al estudio de un tema de debate internacional: las estrategias de seguridad alimentaria de los campesinos en cuanto al abasto del ma&iacute;z. En ambos casos, los autores han elaborado categor&iacute;as e indicadores espec&iacute;ficos para cuatro comunidades de an&aacute;lisis. Los resultados dan cuenta de grandes divergencias entre las localidades en relaci&oacute;n a los criterios de cantidad o calidad del ma&iacute;z. Esto tiene que ver, por una parte, como bien destaca D&iacute;az Hinojosa, con que el mercado ejerce una selecci&oacute;n adversa, es decir, no distingue, a nivel de precios, la calidad de los ma&iacute;ces. Pero tiene que ver tambi&eacute;n con otras dos razones que parecen incidir en las opciones de las familias: la disponibilidad o no de tierra propia y, algo menos medible, pero que se filtra en la etnograf&iacute;a que es el cambio en las preferencias alimenticias que no abona, necesariamente, a favor de la calidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay que aceptar, aunque no nos guste ni sea pol&iacute;ticamente correcto, que tambi&eacute;n hay cambios en ese sentido. El cap&iacute;tulo VII, de Hallie Eakin y Xochitl Guadarrama, que indaga en el impacto de las inundaciones en las p&eacute;rdidas de las cosechas de ma&iacute;z en la comunidad de Emilio Portes Gil apunta, como los dos cap&iacute;tulos antes mencionados, a que en la actualidad el ma&iacute;z tiene m&uacute;ltiples significados que dependen, en buena medida, de la generaci&oacute;n de la que se trate. Mientras m&aacute;s j&oacute;venes, menor ser&aacute; la preocupaci&oacute;n por mantener la producci&oacute;n maicera de autoabasto. El cap&iacute;tulo III, de Torres Mazuera, abunda y abona en ese mismo sentido. A partir de los retratos de cinco cohortes de familias en Emilio Portes Gil, la autora descubre que la valoraci&oacute;n cultural y el orgullo de ser productor de ma&iacute;z corresponden a las generaciones de m&aacute;s de sesenta a&ntilde;os. En las cohortes de menores edades, asociadas a estrategias laborales muy diversificadas y deslocalizadas, la importancia de la producci&oacute;n de ma&iacute;z es indudablemente menor.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">De hecho, los cambios que han experimentado los mercados de trabajo rurales est&aacute;n muy presentes en varios cap&iacute;tulos del libro. En el cap&iacute;tulo II Kirsten Appendini deja sentadas las bases de la discusi&oacute;n: el cultivo de ma&iacute;z se ha convertido en una actividad de subsistencia y complementareidad y el empleo rural se ha diversificado hacia otras actividades, por lo regular tambi&eacute;n a otros espacios. Hoy por hoy, la cuesti&oacute;n laboral, no agraria, es el tema de la reproducci&oacute;n econ&oacute;mica de la vida en el campo. Hoy por hoy, lo que define a las econom&iacute;as rurales es la diversificaci&oacute;n laboral.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La diversificaci&oacute;n tiene tres caracter&iacute;sticas centrales: por una parte, se orienta sobre todo a actividades de comercio y servicios que &#151;ha insistido Kirsten en trabajos previos&#151; son quehaceres informales, empleos marginales, de escaso crecimiento que tienen que ver m&aacute;s con la precariedad de las familias que con procesos econ&oacute;micos rentables y articulados al desarrollo econ&oacute;mico. En segundo lugar, y esto es un hallazgo muy importante: las modalidades de la diversificaci&oacute;n &#151;comercial, de servicios, manufacturera&#151; tienen cada vez menos que ver con las actividades locales y cada vez m&aacute;s con las caracter&iacute;sticas de los mercados regionales y microrregionales de trabajo. El espacio regional ha adquirido un papel central en la orientaci&oacute;n de los flujos laborales de las peque&ntilde;as comunidades rurales. Esto se relaciona con una tercera constataci&oacute;n que surge del art&iacute;culo de Appendini: en comunidades empobrecidas y mercados regionales de trabajo precarios, las econom&iacute;as locales dependen cada vez m&aacute;s de dos recursos: las transferencias externas p&uacute;blicas, es decir, los subsidios a la pobreza y las transferencias privadas, o sea, las remesas que env&iacute;an los migrantes internos e internacionales a sus grupos dom&eacute;sticos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El art&iacute;culo de Adriana Larralde (cap&iacute;tulo IV) abunda y profundiza en el estudio de los mercados de trabajo a partir de dos comunidades rurales pero que forman parte de un entorno muy urbanizado del Estado de M&eacute;xico. Basada en informaci&oacute;n censal de 2000 y en sus propias entrevistas, Larralde encuentra que la poblaci&oacute;n sin trabajo en el agro y sin parcela, se desplaza a trabajar, de preferencia todos los d&iacute;as o sobre una base semanal, a diferentes espacios y actividades del entorno urbanizado. El destino laboral de los campesinos se orienta y define en una gran variedad de contextos laborales dispersos. Lo que se advierte es una enorme movilidad pendular cotidiana de los trabajadores a los que califica de <i>commuting;</i> personas que salen y regresan a las comunidades todos los d&iacute;as. Se trata de una pr&aacute;ctica diferente de la vieja tradici&oacute;n de migraci&oacute;n laboral temporal hacia la Ciudad de M&eacute;xico que practicaron durante d&eacute;cadas muchas comunidades rurales del Estado de M&eacute;xico. En la actualidad, la gente se desplaza, pero busca y puede regresar a sus comunidades de origen cada d&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta manera, el trabajo agropecuario, local y localizado, ha dejado de estructurar el mundo rural y con ello han perdido vigor dos instituciones que durante d&eacute;cadas controlaron las actividades laborales y normaron las relaciones y jerarqu&iacute;as de trabajo en las comunidades: la familia y el ejido. El trabajo se ha deslocalizado y el mundo laboral se ha vuelto heterog&eacute;neo y cambiante para la gente del campo. En esta situaci&oacute;n, el cap&iacute;tulo de Larralde, reitera una constataci&oacute;n que est&aacute; presente en varios cap&iacute;tulos del libro: el pueblo se ha convertido en un espacio eminentemente residencial. Los retratos que elabor&oacute; Torres Mazuera (cap&iacute;tulo III) dan cuenta de las transiciones laborales de las familias donde se aprecia el decrecimiento de los quehaceres agropecuarios, el incremento de la diversificaci&oacute;n de empleos y actividades fuera de las comunidades que est&aacute;n basadas en ingresos salariales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De hecho, esa es quiz&aacute; la mayor aportaci&oacute;n de este libro: la constataci&oacute;n de que la tierra ha dejado de tener valor y sentido como espacio para la producci&oacute;n agropecuaria y ha cobrado una enorme relevancia como &aacute;mbito residencial. Este cambio aparece mencionado en el cap&iacute;tulo de Kirsten Appendini pero ha sido retomado como tema y argumento central del cap&iacute;tulo de Gabriela Torres Mazuera. La autora da cuenta, por una parte, de la urbanizaci&oacute;n de la comunidad en t&eacute;rminos de servicios y el surgimiento de barrios en antiguas &aacute;reas de cultivo. Los retratos muestran, generaci&oacute;n tras generaci&oacute;n, la transformaci&oacute;n laboral y c&oacute;mo este fen&oacute;meno ha modificado y resignificado el valor de la tierra como patrimonio y como lugar de residencia de trabajadores deslocalizados. Esta resignificaci&oacute;n de la casa y la comunidad como espacios residenciales, no productivos, est&aacute; tambi&eacute;n presente en el cap&iacute;tulo de Eiken y Guadarrama. Las tierras inundables han entrado al mercado de tierras, pero para ampliar la zona urbana de la comunidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los cap&iacute;tulos VIII, de Christian Mu&ntilde;oz y XI de Gabriela Torres Mazuera, son muy expl&iacute;citos al respecto. En Boye y La Fuente, as&iacute; como en EGP se advierte esa gran transici&oacute;n: los sentidos, intereses y pr&aacute;cticas asociadas a los procesos de herencia y titulaci&oacute;n de predios tienen que ver, en gran medida, con la demanda de las nuevas generaciones de suelo para fincar casas, no de parcelas para producir. Mu&ntilde;oz descubre que la diversificaci&oacute;n regional del empleo ha permitido reducir quiz&aacute; la migraci&oacute;n a larga distancia que acarreaba el no ser heredero de tierras, pero ha incrementado el n&uacute;mero de interesados en disponer de un solar para construir una casa, lo que ha intensificado la demanda y el precio de los predios susceptibles de ser urbanizados. Lo dice Gabriela Torres Mazuera de manera muy clara. El pueblo se ha convertido en un lugar de residencia donde las parejas buscan tener una casa propia e independiente, pero en un entorno que les permite disfrutar de las ventajas de un lugar seguro y aprovechar las redes familiares de apoyo para la crianza de los hijos cuando ellos salen a trabajar. Adem&aacute;s, se&ntilde;ala la autora, la comunidad se ha convertido en un espacio id&oacute;neo y factible donde los j&oacute;venes, sobre todo, pueden incursionar en escenarios nuevos como la participaci&oacute;n pol&iacute;tica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y ese es el otro gran tema que est&aacute; presente en los cap&iacute;tulos de este libro: la diversificaci&oacute;n de los actores locales. Como se&ntilde;alan Torres Mazuera y Mu&ntilde;oz, la diversificaci&oacute;n espacial del trabajo ha reducido el poder de las instancias tradicionales de poder en el campo asociadas a la tenencia de la tierra y la producci&oacute;n agropecuaria: el ejido, los ejidatarios, los comuneros que eran los poseedores de la tierra y, muchas veces, los gestores y representantes pol&iacute;ticos de las comunidades. En ese sentido, puede decirse que la titulaci&oacute;n individual de predios que gener&oacute; la aplicaci&oacute;n de Procede termin&oacute; de afectar esos dos &uacute;ltimos reductos de poder jer&aacute;rquico tradicional en el campo que tanto se confund&iacute;an: las autoridades paterna y ejidal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hoy en d&iacute;a, como se&ntilde;ala Torres Mazuera, la educaci&oacute;n, la participaci&oacute;n, el acceso al consumo y la edad son marcadores de la creciente heterogeneidad que se observa en las comunidades rurales. Frente a la p&eacute;rdida de poder de los actores y representaciones tradicionales del campo, han comenzado a emerger nuevos actores, nuevos intereses, nuevas posibilidades: las mujeres, los profesionistas, nuevos pol&iacute;ticos; el Estado, por su parte, ha construido tambi&eacute;n su imagen y definido sus nuevos interlocutores en el campo: los pobres. El estudio pormenorizado acerca de la presencia y, sobre todo, la incidencia en t&eacute;rminos de significados y pr&aacute;cticas sociales, de esos nuevos actores locales de cuya existencia e intereses locales dan cuenta los cap&iacute;tulos de este libro es una vigorosa y sugerente l&iacute;nea de investigaci&oacute;n sobre el mundo rural.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cap&iacute;tulo IX, de Kirsten Appendini y Marcelo de Luca incide en la discusi&oacute;n acerca de si los cambios econ&oacute;micos, laborales y migratorios han acarreado o no procesos de empoderamiento de las mujeres. En &eacute;ste, como en muchos otros estudios, no hay una conclusi&oacute;n definitiva. En este caso, puede tener que ver con una cuesti&oacute;n metodol&oacute;gica. En contextos rurales, donde la gente se conoce y reconoce y donde los chismes corren como la humedad, quiz&aacute; los grupos focales no sean una buena estrategia para generar informaci&oacute;n sobre cambios, menos a&uacute;n sobre los cambios femeninos vistos desde la perspectiva de las propias mujeres. Mi impresi&oacute;n es que esa t&eacute;cnica, en este tipo de contextos, tiende a reiterar las normas sociales y a canonizar los esquemas m&aacute;s tradicionales y esperados del comportamiento femenino. Otros trabajos, con otras metodolog&iacute;as, han dado cuenta de fen&oacute;menos, tensiones, situaciones y b&uacute;squedas femeninas que apuntan y descubren el cambio, no sin contradicciones y tensiones, que ha significado la emigraci&oacute;n cada vez m&aacute;s definitiva de los padres, maridos, hermanos de las comunidades rurales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cap&iacute;tulo X, de Ivonne Vizcarra y X&oacute;chitl Guadarrama puede ser visto tambi&eacute;n como un estudio de actores locales construidos desde el Estado. Para los sucesivos gobiernos de los &uacute;ltimos a&ntilde;os, los campesinos son los principales pobres del pa&iacute;s: all&iacute; es m&aacute;s f&aacute;cil localizarlos, identificarlos, atenderlos, evaluar y elaborar cuentas alegres acerca del &eacute;xito de los programas Progresa y Oportunidades. Lo que muestran Vizcarra y Guadarrama, a partir de su estudio en cinco comunidades mazahuas del Estado de M&eacute;xico, son las profundas fisuras familiares y sociales que ha generado la selecci&oacute;n de los beneficiarios y la aplicaci&oacute;n de los programas. &iquest;Qui&eacute;nes son los pobres? Ahora todos tienen que mostrar que lo son, m&aacute;s que los otros de ser posible, en vez de tratar de salir de la pobreza. Los chismes, desacuerdos, incomprensi&oacute;n, quejas se han convertido en moneda corriente al interior de las comunidades, entre las mujeres. En un contexto marcado por la emigraci&oacute;n definitiva de los hombres &#151;ausencias de cinco a quince a&ntilde;os no pueden ser caracterizadas de otro modo&#151; lo que se advierte es que las mujeres han tenido que hacerse cargo no s&oacute;lo de los hogares y los compromisos con la educaci&oacute;n y salud sus hijos sino tambi&eacute;n de las obligaciones colaterales, formales e informales, legales y extralegales, que cada d&iacute;a se le suman a los programas. La ayuda a la pobreza, frente a la falta de opciones laborales locales y la ausencia de padres, hijos, esposos y hermanos, se ha vuelto indispensable pero la tensi&oacute;n social se ha vuelto, en muchos casos, irrespirable. Y eso abona al no regreso. El cap&iacute;tulo de Vizcarra y Guadarrama da cuenta de la mirada, otra vez unilateral, que ha construido el Estado respecto al mundo rural: del viejo modelo que s&oacute;lo los entend&iacute;a como productores agr&iacute;colas al esquema actual que s&oacute;lo los concibe o percibe como pobres.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, como muestran los once cap&iacute;tulos que forman este libro, el mundo rural ha experimentado cambios econ&oacute;micos, laborales, sociales y culturales dr&aacute;sticos: desaparici&oacute;n de la agricultura como eje de la econom&iacute;a rural local; diversificaci&oacute;n de las actividades econ&oacute;micas y el empleo; la relevancia, como nunca antes, de los contextos regionales para las opciones locales; la migraci&oacute;n definitiva a Estados Unidos; el valor inmobiliario, patrimonial, residencial de las tierras ejidales y comunales; la proliferaci&oacute;n de actores sociales con intereses y pr&aacute;cticas novedosas y divergentes que borran las diferencias tradicionales entre el campo y la ciudad. En este ambiente de cambio social, los actores sociales han reivindicado, redefinido y resignificado el inter&eacute;s, los motivos, la voluntad, el sentido de permanecer en las comunidades. Aunque ya no sea un espacio agr&iacute;cola.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esa es, me parece, la nueva ruralidad que se anuncia desde el t&iacute;tulo: sin agricultura, pero quiz&aacute;, aunque no en todos los casos, un lugar donde vivir y confrontar la deslocalizaci&oacute;n del trabajo; la separaci&oacute;n indefinida pero tambi&eacute;n la dif&iacute;cil recreaci&oacute;n de los derechos, los deberes y los afectos. Pero para entender y seguir los argumentos de los autores hay que leer con cuidado este flamante libro que no debe, por ning&uacute;n motivo, pasar inadvertido para los viejos pero sobre todo para los nuevos estudiosos del mundo rural mexicano.</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Nota</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kirsten Appendini y Gabriela Torres&#45;Mazuera (eds.) (2008), <i>&iquest;Ruralidad sin agricultura?</i> El Colegio de M&eacute;xico, 255 pp.</font></p>      ]]></body>
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