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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Trama y urdimbre de una tradición: Los sarapes de Guadalupe, Zacatecas]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Hugo Ernesto Ibarra Ortiz, Trama y urdimbre de una tradici&oacute;n. Los sarapes de Guadalupe, Zacatecas</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Mariana Ter&aacute;n Fuentes*</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Zamora, El Colegio de Michoac&aacute;n, 2010, 384 p.</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Universidad Aut&oacute;noma de Zacatecas. Correo e:</i> <a href="mailto:marianateranfuentes@yahoo.com.mx">marianateranfuentes@yahoo.com.mx</a></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	 		    <blockquote> 		      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">saber cardar, hilar y te&ntilde;ir la lana, hasta preparar la urdimbre, tejer, y sobre todo saber dibujar y delinear. Preparar la urdimbre no es tarea sencilla porque un telar como el que usan los tejedores para hacer los sarapes tipo gobelino tiene un peine del 45, es decir, por cada cinco cent&iacute;metros hay 45 hilos de urdimbre, a raz&oacute;n de ocho hilos por cent&iacute;metro. En un trabajo que mide 1.10 de ancho se tienen que preparar 9,900 hilos de urdimbre. Si se quiere meter tela para varios trabajos se deben tomar medidas con esta cantidad de hilos" (p. 245).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Trama y urdimbre de una tradici&oacute;n</i> hace su propio tejido reuniendo hilos de distintas tradiciones para explicar la importancia que a lo largo de m&aacute;s de dos siglos han representado los artesanos textiles en Guadalupe, Zacatecas. Los motivos del autor: pensar las tradiciones desde la historia, conversar con su entorno comunitario, reconocer desde la mirada acad&eacute;mica la labor de los artesanos zacatecanos, imaginar la cultura como tramas y urdimbres que producen significados y que as&iacute; producen al hombre que est&aacute;, como lo propone el antrop&oacute;logo norteamericano Clifford Geertz, inserto en esas tramas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El telar de Hugo Ibarra es la tradici&oacute;n, interpelada como un horizonte vivo, actual, contrastante; la tradici&oacute;n para Ibarra Ortiz no es un conjunto de saberes caducos y aniquilados por el paso del tiempo; la tradici&oacute;n y el conjunto de las tradiciones son especie de cadenas en que se van pasando de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n, la experiencia de la vida misma y lo que se hace con ella para su vigencia cultural. En el caso analizado por Ibarra Ortiz, esto puede leerse en un sarape tipo gobelino donde se cruzan la necesidad de sobrevivencia econ&oacute;mica de las familias de artesanos de Guadalupe, Zacatecas, su capacidad de vincularse con los mercados local, regional, nacional e internacional, la introducci&oacute;n de la tecnolog&iacute;a de los telares, su manejo y aprendizaje, la capacidad de convertir 9,900 hilos en un rostro humano, la mirada de los ni&ntilde;os y j&oacute;venes puesta sobre las manos del padre y del abuelo que con sabidur&iacute;a pasan del dibujo a la tela en una tarea que se debe a la paciencia y a la creatividad de arriesgarse y dejar su huella est&eacute;tica en el tiempo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Historia y tradici&oacute;n son para Hugo Ibarra en esta investigaci&oacute;n lo que la trama y urdimbre para los artesanos textiles. Su investigaci&oacute;n rastrea la historia del sarape en M&eacute;xico, hace hincapi&eacute; en la importancia de la tradici&oacute;n textil ind&iacute;gena, en la indudable marca para la identidad nacional del sarape de Saltillo, pero va m&aacute;s all&aacute;. M&eacute;xico tiene m&aacute;s rostros y vestidos, m&aacute;s hilos que lo visten y tambi&eacute;n lo caracterizan. La china poblana y el charro mexicano con su sarape saltillense son una parte de lo que los gobiernos posrevolucionarios promocionaron como la identidad mexicana. Los sarapes y textiles elaborados en otros lugares del pa&iacute;s nos hablan tambi&eacute;n de una rica tradici&oacute;n mestiza artesanal. No deja de sorprender la ausencia de investigaciones para el caso zacatecano, dedicadas con m&eacute;todo y rigurosidad, al an&aacute;lisis de la tradici&oacute;n textil. Tal vez porque los tengamos tan cerca. El m&eacute;rito de esta investigaci&oacute;n es que desde las entra&ntilde;as de un hogar de artesanos, Ibarra Ortiz se puso a estudiar su tradici&oacute;n y reconocer su val&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La investigaci&oacute;n se une a un conjunto de trabajos emprendidos por Ren&eacute; Amaro Pe&ntilde;aflores sobre la historia social del trabajo en Zacatecas. Esta l&iacute;nea se ve alimentada por las investigaciones realizadas por Jos&eacute; Arturo Burciaga bajo el auspicio del Instituto de Desarrollo Artesanal de Zacatecas. Algunas de las simientes que dej&oacute; Manuel Mi&ntilde;o en <i>Obrajes y tejedores en la Nueva Espa&ntilde;a</i> son reconocidas por Hugo Ibarra y Ren&eacute; Amaro para explicar la larga duraci&oacute;n de la tradici&oacute;n textil en Zacatecas. Por lo menos tres siglos donde se tiene constancia de la presencia de talleres y trapiches. Este conjunto de historiadores ha revisado la estructura organizativa del gremio de artesanos donde el saber se impone como elemento distintivo de la jerarqu&iacute;a: aprendices, oficiales y maestros. La pr&aacute;ctica hace al maestro y lo distingue socialmente porque no todos pueden llegar a lograr un sarape tipo gobelino con un rostro humano bien dibujado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Manuel Mi&ntilde;o Grijalva explic&oacute; que la presencia de telares sueltos fue aumentando en el paso del siglo XVIII al XIX: de 14 telares en 1781 a 233 en 1801. El dato es revelador. La producci&oacute;n artesanal textil se vio altamente favorecida en el siglo XIX a trav&eacute;s de la vinculaci&oacute;n con otras ramas de la econom&iacute;a como la ganader&iacute;a, la agricultura y la miner&iacute;a. El multicitado fragmento que tambi&eacute;n lo retoma Ibarra Ortiz de Antonio Garc&iacute;a Salinas y Luis Martinet, propietarios de "La Zacatecana" en 1845, revela la expectativa que en aquel entonces se ten&iacute;a sobre la industria textil:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No dir&eacute; que me lastimaba al ver que en casi todos los Departamentos se animaba el esp&iacute;ritu de la industria, sin el cual no puede haber un bienestar seguro para el pueblo y s&oacute;lo Zacatecas dorm&iacute;a confiado en su riqueza mineral, pero siempre pobre y miserable &#91;...&#93; Pero s&iacute; dir&eacute; que, como especulaci&oacute;n, podr&iacute;a traer utilidad una f&aacute;brica de lanas en el centro de las fincas que producen, y es donde en su mayor consumo a causa de los fuertes fr&iacute;os que se padecen (p. 115).</font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el siglo XIX como lo muestra Ibarra Ortiz y Amaro Pe&ntilde;aflores, se alent&oacute; por parte de los gobiernos en turno, la producci&oacute;n textil en Zacatecas. El coraz&oacute;n para la reproducci&oacute;n fue la Escuela de Artes y Oficios que cumpli&oacute; con tres objetivos: ser un centro de capacitaci&oacute;n para la transmisi&oacute;n de oficios artesanales, ser escuela de primeras letras y un lugar de beneficencia social para combatir el mundo de la vagancia y la ociosidad. La rese&ntilde;a documentada que hace Hugo Ibarra de esta instituci&oacute;n ubicada en las instalaciones del convento de Guadalupe, Zacatecas, no deja lugar a dudas sobre la importancia que tuvo para la poblaci&oacute;n y su gobierno. A los franciscanos no les fue nada bien con esta pol&iacute;tica de desamortizaci&oacute;n y secularizaci&oacute;n del siglo XIX, pero para la educaci&oacute;n laica represent&oacute; una nueva plataforma para la reproducci&oacute;n de saberes, la inversi&oacute;n del gobierno estatal para generar recursos a trav&eacute;s del trabajo &uacute;til, la posibilidad de convertir el problema del ocio y vagabundaje en productividad y competencia. El edificio de la Escuela de Artes y Oficios estaba compuesto por oficinas administrativas, cocina, comedor para 200 estudiantes, biblioteca, un cuarto para 25 internos, enfermer&iacute;a y los espacios redistribuidos para el funcionamiento de los talleres: hojalater&iacute;a, hilados y tejidos, sastrer&iacute;a, zapater&iacute;a, encuadernaci&oacute;n e imprenta. En el taller de hilados y tejidos se produc&iacute;an sarapes, jorongos, frazadas, jergas, alfombras, cobertores, mantillas para caballo, casimires y gabanes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este impulso se vio concretado en la diseminaci&oacute;n de los oficiales convertidos a maestros que establecieron sus propios talleres lo que les permiti&oacute; vivir honestamente de su trabajo &uacute;til, como lo pretend&iacute;an las premisas liberal e ilustrada de siglos anteriores. As&iacute;, se estableci&oacute; el artesano Jes&uacute;s Salm&oacute;n con la marqueter&iacute;a, quien trabaj&oacute; distintos tipos de maderas para lograr hacer un magn&iacute;fico Cristo doliente; la familia Ruelas que trabajaba "en plomos", es decir, en blanco y negro. En el taller de la familia Ruelas trabajaron otros artesanos como Modesto Ch&aacute;vez, Francisco Salas y Jos&eacute; Luis Ibarra.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hugo Ibarra explica a trav&eacute;s de la tradici&oacute;n oral, c&oacute;mo estas familias fueron hilando sus propias historias considerando la ense&ntilde;anza de t&eacute;cnicas y manejo de los materiales o la transmisi&oacute;n de c&oacute;mo hacer dibujos para pasarlos al telar. Jos&eacute; Luis Ibarra comenz&oacute; con canillas de carrizo, cadejos en el torno; sus inicios fueron saber a cardar lana, hilarla, te&ntilde;irla. Primero flecos para las capas ruanas, despu&eacute;s sarapes y sarapes con dibujos: caballos, chinas poblanas, la virgen de Guadalupe, a tal grado que lleg&oacute; a ser el maestro, director y dise&ntilde;ador general. Se trat&oacute; de muestras monumentales con retratos de cuerpo entero.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El trabajo que hizo Hugo Ibarra nos muestra el inicio de una tradici&oacute;n, pero por otra parte, el riesgo de perderla, de que las nuevas generaciones no se involucren en hilos, madejas, colores y telares porque ahora tienen otros horizontes. Las tradiciones tambi&eacute;n se acaban por la din&aacute;mica propia de la vida social y econ&oacute;mica de los pueblos. Se acaban pero se emprenden nuevas. Nuestro autor, alerta a esta circunstancia, recuerda que s&oacute;lo conociendo las tradiciones es posible su valoraci&oacute;n. El discurso de nuestras tradiciones no debe servir s&oacute;lo para patrocinar im&aacute;genes tur&iacute;sticas que generen divisas; sino conocimiento profundo, argumentado para la comprensi&oacute;n de nuestra historia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El telar entrelaza los hilos longitudinales que son la urdimbre y los hilos transversales que componen la trama. 9,900 hilos para un zarape, muchas horas de paciencia frente al telar; los ni&ntilde;os mirando c&oacute;mo se va haciendo cada d&iacute;a un sarape. Si tantos hilos se necesitan para un sarape con retrato, cu&aacute;ntas investigaciones como esta tejidas con seriedad y rigurosidad se necesitan para tener un retrato de la tradici&oacute;n artesanal en Zacatecas; cu&aacute;ntas horas m&aacute;s se necesitan para tener un retrato de los artesanos de Villa Garc&iacute;a, de los plateros, de los aguadores, de los aguamieleros, de los herreros, de los cantereros. La historia tambi&eacute;n debe hilarse muy fino, con paciencia, reconociendo la sabidur&iacute;a de los maestros, la obra de los oficiales y el entusiasmo de los aprendices.</font></p>      ]]></body>
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