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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Carlos Llano Cifuentes: <i>Ensayos sobre Jos&eacute; Gaos: Metaf&iacute;sica y Fenomenolog&iacute;a</i></b></font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Antonio Ziri&oacute;n Quijano</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico: UNAM Instituto de Investigaciones Filos&oacute;ficas 2008, 213 pp<sup><a href="#nota">1</a></sup> .</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Instituto de Investigaciones Filos&oacute;ficas, UNAM.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es muy saludable &#45;aunque no deja de ser parad&oacute;jico, como se ver&aacute;&#45; corroborar que un disc&iacute;pulo de Jos&eacute; Gaos pueda producir un libro filos&oacute;fico, y un libro filos&oacute;fico precisamente acerca de la filosof&iacute;a de Jos&eacute; Gaos, con tanta riqueza de ideas, con tanto alarde de erudici&oacute;n filos&oacute;fica pertinente, con tantos y tan atinados motivos cr&iacute;ticos, como el libro del doctor Carlos Llano. Y es que la filosof&iacute;a de Jos&eacute; Gaos (me refiero, claro, a lo m&aacute;s caracter&iacute;stico de la misma, que es su filosof&iacute;a de la filosof&iacute;a) es tan peculiar que una de sus conclusiones consiste en afirmar que la filosof&iacute;a no puede propiamente comunicarse,
y por lo tanto no puede tampoco ense&ntilde;arse. Y en esta sentencia estaba incluida, y por ello condenada a esa incomunicaci&oacute;n e infecundidad, la misma filosof&iacute;a que pronunciaba la sentencia. Las filosof&iacute;as son buenas, pensaba Gaos, para intercambiar ideas, para enriquecernos mutuamente, y no para llegar entre todos a un conocimiento com&uacute;n, compartido, aceptado por todos, al menos en principio. Pero me parece a m&iacute; que Llano no ha escrito su libro solamente para figurar como una voz m&aacute;s en ese concierto gaosiano de voces filos&oacute;ficas personales, sino para entrar con la filosof&iacute;a de Gaos en un di&aacute;logo aut&eacute;nticamente filos&oacute;fico, animado por una b&uacute;squeda de esa verdad impersonal que Gaos consideraba imposible.
As&iacute; que no es &eacute;ste, entonces, un libro rigurosamente gaosiano, por mucha veneraci&oacute;n y gratitud que muestre para con Gaos. &Eacute;sta es la paradoja. &#191;Piensa Llano que aquella sentencia de Gaos contra la comunicaci&oacute;n y la ense&ntilde;anza de la filosof&iacute;a es radicalmente falsa, como lo pienso yo, por ejemplo&#63; O, si no, &#191;cu&aacute;l es el sentido que piensa que tienen estas conversaciones filos&oacute;ficas, sean sobre temas gaosianos o no gaosianos&#63;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta manera de presentar la cuesti&oacute;n es especialmente pertinente debido a que en el libro de Llano no se afronta la filosof&iacute;a de Gaos precisa o expl&iacute;citamente como una filosof&iacute;a de la filosof&iacute;a, sino directamente, como su t&iacute;tulo lo &iacute;ndica, como fenomenolog&iacute;a y como metaf&iacute;sica. Desde luego, no es que Llano ignore que Gaos ten&iacute;a la pretensi&oacute;n de estar elaborando, desde antes incluso de llegar a suelo mexicano, a los 38 a&ntilde;os de edad, una filosof&iacute;a de la filosof&iacute;a, y que no vio culminada esa pretensi&oacute;n a satisfacci&oacute;n suya m&aacute;s que en esos &uacute;ltimos cursos (y luego libros) que son <i>De la filosof&iacute;a</i> y <i>Del hombre</i>,
a los cuales (o a algunos de cuyos temas) se dedican casi exclusivamente los ensayos que reuni&oacute; Llano en su libro. Pero por alguna raz&oacute;n que no queda suficientemente expl&iacute;cita en el mismo libro, Llano ha preferido, al menos en cierto sentido o hasta cierto punto, ignorar ese hecho, que a mi juicio es crucial, de que lo que Gaos est&aacute; construyendo al filosofar es una filosof&iacute;a de la filosof&iacute;a. Esto tiene importantes consecuencias, que espero hacer ver en lo que sigue.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La respuesta m&aacute;s obvia puede ser bien correcta. Esta respuesta dir&iacute;a, sencillamente, que Gaos, por una parte, elabora su filosof&iacute;a de la filosof&iacute;a precisamente utilizando la fenomenolog&iacute;a o el m&eacute;todo fenomenol&oacute;gico, y que, por otra parte, desemboca en una ocupaci&oacute;n y tratamiento muy francos de conceptos, temas y cuestiones que nadie objetar&iacute;a que forman parte de la metaf&iacute;sica o de esa otra disciplina que no se ha acabado de despegar de ella que es la ontolog&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto es totalmente cierto, y es lo que permite, en realidad, que en el libro se establezcan las discusiones que se establecen como discusiones de fenomenolog&iacute;a y/o como discusiones de metaf&iacute;sica. Sin embargo, el mismo autor advierte que en el pensamiento de Gaos la fenomenolog&iacute;a entra en conflicto con la metaf&iacute;sica, hasta el punto de llegar a afirmar que "donde Gaos no ha aplicado un an&aacute;lisis verdaderamente racional es precisamente en el m&eacute;todo elegido tanto para estudiar la <i>filosof&iacute;a</i> como para estudiar <i>el hombre</i>" (p. 146). Este tema, el hallazgo del conflicto entre la fenomenolog&iacute;a y la metaf&iacute;sica y la advertencia sobre el mismo, que se presenta de modo expl&iacute;cito
en la &uacute;ltima secci&oacute;n del &uacute;ltimo ensayo del libro, se hace sentir en realidad desde sus primeras p&aacute;ginas, lo atraviesa por entero y determina su sentido. Quiero decir: Llano ha tomado, no en el fondo, sino desde el principio, de entrada, una decisi&oacute;n: ha optado por la metaf&iacute;sica a expensas de la fenomenolog&iacute;a, y detecta por ello con mucha claridad la insuficiencia de la fenomenolog&iacute;a para abordar ciertas cuestiones metaf&iacute;sicas que son claves en el tratamiento de Gaos. Gaos mismo cre&iacute;a que pod&iacute;a distinguirse, para cualquier tipo de disciplina, entre una parte fenomenol&oacute;gica y una parte te&oacute;rica: la parte fenomenol&oacute;gica era la encargada de desbrozar el terreno conceptual, por as&iacute; decirlo, allanarlo
y dejarlo listo para la construcci&oacute;n propiamente dicha, que quedaba entonces a cargo de la teor&iacute;a. La fenomenolog&iacute;a no era teor&iacute;a y la teor&iacute;a no pod&iacute;a ser ya fenomenol&oacute;gica. Esta divisi&oacute;n se daba, o se deb&iacute;a dar, en cualquier tipo de disciplina, y no s&oacute;lo ni precisamente en la metaf&iacute;sica. No viene mucho al caso averiguar aqu&iacute; si esto es fiel o no a la fenomenolog&iacute;a husserliana. Yo he hecho ya esta averiguaci&oacute;n en otro lado, como el mismo Llano lo recuerda, y creo que estamos de acuerdo en que este punto del contraste entre la fenomenolog&iacute;a gaosiana y la husserliana, por interesante que pueda ser en s&iacute; mismo, no es particularmente iluminador cuando se trata de entender el sentido de
la fenomenolog&iacute;a en el pensamiento de Gaos y el papel que cumple en su filosof&iacute;a de la filosof&iacute;a. Pero como quiera que sea, y haya sido por las influencias que haya sido, Gaos pensaba que la fenomenolog&iacute;a ten&iacute;a una limitaci&oacute;n connatural que le imped&iacute;a llegar a ser teor&iacute;a, y sin embargo, trat&aacute;ndose de la metaf&iacute;sica, parece dejarle una puerta abierta para discurrir y sacar conclusiones, aunque estas conclusiones no sean las que el doctor Llano, por ejemplo, podr&iacute;a encontrar aceptables. Y de ah&iacute; que le reproche a Gaos que, a pesar de que sus "inquietudes vitales" "son propiamente metaf&iacute;sicas", adopte "como m&eacute;todo el de la fenomenolog&iacute;a, el menos apropiado para estudiar lo que se encuentra allende
el fen&oacute;meno, que es justo lo que le inquieta" (pp. 194&#45;195).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#191;Qu&eacute; podr&eacute; decir yo sobre todo este asunto, cuando en la disyuntiva entre fenomenolog&iacute;a y metaf&iacute;sica he optado m&aacute;s bien por la fenomenolog&iacute;a y lo que le reprocho a Gaos son, no precisamente sus "inquietudes vitales" o su inter&eacute;s por las cuestiones metaf&iacute;sicas m&aacute;s hondas y m&aacute;s acuciantes para el hombre, sino el que su fascinaci&oacute;n por la metaf&iacute;sica le haya hecho ver precisamente metaf&iacute;sica en toda filosof&iacute;a genuina, y en que, por ese mismo hecho, condenara a la incomunicaci&oacute;n y al silencio, y por ello mismo a la infecundidad, a su propia filosof&iacute;a de la filosof&iacute;a, justamente porque acaba viendo en ella una metaf&iacute;sica
m&aacute;s&#63; Hay que ver aqu&iacute; con claridad esto: esa "&uacute;nica 'filosof&iacute;a' hacedera a estas alturas de la historia" de la que habla Gaos en <i>Discurso de filosof&iacute;a</i> y que Llano recuerda justamente en aquella &uacute;ltima secci&oacute;n de su libro, esa "filosof&iacute;a" "que est&eacute; dispuesta a rechazar los sistemas metaf&iacute;sicos del universo en lo que tienen de metaf&iacute;sicos, pero no en lo que contienen de fenomenol&oacute;gico" (p. 194), &eacute;sa es una filosof&iacute;a cuyo nombre Gaos escribe entre comillas (las comillas no aparecen, por cierto, en la cita que hace Llano de estas palabras), comillas que denotan la impropiedad o la inseguridad de llamarle todav&iacute;a "filosof&iacute;a" a algo que ha quedado ya trunco de metaf&iacute;sica
y se limita a unos estudios m&aacute;s o menos fenomenol&oacute;gicos que caer&iacute;an m&aacute;s bien en el &aacute;mbito de las disciplinas humanas, y sobre todo de la antropolog&iacute;a. Y una "filosof&iacute;a" de la que Gaos dice, con una humildad nada filos&oacute;fica, que ni siquiera la propone, sino que la expone, "a t&iacute;tulo de cambio de ideas", como si tambi&eacute;n esta "filosof&iacute;a" entre comillas, la fenomenol&oacute;gica, tuviera que seguir el destino de aquella filosof&iacute;a metaf&iacute;sica que se pretende dejar atr&aacute;s y de la cual se despide en el mismo p&aacute;rrafo del <i>Discurso</i> con ese dram&aacute;tico "adi&oacute;s a los sistemas metaf&iacute;sicos del universo, en lo que tienen de seudocient&iacute;fico&#45;metaf&iacute;sicos, no en lo que
contienen de fenomenolog&iacute;a" (<i>Obras Completas</i>, Vol. XV, p. 50. ), etc&eacute;tera.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Naturalmente que en el fondo de toda esta tem&aacute;tica hay algunas cuestiones muy humanas, muy personales o biogr&aacute;ficas, que, seg&uacute;n mis conjeturas, tienen que ver con las dificultades que tuvo Gaos para reconciliar su insoslayable pasi&oacute;n por la metaf&iacute;sica, despertada en su adolescencia mientras le&iacute;a a Balmes, con su aversi&oacute;n a verse considerado y clasificado, &eacute;l, un profesor tan honesto, tan responsable, tan exigente consigo mismo y tan considerado, decente y propio con los dem&aacute;s, en una palabra, tan moral, a verse clasificado, pues, como uno m&aacute;s de esos soberbios (soberbios <i>luciferinos</i>, no hay que olvidarlo) que han sido los fil&oacute;sofos de todos los tiempos (y todos
los fil&oacute;sofos, si han sido fil&oacute;sofos, han sido en &uacute;ltima instancia metaf&iacute;sicos), desde Arist&oacute;teles hasta Heidegger, seg&uacute;n le dictaba la agud&iacute;sima vislumbre psicol&oacute;gica que crey&oacute; tener tambi&eacute;n muy tempranamente. Yo creo que Gaos viv&iacute;a desgarrado entre estos dos motivos, y creo que las huellas, o las pruebas, de este desgarramiento, pueden encontrarse en muchos de sus escritos, y sobre todo, claro est&aacute;, en los m&aacute;s personales &#45;si puede decirse que hay escritos m&aacute;s personales que otros en un pensador para quien la filosof&iacute;a m&aacute;s impersonal no es m&aacute;s que una confesi&oacute;n personal. Pero ese desgarramiento tambi&eacute;n se delata, como no pod&iacute;a ser menos, en los textos
m&aacute;s filos&oacute;ficos, m&aacute;s fenomenol&oacute;gicos o m&aacute;s metaf&iacute;sicos, que son aquellos de los que se ocupa el libro de Carlos Llano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Yo no voy aqu&iacute; a intentar dirimir el debate, si es que a fin de cuentas lo hay, entre la fenomenolog&iacute;a y la metaf&iacute;sica, ni siquiera en el interior del pensamiento de Jos&eacute; Gaos o de su filosof&iacute;a de la filosof&iacute;a, y mucho menos en general. Pero as&iacute; como Llano echa de menos en Gaos un m&eacute;todo m&aacute;s racional, m&aacute;s metaf&iacute;sico, no puedo dejar de declarar que yo echo de menos en &eacute;l, es decir, en Gaos, aunque tambi&eacute;n, ciertamente, en algunos pasajes del libro de Llano, un poco m&aacute;s de fenomenolog&iacute;a. S&oacute;lo que Llano, claro est&aacute;, no nos la hab&iacute;a prometido, y en cambio Gaos s&iacute;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Voy a poner alg&uacute;n ejemplo. Y ante todo, uno que concierne a un punto medular de la filosof&iacute;a de la filosof&iacute;a de Gaos, y que en el libro que comentamos est&aacute; tambi&eacute;n considerado como tal: me refiero a la cuesti&oacute;n del origen de las nociones de "no" y de "negaci&oacute;n", cuesti&oacute;n que est&aacute; a su vez en el origen de esa intromisi&oacute;n, absolutamente injustificada, del amor y el odio humanos en la "resoluci&oacute;n" de las antinomias que est&aacute;n en la c&uacute;spide de la metaf&iacute;sica y que la raz&oacute;n humana, piensa Gaos, no puede resolver por s&iacute; sola, o al menos de la antinomia fundamental, que es la antinomia entre el <i>realismo</i> y el <i>idealismo</i>. Tal vez,
pero esto habr&iacute;a que sustanciarlo con una exposici&oacute;n y una interpretaci&oacute;n de detalle que no puede hacerse aqu&iacute;, tal vez si Gaos hubiera descubierto alg&uacute;n origen objetivo, y no subjetivo, para las nociones o los conceptos negativos (no, nada, infinito, inexistencia, etc.), su filosof&iacute;a de la filosof&iacute;a no hubiera terminado en el gran acto de magia, o de ilusionismo, en que de hecho termin&oacute;, y que es el acto en que ella misma se desaparece y se aniquila a s&iacute; misma. Y tal vez si Gaos hubiera sido un poco m&aacute;s fenomen&oacute;logo de lo que fue podr&iacute;a haber encontrado ese origen. No voy a discutir con Llano si las propuestas positivas de una soluci&oacute;n objetivista, por llamarles as&iacute;, que &eacute;l presenta en
su libro al discutir la soluci&oacute;n subjetivista de Gaos, son o no m&aacute;s atinadas que las que pueden encontrarse en el movimiento fenomenol&oacute;gico. S&oacute;lo expresar&eacute; la extra&ntilde;eza que siempre me ha causado no ver mencionada o discutida en Gaos, tan conocedor de la historia de la filosof&iacute;a y, en especial, de la historia de ese mismo movimiento fenomenol&oacute;gico del cual, al menos durante ciertos a&ntilde;os, &eacute;l mismo se sinti&oacute; parte, la propuesta positiva, objetivista, que se halla en un peque&ntilde;o ensayo de Adolf Reinach, uno de los primeros disc&iacute;pulos que tuvo Husserl, titulado "Teor&iacute;a del juicio negativo", publicado en 1911, cuando Gaos era todav&iacute;a un chamaco. Llano ya pudo haber conocido tambi&eacute;n
este ensayo, incluso en espa&ntilde;ol, pues su traducci&oacute;n se public&oacute; en 1997 en Espa&ntilde;a (los 86 a&ntilde;os transcurridos entre su edici&oacute;n original y su aparici&oacute;n en espa&ntilde;ol no son ning&uacute;n timbre de gloria para nuestra cultura filos&oacute;fica, dicho sea de paso). Pero ya dije que Llano puede quedar disculpado porque no nos ha prometido ninguna fenomenolog&iacute;a. Pero Gaos debi&oacute; de haberse sentido en casa con la propuesta de Reinach, y sin embargo, vaya a saberse por qu&eacute;, se le escap&oacute;. No voy a exponer en sus detalles la propuesta, o m&aacute;s bien, el an&aacute;lisis de Reinach, que en t&eacute;rminos generales creo que sigue siendo acertado, y que se basa en la distinci&oacute;n fundamental entre objeto (objeto simple,
digamos) y estado de cosas, y en la constataci&oacute;n de que si bien no puede hablarse de objetos negativos (no hay un no&#45;&aacute;rbol o un &aacute;rbol&#45;no, por ejemplo, ni una no&#45;mesa ni una no&#45;nada), muy bien puede hablarse de estados de cosas negativos (el no ser &aacute;rbol de la mesa, el no ser joven del anciano, el no estar el &aacute;rbol donde lo esperamos o el joven cuando lo queremos). Cuando esta distinci&oacute;n no se hace desde el principio, se corre el peligro de trasladar las imposibilidades que pesan sobre los objetos a los estados de cosas, y de caer en una suerte de apor&iacute;a que no es m&aacute;s que un fracaso de nuestra d&eacute;bil fenomenolog&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero si ya extra&ntilde;a que Gaos no haya recurrido a un colega de su misma escuela cuando se enfrenta al problema de las expresiones y conceptos negativos que tan grandes consecuencias va a tener en su filosof&iacute;a, extra&ntilde;a m&aacute;s que no se haya percatado de que su propia propuesta positiva, subjetivista, seg&uacute;n la cual tales conceptos tienen su origen en nuestro amor y nuestro odio humanos, va en contra de una de las comprobaciones fenomenol&oacute;gicas m&aacute;s b&aacute;sicas, m&aacute;s fundamentales, y de mayor alcance, que puedan encontrarse. Se trata de una comprobaci&oacute;n que, enunciada en t&eacute;rminos generales y todav&iacute;a muy vagos, estaba ya hecha por Brentano, el maestro de Husserl, y que solamente
ha intentado ser puesta en cuesti&oacute;n, dentro del movimiento fenomenol&oacute;gico, ya muy entrada la posmodernidad, en estos tiempos nuestros en que se puede decir cualquier cosa seguros de que puede encontrar seguidores, y habr&iacute;a que ver si esta puesta en cuesti&oacute;n misma no es en verdad tan aberrante como la propuesta de Gaos. Me refiero al c&eacute;lebre "principio" seg&uacute;n el cual todo acto intencional o es una representaci&oacute;n o tiene una representaci&oacute;n a la base. si lo que a Gaos le hace falta, si lo que no encuentra por ning&uacute;n lado, es una representaci&oacute;n de un objeto negativo o de una realidad negativa, &#191;c&oacute;mo un acto emocional o un acto volitivo, que necesariamente presupone una representaci&oacute;n del objeto al cual se dirige,
va a ser capaz de crear, justamente de la nada, su propio objeto&#63; Dicho en palabras sencillas: &#191;c&oacute;mo voy a poder querer que algo, lo que sea, no exista, si no tengo la menor idea de lo que es una inexistencia&#63; Pero esto es lo que Gaos propone: que mi deseo o mi volici&oacute;n (suscitados por mi odio) de que algo no exista, es lo que en realidad crea el concepto mismo de su inexistencia. De <i>su</i> inexistencia y, antes, un antes imposible, de la <i>inexistencia</i> como tal. En el caso paralelo del amor lo que Gaos propone es que mi deseo de que algo, el bien, o Dios, o el alma, exista infinitamente, es lo que hace que surja para m&iacute;, por vez primera, originariamente, el concepto mismo de la infinitud de Dios, del alma o del bien. Estar&aacute;n de acuerdo conmigo
en que aqu&iacute; Gaos, en cuanto fenomen&oacute;logo, se ve abandonado de todos los dioses, y no s&oacute;lo del genio o del fantasma de Husserl.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Habr&iacute;a sido muy interesante ver en el libro de Llano su opini&oacute;n sobre este asunto. Es m&aacute;s: habr&iacute;a sido muy interesante ver un despliegue de una brillantez semejante al de su estudio de la motivaci&oacute;n volitiva de la raz&oacute;n, aplicado al tema de la formaci&oacute;n de los conceptos negativos mismos por parte de las <i>mociones</i> o <i>emociones</i>. Y es que, a pesar de que reconoce plenamente que "el asunto se agrava por cuanto ya hemos visto que los motivos no racionales &#91;las famosas mociones y emociones de Gaos&#93; no s&oacute;lo suscitan las opciones ante las antinomias, sino la concepci&oacute;n misma de los conceptos que las componen" (p. 159), y anuncia que, precisamente, "la forma como el motivo
causa &#45;si es que los causa&#45; los conceptos que dar&aacute;n pie a las consecuentes antinomias, es, pues, el punto que debe ser ahora por nosotros estudiado" (p. 159), en realidad abandona el tema sin haberlo propiamente tratado, para empe&ntilde;ar su gran voluntad y su gran energ&iacute;a filos&oacute;ficas en un estudio verdaderamente admirable del antinomismo de Gaos, concentrado en el an&aacute;lisis de "la motivaci&oacute;n de los juicios, que son precisamente las opciones ante las antinomias" (p. 161). El estudio se convierte, pues, en una magistral exposici&oacute;n de las relaciones entre la voluntad y el intelecto, o de la o las maneras como puede decirse y entenderse que la voluntad determina al intelecto o a la raz&oacute;n. Y todo ello porque aqu&iacute;, en el tema de
la causalidad de los motivos que tenemos para optar o decidirnos ante las antinomias filos&oacute;ficas fundamentales, tema que debi&oacute; haber significado para Gaos un motivo de intensa fenomenolog&iacute;a, "no podemos decir", como lo dice llanamente Llano, "que Gaos haya sido muy expl&iacute;cito" (p. 158). No puedo ni aproximarme a decidir si, a la postre, esta suplencia del an&aacute;lisis gaosiano que lleva a cabo Llano, y de cuyos innumerables detalles tampoco podemos dar aqu&iacute; justa cuenta, no presupone en alguna medida una exitosa formaci&oacute;n de los conceptos negativos centrales de las antinomias por parte de las <i>mociones</i> y <i>emociones</i>, o si se sostiene por su propio pie, como ser&iacute;a deseable.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como quiera que sea, creo que s&iacute; vale la pena hacer una peque&ntilde;a correcci&oacute;n en el estudio de Llano, y me disculpo si lo que me lleva a hacerla no son m&aacute;s que las peculiares mociones y emociones que se me convirtieron en h&aacute;bito durante los a&ntilde;os de trabajo como corrector de estilo. En el pen&uacute;ltimo p&aacute;rrafo de la p. 154 del libro, Llano combina, al citar a Gaos, dos p&aacute;rrafos de Del <i>hombre</i> de Gaos en uno solo: el pasaje que comienza: "si los seres humanos no fu&eacute;semos capaces de odiar, sino &uacute;nicamente de amar el bien, nunca querr&iacute;amos el mal, ni el propio ni el ajeno", concluye en Gaos: "y jam&aacute;s hubi&eacute;semos pensado en aniquilar ni mentalmente a nadie,
o jam&aacute;s hubi&eacute;semos pensado el concepto de 'inexistencia'". El pasaje que en Gaos va en seguida, dice en la primera parte que Llano omite: "Si no fu&eacute;semos capaces de amar, sino &uacute;nicamente de odiar el mal, nunca querr&iacute;amos el bien, ni el propio ni el ajeno"; y termina con las palabras con que Llano concluye su cita: "y jam&aacute;s hubi&eacute;semos pensado en hacer infinita la existencia, ni el ente, de nadie, o jam&aacute;s hubi&eacute;semos pensado en el concepto de 'infinito'". &#91;Hay otras imprecisiones menores en la citaci&oacute;n de Llano.&#93; Esta correcci&oacute;n debe servir para equilibrar la conclusi&oacute;n de Llano, que &eacute;l toma como conclusi&oacute;n de Gaos: "Dram&aacute;tica conclusi&oacute;n &#91;son sus palabras&#93;:
la metaf&iacute;sica es en buena parte la consecuencia del odio del ser humano". Es cierto, s&oacute;lo que vale la pena, como justa conclusi&oacute;n de las citas de Gaos corregidas, estampar con la misma decisi&oacute;n la otra conclusi&oacute;n, no menos dram&aacute;tica, aunque quiz&aacute; m&aacute;s amable: 'la metaf&iacute;sica es en buena parte (o sea, la otra buena parte que no es consecuencia del odio) consecuencia del amor del ser humano".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero, bien mirado, no se tratar&iacute;a s&oacute;lo de la metaf&iacute;sica: los conceptos negativos de "inexistencia" y de "infinito" que est&aacute;n aqu&iacute; involucrados tienen funciones no solamente en la filosof&iacute;a, sino ya antes en la ciencia y, m&aacute;s, en la vida prete&oacute;rica o en la vida de todos los d&iacute;as. Si esto podr&iacute;a dudarse respecto de "infinito", &#191;c&oacute;mo cabr&iacute;a dudarlo respecto de "inexistencia"&#63; &#191;No saben hasta los ni&ntilde;os lo que significa que algo no exista&#63;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este recordatorio de que la vida de todos los d&iacute;as s&iacute; existe nos puede servir para hacer un reconocimiento que no es en modo alguno balad&iacute;: Llano tiene, a lo largo de su libro, el buen cuidado y el buen sentido de destacar, cada vez que es pertinente, los elementos o motivos vitales que mueven el pensamiento de su maestro Gaos. Esto es importante. La filosof&iacute;a de Gaos es en buena medida un vitalismo, que aunque mantiene mucha relaci&oacute;n con el vitalismo de su maestro Ortega, no es id&eacute;ntico a &eacute;l. Quiz&aacute; Llano dir&iacute;a que se trata de una metaf&iacute;sica vitalista, lo cual acaso podr&iacute;a encontrar apoyo en muchas partes de las obras de Gaos, y sobre todo en esa parte culminante que
es el enfrentamiento con las antinomias. Pero yo pienso que es m&aacute;s af&iacute;n a las motivaciones &uacute;ltimas, tambi&eacute;n vitales, de Gaos, considerar su pensamiento como una filosof&iacute;a de la filosof&iacute;a vitalista, a la vez metaf&iacute;sica y anti&#45;metaf&iacute;sica, en un equilibrio inestable y parad&oacute;jico, y ya no hablemos de fenomenolog&iacute;a... Lo cual puede sustentarse incluso en ese mismo tema &uacute;ltimo de las antinomias. Para poner esto en claro le daremos una &uacute;ltima vuelta a este tema, que ser&aacute; tambi&eacute;n el &uacute;ltimo punto de mi comentario. Con el cual volver&eacute;, por cierto, al punto del que part&iacute;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Me parece que Llano supone, en efecto, a lo largo de todo el estudio de las antinomias y su resoluci&oacute;n, que Gaos est&aacute; haciendo una filosof&iacute;a metaf&iacute;sica u ontol&oacute;gica m&aacute;s, la cual se encuentra en cierto punto con ciertas antinomias, que son tales s&oacute;lo para la raz&oacute;n, ante lo cual, y para romper la indecisi&oacute;n en que la raz&oacute;n se encuentra a s&iacute; misma ante los t&eacute;rminos de las antinomias, Gaos propone que se opte por motivos irracionales, o subjetivos, o, justamente, vitales, como el amor, el odio, la soberbia, etc. Pero si esto fuera as&iacute;, entonces la resoluci&oacute;n de Gaos ser&iacute;a descartable sin m&aacute;s, por razones como las que Llano revisa en su
estudio o por las fenomenol&oacute;gicas a que he aludido. Pero Gaos no procede as&iacute;: Gaos est&aacute; haciendo filosof&iacute;a de la filosof&iacute;a, es decir, est&aacute; explicando, no c&oacute;mo va a proceder &eacute;l, o c&oacute;mo propone que proceda el fil&oacute;sofo, o el metaf&iacute;sico, ante ciertos problemas antin&oacute;micos, sino c&oacute;mo piensa que la raz&oacute;n humana ha procedido, c&oacute;mo han procedido los fil&oacute;sofos seg&uacute;n sus emociones, sus voliciones y apetencias. Pero estas voliciones o estos motivos le son al fil&oacute;sofo desconocidos: es Gaos quien ahora, en sus tratados, los descubre. Y por haberle permanecido ocultos al fil&oacute;sofo, y seguirle permaneciendo ocultos mientras siga siendo fil&oacute;sofo, no puede ahora discutirse
si ese fil&oacute;sofo debe o no considerar racionalmente unos motivos que son inconscientes, desconocidos. Para Gaos, desde luego, o ante Gaos, la cuesti&oacute;n s&iacute; puede plantearse: pues &eacute;l cree haber descubierto los verdaderos motivos de las decisiones presunta o aparentemente te&oacute;ricas y racionales de los fil&oacute;sofos (y se siente, por cierto, muy buen psic&oacute;logo al hacerlo). Pero no cae en la cuenta de que sus propias revelaciones acerca de unos motivos volitivos, vitales, que llama incluso irracionales, lo que con justicia le reprocha Llano, unos motivos, en fin, ocultos, ya no pueden aplicarse a su propio caso, pues precisamente para &eacute;l esos motivos ya no est&aacute;n ocultos. Y sin embargo, &eacute;l, inconsecuentemente, aplica los resultados de
sus revelaciones a su propio caso, por lo cual su filosof&iacute;a de la filosof&iacute;a termina en las paradojas en que termina.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No s&eacute; si el ejercicio de Llano, en toda su admirable sutileza, no le est&aacute; siguiendo el juego a Gaos: es decir, si no est&aacute; tratando de buscar, o proponiendo que busquemos, buenos motivos para mantener en pie el edificio de una metaf&iacute;sica que Gaos, en vista de sus descubrimientos, y por mucho amor que le tuviera, estaba viendo c&oacute;mo se desmoronaba ante sus ojos como una pseudo&#45;ciencia que ya no estaba a la altura de los tiempos...</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vaya esto, esto s&iacute;, como un acicate para un cambio de ideas. Haya sido o no fingida su humildad, yo me permito hacer m&iacute;as estas palabras casi finales del Discurso de <i>filosof&iacute;a</i>: "El cambio de ideas es forma peculiar del mentado enriquecimiento mutuo. Ojal&aacute; que estas ideas mismas, aunque no enriquezcan, estrictamente, a nadie, depositen siquiera unos centavos en alguna alcanc&iacute;a ajena, a cambio de mi propio enriquecimiento..." (<i>Obras Completas,</i> Vol. XV, loc. cit.).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Nota</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Texto le&iacute;do en la presentaci&oacute;n del libro en la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras de la UNAM el 18 de febrero de 2010, con la participaci&oacute;n de Luis Villoro y el autor.</font></p>     ]]></body>
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