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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4"><b>Editorial</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la historia del pensamiento en general, y en la historia de la ciencia en particular, es com&uacute;n o&iacute;r hablar de antiguos y modernos. Desde el momento en que se comenz&oacute; a establecer esta distinci&oacute;n la palabra "revoluci&oacute;n" adquiri&oacute; una significaci&oacute;n tan importante que perdur&oacute;, al menos, hasta mediados del siglo XX. La Revoluci&oacute;n Industrial, la Revoluci&oacute;n Cient&iacute;fica y las revoluciones pol&iacute;ticas son expresiones de la importancia atribuida a esa palabra. Desde el punto de vista de la historiograf&iacute;a, la palabra "revoluci&oacute;n" est&aacute; estrechamente relacionada con la idea de "ruptura" y es contrapuesta a la idea de continuidad.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante casi todo el siglo XX quiz&aacute; ning&uacute;n historiador dud&oacute; en que la Historia se desarrolla a trav&eacute;s de "rupturas", de revoluciones. Particularmente en la historia de la ciencia esas revoluciones fueron aceptadas como algo evidente, por lo que la extensi&oacute;n con la que se empleo dicha palabra fue ampli&aacute;ndose cada vez m&aacute;s. De tal manera que en los escritos sobre historia de la ciencia uno de los objetivos fue analizar la din&aacute;mica de esas revoluciones, de ah&iacute; que en ellos constantemente se hable de "revoluci&oacute;n conceptual", "revoluci&oacute;n metodol&oacute;gica" o "revoluci&oacute;n epistemol&oacute;gica". Un ejemplo claro de lo anterior es el popular libro de Thomas S. Kuhn: <i>The Structure of Scientific Revolution.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, la literatura existente sobre historia de la ciencia se concentra en las ciencias llamadas naturales, las <i>Naturalwissenschaften; </i>por su parte, las <i>Geistenwissenschaften, </i>las ciencias sociales o del esp&iacute;ritu, por alguna extra&ntilde;a raz&oacute;n son excluidas de las revoluciones. Es dif&iacute;cil o&iacute;r hablar de la "revoluci&oacute;n sociol&oacute;gica", "revoluci&oacute;n econ&oacute;mica", a lo m&aacute;s se habla de historia del pensamiento econ&oacute;mico o del pensamiento pol&iacute;tico o sociol&oacute;gico; pero no se hace &eacute;nfasis en la existencia de revoluciones en esas ciencias. Por otra parte, cuando se habla de la historia de esas ciencias se enfatiza su origen y su evoluci&oacute;n (quiz&aacute; pensada como continua, esto es, sin "rupturas"); en cambio, se piensa genralmente en las ciencias naturales cuando se habla de ciencia moderna y antigua. En ese sentido, al hablar del origen de la ciencia moderna se piensa en la f&iacute;sica matem&aacute;tica y en la astronom&iacute;a y, a partir de &eacute;stas, en el resto de las ciencias naturales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Parad&oacute;jicamente, las "revoluciones cient&iacute;ficas" que son expuestas por la historia de la ciencia siempre van acompa&ntilde;adas de revoluciones en otros &aacute;mbitos tanto del pensamiento como de las acciones humanas. Es decir, las revoluciones afectan a la t&eacute;cnica, al arte, a la filosof&iacute;a, a la pol&iacute;tica, etc&eacute;tera. De tal manera que el entendimiento que en la Antig&uuml;edad se ten&iacute;a de esas actividades ha sufrido cambios importantes en la modernidad, as&iacute; como las alteraciones sufridas por la ciencia que han propiciado hablar de una revoluci&oacute;n en esos campos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, en el &aacute;mbito de la administraci&oacute;n existe una preocupaci&oacute;n por el <i>status </i>epistemol&oacute;gico de dicha disciplina. Con frecuencia las discusiones alrededor del perteneciente a una determinada disciplina parecen una cuesti&oacute;n meramente terminol&oacute;gica y pueden llegar a convertirse en eso si se pierde de vista la necesidad de establecer, con la mayor precisi&oacute;n posible, dicho <i>status. </i>Esta necesidad se hace evidente si se piensa en la existencia de distintos tipos de conocimiento, los cuales requieren m&eacute;todos diferentes para lograr sus tambi&eacute;n objetivos diferentes. Adem&aacute;s esa necesidad esta determinada por el tipo de objeto de estudio propio de cada disciplina (lo referente a este objeto de estudio puede llamarse el aspecto <i>ontol&oacute;gico </i>de la disciplina en cuesti&oacute;n), es decir, el <i>status </i>epistemol&oacute;gico de una disciplina depende en cierta medida de su aspecto ontol&oacute;gico, de la determinaci&oacute;n y especificaci&oacute;n de su objeto de estudio.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una posible consecuencia de lo expuesto es que las nociones de <i>ciencia, arte, t&eacute;cnica y filosof&iacute;a, </i>son conceptos din&aacute;micos, esto es, lo que puede entenderse bajo sus definiciones es cambiante. Lo que esas palabras significaron para los antiguos no necesariamente es el mismo significado para nosotros. De ese modo, entonces, el entendimiento que los antiguos ten&iacute;an de la ciencia, del arte, de la t&eacute;cnica y de la filosof&iacute;a, ha sufrido cambios considerables. En efecto, gran parte de las revoluciones son consecuencia de las variaciones ocurridas en dichas nociones.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La literatura existente sobre la historia de la administraci&oacute;n y sobre la teor&iacute;a administrativa, que de alguna manera abordan el tema del <i>status </i>epistemol&oacute;gico de la administraci&oacute;n, no han analizado los cambios en las nociones de ciencia, arte, t&eacute;cnica y filosof&iacute;a. Adem&aacute;s la historia de la administraci&oacute;n que nos presenta es estrictamente <i>descriptiva </i>y una que pretenda mostrar los cambios sufridos por aquellas nociones necesariamente tiene que aspirar a ser <i>explicativa </i>(al menos debe explicar c&oacute;mo se han operado dichos cambios y, si es muy pretenciosa, hasta intentar&aacute; explicar el porqu&eacute; de ellos).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por ejemplo, Idalberto Chiabenato, en su libro <i>Introducci&oacute;n a la Teor&iacute;a General de la Administraci&oacute;n, </i>nos presenta una historia de la administraci&oacute;n en la cual son descritos los diversos momentos en que se ha "teorizado" sobre la administraci&oacute;n, desde la &eacute;poca de los griegos hasta el momento en que &eacute;l escribe. Pero no se preocupa de las diferentes nociones de ciencia, arte, t&eacute;cnica y filosof&iacute;a vigentes en cada &eacute;poca; de manera que no le es posible mostrar cu&aacute;l es el lugar de la administraci&oacute;n dentro de cada &eacute;poca en el &aacute;mbito completo del conocimiento, limit&aacute;ndose a describir c&oacute;mo defin&iacute;an a la administraci&oacute;n los diversos autores que menciona.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro ejemplo es el ya citado Bernardo Kliksber, quien comienza estableciendo la definici&oacute;n de administraci&oacute;n, de ciencia, de t&eacute;cnica y del arte; pero para esas definiciones no se remonta m&aacute;s all&aacute; de principios del siglo XX. Inicia su camino hist&oacute;rico con Henri Fayol y Frederick Winslow Taylor pasando por Chester Bernard, Harold Koonzt, hasta llegar a Herbert Simon; de suerte que no hay una comparaci&oacute;n de los cambios sufridos por esas definiciones a lo largo del proceso hist&oacute;rico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estos mismos autores muestran que el conocimiento sobre la administraci&oacute;n no comienza a principios del siglo XX sino que se remonta, como casi toda disciplina hasta la &eacute;poca de los griegos. Entonces un estudio que pretenda mostrar la evoluci&oacute;n o desarrollo de la administraci&oacute;n no debe limitarse tan r&iacute;gidamente a un periodo tan corto; y si adem&aacute;s pretende determinar el <i>status </i>epistemol&oacute;gico de esa disciplina, no s&oacute;lo debe mostrar el desarrollo o evoluci&oacute;n de ella, sino tambi&eacute;n, al menos <i>grosso modo, </i>del &aacute;mbito completo del conocimiento.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, si bien es cierto que los m&eacute;todos de una disciplina difieren seg&uacute;n se le entienda como una ciencia, un arte o una t&eacute;cnica, tambi&eacute;n es cierto que esas diferencias dependen tambi&eacute;n del tipo de objeto que se determine para esa disciplina. Esta relaci&oacute;n estrecha entre epistemolog&iacute;a (m&eacute;todos) y ontolog&iacute;a (objeto de estudio) tambi&eacute;n tiene un desarrollo, es decir, no han sido comprendidos de la misma manera por los antiguos y los modernos: tanto los m&eacute;todos como los objetos y, por tanto, su relaci&oacute;n, han sido entendidos y definidos de manera diferente por unos y otros.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En suma, entonces, una indagaci&oacute;n que pretenda establecer el <i>status </i>epistemol&oacute;gico de la administraci&oacute;n, no s&oacute;lo debe definir los posibles tipos de conocimiento en los cuales pueda ser incluida esa disciplina, sino adem&aacute;s debe mostrar su evoluci&oacute;n. Adem&aacute;s, no puede eludir el aspecto ontol&oacute;gico, que tiene por funci&oacute;n atribuir un tipo de objeto de estudio a la disciplina en cuesti&oacute;n y la evoluci&oacute;n de este objeto a lo largo del tiempo. &Eacute;sta es, pues, la tarea de una indagaci&oacute;n que pretenda versar sobre el <i>status </i>epistemol&oacute;gico de la administraci&oacute;n.</font></p>     <p align="right"><font face="verdana" size="2"><i>Roberto Estrada Olgu&iacute;n</i></font></p>      ]]></body>
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