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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Alfonso Reyes, <i>Mi &oacute;bolo a Caronte (Evocaci&oacute;n del general Bernardo Reyes)</i>, estudio preliminar, edici&oacute;n cr&iacute;tica y selecci&oacute;n de ap&eacute;ndices por Fernando Curiel Defoss&eacute;</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Leopoldo Silberman Ayala*</b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Secretar&iacute;a de Gobernaci&oacute;n/Instituto Nacional de Estudios Hist&oacute;ricos de las Revoluciones de M&eacute;xico, 2007 (Memorias y Testimonios).</b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Centro de Estudios en Ciencias de la Comunicaci&oacute;n.</i></font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>ALFONSO REYES EN EL HADES</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La carta fechada en 22 de octubre de 1925 por Alfonso Reyes y dirigida a Genaro Estrada es considerada por su autor como "muy confidencial". La raz&oacute;n: est&aacute; acompa&ntilde;ada por una "memoria secreta", documento por medio del cual el hombre de letras regiomontano quiere dar a conocer ciertas cosas que marcaron la trayectoria de su vida. Lo que estaba destinado a ser una breve narraci&oacute;n fue convertida por su autor en un peque&ntilde;o libro al que deseaba llamar <i>Mi &oacute;bolo a Caronte.</i> No fue publicado. No fue conocido. Antes bien, tan s&oacute;lo cinco a&ntilde;os despu&eacute;s ver&aacute; la luz p&uacute;blica otro texto autobiogr&aacute;fico en el cual hace una apolog&iacute;a a la vida de su padre, el general Bernardo Reyes: <i>Oraci&oacute;n del 9 de febrero.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Escrita en un momento dif&iacute;cil de su vida, cuando su posici&oacute;n diplom&aacute;tica pende de un hilo ante las injurias que, por su historia familiar, recaen sobre su cabeza, la memoria secreta tiene dos destinatarios claramente identificados: el canciller Aar&oacute;n S&aacute;enz y el mism&iacute;simo presidente Plutarco El&iacute;as Calles. Reyes, que cuenta para esos momentos con un nombre reconocido en el Viejo Continente, en particular entre la intelectualidad matritense, sabe bien que los hechos pol&iacute;ticos de su padre y de su hermano Rodolfo en los aciagos a&ntilde;os inmediatamente posteriores a la ca&iacute;da de Porfirio D&iacute;az han de tener consecuencias si no es &eacute;l mismo quien marque su postura personal respecto a los hechos de 1913.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien en su <i>Ifigenia cruel</i> de escasos a&ntilde;os atr&aacute;s ya Reyes hab&iacute;a logrado dar una salida cat&aacute;rtica a sus recuerdos y en su <i>Oraci&oacute;n</i> pondera el amor filial profesado a su padre, es este documento quiz&aacute; el m&aacute;s puntual de los tres, el que m&aacute;s acerca al lector al Bernardo Reyes concebido por el entonces joven Alfonso. De ah&iacute; la importancia de su publicaci&oacute;n, as&iacute; sea d&eacute;cadas despu&eacute;s de haber sido concebido.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con un acucioso estudio preliminar de Fernando Curiel Defoss&eacute;, <i>Mi &oacute;bolo a Caronte</i> fue publicado en 2007 por el Instituto de Estudios Hist&oacute;ricos de las Revoluciones de M&eacute;xico en su colecci&oacute;n Memorias y Testimonios y fue acreedor al premio Jos&eacute; C. Valad&eacute;s 2005. La espl&eacute;ndida prosa de Curiel, culta y coloquial a la vez, nos lleva por los intrincados vericuetos de la vida de los tres Reyes (Bernardo, Rodolfo y Alfonso) en los &uacute;ltimos a&ntilde;os del antiguo r&eacute;gimen y primeros de la revoluci&oacute;n de 1910, tejiendo y deshaciendo, como Pen&eacute;lope en espera de Ulises, para desenmara&ntilde;ar la madeja de los sucesos en que se vieron envueltos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El padre, don Bernardo, militar con una excelente hoja de servicios que brind&oacute; sus servicios incondicionales al r&eacute;gimen de D&iacute;az, convirti&eacute;ndose en una de las columnas sobre las que descansaba la anhelada paz y cuyo prestigio creci&oacute; tanto que fue visto por muchos como el sucesor natural del general oaxaque&ntilde;o. El hijo mayor, Rodolfo, abogado reconocido y admirador incondicional de su padre, art&iacute;fice del <i>reyismo,</i> el movimiento popular m&aacute;s importante de las postrimer&iacute;as del porfirismo. El hijo menor, Alfonso, dotado para las letras, alejado, por propia voluntad, de las intrigas pol&iacute;ticas aunque en ocasiones involucrado por inercia familiar, y quien alcanzar&iacute;a el mayor renombre de los Reyes Ochoa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las vidas de estos hombres, vistas a la luz de una vasta documentaci&oacute;n, son analizadas a partir, principalmente, de un hecho en particular: el Plan de la Soledad, la prisi&oacute;n del general, su excarcelamiento por Manuel Mondrag&oacute;n y su muerte en acci&oacute;n frente al Palacio Nacional. La visi&oacute;n que tiene Rodolfo de don Bernardo difiere sobremanera de aquella que guarda Alfonso en su memoria. Y es que las acciones del otrora ministro de Guerra de D&iacute;az ante la sucesi&oacute;n presidencial (con la supuesta, posible, f&oacute;rmula D&iacute;az&#45;Liman&#45;tour&#45;Reyes&#45;Limantour&#45;Reyes...) y la indecisi&oacute;n del regiojalisciense ante el empuje que su propia figura tuvo como candidato id&oacute;neo de una incipiente oposici&oacute;n, hicieron que cambiara la percepci&oacute;n que, de &eacute;l, tuvieron sus propios v&aacute;stagos. Rodolfo, <i>Rofis,</i> considerar&aacute; las acciones de su padre como un suicidio pol&iacute;tico, por lo que tomar&aacute; los caminos que habr&aacute;n de ser su G&oacute;lgota: el <i>felicismo,</i> en apoyo al <i>sobrino de su t&iacute;o,</i> F&eacute;lix D&iacute;az y el <i>huertismo,</i> su cadalso pol&iacute;tico. Alfonso, en cambio, considerar&aacute; la muerte de su padre como un accidente, "una violenta intromisi&oacute;n de la metralla en la vida y no el t&eacute;rmino previsible y paulatinamente aceptado de un acabamiento biol&oacute;gico". Las palabras de Alfonso Reyes son humanas, ba&ntilde;adas de un amor filial m&aacute;s all&aacute; de lo pol&iacute;tico, m&aacute;s all&aacute; de lo p&uacute;blico. Son el &oacute;bolo que ha de dar a Caronte para ser aceptado en el Hades.</font></p>      ]]></body>
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