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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La Teoría de la Elección Racional en las ciencias sociales]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Notas y traducciones</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>La Teor&iacute;a de la Elecci&oacute;n Racional</b> <b>en las ciencias sociales</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Godofredo Vidal de la Rosa*</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Doctor en Ciencias Pol&iacute;ticas y Sociales. Profesor&#45;investigador, Departamento de Sociolog&iacute;a, Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana, unidad Azcapotzalco. Correo electr&oacute;nico:</i> <a href="mailto:gvdr@correo.azc.uam.mx">gvdr@correo.azc.uam.mx</a>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Teor&iacute;a de la Elecci&oacute;n Racional (TER) aparece durante la primera mitad del siglo pasado en la academia estadounidense como una cr&iacute;tica al modelo de la econom&iacute;a de bienestar que se intentaba construir en Europa por acad&eacute;micos de orientaci&oacute;n socialdem&oacute;crata y socialista. La TER adem&aacute;s de destruir los supuestos fundamentales de esta teor&iacute;a, introdujo una revoluci&oacute;n te&oacute;rica y metodol&oacute;gica para todas las ciencias sociales. Por supuesto, no estoy diciendo que &eacute;sta haya sido una consecuencia secundaria o no intencional de la primera. En un libro y un art&iacute;culo recientemente publicados, S. A. Amadae (2003, 2005) ha aclarado esta sinergia entre una revoluci&oacute;n cient&iacute;fica y el clima de la Guerra Fr&iacute;a. En esta historia, Kenneth Arrow encabeza una serie de acontecimientos intelectuales que definir&iacute;an a las ciencias sociales, al menos las de habla inglesa, durante el siguiente medio siglo. Arrow no lo hizo s&oacute;lo, sino acompa&ntilde;ado de diversas <i>mentes brillantes</i>, como John Nash, Thomas Schelling, Robert Axelrod, Anatol Rapoport, Gary Becker, entre muchos otros de su talla. Aunque generalmente se identifica a la TER con un paradigma de la ciencia econ&oacute;mica, esta impresi&oacute;n es infundada. La TER es una perspectiva te&oacute;rica general de las ciencias del comportamiento humano, y su &aacute;mbito es el de la interacci&oacute;n humana, es decir, se refiere a toda clase de situaciones sociales. Su presencia en la econom&iacute;a es, por cierto, indisputable, pero tambi&eacute;n en disciplinas alejadas en apariencia del modelo del <i>homo economicus</i>. As&iacute;, Thomas Schelling y otros autores desarrollaron una teor&iacute;a de la estrategia pol&iacute;tica y militar de la "disuasi&oacute;n" nuclear, pero tambi&eacute;n contribuy&oacute; con el an&aacute;lisis de la acci&oacute;n estrat&eacute;gica en general, y en particular a una renovada reflexi&oacute;n del significado del t&eacute;rmino acci&oacute;n racional.<sup><a href="#nota">1</a></sup> En la ciencia pol&iacute;tica la irrupci&oacute;n de la TER fue equivalente a una toma por asalto del <i>establishment</i> acad&eacute;mico, con los trabajos de William Riker y la <i>Escuela de Rochester</i> (Amadae y Bueno de Mesquita, 1994). Sin embargo, la psicolog&iacute;a y la sociolog&iacute;a no estuvieron exentas. Aunque los soci&oacute;logos hayamos sido los m&aacute;s persistentes defensores del basti&oacute;n de la sabidur&iacute;a convencional o teor&iacute;a sociol&oacute;gica, con el paso del tiempo la TER no s&oacute;lo fue una fuerza invasora, sino que recibi&oacute; la influencia civilizatoria de las disciplinas m&aacute;s antiguas y hasta venerables, como la filosof&iacute;a que invad&iacute;a. El resultado fue una hibridaci&oacute;n creativa; la TER en las ciencias sociales ha mostrado una capacidad de desarrollo y aprendizaje asombrosa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La teor&iacute;a de la elecci&oacute;n racional lleg&oacute; para quedarse. A pesar de la indiferencia mostrada por los soci&oacute;logos latinoamericanos al respecto del modelo de la elecci&oacute;n racional, la TER representa una innovaci&oacute;n te&oacute;rica y metodol&oacute;gica revolucionaria y ambiciosa del &uacute;ltimo medio siglo. Como mencion&eacute;, su origen como disciplina consolidada se debe a los trabajos de Kenneth Arrow, que le valieron el Premio Nobel de Econom&iacute;a en 1972, pues desarroll&oacute; un poderoso edificio axiom&aacute;tico basado en la teor&iacute;a de conjuntos para replantear un problema a&ntilde;ejo, ya postulado en la Ilustraci&oacute;n y sus postrimer&iacute;as por los fil&oacute;sofos utilitaristas: &iquest;c&oacute;mo es posible lograr la agregaci&oacute;n de preferencias individuales diversas en un concepto l&oacute;gicamente coherente de preferencia colectiva? En otras palabras, Arrow investig&oacute; la legitimidad de la existencia de criterios de utilidad colectiva o social, o si se quiere, en el lenguaje antiguo, la existencia de un inter&eacute;s general sostenido en una voluntad general. Retom&oacute; un problema que primero abord&oacute; Jean&#45;Antoine&#45;Nicolas Caritat, conocido en la posteridad gracias a personajes como el marqu&eacute;s de Condorcet (1743&#45;1794) y otros pensadores,<sup><a href="#nota">2</a></sup> estableciendo s&oacute;lidamente el coloquialmente llamado Teorema de la Imposibilidad, que establece sin ambig&uuml;edad que no existe un m&eacute;todo, cualquiera que sea, que permita agregar las presencias individuales en un criterio de utilidad colectiva que sea l&oacute;gico y consistente. Arrow ten&iacute;a en mente la, en ese entonces de moda, econom&iacute;a del bienestar, sostenida por te&oacute;ricos socialistas y liberales que buscaban la manera de establecer metodolog&iacute;as de planificaci&oacute;n econ&oacute;mica. Tambi&eacute;n demostr&oacute; que no existe ni puede existir tal econom&iacute;a sin violar al menos alg&uacute;n criterio de <i>equidad y consistencia l&oacute;gica</i>. Los teoremas de Arrow fueron aprovechados por los economistas y la teor&iacute;a de la elecci&oacute;n racional se aposent&oacute; en los departamentos de econom&iacute;a de las universidades anglosajonas. Su inter&eacute;s era, sobre todo, anal&iacute;tico, pero tambi&eacute;n conten&iacute;a un argumento que pod&iacute;a ser dirigido contra la idea de la intervenci&oacute;n estatal para regular o dirigir la actividad del mercado. La implicaci&oacute;n de los descubrimientos de Kenneth Arrow no s&oacute;lo pod&iacute;a apuntar contra la presunci&oacute;n de una acci&oacute;n estatal en nombre del inter&eacute;s popular o del pueblo, sino tambi&eacute;n contra la idea, mucho menos difundida pero inevitable, de que el mercado es un m&eacute;todo de agregaci&oacute;n de preferencias consistente y l&oacute;gicamente sostenible y que el equilibrio del mercado es autosostenible. Ideas harto convencionales, como las del inter&eacute;s general, el pueblo, y la identidad inequ&iacute;voca de las mayor&iacute;as, se convert&iacute;an en construcciones convencionales m&aacute;s o menos arbitrarias y dependientes de la manera en que se ordenaran las opciones de los individuos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La teor&iacute;a de la elecci&oacute;n racional fue abri&eacute;ndose paso a disciplinas como la ciencia pol&iacute;tica y, en general, a todas aquellas que estudian procesos donde existen individuos o actores sociales que toman decisiones, que elijen entre alternativas. Por eso William Riker protestaba cuando alguien pretend&iacute;a que la Teor&iacute;a de la Elecci&oacute;n Racional significaba un imperialismo de la econom&iacute;a sobre disciplinas aleda&ntilde;as (Amadea y Bueno de Mesquita, 1994). Arrow mismo era, antes que economista, un matem&aacute;tico. As&iacute; que Riker pod&iacute;a decir con cierta certeza que la ciencia pol&iacute;tica hab&iacute;a contribuido al desarrollo de la elecci&oacute;n racional en la misma medida que la econom&iacute;a. Tambi&eacute;n dio sentido a los teoremas de Arrow en su famosa cr&iacute;tica de los conceptos de mayor&iacute;a y democracia mayoritaria. Para Riker la Teor&iacute;a de Elecci&oacute;n Racional ofreci&oacute; un sustento metodol&oacute;gico tan s&oacute;lido como pudiera imaginar cualquiera. La ciencia pol&iacute;tica pod&iacute;a asentarse en fundamentos l&oacute;gicos y matem&aacute;ticos. A partir de Riker, la ciencia pol&iacute;tica estadounidense ser&iacute;a una disciplina in&eacute;dita y radicalmente diferente a sus gloriosas antepasadas de la ciencia pol&iacute;tica descriptiva y la filosof&iacute;a pol&iacute;tica normativa. Incluso lleg&oacute; a cometer el pecado de la <i>hubris</i>, al postular que la ciencia pol&iacute;tica pod&iacute;a alcanzar niveles de precisi&oacute;n y generalizaci&oacute;n como las ciencias f&iacute;sicas (Amadae, 2003; Vidal de la Rosa, 2006).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo crucial es que el <i>homo economicus</i> se abri&oacute; paso en la lucha de las teor&iacute;as ante las m&aacute;s laxas versiones del <i>homo sociologicus</i> y el <i>zoon politikon</i>. El inter&eacute;s ego&iacute;sta pod&iacute;a ser el fundamento de un vasto edificio conceptual que pretend&iacute;a ofrecer alternativas te&oacute;ricas superiores a las jam&aacute;s conocidas. La teor&iacute;a de la elecci&oacute;n racional invadi&oacute; la psicolog&iacute;a; la antropolog&iacute;a; a las teor&iacute;as como el marxismo; e incluso a la misma biolog&iacute;a. Acompa&ntilde;ado del arsenal de la teor&iacute;a matem&aacute;tica de juegos el <i>tsumami</i> te&oacute;rico creo expectativas con frecuencia exageradas sobre su poder explicativo y consistencia l&oacute;gica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Teor&iacute;a de la Elecci&oacute;n Racional no es, sin embargo, un corpus monol&iacute;tico. Dentro de sus l&iacute;mites: la premisa del inter&eacute;s propio como motivo fundamental de la acci&oacute;n humana y el individualismo metodol&oacute;gico, coexisten diversas versiones acerca del alcance &#150;y por ende, de los l&iacute;mites&#150; de la capacidad explicativa de la teor&iacute;a. M&aacute;s que una teor&iacute;a del todo unificada, se trata de un programa te&oacute;rico o cient&iacute;fico. Fuera de la econom&iacute;a existen, por supuesto, criterios m&aacute;s flexibles y heur&iacute;sticos hacia la Teor&iacute;a de la Elecci&oacute;n Racional. Digamos que le ha sucedido como a los b&aacute;rbaros, que al contacto con civilizaciones m&aacute;s antiguas se suavizan en sus modos y se tornan m&aacute;s cautos. Al contacto con la sociolog&iacute;a, la psicolog&iacute;a y la biolog&iacute;a, el modelo b&aacute;sico del <i>homo economicus</i> se ha encontrado con una variedad de comportamientos que el economista convencional no puede imaginar ni en sus mejores sue&ntilde;os. La variedad de culturas, instituciones, motivos y formas de asociaci&oacute;n humana no s&oacute;lo debe contar con las diferencias actuales, sino tambi&eacute;n dar cuenta de las que han existido a lo largo del desarrollo de la civilizaci&oacute;n, por lo menos durante los &uacute;ltimos cien mil a&ntilde;os. As&iacute; que el &aacute;mbito de los fen&oacute;menos, los "algos" sociales, se ha ampliado mucho m&aacute;s all&aacute; de la conducta de los mercados modernos. Esos nuevos "algos" son terreno ignoto. Por ejemplo, la antropolog&iacute;a ha resultado ser un campo de debate interesante. La TER debe explicarla no s&oacute;lo tan bien como las explicaciones convencionales m&aacute;s avanzadas, sino ofrecer un <i>plus</i>, y no simplemente trasladar a un lenguaje de la teor&iacute;a de juegos, de estratega, lo que se puede explicar con un lenguaje simple. Las creencias son el motivo de la acci&oacute;n social en las sociedades arcaicas y, por ejemplo, dan cuenta del canibalismo azteca, o bien, &eacute;ste tambi&eacute;n puede explicarse por motivos m&aacute;s mundanos, como el hambre y la falta de recursos prote&iacute;nicos para un exceso de la poblaci&oacute;n. El culto a la vaca deriva de motivos cosmol&oacute;gicos o es una adaptaci&oacute;n a un acervo de recursos bi&oacute;ticos disponibles a una sociedad concreta. Son cuestiones que requieren, al menos, de reconsideraci&oacute;n. Lo mismo vale para la discusi&oacute;n del huevo y la gallina, es decir, &iquest;los valores o el inter&eacute;s son el motivo duro de la conducta? En un viejo librito Albert Hirshman abord&oacute; esta tensi&oacute;n sobre las causas de la acci&oacute;n capitalista, titul&aacute;ndolo <i>las pasiones y los intereses</i> (1978), en el cual reconstruye la prehistoria del debate actual sobre la primac&iacute;a de las motivaciones econ&oacute;micas en la acci&oacute;n social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La TER ha logrado abordar problemas importantes reservados a las tradiciones cl&aacute;sicas o a las disciplinas que han luchado fuertemente por establecer su identidad acad&eacute;mica. Por ejemplo, el debate sobre la estabilidad democr&aacute;tica dej&oacute; de ser reserva de la teor&iacute;a estructural funcionalista con el arribo de las teor&iacute;as de Downs y Riker.<sup><a href="#nota">3</a></sup> Por otro lado, como bien lo dice Mario Bunge (1999), la racionalidad tiene muchos significados y seguramente m&aacute;s de los necesarios para establecerse como sustento de la teor&iacute;a social. En la TER, la palabra racionalidad se utiliza de maneras a veces m&aacute;s intuitivas, contra lo que declaran sus proponentes. Herbert Simon lo ha notado en m&uacute;ltiples ocasiones (Simon, 1985). Sin embargo, a final de cuentas la elecci&oacute;n racional ha sido un comienzo heur&iacute;stico importante para orientar a la ciencia social hacia rutas m&aacute;s rigurosas y horizontes poco explorados. El debate metodol&oacute;gico central, al menos en la academia de habla inglesa, es precisamente la cr&iacute;tica al exceso de narcisismo matem&aacute;tico <i>versus</i> las exigencias de realismo que debe tener la ciencia social.<sup><a href="#nota">4</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El problema del t&eacute;rmino racional es que se refiere tanto al observador como a los sujetos observados. Con frecuencia ambas dimensiones se confunden. El observador es racional y usa leg&iacute;timamente m&eacute;todos racionales y realistas (como la TER), pero &iquest;actuamos los sujetos comunes racionalmente en la base misma de nuestras pr&aacute;cticas? La respuesta de la TER es afirmativa, aunque para hacerlo haya tenido que estirar el significado de racionalidad. &iquest;Racionalidad intencional o racionalidad por selecci&oacute;n natural?; &iquest;racionalidad por adaptaci&oacute;n al ambiente, del tipo que supone la Teor&iacute;a de la Evoluci&oacute;n, o por accidente? El hecho es que la conducta racional (como acci&oacute;n instrumental maximizadora) parece predeterminada en nuestros rasgos culturales de manera universal. La definici&oacute;n se reduce a dos condiciones. Conductas instrumentales en las cuales existe intransitividad entre las elecciones (que si preferimos A a B y B a C, entonces preferimos A a C y nunca, entonces, C a A), y &eacute;stas cumplen con el requisito de completud (es decir, que la informaci&oacute;n sobre las alternativas est&aacute; disponible al momento de las decisiones). Ambas exigencias est&aacute;n en el centro de la TER desde la obra de Arrow. Cuando las personas act&uacute;an con relaci&oacute;n a otras no s&oacute;lo se comportan racionalmente, y su conducta puede describirse de acuerdo con sus complicadas ecuaciones, sin que por ello debamos necesariamente comprenderlas (aunque aparentemente si las entendemos mejoramos nuestro <i>performance</i> social). Sin embargo, el hecho es que los agentes somos generalmente malos calculadores: intuimos antes que calcular con precisi&oacute;n; atinamos antes que precisamos; experimentamos antes que creamos certezas l&oacute;gicas. Estas aptitudes las llamamos habilidades heur&iacute;sticas. Bowles y Gintis (2007) concluyen un peque&ntilde;o ensayo afirmando que tres rasgos son inherentes al <i>homo economicus</i> reformulado por su inmanencia biol&oacute;gica, alcanzada a trav&eacute;s de milenios de co&#45;evoluci&oacute;n gen&eacute;tica y cultural: <i>heterogeneidad, plasticidad y versatilidad</i>. El <i>homo economicus</i> puede ser revisado como un <i>homo reciprocans</i> (Bowles). El inter&eacute;s propio es un artilugio anal&iacute;tico, pero es s&oacute;lo una parte del complejo conjunto de motivos y conductas mostradas por los seres humanos como seres sociales. El <i>homo economicus</i> tradicional, el arquetipo maximizador y ego&iacute;sta, generalmente miope, es un caso particular en el complejo de mecanismos de cooperaci&oacute;n colectiva. <i>Heterogeneidad, versatilidad y plasticidad</i>, entonces, son los rasgos que describen mejor que el ego&iacute;smo las caracter&iacute;sticas que los modelos de conducta racional deben incluir. As&iacute; que la Teor&iacute;a de Elecci&oacute;n Racional ha pasado de ser una ciencia estrictamente axiom&aacute;tica a ser una ciencia h&iacute;brida entre la formalizaci&oacute;n matem&aacute;tica, y la modelaci&oacute;n experimental (un obsequio de la psicolog&iacute;a) y comparativa (es decir, sensible al contexto y a la historia). Esa plasticidad no le da <i>a priori</i> el galard&oacute;n de la verdad, sino s&oacute;lo el de la ampliaci&oacute;n de los horizontes a las cuestiones importantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el ejemplo del trabajo de Gintis y sus asociados este fen&oacute;meno amerita una breve recapitulaci&oacute;n. De ser fundadores de la teor&iacute;a <i>radical</i> o neomarxista en Estados Unidos durante la d&eacute;cada de los setenta, estos profesores asumieron en los ochenta un esfuerzo redoblado por asimilar lo que Daniel Dennett llam&oacute; "la peligrosa idea de Darwin".<sup><a href="#nota">5</a></sup> Lo hicieron, por un lado, publicando trabajos no t&eacute;cnicos para difusi&oacute;n p&uacute;blica altamente anal&iacute;ticos, pero accesibles, los cuales conten&iacute;an cr&iacute;ticas contundentes a las premisas fundamentales del sistema capitalista estadounidense. Su car&aacute;cter innovador fue que se sumerg&iacute;an en problemas normalmente menospreciados por un te&oacute;rico europeo t&iacute;pico, extasiado por los monumentales edificios de palabras, con o sin sentido. En cambio, en Estados Unidos, con un clima acad&eacute;mico menos sensible a la pol&iacute;tica ideol&oacute;gica europea y casi naturalmente leales a las convicciones del comportamiento cient&iacute;fico,<sup><a href="#nota">6</a></sup> la ruta del neomarxismo fue extra&ntilde;a e imprevisible. Literalmente se diluy&oacute; en teor&iacute;as complementarias o alternas. Del neomarxismo a la teor&iacute;a de juegos, y de all&iacute; al acercamiento a la econom&iacute;a evolucionista. El programa de Gintis se convirti&oacute; en uno altamente t&eacute;cnico y respetado por sus colegas, asimilando al ethos de la cientificidad caracter&iacute;stico de las ciencias sociales de Estados Unidos despu&eacute;s de Arrow.<sup><a href="#nota">7</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aqu&iacute; cabe un peque&ntilde;o interludio sobre el altruismo y el ego&iacute;smo. El <i>homo reciproccans</i> es un agente orientado en sentido altruista, que no s&oacute;lo act&uacute;a en favor de otros buscando un premio ulterior, sino que lo hace en favor del grupo aun a costa de su propio peculio o retribuci&oacute;n. &iexcl;Es un altruista puro! Este postulado de altruismo es la base de la llamada <i>reciprocidad fuerte</i>, que es la carta de presentaci&oacute;n de Gintis y de sus colegas y que implica que hay jugadores dispuestos a sacrificar sus pagos o aun su existencia para preservar <i>normas de equidad</i> socialmente construidas (criterio de <i>fairness</i>). Por eso Gintis y sus colaboradores sostienen que no s&oacute;lo los objetivos individuales deben contar en los juegos, sino tambi&eacute;n la apreciaci&oacute;n de los procesos mismos como justos o equitativos, y la situaci&oacute;n comparativa o relativa a los dem&aacute;s respecto del jugador. Es decir, la interacci&oacute;n cuenta tanto como las reglas del juego y la percepci&oacute;n o balance comparado de las ganancias y p&eacute;rdidas entre los jugadores. Sin embargo, esta proposici&oacute;n no anula el hecho de que algunos puedan perseguir metas exclusivamente ego&iacute;stas. Por ejemplo, los patrones pueden ver por el bienestar de sus trabajadores y entre ambos tipos de jugador crearse un <i>modus vivendi</i> aceptable y definido como equitativo, pero para que funcione la reciprocidad fuerte debe existir la posibilidad no s&oacute;lo de que alg&uacute;n miembro del grupo valore m&aacute;s las reglas del juego y la norma de reciprocidad, sino que exista la posibilidad de ejercer penalizaciones a los transgresores de la norma de equidad aceptada (o si se quiere, pactada). Con frecuencia los transgresores lo son por que estiman que pueden eludir las multas o castigos; es decir, pueden huir (ser <i>free riders</i> con impunidad). La implicaci&oacute;n de este hecho es la siguiente: los subordinados act&uacute;an de acuerdo con reglas cooperativas de la econom&iacute;a moral como la defienden James Scott y Barrington Moore Jr., tal como Bowles y Gintis lo refieren en su ensayo (2007). El transgresor del pacto con equidad tiene &eacute;xito &uacute;nicamente si logra eludir la penalizaci&oacute;n que le impone la norma de reciprocidad. Dicha norma cultural de reciprocidad establece un sustrato de equidad en la base de la misma sociedad. La reciprocidad fuerte implica la posibilidad de penalizaciones a los transgresores, aun a costa de p&eacute;rdidas para los penalizadores. Esta capacidad incrementa las probabilidades de que el grupo como un todo mejore su situaci&oacute;n, s&oacute;lo que este beneficio depende de que la acci&oacute;n del <i>homo reciprocans</i> sea le&iacute;da correctamente por los sujetos ego&iacute;stas. Se trata de una amenaza real de "hundir el barco". Su credibilidad reside en que el transgresor <i>no tenga otra salida</i>, por ejemplo, otro barco al cual saltar abandonando a la tripulaci&oacute;n. La reciprocidad fuerte crea est&iacute;mulos en la confianza y la cooperaci&oacute;n precisamente porque la amenaza de autosacrificio individual o grupal con el fin de penalizar la violaci&oacute;n de la norma de equidad es real. La reciprocidad fuerte es una forma especial de juegos con <i>equidad</i>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Volviendo a los terrenos m&aacute;s generales, cabe mencionar una diferencia entre la proposici&oacute;n de la teor&iacute;a evolutiva de la elecci&oacute;n racional y la racionalidad acotada que propuso el polit&oacute;logo Herbert Simon (1985), Premio Nobel de Econom&iacute;a en 1978, quien sugiri&oacute; que la mayor&iacute;a de los motivos o presencias que se observaban en la acci&oacute;n racional son ex&oacute;genos, es decir, provienen del entorno social y acotan la exigencia puramente ego&iacute;sta. Gintis y sus colegas aceptan esta situaci&oacute;n, pero retoman la ortodoxia e insisten en que la "cultura" no debe tratarse como variable ex&oacute;gena, lo cual significa sacrificar la variedad por la <i>justeza</i>. La "<i>endogeneidad</i>" es la carta original de la teor&iacute;a tal como la present&oacute; Arrow, y la continu&oacute; una larga serie de eminencias cient&iacute;ficas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El asunto que m&aacute;s altera a los soci&oacute;logos es la insistencia irrenunciable al reduccionismo en las explicaciones de la conducta social establecida por la teor&iacute;a de la elecci&oacute;n racional. Los soci&oacute;logos sabemos que existen muchos motivos y el estudio del pasado y del presente nos convencen de ello cada d&iacute;a. La cuesti&oacute;n es si esos motivos aparentemente no guiados por el inter&eacute;s propio pueden explicarse tambi&eacute;n por &eacute;ste. La respuesta de la TER es afirmativa.<sup><a href="#nota">8</a></sup> Es decir, confirma que s&iacute; es posible una explicaci&oacute;n reduccionista. No obstante, como el fil&oacute;sofo Daniel Dennett (1999, 123 y ss; y Elster, 2007: 257 y ss) nos recuerda, existen al menos dos formas de reduccionismo: el mezquino o duro, que casi siempre termina como un <i>reductio ad absurdum</i>, y el bueno o heur&iacute;stico. Este &uacute;ltimo es un ingrediente indispensable en el desarrollo de la ciencia, sea f&iacute;sica, biol&oacute;gica o social. La TER recurre al reduccionismo, y ese es su punto a la vez fuerte y d&eacute;bil. El principio de racionalidad de la acci&oacute;n es necesario, m&aacute;s no suficiente. No es posible prescindir de &eacute;l, pero con frecuencia su uso es una descripci&oacute;n de conductas maximizadoras de algo. El problema es doble. Por un lado, no necesariamente debe referirse a la conducta ego&iacute;sta. Los trabajos de los bi&oacute;logos y psic&oacute;logos ense&ntilde;an conductas maximizadoras del beneficio del grupo tanto en animales "racionales" (<i>homo sapiens sapiens</i>) como "no racionales" (por ejemplo, hormigas o abejas, por poner dos casos cl&aacute;sicos). Sin embargo, debe existir una clara distinci&oacute;n. La elecci&oacute;n racional no s&oacute;lo debe de ser maximizadora de algo, sino intencional, para poder calificar como "realmente" racional. Ese car&aacute;cter es t&iacute;pico de la especie humana y su rasgo &uacute;nico y distinguible en toda la creaci&oacute;n conocida. La capacidad de anticipaci&oacute;n; la transgresi&oacute;n de las perspectiva miopes; la conciencia de las consecuencias de los actos; todos son elementos integrantes de la decisi&oacute;n racional. La elecci&oacute;n no es un simple acierto probabil&iacute;stico, reforzado por el &eacute;xito para la supervivencia, sino la capacidad de alterar radicalmente el propio entorno (sus restricciones) y los propios fines. Sin embargo, queda el hecho de que cualquiera que sea esa finalidad los mecanismos que la describen son similares. La teor&iacute;a de juegos es &uacute;til tanto para describir comportamientos filogen&eacute;ticos, es decir, de especies enteras, como equilibrios ecol&oacute;gicos o mecanismos tan universales como la selecci&oacute;n natural de las especies. Si existen mecanismos anal&iacute;ticos tan flexibles y heur&iacute;sticos como los que proceden de la simbiosis de la elecci&oacute;n racional y la teor&iacute;a de juegos, la tentaci&oacute;n es muy grande para anunciar el advenimiento de un principio unificador en la ciencia social y la biolog&iacute;a. &iquest;Es posible una ciencia social unificada? Edward Wilson (1998), eminente bi&oacute;logo y fundador de la sociobiolog&iacute;a, est&aacute; totalmente convencido de la necesidad y urgencia de esta integraci&oacute;n (igual que muchos f&iacute;sico&#45;matem&aacute;ticos audaces). As&iacute; que Gintis y sus asociados tambi&eacute;n abogan por una respuesta afirmativa. En lo personal creo que es y ser&aacute; precipitada esta respuesta por un largo tiempo y prefiero el conservadurismo mostrado por Jon Elster (2007). En efecto, aunque existe un consenso extendido con respecto a que la biolog&iacute;a afecta en algo (aunque en modos a&uacute;n no conocidos con exactitud) a la conducta social, y a que las conductas humanas se encuentran inmersas en predisposiciones gen&eacute;ticas, o en general biol&oacute;gicas, a&uacute;n falta mucho para que la explicaci&oacute;n del mecanismo causal sea comprendida. Por ahora es s&oacute;lo una especie de acotaci&oacute;n que recurre a la "caja negra" en espera de respuestas m&aacute;s precisas. De hecho Fehr y Gintis (2007) sugieren un nuevo marco paradigm&aacute;tico para la sociolog&iacute;a, que seg&uacute;n ellos da sustento a programas inacabados como los de Parsons o Durkheim, en los cuales algunos problemas planeados sobre la variaci&oacute;n de motivos de la acci&oacute;n social est&aacute;n todav&iacute;a irresueltos desde el punto de vista de los micromotivos. La Teor&iacute;a de Juegos puede ofrecer ese arsenal de mecanismos explicatorios con la virtud de que tambi&eacute;n puede combinar el lenguaje l&oacute;gico y matem&aacute;tico con la experimentaci&oacute;n cuidadosa. En el mundo acad&eacute;mico anglosaj&oacute;n la discusi&oacute;n sobre ego&iacute;smo y altruismo parece atraer la atenci&oacute;n tanto de cient&iacute;ficos como de fil&oacute;sofos de las m&aacute;s diversas especialidades. Este inter&eacute;s compartido permite un di&aacute;logo frecuentemente imposible en otras latitudes. Bi&oacute;logos, economistas, antrop&oacute;logos y fil&oacute;sofos debaten sobre la naturaleza humana y la conducta colectiva con las ventajas que otorga la opini&oacute;n plural e ilustrada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El asunto es que esta exploraci&oacute;n ya empez&oacute; y va avanzando r&aacute;pidamente. La pregunta es si los cient&iacute;ficos sociales, conservadores como somos, a diferencia de nuestras contrapartes de la f&iacute;sica y la biolog&iacute;a, sostendremos el paso o, como en la vieja tradici&oacute;n cat&oacute;lica, denunciaremos la innovaci&oacute;n como herej&iacute;a. Como Jon Elster (2007) prefiero el radicalismo de los que piensan que las ciencias sociales pueden cobijarse del abrazo de la l&oacute;gica y las matem&aacute;ticas sin renunciar a su ambici&oacute;n comprensiva, alej&aacute;ndose eso s&iacute; de la charlataner&iacute;a posmoderna. Aqu&iacute; s&oacute;lo quiero asentar que el avance de la Teor&iacute;a de la Elecci&oacute;n Racional no se debe a una moda pasajera. Repito, la TER lleg&oacute; para quedarse, al menos en este siglo. De aqu&iacute; que algunas de las cuestiones que Bowles y Gintis (2006) plantean tienen inter&eacute;s particular no s&oacute;lo para la econom&iacute;a pol&iacute;tica, sino tambi&eacute;n para la ciencia pol&iacute;tica y la filosof&iacute;a pol&iacute;tica. Bowles, Gintis y otros sostienen que no hay nada que obligue al <i>homo economicus</i> a constituirse como un agente ego&iacute;sta y a la vez abusivo. Las conductas que analizan muestran ambos rasgos. No hay raz&oacute;n para encerrar a la racionalidad en los motivos del <i>homo economicus</i> en los l&iacute;mites de la mentalidad de un corredor de bolsa. La racionalidad en la acci&oacute;n social es un criterio anal&iacute;tico que describe comportamientos orientados por normas de justicia y equidad aparentemente innatos, es decir, resultado de la co&#45;evoluci&oacute;n gen&eacute;tica y cultural de los grupos humanos a trav&eacute;s de milenios.<sup><a href="#nota">9</a></sup> Ambos motivos de la conducta humana son observados reiteradamente en los laboratorios y ponen en entredicho la identidad entre vicios privados y virtudes p&uacute;blicas. La violaci&oacute;n de las normas de reciprocidad conduce, con frecuencia, a dilemas ineludibles para la posibilidad de la cooperaci&oacute;n y la confianza. La reciprocidad fuerte es un remedio racional para preservar la cooperaci&oacute;n e implica algunas violaciones a los supuestos de la acci&oacute;n puramente ego&iacute;sta. En la reciprocidad fuerte, el agente puede incurrir en costos para s&iacute; mismo sin expectativas de ganancia ulterior s&oacute;lo para sancionar a los violadores de la reciprocidad del juego justo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tratamiento que estos autores confieren al asunto de la equidad y la conducta &eacute;tica en la vida social es innovador, y puede compararse, por ejemplo, con la manera en que el fil&oacute;sofo John Rawls (1979) introdujo el criterio de un trato justo o generoso (<i>fairness</i>) como condici&oacute;n aprior&iacute;stica de la justicia. Sin embargo, su criterio es introducido como una norma deseable y conveniente, y como tal pertenece al juez externo, es decir, al fil&oacute;sofo Rawls. Es una norma altamente deseable. Mientras que Gintis y su equipo sugieren que la preferencia por criterios de <i>justeza</i> en los procesos de interacci&oacute;n es end&oacute;gena y que el concepto de inter&eacute;s racional implica no nada m&aacute;s la b&uacute;squeda de la maximizaci&oacute;n de los beneficios de los actores individuales. Los actores no tienen una preferencia contractual ideal, por ejemplo, un imperativo categ&oacute;rico previo, insertado "normativamente", sino que la tienen "naturalmente" (en un sentido literal), expresada en el "juego" de la adaptaci&oacute;n evolutiva.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En forma inversa, y &eacute;sta me parece la implicaci&oacute;n m&aacute;s interesante, sucede que cuando las expectativas de reciprocidad son violentadas los actores <i>se comportan racionalmente, no cooperando</i>. No cooperar es una buena decisi&oacute;n si no hay penalizaci&oacute;n. Sin embargo, Gintis y Bowles afirman que esta no es la primera elecci&oacute;n observada en sus experimentos. No cooperar acontece s&oacute;lo despu&eacute;s de que los agentes descubren que los dem&aacute;s tampoco cooperan. Cooperar es su primera elecci&oacute;n, contra lo que pronostica el cl&aacute;sico juego del prisionero. Si no pagamos impuestos, no contribuimos a la producci&oacute;n de bienes colectivos, no respetamos las normas y las leyes y, al final, nos vemos tentados a convertirnos en <i>free riders</i>, o incluso, en algunos casos, a justificar la rebeld&iacute;a social y pol&iacute;tica, o cuando menos la anomia. Esta elecci&oacute;n surge de la ruptura de los criterios de <i>justeza</i> (<i>fairness</i>) de los pactos sociales y no como la predilecci&oacute;n del abusador oportunista.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los trabajos de Gintis y Bowles y sus dem&aacute;s asociados se insertan en este debate seminal de la ciencia social contempor&aacute;nea, que tiene el bono extra de tener implicaciones para nuestro entendimiento del funcionamiento de las instituciones y pol&iacute;ticas sociales. Se inscriben en la visi&oacute;n filos&oacute;fica en que Amartya Sen (1999), Premio Nobel en 1998, enmarca a la TER, como un instrumento te&oacute;rico potencialmente constructivo para comprender los problemas econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos de nuestros tiempos, as&iacute; como en el mensaje m&aacute;s expl&iacute;cito del fil&oacute;sofo Russell Hardin (2004) de que la TER puede hacer contribuciones sustantivas a nuestras ideas de reformar las instituciones sociales para acotar el abuso y la arbitrariedad, y a la vez aumentar los recursos de los grupos m&aacute;s d&eacute;biles.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La conducta puramente ego&iacute;sta puede explicarse no como el principio de la acci&oacute;n estrat&eacute;gica, sino como el resultado de la violaci&oacute;n de los juegos cooperativos, es decir, como social, psicol&oacute;gica e institucionalmente producida. A eso se refieren algunos autores cuando mencionan que la <i>cultura cuenta</i>. No los evanescentes valores sino la acumulaci&oacute;n de experiencias en juegos repetidos de interacciones estrat&eacute;gicas individuales y colectivas dan significado a las normas de cooperaci&oacute;n equitativa. Gintis <i>et al</i> (2005) ofrecen una nueva e importante aportaci&oacute;n a diversos problemas asociados con la cooperaci&oacute;n social, que conforman la esencia de los m&uacute;ltiples retos que afrontaremos durante el resto del presente siglo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Amadae, S. M. y Bruce Bueno de Mesquita 1994 "The Rochester School. The Origins of Positive Political Theory", <i>The Annual Review of Political Science</i>, vol. 2.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9629970&pid=S0187-0173200800020000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Amadae, S. M. 2005 "Arrow's Impossibility Theorem and the National Security State," <i>Studies on History and Philosophy of Science</i>, n&uacute;m. 36.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9629972&pid=S0187-0173200800020000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; 2003 <i>Rationalizing Capitalist Democracy. The Cold War and the Origins of Rational Choice Liberalism</i>, The University of Chicago Press, Chicago y Londres.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9629974&pid=S0187-0173200800020000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Barry, Brian 1970 <i>Los soci&oacute;logos, los economistas y la democracia</i>, Amorrortu, Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9629976&pid=S0187-0173200800020000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bowles, Samuel y Herbert Gintis 2006 "<i>Homo Economicus and Zoon Politikon</i>", en Goodin y Tilly (eds.), <i>The Oxford Handbook of Contextual Politcal Analysis</i>, Oxford University Press, Oxford.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9629978&pid=S0187-0173200800020000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bunge, Mario 1999 <i>Buscar la filosof&iacute;a en las ciencias sociales</i>, siglo XXI, M&eacute;xico, D. F.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9629980&pid=S0187-0173200800020000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dennett, Daniel C. 1999 <i>La peligrosa idea de Darwin</i>, Galaxia Guttenberg, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9629982&pid=S0187-0173200800020000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Elster, Jon 2007 <i>Explaining Social Behaviour. More Nuts and Bolts for the Social Sciences</i>, Cambridge University Press, Cambridge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9629984&pid=S0187-0173200800020000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fehr, Ernest y Herbert Gintis 2007 "Human Motivation and Social Cooperation. Experimental and Analytical Foundations", <i>Annual Review of Sociology</i>, vol. 33, n&uacute;m. 3.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9629986&pid=S0187-0173200800020000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gintis, Herbert 2000 <i>Game Theory Evolving</i>, Princeton University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9629988&pid=S0187-0173200800020000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gintis, Herbert, Samuel Bowles, Robert Boyd y Ernst Fehr 2005 <i>Moral Sentiments and Material Interest. The Foundation of Cooperation in Economic Life</i>, The Massachusetts Institute of Technology Press, Cambridge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9629990&pid=S0187-0173200800020000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hardin, Russell 2004 "Rational Choice Political Philosophy", en <i>Politics from Anarchy to Democracy. Rational Choice in Political Science</i>, editado por Irwing L. Morris, Joe A. Oppenheimer y Karol Edward Soltan, Standford University Press, Standford.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9629992&pid=S0187-0173200800020000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hirshman, Albert 1978 <i>Las pasiones y los intereses</i>, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, M&eacute;xico, D. F.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9629994&pid=S0187-0173200800020000900013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rawls, John 1979 <i>Teor&iacute;a de la Justicia</i>, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, M&eacute;xico, D. F. (edici&oacute;n original en ingl&eacute;s, 1971).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9629996&pid=S0187-0173200800020000900014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Schelling, Thomas 1964 &#91;1960&#93; <i>La estrategia del conflicto</i>, Tecnos, Argentina.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9629998&pid=S0187-0173200800020000900015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sen, Amartya 1999 "The Possibility of Social Choice", discurso de aceptaci&oacute;n del Premio Nobel, diciembre de 1998, <i>American Economic Review</i>, n&uacute;m. 89.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9630000&pid=S0187-0173200800020000900016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Shapiro, Ian et al, editores 2004 <i>Problems and Methods in the Study of Politics</i>, Cambridge University Press, Cambridge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9630002&pid=S0187-0173200800020000900017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Simon, Herbert 1985 "Human Nature and Politics. The Dialogue of Psychology with Political Science", <i>American Political Science Review</i>, vol. LXXIV.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9630004&pid=S0187-0173200800020000900018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sweedberg, Richard 1990 <i>Economy and Sociology</i>, Princeton University Press, Princeton.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9630006&pid=S0187-0173200800020000900019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vidal de la Rosa, Godofredo 2006 <i>La ciencia pol&iacute;tica estadounidense. Trayectoria de una disciplina</i>, Miguel &Aacute;ngel Porr&uacute;a Editor, M&eacute;xico, D. F.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9630008&pid=S0187-0173200800020000900020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Wilson, Edward O. 1998 <i>Consilience. The Unity of Knowledge</i>, Alfred A. Knoft, Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=9630010&pid=S0187-0173200800020000900021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Est&aacute; de m&aacute;s, pero hay que repetirlo. La TER se ocupa de la acci&oacute;n racional como sin&oacute;nimo de acci&oacute;n instrumental. Es decir, de la acci&oacute;n intencional guiada por intereses, sean &eacute;stos de cualquier tipo. Otras formas de racionalidad superior pertenecen al &aacute;mbito de la trascendencia y no nos competen aqu&iacute;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Como Lewis Carroll, autor de <i>Alicia en el pa&iacute;s de las maravillas</i>, y pseud&oacute;nimo de Charles Dogson (1832&#45;1898), quien tambi&eacute;n fue un contribuyente importante a esta l&iacute;nea de an&aacute;lisis matem&aacute;tico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> El librito de Brian Barry, <i>Los soci&oacute;logos, los economistas y la democracia</i> (1970) sigue siendo la mejor exposici&oacute;n de la confrontaci&oacute;n de estos dos "paradigmas" frente a un mismo problema.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> V&eacute;ase el libro editado por Ian Shapiro y otros (2004). Esta obra y la de Simon (1985) son de gran inter&eacute;s para quien quiera asomarse a un debate acad&eacute;mico cuya intensidad rara vez toleramos al sur del r&iacute;o Bravo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> El profesor Jon Elster es otro ejemplo de un antiguo marxista regenerado en el contexto de la discusi&oacute;n sobre el papel de la racionalidad en la acci&oacute;n social, con la diferencia de que no conf&iacute;a en las iniciativas de una ciencia biosocial unificada con base en las ideas de Darwin.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Nada m&aacute;s equivocado que afirmar que la academia estadounidense se mantuvo alejada de la "ideolog&iacute;a". Los trabajos citados de Amadae (2003, 2005) son ilustrativos de los compromisos <i>patri&oacute;ticos</i> de muchos cient&iacute;ficos sociales. La diferencia es que predomin&oacute; un consenso liberal, y hasta ahora, secular, a diferencia de las "guerras de clases a nivel cub&iacute;culo" de las academias europeas occidentales. A la vez, las llamadas "guerras culturales" fueron mucho menos relevantes de lo que se piensa en la evoluci&oacute;n del <i>ethos</i> cient&iacute;fico de la academia en los Estados Unidos y terminaron con la ridiculizaci&oacute;n del "posmodernismo".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> As&iacute;, Gintis se ha convertido en un innovador reconocido de la teor&iacute;a de juegos y su libro <i>Game Theory Evolving</i> (2000) es un texto introductorio ampliamente utilizado en la ense&ntilde;anza &iexcl;que amerita su inmediata traducci&oacute;n!</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Una excelente introducci&oacute;n a estos temas en los l&iacute;mites disciplinarios de la sociolog&iacute;a y de la econom&iacute;a es el libro de entrevistas que realiz&oacute; Richard Sweedberg (1990) a los m&aacute;ximos exponentes de la TER sobre sus opiniones en relaci&oacute;n con el futuro de la teor&iacute;a sociol&oacute;gica.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> Mientras escrib&iacute;a este trabajo apareci&oacute; en la edici&oacute;n electr&oacute;nica de la revista Science un art&iacute;culo titulado "The Origins of Cooperation", que no es ni el primero ni el &uacute;ltimo reporte que confirma dichas observaciones sobre la "endogeneidad" de la moralidad en los humanos.</font></p>      ]]></body><back>
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