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</front><body><![CDATA[  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4">Presentaci&oacute;n</font></p>         <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Historia y literatura</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Her&oacute;n P&eacute;rez Mart&iacute;nez</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El n&uacute;mero 123 de <i>Relaciones</i> muestra en su secci&oacute;n tem&aacute;tica un manojo de situaciones que ilustran las complejas relaciones entre historia y literatura dos territorios que aunque, conformados de distinta materia, estructuras y horizontes, tienen muchos puntos de contacto. La literatura en s&iacute; misma nunca es historia porque s&oacute;lo existe en el acto de la escritura y en el acto de la lectura. El texto literario es un conjunto estructurado de enunciados, fijados por s&iacute;mbolos, que tiene capacidad para evocar su propia realidad dentro de una unidad sistem&aacute;tica o de estilo. La palabra literaria tiene autonom&iacute;a significativa porque no requiere que est&eacute; determinada por referentes reales; el texto literario crea un universo de ficci&oacute;n que s&oacute;lo depende del contexto literario. El discurso literario tiene, en efecto, la propiedad de crear a trav&eacute;s del mismo mensaje su propia realidad.<sup><a href="#notas">1</a></sup> Hayden White afronta este tipo de problemas no s&oacute;lo en su <i>Metahistoria. La imaginaci&oacute;n hist&oacute;rica en la Europa del siglo</i> XIX,<sup><a href="#notas">2</a></sup> sino que, sobre todo en <i>El texto hist&oacute;rico como artefacto literario,</i> discute las categor&iacute;as de "objeto", "objetivo" o "realidad" en que los historiadores neopositivistas basan su cientificismo y recuerda que un historiador, al escribir, lo que hace es emplear las categor&iacute;as hermen&eacute;uticas vigentes en su medio para codificar los acontecimientos que son objeto de su escritura.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Paul <i>Ricoeur</i> dice en su ensayo <i>Relato, historia y ficci&oacute;n,</i> en donde expresa su punto de vista sobre la narratividad en la que confluyen tanto el discurso del historiador como del literato, que "las frases narrativas &#91;a&uacute;n antes de concernir al discurso narrativo&#93; son clases de frases que se pueden encontrar en los relatos de cualquier tipo, comprendidos en el lenguaje ordinario; ellas se refieren a dos acontecimientos separados en el tiempo, aunque describan solamente al primero de ellos".<sup><a href="#notas">3</a></sup> La conclusi&oacute;n a la que Ricoeur llega es que una frase narrativa es s&oacute;lo una de las descripciones posibles de una acci&oacute;n, que podemos describir, por ejemplo, en funci&oacute;n de sus motivos, de sus intenciones o de sus metas. Ello nos lleva a nuestra tesis que dice: todo texto, de cualquier &iacute;ndole que sea, est&aacute; afectado por la subjetividad del lenguaje: en los t&eacute;rminos usados est&aacute; ya la toma de posici&oacute;n del historiador o del que escribe. M&aacute;s adelante, en la misma obra, Ricoeur parte de que las funciones del relato estudiadas por Propp son otras tantas categor&iacute;as desde las cuales se puede interpretar y describir un acontecimiento: ausencia, prohibici&oacute;n, violaci&oacute;n, reconocimiento, liberaci&oacute;n, fraude, complicidad, para s&oacute;lo nombrar las siete primeras de las treinta y una funciones que de hecho son categor&iacute;as compuestas que abarcan campos nocionales completos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, se debe considerar a la literatura en su relaci&oacute;n inseparable con la vida de la sociedad, fincada sobre los factores hist&oacute;ricos y sociales que ejercen influencia sobre el escritor. La literatura, en efecto, es un fen&oacute;meno social que consiste en la percepci&oacute;n de la realidad a trav&eacute;s de im&aacute;genes creadoras. Las obras literarias reflejan con mayor o menor fidelidad la realidad en toda su complejidad. Un texto literario funciona, s&iacute;, en un plano s&iacute;ncr&oacute;nico que le confiere una riqueza formal, conceptual y creativa, ya adquirida ya formada en su propio contexto, por la lectura desde el <i>yo</i> y <i>aqu&iacute;.</i> Pero un texto literario tiene, adem&aacute;s, la cualidad de pervivir en el plano diacr&oacute;nico e hist&oacute;rico de la palabra hecha cultura, lo que le confiere significaci&oacute;n adicional acumulada por el tiempo y las sucesivas interpretaciones culturales. La recepci&oacute;n de un texto literario requiere su apreciaci&oacute;n como un signo semi&oacute;tico.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cruce de un texto literario con lo hist&oacute;rico es totalmente natural. El horizonte de expectativas de un texto literario, en efecto, est&aacute; constituido no s&oacute;lo por el conjunto de conocimientos que el lector tiene con respecto a lo literario sino por su experiencia en las m&uacute;ltiples cosas de que se constituye la vida cotidiana. La distancia que se da entre lo que espera un lector y lo que realmente aporta el nuevo signo est&eacute;tico que se le propone, constituye lo que Jauss denomina la "distancia est&eacute;tica".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El signo literario no funciona mec&aacute;nicamente. Su primer significado, entonces, equivalente al interpretante din&aacute;mico de Peirce, depende de las condiciones del int&eacute;rprete. Toda obra literaria, en efecto, encuentra constituida una especie de capacidad hermen&eacute;utica que determina su recepci&oacute;n. El t&eacute;rmino "recepci&oacute;n", entonces, en la teor&iacute;a y est&eacute;tica de la recepci&oacute;n no significa simplemente una acci&oacute;n de recibir neutra, sino una acci&oacute;n de recibir que est&aacute; condicionada al "horizonte de expectativas" que funciona como recipiente de acuerdo con la vieja m&aacute;xima de la filosof&iacute;a escol&aacute;stica: <i>quidquid recipitur ad modum recipientis recipitur.</i> Los textos literarios son productos del esp&iacute;ritu humano escritos en momentos numinosos y singulares, momentos m&aacute;gicos de esos que de vez en cuando rompen el gris y la rutina de la vida diaria: esos momentos s&oacute;lo se aferran mediante procesos de simbolizaci&oacute;n muy parecidos a los que dan origen al mito. De todo este complejo y fascinante mundo de veredas se hace eco este n&uacute;mero 123 de <i>Relaciones.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Conforman la Secci&oacute;n tem&aacute;tica tres art&iacute;culos, de Edgar Iv&aacute;n Espinosa Mart&iacute;nez "En busca de un m&eacute;todo: la escritura de la historia en M&eacute;xico, 1853&#45;1889"; de Omayda Naranjo Tamayo <i>"Pensativa</i> de Jes&uacute;s Goytort&uacute;a Santos: Imagen y representaci&oacute;n de la mujer mexicana en la novela de tema cristero"; y el de Ana Cristina Ram&iacute;rez Barreto "Er&eacute;ndiras de leyenda y carne&#45;y&#45;hueso".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primero de ellos explora la escritura de la historia en la que entran en juego valores, recursos y perspectivas literarios. Para el autor del art&iacute;culo, no s&oacute;lo finca en el romanticismo filos&oacute;fico y literario alem&aacute;n las bases de su reflexi&oacute;n, sino que exhibe que en el &aacute;mbito de la historiograf&iacute;a mexicana actual se plantearon propuestas dirigidas a resolver problem&aacute;ticas como <i>reinventar</i> a la naci&oacute;n para sustentar desde lo ideol&oacute;gico el proyecto de un estado fuerte, la necesidad de <i>convertir</i> en ciudadanos a los mexicanos de la &eacute;poca a partir del conocimiento sobre ciertos sucesos y personajes, as&iacute; como la decisi&oacute;n de <i>desmarcar</i> a la historia de la ficci&oacute;n literaria y especulaci&oacute;n filos&oacute;fica. Todo ese tipo de t&eacute;cnicas de escritura de la historia son discursivas y cruzan el discurso del historiador con el del literato.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La raz&oacute;n que da el autor es que, al difundirse la escuela o movimiento rom&aacute;ntico literario, en latitudes como las nuestras por lo general tom&oacute; una forma de expresi&oacute;n dirigida a la exaltaci&oacute;n de los valores y sentimientos. Una de las exaltaciones m&aacute;s socorridas fue la que correspond&iacute;a a la representaci&oacute;n de las experiencias nacionales. Puede decirse que en el mundo rom&aacute;ntico prevalecen caracter&iacute;sticas fundamentales como el optimismo (convicci&oacute;n por la racionalidad y perfecci&oacute;n), el providencialismo (conservar y perpetuar ciertas experiencias del pasado) y el tradicionalismo (apelar y exaltar a las instituciones fundamentales seg&uacute;n elementos tradicionales). En suma, lo que a los rom&aacute;nticos interesa es rescatar la <i>esencia,</i> el esp&iacute;ritu, lo singular que distingue a un pueblo, a una naci&oacute;n, a un Estado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primero de los art&iacute;culos, en efecto, titulado "En busca de un m&eacute;todo: la escritura de la historia en M&eacute;xico, 1853&#45;1889", de Edgar Iv&aacute;n Espinosa Mart&iacute;nez muestra la manera en la cual se desarroll&oacute; una nueva forma de apropiaci&oacute;n y de representaci&oacute;n del pasado en M&eacute;xico durante la segunda mitad del siglo XIX. Parar ello, se presenta el &aacute;mbito cultural y pol&iacute;tico que priv&oacute; en el pa&iacute;s durante dicho lapso; as&iacute;, se pone &eacute;nfasis en las tendencias y corrientes de pensamiento (en particular el romanticismo y el cientificismo) que influyeron en la escritura de la historia propuesta por m&aacute;s conspicuos hombres p&uacute;blicos de la &eacute;poca. Ello constituy&oacute; la plataforma para el estudio del pasado con un car&aacute;cter nacional (representar a los mexicanos), esp&iacute;ritu liberal (gu&iacute;a de un Estado rector) y aspiraci&oacute;n cient&iacute;fica (historia lineal y documentalista).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para el autor, pues, al desatarse el movimiento independentista en M&eacute;xico y aun en las d&eacute;cadas posteriores, el canon rom&aacute;ntico con su respectiva atm&oacute;sfera se complementar&aacute; con las aspiraciones pol&iacute;ticas, posicionamientos ideol&oacute;gicos y costumbres de la &eacute;poca. La poes&iacute;a de Jos&eacute; Mar&iacute;a Heredia (1803&#45;1839) es se&ntilde;alada como el inicio de dicha tendencia que desplaz&oacute; al neoclasicismo. As&iacute;, durante las d&eacute;cadas de 1830 a 1850 tal influencia arrib&oacute; y se dej&oacute; sentir con fuerza en el pa&iacute;s, en especial a trav&eacute;s de la herencia espa&ntilde;ola, a partir de la cual en el campo literario se desarrollaron postulados dirigidos a representar una <i>mexicanidad.</i> Aquella generaci&oacute;n de profesionistas liberales, dice, estuvieron ubicados en un romanticismo dirigido al rescate y exaltaci&oacute;n de lo nacional, por lo que acudieron a los postulados del romanticismo; y en lo que se refiere a una metodolog&iacute;a &#151;m&aacute;s bien impl&iacute;cita e inspirados en el cientificismo de la &eacute;poca&#151;, se encontraron aspectos como la "validez" del conocimiento hist&oacute;rico, lo que se sald&oacute; con la utilizaci&oacute;n de documentos escritos, en particular los oficiales. Con dicha fuente como elemento principal e indiscutible y una escritura del tipo rom&aacute;ntico, se present&oacute; una visi&oacute;n por lo general evolutiva y lineal de los procesos hist&oacute;ricos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo art&iacute;culo, <i>"Pensativa</i> de Jes&uacute;s Goytort&uacute;a Santos: Imagen y representaci&oacute;n de la mujer mexicana en la novela de tema cristero" <i>de</i> Omayda Naranjo Tamayo, explora, dentro del contexto de la Revoluci&oacute;n Mexicana, la representaci&oacute;n de la mujer de finales de los veinte del siglo pasado, a trav&eacute;s de la novela <i>Pensativa,</i> de Jes&uacute;s Goytort&uacute;a Santos. Es a su vez un estudio que destaca la presencia femenina en la historia a partir de uno de los g&eacute;neros de la literatura, en una &eacute;poca matizada bajo la concepci&oacute;n familiar y social de que su rol deb&iacute;a circunscribirse &uacute;nicamente al marco limitado del hogar. Ocupando una posici&oacute;n relevante y de gran importancia se aborda su imagen a partir de su actuaci&oacute;n durante la primera rebeli&oacute;n de los cristeros (1926&#45;1929).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El art&iacute;culo se atiene al supuesto habitual de que el texto literario es un conjunto estructurado de enunciados fijados por s&iacute;mbolos con capacidad para crear y evocar su propia realidad dentro de su unidad sistem&aacute;tica o de estilo. Parte de la convicci&oacute;n generalizada de que el lenguaje certeramente empleado puede redimir los temas m&aacute;s desagradables y hacernos admirar las conclusiones menos admisibles para nuestra personal concepci&oacute;n del mundo. El lenguaje cient&iacute;fico y el literario son dos extremos opuestos entre los que caben muchas posibilidades intermedias: el lenguaje cient&iacute;fico es monos&eacute;mico y busca primariamente la claridad intelectual o l&oacute;gica; el lenguaje literario es polis&eacute;mico (connotativo) y no se agota en su contenido intelectual: su n&uacute;cleo informativo est&aacute; muy impregnado de elementos emotivos y volitivos. Lo que caracteriza al lenguaje literario es la <i>intensificaci&oacute;n:</i> pone un especial &eacute;nfasis expresivo, afectivo o est&eacute;tico a&ntilde;adido a la informaci&oacute;n transmitida por la estructura ling&uuml;&iacute;stica sin alteraci&oacute;n. La literatura nace del m&aacute;s &iacute;ntimo deseo de comunicaci&oacute;n y b&uacute;squeda del t&uacute; interlocutor: la literatura nace de un impulso profundo de comuni&oacute;n que el literato expresa mediante el ritmo literario y los dem&aacute;s mecanismos de expresi&oacute;n de lo literario. Con Alfonso Reyes creemos que la literatura es la expresi&oacute;n m&aacute;s completa del hombre. Todas las dem&aacute;s expresiones se refieren al hombre en cuanto especialista de alguna actividad singular. S&oacute;lo la literatura expresa al hombre en cuanto hombre, sin distingo, ni calificaci&oacute;n alguna.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tercer art&iacute;culo de la secci&oacute;n tem&aacute;tica se llama "Er&eacute;ndiras de leyenda y carne y hueso", de Ana Cristina Ram&iacute;rez Barreto, presenta a Er&eacute;ndira, una legendaria mujer pur&eacute;pecha que resisti&oacute; a la conquista espa&ntilde;ola aprendiendo a montar a caballo. Pero tambi&eacute;n es un nombre personal, femenino, bastante com&uacute;n en Michoac&aacute;n. El art&iacute;culo no s&oacute;lo da a conocer la leyenda y sus elementos, sino que reflexiona sobre la importancia del nombre personal Er&eacute;ndira ligado al auge de los cardenismos y expone los resultados de la b&uacute;squeda de las Er&eacute;ndiras de carne y hueso. Este tercer art&iacute;culo nos pone en contacto con otro tipo de escritura que se vale de los mundos excepcionales y fabulosos del mito y la leyenda, dos de las formas m&aacute;s antiguas de la literatura cuando el mundo estaba a&uacute;n simbolizado por los dioses y los h&eacute;roes. En tanto que el mito es un producto espont&aacute;neo de la formalizaci&oacute;n cultural del mundo humano como el arte, la ciencia o los usos sociales, la leyenda mantiene un fuerte vinculo con las creencias de la gente y no s&oacute;lo tiene que ver con su religiosidad, sino con ese fabuloso sistema de comunicaci&oacute;n al que llamamos cultura.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En transcripci&oacute;n y presentaci&oacute;n de Zulema Trejo, el documento que ahora ofrecemos tiene como tema el "Partido liberal sonorense y candidatura de Ignacio Pesqueira a la gubernatura". Tras pintar el cuadro pol&iacute;tico, las relaciones y las m&aacute;scaras de los liberales y conservadores se presentan en la secci&oacute;n documental una serie de documentos que arrojan luz sobre la existencia de un club liberal en Sonora. Este club aparece hacia 1861, a&ntilde;o en que el general Pesqueira se reeligi&oacute; por primera vez en el ejecutivo sonorense. &iquest;Por qu&eacute; son importantes dichos documentos? Por el hecho de que prueban la existencia de una organizaci&oacute;n que brind&oacute; su apoyo al gobernador, se autodenomin&oacute; expl&iacute;citamente liberal y asumi&oacute; como suyas las ideas liberales que en esa &eacute;poca estaban en boga.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Inaugura la secci&oacute;n general el art&iacute;culo de Agust&iacute;n Jacinto Zavala "La idea de 'ciencia japonesa' y la filosof&iacute;a tard&iacute;a de Nishida Kitaro" que muestra que como consecuencia de lo que Nishida caracteriza cual despertar de la autoconsciencia del pueblo japon&eacute;s, es decir, cual la percepci&oacute;n de constituir una unidad hist&oacute;ricamente diferenciada, en la d&eacute;cada de los treinta se exacerba el nacionalismo cultural y se pone &eacute;nfasis en la peculiaridad de la cultura japonesa. La idea de que en ese tiempo existe ya una "ciencia japonesa" es parte de aquel &eacute;nfasis. En este art&iacute;culo se busca presentar la manera en que Nishida Kitaro (1870&#45;1945), fil&oacute;sofo japon&eacute;s, desde el punto de vista de su propio pensamiento filos&oacute;fico encara la idea de una ciencia japonesa. Para ello se hace una breve exposici&oacute;n de los principales aspectos de la cr&iacute;tica nishidiana a aquella idea que en el primer cuarto del siglo XX todav&iacute;a resulta exagerada. De esta manera tenemos tambi&eacute;n un primer acercamiento a la manera en que Nishida piensa la ciencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo art&iacute;culo de esta secci&oacute;n general, de Luis Granados Campos, "Ecolog&iacute;a cultural: metamorfosis un concepto holomet&aacute;bolo" se&ntilde;ala, desde una &oacute;ptica cr&iacute;tica de los postulados centrales de la ecolog&iacute;a cultural, que la forma en que extiende la mano hacia la naturaleza para entrar en contacto con ella est&aacute; determinada por las relaciones sociales, elemento constitutivo y cohesionador de lo social humano: la sociedad y su cultura. De este modo el autor bosqueja y propone una categor&iacute;a de an&aacute;lisis socioecol&oacute;gico que permite comprender la operaci&oacute;n del conjunto sociedad&#45;naturaleza.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cierra el n&uacute;mero el art&iacute;culo "Turismo, capitalismo y producci&oacute;n de lo ex&oacute;tico: Una perspectiva cr&iacute;tica para el estudio de la mercantilizaci&oacute;n del espacio y la cultura" de &Aacute;ngeles A. L&oacute;pez Santill&aacute;n y Gustavo Mar&iacute;n Guardado quienes proponen una revisi&oacute;n cr&iacute;tica de los temas y discusiones dominantes en los estudios del turismo, desde la confluencia de disciplinas como la antropolog&iacute;a, sociolog&iacute;a y la geograf&iacute;a, a fin de poner de relieve la evoluci&oacute;n de conceptos y enfoques te&oacute;ricos nodales en la discusi&oacute;n contempor&aacute;nea, y con ello sugerir l&iacute;neas de an&aacute;lisis que pueden enriquecer significativamente el debate en el contexto de las sociedades modernas y su relaci&oacute;n con din&aacute;micas globales. M&aacute;s que un estado del arte sobre el tema, se discuten las orientaciones que lo abordan como proceso de producci&oacute;n de mercanc&iacute;as para el consumo tur&iacute;stico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font size="2" face="verdana"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup>&nbsp;Roland Barthes, "El discurso de la historia", en <i>El susurro del lenguaje. M&aacute;s all&aacute; de la palabra y la escritura,</i> Barcelona Piados, 1994, 163.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6496023&pid=S0185-3929201000030000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup>&nbsp;M&eacute;xico, FCE, primera reimpresi&oacute;n de la primera edici&oacute;n en espa&ntilde;ol, 2001.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> <i>Op. cit.</i> 27s.</font></p>     ]]></body>
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