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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Interceder, proteger y consolar: El culto guadalupano en Zacatecas]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Mariana Ter&aacute;n Fuentes, <i>Interceder, proteger y consolar. El culto guadalupano en Zacatecas</i></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Mart&iacute;n Escobedo Delgado*</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, UAZ, Conacyt, 2011, 209 p.</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Universidad Aut&oacute;noma de Zacatecas. Correo e</i>: <a href="mailto:mescobedo07@hotmail.com">mescobedo07@hotmail.com</a></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n el relato guadalupano, todo comenz&oacute; el 9 de diciembre de 1531 en el Tepeyac, un cerro localizado a una legua de la ciudad de M&eacute;xico. Ese d&iacute;a, el indio Juan Diego caminaba hacia el convento de Tlatelolco para o&iacute;r misa. De pronto, cuando avanzaba al pie del Tepeyac, una celestial figura apareci&oacute; llam&aacute;ndole por su nombre: era una se&ntilde;ora ataviada con un manto de estrellas que flotaba en el aire. La mujer, de tez morena, le dijo que ella era la Sant&iacute;sima Virgen Mar&iacute;a de Guadalupe, madre del Dios verdadero, instruy&eacute;ndole a continuaci&oacute;n para que le construyeran un templo en ese sitio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Muchos ayeres han transcurrido desde ese episodio que, ya sea real o ficticio, sigue vigente en la cultura mexicana toda vez que a la milagrosa aparici&oacute;n se la asocia irremisiblemente con el nacimiento de M&eacute;xico, fundando de paso toda una tradici&oacute;n religiosa y tambi&eacute;n, desde luego, suscitando m&uacute;ltiples controversias en el mismo &aacute;mbito. As&iacute;, por ejemplo, pese a la beatificaci&oacute;n y posterior santificaci&oacute;n de Juan Diego &#151;procesos can&oacute;nicos impulsados por la Iglesia cat&oacute;lica mexicana&#151;, surgieron voces discordantes desde la misma Iglesia negando la existencia hist&oacute;rica del indio o, en casos menos estridentes, poni&eacute;ndola en duda.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el &aacute;mbito de la academia, tambi&eacute;n se han producido debates en torno a la Virgen de Guadalupe; por ejemplo, la jerarqu&iacute;a cat&oacute;lica afirma que el Dr. Phillip S. Callagan, biof&iacute;sico egresado de la Universidad de Kansas y trabajador de la nasa,<sup><a href="#nota">1</a></sup> encabez&oacute; un equipo de investigaci&oacute;n para estudiar la tilma de Juan Diego (ayate r&uacute;stico, donde fue plasmada la virgen morena). A su decir, el equipo de cient&iacute;ficos concluy&oacute; que el material con que fue pintada la figura de la Virgen no se conoce en el planeta, es decir, aseveran que su origen es celestial. Empero, el connotado historiador y sacerdote Francisco Miranda, estudioso del fen&oacute;meno guadalupano, comenta en su libro <i>Dos cultos fundantes: Los Remedios y Guadalupe (1521&#45;1649),</i> que, al parecer, la autor&iacute;a de la obra pertenece al pintor mexica Marcos C&iacute;pac, quien elabor&oacute; la pieza por encargo del arzobispo Alonso de Mont&uacute;far, principal promotor del culto a esta advocaci&oacute;n mariana en el centro de M&eacute;xico. En este tenor, se infiere que los materiales (fibra de maguey y pinturas de origen mineral y vegetal) no son de origen divino. Pese a la convincente hip&oacute;tesis del padre Miranda, el fen&oacute;meno guadalupano sigue ofreciendo tela de donde cortar. As&iacute;, contin&uacute;an apareciendo estudios que exploran, desde variadas aristas, la complejidad del fen&oacute;meno, sin que las explicaciones derivadas de distintas investigaciones logren agotar el vasto y proteico tema.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es en este contexto que surge el libro de Mariana Ter&aacute;n, quien circunscribe su an&aacute;lisis a lo ocurrido en torno al culto y consumo cultural de la Virgen de Guadalupe en Zacatecas. Como la propia autora reconoce, este trabajo forma parte de una investigaci&oacute;n m&aacute;s general que pretende explicar el proceso que dio paso a la formaci&oacute;n de M&eacute;xico como un nuevo Estado nacional, luego de que el territorio conocido como "Nueva Espa&ntilde;a" dejara de formar parte de la monarqu&iacute;a espa&ntilde;ola. Y es que la preocupaci&oacute;n de esta investigadora se ha orientado, desde hace varios a&ntilde;os, a desentra&ntilde;ar los intersticios de la transici&oacute;n pol&iacute;tica mexicana. As&iacute; lo muestran sus publicaciones <i>El artificio de la fe; Haciendo patria</i> y <i>De provincia a entidad federativa. Zacatecas, 1786&#45;1835,</i> donde Mariana Ter&aacute;n explora los modos en que actores, grupos sociales e instituciones zacatecanas vivieron este proceso plagado de complejidades.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mariana Ter&aacute;n ha elegido un periodo y un tema particularmente complicados porque la transici&oacute;n es un lapso difuso donde el cambio de un estado a otro no se ha resuelto. La transici&oacute;n da cuenta de algo que no acaba de morir, pero tampoco nace por completo. De ah&iacute; la importancia de este libro que explica "el sinuoso proceso de construcci&oacute;n de sentido que llev&oacute; a la Virgen de Guadalupe a ser, para los mexicanos, la madre de la naci&oacute;n".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En <i>Interceder, proteger y consolar,</i> Ter&aacute;n construye una perspectiva novedosa que consiste en separar dos aspectos sustanciales: el hecho guadalupano y el fen&oacute;meno guadalupano. La autora no polemiza sobre la verdad o el mito de las apariciones; m&aacute;s bien, indaga sobre los modos en que el culto fue tomando forma en Zacatecas. En consecuencia, escudri&ntilde;a desde una metodolog&iacute;a <i>ad hoc</i> los requerimientos de su investigaci&oacute;n &#151;es decir, una simbiosis entre historias cultural, social y pol&iacute;tica&#151;, con el prop&oacute;sito de contrastar una hip&oacute;tesis sugerente: el relato guadalupano se ha identificado err&oacute;neamente con la mexicanidad a pesar de que la devoci&oacute;n y los usos culturales y sociales relacionados con la Virgen de Guadalupe surgieron en un contexto donde no exist&iacute;a M&eacute;xico como pa&iacute;s. Por lo tanto, la versi&oacute;n liberal de equiparar nacionalismo con guadalupanismo, es desacertada a su parecer, pues el culto guadalupano surgi&oacute; y se fortaleci&oacute; en el orbe novohispano, justo cuando este territorio pertenec&iacute;a a la monarqu&iacute;a espa&ntilde;ola.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gracias a su doble formaci&oacute;n de soci&oacute;loga e historiadora, Mariana Ter&aacute;n analiza el desarrollo y las vicisitudes del fen&oacute;meno guadalupano en tierras zacatecanas. Vali&eacute;ndose de un amplio aparato cr&iacute;tico y de una revisi&oacute;n acuciosa de los repositorios locales, documenta los principales cultos que florecieron en el centro minero.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para comenzar, la autora enuncia la veneraci&oacute;n que en Zacatecas se le brindaba al Santo Cristo de la Parroquia. Desde mediados del siglo XVII, se le atribuy&oacute; la gracia de librar a los zacatecanos de una mort&iacute;fera epidemia. De all&iacute; en adelante, el Cristo crucificado protegi&oacute; al distrito minero de enfermedades y otras acechanzas. Adem&aacute;s &#151;tal como lo relat&oacute; el segundo conde de Santiago de la Laguna hacia 1732&#151;, a la figura del hijo de Dios hecho hombre se le atribuyeron numerosos portentos, como cuando soseg&oacute; el embravecido mar que amenazaba con hacer naufragar a una embarcaci&oacute;n que llevaba a varios de sus devotos; o la resurrecci&oacute;n de una perra que muri&oacute; arrollada por una carreta. La veneraci&oacute;n al Santo Cristo declin&oacute; tras el incendio del templo parroquial en 1736. Seg&uacute;n registros de la &eacute;poca, la ciudad entera se sumi&oacute; en el desconsuelo tras constatar que el Santo Cristo qued&oacute; reducido a cenizas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra devoci&oacute;n que prosper&oacute; en la ciudad fue la Virgen de la Asunci&oacute;n, asociada a la bonanza de las minas. La doctora Ter&aacute;n se&ntilde;ala que, cuando escaseaba el mineral, era menester pedir su intercesi&oacute;n para que las entra&ntilde;as zacatecanas rebosaran de plata. Esta s&uacute;plica fue recurrente durante el siglo XVII y parte del XVIII. Seg&uacute;n varios testimonios, la petici&oacute;n siempre fue atendida por la madre de Dios. De all&iacute; que cada 15 de agosto, el pueblo de Zacatecas le rindiera humilde veneraci&oacute;n.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">No bien as&iacute;, la advocaci&oacute;n mariana que aqu&iacute; despert&oacute; mayor fervor religioso fue la Virgen del Patrocinio. Habiendo sido relacionada con la conquista de este territorio, no es gratuito que aparezca en el escudo de armas que Felipe II le concedi&oacute; a Zacatecas y, m&aacute;s importante a&uacute;n, que sea la patrona del centro urbano. Desde entonces y hasta la fecha, esta figura sigue siendo objeto de devoci&oacute;n popular: su fiesta se celebra con tintes apote&oacute;ticos cada 8 de septiembre, d&iacute;a de la natividad de la Virgen Mar&iacute;a y conmemoraci&oacute;n de la conquista de esta argent&iacute;fera tierra.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Virgen del Patrocinio &#151;que se transfigura en la Virgen de Nuestra Se&ntilde;ora de los Zacatecas&#151; ayud&oacute; a los primeros espa&ntilde;oles que avistaron el m&iacute;tico cerro de la Bufa a reducir pac&iacute;ficamente a los naturales que habitaban en sus faldas. De acuerdo con el testimonio del padre Bezanilla &#151;quien escribi&oacute; en 1788 la <i>Muralla zacatecana</i>&#151;<i>,</i> la tradici&oacute;n popular se&ntilde;ala que en 1546, un grupo de espa&ntilde;oles al mando de Juanes de Tolosa lleg&oacute; hasta las inmediaciones de un extra&ntilde;o cerro "cuya forma se asemejaba a la vejiga de un cerdo". En ese lugar los nativos se aprestaban a rechazar violentamente a los invasores. Justo en el momento de mayor tensi&oacute;n, la Virgen apareci&oacute; lanzando tierra a los ojos de los indios, para luego conminarlos a dejarse someter bajo el suave yugo de la verdadera religi&oacute;n. De esa manera, gracias al patrocinio de la Virgen, la conquista de Zacatecas fue pac&iacute;fica.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las devociones al Santo Cristo de la Parroquia, a la Virgen de la Asunci&oacute;n y al Patrocinio de Mar&iacute;a, fueron &#151;en palabras de Mariana Ter&aacute;n&#151; "las de mayor auge en el horizonte religioso de Zacatecas durante la segunda mitad del siglo XVI, y la mayor parte del XVII". En <i>Interceder, proteger y consolar,</i> explica c&oacute;mo los habitantes del centro minero fueron cambiando sus objetos de devoci&oacute;n con base en circunstancias espec&iacute;ficas. En este contexto, fue una coyuntura de legitimaci&oacute;n la que justific&oacute; precisamente la promoci&oacute;n del culto guadalupano en esta regi&oacute;n del centro&#45;norte de la Nueva Espa&ntilde;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si el relato sobre Guadalupe afirma que la Virgen se manifest&oacute; en 1531, Francisco de la Maza y el padre Miranda refieren que, antes de 1556, son casi inexistentes las fuentes que documentan las apariciones. Como se se&ntilde;al&oacute; anteriormente, la devoci&oacute;n fue impulsada durante la mitad del siglo XVI por el arzobispo Mont&uacute;far. A partir de entonces, creci&oacute; gradualmente hasta que, a partir de 1648, el culto se vigoriz&oacute; con la agresiva propagaci&oacute;n de los milagros guadalupanos por parte de Miguel S&aacute;nchez, Luis Becerra Tanco, Francisco de Florencia y Luis Lasso de la Vega. Todo eso suced&iacute;a en el centro del virreinato, mas no en Zacatecas, pues, como Mariana Ter&aacute;n afirma, el eco guadalupano lleg&oacute; tarde a estas tierras, donde la imagen de la Virgen morena se conoci&oacute; hasta 1659, por lo que todo parece indicar que, adem&aacute;s de tard&iacute;o, fue un culto impuesto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es cierto que la Virgen morena arrib&oacute; a Zacatecas durante la segunda mitad del siglo XVII, pero no fue sino hasta el siguiente siglo, en 1704, cuando el fervor se acrecent&oacute;. Ese a&ntilde;o el franciscano Margil de Jes&uacute;s condujo una imagen de bulto de la guadalupana &#45;a la que nombr&oacute; <i>La Preladita&#45;</i> al flamante Colegio Apost&oacute;lico de Propaganda Fide de Nuestra Se&ntilde;ora de Guadalupe. Siendo Margil de Jes&uacute;s un ferviente mariano, promovi&oacute; en consecuencia la devoci&oacute;n a la Virgen desde Texas hasta Guatemala.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El culto iba a la alza, promovido por los franciscanos, empero, un acontecimiento propici&oacute; su despegue definitivo: en 1737, una epidemia de matlazahuatl arremeti&oacute; contra toda la provincia. Desde la capital del virreinato se recomend&oacute; dejar en manos de la Virgen morena la erradicaci&oacute;n de tan terrible mal. Los zacatecanos suplicaron la protecci&oacute;n de la guadalupana, quien, de acuerdo con testimonios de la &eacute;poca, acudi&oacute; efectivamente en su auxilio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde entonces, la Virgen de Guadalupe mostr&oacute; su eficacia milagrosa en el zacatecano suelo. &Eacute;sta fue la raz&oacute;n por la que su culto se aviv&oacute; desde el p&uacute;lpito con sendas piezas oratorias que alcanzaron muy pronto la gloria de la imprenta, pero tambi&eacute;n para tal efecto se construyeron retablos, difundieron im&aacute;genes en lienzo, se organizaron procesiones y dedicaron templos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La doctora Ter&aacute;n se&ntilde;ala como promotores de esa devoci&oacute;n a los ricos mineros y a los sacerdotes criollos que vieron en la Virgen una advocaci&oacute;n capaz de cohesionar a la sociedad local. Por eso, su imagen portentosa represent&oacute; protecci&oacute;n, salud, bonanza de minerales, intercesi&oacute;n ante Dios y, finalmente, simboliz&oacute; a la madre de los novohispanos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Incluso, en cierto momento, la guadalupana reemplaz&oacute; a la Virgen del Patrocinio otorg&aacute;ndole a aqu&eacute;lla el t&iacute;tulo de conquistadora y, por si fuera poco, adjudic&aacute;ndole una aparici&oacute;n en el cerro de la Bufa, lo que represent&oacute;, en voz de un predicador, su predilecci&oacute;n por este pueblo, lo que significaba que Guadalupe era la madre y patrona de los zacatecanos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las distintas versiones que circularon por estas tierras en torno a la Virgen morena, dan cuenta de un complejo interjuego de reelaboraciones y apropiaciones que, individuos y grupos, hicieron de la imagen, lo cual habla de una producci&oacute;n simb&oacute;lica y de un consumo cultural que se traducen en una construcci&oacute;n de sentido muy particular: la que se urdi&oacute; en Zacatecas durante un largo trecho del siglo XVIII.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">A diferencia de lo ocurrido en la ciudad de M&eacute;xico y en una amplia zona del virreinato, en Zacatecas la Virgen de Guadalupe no lleg&oacute; a ser la principal patrona y protectora. Es cierto que durante cincuenta a&ntilde;os el culto a la madre morena se reforz&oacute; a trav&eacute;s de una ret&oacute;rica que inici&oacute; en los templos, prosigui&oacute; en los hogares e inund&oacute; calles y plazas; sin embargo, hacia finales del siglo XVIII, la devoci&oacute;n decay&oacute;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La doctora Ter&aacute;n comenta que en los &uacute;ltimos treinta a&ntilde;os de ese siglo, no localiz&oacute; sermones en su honor, tampoco pudo hallar alguna cofrad&iacute;a con su nombre. En este lapso, el culto local se orient&oacute; hacia la Virgen del Patrocinio, conquistadora y protectora de los zacatecanos, cuya figura era y sigue siendo venerada en una capilla ubicada en lo alto del cerro de la Bufa, fortaleza espiritual donde la fe mariana encuentra, a&ntilde;o con a&ntilde;o, un estupendo asidero.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de lo expuesto por Richard Nebel en su <i>Santa Mar&iacute;a Tonantzin Virgen de Guadalupe,</i> as&iacute; como por Francisco de la Maza en <i>El guadalupanismo mexicano</i> y tambi&eacute;n por Jacques Lafaye en <i>Quetzalc&oacute;atl y Guadalupe</i> &#151;donde la constante en conjunto es identificar a la Virgen morena con la mexicanidad&#151;, Mariana Ter&aacute;n polemiza con estas posiciones argumentando que M&eacute;xico a&uacute;n no exist&iacute;a como tal cuando el culto guadalupano estaba extendido en este vasto territorio, por lo que considera inexacto asociar a Guadalupe con la forja de la naci&oacute;n. Esto todav&iacute;a es m&aacute;s notorio en Zacatecas, pues cuando algunos historiadores coinciden que en el virreinato se desarrolla el nacionalismo embrionario, en el &aacute;mbito local el culto guadalupano ya hab&iacute;a menguado notoriamente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, la autora no se limita a explicar la forma en que evolucion&oacute; la devoci&oacute;n guadalupana en Zacatecas; por el contrario, vaya m&aacute;s all&aacute;: ubica el culto en un contexto particular, rico en paradojas y luchas por el poder, exuberante en discursos, pr&aacute;cticas y representaciones, plagado de significados y sentidos. Asimismo, dialoga cr&iacute;ticamente con los investigadores m&aacute;s representativos del tema guadalupano, asegurando que la devoci&oacute;n no promovi&oacute; dos identidades paralelas, como algunos estudiosos certifican. En realidad, contin&uacute;a Mariana Ter&aacute;n, en lo que se refiere al espacio zacatecano, la identidad ind&iacute;gena es omitida. El culto promueve una identidad mon&aacute;rquica: la de la patria espa&ntilde;ola, fiel a su Rey y respetuosa de su religi&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante a lo dicho por Mariana Ter&aacute;n, el culto guadalupano s&iacute; promueve la mexicanidad. Es cierto que, en el sentido estricto, antes de 1821 no existe la naci&oacute;n mexicana, sin embargo, la hip&oacute;tesis que desarrolla la autora a lo largo del trabajo es endeble porque, m&aacute;s all&aacute; de la fecha formal en que se promulga la independencia, lo que muestra la reciente historiograf&iacute;a de la transici&oacute;n pol&iacute;tica es que la naci&oacute;n mexicana se fragua por lo menos desde la segunda mitad del siglo XVIII. Adem&aacute;s, entre 1810 y 1820, cuando en teor&iacute;a la naci&oacute;n mexicana es una entidad inexistente, en realidad la mexicanidad se palpa, se manifiesta y es muy evidente. Asimismo, en 1813, Morelos, con base en el legado pol&iacute;tico y cultural que ven&iacute;a de a&ntilde;os atr&aacute;s, ya hab&iacute;a trazado a la naci&oacute;n mexicana, pues este territorio, cuyo nombre a&uacute;n no se institu&iacute;a, ya ten&iacute;a una historia propia, mitos particulares, s&iacute;mbolos y costumbres que daban cuenta de la existencia de una naci&oacute;n: el claro ejemplo es el culto guadalupano que, con distintos matices, cohesion&oacute; a los mexicanos, llamados as&iacute; desde la segunda mitad del ochocientos. El mismo Morelos y sus legisladores insist&iacute;an en expulsar "de nuestro suelo" al enemigo espa&ntilde;ol que hab&iacute;a infringido tanto da&ntilde;o a "nuestra patria"; esa patria que ellos mismos llamaron Am&eacute;rica mexicana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, el posicionamiento de la autora, al afirmar que con la promulgaci&oacute;n de la Independencia se concreta el nacimiento de M&eacute;xico como naci&oacute;n, es tradicional y mec&aacute;nico, pues olvida que la forja de M&eacute;xico es un proceso complejo y dilatado m&aacute;s que un acto efectuado en una fecha espec&iacute;fica. Si la autora se&ntilde;ala en su hip&oacute;tesis que la historiograf&iacute;a ha confundido mexicanismo con guadalupanismo, creo que m&aacute;s bien ella confunde mexicanismo con independencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro est&aacute; compuesto por doce cap&iacute;tulos. En el transcurso de los diez primeros se mantiene equilibrado y hasta resulta pertinente el juego de escalas (lo que ocurre en la capital del virreinato y lo acontecido en Zacatecas y la relaci&oacute;n entre ambos espacios). Pero en las dos &uacute;ltimas secciones se extrav&iacute;a el contenido en la misma medida que desaparece el espacio local: las referencias sobre Zacatecas son pr&aacute;cticamente nulas a partir de entonces. Adem&aacute;s, el lector experimenta en la &uacute;ltima l&iacute;nea del cap&iacute;tulo XII un extra&ntilde;o sabor de boca toda vez que el libro adolece de un cierre adecuado. As&iacute; las cosas, queda la sensaci&oacute;n de algo pendiente. Ese algo, seg&uacute;n mi perspectiva, es el an&aacute;lisis de la mexicanidad, que no explica la doctora Ter&aacute;n, porque termina su obra justo al filo de este peculiar y complejo fen&oacute;meno.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, algunos pasajes del libro incurren en el exceso del giro ling&uuml;&iacute;stico, pues, con reiteraci&oacute;n, la autora se empe&ntilde;a en darle m&aacute;s importancia al "qu&eacute; y c&oacute;mo se dice" que a los hechos y procesos hist&oacute;ricos en s&iacute;. Es cierto que la narrativa hist&oacute;rica debe ser elegante y estil&iacute;stica, empero, cuando predomina la forma, cuando deliberadamente se asigna vida propia a las palabras en dem&eacute;rito del fondo, lo fundamental se extrav&iacute;a dando paso a un discurso profuso, pero poco sustancial.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Nota</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Administraci&oacute;n Nacional de Aeron&aacute;utica y del Espacio de los Estados Unidos de Am&eacute;rica (por sus siglas en ingl&eacute;s: <i>National Aeronautics and Space Administration</i>).</font></p>      ]]></body>
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