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</front><body><![CDATA[  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Presentaci&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre los siglos XVI y XIX, de 12 a 15 millones de seres humanos, en su mayor&iacute;a hombres j&oacute;venes (dos de cada tres v&iacute;ctimas de la trata), fueron arrancados de &Aacute;frica y cruzaron el Atl&aacute;ntico, hacia las costas de Am&eacute;rica. Seg&uacute;n los anglosajones dieron vida a la "tercera ra&iacute;z" de poblamiento americano. En realidad, sus reto&ntilde;os hoy en d&iacute;a forman grupos humanos muy diversos, a partir de otras tantas etnog&eacute;nesis: zambos de Esmeralda (Ecuador), zambos&#45;mosquito y gar&iacute;funa de Centro Am&eacute;rica, negros y mulatos de Hait&iacute;, seminole y afroamericanos de los Estados Unidos, y diversos afrodescendientes de Brasil, el Caribe, y otras partes, sobre todo coste&ntilde;as....</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tal vez sea ese car&aacute;cter actual tan variopinto que tengamos que poner en exergo, porque est&aacute; ligado a las circunstancias excepcionales que conformaron la poblaci&oacute;n americana, literalmente arrasada en las d&eacute;cadas que siguieron a la Conquista, progresivamente restaurada gracias al mestizaje. Pero tambi&eacute;n porque este distintivo est&aacute; relacionado con las caracter&iacute;sticas esenciales que acompa&ntilde;aron estos grupos procedentes de &Aacute;frica (algunas veces de Asia, v&iacute;a Manila) durante m&aacute;s de 4 siglos. Fueron explotados &#151;en primer lugar dentro del sistema esclavista&#151; inclusive sexualmente, de esto proceden "los mixtos" tan variados. Fueron estigmatizados, asimilados a m&aacute;quinas de producci&oacute;n, a animales &#151;v&eacute;ase mulo y mulato, ganado y esclavo cimarr&oacute;n, y otros coyotes, lobos, en la estratificaci&oacute;n de las castas&#151;. Por lo tanto, toda gota de sangre de origen africano result&oacute; imborrable, acrecentando as&iacute; su cantidad, su diversidad, aun artificiosamente; esto aument&oacute; la inquietud &#151;inclusive el miedo&#151; que provocaban los africanos y sus descendientes entre los dominantes. Dentro de su variedad, sin embargo fueron por eso mismo grupos aparte que su estigma atra&iacute;a hacia abajo, o por lo menos a una unidad primordial. Y el mulato Obama "es un negro norteamericano". Esto de "negro" sigue siendo una caracterizaci&oacute;n muy compleja hoy en d&iacute;a, desde que en los a&ntilde;os 60 "black &#91;era&#93; beautiful": al punto que en las barriadas francesas el t&eacute;rmino "black" es aceptado hoy como otra apelaci&oacute;n de la reivindicaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Recordemos: buena parte (por no decir la totalidad) del continente americano, durante los 4 siglos que siguen a 1492, tiene el triste privilegio de ser, con Grecia y Roma en tiempos de la Antig&uuml;edad, los &uacute;nicos espacios donde prosperaron sistemas econ&oacute;micos y sociales basados esencialmente en la esclavitud. En Cuba y Puerto Rico hay que esperar hasta 1886 para la abolici&oacute;n; todav&iacute;a tard&oacute; 2 a&ntilde;os m&aacute;s Brasil. Pero no se anticiparon mucho los pa&iacute;ses "adelantados": Francia de los Derechos del Hombre se decidi&oacute; definitivamente en 1848, los Estados Unidos democr&aacute;ticos necesitaron una guerra civil, y lo lograron en 1865.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto puede plantear algunas preguntas: que los ib&eacute;ricos hayan transferido sin muchos escr&uacute;pulos la esclavitud al Nuevo Mundo no resulta muy sorprendente: la practicaban con cierta amplitud en sus propios territorios (hasta 10 por ciento de la poblaci&oacute;n en algunas partes del sur de Espa&ntilde;a en el XVI) : era a la vez una herencia romana y &aacute;rabe. Los casos franc&eacute;s e ingl&eacute;s son m&aacute;s sorprendentes: desde la baja Edad Media se desconoce en estos pa&iacute;ses la esclavitud &#151;no la confundamos con la condici&oacute;n del siervo medieval&#151;. Hasta se proclama que todo esclavo que pisa su suelo es libre <i>ipso facto.</i> Los franceses se dicen descender de los francos. Hasta el vocabulario ib&eacute;rico fue adoptado por esos europeos del norte en sus colonias: los despectivos <i>mul&acirc;tre</i> y <i>mulatto, n&egrave;gre</i> y <i>nigger,</i> el <i>marron</i> (esclavo en fuga) de Martinica y Saint Domingue, proceden de la realidad ling&uuml;&iacute;stica espa&ntilde;ola, que tambi&eacute;n utiliz&oacute; muy temprano (principios del XVII) el lenitivo "moreno".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y sin embargo, unos y otros ("francos" y anglosajones) construyeron en Am&eacute;rica sistemas de esclavitud m&aacute;s eficientes &#151;por lo menos econ&oacute;micamente y en cuanto a la contenci&oacute;n&#151; que los ib&eacute;ricos. Es as&iacute; que Le <i>Code noir</i> de Louis XIV (1685) antecede un siglo y sirve de modelo al <i>C&oacute;digo negro carolino</i> (1789) para Hispanoam&eacute;rica. El sistema de segregaci&oacute;n social, la organizaci&oacute;n agroindustrial de las plantaciones del sur de Estados Unidos no tienen equivalente ni en Brasil ni en Cuba en el siglo XIX, con pr&aacute;cticas m&aacute;s tradicionalistas, menos integradas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Es la crispaci&oacute;n que se puede notar alrededor de ese tema delicado de la esclavitud, sobre todo en el universo anglosaj&oacute;n, el fruto de esas circunstancias contradictorias? Francia cat&oacute;lica supo acomodarse mejor. Cuando los caballeros ingleses cat&oacute;licos se instalaron en el siglo XVII en lo que ser&aacute; el sur de los Estados Unidos, &iquest;la introducci&oacute;n de la esclavitud era una manera para ellos de romper los lazos con la metr&oacute;poli dominada por los puritanos? No hab&iacute;a escr&uacute;pulos o reglas de conducta establecidos que mediaran. Y por lo tanto es l&oacute;gico que las primeras cr&iacute;ticas y acciones directas contra la "instituci&oacute;n particular" (Thomas Jeferson) procedan de Inglaterra y de los medios protestantes, por lo menos desde mediados del siglo XVIII.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este n&uacute;mero de <i>Relaciones</i> no es tanto la esclavitud en s&iacute;, sus reglas y circunstancias lo que nos preocupa: es un tema que hoy en d&iacute;a la historiograf&iacute;a empieza a integrar en su verdadera dimensi&oacute;n, es decir, como un hecho fundamental. Nuestra preocupaci&oacute;n aqu&iacute; se relaciona m&aacute;s con el devenir del individuo dentro del proceso transitorio que lo puede llevar, por las v&iacute;as m&aacute;s diversas (fuga, compra de libertad, manumisi&oacute;n, medida reglamentaria por parte del Estado.. &#45; )<sup><a href="#nota">1</a></sup> al estatuto ambiguo de liberto: a esto la historiograf&iacute;a a&uacute;n no le da su plena extensi&oacute;n. Efectivamente no es a&uacute;n totalmente un hombre libre: a menudo pesan sobre &eacute;l varias obligaciones, materiales y morales, a favor del antiguo propietario, del cual sigue siendo por lo menos un cliente. Es s&oacute;lo a partir de su descendencia que la libertad es total, dentro de los l&iacute;mites que implica ser un negro o un mulato libre. Seg&uacute;n Rosa Mar&iacute;a Spinoso Arcocha, en su art&iacute;culo sobre Arax&aacute; (Brasil), el caso de Josefa Pereira da Silva hacia 1830 es ejemplar: hija de blanco y de "mujer de color", casada con un blanco, tiene que luchar jur&iacute;dicamente con su suegra que la descalifica con el apelativo peyorativo de "mujer parda": con orgullo y como contraataque Josefa se afirma "ciudadana brasile&ntilde;a".</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es decir que dentro de la l&oacute;gica esclavista y racista, el proceso que lleva desde el encadenamiento en las costas africanas hasta la deambulaci&oacute;n libre, sin perjuicios, en las alamedas americanas, toma varias generaciones. Es lo suficiente para producir, a lo largo del tiempo, multitud de T&iacute;os Tom, pero tambi&eacute;n de Yanga y otros rebeldes (por ejemplo Macute, en la C&oacute;rdoba de Nueva Espa&ntilde;a, 1767). Todos, por lo dem&aacute;s, sumisos y refractarios aceptando parte del juego dentro del sistema, negociando con los amos o las autoridades; a veces confront&aacute;ndose entre s&iacute;, como negros y mulatos en Hait&iacute;. Finalmente, esta multiplicaci&oacute;n de libertos y libres no puso en peligro a la sociedad ni sus reglas. En Arax&aacute;, en el censo de 1832, el "fuego" (hogar) que abre la lista, y por lo tanto uno de los m&aacute;s notables, es el de un pardo, negociante, que vive con sus 10 esclavos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si el sistema se desmoron&oacute;, fue tanto por razones econ&oacute;micas (ligadas a la mecanizaci&oacute;n de la Revoluci&oacute;n Industrial), como simplemente sociales y culturales: la modernizaci&oacute;n y auge de la democracia y sus representaciones en el mundo occidental. En cuanto a las razones religiosas no las excluimos, sobre todo en el universo anglosaj&oacute;n, pero tampoco les damos demasiado peso. Es cierto, sin embargo, que desde el XVIII en el alto clero cat&oacute;lico ilustrado hay cierto malestar, pero con el cual es posible acomodar su conciencia. Esto llevar&aacute; a la postura m&aacute;s radical de Miguel Hidalgo en 1810.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo menos desde finales del siglo XVII (tal vez desde tiempos inmemoriales, pero eso dej&oacute; pocas huellas documentales, aparte de un S&eacute;neca en la Antig&uuml;edad), la esclavitud sufre de la ambig&uuml;edad cada vez m&aacute;s insoportable que acompa&ntilde;a al esclavo, a la vez humano (a la semejanza de Dios, dicen algunos te&oacute;logos) y reductible a una simple mercanc&iacute;a. El caso se da en Arax&aacute;, aun en 1832: "las piezas" est&aacute;n a la vez contabilizadas en el censo al lado de los libres, y aparecen en los testamentos y transacciones "junto con 8 cabezas de ganado".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando en 1827, el procurador de un exesclavo escribe: "La c&aacute;rcel, Se&ntilde;or, est&aacute; destinada para los criminales. Un esclavo no lo es por s&oacute;lo ser de esta condici&oacute;n", se puede decir que hasta el derecho se est&aacute; inclinando del buen lado (v&eacute;ase el art&iacute;culo de Ana Vergara). Otra ambig&uuml;edad entorpeci&oacute; en el XVIII&#45;XIX la toma de conciencia amplia del fen&oacute;meno: la posici&oacute;n deprimida socialmente durante siglos del negro impide un tratamiento igualitario, y a eso se une el paternalismo religioso. Lo demuestran con toda claridad, los centenares de grabados que se resumen con el que reproducimos en la portadilla de esta secci&oacute;n, con los dos esclavos, arrodillados, suplicantes, que hacen un llamado a la humanidad y la fraternidad, pero, desde abajo, encadenados y semidesnudos. Todav&iacute;a su salvajismo est&aacute; ligado a ellos. Aqu&iacute; pedimos disculpa: hemos producido un documento falsificado (uno m&aacute;s); de dos supuestos <i>pendants</i> siempre publicados separadamente en el siglo XIX, hemos hecho una imagen unida, constituyendo una familia, donde los contempor&aacute;neos solo ve&iacute;an seres individuales y subyugados. Es cierto que con el republicanismo secularizador algo cambia en esa actitud, pero el lado lacrim&oacute;geno &#151;sin juicio de valor&#151; y piadoso persiste: en una de las poes&iacute;as de J. G. Whittier, poeta cu&aacute;quero del XIX &#151;que encabeza precisamente el grabado de uno de esos hombres entre cadenas&#151;, se puede leer:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Pero?... &iquest;qu&eacute; es esto? &#151;&iexcl;Nuestros compatriotas en cadenas!&#151;    <br> 		&iexcl;El l&aacute;tigo azotando las carnes de la MUJER:    <br> 		&iexcl;Nuestra tierra a&uacute;n manch&aacute;ndose del rojo que    <br> 		Cae de su flagelo, quemante, reciente!    <br> 		&iquest;C&oacute;mo? &iexcl;Madres de sus hijos separadas!&#151;    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 		&iquest;C&oacute;mo? &iexcl;La propia imagen de Dios comprada y vendida!&#151;    <br> 		AMERICANOS al mercado arreados,    <br> 		&iexcl;Cual bestias rematadas por oro!</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iexcl;Hable! &#151;&iexcl;Llenar&aacute; la agon&iacute;a de sus s&uacute;plicas!    <br> 		&iquest;Nuestros corazones en vano?    <br> 		Nosotros &#151;que nuestros padres rechazaban cargar    <br> 		Con la simple amenaza de cadenas;&#151;</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nosotros que nos jactamos vehementes    <br> 		De la sagrada libertad y luz&#151;    <br> 		&iexcl;Hable! &iexcl;En vano reclamaran estos esclavos retorcidos!    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 		&iquest;Es Injusticia el Derecho que les ha sido arrancado?<sup><a href="#nota">2</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin duda el tono es menos lastimero al sur del r&iacute;o Grande. Sobre todo a partir de las guerras de Independencia, que son otras guerras civiles: es imposible desviar de ese contexto las aboliciones de la esclavitud que se decretan en M&eacute;xico, en Venezuela, en el R&iacute;o de la Plata, mucho m&aacute;s tarde en Cuba cuando la isla entra en el mismo proceso. En esto hay que reconocer la habilidad de Bol&iacute;var, que supo perfectamente actuar sobre las circunstancias: como lo escribe Ana Vergara, su <i>Decreto de guerra a muerte</i> (1813) era un arma terrible, que zanj&oacute; a la provincia&#45;rep&uacute;blica de Venezuela, m&aacute;s all&aacute; de sus bases &eacute;tnicas: los esclavos realistas como Ram&oacute;n Pi&ntilde;ero no tuvieron otra opci&oacute;n que alistarse en el ej&eacute;rcito del Rey. &iquest;Por qu&eacute; Pi&ntilde;ero escogi&oacute; desde un principio el bando espa&ntilde;ol? Porque as&iacute; lo hizo su amo, porque le prometieron la libertad a cambio de su sangre: las secuelas del paternalismo, aun en el sistema perverso de la esclavitud son capaces de ligarse con la "econom&iacute;a moral" y con el inter&eacute;s individual. El peonaje por deudas de la hacienda mexicana, otro r&eacute;gimen de explotaci&oacute;n despiadado, no dice otra cosa durante la Revoluci&oacute;n de 1910&#45;1917. Y las atrocidades, de un lado y otro, dan tonalidades de guerras de castas: en Venezuela, 1814 fue el a&ntilde;o de la <i>guerra de colores.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es cierto que cuando el inter&eacute;s personal y el paternalismo se enfrentan, suele ganar el "ego&iacute;smo sagrado" de cada uno, como en el caso del esclavo Ledesma, que ingresa al ej&eacute;rcito real porque &eacute;ste le promete la libertad (octubre 1813). Su guerra fue hacer la guerra a los hatos de las haciendas de la elite criolla donde se hab&iacute;a criado. Por supuesto, tal ego&iacute;smo no est&aacute; de un solo lado: es por eso que la Rep&uacute;blica, dominada por propietarios de esclavos, tard&oacute; hasta junio 1816, con Bol&iacute;var, para ofrecer la misma esperanza a los enlistados de origen servil. En realidad fue sin entusiasmo: la verdadera abolici&oacute;n s&oacute;lo vendr&aacute; en 1854. Adem&aacute;s, como lo vemos con el caso de Anastasio Romero, que luch&oacute; del lado de los Patriotas, y a duras penas y malherido consigui&oacute; su libertad en 1825, la generosidad republicana no alcanzaba la familia del soldado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El art&iacute;culo de Ana Vergara culmina con el recordatorio de los esclavos "que perecieron en los campos de batalla" de Venezuela. Es algo dram&aacute;tico, sin embargo todav&iacute;a fue m&aacute;s tr&aacute;gico en el R&iacute;o de la Plata: las guerras de Independencia, las luchas "nacionales" que siguieron fueron la ocasi&oacute;n de utilizar a los afrodescendientes como carne de ca&ntilde;&oacute;n, y as&iacute; limpiar (blanquear) a la poblaci&oacute;n de su mancha africana. A lo largo de la segunda mitad del siglo XIX s&oacute;lo persisti&oacute; un fuerte racismo hacia un grupo ya en v&iacute;a de eliminaci&oacute;n. Hay en lo que se considera como la obra maestra forjadora de la identidad argentina, una parte central que hoy nos resulta insoportable (es cierto que hay otras, pero ninguna con este acento despiadado): Mart&iacute;n Fierro provoca a una pareja de negros en un baile:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"A los blancos hizo Dios,    <br> 		A los mulatos San Pedro,    <br> 		A los negros hizo el diablo    <br> 		Para tiz&oacute;n del infierno".    <br> 		El duelo resulta inevitable entre el gaucho y el "moreno".    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 		"por fin en una topada    <br> 		En el cuchillo lo alc&eacute;,    <br> 		Y como un saco de guesos    <br> 		Contra el cerco lo largu&eacute;".<sup><a href="#nota">3</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre tanto se le compar&oacute; al negro con un <i>chanchito</i> (un puerco), un toro, "una tigra parida", un carnero. Pero nunca el gaucho puso en duda la hombr&iacute;a de su adversario, su recia resoluci&oacute;n. En el momento preciso que Jos&eacute; Hern&aacute;ndez escribe su poema (1872), cay&oacute; entre manos de la justicia de Guadalajara un tal Juan Filgman, por heridas. Disponemos de su fotograf&iacute;a, tomada en la azotea de la c&aacute;rcel.<sup><a href="#nota">4</a></sup> Nos impresion&oacute; desde que la vimos, deseamos incluirla en el dossier, y sirve de portada: m&aacute;s all&aacute; de ficci&oacute;n y realidad, de Norte y Sur, de las trampas que implica todo soporte, aqu&iacute; fotogr&aacute;fico, este documento nos parece el mejor acompa&ntilde;amiento al texto de <i>Mart&iacute;n Fierro.</i> Estamos, como por magia, fuera de la dimensi&oacute;n de la esclavitud y sus sombras (explotaci&oacute;n, racismo, liberaci&oacute;n, abolici&oacute;n...). En la entereza de Juan (John), en su vestimenta imitada de la elegancia de los <i>gentlemen</i> sure&ntilde;os (es como un Clark Gable negro), ya no hay cuestionamiento sobre la libertad, ya no hay cabida al prejuicio: en un tiempo extraordinariamente breve, una p&aacute;gina se volte&oacute;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero no se volte&oacute; por completo, como lo demuestra el art&iacute;culo de Imilcy Balboa: para muchos, y a&uacute;n en los albores del siglo XX, la abolici&oacute;n de la esclavitud fue como el paso de una explotaci&oacute;n a otra. En esto hay una l&oacute;gica llena de cinismo: las ganancias procedentes del sistema esclavista en Am&eacute;rica permitieron la acumulaci&oacute;n de capital en Europa necesaria al <i>take off</i> "de la Revoluci&oacute;n Industrial capitalista. No qued&oacute; m&aacute;s a los libertos que convertirse en clase subalterna, al mismo tiempo que el amo se transmutaba en patr&oacute;n. El caso cubano analizado es ilustrativo: aunque el decreto de abolici&oacute;n de 1880 pretenda recordar el "patr&oacute;n" de antiguo estilo, protector, es en realidad el patr&oacute;n empresario que prepara, y el "patrocinado" no es otro que el <i>lumpen</i> proletariado rural que surge del molde de la ley, el conuquero con disposici&oacute;n de un pedazo de tierra es una variante caribe&ntilde;a. Los libertos ten&iacute;an "la obligaci&oacute;n de acreditar la contrataci&oacute;n de su trabajo". Antes como despu&eacute;s, el afrodescendiente result&oacute; ser un bracero: sobre sus brazos y fuerza de trabajo descansaba toda su riqueza. Hasta &eacute;sta parec&iacute;a demasiado cara a los due&ntilde;os de ingenios, que a fines del siglo XIX deseaban m&aacute;s trabajadores blancos y asi&aacute;ticos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como en el siglo XVIII en Nueva Espa&ntilde;a, la burgues&iacute;a colonial en el poder en Cuba a fines del siglo XIX, no ve mayor enemigo que "el vago (y malentretenido)", en este caso procedente de las huestes de libertos y otros desafortunados (incluyendo blancos): una suerte de plebe rural temida. Las multas pod&iacute;an ser abrumadoras, lo que facilitaba un sistema de endeudamiento en favor del fiador. Con la creaci&oacute;n de una clase asalariada las tiendas florecieron, y tambi&eacute;n el endeudamiento del liberto. Tales circunstancias (crisis social, econ&oacute;mica, presi&oacute;n estatal) se pueden analizar en paralelismo con una de sus consecuencias, el bandidaje. A finales del siglo XVIII, &eacute;ste floreci&oacute; en Nueva Espa&ntilde;a, se continu&oacute; a trav&eacute;s de la revoluci&oacute;n de Independencia; a finales del XIX surgi&oacute; el fen&oacute;meno del <i>canga&ccedil;o</i> en el noreste mestizo brasile&ntilde;o, en relaci&oacute;n con los traumatismos del pa&iacute;s (nacimiento de la Rep&uacute;blica, fin de la esclavitud). Lo mismo tenemos por los a&ntilde;os 1880&#45;1890 en Cuba, donde tambi&eacute;n est&aacute; relacionado con las luchas por la Independencia. Notemos que en los tres casos no es una realidad afromestiza: el c&eacute;lebre bandolero cubano Manuel Garc&iacute;a era un blanco, y muri&oacute; como un h&eacute;roe de la guerra contra Espa&ntilde;a en 1895. En cierta forma era una reacci&oacute;n l&oacute;gica de los pudientes, al entremezclar su fobia antiafricana con su preocupaci&oacute;n por la defensa de la propiedad y el orden. Como en otras partes, fue m&aacute;s miedo y fantasmagor&iacute;a que realidad objetiva: los libertos quedaron atados a la tierra, la producci&oacute;n de az&uacute;car fue en aumento, el horario de trabajo sigui&oacute; siendo de 13 a 14 horas por jornal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Salimos del universo africano&#45;americano con el caso del Colegio de San Francisco de Sales? Por supuesto. Y sin embargo, c&oacute;mo no recordar que en el origen de todo esto hay un verdadero acto de pirater&iacute;a eclesial, cuando los disc&iacute;pulos de san Felipe Neri, reci&eacute;n llegados a San Miguel el Grande (1712), se instalaron en lo que era la capilla de la cofrad&iacute;a del Santo Ecce Homo fundada por mulatos vaqueros. Unas d&eacute;cadas despu&eacute;s, la cofrad&iacute;a fue literalmente expulsada de su templo por la Congregaci&oacute;n de San Felipe Neri.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La agresividad de los filipenses, en auge en el siglo XVIII con la atenci&oacute;n dedicada en la educaci&oacute;n, con la presencia de fuertes personalidades entre sus miembros, en particular el principal fil&oacute;sofo de la Ilustraci&oacute;n novohispana, el P Dr. D. Juan Benito D&iacute;az de Gamarra, precisamente uno de los protagonistas de los hechos relatados en el documento presentado por Rafael Casta&ntilde;eda. El otro actor, el Dr. D. Joseph P&eacute;rez Calama, prebendado ilustrado de la mitra de Valladolid, despu&eacute;s obispo renombrado de Quito. En realidad, el enfrentamiento nada tiene que ver con las Luces, nace de lo m&aacute;s profundo de los mecanismos de poder que se fueron estableciendo progresivamente sobre el Imperio (es un t&eacute;rmino que podemos emplear a finales del XVIII). Se trata de unos procedimientos casu&iacute;sticos, donde se discuten c&eacute;dulas y reales decretos otorgados para espacios tan separados como M&eacute;xico, Lima, Guadalajara y, por supuesto, Castilla. Pero al mismo tiempo de esos eventos circunstanciales, asociados, se trata de sacar respuestas para el caso de San Miguel, y con estas conclusiones acercarse a la Ley &#151;lo que el fiscal llama aqu&iacute; "ley cierta"&#151; "del Patronato Universal en los Reinos de las Indias". Cada palabra de esta cita, procedente ya de la era borb&oacute;nica (1709), con su peso y sus contenidos merece atenci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, un pilar esencial de la m&aacute;quina est&aacute; "clavado en los huesos &#91;del rey&#93;, como se&ntilde;al de la superioridad y del dominio", el Real Patronato, un instrumento que permite integrar a la Iglesia en el aparato de Estado. El recurso de fuerza, aqu&iacute; en el centro del debate, forma parte de este dispositivo, es un freno apreciable a los fueros eclesi&aacute;sticos sobre todo a fines del XVIII, cuando se trata de recortar las inmunidades de la Iglesia, que otro ilustrado (Abad y Queipo) defiende con obstinaci&oacute;n. Como vemos, en este contexto hispanoamericano, la Ilustraci&oacute;n permite todas las posturas, estando todos igualmente afectados por la ola de regalismo del despotismo ilustrado: y es as&iacute; que un asunto de jurisdicci&oacute;n entre una congregaci&oacute;n, su colegio y el obispo acaba entre manos del fiscal de la Real Hacienda de la audiencia, en 1782. Y hasta el santo Concilio de Trento se va por el ca&ntilde;o. Pero, lecci&oacute;n final, hay que reconciliar los dos pilares del Imperio, y esto se har&aacute; castigando a otro poder, menos s&oacute;lido: el alcalde ordinario de San Miguel pagar&aacute; por un desacato que hizo al obispo en esta ocasi&oacute;n. Otro triunfo de la justicia "con su justificaci&oacute;n inalterable".</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Justicia inalterable y coercitiva del despotismo ilustrado, injusticia implacable y paternalista del pudiente esclavista. &iquest;Y si fuera este cuarteto disonante &#151;justicia y paternalismo, injusticia y poder&#151; el que produjera mucho del ruido bronco que envuelve a la humanidad, de forma atemporal?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;De forma atemporal? De ser as&iacute;, significar&iacute;a una negaci&oacute;n de la historia, es decir, de un amplio trabajo multigeneracional y cultural sobre la memoria. Anteayer la esclavitud era una realidad asumida, ayer un mal necesario para atraer a los salvajes a la civilizaci&oacute;n, hoy un monstruoso esc&aacute;ndalo. Nos preguntamos si hay cr&iacute;menes de absoluta lesa humanidad, atemporales. La injustificable indiferencia con la cual la comunidad universal acept&oacute; antes de 1939 las persecuciones nazis puede hoy todav&iacute;a preocuparnos, en nuestras noches de insomnio: &iquest;no volteamos la cabeza, hoy tambi&eacute;n?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tal vez el art&iacute;culo de Jorge Trujillo, sobre la violencia sexual contra los desprotegidos pueda aportar algunas respuestas, ya que trata del crimen absoluto, por su perversi&oacute;n, por su cobard&iacute;a: as&iacute; es, sin duda, <i>circa</i> 1990&#45;2011. Pero el autor es historiador, por lo tanto pone este crimen dentro de su contexto, Jalisco entre 1885 y 1911: la &eacute;poca victoriana mexicana. Por lo tanto, Trujillo conoce el arte del matiz &#151;"los excesos del deseo"&#151;: habr&aacute; por lo tanto una escala que nos conduce al abuso, al esc&aacute;ndalo, a la inhumanidad. Nos confirma que dentro de la misma historiograf&iacute;a esta violencia hacia los menores (por edad, por estatus) es un tema relativamente reciente: tal vez por pudor, tal vez por desinter&eacute;s. Otros cr&iacute;menes han hecho el camino inverso: "el pecado nefando", el m&aacute;s terrible de todos los delitos en el Antiguo R&eacute;gimen junto con el parricidio, hoy en d&iacute;a, ni es pecado, ni es nefando.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo tanto, todo abuso se colorea no con su injusticia o inhumanidad atemporales, sino con los colores que le da su sociedad. En la Guadalajara de 1900, la violencia sexual s&oacute;lo es reprensible porque "atenta contra el orden de la familia &#91;...&#93;, las buenas costumbres", "la p&uacute;blica buena fama" de la v&iacute;ctima y su familia. En tiempos de anta&ntilde;o hab&iacute;a una distinci&oacute;n entre la "doncella" (casta) y la "soltera" (mujer con pasado).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta puesta en peligro del honor, aunada al tab&uacute; que entonces acompa&ntilde;a la sexualidad, hace que el historiador enfrente un reto documental. Lo demuestran las cifras que acompa&ntilde;an al art&iacute;culo: hacia 1900 hab&iacute;a en Guadalajara por lo menos 800 reos arrestados cada a&ntilde;o, unos 3,200 en 4 a&ntilde;os. En el intervalo s&oacute;lo fueron denunciados unos 200 cr&iacute;menes sexuales, apenas 6 por ciento de todas las conductas delictivas: poco cuestionamiento, poca o mala represi&oacute;n. Y de ello resulta una justicia "inalterable" dejada a su propia subjetividad, donde la pedofilia lo mismo se castiga con 10 a&ntilde;os de c&aacute;rcel o se absuelve.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este art&iacute;culo es la ocasi&oacute;n de manifestar el inter&eacute;s que presentan las fuentes judiciales, las &uacute;nicas, en muchos casos con capacidad de restituir el soplo de lo vivido. Nos dan acceso, por ejemplo, a un d&iacute;a ordinario de una pandilla de j&oacute;venes boleros tapat&iacute;os: se alejan del centro urbano, buscan aventura por el Agua Azul, entre la vegetaci&oacute;n, disfrutan juegos de naipes, aprovechan el espect&aacute;culo del descuartizamiento de un caballo, por fin, para romper la monoton&iacute;a, violan colectivamente a uno de ellos, el m&aacute;s joven. Finalmente, sus andanzas se terminan en la plaza de Armas: tal vez quer&iacute;an diluirse entre la gente, para olvidar su "travesura". A su manera desenvuelta reproducen la actitud de la "gente decente" que ni se preocup&oacute; por definir el crimen de pedofilia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Algunos historiadores (anglosajones) han visto en el fen&oacute;meno de la esclavitud un antecesor del capitalismo. No es aqu&iacute; un espacio donde se pueda discutir esta aserci&oacute;n, pero el ejemplo que nos da Jos&eacute; Manuel Mart&iacute;nez con el aserradero de Zatzio, propiedad de los Slade, padre e hijo, durante buena parte de la primera mitad del siglo XX, permite a cada lector reconstruir sendas m&aacute;s o menos paralelas. Se trata de un capitalismo predador, destructor del medio ambiente y de las riquezas naturales en la regi&oacute;n de Uruapan y la sierra tarasca, sin contraparte para las comunidades en donde asegur&oacute; sus garras: ni los gobiernos revolucionarios lograron acabar con &eacute;l, o muy tard&iacute;amente. La apertura de un amplio mercado le permiti&oacute; adem&aacute;s exportar sus productos en un radio muy extenso.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El dominio sobre la mano de obra era esencial, se aplicaron las recetas del capitalismo industrial, que en realidad eran viejas recetas: creaci&oacute;n de n&uacute;cleos de poblamiento con desarraigados en los mismos lugares de producci&oacute;n. Los aserraderos de Tzatzio vieron nacer a su alrededor un pueblo ordenado con 400 casas de madera, relativamente c&oacute;modas. Aparte "las casas grandes" de los dirigentes como en cualquier <i>fazenda</i> brasile&ntilde;a en tiempos de la esclavitud. "Era un pueblo muy bonito &#91;...&#93;. Fueron los a&ntilde;os m&aacute;s bonitos de mi vida", recuerdan sus habitadores. Por supuesto, esto encubre otra realidad: la presencia de una guardia blanca, los asesinatos de quienes se interpon&iacute;an a la pol&iacute;tica espoliadora de los due&ntilde;os&#45;amos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Qui&eacute;n se atrever&iacute;a hoy, delante de sus empleados, a referirse a un empresario como "el amo"? Cada uno de los trabajadores se sentir&iacute;a insultado, despose&iacute;do. Es que el vocabulario relacionado con las formas de poder es extremadamente sensible, pero tambi&eacute;n aleccionador. Nos lo demuestra la encuesta de Dami&aacute;n Gonz&aacute;lez y Vladimir Jim&eacute;nez sobre el t&eacute;rmino zapoteco de <i>golaba.</i> En el mundo novohispano hay que a&ntilde;adirlo a una larga ristra de otros: cacique, mand&oacute;n, <i>topil, tequitlato</i>____Como siempre la multiplicaci&oacute;n de t&eacute;rminos, a&uacute;n en ambientes distintos, plantea el problema de la adecuaci&oacute;n entre ellos, es decir, la definici&oacute;n de sus atribuciones y jurisdicciones, por lo dem&aacute;s nunca n&iacute;tidas en esos universos. Con el tiempo, adem&aacute;s, todo se puede adulterar: en Teotitl&aacute;n del Valle, a principios del siglo XX, el <i>golaba</i> se hab&iacute;a vuelto un cargo algo folkl&oacute;rico, un especie de ordenador de <i>charivari</i> (guirigay), donde las v&iacute;ctimas eran los hombres mayores que intentaban apoderarse de parte del stock de mujeres j&oacute;venes. Pero m&aacute;s generalmente, el <i>golaba</i> era en &eacute;poca reciente un simple intermedio entre la autoridad religiosa y la comunidad, lo que a veces lo enfrentaba con el poder pol&iacute;tico. Remontando en el tiempo, y apoy&aacute;ndose sobre el <i>Vocabulario</i> en lengua zapoteca de fray Juan de C&oacute;rdova (1578), se puede llegar a las etimolog&iacute;as del t&eacute;rmino, y por lo tanto a la realidad de su poder en tiempos prehisp&aacute;nicos y coloniales: una autoridad de segundo rango, dedicada a la recolecci&oacute;n del tributo. &iquest;C&oacute;mo entonces pasar al servicio religioso que desarroll&oacute; posteriormente? La religi&oacute;n zapoteca tuvo una amplia supervivencia, a&uacute;n durante los periodos colonial y republicano. Lo esencial de sus manifestaciones estaba ligado a grandes ceremonias colectivas con sacrificio de animales y consumo de tortillas y l&iacute;quidos. Esto lo deb&iacute;a financiar la comunidad, un oficial recolectaba el dinero (era a menudo un regidor, hasta cierto punto asimilable con el <i>golaba).</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&Eacute;stos son, dicen los autores, algunos avatares del poder, es decir, las transformaciones de esa deidad, si vamos a la fuente del t&eacute;rmino "avatar". Y es efectivamente lo que hemos podido percibir a lo largo de esta lectura del n&uacute;mero 127: poder del amo sobre una humanidad&#45;mercanc&iacute;a; poder del Estado liberado de su ganga religiosa; poder del hombre reducido a su sexualidad sobre sus d&eacute;biles v&iacute;ctimas; poder del capitalista depredador y calculador sobre su entorno; poder de la tradici&oacute;n sobre su comunidad, m&aacute;s o menos desvirtuado con el tiempo. Entre Proteo y Poder s&oacute;lo hay una letra diferente. No es simple coincidencia.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota" id="nota"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">NB: los autores no se hacen responsables de las opiniones del editor.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> V&eacute;ase la nota 4 del art&iacute;culo de Ana Vergara, a partir de las <i>Siete Partidas</i> de Alfonso X. Este dossier ha sido preparado, hace ya alg&uacute;n tiempo, por Nora Reyes. Le agradecemos su cooperaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Traducci&oacute;n del ingl&eacute;s de Paul C. Kersey.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Versos 1167&#45;1170 y 1231&#45;1234 de <i>El gaucho Mart&iacute;n Fierro.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Fue toda una haza&ntilde;a lograr una reproducci&oacute;n de buena calidad. Se lo debemos a la amistad del personal de la Biblioteca P&uacute;blica del Estado de Jalisco, a su director Juan Manuel Dur&aacute;n en primer lugar, a Laura Ben&iacute;tez, Claudia Larios y Alejandro Sol&iacute;s. Ultratumba, don Juan Filgman se los agradece.</font></p>      ]]></body>
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