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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Expediente</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="center"><b><font face="verdana" size="4">Preliminares</font></b></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cada &eacute;poca encuentra en Shakespeare lo que le atribula. Por </font><font face="verdana" size="2">eso mismo es posible reconocer en la monstruosidad moral y f&iacute;sica de Ricardo III la deformidad de nuestro propio tiempo pol&iacute;tico. Por sus disformidades internas y externas, este personaje le viene muy bien al pasado reciente del sistema pol&iacute;tico mexicano. Aquel que se explica por la obsesi&oacute;n &#151;casi man&iacute;a&#151; del poder. La astucia, la fina simulaci&oacute;n, la crueldad, la capacidad para conspirar, las fobias, todo ello ha sido utilizado por el sistema de partido &uacute;nico, sin importar cu&aacute;n lejos se vaya, para no desprenderse del poder. Al igual que el usurpador conde de Gloucester, el partido hegem&oacute;nico en M&eacute;xico despleg&oacute;, desde sus inicios, un discurso y una pr&aacute;ctica que buscaban seducir a una sociedad que apenas sal&iacute;a de una cruenta guerra fratricida y as&iacute; persuadirle de que el suyo era el mejor camino para la reconstrucci&oacute;n nacional.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde la fundaci&oacute;n del PNR, el camino al poder estuvo enmarcado por reglas que marcaban el ritmo y la cadencia de la transmisi&oacute;n del poder. En ese entendido, cualquier resistencia a la concentraci&oacute;n del poder en el Ejecutivo carec&iacute;a de todo sentido o viabilidad. El camino para lograrlo no fue f&aacute;cil. Una raz&oacute;n fue la topograf&iacute;a del poder en M&eacute;xico: los poderes, hist&oacute;ricamente, </font><font face="verdana" size="2">se hab&iacute;an formado y alimentado de la fragmentaci&oacute;n geogr&aacute;fica, econ&oacute;mica, &eacute;tnica y cultural del territorio. Los caciques y los caudillos, por ejemplo, eran los depositarios del poder en sus propias regiones, posici&oacute;n alimentada por su fuerza econ&oacute;mica, militar y capacidad de gobernabilidad. El proyecto nacional triunfante en los a&ntilde;os veinte, en el que el presidencialismo era la condici&oacute;n <i>sine qua non</i> de la gobernabilidad, supuso el sometimiento o aniquilamiento de los viejos poderes regionales a favor de la figura presidencial. Se logr&oacute;, negociada o violentamente, que el Ejecutivo concentrara los hilos del poder sin enemigo al frente. Una vez superado el enfrentamiento entre el Estado y los caudillos hubo que enfrentar uno m&aacute;s: el que opon&iacute;a la funci&oacute;n social y corporativa del Estado al empuje en favor de las bases del liberalismo econ&oacute;mico. Las consecuencias no se hicieron esperar, sobre todo a partir de los a&ntilde;os cuarenta, cuando el Estado abdic&oacute; de sus funciones sociales e inclin&oacute; su labor a favor de los intereses individuales. Parad&oacute;jicamente, el andamiaje pol&iacute;tico corporativo, es decir, la organizaci&oacute;n clientelar y autoritaria, se fortaleci&oacute;. Se privilegi&oacute; la <i>modernizaci&oacute;n econ&oacute;mica,</i> sustentada en una organizaci&oacute;n pol&iacute;tica vertical, corporativa y autoritaria. Deformidad insuperable.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Frente a lo anterior, cualquier disidencia, cuestionamiento o increpaci&oacute;n del sistema ser&iacute;an sencillamente inaceptables. La gran iron&iacute;a: el movimiento social de 1910 que ech&oacute; abajo treinta a&ntilde;os de concentraci&oacute;n de poder en una figura, la de Porfirio D&iacute;az, termin&oacute; por transitar hacia otra concentraci&oacute;n del poder, esta vez compartida entre el partido hegem&oacute;nico y la presidencia. Ambas experiencias, la porfirista y la del sistema hegem&oacute;nico, tuvieron en com&uacute;n su capacidad para combatir los poderes regionales, terminar con la inestabilidad casi cr&oacute;nica y &#151;sobre todo&#151; la concentraci&oacute;n del poder. Tambi&eacute;n tienen en com&uacute;n el control del poder que fue capaz de lograr el crecimiento material del pa&iacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para lograr estabilidad pol&iacute;tica y crecimiento material, la censura y el autoritarismo han sido dos de los instrumentos del poder en M&eacute;xico. Con ellos, el Estado ha podido controlar o manejar las </font><font face="verdana" size="2">libertades de expresi&oacute;n, dirigir la pol&iacute;tica cultural y desvalorizar la cr&iacute;tica. De esta forma, la gobernabilidad se apoy&oacute; sobre una convicci&oacute;n inalterable: m&aacute;s que la corrupci&oacute;n o el evidente retraso social, a los gobiernos priistas les resultaba mucho m&aacute;s irritante la disidencia, la subversi&oacute;n al orden, la desobediencia.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este expediente deseamos mostrar cinco casos que tienen que ver tanto con la pr&aacute;ctica autoritaria del poder en M&eacute;xico como con la decidida respuesta represiva contra todo aquel movimiento disidente o cr&iacute;tico del sistema de partido hegem&oacute;nico. As&iacute;, el primer caso se refiere al dilema original del sistema posrevolucionario, cuando se enfrentaban por un lado el esp&iacute;ritu corporativo y colectivo presente en el &aacute;mbito constitutivo del M&eacute;xico posrevolucionario y, por otro, las tendencias hacia la organizaci&oacute;n econ&oacute;mica liberal e individual. No fueron pocas ni mesuradas las consecuencias de tal contradicci&oacute;n &#151;a partir de los a&ntilde;os cuarenta y cincuenta&#151;, que privilegi&oacute; la industrializaci&oacute;n del campo en detrimento de enormes contingentes de campesinos que no ten&iacute;an cabida en ese proyecto. La autora del primer texto, Elisa Serv&iacute;n, llama "rectificaci&oacute;n agraria" a ese movimiento pol&iacute;tico y jur&iacute;dico que merm&oacute; la fuerza pol&iacute;tica del proyecto cardenista para privilegiar la industrializaci&oacute;n del campo. Al acercarse el fin del sexenio alemanista, en los primeros a&ntilde;os cincuenta, la coyuntura de la sucesi&oacute;n presidencial abri&oacute; la posibilidad de una reorganizaci&oacute;n pol&iacute;tica y social del descontento que busc&oacute; presionar a favor de la recuperaci&oacute;n del cardenismo. El ejemplo de una central campesina que en su momento se pretendi&oacute; independiente de la CNC y del PRI, la Uni&oacute;n de Federaciones Campesinas de M&eacute;xico (UFCM), surgida en 1952, es un ejemplo de la dificultad para conciliar el corporativismo con el impulso econ&oacute;mico liberal. Dirigida por un grupo de personajes cercanos al agrarismo cardenista, la Uni&oacute;n naci&oacute; con la intenci&oacute;n de sostener la candidatura presidencial del general Miguel Henr&iacute;quez Guzm&aacute;n y, a trav&eacute;s de ella, recuperar fuerza y espacio pol&iacute;tico para sus dirigentes, a la vez que buscaba ofrecer soluci&oacute;n a los problemas de ejidatarios y peque&ntilde;os propie</font><font face="verdana" size="2">tarios. Era inevitable que en el transcurso de su corta vida la nueva organizaci&oacute;n campesina fuera v&iacute;ctima cotidiana de los diversos mecanismos de control autoritario para contener a sus posibles adherentes y simpatizantes.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo y tercer casos se refieren al autoritarismo compartido por el Estado y la Iglesia en uno de los campos m&aacute;s sensibles de la formaci&oacute;n del M&eacute;xico contempor&aacute;neo: la educaci&oacute;n. En el primero, Valentina Torres Septi&eacute;n propone la experiencia de los libros de texto gratuitos como un ejemplo en el que tanto la Iglesia como el Estado en M&eacute;xico coincidieron en una visi&oacute;n autoritaria del ejercicio del poder, al emparejar un mesianismo religioso frente a un mesianismo laico. La imposici&oacute;n de los textos se vino a sumar a la muy prolongada lucha entre la Iglesia y el gobierno federal, en la cual &eacute;ste pugnaba por acotar el ejercicio de las tareas educativas que la Iglesia consideraba como su responsabilidad desde la &eacute;poca virreinal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por su parte, Laura P&eacute;rez Rosales expone la coincidencia a la que igualmente llegaron el Estado y la Iglesia cuando se trat&oacute; de moldear e imponer una moral en diversiones, lecturas y comportamientos sociales. Ambos, Estado e Iglesia, calificaron los contenidos de diversas pel&iacute;culas, revistas o diversiones nocturnas, de pornogr&aacute;ficas o inaceptables, pero con varas morales diferentes: para la Iglesia se trataba de pr&aacute;cticas contrarias a la "decencia", y para el Estado representaban manifestaciones que iban en contra de la "salud social" y de las leyes de convivencia comunitaria. Tanto desde el p&uacute;lpito como desde el decreto oficial, desde la moral cristiana o desde la moral oficial, Iglesia y Estado buscaron la imposici&oacute;n de sus respectivas visiones para moldear lo que la sociedad deb&iacute;a leer, oir, pensar o practicar como entretenimiento. Ambos textos, el de Torres Septi&eacute;n y el de P&eacute;rez Rosales, remiten a los a&ntilde;os cincuenta y sesenta, cuando comenzaba la estrategia de las pol&iacute;ticas sociales, en plena guerra fr&iacute;a, cuyo rasgo era el enfrentamiento de proyectos pol&iacute;ticos ubicados en las ant&iacute;podas. Cundi&oacute; la paranoia del enfrentamiento social, hab&iacute;a que conte</font><font face="verdana" size="2">nerlo y el Estado no dud&oacute; en imponer su visi&oacute;n de lo socialmente correcto por encima de lo religiosamente acatado.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el caso del texto de Ver&oacute;nica Oiki&oacute;n, es fundamental tener presente el tono que adquiri&oacute; la vida pol&iacute;tica mexicana bajo la mano dura de Gustavo D&iacute;az Ordaz y la contenci&oacute;n de movilizaciones sociales que dibujaban nuevas formas de disidencia. Ya no se trataba s&oacute;lo de la rebeli&oacute;n de las masas obreras, campesinas, estudiantiles o de las mismas clases medias. En el interior del propio pri se oyeron las voces cr&iacute;ticas que ve&iacute;an los peligros del presidencialismo desenfrenado y su impacto en todo el espectro social. Los empresarios de los a&ntilde;os setenta no eran ya los que apenas levantaban cabeza en los a&ntilde;os treinta o cuarenta. La Iglesia contaba ya, en su propio seno, con la semilla progresista sembrada en la d&eacute;cada anterior; el sindicalismo oficial presentaba fisuras evidentes y la organizaci&oacute;n rural no era tan monol&iacute;tica como a&ntilde;os atr&aacute;s. La inconformidad, en diferente grado pero a lo largo y ancho de la sociedad, era cada vez m&aacute;s audible. A pesar de ello, Luis Echeverr&iacute;a fortaleci&oacute; todav&iacute;a m&aacute;s la figura presidencial al tiempo que se reforzaron sectores econ&oacute;micos beneficiados por el milagro econ&oacute;mico. El enfrentamiento con el Estado o, mejor, con la figura del presidente Echeverr&iacute;a, pudo superarse poco tiempo despu&eacute;s, pero no sucedi&oacute; lo mismo con sectores sociales radicalizados. No era lo mismo oponerse al estilo personal de gobernar de un presidente que oponerse abiertamente a todo un regimen. Este es el caso del texto de Ver&oacute;nica Oikion, quien explora las formas represivas del Estado mexicano en la d&eacute;cada de 1970 utilizando el testimonial <i>Condiciones de Reclusi&oacute;n. Testimonio Revolucionario,</i> de Francisco Juventino Campa&ntilde;a L&oacute;pez, dirigente de las Fuerzas Revolucionarias Armadas del Pueblo (FRAP) y detenido en agosto de 1973. La respuesta oficial contra este tipo de luchas sociales rebas&oacute; los l&iacute;mites del Estado, pues no se acataron las disposiciones de detenci&oacute;n y consignaci&oacute;n de los miembros de grupos guerrilleros. En su lugar, se ech&oacute; mano de actos ilegales y de gran sevicia, como fueron la tortura o la desaparici&oacute;n forzada. No son muchos </font><font face="verdana" size="2">los testimonios, desde abajo, desde la insurrecci&oacute;n popular, que contribuyen a la formaci&oacute;n de la representaci&oacute;n colectiva y se sirvan de la memoria personal para contribuir a la construcci&oacute;n de una estrategia pol&iacute;tica en contra del autoritarismo.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, el texto de Carmen Collado aborda el autoritarismo presidencial enmarcado en los dif&iacute;ciles comienzos de los a&ntilde;os ochenta, es decir, cuando el gobierno de Miguel de la Madrid apost&oacute; por la privatizaci&oacute;n de la econom&iacute;a del Estado como salida a la crisis econ&oacute;mica, pero sin modificar la organizaci&oacute;n corporativa del sistema pol&iacute;tico mexicano. La imagen de solidez del r&eacute;gimen pol&iacute;tico mexicano construy&oacute;, durante a&ntilde;os, una percepci&oacute;n social de estabilidad y credibilidad. Miguel de la Madrid lleg&oacute; al poder como resultado de la tradicional designaci&oacute;n vertical de los relevos en el mando pol&iacute;tico, pero la urgencia econ&oacute;mica a principios de los a&ntilde;os ochenta (inflaci&oacute;n cercana al 100%, salida masiva de capitales, reservas nacionales agotadas, etc&eacute;tera), obligaron al nuevo Ejecutivo a adaptarse al modelo neoliberal imperante entonces. &iquest;C&oacute;mo lograr la empat&iacute;a entre un modelo neoliberal, sustancialmente enemigo de la participaci&oacute;n estatal en todo lo econ&oacute;mico, con un regimen cuya divisa era la rector&iacute;a del Estado? Collado analiza la manera como se expresa el car&aacute;cter particular del autoritarismo, apoyada en las <i>Memorias</i> del ex presidente Miguel de la Madrid. En su opini&oacute;n, este autoritarismo se revel&oacute;, sobre todo, en sus relaciones con los obreros, los empresarios y la propia iglesia cat&oacute;lica. Para ello, de la Madrid se sirvi&oacute; de una estrategia que buscaba infundir miedo para asentar su proyecto econ&oacute;mico, su visi&oacute;n sobre la prensa, su idea de democracia y su perspectiva sobre los partidos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El arco temporal cubierto por los textos aqu&iacute; incluidos nos muestra las disonancias, m&aacute;s que las continuidades, de un M&eacute;xico que va de la guerra fr&iacute;a al inicio de las pol&iacute;ticas neoliberales. A pesar de que durante muchos a&ntilde;os &#151;hasta los a&ntilde;os setenta aproximadamente&#151; la econom&iacute;a estuvo al servicio de la pol&iacute;tica, fue inevitable el estallamiento de la </font><font face="verdana" size="2">disidencia pol&iacute;tica rural y urbana. Pero tampoco se pudo contener cuando el regimen decidi&oacute; poner la pol&iacute;tica al servicio de la econom&iacute;a, es decir, cuando se instrumentaron cambios estructurales en el modelo econ&oacute;mico para enfrentar la grave crisis que golpeaba al pa&iacute;s. Dos momentos en la vida de un pa&iacute;s &#151;cuando la rector&iacute;a del Estado era incuestionable y cuando aquel fue reducido a su m&iacute;nima expresi&oacute;n&#151; hermanados por la m&eacute;dula autoritaria de la cual emergi&oacute; y que dio sustento al regimen pol&iacute;tico que sufri&oacute; su mayor descalabro a fines del siglo XX.</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="right"><font face="verdana" size="2"><b>Laura P&eacute;rez Rosales</b></font></p>       ]]></body>
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