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<publisher-name><![CDATA[Universidad Autónoma del Estado de México, Centro de Investigación y Estudios Avanzados de la Población]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Migración y trabajo en la era de la globalización: el caso de la migración México-Estados Unidos en la década de 1990]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Mexican migration into the United States started at the end of the XIX century. This social phenomenon has presented multiple stages and has occurred in different economic and political circumstances. This paper will document the new modalities and patterns present in the actual historic, economic and social context of migration in the era of "globalization". Special attention is paid to the new modalities of migration and the people incorporating into the migration flow, as well as, the structural conditions of migration in Mexico and the instability and vulnerability of the United States labor market.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Migraci&oacute;n y trabajo en la era de la globalizaci&oacute;n: el caso de la migraci&oacute;n M&eacute;xico&#45;Estados Unidos en la d&eacute;cada de 1990</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Alejandro I. Canales</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad de Guadalajara</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien la migraci&oacute;n de mexicanos a Estados Unidos se inici&oacute; a fines del siglo XIX, dicho fen&oacute;meno social ha transitado por diversas etapas y diferentes coyunturas econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas; por ello, el objetivo del presente trabajo es documentar las nuevas modalidades y perfiles de la migraci&oacute;n que pueden asociarse con el actual contexto hist&oacute;rico y los procesos econ&oacute;micos y sociales en la era de la globalizaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se pone &eacute;nfasis tanto en las nuevas modalidades y en los nuevos contingentes demogr&aacute;ficos que se han incorporado al flujo migratorio, as&iacute; como en las condiciones estructurales de la emigraci&oacute;n en M&eacute;xico y en las nuevas formas de inestabilidad y vulnerabilidad que caracterizan al mercado laboral en Estados Unidos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mexican migration into the United States started at the end of the XIX century. This social phenomenon has presented multiple stages and has occurred in different economic and political circumstances. This paper will document the new modalities and patterns present in the actual historic, economic and social context of migration in the era of "globalization".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Special attention is paid to the new modalities of migration and the people incorporating into the migration flow, as well as, the structural conditions of migration in Mexico and the instability and vulnerability of the United States labor market.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La migraci&oacute;n de mexicanos a Estados Unidos inici&oacute; a fines del siglo XIX, cuando las precarias condiciones econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas en M&eacute;xico derivadas de la guerra contra Estados Unidos primero, y las guerras de Reforma despu&eacute;s, generaron un amplio contingente de poblaci&oacute;n rural empobrecida que no hallaba espacios ni en las haciendas porfirianas, ni en las ciudades del centro de M&eacute;xico. Paralelamente, en Estados Unidos el expansionismo capitalista se vio potenciado con la incorporaci&oacute;n de los estados y territorios de la frontera del sudeste a su econom&iacute;a nacional, lo que propici&oacute; una demanda continua de mano de obra barata (Cardoso, 1980).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde entonces, la migraci&oacute;n mexicana ha transitado por diversas etapas y diferentes coyunturas econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas, en las cuales ha asumido caracter&iacute;sticas particulares, y representado problem&aacute;ticas sociales y pol&iacute;ticas diferentes. En la segunda mitad del siglo XX podemos identificar tres etapas diferentes en la migraci&oacute;n de mexicanos a Estados Unidos.</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. En primer lugar, entre 1942 y 1964 la migraci&oacute;n se desarroll&oacute; en el marco del Programa Bracero que favoreci&oacute; y consolid&oacute; un flujo circular y recurrente, compuesto mayoritariamente por hombres j&oacute;venes, provenientes de zonas rurales del occidente de M&eacute;xico, y que se empleaban temporalmente como jornaleros agr&iacute;colas y peones de la construcci&oacute;n y del ferrocarril, principalmente (Driscoll, 1999).</font></p>  		       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. Una segunda etapa inici&oacute;      con el fin del Programa Bracero y se extendi&oacute; hasta fines de la d&eacute;cada      de 1970. En esta etapa predomin&oacute; la migraci&oacute;n indocumentada,      la cual reprodujo, en parte, las caracter&iacute;sticas sociodemogr&aacute;ficas      y ocupacionales de los migrantes, as&iacute; como la modalidad circular y      recurrente de sus desplazamientos (G&aacute;stelum, 1991 y Bustamante, 1975).</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3. Finalmente, desde la d&eacute;cada de 1980 a la fecha inicia una tercera etapa que se caracteriza por la incorporaci&oacute;n de nuevos componentes al flujo migratorio que contribuyen a modificar y a hacer m&aacute;s compleja tanto la din&aacute;mica y modalidades migratorias como el perfil sociodemogr&aacute;fico y pautas de inserci&oacute;n laboral de los migrantes en Estados Unidos.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En torno a los cambios y continuidades en el origen regional y perfil sociodemogr&aacute;fico de los migrantes en esta tercera etapa, se ha abierto un interesante debate. Por un lado, Durand <i>y</i> Zenteno (2001), usando diferentes fuentes de informaci&oacute;n estad&iacute;stica, concluyen que la migraci&oacute;n mexicana a Estados Unidos es un claro ejemplo de una marcada continuidad a trav&eacute;s del tiempo. En particular, se&ntilde;alan que ahora como en el pasado, el migrante t&iacute;pico es un hombre en edad activa proveniente del occidente de M&eacute;xico, especialmente de los estados de Guanajuato, Jalisco o Michoac&aacute;n. Asimismo, la expansi&oacute;n de las redes sociales las ha convertido en un capital social m&aacute;s accesible, lo que ha llevado a que los desplazamientos sean menos selectivos respecto a la educaci&oacute;n. Por &uacute;ltimo, si bien se ha incrementado la proporci&oacute;n de migrantes de origen urbano, ello se debe, en general, a que la poblaci&oacute;n mexicana se ha hecho tambi&eacute;n m&aacute;s urbana, debido al proceso de urbanizaci&oacute;n y concentraci&oacute;n demogr&aacute;fica que se aceler&oacute; en la d&eacute;cada de 1960.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por su parte, Marcelli y Cornelius (2001) encuentran evidencia que contradice esta hip&oacute;tesis de una marcada continuidad en la migraci&oacute;n mexicana a Estados Unidos. Usando tambi&eacute;n diferentes fuentes de informaci&oacute;n estad&iacute;stica, estos autores concluyen que en las &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas ha aumentado la proporci&oacute;n de migrantes provenientes de entidades del centro y sur del pa&iacute;s, as&iacute; como de &aacute;reas urbanas, especialmente de la ciudad de M&eacute;xico. Asimismo, se&ntilde;alan que los migrantes mexicanos tienen mayores niveles de escolaridad que en el pasado, a la vez que se ha incrementado la proporci&oacute;n de mujeres, as&iacute; como la propensi&oacute;n de los migrantes a establecer su residencia permanente en Estados Unidos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde nuestra perspectiva, sin embargo, pensamos que la situaci&oacute;n es m&aacute;s compleja que lo se&ntilde;alado por unos y otros autores. La migraci&oacute;n mexicana a Estados Unidos es un fen&oacute;meno social que ha perdurado por m&aacute;s de 150 a&ntilde;os. Su continuidad y persistencia en el tiempo se debe, en gran medida, a su car&aacute;cter din&aacute;mico y cambiante, que le ha permitido adaptarse a las diferentes condiciones estructurales que han caracterizado las distintas etapas y ciclos de la historia pol&iacute;tica, social y econ&oacute;mica de ambos pa&iacute;ses. En este sentido, el debate actual no debiera circunscribirse &uacute;nicamente a los aspectos de continuidad y de cambio en los perfiles sociodemogr&aacute;ficos y modalidades migratorias, sino, m&aacute;s bien, contextualizar estos cambios y continuidades en el marco de las transformaciones econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas que desde mediados de la d&eacute;cada de 1980 se han implantado en M&eacute;xico y Estados Unidos, y que han redefinido sustancialmente las relaciones entre ambos pa&iacute;ses.<sup><a href="#nota">1</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El objetivo de este trabajo es documentar las nuevas modalidades y perfiles de la migraci&oacute;n que pueden asociarse con el actual contexto hist&oacute;rico y los procesos sociales y econ&oacute;micos en la era de la globalizaci&oacute;n. Ponemos &eacute;nfasis tanto en las nuevas modalidades y en los nuevos contingentes demogr&aacute;ficos que se han incorporado al flujo migratorio, as&iacute; como en las condiciones estructurales de la emigraci&oacute;n en M&eacute;xico y en las nuevas formas de inestabilidad y vulnerabilidad que caracterizan al mercado laboral en Estados Unidos. La segmentaci&oacute;n social y diferenciaci&oacute;n &eacute;tnica son aspectos caracter&iacute;sticos de la nueva econom&iacute;a en Estados Unidos que tienen importantes efectos sobre la migraci&oacute;n de origen mexicana en particular y latinoamericana en general (Canales, 2002).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para ello, hemos organizado este art&iacute;culo en cuatro secciones. En la primera presentamos un recuento de las principales transformaciones estructurales en la econom&iacute;a mexicana en las &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas. Esta revisi&oacute;n nos permite contextualizar los cambios en los patrones y perfiles de la migraci&oacute;n mexicana, los cuales son descritos en la segunda secci&oacute;n. En la tercera secci&oacute;n revisamos las bases de la llamada <i>Nueva Econom&iacute;a</i> en Estados Unidos, con &eacute;nfasis particular en los procesos de flexibilidad laboral y polarizaci&oacute;n de la estructura de actividades y ocupaciones de la fuerza de trabajo. Finalmente, en la cuarta aportamos evidencia estad&iacute;stica reciente sobre la inserci&oacute;n laboral de los migrantes mexicanos en la econom&iacute;a de Estados Unidos, lo que nos permitir&aacute; ilustrar el proceso de segmentaci&oacute;n laboral y diferenciaci&oacute;n ocupacional que caracteriza esta etapa de transici&oacute;n a una econom&iacute;a informacional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Reestructuraci&oacute;n productiva en M&eacute;xico: nuevas condiciones para la emigraci&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La crisis de 1982 marc&oacute; el fin del modelo de industrializaci&oacute;n basado en la sustituci&oacute;n de importaciones, cuya mayor debilidad la podemos ubicar en su incapacidad para enfrentar las nuevas reglas de la competencia oligop&oacute;lica en un contexto de globalizaci&oacute;n econ&oacute;mica. Al igual que en otros pa&iacute;ses latinoamericanos, M&eacute;xico enfrent&oacute; esta crisis con base en una pol&iacute;tica de cambio estructural y transformaci&oacute;n productiva, la que se sustent&oacute; en tres pilares, fundamentalmente (Lustig, 1994):</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. Por un lado, una mayor <i>liberalizaci&oacute;n</i> de la econom&iacute;a, esto es, un desplazamiento de la acci&oacute;n del Estado que dej&oacute; un espacio abierto para el "libre" juego de los mercados en la asignaci&oacute;n de recursos (inversi&oacute;n, empleo, comercio, etc&eacute;tera).</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. Por otro lado, un importante cambio en el funcionamiento del mercado de trabajo, a trav&eacute;s de la flexibilizaci&oacute;n de las reglas de contrataci&oacute;n, despido, empleo y salarios, y relaciones industriales.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3. Finalmente, en una pol&iacute;tica de apertura externa, impulso al proceso de <i>sustituci&oacute;n de exportaciones</i> y promoci&oacute;n de diversas formas de subcontrataci&oacute;n internacional, que encuentra su mejor expresi&oacute;n en la industria maquiladora de exportaci&oacute;n en la frontera norte del pa&iacute;s.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de los efectos de esta pol&iacute;tica econ&oacute;mica fue el est&iacute;mulo al crecimiento de las exportaciones manufactureras, sustentado en el auge de la industria maquiladora, as&iacute; como la modernizaci&oacute;n (y en algunos casos, posterior privatizaci&oacute;n) de ciertos sectores tradicionales basados en un r&eacute;gimen institucional paraestatal, pero potencialmente competitivos, como los sectores de telecomunicaciones y de energ&iacute;a (Dussel, 1997).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, esta estrategia de liberalizaci&oacute;n econ&oacute;mica tuvo efectos negativos en gran parte de la manufactura tradicional, la que no dispon&iacute;a de las condiciones de productividad para enfrentar la creciente competencia de productos importados y/o de empresas transnacionales que tend&iacute;an a localizarse en M&eacute;xico. En este sentido, gran parte del sector privado interno se vio ante la disyuntiva de o enfrentar una modernizaci&oacute;n costosa, en un contexto de crisis estructural, y adem&aacute;s con un futuro incierto, o establecer otras estrategias para sobrevivir en un mercado cada vez m&aacute;s competitivo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En algunos casos, los menos por cierto, se opt&oacute; por una estrategia de modernizaci&oacute;n. Se trat&oacute; preferentemente de grandes industrias vinculadas a importantes grupos econ&oacute;micos (algunas empresas del grupo de Monterrey, por ejemplo), que implantaron un modelo de transici&oacute;n de una din&aacute;mica corporativa a una basada en la productividad. En otros casos, y ante la imposibilidad de sustentar un proceso de modernizaci&oacute;n productiva, una importante proporci&oacute;n de peque&ntilde;os y medianos productores se convirtieron en abastecedores de la industria maquiladora. Para ello, se instituy&oacute; una estrategia de reorientaci&oacute;n (y a veces, su relocalizaci&oacute;n) desde el centro del pa&iacute;s hacia la actividad maquiladora que predominaba en la regi&oacute;n norte (De la O, 2002).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la mayor&iacute;a de los casos, sin embargo, la estrategia de modernizaci&oacute;n fue sustituida por una de flexibilizaci&oacute;n y desregulaci&oacute;n laboral, cuando no, por el cierre directo de diversas plantas y privatizaci&oacute;n en el caso del sector paraestatal.<sup><a href="#nota">2</a></sup> De esta forma, el costo para mantener determinados niveles de competitividad fue transferido, en gran medida, al mercado laboral, generando una importante p&eacute;rdida de empleos, reducci&oacute;n salarial e inestabilidad laboral (Dussel, 1997).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta estrategia de industrializaci&oacute;n, Lipietz (1997) la denomina <i>fordismo perif&eacute;rico,</i> en t&eacute;rminos de que las transformaciones actuales permitir&iacute;an la convergencia hacia un paradigma tecnoecon&oacute;mico que, por un lado, recoge los principios tayloristas y fordistas de la producci&oacute;n, pero sin la contraparte de las condiciones sociales que permitir&iacute;an una regulaci&oacute;n de las relaciones laborales, as&iacute; como sin un esquema econ&oacute;mico keynesiano que articule los ingresos de los obreros a la demanda efectiva. En este sentido, es <i>perif&eacute;rico,</i> pues se tratar&iacute;a de una estrategia fordista en lo productivo, pero flexible en lo laboral.<sup><a href="#nota">3</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta estrategia establece adem&aacute;s, un nuevo contexto de polarizaci&oacute;n y diferenciaci&oacute;n del aparato productivo, por una parte, en sectores deprimidos y orientados al mercado interno, y por otra, en sectores como la maquiladora, que incrementan su productividad y su participaci&oacute;n en las exportaciones totales (Gereffi, 1993). El efecto neto es un descenso relativo de la actividad industrial, especialmente en las ciudades del centro del pa&iacute;s. Por un lado, disminuye su participaci&oacute;n en el empleo total de 27 por ciento en 1979, a menos de 23 por ciento en 1991. Por otro lado, sin embargo, desde principio de la d&eacute;cada de 1980 la actividad maquiladora ha tenido un gran impulso, de tal forma que para fines de 1997 estaban operando casi 3 400 plantas, que empleaban a 850 mil trabajadores directos (Canales, 1998).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este marco, la industria maquiladora de exportaci&oacute;n se ha convertido en el pilar de la nueva estrategia de industrializaci&oacute;n que ha permitido reinsertar a M&eacute;xico en el mercado mundial, y en particular, en la econom&iacute;a del bloque comercial de Norteam&eacute;rica. Sin duda, el auge de la industria maquiladora se sostiene entre otros factores, por las ventajas de localizaci&oacute;n que otorga la vecindad con Estados Unidos, as&iacute; como por la disponibilidad de una fuerza de trabajo de bajos salarios, con baja calificaci&oacute;n y casi sin experiencia sindical independiente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Asimismo, si bien en la d&eacute;cada de 1980 tendi&oacute; a aparecer un nuevo tipo de planta maquiladora, que han hecho importantes inversiones en alta tecnolog&iacute;a (Gereffi, 1993), en general a&uacute;n es predominante la maquiladora tradicional, caracterizada por realizar operaciones de ensamble y subensamble, intensivas en mano de obra, y que combinan salarios m&iacute;nimos con trabajo a destajo. Se trata, en s&iacute;ntesis, de la t&iacute;pica especializaci&oacute;n en el procesamiento para las exportaciones, que, por lo mismo, tienen escaso impacto en las econom&iacute;as locales, m&aacute;s all&aacute; de la generaci&oacute;n de empleo directo de bajos salarios.</font></p>  	     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta forma, entonces, las    estrategias de flexibilidad y reestructuraci&oacute;n productiva implantadas    tanto desde el Estado como del sector privado, prefiguran un escenario no muy    pr&oacute;spero para el mundo laboral, especialmente en cuanto a la estabilidad    del empleo, estructura de ocupaciones y niveles salariales. Esta ofensiva flexibilizadora    implica modificaciones sustanciales en los contratos laborales, sistemas de    remuneraciones, cambios en la jornada de trabajo, nuevas formas de organizaci&oacute;n    y estrategias gerenciales, as&iacute; como aspectos que involucran al Estado    y el ejercicio de la legislaci&oacute;n laboral y de seguridad social (De la    Garza, 2002).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En lo que se refiere a la estructura de las ocupaciones, se prev&eacute;n nuevas modificaciones como resultado de la ampliaci&oacute;n de formas hasta ahora at&iacute;picas de empleo, como la subcontrataci&oacute;n, contratos por obra y servicio, trabajos a domicilio, trabajos eventuales, de tiempo parcial, y con horarios flexibles, entre otros. En cuanto a las formas y niveles de las remuneraciones, la flexibilizaci&oacute;n tambi&eacute;n se manifiesta en formas y mecanismos no tradicionales, como ajustar los salarios a los cambios en la productividad del trabajo, a su calidad y eficiencia, a la situaci&oacute;n de la empresa y a las fluctuaciones del mercado (Canales, 2000).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con base en este contexto de reestructuraci&oacute;n productiva y transformaciones en las relaciones industriales y laborales, podemos entender entonces el nuevo car&aacute;cter de la emigraci&oacute;n de mexicanos hacia Estados Unidos, as&iacute; como su din&aacute;mica, composici&oacute;n y modalidades migratorias. En efecto, si bien la actual estrategia de industrializaci&oacute;n favorece el auge exportador de la industria manufacturera, el costo de ello es la polarizaci&oacute;n y desigualdad creciente que se genera. De hecho, la estrategia de flexibilidad externa y desregulaci&oacute;n laboral seguida en M&eacute;xico, ha implicado una creciente precarizaci&oacute;n del empleo, reducci&oacute;n de los salarios reales, polarizaci&oacute;n del empleo industrial, subempleo y empleo informal, y otros efectos negativos en la din&aacute;mica del mercado laboral (Smith, 2000).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, los niveles de ingreso salarial que ya eran bajos en 1980, decayeron a&uacute;n m&aacute;s en los siguientes a&ntilde;os. El salario m&iacute;nimo, por ejemplo, muestra una tendencia de descenso continuo y sostenido en las &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas, logrando alcanzar en 1998, apenas 31 por ciento del valor que ten&iacute;a en 1980. Por su parte, las remuneraciones medias tambi&eacute;n experimentan un deterioro importante que ha persistido en las &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas. Aunque en la primera mitad del decenio de 1990 tuvieron un repunte, &eacute;ste no fue lo suficiente como para recuperar los niveles de comienzos de 1980. Asimismo, la crisis de diciembre de 1994 volvi&oacute; a deprimir los salarios, situaci&oacute;n que tiende a prevalecer hasta nuestros d&iacute;as. De esta forma, el valor actual de los salarios medios contin&uacute;a siendo 25 por ciento inferior al valor que prevalec&iacute;a a comienzos de la d&eacute;cada de 1980 (<a href="#g1">gr&aacute;fica 1</a>).</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="g1"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/pp/v8n33/a3g1.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los datos anteriores son elocuentes. Las crisis de 1982 y 1994 no s&oacute;lo han deprimido los niveles salariales e ingresos de los trabajadores, sino que junto a las pol&iacute;ticas neoliberales y de ajuste estructural que le han seguido, han postrado a la fuerza de trabajo en una situaci&oacute;n de precariedad y reducci&oacute;n salarial que perdura por m&aacute;s de dos d&eacute;cadas. En efecto, al analizar los cambios en la distribuci&oacute;n de la poblaci&oacute;n ocupada seg&uacute;n sus remuneraciones, se observa una tendencia que corrobora lo anterior. Por un lado, la proporci&oacute;n de la poblaci&oacute;n ocupada que percib&iacute;a entre uno y dos salarios m&iacute;nimos se ha reducido, pasando de 38.3 en 1990, a 31 en 1995, y a 30.5 por ciento en 1997; sin embargo, no se trata de un mejoramiento de sus remuneraciones, sino de una reducci&oacute;n sustancial en sus niveles salariales. Mientras la poblaci&oacute;n ocupada que percibe m&aacute;s de dos salarios m&iacute;nimos se ha mantenido m&aacute;s o menos estable, la poblaci&oacute;n que percibe menos de un salario m&iacute;nimo, en cambio, se ha incrementado, pasando de 27.7 en 1990, a 32.5 en 1995, y a 37.5 por ciento en 1997 (<a href="#c1">cuadro 1</a>).</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="c1"></a></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/pp/v8n33/a3c1.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este es un dato relevante, pues indica que pr&aacute;cticamente dos tercios de la fuerza de trabajo ha estado expuesta en forma continua y permanente a una situaci&oacute;n salarial de alta precariedad, en donde el &uacute;nico movimiento posible ha sido hacia un descenso continuo de las remuneraciones del trabajo. Lo m&aacute;s grave de esta situaci&oacute;n es que durante toda la d&eacute;cada pasada m&aacute;s de un tercio de la poblaci&oacute;n ocupada percibi&oacute; un salario que era inferior al m&iacute;nimo establecido por la ley, el cual de por s&iacute; es bastante exiguo, y en ning&uacute;n caso alcanzaba para cubrir las necesidades b&aacute;sicas de una familia t&iacute;pica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este contexto, diversas estrategias se han implantado para enfrentar la precarizaci&oacute;n del empleo, especialmente en sectores de bajos ingresos. Al respecto, destaca la estrategia de mayor autoexplotaci&oacute;n de la fuerza de trabajo familiar, como mecanismo para enfrentar el empobrecimiento de las familias (Cort&eacute;s, 2000). En este sentido, podemos mencionar la creciente participaci&oacute;n de la mujer en los mercados de trabajo formales e informales, especialmente en &aacute;reas urbanas y metropolitanas. Asimismo, la migraci&oacute;n a Estados Unidos pasa a ser otra estrategia, que, adem&aacute;s, tiende a generalizarse en zonas del pa&iacute;s y sectores de la poblaci&oacute;n que tradicionalmente se hab&iacute;an mantenido al margen de los flujos migratorios. Sin duda, todo ello ha implicado importantes cambios en la din&aacute;mica, composici&oacute;n y modalidades que asume la migraci&oacute;n internacional desde la d&eacute;cada de 1980.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Cambios en el perfil y modalidades de la migraci&oacute;n mexicana</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La implantaci&oacute;n en M&eacute;xico de los programas de ajuste estructural y reconversi&oacute;n econ&oacute;mica, deriv&oacute; en la precarizaci&oacute;n de las condiciones laborales y contractuales de la fuerza de trabajo (De la Garza, 2002). En estos nuevos contextos pol&iacute;tico y econ&oacute;mico, las crisis de 1982 y 1994 han contribuido a redefinir las relaciones de los sindicatos con el Estado, y, en particular, a la desregulaci&oacute;n del mercado laboral y la relaci&oacute;n capital&#45;trabajo. El efecto directo ha sido la precarizaci&oacute;n del empleo y la reducci&oacute;n generalizada de los salarios, situaci&oacute;n que ha perdurado por casi dos d&eacute;cadas (Cort&eacute;s, 2000).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este contexto de iniquidad y precariedad salarial, la migraci&oacute;n a Estados Unidos se ha convertido en una alternativa laboral no s&oacute;lo atractiva, sino real y posible para cada vez m&aacute;s sectores de la poblaci&oacute;n de diversas regiones del pa&iacute;s. En efecto, la migraci&oacute;n internacional, y en particular las remesas que pueden obtenerse a partir de ella, conforman una opci&oacute;n salarial mucho m&aacute;s atractiva incluso que el empleo en las nuevas zonas y ciudades de desarrollo industrial, sin mencionar que superan con mucho las limitadas opciones que se presentan en el resto del pa&iacute;s. Como se ilustra en la <a href="#g2">gr&aacute;fica 2</a>, a partir de 1995 las remesas que env&iacute;a cada migrante son m&aacute;s de 2.4 veces superiores al salario m&iacute;nimo, a la vez que representan casi dos tercios del salario promedio en M&eacute;xico. En otras palabras, a partir de 1995 lo que un migrante puede enviar a su familia supera lo que m&aacute;s dos tercios de la poblaci&oacute;n ocupada en M&eacute;xico pueden aportar al ingreso familiar. Eso sin considerar la capacidad de ahorro que el propio migrante puede tener en Estados Unidos.<sup><a href="#nota">4</a></sup></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="g2"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/pp/v8n33/a3g2.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No resulta pues extra&ntilde;o que la migraci&oacute;n se haya extendido a nuevos grupos sociales, los que han contribuido a modificar tanto el perfil de los migrantes como las modalidades de los desplazamientos. Al respecto, nos interesa resaltar tres tendencias recientes del proceso migratorio. Por un lado, el incremento absoluto y relativo del flujo migratorio; por otro, la incorporaci&oacute;n de nuevos grupos demogr&aacute;ficos al flujo migratorio, mujeres y ni&ntilde;os, principalmente, y finalmente, la participaci&oacute;n de nuevas regiones y de zonas urbanas que tradicionalmente se hab&iacute;an mantenido al margen del proceso migratorio.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En primer lugar, destaca por su magnitud el incremento constante y sostenido de los mexicanos que han establecido su residencia habitual en Estados Unidos. Hasta 1970 la migraci&oacute;n permanente involucraba a menos de 45 mil personas anualmente. A partir de ese a&ntilde;o, este componente del proceso migratorio inici&oacute; una fase de ascenso sostenido y a ritmos crecientes, mismo que se consolida en la d&eacute;cada de 1990. Entre 1970 y 1980, por ejemplo, el saldo neto anual ascendi&oacute; a m&aacute;s de 110 mil individuos, cifra que se elev&oacute; a m&aacute;s de 220 mil en la d&eacute;cada siguiente, y a 343 mil en la d&eacute;cada de 1990 (<a href="#c2">cuadro 2</a>). De esta forma, tan s&oacute;lo de 1990 a 2000 se han asentado en Estados Unidos tantos mexicanos como los correspondientes a las tres d&eacute;cadas anteriores (1960&#45;1990).</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="c2"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/pp/v8n33/a3c2.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, en 1950 y 1960 los migrantes mexicanos residentes en Estados Unidos representaban menos de 2 por ciento de la poblaci&oacute;n mexicana. En 1990, en cambio, esta proporci&oacute;n se increment&oacute; a 5.5 y lleg&oacute; a 8.1 por ciento en el 2000. Esas cifras indican el gran peso relativo que est&aacute; adquiriendo este proceso de asentamiento de la poblaci&oacute;n migrante de origen mexicano en Estados Unidos en los &uacute;ltimos lustros. De acuerdo con estimaciones recientes (<a href="#c2">cuadro 2</a>), se calcula que m&aacute;s de 8 millones de mexicanos son residentes permanentes en Estados Unidos, cifra que es cuantitativamente superior a la de cualquier entidad federativa de la Rep&uacute;blica Mexicana, con excepci&oacute;n del Distrito Federal y el estado de M&eacute;xico.<sup><a href="#nota">5</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En segundo lugar, no se trata tan s&oacute;lo de un incremento absoluto y relativo de la migraci&oacute;n a Estados Unidos, sino tambi&eacute;n de la incorporaci&oacute;n de nuevos contingentes a este flujo. Tal es el caso de las mujeres, quienes tradicionalmente se hab&iacute;an mantenido ajenas al proceso migratorio. Si bien la participaci&oacute;n de la mujer en dicho proceso no es un fen&oacute;meno reciente y ha sido ampliamente documentado (Hondagneu&#45;Sotelo, 1994 y Fern&aacute;ndez&#45;Kelly, 1991), lo nuevo en este caso es su creciente participaci&oacute;n en la migraci&oacute;n de tipo circular y recurrente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, desde siempre, la mujer ha participado en la migraci&oacute;n, pero bajo una modalidad muy espec&iacute;fica. A diferencia del hombre, la mujer tend&iacute;a a realizar desplazamientos &uacute;nicos, no recurrentes, y a establecer su residencia en Estados Unidos. En no pocos casos, se trataba, adem&aacute;s, de una migraci&oacute;n familiar, en el marco de procesos de reunificaci&oacute;n familiar (Woo, 2001). De esta forma, no resulta extra&ntilde;o que ya en 1970, pr&aacute;cticamente 50 por ciento de los migrantes mexicanos asentados en forma permanente en Estados Unidos fueran mujeres, proporci&oacute;n que se ha mantenido estable en los &uacute;ltimos 30 a&ntilde;os (Canales, 2002).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, al considerar la composici&oacute;n del flujo de migrantes temporales, se observa un importante cambio en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Hasta principios de la d&eacute;cada de 1990, las mujeres aportaban s&oacute;lo 4 por ciento del flujo migratorio circular, cifra que, no obstante, casi se quintuplica hacia fines del mismo decenio, representando casi 20 por ciento de la migraci&oacute;n circular (<a href="#g3">gr&aacute;fica 3</a>).</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="g3"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/pp/v8n33/a3g3.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si consideramos que la migraci&oacute;n circular est&aacute; compuesta esencialmente por migrantes laborales, entonces este cambio en su composici&oacute;n por sexo nos indica un cambio importante en las modalidades migratorias de las mujeres. Por mucho tiempo se pens&oacute; que la migraci&oacute;n femenina se explicaba fundamentalmente como un proceso de migraci&oacute;n en el marco de la reunificaci&oacute;n familiar. Hoy en d&iacute;a podemos afirmar que las mujeres participan tambi&eacute;n y de modo importante en la migraci&oacute;n laboral y circular.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, en la &uacute;ltima d&eacute;cada destacan tambi&eacute;n los cambios en el origen geogr&aacute;fico de los migrantes. Si la migraci&oacute;n fue durante muchas d&eacute;cadas un fen&oacute;meno esencialmente rural y que se restring&iacute;a a determinadas zonas del pa&iacute;s (especialmente el occidente y la regi&oacute;n norte), actualmente se trata de un fen&oacute;meno que se ha extendido hacia diversas zonas urbanas, y a casi todas las regiones del pa&iacute;s. En efecto, a inicios de la d&eacute;cada de 1990 menos de un tercio de los migrantes temporales hab&iacute;an nacido en localidades urbanas (de m&aacute;s de 15 mil habitantes), a la vez que 67 por ciento era nativo de zonas rurales. A fines de la d&eacute;cada pasada, sin embargo, esta relaci&oacute;n se hab&iacute;a equilibrado, de tal forma que la mitad de los migrantes laborales temporales eran originarios de zonas rurales, a la vez que la otra mitad hab&iacute;a nacido en localidades urbanas, especialmente en aquellas ciudades de m&aacute;s de 100 mil habitantes, las que aportaban casi 70 por ciento de la migraci&oacute;n de origen urbano (<a href="#g4">gr&aacute;fica 4</a>).</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="g4"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/pp/v8n33/a3g4.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Destaca tambi&eacute;n la incorporaci&oacute;n de nuevas regiones y entidades federativas al proceso migratorio. En efecto, como se ilustra en los <a href="#m1">mapas 1</a> y <a href="#m2">2</a>, el origen del flujo migratorio ha tendido a desplazarse hacia el centro y sur del pa&iacute;s. En particular, destacan la incorporaci&oacute;n de entidades como Oaxaca y Puebla, que hasta el decenio de 1980, ten&iacute;an un aporte menor a la migraci&oacute;n. El caso de Veracruz es especial, pues la migraci&oacute;n a Estados Unidos en esta entidad realmente comenz&oacute; en la d&eacute;cada de 1990.<sup><a href="#nota">6</a></sup> Finalmente, tambi&eacute;n sobresalen los casos del Distrito Federal y el estado de M&eacute;xico, pues corresponde en gran medida a migrantes provenientes de la Zona Metropolitana de la Ciudad de M&eacute;xico.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="m1"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/pp/v8n33/a3m1.jpg"></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="m2"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/pp/v8n33/a3m2.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En s&iacute;ntesis, los cambios recientes en la composici&oacute;n y origen de la migraci&oacute;n de mexicanos a Estados Unidos nos indican que actualmente se trata de un fen&oacute;meno de car&aacute;cter nacional, en t&eacute;rminos de que se extiende a cada vez m&aacute;s regiones, y que incorpora nuevos sujetos y grupos sociales, que contribuyen a modificar el perfil social, econ&oacute;mico y demogr&aacute;fico de los migrantes. Asimismo, las modalidades migratorias se hacen m&aacute;s complejas y diversas. Ya no se trata s&oacute;lo de una migraci&oacute;n laboral circular, sino que adquiere gran importancia el asentamiento permanente de migrantes mexicanos en pueblos rurales y barrios urbanos de diversas ciudades de Estados Unidos (Alarc&oacute;n, 1995).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Transformaci&oacute;n productiva y migraci&oacute;n en Estados Unidos</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de la d&eacute;cada de 1970, la econom&iacute;a estadunidense muestra claros signos de estancamiento y crisis, que se expresan, entre otros aspectos, en una creciente p&eacute;rdida de competitividad en el comercio mundial. As&iacute;, por ejemplo, si en el decenio de 1960, Estados Unidos aport&oacute; m&aacute;s de 17 por ciento de las exportaciones mundiales y s&oacute;lo 13 por ciento de las importaciones, hacia 1990, en cambio, esta relaci&oacute;n pr&aacute;cticamente se hab&iacute;a invertido. Esta p&eacute;rdida de competitividad en el comercio mundial expresa la crisis de productividad que afect&oacute; (y a&uacute;n afecta) a gran parte de las empresas estadunidenses. Esta crisis es reflejo directo del agotamiento del paradigma fordista que, como eje articulador del r&eacute;gimen de producci&oacute;n, del modo de regulaci&oacute;n de las relaciones capital&#45;trabajo y del patr&oacute;n de acumulaci&oacute;n capitalista, predominara en el &aacute;mbito mundial desde la crisis de la d&eacute;cada de 1930 (Lipietz, 1997).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ante esta situaci&oacute;n, las empresas y corporaciones estadunidenses implantaron diversas estrategias para recuperar sus niveles de competitividad en el &aacute;mbito mundial. En particular, y a diferencia de la experiencia europea, donde tendi&oacute; a predominar una estrategia de flexibilizaci&oacute;n basada en importantes transformaciones tecnol&oacute;gicas, de gesti&oacute;n administrativa y de recursos humanos, en Estados Unidos se da una situaci&oacute;n heterog&eacute;nea, en donde parecen coexistir estrategias de innovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica orientadas a mejorar los niveles de productividad del trabajo (flexibilidad interna), con estrategias de desregulaci&oacute;n de las relaciones contractuales (flexibilidad externa) (Araujo, 1996). En conjunto, estas estrategias conforman el nuevo patr&oacute;n de crecimiento posindustrial, y permiten dar cuenta de las transformaciones recientes en la din&aacute;mica de los mercados de fuerza de trabajo, relaciones laborales y estructura ocupacional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En relaci&oacute;n con la primera estrategia, Araujo (1996) se&ntilde;ala cuatro pol&iacute;ticas que tienden a predominar en el contexto estadunidense. Por un lado, una pol&iacute;tica de recursos humanos, en t&eacute;rminos de incentivos, motivaciones, premios y compensaciones, involucramiento del trabajador, y programas de capacitaci&oacute;n y entrenamiento. Por otro, la reorganizaci&oacute;n del trabajo, con base en la formaci&oacute;n de equipos de trabajo. La tercera se refiere a una estrategia de administraci&oacute;n flexible, basada en la introducci&oacute;n de nuevos sistemas de medici&oacute;n y productividad, y medidas para implantar los principios de la calidad total. Finalmente, una nueva pol&iacute;tica en la configuraci&oacute;n de las relaciones industriales, especialmente en t&eacute;rminos de la conformaci&oacute;n de comit&eacute;s paritarios empresa&#45;trabajadores en la toma de decisiones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con base en encuestas representativas aplicadas a grandes empresas americanas,<sup><a href="#nota">7</a></sup> se encontr&oacute; que a mediados de la d&eacute;cada de 1980, 25 por ciento de ellas hab&iacute;an reestructurado sus pr&aacute;cticas de organizaci&oacute;n del trabajo, incorporando diversos principios posfordistas en la configuraci&oacute;n de las relaciones industriales. Hasta esa fecha, sin embargo, menos de 10 por ciento de la fuerza de trabajo de tales firmas estaba bajo esas nuevas modalidades de organizaci&oacute;n productiva (Lawler <i>et al.,</i> 1989). Para 1992, en cambio, m&aacute;s de 40 por ciento de los establecimientos entrevistados ya hab&iacute;an implantado c&iacute;rculos de calidad. Asimismo, en 37 por ciento de estos establecimientos, m&aacute;s de la mitad de sus trabajadores estaban involucrados en al menos una de las siguientes pr&aacute;cticas: equipos autodirigidos, rotaci&oacute;n de tareas, c&iacute;rculos de calidad o programas de gesti&oacute;n de calidad total (Osterman, 1993).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas nuevas pr&aacute;cticas de organizaci&oacute;n del trabajo no s&oacute;lo involucran a plantas manufactureras, sino tambi&eacute;n a empresas del sector servicios, as&iacute; como del sector p&uacute;blico, los que se han visto presionados para flexibilizar sus pr&aacute;cticas de gesti&oacute;n de recursos humanos, en un caso, para enfrentar problemas financieros derivados de la desvinculaci&oacute;n de los altos costos laborales con los ritmos de crecimiento de la productividad, y, en otro, por la crisis fiscal y privatizaci&oacute;n de empresas del Estado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otros autores, sin embargo, se&ntilde;alan que estas pr&aacute;cticas son m&aacute;s bien marginales, en la medida que, por un lado, no parecen afectar la estructura de poder de las grandes firmas estadunidenses, a la vez que, por otro, tales estrategias de flexibilidad interna tienden a ser adoptadas de manera parcial y desconectadas entre s&iacute; (Labini, 1993). Se se&ntilde;ala, adem&aacute;s, que s&oacute;lo en algunos casos estas estrategias logran configurar un modelo productivo propiamente como tal, como ser&iacute;a el caso de Xerox o de Federal Express, por ejemplo (Applebaum y Batt, 1994).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta parcialidad con que se aplican algunas pr&aacute;cticas de flexibilidad interna se manifiesta tambi&eacute;n en una mayor heterogeneidad, especialmente en t&eacute;rminos de la coexistencia en una misma planta, incluso de distintas pr&aacute;cticas y principios de organizaci&oacute;n de la producci&oacute;n. As&iacute;, por ejemplo, Zlolniski (1994) se&ntilde;ala que en algunas empresas del <i>Silicon Valley,</i> la introducci&oacute;n en ciertos departamentos de diversas formas de involucramiento, c&iacute;rculos de calidad, junto a una importante innovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica, con trabajadores de alta calificaci&oacute;n, en empleos estables, etc., parecen coexistir otros departamentos en la misma empresa que se basan en formas de subcontrataci&oacute;n, de tiempo parcial, bajas remuneraciones, con trabajadores migrantes, de baja calificaci&oacute;n, etc&eacute;tera.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En relaci&oacute;n con la segunda estrategia, de flexibilidad externa, esta parece concitar un mayor consenso. Por lo pronto, es claro que los procesos de cambio en las formas de organizaci&oacute;n de la producci&oacute;n plantean nuevas exigencias en cuanto a la fuerza de trabajo a ser empleada. En tal sentido, lejos de ser una excepci&oacute;n, la segmentaci&oacute;n y diferenciaci&oacute;n dentro del mercado de trabajo parece constituir una pr&aacute;ctica com&uacute;n en los pa&iacute;ses industrializados. En este marco se inscribe la tendencia a una expansi&oacute;n de empleos de baja remuneraci&oacute;n, con menores calificaciones, alta inestabilidad, de tiempo parcial, etc., que prevalece en la econom&iacute;a estadunidense (Klaugsbrunn, 1996). De esta forma, la reestructuraci&oacute;n productiva ha tra&iacute;do como consecuencia procesos de desindustrializaci&oacute;n y cierre de plantas, a la vez que se instaura una relaci&oacute;n perniciosa entre empleadores y trabajadores caracterizada por la erosi&oacute;n del poder de los sindicatos, la constricci&oacute;n de empleos y ocupaciones estables, la reducci&oacute;n de salarios y prestaciones sociales, etc. (Fern&aacute;ndez&#45;Kelly, 1991).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La p&eacute;rdida de niveles de competitividad ha obligado a muchas firmas a iniciar profundos cambios productivos. Esto ha llevado a un incremento de la producci&oacute;n en peque&ntilde;a escala, con alta diferenciaci&oacute;n de productos, r&aacute;pidos cambios en su dise&ntilde;o y comercializaci&oacute;n, etc. Estas transformaciones productivas se han basado, en no pocos casos, en pr&aacute;cticas de subcontrataci&oacute;n y uso de formas flexibles de organizaci&oacute;n del trabajo, que pueden ir desde altamente sofisticadas a otras muy primitivas, y que pueden encontrase en industrias muy avanzadas y modernizadas tecnol&oacute;gicamente, como tambi&eacute;n en las m&aacute;s tradicionales y con mayores rezagos tecnol&oacute;gicos. En este marco, esta reestructuraci&oacute;n econ&oacute;mica ha implicado el decline del complejo industrial predominante desde la posguerra, y provee el contexto general en el cual se ubican las nuevas tendencias en la estructura de ocupaciones y din&aacute;mica del mercado laboral.<sup><a href="#nota">8</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este marco, tiende a generalizarse una estrategia de polarizaci&oacute;n en la estructura de las ocupaciones, especialmente, en cuanto a los niveles salariales, de calificaci&oacute;n y capacitaci&oacute;n, y formas de contrataci&oacute;n (tiempo parcial, a destajo, etc.). Se trata de la configuraci&oacute;n de un nuevo patr&oacute;n de crecimiento posindustrial que permite dar cuenta de las transformaciones recientes en la din&aacute;mica de los mercados de fuerza de trabajo, relaciones laborales, y estructura ocupacional (Sassen, 1998).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, el componente central de la nueva din&aacute;mica del proceso de trabajo en las sociedades informacionales es la tendencia a la polarizaci&oacute;n de sus estructuras social y ocupacional (Castells, 1998). En efecto, los puestos y ocupaciones en auge no son s&oacute;lo los m&aacute;s "ricos" en informaci&oacute;n o conocimiento incorporado, sino tambi&eacute;n hay un sostenido incremento de las ocupaciones en servicios y trabajos de baja calificaci&oacute;n. Se trata del auge cuantitativo de empleos <i>"no&#45;informacionales",</i> pero que, al igual que su contraparte, forman parte de la nueva estructura social que caracteriza a la sociedad informacional (Zlolniski, 1994).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No se trata s&oacute;lo de ocupaciones residuales o de remanentes de sociedades pre&#45;informacionales, como tampoco de empleos marginados, "excluidos" de los circuitos de producci&oacute;n y reproducci&oacute;n de la sociedad informacional. Por el contrario, se trata tambi&eacute;n, y de modo fundamental, de empleos y ocupaciones "creadas" por la misma modernidad informacional (Canales, 2002). Corresponde a determinados trabajos y ocupaciones que han quedado expuestos a formas extremas de flexibilidad salarial y desregulaci&oacute;n contractual, lo que ha implicado su desvalorizaci&oacute;n social y econ&oacute;mica, pero que, sin embargo, constituyen piezas importantes en el proceso de reproducci&oacute;n de la sociedad informacional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se trata, en definitiva, de una polarizaci&oacute;n del mercado de trabajo, en donde junto a empleos estables, de altos ingresos, se presentan otros marcados por su car&aacute;cter informal y ocasional. Sassen y Smith (1992) denominan a &eacute;ste como un proceso de <i>casualization,</i> como una forma de enfatizar el marco de precariedad en que &eacute;l se presenta. De acuerdo con estos autores, la expresi&oacute;n m&aacute;s extrema de este proceso de <i>casualization</i> es la reciente expansi&oacute;n de una econom&iacute;a informal en muchas de las grandes ciudades de Estados Unidos, que implica formas de trabajo temporal, <i>part&#45;time,</i> ocasional y el incremento de la subcontrataci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para el caso de la ciudad de Nueva York, por ejemplo, la econom&iacute;a informal est&aacute; presente en un amplio rango de sectores industriales, aunque con incidencia variable. En especial, se localizan en sectores del vestido y ropa, accesorios, contratistas de construcci&oacute;n, calzado y bienes deportivos, muebles, componentes electr&oacute;nicos, empaques y transportes, y en menor medida en otras actividades (flores y manufactura de explosivos, entre ellas). Similar diversidad de la actividad informal encuentra Fern&aacute;ndez&#45;Kelly (1991) para el caso del sur de California.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque se presentan diversos tipos de empleos en la econom&iacute;a informal, la mayor&iacute;a de ellos corresponden a puestos de trabajo no calificados, sin posibilidades de capacitaci&oacute;n y que envuelven tareas repetitivas. En no pocos casos, se trata adem&aacute;s de empleos "ocasionales" en industrias que a&uacute;n se rigen por formas fordistas de organizaci&oacute;n del proceso de trabajo. En este sentido, la <i>casualization,</i> o si se quiere informalizaci&oacute;n, corresponde m&aacute;s bien a una estrategia de tales firmas para enfrentar los retos de la competencia, sin asumir los costos de la innovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica. De esta forma, la econom&iacute;a informal no s&oacute;lo es una estrategia de sobrevivencia para las familias empobrecidas por la reestructuraci&oacute;n productiva, sino tambi&eacute;n, y fundamentalmente, es resultado de los patrones de transformaci&oacute;n en las econom&iacute;as formales y sectores de punta de la econom&iacute;a estadunidense (Sassen, 1998).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, en estos mercados <i>casualizated,</i> o informalizados, tiende a presentarse una importante selectividad en cuanto al origen de la fuerza de trabajo empleada. As&iacute;, por ejemplo, Fern&aacute;ndez&#45;Kelly (1991) encontr&oacute; que tanto en los condados del sur de California como en Nueva York hay una fuerte presencia de hispanos y otras minor&iacute;as &eacute;tnicas en este tipo de actividad, especialmente en los sectores de manufacturas. Se trata de ocupaciones como operadores, tareas de ensamble y otras de baja calificaci&oacute;n y bajos ingresos. Asimismo, esta autora se&ntilde;ala que en la mayor&iacute;a de los casos no hay sindicatos, se desarrollan pr&aacute;cticas de subcontrataci&oacute;n y que prevalece una alta participaci&oacute;n de mano de obra femenina.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Podemos se&ntilde;alar que esta estrategia de flexibilidad y desregulaci&oacute;n laboral parece ser la base de una nueva oferta de puestos de trabajo para la poblaci&oacute;n migrante, situaci&oacute;n que por lo mismo tiene implicaciones directas sobre la din&aacute;mica de la migraci&oacute;n y sus cambios en la &uacute;ltima d&eacute;cada (Zlolniski, 1994). De esta forma, podemos explicar el crecimiento de la migraci&oacute;n, as&iacute; como sus nuevas modalidades y perfiles sociodemogr&aacute;ficos, como resultado, en parte, de estos cambios en la demanda de mano de obra en las principales ciudades estadunidenses.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Migrantes mexicanos y segmentaci&oacute;n del mercado laboral en Estados Unidos</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, la econom&iacute;a estadunidense se ha visto involucrada en un proceso de cambio estructural, marcado por la reconversi&oacute;n de su base productiva y tecnol&oacute;gica, y su reinserci&oacute;n en los actuales procesos de globalizaci&oacute;n. En t&eacute;rminos del mercado de trabajo, se trata de la configuraci&oacute;n de una nueva estructura laboral, la que se caracteriza por dos fen&oacute;menos distintos y complementarios. Por un lado, el cambio en la estructura del empleo propiamente como tal y, por otro, la polarizaci&oacute;n y segmentaci&oacute;n del empleo en esta nueva estructura del empleo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto a la nueva estructura del empleo, &eacute;sta se caracteriza, en lo general, en el creciente peso de los servicios profesionales (a la producci&oacute;n y sociales) y por el menor peso relativo de las actividades extractivas y de la transformaci&oacute;n (Castells, 1998 y Sassen, 1998), mientras estas &uacute;ltimas corresponden a los sectores econ&oacute;micos m&aacute;s vinculados con la sociedad industrial, las primeras corresponden a aquellas actividades econ&oacute;micas que com&uacute;nmente se asocian con las actividades propias de la sociedad informacional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para muchos autores, estas actividades se identifican con los empleos "ganadores" con el proceso de globalizaci&oacute;n, y que por lo mismo representan el nuevo perfil de trabajador de la futura sociedad informacional. Sin embargo, cabe se&ntilde;alar que se trata de actividades de apoyo y que nutren otros procesos productivos, en especial, a determinadas ramas de la industria de la transformaci&oacute;n (microelectr&oacute;nica, tecnolog&iacute;a, energ&eacute;tica, automotriz, entre otras). En este sentido, no deja de ser sintom&aacute;tico el hecho de que la industria de la transformaci&oacute;n concentre a&uacute;n m&aacute;s de 22 por ciento del empleo total.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, sobre esta transformaci&oacute;n de la estructura laboral opera un segundo proceso que da cuenta de los patrones de inserci&oacute;n de los migrantes mexicanos (y migrantes en general) en el mercado de trabajo estadunidense. Nos referimos al proceso de polarizaci&oacute;n y segmentaci&oacute;n del empleo que caracteriza a esta nueva estructuraci&oacute;n del mercado laboral. Para ilustrar este proceso nos apoyaremos en un an&aacute;lisis comparativo sobre el perfil laboral de los mexicanos, en relaci&oacute;n con los de otros grupos &eacute;tnicos.<sup><a href="#nota">9</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al respecto, una primera aproximaci&oacute;n nos indica que la estructura y composici&oacute;n del empleo, por sector de actividad y grupos de ocupaci&oacute;n, es marcadamente diferente para cada grupo &eacute;tnico. En el caso de la poblaci&oacute;n mexicana, por ejemplo, tienden a concentrarse en actividades productivas propiamente, y no tanto en actividades terciarias, a excepci&oacute;n de los servicios personales (<a href="#c3">cuadro 3</a>). De hecho, 12.2 por ciento de los mexicanos se emplean en la agricultura y otras actividades extractivas, a la vez que otro 34 por ciento se emplea en la industria de la transformaci&oacute;n y la construcci&oacute;n. En el caso de los angloamericanos en cambio, tan s&oacute;lo 3.1 por ciento se emplea en actividades extractivas a la vez que menos de 23 por ciento se emplea en la industria de la transformaci&oacute;n.<sup><a href="#nota">10</a></sup></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="c3"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/pp/v8n33/a3c3.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por el contrario, tan s&oacute;lo 7 por ciento de los mexicanos son contratados en el sector de servicios a la producci&oacute;n, a la vez que una proporci&oacute;n similar se emplea en servicios sociales profesionalizados. En ambos casos, la participaci&oacute;n es muy inferior a la que presentan otros grupos &eacute;tnicos, como los migrantes de origen asi&aacute;tico y la poblaci&oacute;n angloamericana. Finalmente, podemos se&ntilde;alar que en el sector de comercio y distribuci&oacute;n, la participaci&oacute;n relativa es similar en cada grupo &eacute;tnico considerado. No obstante esta cifra agregada oculta un hecho fundamental: cu&aacute;l es la distinta posici&oacute;n que ocupan los trabajadores mexicanos respecto a los angloamericanos y asi&aacute;ticos en menor medida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, al considerar el peso espec&iacute;fico de la fuerza de trabajo mexicana en cada sector de actividad, se observa una relaci&oacute;n interesante. Por un lado, vemos que los mexicanos aportan casi 14 por ciento del total de la mano de obra empleada en actividades extractivas (agricultura principalmente). Esto indica que hay un mexicano por cada seis trabajadores no mexicanos en este sector de actividad. Esta relaci&oacute;n es muy superior a la que prevalece en promedio en la econom&iacute;a estadunidense, donde los mexicanos s&oacute;lo aportan 3.3 por ciento del total de la fuerza de trabajo. De esta forma, en este sector en particular, los mexicanos tienen un peso relativo que es algo m&aacute;s de cuatro veces mayor que el que prevalece en promedio en las dem&aacute;s actividades econ&oacute;micas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Asimismo, los mexicanos aportan cinco por ciento tanto en las actividades industriales y de construcci&oacute;n como en los servicios personales. En ambos casos, la proporci&oacute;n de mexicanos supera con mucho la que prevalece, en promedio, en la econom&iacute;a de Estados Unidos. Estos datos indican que en t&eacute;rminos muy generales, existe cierta "especializaci&oacute;n" laboral de los mexicanos, quienes tienden a ser ampliamente preferidos en actividades extractivas, as&iacute; como tambi&eacute;n, aunque en menor medida, en actividades industriales, de construcci&oacute;n y de servicios personales.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con base en estas cifras, resulta interesante comprobar que la agricultura no constituye ya el principal sector de actividad hacia donde se dirig&iacute;an los trabajadores mexicanos.<sup><a href="#nota">11</a></sup> Este dato es relevante, pues permite sustentar la tesis de los cambios en la din&aacute;mica laboral de la migraci&oacute;n mexicana, misma que podemos rastrear hacia fines de la d&eacute;cada de 1960 y comienzos de la de 1970. Asimismo, resulta revelador el hecho de que sean la industria y la construcci&oacute;n los sectores que concentran el mayor n&uacute;mero de trabajadores mexicanos en Estados Unidos, pues tambi&eacute;n desmitifica el argumento de que la migraci&oacute;n mexicana tiende a dirigirse hacia actividades de servicios de baja calificaci&oacute;n. Por el contrario, estos datos revelan que la poblaci&oacute;n mexicana tiene un importante papel en la actividad productiva propiamente, adem&aacute;s del que tambi&eacute;n se desempe&ntilde;a en actividades terciarias.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, lo relevante de estas cifras es que muestran que los mexicanos tienden a concentrarse precisamente en aquellos sectores econ&oacute;micos m&aacute;s alejados de los cambios y beneficios asociados a la modernidad informacional. Es decir, corresponden a sectores que podemos calificar como "tradicionales" en los que predominan formas de organizaci&oacute;n productiva de tipo taylorista y fordista, r&iacute;gidas internamente, pero altamente flexibles en cuanto a las condiciones contractuales, de empleo y relaciones salariales. Tambi&eacute;n corresponden a actividades de bajo nivel de calificaci&oacute;n y formaci&oacute;n de capital humano. De hecho, en no pocos casos constituyen actividades con muy pocos requerimientos informacionales y de conocimiento para su ejecuci&oacute;n. En este sentido, no se trata ni con mucho, de actividades de punta en la nueva econom&iacute;a informacional, sino, por el contrario, de empleos y ocupaciones o bien de corte "tradicional", o bien que surgen con el nuevo modelo laboral, pero ubicadas en la parte inferior de la escala laboral y social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas apreciaciones se confirman al analizar la estructura del empleo seg&uacute;n los principales grupos de ocupaci&oacute;n, los que establecen la posici&oacute;n del trabajador en la estructura laboral. En el caso de los mexicanos, s&oacute;lo 7.3 por ciento de ellos se emplean como ejecutivos, profesionales y otros puestos a nivel de la direcci&oacute;n de empresas y negocios, a la vez que s&oacute;lo 13 por ciento se emplea en cargos de <i>staff</i> administrativo y apoyo t&eacute;cnico. Esta situaci&oacute;n contrasta con otros grupos &eacute;tnicos, como los angloamericanos y los migrantes asi&aacute;ticos, entre quienes m&aacute;s de 35 por ciento se emplea en tareas de direcci&oacute;n, junto a m&aacute;s de 30 por ciento en tareas t&eacute;cnico&#45;administrativas (<a href="#c4">cuadro 4</a>).</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="c4"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/pp/v8n33/a3c4.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la parte baja del escalaf&oacute;n ocupacional, sin embargo, se presenta la situaci&oacute;n opuesta. Casi 26 por ciento de los mexicanos se emplean en ocupaciones manuales no calificadas, a la vez que otro 10 por ciento en servicios no calificados. En el caso de los trabajadores de origen angloamericano y migrante asi&aacute;ticos, en cambio, 10 por ciento o menos de ellos se emplean en ocupaciones manuales no calificadas y menos de nueve por ciento en servicios no calificados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas cifras ilustran el diferente peso que tiene la fuerza de trabajo mexicana en cada sector ocupacional en el mercado laboral estadunidense. En efecto, mientras los mexicanos representan casi 25 por ciento de los jornaleros agr&iacute;colas en Estados Unidos, a la vez que aportan cerca de 8 por ciento de los trabajadores en ocupaciones no calificadas, pr&aacute;cticamente son marginales en cuanto a las ocupaciones en la parte alta del escalaf&oacute;n ocupacional, especialmente a nivel ejecutivo y profesional, donde aportan menos de uno por ciento del personal empleado en ese nivel ocupacional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta diferenciaci&oacute;n ocupacional ilustra de manera importante la segmentaci&oacute;n que parece prevalecer en el mercado laboral estadunidense. Resulta evidente que aquellas ocupaciones y actividades econ&oacute;micas que son parte fundamental del proceso de modernizaci&oacute;n informacional tienden a ser concentradas por la poblaci&oacute;n angloamericana, y en no pocos casos, tambi&eacute;n por migrantes de origen asi&aacute;tico. Por el contrario, la mano de obra mexicana tiende m&aacute;s bien a ser relegada a aquellas ocupaciones y actividades econ&oacute;micas que, o bien forman parte del segmento de la econom&iacute;a que es desplazado por las nuevas tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n y los nuevos ejes din&aacute;micos (importantes industrias de la transformaci&oacute;n y agricultura, por citar las m&aacute;s importantes), o bien surgen junto al proceso de globalizaci&oacute;n, pero con bajos o nulos requerimientos de informaci&oacute;n y conocimientos para su ejecuci&oacute;n (ciertas ocupaciones de servicios y trabajo manual no calificados, por ejemplo).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta segmentaci&oacute;n y diferenciaci&oacute;n ocupacional entre mexicanos y angloamericanos (y que incluye, sin duda, a otros grupos &eacute;tnicos) se refuerza al comparar las ocupaciones en que los mexicanos son muy importantes con aquellas en que su participaci&oacute;n es m&aacute;s bien marginal. En el primer grupo se encuentran los jornaleros agr&iacute;colas, los obreros textiles, cocineros, obreros de la construcci&oacute;n, servicio dom&eacute;stico, operadores de m&aacute;quinas, limpieza y mantenimiento, y trabajadores manuales y ayudantes. Por el contrario, la participaci&oacute;n de los mexicanos resulta pr&aacute;cticamente marginal en el mercado de profesionales, t&eacute;cnicos, servicios de protecci&oacute;n, ejecutivos y administrativos (<a href="#c5">cuadro 5</a>). En todos ellos la fuerza de trabajo representa menos de uno por ciento del personal ocupado.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="c5"></a></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/pp/v8n33/a3c5.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De los datos anteriores, sin duda destaca el importante papel de los mexicanos en las ocupaciones agr&iacute;colas: uno de cada cuatro jornaleros es migrante mexicano, lo que da una idea no s&oacute;lo del peso real de la migraci&oacute;n mexicana en determinados mercados laborales y ocupacionales en Estados Unidos, sino tambi&eacute;n su concentraci&oacute;n en determinadas ocupaciones y actividades productivas, las que se caracterizan por estar alejadas de los beneficios de la globalizaci&oacute;n, pero no necesariamente excluidas de ella. Corresponden a ocupaciones de bajo nivel, no calificadas, inestables, desreguladas, expuestas a formas de flexibilidad extrema, con sistemas de subcontrataci&oacute;n y otras formas de precariedad y <i>casualization</i> del empleo. Sin embargo, no se trata necesariamente de actividades y ocupaciones "marginales" que han quedado rezagadas por los cambios tecnol&oacute;gicos y que est&eacute;n excluidas de los procesos de globalizaci&oacute;n econ&oacute;mica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nadie podr&iacute;a pensar, por ejemplo, que la actividad agr&iacute;cola en California est&eacute; tecnol&oacute;gicamente rezagada. Por el contrario, es sabido que en dicho estado se dan los mayores niveles de uso intensivo de tecnolog&iacute;a de punta, de procesos basados en la biotecnolog&iacute;a, y en la incorporaci&oacute;n de diversos componentes informacionales al proceso productivo.<sup><a href="#nota">12</a></sup> Sin embargo, esta modernidad de la producci&oacute;n agr&iacute;cola, que se manifiesta en la incorporaci&oacute;n de la agricultura a la era de la informaci&oacute;n, tiene una importante base laboral preinformacional. No se trata de que los jornaleros mexicanos queden excluidos de la era de la informaci&oacute;n, marginados de la globalizaci&oacute;n, sino m&aacute;s bien, que su inserci&oacute;n es desde abajo, desde la precariedad e inestabilidad, desde la no&#45;calificaci&oacute;n, desde trabajos no&#45;informacionales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Conclusiones</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los cambios recientes en la estructura econ&oacute;mica de M&eacute;xico y Estados Unidos, han tenido efectos similares y complementarios en la din&aacute;mica migratoria entre ambos pa&iacute;ses. Por un lado, la pol&iacute;tica neoliberal implantada en M&eacute;xico se ha basado en una estrategia de desregulaci&oacute;n del mercado de trabajo, provocando una mayor precarizaci&oacute;n del empleo, reducci&oacute;n de las ocupaciones, informalidad, bajos salarios y otros efectos negativos. En el caso de Estados Unidos, en cambio, parece predominar una estrategia de polarizaci&oacute;n, en la que la combinaci&oacute;n de diversas estrategias de flexibilidad ha generado una creciente diferenciaci&oacute;n y segmentaci&oacute;n en la estructura de los mercados de trabajo, especialmente en las grandes ciudades. Estos cambios en las condiciones econ&oacute;micas y estructurales de ambos pa&iacute;ses, han tenido importantes efectos en la din&aacute;mica, patrones y composici&oacute;n de la migraci&oacute;n M&eacute;xico&#45;Estados Unidos, y han contribuido a erosionar el tradicional estereotipo del migrante mexicano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante d&eacute;cadas, la migraci&oacute;n de mexicanos a Estados Unidos segu&iacute;a generalmente un mismo patr&oacute;n: se trataba de una migraci&oacute;n preponderantemente masculina, de j&oacute;venes, solteros, de origen rural, en busca de trabajo en los campos agr&iacute;colas de ese pa&iacute;s, y que en su gran mayor&iacute;a regresaban a sus localidades de origen en M&eacute;xico (G&aacute;stelum, 1991). Con base en estas caracter&iacute;sticas, el proceso migratorio se defin&iacute;a en funci&oacute;n del marcado car&aacute;cter laboral y circular de los desplazamientos (Bustamante, 1975).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de la d&eacute;cada de 1980, sin embargo, nuevas evidencias muestran un flujo migratorio mucho m&aacute;s heterog&eacute;neo, especialmente en cuanto a su composici&oacute;n y modalidad migratoria. En efecto, los migrantes provienen actualmente de una mayor diversidad de regiones y estados, se ha incrementado la participaci&oacute;n femenina y de origen urbano, y suelen dirigirse a &aacute;reas urbanas donde se emplean en diversos trabajos de baja calificaci&oacute;n (Fern&aacute;ndez&#45;Kelly, 1991 y Canales, 2000). Finalmente, un aspecto central de este cambio en el perfil de la migraci&oacute;n lo constituye el significativo incremento de migrantes mexicanos que con o sin documentos legales han establecido su residencia habitual en Estados Unidos (Canales, 2001; Smith, 2000 y Cornelius, 1992).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estos cambios en el perfil de los migrantes, y sus patrones de migraci&oacute;n y empleo, est&aacute;n directamente relacionadas con los contextos social, econ&oacute;mico y pol&iacute;tico actual, en especial, en t&eacute;rminos de las pol&iacute;ticas migratorias restrictivas aplicadas desde el inicio de la d&eacute;cada de 1990, las cuales, adem&aacute;s, coinciden con los tiempos de la integraci&oacute;n econ&oacute;mica y comercial entre ambos pa&iacute;ses.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el primer caso, nos referimos a las diversas pol&iacute;ticas que ha implantado el gobierno estadunidense desde el inicio de la d&eacute;cada de 1990. En particular, destacan aquellas orientadas a un mayor y riguroso control del flujo de migrantes indocumentados por las ciudades fronterizas (construcci&oacute;n de bardas y fosos, sofisticado equipamiento de la <i>border patroll</i> reciclando gran parte del equipo militar usado en la Guerra del Golfo, aumento del presupuesto y contrataci&oacute;n de m&aacute;s personal del INS para el control de la frontera, entre otras), as&iacute; como aquellas otras orientadas a crear un contexto sociopol&iacute;tico antiinmigrante (propuesta 187 en California y otras medidas de reducci&oacute;n de los beneficios y acceso a la seguridad social, educaci&oacute;n, reunificaci&oacute;n familiar, entre otras). En conjunto, estas pol&iacute;ticas han contribuido a crear un contexto de mayor vulnerabilidad social y pol&iacute;tica de los migrantes, tanto en el proceso de cruce de la frontera, como de asentamiento en las comunidades de destino.<sup><a href="#nota">13</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por su parte, los procesos de globalizaci&oacute;n &#151;integraci&oacute;n econ&oacute;mica y comercial entre ambos pa&iacute;ses&#151; han generado una nueva estructura social del empleo y las ocupaciones, que corresponde, adem&aacute;s, con la transici&oacute;n de una sociedad industrial a una sociedad informacional, y que se manifiestan de un modo particular a cada lado de la frontera (Canales, 2000).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el caso de M&eacute;xico, por ejemplo, esta entrada a la era de la globalizaci&oacute;n se ha sustentado en un proceso de flexibilidad laboral y desregulaci&oacute;n contractual, que han llevado al empobrecimiento de importantes sectores de la poblaci&oacute;n, as&iacute; como a una creciente precarizaci&oacute;n del empleo. En este marco, estos cambios estructurales definen nuevas condiciones sociales y econ&oacute;micas que impulsan la migraci&oacute;n de nuevos contingentes demogr&aacute;ficos.<sup><a href="#nota">14</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este contexto, la migraci&oacute;n tiende a convertirse en un fen&oacute;meno cada vez m&aacute;s complejo y diverso. En cuanto al origen geogr&aacute;fico, ya no se restringe a localidades rurales del occidente y del norte de M&eacute;xico, sino que se ha extendido a importantes ciudades, as&iacute; como a casi todas las regiones y entidades federativas del pa&iacute;s. Por otro lado, la incorporaci&oacute;n de nuevos grupos poblacionales (mujeres, habitantes urbanos, ni&ntilde;os, etc.) contribuye a hacer m&aacute;s complejo y diverso el perfil sociodemogr&aacute;fico de los migrantes. Por &uacute;ltimo, las modalidades migratorias tambi&eacute;n se diversifican, destac&aacute;ndose no s&oacute;lo la continuidad de un importante flujo circular y temporal, sino tambi&eacute;n el incremento de migrantes que tienden a asentarse en forma permanente en pueblos rurales y barrios urbanos en Estados Unidos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el caso de Estados Unidos, por su parte, la transici&oacute;n hacia una sociedad informacional ha diversificado la demanda por trabajadores de baja calificaci&oacute;n, abriendo nuevas opciones laborales para los migrantes de origen mexicano. En particular, la nueva econom&iacute;a se manifiesta en una polarizaci&oacute;n en la estructura de las ocupaciones, especialmente en cuanto a los niveles salariales, de calificaci&oacute;n y formas de regulaci&oacute;n contractual se refiere (Sassen, 1998). Esta polarizaci&oacute;n configura la base de la actual estrategia de segmentaci&oacute;n laboral con base en el origen &eacute;tnico y condici&oacute;n migratoria de la fuerza de trabajo empleada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta forma, entonces, podemos se&ntilde;alar que las estrategias de flexibilidad y desregulaci&oacute;n laboral son la base estructural de esta nueva oferta de puestos de trabajo para la poblaci&oacute;n migrante, situaci&oacute;n que, por lo mismo, tiene implicaciones directas sobre la din&aacute;mica de la migraci&oacute;n y sus cambios en la &uacute;ltima d&eacute;cada (Zlolniski, 1994). De esta forma, podemos explicar el crecimiento de la migraci&oacute;n, as&iacute; como sus nuevas modalidades y perfiles sociodemogr&aacute;ficos, como resultado, en parte, de estos cambios en la demanda de mano de obra en las principales ciudades estadunidenses, que favorecen la inserci&oacute;n laboral de migrantes mexicanos e hispanos en general, pero en contextos de alta vulnerabilidad y precariedad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ALARC&Oacute;N, R., 1995, <i>Immigrants or Transnational Workers? The Settlement Process among Mexicans in Rural California,</i> Published by The California Institute for Rural Studies, U.C. Davis.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5634128&pid=S1405-7425200200030000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ANDREAS, P., 1998, "Escalation of U.S. Immigration Control in the Post&#45;NAFTA Era", in <i>Political Science Quaterly,</i> num. 113, winter.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5634130&pid=S1405-7425200200030000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">APPLEBAUM, E. and R. Batt, 1994, <i>The New American Workplace,</i> IRL Press, New York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5634132&pid=S1405-7425200200030000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ARAUJO C., N., 1996, "Reestructura&ccedil;&atilde;o productiva e rela&ccedil;&otilde;es industriais: desafios e interpreta&ccedil;&otilde;es &agrave; luz do debate estadunidense", in Patarra N. (coord.), <i>Migrac&otilde;es internacionais. Heranza XX, Agenda XXI,</i> Universidad Estadual de Campinas, Brasil.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5634134&pid=S1405-7425200200030000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BUSTAMANTE, J., 1975, <i>Espaldas mojadas: materia prima para la expansi&oacute;n del capitalismo,</i> El Colegio de M&eacute;xico, Serie Cuadernos del CES n&uacute;m. 9, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5634136&pid=S1405-7425200200030000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CANALES, A. I., 2000, "Migraci&oacute;n internacional y flexibilidad laboral en el contexto del TLCAN", en <i>Revista Mexicana de Sociolog&iacute;a,</i> n&uacute;m. 2, IIS&#45;UNAM, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5634138&pid=S1405-7425200200030000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CANALES, A. I., 2001, "Factores demogr&aacute;ficos del asentamiento y la circularidad en la migraci&oacute;n M&eacute;xico&#45;Estados Unidos", en <i>Notas de Poblaci&oacute;n,</i> n&uacute;m. 72.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5634140&pid=S1405-7425200200030000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CANALES, A. I., 2002, "La inserci&oacute;n laboral de los migrantes mexicanos en la nueva econom&iacute;a de Estados Unidos", en J. Arroyo <i>et al.</i> (comps.) <i>El norte de todos. Migraci&oacute;n y trabajo en tiempos de globalizaci&oacute;n,</i> Universidad de Guadalajara, UCLA Program on M&eacute;xico, PROMEX y Juan Pablos editor, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5634142&pid=S1405-7425200200030000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CANALES, I. Alejandro, 1998, "Din&aacute;mica macroecon&oacute;mica y urbanizaci&oacute;n en la frontera norte", en <i>Carta Econ&oacute;mica Regional,</i> n&uacute;m. 60, mayo&#45;junio, Universidad de Guadalajara, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5634144&pid=S1405-7425200200030000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CARDOSO, L., 1980, <i>Mexican Emigration to the United States, 1897&#45;1931,</i> University of Arizona Press, Tucson.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5634146&pid=S1405-7425200200030000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CASTELLS, M., 1998, <i>La era de la informaci&oacute;n. Econom&iacute;a, sociedad y cultura. Vol. I. La sociedad red,</i> Alianza Editorial, Espa&ntilde;a.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5634148&pid=S1405-7425200200030000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CORNELIUS, W., 1992, "From Sojourners to Settlers: The Changing Profile of Mexican Immigration to the United States", in J. Bustamante <i>et al., US&#45;Mexico Relations. Labor Market Interdependence,</i> Stanford University Press, Stanford, CA.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5634150&pid=S1405-7425200200030000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CORT&Eacute;S, F., 2000, <i>La distribuci&oacute;n del ingreso en M&eacute;xico en &eacute;pocas de estabilizaci&oacute;n y reforma econ&oacute;mica,</i> Miguel &Aacute;ngel Porr&uacute;a y CIESAS, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5634152&pid=S1405-7425200200030000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">DE LA GARZA, E., 2002, "La flexibilidad del trabajo en M&eacute;xico. (Una nueva s&iacute;ntesis)", en B. Garc&iacute;a (coord.), <i>Poblaci&oacute;n y sociedad al inicio del siglo XXI,</i> El Colegio de M&eacute;xico, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5634154&pid=S1405-7425200200030000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">DE LA O, M. E., 2001. "Trayectorias laborales en obreros de la industria maquiladora en la frontera norte de M&eacute;xico: un recuento para los a&ntilde;os noventa", en <i>Revista Mexicana de Sociolog&iacute;a,</i> vol. LXIII, n&uacute;m. 2, abril&#45;junio, IIS&#45;UNAM, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5634156&pid=S1405-7425200200030000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">DE LA O, M. E., 2002, "La dimensi&oacute;n regional de la industria maquiladora de exportaci&oacute;n en M&eacute;xico", en <i>Abaco, Revista de Cultura y Ciencias Sociales,</i> n&uacute;m. 32, en prensa, Espa&ntilde;a.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5634158&pid=S1405-7425200200030000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">DRISCOLL, B., 1999, <i>The tracks north: the railroad bracero program of World War II,&nbsp;</i>CMAS Books, Center for Mexican American Studies, University of Texas at Austin.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5634160&pid=S1405-7425200200030000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">DURAND, J., D. Massey and R. Zenteno, 2001, "Mexican Immigration to the United States: Continuities and Change", in <i>Latin American Research Review,</i> vol. 36, num. 1.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5634162&pid=S1405-7425200200030000300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">DUSSEL P., E., 1997, <i>La econom&iacute;a de la polarizaci&oacute;n. Teor&iacute;a y evoluci&oacute;n del cambio estructural de las manufacturas mexicanas (1988&#45;1996),</i> Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5634164&pid=S1405-7425200200030000300019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">FERN&Aacute;NDEZ&#45;Kelly, P., 1991, <i>Labour Force Recomposition and Industrial Restructuring in Electronics: Implications for Free Trade.</i> New York, Columbia University, Conference Paper 64.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5634166&pid=S1405-7425200200030000300020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">G&Aacute;STELUM, M., 1991, <i>La migraci&oacute;n de los trabajadores mexicanos indocumentados a Estados Unidos,</i> Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5634168&pid=S1405-7425200200030000300021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GEREFFI, G., 1993, "&iquest;C&oacute;mo contribuyen las industrias maquiladoras al desarrollo nacional de M&eacute;xico y la integraci&oacute;n de Am&eacute;rica del norte?", en G. Vega (coord.). <i>Liberaci&oacute;n econ&oacute;mica y libre comercio en Am&eacute;rica del Norte,</i> El Colegio de M&eacute;xico, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5634170&pid=S1405-7425200200030000300022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">HONDAGNEU&#45;Sotelo, P., 1994, <i>Gender Transitions. Mexican Experiences of Immigration,</i> University California Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5634172&pid=S1405-7425200200030000300023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">KLAGSBRUNN, V., 1996, "Globalisa&ccedil;&atilde;o da economia mundial e mercado de trabalho: a emigra&ccedil;ao de brasileiros para os Estados Unidos e Jap&atilde;o", en N. Patarra (coord.) <i>Migrac&otilde;es internacionais. Heranza XX, Agenda XXI,</i> Universidad Estadual de Campinas, Brasil.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5634174&pid=S1405-7425200200030000300024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">LABINI, P. S., 1993, <i>Nuevas tecnolog&iacute;as y desempleo,</i> FCE, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5634176&pid=S1405-7425200200030000300025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">LAWLER, E. <i>et al.,</i> 1989, <i>Employee Involvement and TQM: Practice and Results in Fortune 5000 Companies,</i> Jossey Press, San Francisco.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5634178&pid=S1405-7425200200030000300026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">LIPIETZ, A., 1997, <i>El mundo del post&#45;fordismo,</i> Universidad de Guadalajara, Serie Cuadernos del CUSCH, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5634180&pid=S1405-7425200200030000300027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">LUSTIG, N., 1994, <i>M&eacute;xico, hacia la reconstrucci&oacute;n de una econom&iacute;a,</i> FCE, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5634182&pid=S1405-7425200200030000300028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MARCELLI, E. A. and W. A. Cornelius, 2001, "The Changing Profile of Mexican Migrants to the United States", in <i>Latin American Research Review,</i> vol. 36, num. 3.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5634184&pid=S1405-7425200200030000300029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MASSEY, D. <i>et al.,</i> 1998, <i>Worlds in Motion: Understanding International Migration at the End of the Millennium,</i> Oxford University Press, Oxford.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5634186&pid=S1405-7425200200030000300030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">OSTERMAN, P., 1993, "How common is workplace transformation and how can we explain who adopts it? Results from a National Survey", in <i>Industrial Labour Research Review,</i> 47(2).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5634188&pid=S1405-7425200200030000300031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">SASSEN, S., 1998, <i>Globalization and its Discontents,</i> The New Press, New York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5634190&pid=S1405-7425200200030000300032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">SASSEN, S. and R. Smith, 1992, "Post&#45;industrial growth and economic reorganization: their impact on immigrant employment", in J. Bustamante <i>et al., US&#45;Mexico Relations: Labour Market Interdependence.</i> Stanford, Stanford University Press, Stanford, CA.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5634192&pid=S1405-7425200200030000300033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">SMITH, C., 2000, <i>Inevitable Partnership. Understanding Mexico&#45;U.S. Relations,</i> Lynne Rienner Publisher, Boulder, Colorado.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5634194&pid=S1405-7425200200030000300034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">WOO, O., 2001, <i>Las mujeres tambi&eacute;n nos vamos al Norte,</i> Universidad de Guadalajara, Guadalajara, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5634196&pid=S1405-7425200200030000300035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ZLOLNISKI, Christian, 1994, "The Informal Economy in an Advanced Industrialized Society: Mexican Immigrant Labour in Silicon Valley", in <i>The Yale Law Journal,</i> vol. 103, num. 8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5634198&pid=S1405-7425200200030000300036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Ejemplo de ello es el Tratado de Libre Comercio (TLC), el cual ha reestructurado las relaciones econ&oacute;micas, pol&iacute;ticas y migratorias entre ambos pa&iacute;ses. Para m&aacute;s detalles sobre el impacto del TLC sobre la migraci&oacute;n, v&eacute;ase Canales, 2000.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Entre 1980 y 1988 la producci&oacute;n industrial se redujo 10 por ciento, lo que deriv&oacute; en una importante p&eacute;rdida de empleos como resultado del cierre de plantas que se origin&oacute; a partir de la crisis de 1982 (Canales 2000).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Cabe se&ntilde;alar, sin embargo, que esta estrategia no es &uacute;nica, sino que tambi&eacute;n se abren espacios para estrategias de corte posfordistas propiamente dichas. En estos casos, se trata generalmente de empresas que aplican estrategias h&iacute;bridas que combinan la flexibilidad externa para algunos segmentos y departamentos, con estrategias de cambio tecnol&oacute;gico y administraci&oacute;n flexible en otros. Estas estrategias se asocian con algunas maquiladoras que se han asentado en M&eacute;xico a partir de la segunda mitad de la d&eacute;cada de 1980, y que marcan una ruptura respecto al car&aacute;cter de las relaciones industriales y laborales que tradicionalmente ha prevalecido en este sector econ&oacute;mico. Sobre este punto, v&eacute;ase De la O, 2002 y Gereffi, 1993.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Como dato de comparaci&oacute;n, t&eacute;ngase en cuenta que en la industria maquiladora de exportaci&oacute;n, las remuneraciones apenas superan los dos salarios m&iacute;nimos (De la O, 2001).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Junto a este incremento de la migraci&oacute;n de tipo permanente, tambi&eacute;n se ha dado un sustantivo aumento en la migraci&oacute;n circular o temporal. De acuerdo con datos de la Enadid, en el periodo 1991&#150;1992 hubo casi 930 mil mexicanos que emigraron temporalmente a Estados Unidos, cifra que se elev&oacute; en m&aacute;s de 21 por ciento para el periodo 1996&#45;1997. Para m&aacute;s detalles, v&eacute;ase Canales, 2001.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> En esta entidad, entre 1987 y 1992 se reportaron menos de 2.7 mil migrantes anuales, cifra que se elev&oacute; a m&aacute;s de 15 mil migrantes anuales en el periodo 1995&#45;2000.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Se trata de una muestra representativa de las 1 000 mayores empresas listadas por la revista <i>Fortune.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Se estima, por ejemplo, que el trabajo <i>part&#45;time</i> creci&oacute; de 22 por ciento en 1977, a m&aacute;s de 33 por ciento en 1986. Asimismo, sobre 80 por ciento de estos trabajadores (alrededor de 50 millones de personas) ganaban menos de 11 mil d&oacute;lares anuales (Sassen y Smith, 1992).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> La informaci&oacute;n estad&iacute;stica proviene de la Encuesta Continua de Poblaci&oacute;n <i>(Current Population Survey),</i> levantada en marzo de 1998 por la oficina del censo de los Estados Unidos conjuntamente con la oficina de estad&iacute;sticas laborales. En esta encuesta se registra el origen &eacute;tnico y posici&oacute;n migratoria de los individuos, sus caracter&iacute;sticas sociodemogr&aacute;ficas, y en especial, informaci&oacute;n sobre ocupaci&oacute;n, condiciones de empleo y otras variables sociolaborales. Aunque se trata de informaci&oacute;n de corte transversal, el alto nivel de desagregaci&oacute;n con que registra el tipo de actividad y ocupaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n activa nos permite hacer una detallada comparaci&oacute;n entre la inserci&oacute;n laboral de los mexicanos respecto a otros grupos &eacute;tnicos, y de esa forma, identificar ciertos rasgos del proceso de segmentaci&oacute;n y polarizaci&oacute;n laboral al que nos hemos referido continuamente en este trabajo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> Resulta interesante comprobar, adem&aacute;s, que los migrantes de origen asi&aacute;tico tienden a seguir el patr&oacute;n de inserci&oacute;n laboral de la poblaci&oacute;n angloamericana, distanci&aacute;ndose considerablemente del que rige a los migrantes mexicanos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> De hecho, ya hacia fines de la d&eacute;cada de 1970, la agricultura hab&iacute;a sido desplazada por la industria de la transformaci&oacute;n como principal fuente de empleos para los migrantes mexicanos. V&eacute;ase Canales, 2002.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> Tal es el caso, por ejemplo, de formas automatizadas en el sistema de riego, el uso de modernas tecnolog&iacute;as para prevenir los cambios clim&aacute;ticos, uso de equipos computacionales para regular procesos de cultivos en invernaderos y otros medios de control tecnol&oacute;gico de las condiciones de la naturaleza.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> Para m&aacute;s detalles sobre los impactos de la actual pol&iacute;tica migratoria sobre la din&aacute;mica de la migraci&oacute;n, v&eacute;ase Andreas, 1998.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> Si bien desde siempre las relaciones laborales en M&eacute;xico se han caracterizado por su inestabilidad y flexibilidad, hasta mediados de la d&eacute;cada de 1980 el Estado a&uacute;n ejerc&iacute;a un importante rol de regulaci&oacute;n contractual y salarial en determinados sectores estrat&eacute;gicos (petr&oacute;leo, telecomunicaciones, energ&iacute;a, burocracia estatal, educaci&oacute;n, entre otros), que defin&iacute;a la pauta a seguir por los dem&aacute;s sectores y agentes econ&oacute;micos. Para m&aacute;s detalles sobre los alcances de la desregulaci&oacute;n contractual y flexibilidad laboral en M&eacute;xico, v&eacute;ase De la Garza, 2002.</font></p>      ]]></body><back>
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