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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Cyborgs y mujeres artificiales: apuntes sobre género y cultura]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">En la mira</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Cyborgs y mujeres artificiales: apuntes sobre g&eacute;nero y cultura</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Mart&iacute;n Mora&#45;Mart&iacute;nez</b><sup>*</sup></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Donna J. Haraway. <i>Ciencia, cyborgs y mujeres. La reinvenci&oacute;n de la naturaleza.</i></b> <b>Madrid, C&aacute;tedra, 1995.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><sup>*</sup> Doctor en psicolog&iacute;a social. Profesor investigador del Departamento de Estudios Socio&#45;Urbanos de la Universidad de Guadalajara. Miembro del SNI nivel I.</i> Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:doktormora@yahoo.com">doktormora@yahoo.com</a></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Recepci&oacute;n: 13 de abril de 2011    <br> 	Aceptaci&oacute;n: 14 de junio de 2011</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Mujeres artificiales: mu&ntilde;ecas aut&oacute;matas y androides</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mujeres artificiales han existido siempre, incluso Eva, aplicando ciertos criterios, podr&iacute;a ser considerada como tal. Este art&iacute;culo no pretende ser un cat&aacute;logo exhaustivo de tipos de mujer artificial. Los ejemplos que voy a desarrollar responden a los prototipos principales y muestran una l&iacute;nea de evoluci&oacute;n hist&oacute;rica: la mu&ntilde;eca&#45;aut&oacute;mata, la malvada androide y la mujer <i>cyborg</i>. Los dos primeros tipos nacieron de la necesidad del hombre de desvincularse de la mujer natural. Esta necesidad estaba motivada sobre todo por insatisfacci&oacute;n est&eacute;tica o por af&aacute;n de dominio. El resultado fue, con pocas excepciones, una mu&ntilde;eca de gran tama&ntilde;o que se parec&iacute;a mucho a una mujer sin llegar nunca a serlo. Tras un primer momento de estupefacci&oacute;n frente a la mu&ntilde;eca&#45;aut&oacute;mata, se dio el paso hacia la malvada androide. La ausencia de emociones de las bellas aut&oacute;matas en combinaci&oacute;n con la perversidad del esp&iacute;ritu femenino y con el poder destructivo de la m&aacute;quina cre&oacute; monstruos que han sofisticado su poder destructivo en el transcurso de todo el siglo XX: la falsa Mar&iacute;a de <i>Metr&oacute;polis</i>, la replicante Pris en <i>Blade Runner</i> y la mujer de contornos met&aacute;licos que seduce al protagonista de <i>Tetsuo</i> son prueba de esta evoluci&oacute;n. La mujer <i>cyborg</i> de finales de este siglo pone e n evidencia la ausencia de l&iacute;mites entre lo natural y lo artificial. A poco de iniciado el siglo XXI, la presencia de seres en los que cohabitan elementos naturales y artificiales, los llamados <i>posthumanos</i>, no se limita ya a las p&aacute;ginas de novelas de ciencia ficci&oacute;n y se ha convertido en algo habitual, pero parece que todav&iacute;a no nos hemos decidido entre si nos producen fascinaci&oacute;n o terror.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la literatura fant&aacute;stica, las mujeres artificiales han sido siempre creaciones de cient&iacute;ficos locos o locos enamorados. Su proceso de construcci&oacute;n responde invariablemente a un deseo de superar a la mujer <i>natural</i>, por lo que acostumbran a estar dotadas de una gran belleza, y su mayor encanto consiste en su limitado vocabulario y su capacidad de sumisi&oacute;n. De todas formas, son pocos los que pueden vencer ese miedo primigenio a los seres inanimados que parecen tener vida propia y, una vez descubierto su secreto, la mayor&iacute;a de las mujeres artificiales son reducidas a un mont&oacute;n de miembros desarticulados. E. T. A Hoffmann escribi&oacute; a principios del siglo XIX <i>El hombre de la arena</i>, un cuento fant&aacute;stico en el que se establecen las bases de la relaci&oacute;n entre el hombre y la mujer artificial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El protagonista, el joven estudiante Nataniel, se enamora perdidamente de la silenciosa e inm&oacute;vil Olimpia, hija de su vecino, el profesor Spalanzani. Obsesionado por la muchacha, a la que observa con la ayuda de un catalejo desde la ventana de su habitaci&oacute;n, Nataniel rechaza a su anterior prometida, Clara, grit&aacute;ndole: "&iexcl;Lejos de m&iacute;, est&uacute;pida aut&oacute;mata!" (1976: 100). La identificaci&oacute;n de la mujer real con un ser inerte a la vez que, ir&oacute;nicamente, se considera a la mujer artificial como a la mujer aut&eacute;nticamente viva va a convertirse en una constante. La fascinaci&oacute;n que el joven siente por Olimpia aumenta tras una encantadora fiesta en la que Nataniel baila con la mu&ntilde;eca y sostiene una "conversaci&oacute;n" basada en los "ja, ja" que ella repite invariablemente. El resto de invitados notan que hay algo extra&ntilde;o en la muchacha y les resulta incomprensible la reacci&oacute;n del muchacho. Igual de incomprensible resulta para el mismo lector. La &uacute;nica explicaci&oacute;n, y la que Hoffmann desarrolla en las &uacute;ltimas p&aacute;ginas de la historia, es la de la locura.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una discusi&oacute;n entre Spalanzani, el creador del mecanismo, y el &oacute;ptico Coppola, proveedor de los ojos de la mu&ntilde;eca, termina con una redistribuci&oacute;n de posesiones que revela cruelmente la naturaleza mec&aacute;nica de Olimpia. El estudiante sufre una crisis nerviosa al observar c&oacute;mo es desmembrada la muchacha. Un posterior encuentro con Coppola producir&aacute; en Nataniel un delirio que lo llevar&aacute; a arrojarse desde lo alto de una torre. El final tr&aacute;gico no es casual, desde luego, ya que la relaci&oacute;n sentimental &#150;que no sexual&#150; es imposible entre un hombre y una aut&oacute;mata. A pesar de la atracci&oacute;n que el hombre siente por la belleza y la pasividad de la criatura mec&aacute;nica, la falta de sentimientos de la aut&oacute;mata condena la relaci&oacute;n desde el principio. El castigo por romper las reglas naturales recae invariablemente en la figura femenina, que es aniquilada, en la mayor&iacute;a de los casos, a trav&eacute;s de la desmembraci&oacute;n. En un cuento anterior de Hoffmann titulado <i>Los aut&oacute;matas</i>, obra que muchos consideran g&eacute;nesis de <i>El hombre de la arena</i>, la relaci&oacute;n de amor entre hombre y robot femenino es muy parecida, pero la conclusi&oacute;n no tiene tintes tan tr&aacute;gicos. El hombre no pierde la vida y el castigo, en este caso, se limita a la p&eacute;rdida de la raz&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los casos en los que el amor del humano puede redimir a la aut&oacute;mata son muy pocos y exigen como condici&oacute;n que la mujer renuncie a su artificialidad. En realidad, s&oacute;lo Pigmali&oacute;n, el artista enamorado de su propia estatua, consigue al final que la diosa Venus transforme a la p&eacute;trea amada en una criatura de carne y hueso. La historia termina felizmente cuando el joven y la reci&eacute;n nacida se abrazan en el lecho. Para Hadaly y Lord Ewald, los enamorados de <i>La Eva futura</i>, el castigo por intentar romper las reglas es la muerte. En el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo de la novela de Villiers de l'Isle Adam, titulado "Fatum", Hadaly, la androide construida para convertirse en la mujer perfecta, muere entre las llamas de la bodega de un barco que no llegar&aacute; jam&aacute;s a las costas de Inglaterra. Por su parte, Lord Ewald, un personaje que roza lo rid&iacute;culo, inconsolable tras la p&eacute;rdida de su amada ideal, se suicida tal y como lo hab&iacute;a planeado desde las primeras p&aacute;ginas de la novela.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de su triste final, Hadaly es sin duda la muestra m&aacute;s magn&iacute;fica de mujer artificial que puede encontrarse en la literatura fant&aacute;stica de finales del siglo pasado. <i>La Eva Futura</i> concentra la tradici&oacute;n desarrollada hasta ese momento, citando expl&iacute;citamente a Hoffmann, Edgar Allan Poe y Wagner, entre otros, adem&aacute;s de burlarse de las creaciones de Horner y otros coleccionistas de aut&oacute;matas. Adem&aacute;s, supera esa tradici&oacute;n llevando a cabo una de las m&aacute;s elaboradas e imaginativas descripciones de la construcci&oacute;n de la mujer artificial. Edison o <i>El brujo de Menlo Park</i>, inspirado en el inventor Thomas Alva Edison, explica con todo detalle el proceso de construcci&oacute;n de la nueva Eva y dedica a ello todo el libro quinto de la novela. En la primera fase de su creaci&oacute;n, Hadaly es una</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">femenina armadura de l&aacute;minas de plata, blanca y mate &#91;...&#93; un maniqu&iacute; met&aacute;lico que camina, habla, responde y obedece &#91;y que&#93; no envuelve a nadie.<a href="#notas"><sup>1</sup></a></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al final del proceso se convierte en el doble de una mujer real pero con un esp&iacute;ritu exquisito que, misteriosamente, es consciente de su creaci&oacute;n f&iacute;sica e insiste en ser un esp&iacute;ritu independiente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La gran innovaci&oacute;n de L'Isle Adam es que Hadaly, tambi&eacute;n llamada <i>La</i> <i>Andreida</i>, nace de la necesidad de dotar a la mujer real de un esp&iacute;ritu capaz de satisfacer a Lord Ewald y, por extensi&oacute;n, a todos los hombres. Ewald est&aacute; enamorado de una bella mujer, Miss Alicia Clary, pero no puede soportar su car&aacute;cter, que es vulgar, necio y poco inteligente. Edison propone al enamorado crear una mujer exactamente igual que Alicia pero con un esp&iacute;ritu acorde a la perfecci&oacute;n de su belleza. La mejor forma de explicar qu&eacute; es exactamente Hadaly es ceder la palabra a su creador:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Andreida no conoce la vida, ni la enfermedad, ni la muerte. Est&aacute; por encima de todas las imperfecciones, de todas las servidumbres y conserva la belleza del ensue&ntilde;o. Es una <i>inspiradora</i> (<i>ibidem</i>: 246).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Frente a semejante criatura, la mujer verdadera, natural e imperfecta puede llegar a desaparecer o, como en el cuento de Hoffmann, convertirse en ser inanimado. Por eso recomienda Edison a Ewald: "Tened cuidado, que al compararla con su modelo, no sea la viviente quien os parezca una mu&ntilde;eca" (<i>ibidem</i>: 109). La misma posibilidad de confusi&oacute;n entre mujer artificial y mujer natural hab&iacute;a sido realizada por Nataniel en el cuento de Hoffmann.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hasta ahora, todas las mujeres artificiales que han sido citadas no contienen un esp&iacute;ritu mal&eacute;volo. Hadaly puede matar, nos dice su creador, pero ni por un momento se muestra amenazadora. La tradici&oacute;n de androides asesinas tiene su origen en la relaci&oacute;n que se establece entre mujer artificial y m&aacute;quina. Seg&uacute;n Claude Quiguer, m&aacute;quina y mujer "de hierro" est&aacute;n estrechamente relacionadas:</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, el motivo er&oacute;tico conduce a una reflexi&oacute;n "gen&eacute;tica" que considera a Eva y a la locomotora no s&oacute;lo como semejantes en el amor, sino como <i>creaciones</i>, como obras, como <i>objetos</i> y, el erotismo desemboca aqu&iacute; sobre el esteticismo, como objetos <i>bellos</i><sup><a href="#notas">2</a></sup>.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La belleza de la mujer artificial convierte su poder destructivo en una caracter&iacute;stica todav&iacute;a m&aacute;s escalofriante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una de las mujeres artificiales que m&aacute;s claramente se vincula a la m&aacute;quina es la falsa Mar&iacute;a, de <i>Metr&oacute;polis</i> (Fritz Lang, 1926). Su aspecto met&aacute;lico pero innegablemente femenino recuerda a la Andreida de L'Isle Adam antes de convertirse en el doble de Miss Alicia. Curiosamente, la falsa Mar&iacute;a tambi&eacute;n est&aacute; construida en dos fases: la primera, en la que tiene aspecto de robot, y la segunda, en la que se convierte en doble de una mujer real pero con una sexualidad mucho m&aacute;s evidente. La falsa Mar&iacute;a, sin embargo, no tiene como finalidad satisfacer un amor incompleto sino ser un instrumento de poder y entre sus armas cuenta con la seducci&oacute;n, que ser&aacute; llevada al l&iacute;mite en la escena de la danza. Su malignidad se hace patente cuando, una vez terminada, la primera instrucci&oacute;n que la androide recibe es deshacer todas las buenas ense&ntilde;anzas de la verdadera Mar&iacute;a. Pero la mujer&#45;robot pronto toma sus propias decisiones y conduce a los trabajadores a una revoluci&oacute;n orgi&aacute;stica en la que destruyen todas las m&aacute;quinas y llegan a olvidar a sus hijos. En <i>Metr&oacute;polis</i>, como en otras tantas representaciones de la malvada androide, la mujer artificial se concibe</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">como elemento destructivo de la identidad humana, esclavizando a su propio creador y convirti&eacute;ndolo en un engranaje de su propio mecanismo fr&iacute;o y sin emoci&oacute;n.<sup><a href="#notas">3</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los trabajadores, cuando se recuperan de la fiebre destructiva, capturan a la falsa Mar&iacute;a y la queman como a una bruja mientras ella r&iacute;e y vuelve a su forma met&aacute;lica original. El destino de la mujer artificial, como en todos los casos, es su aniquilaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mucha cr&iacute;tica feminista vincula el proceso de liberaci&oacute;n de la mujer con el de la emancipaci&oacute;n de la m&aacute;quina. La misoginia sobre la que se sostienen la mayor&iacute;a de textos que hemos tratado hasta ahora permiten poner de manifiesto los procesos que rigen el sistema patriarcal en el que</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">el creador sigue respondiendo a modelos culturales propios del machismo y ocultando su deseo de concebir el ser perfecto, eficaz y dominable, hasta el punto de hacerlo sexualmente deseable (<i>ibidem</i>: 56&#45;57).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La rebeli&oacute;n de la androide simboliza la rebeli&oacute;n de la mujer, pero su caracterolog&iacute;a invariablemente malvada y su destrucci&oacute;n final no hacen m&aacute;s que poner en evidencia que las normas patriarcales siguen estando vigentes. No ser&aacute; hasta pasada la primera mitad del siglo XX cuando las cosas empezar&aacute;n a cambiar para la mujer artificial.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En <i>Blade Runner</i> (Ridley Scott, 1982) aparecen los <i>replicantes</i>, robots de aspecto completamente humano cuya finalidad era realizar las tareas m&aacute;s duras y peligrosas en las colonias espaciales. En la Tierra los replicantes son ilegales y para evitar su presencia existen los <i>blade runner</i>, los encargados de "retirar" a los replicantes ejecut&aacute;ndolos. Los replicantes son copias tan perfectas de los humanos que lo &uacute;nico que los diferencia es su limitado ciclo vital, s&oacute;lo viven cuatro a&ntilde;os, y su falta de empat&iacute;a. Rick Deckard tiene como misi&oacute;n encontrar a cuatro replicantes modelo Nexus 6, dos hombres y dos mujeres. Las mujeres son Zhora y Pris: ambas encarnan el nuevo prototipo de mujer artificial, no tienen el aspecto inorg&aacute;nico, fr&iacute;o y mec&aacute;nico de sus predecesoras sino que son &aacute;giles, fuertes y muy humanas. Zhora es descubierta por Rick en un club de <i>striptease</i> en el que ha ce un n&uacute;mero con una serpiente (&iquest;cualquier parecido con la imagen de Eva es una casualidad?). Ambos se enfrentan y tras una dura lucha se inicia una persecuci&oacute;n cuyo resultado ser&aacute; la muerte de Zhora por los disparos de Rick. Pero el <i>blade runner</i> confesar&aacute; haberse sentido como si hubiera matado a una mujer de verdad; &eacute;ste es el primer s&iacute;ntoma del cambio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pris es la siguiente en caer, pero no sin antes ofrecer algunas de las secuencias m&aacute;s magn&iacute;ficas de la pel&iacute;cula. Su aspecto desvalido de ni&ntilde;a punk le abre las puertas del hogar de J. F. Sebastian, el dise&ntilde;ador gen&eacute;tico que ha creado a los Nexus 6. Sebastian es un personaje curioso que vive solo en un enorme edificio con la &uacute;nica compa&ntilde;&iacute;a de sus sofisticados mu&ntilde;ecos. Cuando Rick llega a casa de Sebastian, Pris lo observa haci&eacute;ndose pasar por otra de las muchas mu&ntilde;ecas. Esta imagen remite a la naturaleza artificial de la replicante y la relaciona con toda la tradici&oacute;n de mujeres artificiales con un simbolismo tan evidente como hermoso. Pris pronto se lanza sobre Rick e inicia una violenta lucha en la que la replicante pronto deja claro que es m&aacute;s fuerte y &aacute;gil, pero el <i>blade runner</i> tiene la pistola y el resultado es que Pris muere en un charco de su propia sangre, que adem&aacute;s parece muy humana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tercer personaje femenino de la pel&iacute;cula, Rachael, da el siguiente paso hacia la mujer artificial contempor&aacute;nea. Rachael es una replicante pero no lo sabe porque se trata de un modelo tan avanzado que es capaz de crear en &eacute;l la ilusi&oacute;n de recuerdos y sentimientos. As&iacute; que lo &uacute;nico que distingue a Rachael del resto de humanos es su poca longevidad y el hecho de haber sido fabricada gen&eacute;ticamente. Cuando Rachael empieza a sospechar que es una replicante pide ayuda a Rick y se inicia la historia de amor entre ambos. Ya se hab&iacute;a hablado de la imposibilidad de las relaciones sentimentales entre hombre y mujer artificial. El final abierto de la pel&iacute;cula refleja esa imposibilidad: Rick y Rachael se marchan juntos hacia un futuro tan incierto como la naturaleza de Rachael, quien no es capaz de saber si sus recuerdos de infancia son suyos o han sido implantados en su memoria artificial. Aplicando la condici&oacute;n anterior se puede determinar que su relaci&oacute;n ser&aacute; imposible porque ella no es humana sino replicante, pero el montaje posterior del director sugiere que Rick tambi&eacute;n puede ser un replicante y que, en realidad, todos estamos programados, es decir, que no hay fronteras claras entre lo que es natural y lo que es artificial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Mujeres artificiales: posthumanidad y <i>cyborgs</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A finales de nuestro siglo, las mujeres artificiales han dejado de ser personajes de ciencia ficci&oacute;n para invadir la realidad m&aacute;s cotidiana. Nuestra vida es inconcebible sin la tecnolog&iacute;a y su uso no se limita ya a los objetos que nos rodean sino que ha empezado a formar parte de nuestros propios cuerpos. Quiz&aacute; el lugar en el que esta nueva presencia es palpable de forma m&aacute;s escalofriante sea en los centros de cirug&iacute;a est&eacute;tica, los laboratorios contempor&aacute;neos de creaci&oacute;n de mujeres artificiales. Naomi Wolf, en su trabajo <i>El mito de la belleza: c&oacute;mo las representaciones de la belleza se usan contra la mujer</i>, realiza una cr&iacute;tica a la industria de la belleza y en especial a su uso de modelos inalcanzables que obligan a la mujer a someterse a todo tipo de pr&aacute;cticas masoquistas cuya culminaci&oacute;n es la cirug&iacute;a est&eacute;tica. La publicidad que nos rodea crea modelos de belleza realmente <i>posthumanos</i>, es decir, m&aacute;s all&aacute; de lo humanamente posible, a base de efectos especiales y sistemas digitales. Las modelos de Playboy, por ejemplo, son una asombrosa combinaci&oacute;n entre cirug&iacute;a y programas inform&aacute;ticos capaces de retocar hasta el m&aacute;s m&iacute;nimo detalle de cada imagen. Seg&uacute;n Stuart Ewen:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando las im&aacute;genes fijas y fotog&eacute;nicas, en los anuncios o en las revistas, se convierten en el modelo que la gente sigue para dise&ntilde;arse a s&iacute; misma, se llega a una alienaci&oacute;n extrema. Uno se siente, por definici&oacute;n, cada vez peor con su propio cuerpo<sup><a href="#notas">4</a></sup>.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El resultado de todo esto son criaturas como Cindy Jackson, una mujer que ha padecido m&aacute;s de 20 operaciones para parecerse a Barbie, y una larga lista de mujeres famosas por su capacidad de reconstruir su propio cuerpo a la medida de las necesidades de su p&uacute;blico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Orlan es otro caso. Esta mujer se ha sometido a siete operaciones desde 1990 y su finalidad es llegar a convertirse en la obra maestra absoluta.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las manos de los cirujanos son guiadas por un <i>canon facial</i> compuesto por detalles digitalizados de cuadros famosos. Esta cara compuesta tiene la frente de la Gioconda, los ojos de la Psique de G&eacute;r&ocirc;me, la nariz de una Diana de la escuela de Fontainebleau, la boca de la Europa de Boucher y la barbilla de la Venus de Botticelli (<i>ibidem</i>: 264).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las operaciones son emitidas en todo el planeta y Orlan las dirige como si se tratara de otro espect&aacute;culo televisivo cualquiera. Opiniones sobre su "obra" hay para todos los gustos, aunque en general coinciden con la de Barbara Rose, quien cree que Orlan escenifica "La descabellada exigencia de una perfecci&oacute;n f&iacute;sica imposible" (<i>ibidem</i>: 264).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tanto Rose como Wolf parecen olvidar que la mujer es capaz de pensar por s&iacute; misma y la convierten en v&iacute;ctima de una sociedad superficial y consumista. Me niego a pensar que Kate Moss es responsable de todas las adolescentes con problemas de anorexia o que las mujeres que se agrandan los senos lo hacen para satisfacer las fantas&iacute;a de su pareja. Se trata de algo mucho m&aacute;s complicado que todo eso, y culpar a la industria de la belleza es minimizar un problema m&aacute;s relacionado con la propia estima y con la forma de relacionarnos con nuestros semejantes. Pero lo que tambi&eacute;n est&aacute; claro es que hay una gran diferencia entre rellenarse los labios con col&aacute;geno y hacerse un implante de rodilla para poder volver a caminar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin entrar en dilemas morales, Donna Haraway reivindica en su <i>Manifiesto para</i> cyborgs<i>: ciencia, tecnolog&iacute;a y feminismo socialista a finales del siglo XX</i> la ausencia de fronteras reales entre lo natural y lo artificial y culmina su teor&iacute;a con el concepto de <i>cyborg</i>. Haraway lo define como "un organismo cibern&eacute;tico, un h&iacute;brido de m&aacute;quina y organismo, una criatura de realidad social y tambi&eacute;n de ficci&oacute;n"<sup><a href="#notas">5</a></sup>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este momento filos&oacute;fico, la separaci&oacute;n entre cultura y naturaleza pertenece al pasado y, por lo tanto, tambi&eacute;n las, hasta ahora seguras, fronteras entre lo natural y lo artificial. No hace mucho imagin&aacute;bamos el <i>cyborg</i> como el robot masculino de aspecto humano que aparece en las dos partes de <i>Terminator</i>, pero en realidad nosotros ya hace tiempo que hemos dejado atr&aacute;s la pureza de nuestra "naturalidad", que nunca ha existido del todo. Nuestra ropa, nuestras gafas de sol, los medios de transporte en los que nos desplazamos hasta nuestros lugares de trabajo, que est&aacute;n infestados de m&aacute;quinas como el ordenador a trav&eacute;s del cual existimos tantas o m&aacute;s horas de las que dormimos... todos estos elementos nos convierten en seres que dependen de la tecnolog&iacute;a mucho m&aacute;s de lo que estamos dispuestos a reconocer. Por lo tanto,</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">a finales del siglo XX (nuestra era, un tiempo m&iacute;tico), todos somos quimeras, h&iacute;bridos teorizados y fabricados de m&aacute;quina y organismo; en unas palabras, somos <i>cyborgs</i> (<i>ibidem</i>: 254).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> L'Isle Adam, Villiers. de <i>La Eva futura.</i> Madrid, Valdemar, 1998, pp. 96&#45;100.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5037141&pid=S1405-9436201100010001400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Quiguer, Claude. <i>Femmes et machines de 1900. Lecture d'une obsession modern style</i>. Par&iacute;s: klincksiek, 1979, p. 251 (versi&oacute;n nuestra).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5037143&pid=S1405-9436201100010001400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Sala, &Aacute;ngel . "La m&aacute;quina, eterno femenino", en <i>Nosferatu</i>, n&uacute;m. 23, enero de 1997, p. 57.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5037145&pid=S1405-9436201100010001400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Citado en Dery, <i>Mark velocidad de escapa. La cibercultura en el final de siglo.</i> Madrid: Siruela, 1998, p. 264 .    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5037147&pid=S1405-9436201100010001400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Haraway, Donna J . <i>Ciencia, cyborgs y mujeres. La reinvenci&oacute;n de la naturaleza.</i> Madrid. C&aacute;tedra, 1995, p . 253.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5037149&pid=S1405-9436201100010001400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
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