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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Luc&iacute;a Rayas Velasco. <i>Armadas. Un an&aacute;lisis de g&eacute;nero desde el cuerpo de las mujeres combatientes</i></b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Hortensia Moreno*</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>(M&eacute;xico: El Colegio de M&eacute;xico, 2009), 264 pp.</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Instituto de Investigaciones Sociales. Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde las ciencias sociales, la perspectiva de g&eacute;nero ofrece una mirada novedosa para la discusi&oacute;n de los viejos problemas. Uno de ellos, la guerra, presenta un dilema pr&aacute;cticamente irresoluble para el pensamiento feminista. Por una parte, en todas las culturas conocidas la guerra est&aacute; claramente identificada como espacio y prerrogativa masculina, cuyo principal contenido es el acceso a la ciudadan&iacute;a; si las mujeres est&aacute;n excluidas por definici&oacute;n de la guerra, en consecuencia, est&aacute;n tambi&eacute;n excluidas de una ciudadan&iacute;a plena. Por la otra, en la medida en que el movimiento feminista se coloca en el centro de las corrientes progresistas, existe una oposici&oacute;n, si no es que una especie de repugnancia "natural", en contra de esa forma de violencia organizada, institucionalizada y tan transparentemente patriarcal.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute; lo ha visto Ilene Rose Feinman en <i>Citizenship Rites/Feminist Soldiers &amp; Feminist Antimilitarists</i> (Nueva York y Londres: New York University Press, 2000): la cultura militar ha legitimado los aspectos m&aacute;s violentos de las relaciones humanas y los ha fomentado como caracter&iacute;sticos de la conducta masculina (p. 21). El problema es entonces: &iquest;c&oacute;mo se sit&uacute;an las mujeres ante la guerra?: &iquest;deben reivindicar su derecho de pertenecer a las fuerzas armadas o deben mantenerse siempre a una distancia cr&iacute;tica de la organizaci&oacute;n b&eacute;lica, aunque esto signifique una marginaci&oacute;n del poder y una renuncia al posicionamiento de igualdad? Sin olvidar que, no obstante la ideolog&iacute;a b&eacute;lica, su furia destructora alcanza a todas las personas; de modo que quienes no pueden acometer el combate se hallar&aacute;n, en condiciones de guerra, en la m&aacute;s deplorable indefensi&oacute;n, como lo demuestra la violaci&oacute;n sistem&aacute;tica de mujeres en las poblaciones ocupadas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La paradoja vuelve, quiz&aacute;, todav&iacute;a m&aacute;s urgente un agudo an&aacute;lisis feminista de esta exclusi&oacute;n hist&oacute;rica de las mujeres, de la construcci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a y de los enlaces simb&oacute;licos entre guerra y masculinidad.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tab&uacute; que previene la participaci&oacute;n de las mujeres en el combate tiene referentes antiguos; quiz&aacute;s el m&aacute;s c&eacute;lebre y conocido sea el mito de las amazonas, con su ficticia organizaci&oacute;n social en la que los varones eran innecesarios. Como lo estudi&oacute; William Blake Tyrrell en <i>Las amazonas, un estudio de los mitos atenienses</i> (M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1989; Breviarios, 495), el mundo de las amazonas era el reflejo invertido de la impecable sociedad ateniense, cuyo fundamento era la figura del guerrero, ideal que "depend&iacute;a del imperativo de que los muchachos fuesen guerreros y despu&eacute;s padres, y las muchachas fuesen esposas y madres de varones" (p. 14).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La certeza hist&oacute;rica y antropol&oacute;gica de que las amazonas nunca existieron subraya su relevancia imaginaria: mujeres salvajes, dedicadas a las artes de la guerra, no se someten al matrimonio y practican una sexualidad abierta; expulsan, mutilan o matan a los varones, despu&eacute;s de haberlos utilizado para satisfacer su sensualidad o para ser fertilizadas. En la sociedad de las amazonas no existen padres. En contraste, para la cultura griega las condiciones de posibilidad de la sociedad civilizada son el matrimonio, la conciencia p&uacute;blica de la paternidad y la existencia del hogar. Como en toda cultura en la que se identifique a las mujeres con la naturaleza, la exigencia de que se conviertan en esposas y madres significa, por un lado, la garant&iacute;a del orden social y econ&oacute;mico y, por el otro, la existencia de una amenaza latente: la feminidad tiene que ser encerrada, dominada, atenuada.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta mitolog&iacute;a, saturada de significados pol&iacute;ticos, adquiere una nueva dimensi&oacute;n a partir de la modernidad y del hecho contundente de la participaci&oacute;n de las mujeres en la guerra, en muy diferentes facetas &#151;rese&ntilde;adas con prolijidad por Joshua S. Goldstein en <i>War and Gender: How Gender Shapes the War System and Vice Vers</i>a (Cambridge: Cambridge University Press, 2001)&#151;, pero sobre todo en el papel de combatientes. Los m&uacute;ltiples argumentos con que las diferentes formaciones sociales previenen el uso de las armas por parte de las mujeres &#151;desde la incompetencia de &eacute;stas para las conductas agresivas hasta la configuraci&oacute;n del cerebro y la capacidad cognitiva diferenciadas por sexo, pasando por las hormonas, la socializaci&oacute;n segregada o la inclinaci&oacute;n natural del "sexo d&eacute;bil" por los valores de la vida y la paz (hay un resumen de las explicaciones que se han dado a la pregunta sobre la exclusi&oacute;n casi universal de las mujeres de este &aacute;mbito de acci&oacute;n en el art&iacute;culo de Joshua S. Goldstein "La correspondencia entre g&eacute;nero y guerra", <i>Debate Feminista</i>, abril de 2002: 13&#150;25)&#151; se enfrentan con evidencias emp&iacute;ricas que demuestran, entre otras cosas, que las mujeres pueden ser buenas combatientes, tienen capacidad de mando y, en condiciones adecuadas, son buenas l&iacute;deres de varones.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre los ejemplos m&aacute;s impresionantes de estas habilidades, Goldstein documenta el del reino de Dahomey y el de la batalla de Stalingrado durante la Segunda Guerra Mundial.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los "cuerpos de amazonas" de Dahomey (&Aacute;frica Occidental) demuestran la posibilidad de una estancia permanente y efectiva de mujeres combatientes que constituyeron una minor&iacute;a sustancial en el ej&eacute;rcito: las "soldadas" en Dahomey estaban armadas con mosquetes y espadas, se entrenaban regularmente y se parec&iacute;an mucho a los hombres en el vestido, el aspecto y las actividades. Mostraban al menos tanto valor como los hombres y ten&iacute;an fama de ser crueles. Dec&iacute;an: "&iexcl;Nosotras somos hombres, no mujeres! Nuestra naturaleza es distinta". T&eacute;cnicamente, estaban casadas con el rey (pero no ten&iacute;an relaciones sexuales con &eacute;l), eran extremadamente leales a su persona y ten&iacute;an prohibido acostarse con hombres. Se contaban por miles y viv&iacute;an en el palacio, junto con las esposas civiles (alrededor de 2 000) y las esclavas. Estaban completamente segregadas de los soldados.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se especula que Dahomey integr&oacute; mujeres en su ej&eacute;rcito porque adolec&iacute;a de una peligrosa carencia de varones. Se trata de un caso cr&iacute;tico, porque muestra que las mujeres pueden ser f&iacute;sica y emocionalmente capaces de participar en la guerra a gran escala, a largo plazo y de manera organizada. Contra lo que sostendr&iacute;a el pensamiento militarista, en lugar de haber sido debilitado por la participaci&oacute;n de mujeres, el ej&eacute;rcito de Dahomey estaba claramente fortalecido a causa de &eacute;sta. Las mujeres ayudaron a convertir a Dahomey en el poder militar regional dominante durante el siglo XIX. Es el &uacute;nico ejemplo de este tipo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre los ej&eacute;rcitos del siglo XX, la m&aacute;s sustancial participaci&oacute;n de mujeres en combate ocurri&oacute; en la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica durante la invasi&oacute;n nazi en 1941. Durante los siguientes tres a&ntilde;os, hubo decenas de millones de bajas en la guerra y grandes fragmentos del territorio quedaron en ruinas. En esta situaci&oacute;n extrema, los sovi&eacute;ticos movilizaron todos los recursos disponibles para el esfuerzo de la guerra.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cientos de miles de mujeres participaron en el ej&eacute;rcito sovi&eacute;tico. Sin embargo, las fuentes son sospechosamente vagas sobre el n&uacute;mero exacto, porque es dif&iacute;cil distinguir los datos verdaderos de la propaganda rom&aacute;ntica. Las cifras oficiales aseguran que alrededor de 800 000 mujeres participaron en el Ej&eacute;rcito Rojo y otras 200 000 eran partisanas (alrededor de 8% del total de las fuerzas armadas). Del total de 800 000 mujeres, 500 000 sirvieron en el frente y alrededor de 250 000 recibieron entrenamiento militar en escuelas del Komsomol. La mayor&iacute;a ten&iacute;a entre 17 y 20 a&ntilde;os. Sin embargo, muy pocas sirvieron en combate directo; las otras se concentraron en labores de apoyo m&eacute;dico, bater&iacute;as antia&eacute;reas y guerrillas. No obstante, cientos de miles de mujeres participaron en el esfuerzo de la guerra, probablemente la cifra m&aacute;s alta en la historia moderna.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La evidencia indica que en el frente ruso las mujeres pelearon tan bien como los hombres. Pero, tan pronto como las circunstancias lo permitieron, las unidades femeninas fueron desbandadas y el Ej&eacute;rcito Rojo volvi&oacute; a ser exclusivamente masculino.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En <i>Armadas</i>, Luc&iacute;a Rayas indaga el dilema de las mujeres en las fuerzas armadas con el an&aacute;lisis de dos casos: la guerrilla salvadore&ntilde;a del Frente Farabundo Mart&iacute; de Liberaci&oacute;n Nacional (FMLN) y el ej&eacute;rcito de conscripci&oacute;n voluntaria de Estados Unidos. A partir de documentos publicados en los que se asientan testimonios e historias de vida de mujeres combatientes, se pregunta la manera en que el cuerpo queda inscrito por la guerra, por un lado, como cuerpo vivido, y por el otro, como "objeto de representaci&oacute;n y contienda social y cultural" (p. 201). Desde las primeras p&aacute;ginas caracteriza el &aacute;mbito b&eacute;lico como un medio imbuido de relaciones de g&eacute;nero y que requiere, para su funcionamiento, que hombres y mujeres se comporten de acuerdo con las asignaciones de g&eacute;nero corrientemente adjudicadas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En ambos pa&iacute;ses, las experiencias de la guerra en los cuerpos de las mujeres combatientes dejan poco espacio para el optimismo: la integraci&oacute;n de las mujeres en las fuerzas armadas &#151;revolucionarias o del <i>Establishment</i>&#151; no garantiza una nueva lectura simb&oacute;lica de la feminidad. El servicio en el ej&eacute;rcito no significa un ingreso masivo de las mujeres a una ciudadan&iacute;a plena ni acceso al poder pol&iacute;tico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que queda claro es algo transparente para el pensamiento pacifista: la guerra no es un buen negocio para los cuerpos de los sujetos &#151;ni de hombres ni de mujeres&#151;; se trata de un &aacute;mbito en el que las personas pasan a funcionar como instrumentos al servicio de una finalidad que est&aacute; por encima de ellas &#151;no importa si es el ideal trascendente del &aacute;gape cristiano, traducido en clave revolucionaria, o la defensa del imperio&#151; y dispuesta a aplastar debajo de sus ruedas irracionales la individualidad de hombres y de mujeres.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo interesante de la indagaci&oacute;n de Rayas es que este aplastamiento nunca es igualitario: ni en el FMLN ni en la Guerra del Golfo las mujeres dejaron de ser mujeres. Esto significa que, adem&aacute;s de la penuria y el horror de la guerra, la destrucci&oacute;n y la muerte, adem&aacute;s de las circunstancias que rodean la participaci&oacute;n en acciones b&eacute;licas de cualquier soldado, las mujeres combatientes sufrieron &#151;de manera sistem&aacute;tica y ampliamente documentada&#151; a causa del sexo. El significado de la sexualidad de las mujeres no se aten&uacute;a en condiciones de guerra, sino todo lo contrario. Dif&iacute;cilmente logran las mujeres que los varones renuncien a usarlas para satisfacer su deseo sexual o su apetito de dominio. Y, lo que es todav&iacute;a m&aacute;s sugestivo, este uso de los cuerpos&#150;objeto de las mujeres &#151;que aparentemente no son percibidas como sujetos por sus propios compa&ntilde;eros de armas&#151; suele ser solapado por las autoridades &#151;imperiales o revolucionarias&#151; en una verdadera pol&iacute;tica sexual, lo cual permite a la autora afirmar: "La dominaci&oacute;n sexualizada es parte de la construcci&oacute;n ideol&oacute;gica de lo militar" (p. 204).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De forma parad&oacute;jica, sin embargo, la construcci&oacute;n del g&eacute;nero queda trastocada en algunos aspectos de las organizaciones. Por ejemplo, aunque a las guerrilleras se les atribuyen preferentemente funciones tradicionales (cuidado de los otros, puestos de servicio como cocina, abasto y enfermer&iacute;a) y en El Salvador "se esperaba de las colaboradoras del FMLN una atenci&oacute;n maternal, cuesti&oacute;n que se normaliz&oacute; al llamar a estas mujeres, como apelativo generalizado, 'madre'" (p. 204), no obstante, la "verdadera" maternidad deb&iacute;a ser aplazada, negada o puesta en segundo lugar. La dolorosa convicci&oacute;n de las combatientes en la guerra revolucionaria se enfrent&oacute;, en esta experiencia, a la necesidad de abandonar a las criaturas al cuidado de otras personas y, en casos extremos, al aborto forzado.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que persiste tanto en El Salvador como en Estados Unidos es un control f&eacute;rreo de la sexualidad de las mujeres. En el mundo de excepci&oacute;n y zozobra de la guerrilla, las mujeres dif&iacute;cilmente pueden tomar sus propias decisiones &iacute;ntimas respecto de con qui&eacute;n establecer un v&iacute;nculo afectivo o si proseguir o interrumpir un embarazo; mientras que en el mundo hipertecnologizado del ej&eacute;rcito estadounidense, la heteronormatividad (acompa&ntilde;ada de una brutal violencia en contra de las mujeres resuelta en violaciones, acoso y hostigamiento sexual) seguir&aacute; rigiendo las relaciones de los y las soldados.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que sienten las mujeres en los dos contextos es que est&aacute;n fuera de lugar y que, para ganarse el puesto, deber&aacute;n competir no en igualdad de circunstancias, sino con una desventaja de entrada. S&oacute;lo habilidades f&iacute;sicas, emocionales, pr&aacute;cticas e intelectuales sobresalientes &#151;muchas veces, por encima de las que est&aacute;n obligados a demostrar los hombres&#151; les permitir&aacute;n permanecer ah&iacute;.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En estas condiciones, parecen oscuras las motivaciones que llevan a las mujeres a la guerra. Rayas hace un recuento que nos permite comprender por lo menos dos tipos de razones que, en &uacute;ltima instancia, se parecen mucho a las que conducen a los varones al camino de la violencia organizada: en Estados Unidos, por una parte, la b&uacute;squeda de una ciudadan&iacute;a de primera (motivo que muchas veces empuja a los inmigrantes varones a alistarse), m&aacute;s el prestigio y las oportunidades de empleo y educaci&oacute;n. Por el otro, el discurso patriota que se dispara sobre todo a partir del 11 de septiembre de 2001. Mientras, en El Salvador se vuelve decisiva la posibilidad de incorporarse al pueblo en lucha y pelear por los ideales de justicia social que impregnaron a toda una generaci&oacute;n de la izquierda latinoamericana.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los resultados de este "experimento hist&oacute;rico" son todav&iacute;a en cierta medida enigm&aacute;ticos. No obstante, para Rayas hay "una resignificaci&oacute;n de los cuerpos de las mujeres en el medio b&eacute;lico"; aunque la definici&oacute;n de la mujer como "cuerpo disponible" se mantiene, las mujeres se tienen que "desmujerizar": "inscriben el lenguaje, los valores, las actitudes, las reacciones, los movimientos de lo militar en s&iacute; mismas, transformando sus cuerpos y subjetividades" (p. 207). Y sin embargo, sus cuerpos "representan una amenaza a la perfecci&oacute;n y claridad de los objetivos de la instituci&oacute;n armada" (p. 210).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tal vez el aparato patriarcal y machista de la guerra sea bastante impermeable al ingreso de mujeres en sus filas. Sin embargo, la experiencia de la guerra modifica de manera sustancial la vida de las mujeres: de acuerdo con la autora, en El Salvador muchas ex combatientes son las m&aacute;s claras voces en el movimiento por reivindicaciones de g&eacute;nero; y quiz&aacute;s es "impulsivo afirmar que la participaci&oacute;n armada de las mujeres sea una raz&oacute;n fundamental de su implicaci&oacute;n actual en la pol&iacute;tica, pero bien podr&iacute;a tratarse de una de varias razones que la explicaran" (p. 215).</font></p>      ]]></body>
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