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</front><body><![CDATA[  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Presentaci&oacute;n</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La esfera y los hombres. Identidades y saberes a trav&eacute;s del tiempo</b></font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">Reyes "sabios", los soberanos castellanos y portugueses lo fueron en primer lugar     <br>     para ellos mismos La obra cultural de Alfonso X el Sabio se     <br>     extiende a todos los campos del conocimiento: el derecho y la filosof&iacute;a del     <br>     derecho, la historia, las ciencias, los juegos e incluso, siguiendo el ejemplo    <br> de Salom&oacute;n a quien se atribu&iacute;a el <i>Cantar de los Cantares,</i> el largo poema de    <br> las <i>Cantigas de Santa Mar&iacute;a;</i> pero se le debe tambi&eacute;n una obra como    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> mecenas, manifestada tanto por la catedral de Le&oacute;n como por las m&uacute;ltiples     <br> traducciones salidas de sus talleres, que se sumaron a las que se hac&iacute;an    <br> en Toledo desde hac&iacute;a m&aacute;s de un siglo. &#91;...&#93; Al fin de facilitar la difusi&oacute;n     <br> de los conocimientos, a mediados del siglo XIII se adopt&oacute; el castellano     <br> como lengua oficial tanto para las actas emitidas por la chanciller&iacute;a real     <br> como para las obras cient&iacute;ficas, jur&iacute;dicas e hist&oacute;ricas &#91;...&#93; As&iacute;, la cultura     <br> fue pronto incorporada al arsenal de los instrumentos del poder por los     <br> reyes del occidente peninsular.</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">Adeline Rucquoi, <i>La historia medieval de la Pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica.</i></font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="right"><font face="verdana" size="2">Decir el otro es postularlo como diferente, es postular que existen dos     <br>     t&eacute;rminos, <i>a</i> y b, y que <i>a</i> no es b; o sea, hay griegos y no griegos. Pero la     <br>     diferencia s&oacute;lo adquiere inter&eacute;s a partir del momento en que <i>a</i> y <i>b</i> entran     <br>     en un mismo sistema; hasta entonces, exist&iacute;a una no coincidencia pura y     <br>     simple. De ah&iacute; en m&aacute;s existen divergencias y, por lo tanto, una diferencia     <br>     asignable o significativa entre los dos t&eacute;rminos. O sea que existen griegos    <br> y b&aacute;rbaros. Desde que se la expresa o transcribe, la diferencia se vuelve     <br> significativa, puesto que queda atrapada entre los sistemas de la lengua y    <br> la escritura. Comienza entonces este trabajo, incesante e indefinido como     <br> el de las olas al romper sobre una playa arenosa, que consiste en traer de    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> vuelta el otro al mismo.</font></p>      <p align="right"><font face="verdana" size="2">Fran&#231;ois Hartog, <i>El espejo de Her&oacute;doto.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La <i>renovatio</i> que tuvo lugar en buena parte de la Europa medieval de los siglos XI y XII condujo al afianzamiento de caracter&iacute;sticas que son parte sustancial de ese complejo fen&oacute;meno estructural, sociocultural, econ&oacute;mico y pol&iacute;tico de larga duraci&oacute;n que denominamos Occidente. Una coyuntura multicausal &#151;en cuya descripci&oacute;n no nos podemos detener aqu&iacute;&#151; con diversos asideros en lo social, lo demogr&aacute;fico, lo econ&oacute;mico, lo pol&iacute;tico y lo cultural, produjo un movimiento de contracorriente frente al proceso de feudalizaci&oacute;n que se hab&iacute;a generalizado desde el siglo vi. Esa transformaci&oacute;n hizo que las ciudades medievales volviesen a tener un papel preeminente tal y cual lo hab&iacute;an ostentado como articuladoras del espacio, de las relaciones entre los hombres y de los intercambios de ideas y bienes durante la &eacute;poca romana. Es el momento en el que se reflota de nueva cuenta la importancia de la <i>urbs</i> como <i>civitas</i> y se afianza, en consecuencia, la vocaci&oacute;n urbana por los saberes con la creaci&oacute;n de las primeras universidades, como la de Bolonia en 1089, o la de Salamanca en 1208, de cuya Biblioteca procede la imagen de nuestra portada, <i>El Cielo,</i> pintado probablemente por Fernando Gallego al final del siglo XV.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todo ello, adem&aacute;s, no fue ajeno a una profunda revoluci&oacute;n de las relaciones pol&iacute;ticas entre el papado y los se&ntilde;ores feudales con la reforma gregoriana. A partir de esta mutaci&oacute;n es que podemos entender una serie de procesos muy propios de la cultura occidental como el de la universalizaci&oacute;n u homogeneizaci&oacute;n de una matriz cultural com&uacute;n que permite, desde entonces, la construcci&oacute;n continua de saberes cimentados en los de las tradiciones antiguas: revoluci&oacute;n y tradici&oacute;n en Occidente van unidas invariablemente. El proceso no s&oacute;lo produjo fen&oacute;menos como la eclosi&oacute;n del derecho romano en la Europa del siglo XII o la reinterpretaci&oacute;n de la medicina y de la cosmograf&iacute;a antiguas de tradici&oacute;n grecorromana y su difusi&oacute;n vern&aacute;cula, sino tambi&eacute;n la importante alianza entre el saber y el poder en las nuevas relaciones pol&iacute;ticas y sociales de Occidente. Una consecuencia, entre otras, fue la afirmaci&oacute;n de un modo de construir una identidad occidental siempre a expensas de definir la otredad como diferencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica no entr&oacute; de lleno en el proceso de feudalizaci&oacute;n, particularmente su extrema ruralizaci&oacute;n, dadas las caracter&iacute;sticas de la conformaci&oacute;n pol&iacute;tica y cultural de sociedades en las que convergieron cristianos, moros y jud&iacute;os desde el siglo vi, manteniendo vivas las ciudades y la cultura urbana, de herencia romana, junto con la vocaci&oacute;n por el saber.<sup><a href="#notas">1</a></sup> Eran sociedades conscientes de su multiculturalidad y, particularmente los monarcas cristianos, aprovecharon los intensos contactos con sus vecinos y el acceso a buena parte de los textos grecolatinos traducidos al &aacute;rabe. Desde una &eacute;poca muy temprana esto deriv&oacute; en la aparici&oacute;n de escuelas de traductores como la de Toledo (siglo XI), y el que la pr&aacute;ctica de la traducci&oacute;n y de la copia de textos fuese una actividad constante en los reinos castellanos y ligada a los centros de poder pol&iacute;tico. En este contexto es que se comprende mejor el inicio de una tradici&oacute;n de difusi&oacute;n de textos antiguos as&iacute; como alto y bajo medievales mediante el trasunto a la lengua vern&aacute;cula y su utilizaci&oacute;n como medios de ense&ntilde;anza, por no hablar del importante papel que jug&oacute; esta caracter&iacute;stica de la cultura castellana en el proceso de evangelizaci&oacute;n de las Indias occidentales as&iacute; como del traslado de la compleja matriz cultural a las posesiones ultramarinas a partir del siglo XVI.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De partes de este fen&oacute;meno dan cuenta los textos de nuestra secci&oacute;n tem&aacute;tica.<sup><a href="#notas">2</a></sup> Para comenzar, Mar&iacute;a de las Nieves S&aacute;nchez Gonz&aacute;lez de Herrero demuestra la manera en la que los autores de textos de medicina y otros saberes en la Castilla del siglo XIII y VIV se enfrentaron a la inexistencia de un lenguaje t&eacute;cnico en castellano a la hora de traducir y explicar los textos originalmente escritos en lat&iacute;n o &aacute;rabe. La autora analiza las estrategias de autores y traductores para hacer m&aacute;s clara la recepci&oacute;n del contenido de los textos mediante recursos did&aacute;cticos como explicaciones e interpretaciones, as&iacute; como la b&uacute;squeda de paralelismos l&eacute;xicos pero sin llegar a crear una terminolog&iacute;a nueva en la lengua castellana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De la misma forma en la que se aplicaron diversos recursos did&aacute;cticos para la traducci&oacute;n de los textos sobre los hombres (el cuerpo y las enfermedades), se procedi&oacute; con los textos dedicados a la esfera del Cosmos, como sucedi&oacute; con el m&aacute;s importante manual de astronom&iacute;a utilizado durante siglos: <i>De Sphaera Mundi,</i> de Johannes de Sacrobosco. Escrito en lat&iacute;n a principios del siglo XIII, <i>De Sphaera...</i> fue objeto de varias traducciones y ediciones en la Pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica ya que se adopt&oacute; como texto b&aacute;sico para la ense&ntilde;anza de la astronom&iacute;a en el <i>Quadrivium</i> por lo menos hasta el siglo XVII. A partir del an&aacute;lisis estructural y conceptual de la obra y de varias traducciones, Marta G&oacute;mez Mart&iacute;nez subraya el car&aacute;cter did&aacute;ctico de la misma as&iacute; como el esfuerzo de los traductores para conservar dicho car&aacute;cter.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con el an&aacute;lisis de otro libro sobre cosmolog&iacute;a tambi&eacute;n del siglo XIII &#151;el <i>Tratado de la esfera</i> de Campanus de Novara&#151;, transcrito y publicado por fray Alonso de la Veracruz como complemento de su <i>Physica Speculatio</i> de 1557 para el uso en su c&aacute;tedra de Teolog&iacute;a, Salvador Alvarez demuestra la permanencia plurisecular de las t&eacute;cnicas de la divulgaci&oacute;n y la ense&ntilde;anza de los saberes cosmol&oacute;gicos cristianos al interior de la universidad en Nueva Espa&ntilde;a. Con la demostraci&oacute;n de la permanencia del sistema escol&aacute;stico aristot&eacute;lico como m&eacute;todo de ense&ntilde;anza en el siglo XVI novohispano, el autor clarifica algunas de las razones por las cuales el conocimiento astron&oacute;mico universitario en las Indias parec&iacute;a ir desfasado del pensamiento geogr&aacute;fico y cosmogr&aacute;fico propio del siglo XVI.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;s all&aacute; de los saberes al interior de las universidads y de fray Alonso y su c&aacute;tedra, el conocimiento geogr&aacute;fico pr&aacute;ctico sobre las Indias tuvo gran impulso unos a&ntilde;os despu&eacute;s gracias a Felipe II y sus cuestionarios para la elaboraci&oacute;n de las relaciones geogr&aacute;ficas. &Eacute;ste abri&oacute; toda una manera de elaborar descripciones de gentes y costumbres, lugares y climas, que permitieron la construcci&oacute;n de una completa corograf&iacute;a de las Indias a lo largo del tiempo. Y a&uacute;n en las &eacute;pocas estad&iacute;sticas decimon&oacute;nicas, algunas de las formas de realizar estas descripciones siguieron vigentes como lo demuestra el documento que presenta en este n&uacute;mero Sebasti&aacute;n P Herrera: las "Memorias de la misi&oacute;n de San Andr&eacute;s Cohamiata en el Nayarit". El texto, que Herrera presume compuesto entre 1853 y 1872, comienza por una detallada descripci&oacute;n del terreno, orograf&iacute;a, fauna y flora de la regi&oacute;n, para pasar despu&eacute;s a las costumbres de los huicholes en lo general y cerrar con descripciones pormenorizadas de diversas festividades.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La secci&oacute;n general est&aacute; compuesta por dos art&iacute;culos que si bien nos regresan al presente y a Michoac&aacute;n como regi&oacute;n, hacen referencia a pr&aacute;cticas occidentales tambi&eacute;n muy antiguas y que se reflejan en el segundo ep&iacute;grafe de esta presentaci&oacute;n. La construcci&oacute;n de las identidades, tanto en Michoac&aacute;n del siglo XXI como en la Grecia de Her&oacute;doto, suele echar mano de recursos artificiosos para, mediante la creaci&oacute;n de estereotipos sobre "el otro" y sin esconder la rivalidad y el conflicto sino m&aacute;s bien subrayarlo, reafirmar la propia identidad por contrastes. As&iacute;, el an&aacute;lisis que hace Philippe Schaffhauser Mizzi sobre la rivalidad entre dos localidades vecinas del norte michoacano (Jiquilpan y Sahuayo) pasa por la elaboraci&oacute;n de la representaci&oacute;n social del otro (lo no sahuayense, lo no jiquilpense) que nos remite poderosamente al an&aacute;lisis que hizo Hartog sobre la obra de H&eacute;rodoto<sup><a href="#notas">3</a></sup> y la construcci&oacute;n de lo no griego &#61; b&aacute;rbaro. Y si bien el art&iacute;culo de Elizabeth Araiza sobre las pastorelas pur&eacute;pechas (una de los pocos an&aacute;lisis antropol&oacute;gicos que se han hecho sobre el tema) no aborda &uacute;nicamente el problema de la identidad, no es posible sustraerse a esa referencia al observar la descripci&oacute;n de c&oacute;mo se construye la representaci&oacute;n de los "rancheros" (antag&oacute;nicos a los pur&eacute;pechas) que aparecen en las pastorelas. Por supuesto, el texto aborda otros derroteros que dejamos, sin m&aacute;s, que los lectores transiten.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, en este n&uacute;mero hemos ensayado integrar el conjunto de rese&ntilde;as de una manera distinta a los n&uacute;meros anteriores, a la manera de una revisi&oacute;n de libros con un tema particular. Para ello hemos propuesto agruparlas bajo el t&iacute;tulo: "A prop&oacute;sito de las diversas caras del poder".</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2"><b>V&iacute;ctor Gayol</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Adeline Rucquoi (1993), <i>La historia medieval de la Pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica,</i> Zamora, El Colegio de Michoac&aacute;n, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6526389&pid=S0185-3929201300030000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Agradecemos a la Dra. Rosa Lucas, CET&#45;Colmich, la coordinaci&oacute;n de este <i>dossier.</i></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Fran&#231;ois Hartog (1980), <i>El espejo de Her&oacute;doto. Ensayo sobre la representaci&oacute;n del otro,</i> M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6526392&pid=S0185-3929201300030000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
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