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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as </font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>El truquito y la maroma, coca&iacute;na, traquetos y pistolocos en Nueva York, de Juan Cajas</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Elena Azaola*</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p><font face="verdana" size="2"><i>* Antrop&oacute;loga y psicoanalista, investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropolog&iacute;a Social. M&eacute;xico.</i></font></p>     <p>&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Comencemos por el t&iacute;tulo. El <i>truquito</i> y la <i>maroma,</i> por lo menos en el espa&ntilde;ol que utilizamos en M&eacute;xico, sugieren un contenido inocente y divertido. Hay que decir que el libro para nada cumple con estas expectativas. Por el contrario, si tuviera que decirlo r&aacute;pido, se trata de un libro que posee la rara habilidad para dejarnos fr&iacute;os casi a cada p&aacute;rrafo y, en ocasiones, varias veces antes de que pasemos a un nuevo p&aacute;rrafo. Ello tanto por su contenido, y su densidad como por la velocidad a la que nos impone pensar a la sociedad contempor&aacute;nea desde uno de sus &aacute;ngulos m&aacute;s oscuros, el tr&aacute;fico y el consumo de drogas; no obstante que, como pocos temas, &eacute;ste se revela capaz de iluminar, de mostrar las claves que hoy mueven a porciones importantes tanto de la humanidad como de la econom&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se trata tambi&eacute;n de un libro que tiene la habilidad de sorprendernos, de cuestionarnos y de mostrarnos con crudeza los diferentes &aacute;ngulos de una realidad inaudita que, sin embargo, no deja de tener siempre como referente, como tel&oacute;n de fondo, a la condici&oacute;n humana y sus distintos modos de manifestarse. De paso, no puede dejarse de percibir al autor con un gusto por el riesgo, las emociones fuertes, por vivir en los bordes, en los l&iacute;mites, igual que los sujetos a quienes ha resuelto estudiar &#151;un grupo de narcotraficantes colombianos residentes en Nueva York&#151;, utilizando de manera acuciosa las herramientas de que dispone el antrop&oacute;logo para desmenuzar un trozo de la realidad social y sacar a la superficie sus significados ocultos.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre las claves que Juan Cajas se ocupa de develar en relaci&oacute;n con el funcionamiento de las redes de narcotr&aacute;fico y sus v&iacute;nculos con otros grupos del crimen organizado, se encuentra el que dichos grupos est&aacute;n integrados por clanes familiares dif&iacute;ciles de erradicar puesto que, como relata el autor, apenas cae uno de ellos, surgen en su lugar dos o tres. Asimismo, muestra la densa red que une a los n&uacute;cleos familiares dedicados al comercio de drogas con los que se hacen cargo de otros negocios colaterales: telefon&iacute;a pirata, prostituci&oacute;n, robo y contrabando tanto de armas como de seres humanos. El papel de la familia en estos negocios se explica justamente por el nivel de riesgo en que se ven precisados a actuar. &iquest;En qui&eacute;n, si no, se podr&iacute;a confiar cuando existen tantos intereses involucrados?</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor descubre un mundo de acuerdos entre gobiernos y narcotr&aacute;fico que ponen en cuesti&oacute;n, subvierten, los valores dominantes; en especial, la creencia de que legalidad/ilegalidad forman realidades separadas, que no se tocan entre s&iacute;. Algunas frases desnudan la realidad de manera brutal. Por ejemplo: "la coca&iacute;na no llega a Estados Unidos como resultado de una cruzada maligna de hombres diab&oacute;licos y perversos. La droga accede al p&uacute;blico a merced de autoridades corruptas". O esta otra: "el narcotr&aacute;fico manipula cerca de 500 mil millones de d&oacute;lares anuales. Su origen delictivo no es impedimento para que lo codicien econom&iacute;as desarrolladas o emergentes". Al dejar ver las complicidades en que tambi&eacute;n est&aacute;n involucrados los sistemas bancarios, el autor se empe&ntilde;a en derribar la poca inocencia que quiz&aacute;s nos quedaba. Ya sin ella, el autor emprende el viaje antropol&oacute;gico que le permite entender a los traficantes como una subcultura m&aacute;s, como cualquier otra.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro aspecto que hay que agradecer al autor es que se haya ocupado por preguntarse qu&eacute; puede explicar que los sujetos estudiados puedan sobrevivir en medio de alt&iacute;simos niveles de tensi&oacute;n y de riesgo. En la b&uacute;squeda por encontrar lo que da sentido a sus vidas, nos habla de una particular cosmovisi&oacute;n desde la cual estos sujetos se muestran dispuestos a morir en cada momento bajo lemas tales como "la buena vida cuesta, la hay m&aacute;s barata pero es cualquier cosa menos vida". O bien, el que utilizan los j&oacute;venes sicarios: "la vida es secundaria". Nos muestra, de este modo, que los l&iacute;mites entre lo aceptable y lo inaceptable pueden recorrerse hasta extremos que a muchos nos resultan impensables. Por ejemplo, la idea de realizar, en la era del dominio de la tecnolog&iacute;a, negocios en los que s&oacute;lo se puede contar con la palabra, pero donde, aun as&iacute;, existen rigurosos c&oacute;digos de conducta mediante los cuales las deudas tarde o temprano tendr&aacute;n que pagarse.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la manera de hablar de los j&oacute;venes pertenecientes a estos grupos, que el autor sujeta a escrutinio tanto en Cali como en Medell&iacute;n o Tijuana, encuentra que antes que todo son j&oacute;venes hartos del <i>establishment</i> que reaccionaron contra proyectos culturales con los que no se identifican, por lo que en la apropiaci&oacute;n idiom&aacute;tica de lo marginal encuentran una manera de sublevarse y de expresarse.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Frente al fen&oacute;meno de las drogas, el autor no elude colocarse del lado de quienes ubican el problema principal en su prohibici&oacute;n. Sin embargo &eacute;ste no constituye, a mi manera de ver, el prop&oacute;sito principal del libro, que se sit&uacute;a m&aacute;s all&aacute; de los referentes de legalidad/ilegalidad y m&aacute;s ac&aacute;, si se quiere, de un intento por descifrar los significados ocultos de nuestros tiempos. Tarea esta &uacute;ltima, por cierto, mucho m&aacute;s dif&iacute;cil y quiz&aacute;s arriesgada que la primera, pero de la cual el autor sale igualmente bien librado. Sus herramientas son, en este caso, una abundante literatura que el autor ha digerido y que va tejiendo de manera ingeniosa junto con sus recorridos por los barrios neoyorquinos siguiendo a un grupo de cocineros de la droga, es decir, de quienes la cortan, la mezclan y la adulteran (el truquito y la maroma, para abultar sus ganancias). Los sobres de la calle, nos dice, no traen m&aacute;s del 10% de coca, y agrega: no hay droga pura circulando por las calles, la gente se mete cualquier cosa a la cabeza. Este negocio requiere, entonces, no s&oacute;lo de los conocimientos adecuados para mezclar las sustancias en sus justas proporciones, sino tambi&eacute;n de la habilidad para conservar la confianza de la clientela y, agregar&iacute;amos, del inter&eacute;s que Juan ha puesto en el tema para hacernos accesibles los significados de tantos sinsentidos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En un peque&ntilde;o apartado el autor se ocupa tambi&eacute;n de discutir sobre el uso de las plantas tanto por animales como por la especie humana. Previsiblemente encuentra que la diferencia pasa porque los hombres las utilizan no s&oacute;lo para alimentar el cuerpo sino, por as&iacute; decir, tambi&eacute;n el alma. Aparece, entonces, el hombre necesitado de significaci&oacute;n, de lenguaje. Asimismo, toma posici&oacute;n respecto a que el consumo de sustancias no es en s&iacute; mismo el problema, sino las dosis, lo que constituye una decisi&oacute;n enteramente individual. Es la dosis, se&ntilde;ala, lo que transforma una sustancia en veneno. En cambio &#151;nos recuerda&#151;, mientras que la adicci&oacute;n es una construcci&oacute;n cultural, el narcotr&aacute;fico es una construcci&oacute;n jur&iacute;dica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al insistir en que consumir es decisi&oacute;n del individuo, subraya que &eacute;sta no puede ser una decisi&oacute;n que competa al Estado, y argumenta: no es la sociedad la que se droga, es el individuo. No obstante, apunta, es la sociedad la que, mediante la interdicci&oacute;n, orilla al individuo a consumir sustancias adulteradas. "El comerciante de drogas &#151;dice&#151; existe porque las instituciones lo engendran &#91;...&#93; es el hijo bastardo de la sociedad de consumo".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n nos hace ver que, al igual que en el amor, es en el espacio de la interdicci&oacute;n que el consumo se convierte en diosa, en pasi&oacute;n por lo prohibido. Lo que entonces debiera ser goce individual se transforma en caos social por efecto de la interdicci&oacute;n. Ello le da pie para reflexionar sobre la condici&oacute;n humana &#151;ni m&aacute;s ni menos&#151;, porque no en otra parte puede encontrarse la explicaci&oacute;n al fen&oacute;meno del consumo de drogas. De aqu&iacute; que nos diga con lucidez: "el hombre es v&iacute;ctima, m&aacute;s que ning&uacute;n otro animal, del temor a la muerte y al dolor".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Recorre, as&iacute;, los problemas que ha tra&iacute;do la prohibici&oacute;n de las drogas: la irrupci&oacute;n de laboratorios clandestinos con suced&aacute;neos m&aacute;s baratos, t&oacute;xicos y poderosos que los originales. Sus argumentos son convincentes: la prohibici&oacute;n es la fuente de m&uacute;ltiples problemas, pues hace que lo importante sea vender y poner las sustancias al alcance de todos. De aqu&iacute; que postule que la prohibici&oacute;n construye el escenario cultural de los traficantes de drogas: los ajustes de cuentas, las ejecuciones y los millones de personas &#151;a&ntilde;adir&iacute;amos&#151; que se hallan en prisi&oacute;n en el mundo por esta causa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor no omite ir atr&aacute;s en la historia de los personajes principales. Por lo que se refiere a Garfield, el l&iacute;der del grupo de traficantes&#45;cocineros, ubica su origen entre los grupos de izquierda colombianos de los a&ntilde;os setenta que, al no poder realizar sus ideales pol&iacute;ticos, encontraron lugar en las filas del narcotr&aacute;fico, si bien nos aclara que &eacute;ste fue s&oacute;lo uno de los m&uacute;ltiples destinos hacia los que derivaron, no el &uacute;nico, ya que tampoco han podido comprobarse los v&iacute;nculos entre el narcotr&aacute;fico y la guerrilla colombianas. Tambi&eacute;n se&ntilde;ala que la mafia neoyorquina ha mostrado su versatilidad al incorporar en sus filas lo mismo a trotskistas argentinos que a estalinistas colombianos, a mao&iacute;stas chinos junto con taiwaneses, a jud&iacute;os y palestinos. Queda claro que ah&iacute; no opera la discriminaci&oacute;n.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cap&iacute;tulo sobre los escenarios de la incertidumbre constituye una disquisici&oacute;n que recorre los pensadores y las ideas m&aacute;s sugerentes acerca de la modernidad, desde J&uuml;nger, Mishima, Pound, Cioran, Derrida, Lacan o Guiraud, entre otros, para colocar a la incertidumbre como uno de los rasgos que domina, que mantiene secuestrada, a la sociedad de nuestro tiempo. La carencia de certezas recibe como respuesta el consumo de drogas o la adicci&oacute;n a sectas religiosas de todo tipo. "Religi&oacute;n y drogas &#151;nos dice&#151; forman parte de un esfuerzo fren&eacute;tico en la b&uacute;squeda de experiencias que justifiquen la existencia". Eliminar la angustia, la incertidumbre, y procurarnos alegr&iacute;a son tareas que, de acuerdo con el autor, nos impone el mundo moderno.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por todo ello, se trata de un libro que nos sacude, nos dice cosas que no pueden dejar de llamar a las puertas de cada quien, de la experiencia de vida de cada uno para interrogarnos acerca de lo que significa vivir en nuestro tiempo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se trata, en resumen, de un libro inteligente. Un libro que, al tiempo que nos narra historias a la manera en que lo suele hacer el antrop&oacute;logo, sabe utilizar las ideas de numerosos pensadores para mirar, para reflexionar, para rescatar los sentidos de una realidad a la que Juan Cajas desnuda sin piedad.</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Notas </b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Juan Cajas (2004) <i>El truquito y la maroma, coca&iacute;na, traquetos y pistolocos en Nueva York,</i> C&aacute;mara de Diputados/Conaculta/INAH/ Miguel &Aacute;ngel Porr&uacute;a, M&eacute;xico. Texto que recibi&oacute; en 1997 el Premio Fray Bernardino de Sahag&uacute;n que otorga el Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia.</font></p>      ]]></body>
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