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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La Mente en el Mundo: en memoria de Paul Bach y Rita]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad Nacional Autónoma de México Facultad de Medicina Departamento de Historia y Filosofía de la Medicina]]></institution>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Revisi&oacute;n de la Bibliograf&iacute;a Internacional</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>La Mente en el Mundo: en memoria de Paul Bach y Rita</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Jos&eacute; Luis D&iacute;az<sup>1</sup></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b><i>Perspectivas contempor&aacute;neas sobre la cognici&oacute;n, percepci&oacute;n, categorizaci&oacute;n, conceptualizaci&oacute;n </i>(Juan C. Gonz&aacute;lez, editor). Siglo XXI y UAM, M&eacute;xico, 2006.</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><sup>1 </sup>Departamento de Historia y Filosof&iacute;a de la Medicina, Facultad de Medicina, UNAM.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Signo de los de los actuales tiempos acad&eacute;micos influidos por esa pl&eacute;tora transdisciplinaria que hemos venido a llamar ciencia cognitiva es el hecho de que una docena de investigadores y pensadores, convocados por Juan Gonz&aacute;lez de la Universidad de Morelos, nos entreguen ahora un volumen sobre tres aspectos fundamentales de la cognici&oacute;n. Casi la totalidad de los requeridos son fil&oacute;sofos profesionales formados o doctorados en Inglaterra o en los Estados Unidos dentro de la tendencia llamada filosof&iacute;a de la mente, que inicialmente se gest&oacute; como una manifestaci&oacute;n de la filosof&iacute;a anal&iacute;tica. No cabe duda de que esta escuela del pensamiento, en principio anglosaj&oacute;n y ahora globalizado, ha marcado una pauta de indagaci&oacute;n muy din&aacute;mica y f&eacute;rtil que ha dejado ya una huella particular en el an&aacute;lisis de la mente.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay varios asuntos y dilemas en que la interacci&oacute;n entre la inteligencia artificial, la ling&uuml;&iacute;stica, la filosof&iacute;a de la mente y la neurociencia han resultado en un enriquecimiento sustancial en la comprensi&oacute;n y en al abordaje de la mente. Podemos destacar como ejemplos la naturaleza de la representaci&oacute;n mental y su relevancia para la teor&iacute;a del significado. A este asunto se le conoce como el problema del contenido y se refiere a si el tema o mensaje de la representaci&oacute;n constituye por s&iacute; mismo el significado o bien si se requiere el concurso de factores sociales, de conducta o simb&oacute;licos. Otro problema relacionado con &eacute;ste se refiere al llamado lenguaje del pensamiento: la idea, inicialmente promulgada por el patriarca Noam Chomsky, de que existe una arquitectura cognitiva universal que subyace a los lenguajes naturales. En la actualidad se sigue debatiendo el meollo de este asunto en el sentido de si, por ejemplo, ese lenguaje universal est&aacute; alambrado en el cerebro debido a una selecci&oacute;n natural, si est&aacute; constituido por s&iacute;mbolos simples como lo postul&oacute; la llamada ciencia cognitiva cl&aacute;sica, si est&aacute; conformado por una red m&aacute;s holista como lo defiende la hip&oacute;tesis conexionista que surgi&oacute; en la d&eacute;cada de 1980 o bien si es inevitable que haya un asa externa conformada por los s&iacute;mbolos culturales como lo afirma la tendencia llamada situacionista, de los &uacute;ltimos años. No puedo dejar de mencionar el asunto que en lo personal me ha apasionado m&aacute;s de este tsunami cognitivo en referencia al problema mente&#150;cuerpo y que ha puesto ideas muy novedosas en el teatro de la discusi&oacute;n. Me refiero a la hip&oacute;tesis funcionalista, tan ligada a la experiencia computacional, de que la mente es al <i>software </i>como el cerebro es al <i>hardware</i>. Esta idea implicar&iacute;a que la mente es una especie de algoritmo que se puede instanciar o encarnar en diversos sistemas f&iacute;sicos. Aunque seamos funcionalistas intuitivos o quiz&aacute;s ingenuos, los neurobi&oacute;logos tendemos a pensar que no es as&iacute; pues consideramos la mente como una funci&oacute;n del cerebro y no separable de &eacute;l, excepto por ciertas partes que pueden ser emuladas, pero no reproducidas, artificialmente. Como se puede ver por esta muy limitada lista de problemas t&iacute;picos, el debate ha sido enriquecido y favorecido de maneras inusuales y estimulantes por la ciencia cognitiva.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una manifestaci&oacute;n reciente del vigor heur&iacute;stico de las ciencias cognitivas ha sido la de tratar los problemas de manera m&aacute;s puntual, pues no es posible abarcar ya la amplitud de la informaci&oacute;n y de la discusi&oacute;n que han generado. Una manera muy adecuada de realizar esto es la de tratar por separado funciones espec&iacute;ficas de la cognici&oacute;n, pues los problemas generales, como los ya mencionados, constituyen grandes temas que requieren una capacidad que casi nadie posee para abarcarlos hoy de manera eficiente. Los propios fil&oacute;sofos de la mente han llevado en muchas ocasiones la delantera en la discusi&oacute;n, tomando problemas m&aacute;s acotados para realizar sus pesquisas. Buen ejemplo de ello ha sido la extraordinaria discusi&oacute;n surgida en torno a la imaginaci&oacute;n visual como herramienta para resolver problemas cognitivos, en la cual han incidido desde especialistas en im&aacute;genes cerebrales, neurocient&iacute;ficos de la visi&oacute;n, programadores de algoritmos para evocar y analizar a las im&aacute;genes mentales o los fil&oacute;sofos de la percepci&oacute;n. Otro ejemplo m&aacute;s actual es el de la emoci&oacute;n, que hasta hace poco hab&iacute;a quedado fuera de la discusi&oacute;n en las ciencias cognitivas, en tanto ha ocurrido una explosi&oacute;n en el inter&eacute;s por los elementos afectivos en que el an&aacute;lisis de las expresiones faciales ha permitido actualizar las hip&oacute;tesis evolutivas que datan de Darwin. La posibilidad de programar algoritmos que reconozcan o que expresen conductas emocionales es ahora de gran inter&eacute;s te&oacute;rico y pr&aacute;ctico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro que nos ocupa hoy constituye un excelente ejemplo de la tendencia a la que me refiero y se refiere a tres funciones cognitivas particulares: la categorizaci&oacute;n, la percepci&oacute;n y la conceptualizaci&oacute;n. Es particularmente relevante y para m&iacute; muy satisfactorio que el representante de las ciencias experimentales del libro sea el que abre el volumen y a quien est&aacute; dedicado el esfuerzo. Me refiero a Paul Bach y Rita, neurocient&iacute;fico de excepci&oacute;n. Se trata de un neurocient&iacute;fico aplicado, interesado por d&eacute;cadas en la sustituci&oacute;n sensorial, asunto en que se destac&oacute; como pionero y luego como un inventor ingenioso a quien no se le escapaban las implicaciones filos&oacute;ficas de sus trabajos. Por desgracia, la colaboraci&oacute;n en el volumen que nos ocupa fue probablemente la &uacute;ltima de su brillante carrera pues, luego de una dif&iacute;cil enfermedad que afront&oacute; con dignidad y paciencia, Paul falleci&oacute; el pasado 20 de noviembre. Mi primer cruce de caminos con Paul fue cuando &eacute;l terminaba la carrera de medicina en la UNAM hacia 1960 y yo la empezaba. Años m&aacute;s tarde, tuve la fortuna de discutir con Paul varias implicaciones de sus conocidas investigaciones sobre sustituci&oacute;n sensorial y aprovecho esta oportunidad para referirme a la que considero m&aacute;s relevante para la filosof&iacute;a de la mente y la neurociencia, puesto que la trata en este primer cap&iacute;tulo de <i>Perspectivas </i>que ahora reseño.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como es bien sabido, la aportaci&oacute;n m&aacute;s espectacular de Paul ha sido sustituir la visi&oacute;n en personas ciegas por un arreglo de est&iacute;mulos t&aacute;ctiles mediante una c&aacute;mara que convierte los objetos del espacio visual en est&iacute;mulos distribuidos en una matriz de puntos que se aplican a diversas presiones inicialmente en la espalda y luego en la lengua del invidente, aprovechando la inmensa representaci&oacute;n de la lengua en el hom&uacute;nculo sensorial. Mediante este aditamento, los ciegos son capaces de integrar informaci&oacute;n bastante compleja del espacio frente a sus ojos y de realizar labores tan demandantes para el sistema visual como ensamblar partes en una l&iacute;nea de producci&oacute;n mercantil. El asunto apasionante es decidir si estos ciegos ven. Se puede decir que ven en el sentido de que integran informaci&oacute;n del campo visual en un tipo de representaci&oacute;n de naturaleza incierta a partir de est&iacute;mulos t&aacute;ctiles. Los ciegos en efecto &lt;&lt;ven&gt;&gt; el espacio ante sus ojos, pero dicen que no al preguntarles si han recobrado la vista. Es decir, no ven en el sentido de la cualidad, de la <i>qualia </i>sensorial, no tienen sensaciones de color, forma o textura, aunque tengan percepci&oacute;n extra&#150;ocular de objetos. Paul consideraba que su sistema estaba necesariamente incompleto al no lograrse algo parecido a las cualidades que nos da el sistema visual funcional e intacto y se preguntaba constantemente qu&eacute; necesitar&iacute;a para lograrlo. El trabajo de Paul provee de un ejemplo preciso, irrefutable y de enorme inter&eacute;s, de la separaci&oacute;n entre informaci&oacute;n y <i>qualia</i>. Paul estaba muy consciente de que la sustituci&oacute;n visual por la t&aacute;ctil de una persona amada no prove&iacute;a, por ejemplo, de los intensos aspectos emocionales y afectivos que ofrece la visi&oacute;n ocular. De esta manera mostr&oacute; que <i>qualia </i>no s&oacute;lo es una misteriosa cualidad, sino que implica un elemento afectivo de reconocimiento en que interviene algo est&eacute;tico y placentero.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En relaci&oacute;n aparente con este problema est&aacute; el acertijo que en el siguiente cap&iacute;tulo se plantea Barry Smith, fil&oacute;sofo entrenado en Inglaterra e interesado en la ontolog&iacute;a, en referencia al Mont Blanc, que para nosotros podr&iacute;a ser el Popocat&eacute;petl. Cuando decimos la palabra <i>Popocat&eacute;petl</i>, no nos referimos a una esencia, sino a una variedad inmensa de perspectivas que ser&aacute;n muy distintas para un campesino que siembra ma&iacute;z en su ladera, un ge&oacute;logo que mide su actividad volc&aacute;nica, un cazador de conejos &#150;si es que quedan&#150;, un bot&aacute;nico que recoge plantas en el borde del bosque de pinos o para m&iacute;, visto desde la carretera. Cada parcela de la realidad bien puede recibir el nombre de &lt;&lt;Popocat&eacute;petl&gt;&gt; y lo mismo podemos decir de Juan Gonz&aacute;lez para sus alumnos, sus amigos, su mujer o para quien vea su foto en el peri&oacute;dico como editor de un importante libro sobre la cognici&oacute;n. Resulta adem&aacute;s que las mol&eacute;culas que conforman el cuerpo de Juan cambian con regularidad y ninguna ha permanecido all&iacute; en los &uacute;ltimos años. Est&aacute; claro que hay niveles de descripci&oacute;n que son m&aacute;s relevantes que otros para la percepci&oacute;n y en los cuales, por ejemplo, no entran las mol&eacute;culas que conforman el cuerpo de Juan: para reconocerlo me basta un dominio de primer plano dado por su fisonom&iacute;a, su forma de andar, su voz o sus manierismos. Este es el problema de la granularidad en la percepci&oacute;n que aborda Barry Smith, al proponer que &eacute;sta funciona en forma de particiones que ejecuta autom&aacute;ticamente la percepci&oacute;n para lograr un reconocimiento y cifrar una etiqueta.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el siguiente cap&iacute;tulo, Andrew Woodfield, otro fil&oacute;sofo doctorado en Oxford, se pregunta c&oacute;mo se realiza la categorizaci&oacute;n y plantea que hay que distinguir la pr&aacute;ctica de las reglas para realizarla. Si a la gente se le pregunta por qu&eacute; pone un objeto dentro de una categor&iacute;a, como a un french poodle dentro de la categor&iacute;a &lt;&lt;perro&gt;&gt;, el aludido da razones conscientes y concretas. De hecho, hace expl&iacute;citas razones que en principio no ten&iacute;a conscientes, como son que el animal debe tener cuatro patas, ladrar, mover el rabo al estar emocionado o cosas as&iacute;. Hace de este modo el an&aacute;lisis del significado del concepto. Esta pr&aacute;ctica no revela las reglas de la clasificaci&oacute;n sino meramente los datos que utiliza. En este punto, Woodfield se pregunta si las reglas de la categorizaci&oacute;n dependen de algo existente en el mundo o de un sistema de reglas propio del aparato cognitivo. Como ocurre con muchos asuntos de la ciencia cognitiva moderna, el problema epistemol&oacute;gico tradicional del conocimiento como dependiente del mundo externo, que defend&iacute;an los empiristas, o del mundo interior de la estructura mental, que defend&iacute;an los racionalistas, toma aqu&iacute; una nueva perspectiva. La mente categ&oacute;rica procede por aquello que considera t&iacute;pico. El sujeto tiene una representaci&oacute;n de un perro y la coteja con su percepci&oacute;n de este french poodle. Woodfield se inclina a pensar que el sujeto recurre una y otra vez a informaci&oacute;n emp&iacute;rica para lograr su categorizaci&oacute;n, aunque acepta que detenta inconscientemente una serie de reglas para lograrla.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El siguiente trabajo es el primero de la secci&oacute;n dedicada a la percepci&oacute;n. Se debe a Jos&eacute; Luis Berm&uacute;dez, un joven fil&oacute;sofo y buen amigo, colombiano de origen, educado en Inglaterra y actualmente en la Universidad Washington de San Luis Misuri. Su asunto est&aacute; muy ligado al de la categorizaci&oacute;n de los trabajos anteriores y aborda el problema del enlace en la percepci&oacute;n, es decir, la idea muy analizada por los fisi&oacute;logos de la visi&oacute;n de que el sistema visual capta rasgos diferentes de un objeto, como color, textura, figura o movimiento, para posteriormente darles un enlace para que ocurra la percepci&oacute;n de un objeto. Berm&uacute;dez considera al enlace necesario pero no suficiente, pues es preciso que los agregados de rasgos obedezcan a principios de un nivel superior. En otras palabras: algo debe ponerse en juego en el sistema perceptual para considerar un objeto y no s&oacute;lo un agregado de rasgos como lo defender&iacute;a una teor&iacute;a empirista de la percepci&oacute;n y del conocimiento. La alternativa a esta teor&iacute;a del agregado ser&iacute;a una teor&iacute;a del sustrato, es decir, un portador com&uacute;n, un ente l&oacute;gico, que define por encima del simple agregado de rasgos que integremos la percepci&oacute;n de un objeto en particular. Y en este punto entra la novedad metodol&oacute;gica propia de la ciencia cognitiva y de la que Berm&uacute;dez es un exponente particularmente l&uacute;cido. Me refiero a que para sostener su argumento mi tocayo se apoya no s&oacute;lo en la pura l&oacute;gica, sino en evidencias emp&iacute;ricas, en este caso en las investigaciones actuales sobre la percepci&oacute;n en beb&eacute;s. Esta actitud es t&iacute;pica de la llamada psicolog&iacute;a del desarrollo que surgiera con Piaget, uno de los padres quiz&aacute;s poco reconocidos de la moderna ciencia cognitiva. Los experimentos en beb&eacute;s no dejan muchas dudas de que tienen conceptos de entidades abstractas con relaciones caracter&iacute;sticas y m&uacute;ltiples propiedades particulares que permiten entonces reconocerlos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el siguiente cap&iacute;tulo, Jerome Dokic, fil&oacute;sofo doctorado en Ginebra y actualmente en Par&iacute;s, aborda un asunto de actualidad en referencia a la llamada cognici&oacute;n situada, esa tercera ola de la ciencia cognitiva que pone &eacute;nfasis en las circunstancias corporales y ambientales en que opera la cognici&oacute;n, restando con ello la importancia de la representaci&oacute;n mental. Su idea es que no necesitamos un mapa detallado del mundo si lo tenemos a la vista y podemos explorarlo directamente. Sin embargo, aunque se declara situacionista de entrada, Dokic no pretende echar la representaci&oacute;n por la borda, que ser&iacute;a como arrojar al beb&eacute; con todo y el agua del baño. Su soluci&oacute;n es que las representaciones mentales est&aacute;n situadas, y recurre a los pensadores cl&aacute;sicos Frege y Wittgenstein para afirmar que el s&iacute;mbolo mental no s&oacute;lo es una representaci&oacute;n rec&oacute;ndita y abstracta, sino que se ubica en el mundo al incluir el contexto y al sujeto. El sujeto toma constantemente de la realidad los elementos para construir la representaci&oacute;n y &eacute;sta se encuentra en todo momento en una relaci&oacute;n din&aacute;mica con aqu&eacute;lla. Resulta interesante la propuesta de que la representaci&oacute;n est&aacute; situada no s&oacute;lo a nivel sem&aacute;ntico sino de manera m&aacute;s b&aacute;sica a nivel propiamente sint&aacute;ctico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el mismo sentido, y de manera que me es muy af&iacute;n, en el siguiente cap&iacute;tulo Kevin O'Regan, f&iacute;sico dedicado a la percepci&oacute;n en el CNRS, y Alva No&eacute;, fil&oacute;sofo doctorado en Harvard y actualmente en Berkeley, nos recuerdan que la percepci&oacute;n no es sencillamente la recepci&oacute;n de informaci&oacute;n sensorial por la cual se construye un precepto o una representaci&oacute;n, sino que en ella entran en juego los sistemas sensoriales y motores. Como lo dijera Tomlin desde 1960, y lo he defendido yo entre muchos otros investigadores, ver algo, m&aacute;s que una percepci&oacute;n, es una acci&oacute;n en que toman parte sin duda la retina y el sistema de percepci&oacute;n visual del cerebro, pero tambi&eacute;n los movimientos de los ojos, de la cabeza y muchas veces de todo el cuerpo. Con esta idea se subrayan los sistemas que en neurofisiolog&iacute;a se llaman sensitivo&#150;motores. O'Regan y No&eacute; se embarcan en demostrar que incluso cualidades tan b&aacute;sicas como el color, digamos el color rojo, no s&oacute;lo son fen&oacute;menos sensoriales sino modos de hacer cosas pues nuestro desplazamiento en el espacio modifica el tono o la cualidad de ese color cuando lo percibimos en alg&uacute;n objeto. La conciencia o la experiencia no es algo que nos ocurre, sino algo que hacemos (fundamentalmente el mismo mensaje de mi libro <i>La conciencia viviente</i>).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una forma muy convincente de exponer ideas afines es la que adopta Jes&uacute;s Vega Encabo, doctor en filosof&iacute;a por la venerable Salamanca y actualmente en la Aut&oacute;noma de Madrid, al disertar sobre el tacto, un sentido que no forma en general parte de las discusiones de las ciencias cognitivas. La estrategia de tomar una parcela puntual de la cognici&oacute;n y disecarla con ayuda de pensadores y neurofisi&oacute;logos cl&aacute;sicos y modernos es muy evidente, pues el autor empieza con un cl&aacute;sico bastante archivado, el <i>Trait&eacute; des sensations </i>de Condillac, en el cual se concluye que en las sensaciones (y el tacto en particular) el cuerpo es el veh&iacute;culo para lograr la comprensi&oacute;n de otros cuerpos. Las sensaciones del propio cuerpo permiten descubrir otros objetos y cuerpos. La conexi&oacute;n entre la sensaci&oacute;n y la acci&oacute;n es muy patente en este caso. M&aacute;s que representaciones del mundo, el tacto nos presenta con el mundo, aunque no de manera directa, sino por medio de nuestro cuerpo vivo y en acci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Llegamos as&iacute; a la &uacute;ltima parte del libro que se refiere a la categorizaci&oacute;n. Para empezar, Ruth Milikan, profesora de la Universidad de Connecticut, nos recuerda que la mayor&iacute;a de los conceptos simples, como perro, silla o planta, no son categor&iacute;as. Las especies biol&oacute;gicas, entre las que est&aacute;n los perros, no se definen tanto por sus rasgos o caracter&iacute;sticas comunes sino por pertenecer a linajes de origen com&uacute;n. Sin embargo, el que los perros, sillas o plantas tengan un linaje com&uacute;n no es el mecanismo por el que vienen a constituir conceptos, pues el concepto es un pensamiento que captura algo para identificar a un individuo. Ya vimos que cualquier cosa puede tener un n&uacute;mero inmenso de descripciones y que cualquiera de ellas es falible, adem&aacute;s de que los conceptos de una cosa, como sucede con el concepto perro, seguramente var&iacute;an entre las personas pues las cosas tienen muchas propiedades diferentes. &iquest;C&oacute;mo nos las arreglamos para reconocerlas? Milikan considera que el lenguaje nos provee de la clave, no el mero hecho de estar facultado para hablar, sino en particular para escuchar, entender y creer. Comprendemos y creemos lo que se nos dice porque la informaci&oacute;n que el lenguaje trasmite nos habilita para reconocer manifestaciones t&iacute;picas suficientes para utilizar el concepto.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ivonne Pallares Vega, matem&aacute;tica de la UNAM metida a fil&oacute;sofa, se introduce en honduras m&aacute;s abstractas, aquellas que corresponden a las categor&iacute;as matem&aacute;ticas. Para lograrlo, utiliza la teor&iacute;a unificadora de las matem&aacute;ticas, es decir, la teor&iacute;a de conjuntos, que tanta importancia ha tenido en el desarrollo de la l&oacute;gica. La teor&iacute;a de conjuntos es una categor&iacute;a matem&aacute;tica central en el sentido estricto de que se trata de una entidad configurada de una manera particular. Ivonne Pallares aclara que una categor&iacute;a est&aacute; constituida o determinada por dos tipos de entidades, sus &lt;&lt;objetos&gt;&gt; y sus &lt;&lt;morfismos&gt;&gt;, o sea sus funciones. La teor&iacute;a de conjuntos constituye una categor&iacute;a a partir de sus axiomas y del conjunto vac&iacute;o. Los morfismos son simplemente las funciones entre conjuntos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A diferencia de Pallares, Herminia Peraita, neuropsic&oacute;loga de la UNED en Madrid, se sit&uacute;a en la trinchera entre la teor&iacute;a y la pr&aacute;ctica cognitivas para analizar los trastornos en la categorizaci&oacute;n que presentan ciertos pacientes con lesiones neurol&oacute;gicas. Esta interfase resulta relevante y prometedora al analizar en pacientes la distinci&oacute;n de dos enormes categor&iacute;as: seres vivientes, o animados, y seres no vivientes, objetos o artefactos. El modelo que nos presenta Peraita no es <i>a priori</i>, sino que deriva de los datos recogidos en m&uacute;ltiples pacientes relatados en la bibliograf&iacute;a que presentan d&eacute;ficit cognitivos espec&iacute;ficos, lo cual permite elaborar un modelo emp&iacute;rico. Peraita presenta un modelo tipo caja negra de la representaci&oacute;n conceptual en que el modelo tradicional se ve ampliamente rebasado. Seg&uacute;n este modelo, la informaci&oacute;n que un sujeto tiene sobre lo viviente, en contraposici&oacute;n a lo inanimado, es rica y compleja y depende, entre otras cosas, de las caracter&iacute;sticas de la propia categor&iacute;a, de su adquisici&oacute;n y de la experiencia con ejemplares de cada una.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro termina con una aportaci&oacute;n de Silvio Pinto, doctorado en el King's College y actualmente en la UAM Iztapalapa, sobre uno de los asuntos m&aacute;s debatidos tradicionalmente en el n&uacute;cleo de la ciencia cognitiva cl&aacute;sica, es decir, sobre la sem&aacute;ntica y el significado. Aborda de hecho una de las c&eacute;lebres controversias en el campo, aquella protagonizada por Jerry Fodor y Saul Kripke. El asunto se remonta, como tantos otros de la filosof&iacute;a de la mente, a Wittgenstein y se refiere al tipo de relaci&oacute;n que debe existir entre la comprensi&oacute;n del significado de una palabra y su uso. Se supone que debe existir una normatividad que regule este puente y una justificaci&oacute;n para la creencia de un sujeto en el significado de la palabra que utiliza. Fodor es muy c&eacute;lebre por proponer que un concepto es un s&iacute;mbolo de ese lenguaje universal que se supone subyace al lenguaje y que expresa una relaci&oacute;n entre la mente humana y el mundo. Seg&uacute;n Fodor, la relaci&oacute;n va m&aacute;s all&aacute; de una simple relaci&oacute;n emp&iacute;rica para expresar una relaci&oacute;n metaf&iacute;sica: la propiedad del objeto estar&iacute;a ligada por fuerza al concepto. A diferencia de Fodor, Peacocke considera que los conceptos est&aacute;n constituidos por disposiciones inferenciales, el valor cognitivo que tiene aquella creencia que constituye parte integrante de un concepto. Mi concepto del agua, como el de todas las personas con estudios primarios, es que est&aacute; constituida por H<sub>2</sub>O. Yo creo esto firmemente y creo adem&aacute;s que esta constituci&oacute;n molecular es responsable del comportamiento del agua que cambia de estado a los 0 y 100 grados. Peacocke afirma que el principal ingrediente de esta relaci&oacute;n tipo es la verdad y no un compromiso de necesidad metaf&iacute;sico en designadores r&iacute;gidos. Silvio Pinto nos proporciona una recia argumentaci&oacute;n para defender este punto de vista.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este libro es una aportaci&oacute;n necesaria y bienvenida a la comunidad hispanohablante interesada en la mente y la cognici&oacute;n. Representa, de hecho y si no me equivoco, el primer volumen que en su conjunto podemos considerar como distintivo de esta tendencia moderna de la ciencia cognitiva que he identificado como la cognici&oacute;n situada. Se trata de una noci&oacute;n de la mente muy compatible con los datos emp&iacute;ricos y ha prohijado la actividad de una generaci&oacute;n de pensadores j&oacute;venes, como la mayor&iacute;a de los autores del libro, que han derrumbado un muro tan recio e ideol&oacute;gico como el de Berl&iacute;n: aquel que separaba el &aacute;mbito de la filosof&iacute;a del de las ciencias emp&iacute;ricas, en particular las del cerebro y el comportamiento. Si bien la mayor&iacute;a de los autores son fil&oacute;sofos, la lectura es en su mayor parte accesible para los miembros de las otras disciplinas interesadas en la mente. El &uacute;nico defecto que le veo al libro, y lo digo con la mejor voluntad pues es algo menor, es un t&iacute;tulo largo y t&eacute;cnico que puede espantar a muchos lectores potencialmente interesados. Me hubiera gustado verlo simplemente como &lt;&lt;La mente en el mundo&gt;&gt;, aunque est&aacute; ya el extraordinario t&iacute;tulo de uno de los autores m&aacute;s conocidos de esta tendencia: <i>Being there: putting brain, body and world together again</i>, de Andy Clark. (Cambridge, Massachussets: MIT Press, 1997), es decir: <i>Estar ah&iacute;: juntando de nuevo cerebro, cuerpo y mundo</i>. En cualquier caso, esto es <i>peccata minuta </i>al lado de un sustancial logro. Felicidades a Juan Gonz&aacute;lez por la excelente edici&oacute;n y su resultado.</font></p>      ]]></body>
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