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<journal-title><![CDATA[Estudios de historia moderna y contemporánea de México]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Ciudad de sospechosos: crimen en la ciudad de México, 1900-1931]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Pablo Picatto, Ciudad de sospechosos: crimen en la ciudad de M&eacute;xico, 1900&#45;1931</b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Odette Mar&iacute;a Rojas Sosa</b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>traducci&oacute;n de Luc&iacute;a Rayas, M&eacute;xico, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropolog&iacute;a Social/Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, 2010 (Publicaciones de la Casa Chata).</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico. Doctorado en Historia </i></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A principios del siglo XX la ciudad de M&eacute;xico parec&iacute;a estar en v&iacute;as de convertirse en una ciudad digna de competir con las grandes capitales europeas, gracias a la construcci&oacute;n de suntuosos edificios y al establecimiento de elegantes colonias. Pero, detr&aacute;s de la fachada cosmopolita, se recrudec&iacute;an algunos de los problemas que la aquejaban desde su pasado virreinal y a ellos se sumaban las complicaciones que tra&iacute;a consigo la modernidad. La expansi&oacute;n de la capital no s&oacute;lo se traduc&iacute;a en el aumento de su territorio, sino tambi&eacute;n en una poblaci&oacute;n cada vez m&aacute;s numerosa y, para las autoridades, dif&iacute;cil de controlar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ante la facilidad con la que los criminales pod&iacute;an perderse en el anonimato de la gran ciudad, aumentaron las sospechas hacia ciertos habitantes, ya fuera por su conducta, por su estilo de vida o incluso por el barrio en el que resid&iacute;an. En <i>Ciudad de sospechosos,</i> Pablo Piccato busca dar cuenta de las transformaciones de la ciudad de M&eacute;xico, de los criminales y de sus v&iacute;ctimas, de la administraci&oacute;n de justicia y del castigo, a lo largo de los primeros treinta a&ntilde;os del siglo XX.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando apareci&oacute; por primera vez este libro (en ingl&eacute;s) hace poco m&aacute;s de una d&eacute;cada, la historiograf&iacute;a sobre la criminalidad experimentaba un auge que se tradujo en la publicaci&oacute;n de diversas obras sobre el tema: <i>Criminales y ciudadanos</i> de Robert Buffington (2000 en ingl&eacute;s, 2001 en espa&ntilde;ol), <i>De Belem a Lecumberri</i> de Antonio Padilla Arroyo (2001) y <i>Crimen y </i><i>castigo</i> de Elisa Speckman Guerra (2002),<sup><a href="#notas">1</a></sup> entre otras. Los autores no se limitaron a tratar aspectos normativos y judiciales, sino que hicieron una historia sociocultural del crimen y de las ideas criminol&oacute;gicas de su &eacute;poca de estudio. Es por ello que, a la distancia, estos trabajos precursores se han convertido en referentes para los estudiosos de los fen&oacute;menos criminales en la historia de M&eacute;xico.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hace alg&uacute;n tiempo, al leer <i>City of suspects,</i> no pude evitar preguntarme c&oacute;mo se "leer&iacute;a" en espa&ntilde;ol. La reciente edici&oacute;n ha despejado mi duda. La traducci&oacute;n resulta, sin duda, acertada, gracias al notable trabajo de Luc&iacute;a Rayas. Debe a&ntilde;adirse que el texto en espa&ntilde;ol permite una mayor precisi&oacute;n en los t&eacute;rminos legales empleados, pues en ocasiones son inexistentes o de dif&iacute;cil equivalencia en lengua inglesa. Asimismo, al verter a otro idioma ciertas expresiones "coloquiales" o de uso meramente local, se perd&iacute;a un tanto su sentido. Este punto resulta de capital importancia cuando se analiza c&oacute;mo dos amigos que beben en una cantina (o incluso sin alcohol de por medio) pueden enfrascarse en una ri&ntilde;a de fatales consecuencias, s&oacute;lo por la alusi&oacute;n que uno de ellos hizo acerca de la madre del otro o por alguna otra ofensa a su honor.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Resulta interesante la delimitaci&oacute;n temporal que eligi&oacute; el autor, ya que su periodo de estudio, a primera vista, se antoja poco convencional. En vez de guiarse por los cortes que impone habitualmente la historiograf&iacute;a, Piccato analiza un periodo que va del a&ntilde;o 1900 a 1931 y abarca, por consiguiente, las postrimer&iacute;as del Porfiriato, la Revoluci&oacute;n y los a&ntilde;os posteriores a la lucha armada; de este modo, busca exponer no s&oacute;lo los cambios, sino tambi&eacute;n las continuidades que experimentaron el panorama urbano, la criminalidad y la justicia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La primera parte del libro aborda el contexto geogr&aacute;fico e ideol&oacute;gico del periodo de estudio. En los dos primeros cap&iacute;tulos, Piccato examina la visi&oacute;n de la elite acerca de la ciudad ideal y c&oacute;mo la rebasaba la compleja y agitada vida cotidiana de sus habitantes. Uno de los ejemplos m&aacute;s notorios de la disociaci&oacute;n entre las normas y las pr&aacute;cticas fue el cambio de nomenclatura que se intent&oacute; en 1888 pues, si bien las autoridades pretendieron imponer un sistema "racional", la medida termin&oacute; por fracasar ante el arraigo que ten&iacute;an los viejos nombres de las calles entre quienes caminaban y viv&iacute;an en ellas. Aunque la polic&iacute;a se pens&oacute; como un instrumento de orden y control su labor no siempre resultaba efectiva por varias razones, entre ellas, el reducido n&uacute;mero de agentes en relaci&oacute;n con los habitantes de la ciudad y el escaso respeto &#151;a veces, franca animadversi&oacute;n&#151; que le mostraba la poblaci&oacute;n.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el tercer cap&iacute;tulo se revisan los inicios de la construcci&oacute;n del discurso criminol&oacute;gico en M&eacute;xico. A partir de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo XIX, las ideas de la antropolog&iacute;a y de la sociolog&iacute;a criminal, postuladas por italianos y franceses, tuvieron una notable aceptaci&oacute;n entre abogados, m&eacute;dicos y no pocos periodistas, que comenzaron a apropiarse de ellas para explicar la criminalidad nacional. Sin embargo, Piccato argumenta que no puede hablarse de un mero calco, pues los crimin&oacute;logos mexicanos adaptaron las propuestas de Lombroso, Ferri, Tarde o Morel a una poblaci&oacute;n heterog&eacute;nea y, en ocasiones, tomaron incluso elementos de teor&iacute;as opuestas entre s&iacute; &#151;degeneraci&oacute;n, herencia, atavismo, influencia del medio, as&iacute; como factores biol&oacute;gicos y sociales&#151; para configurar un discurso propio. Con todo, la influencia real de la criminolog&iacute;a en la legislaci&oacute;n o en la administraci&oacute;n de justicia result&oacute; limitada.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda parte del libro da cuenta de "las pr&aacute;cticas", vistas a partir de los expedientes judiciales. Para analizar algunos aspectos de la criminalidad capitalina de la &eacute;poca, Piccato eligi&oacute; determinadas categor&iacute;as delictivas: cr&iacute;menes relacionados con el honor, violencia contra las mujeres y robo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el trasfondo de muchos de los delitos de sangre que se comet&iacute;an en la ciudad se encontraba el honor, concepto un tanto esquivo que involucra la autopercepci&oacute;n, las apreciaciones que hacen otros de la persona y podr&iacute;a agregarse tambi&eacute;n, una especie de observaci&oacute;n de tercer grado, es decir, la manera en que uno cree que lo eval&uacute;an los de m&aacute;s. Si bien las elites parec&iacute;an considerar la defensa del honor como una prerrogativa de su condici&oacute;n social, las clases bajas pose&iacute;an sus propios c&oacute;digos y aquellos que los transgredieran deb&iacute;a n enfrentar las consecuencia s. De tal modo, las formas, los gestos y las palabras ten&iacute;an una importancia vital en las relaciones interpersonales de los capitalinos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Buen n&uacute;mero de ri&ntilde;as comenzaban por ofensas hechas en un momento de furor, a las que muchas veces se sumaban agravios a&ntilde;ejos. Los resultados pod&iacute;an ser mortales. Sin embargo, parte de ese c&oacute;digo de honor tambi&eacute;n consist&iacute;a en "no rajarse" por lo que una considerable cantidad de v&iacute;ctimas mor&iacute;a sin declarar el nombre de su agresor. Los expedientes judiciales le permiten al autor analizar los argumentos que esgrim&iacute;an tanto los criminales, para justificar sus acciones, como las v&iacute;ctimas o sus familiares, para asegurar que se les hiciera justicia; no era infrecuente que en estos &uacute;ltimos recayera la labor de identificar y hallar a los agresores.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La violencia contra las mujeres pod&iacute;a manifestarse en varias clases de delitos. En primer lugar, Piccato revisa los "cr&iacute;menes pasionales", tanto aquellos que se hicieron c&eacute;lebres a trav&eacute;s de la prensa, como otros tantos que no llamaron la atenci&oacute;n p&uacute;blica por carecer de caracteres "sensacionales" o llamativos. En muchos casos, los "matadores" aseguraban haber asesinado a la mujer por su infidelidad &#151;aun por la mera sospecha&#151; o bien, porque no correspond&iacute;a a su amor. Las penas sol&iacute;an atenuarse pues se argumentaba que el acusado no hab&iacute;a tenido otra opci&oacute;n para reparar su honor o que &eacute;ste se hab&iacute;a visto vulnerado por la acci&oacute;n de la mujer. La violencia dentro del hogar &#151;contra la esposa, contra los hijos&#151; era, hasta cierto punto, cotidiana y no mal vista, por lo que rara vez se denunciaba o se castigaba.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por su parte, los delitos sexuales ten&iacute;an m&uacute;ltiples aristas, tanto en los c&oacute;digos legales como en la manera en que los percib&iacute;an los agresores y las v&iacute;ctimas; m&aacute;s que el violentar la voluntad de la mujer o el ataque f&iacute;sico, lo importante era remediar el agravio hecho al honor familiar. As&iacute; pues, con frecuencia se recurr&iacute;a a acuerdos extrajudiciales, se impon&iacute;an sanciones leves a los acusados o incluso se les exoneraba.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien el trabajo de Pablo Piccato es, en general, muy s&oacute;lido, en algunas partes del libro &#151;los primeros cap&iacute;tulos, sobre todo&#151;parece dar mayor &eacute;nfasis a los a&ntilde;os porfirianos, en tanto que los cap&iacute;tulos (sexto y s&eacute;ptimo) que dedica al robo y a los "rateros" constituyen, a mi juicio, la parte mejor lograda de la obra. Es en ellos donde se aprecia con m&aacute;s claridad c&oacute;mo confluye todo lo que el autor ha expuesto desde el inicio. En primer lugar, Piccato aborda los delitos relacionados con dinero: falsificaci&oacute;n, latrocinio y, sobre todo, robo; para explicar los vaivenes que reflejan las estad&iacute;sticas de estos delitos, analiza brevemente las din&aacute;micas econ&oacute;micas (&eacute;pocas de crisis y de bonanza) entre 1900 y 1930. No obstante, tambi&eacute;n advierte que no puede establecerse una correlaci&oacute;n directa entre ambas variables sin tomar en consideraci&oacute;n otros m&uacute;ltiples factores, por ejemplo, el papel que desempe&ntilde;aba el hurto &#151;como medio de intercambio de bienes y dinero en efectivo&#151; en la econom&iacute;a de las clases bajas.<sup><a href="#notas">2</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los a&ntilde;os finales del Porfiriato, el robo empez&oacute; a considerarse un mal casi end&eacute;mico en la capital y la preocupaci&oacute;n por los "rateros" se convirti&oacute; en un tema central para las autoridades, la prensa y buena parte de la poblaci&oacute;n. A partir de entonces los ladrones que "pululaban" por la ciudad tuvieron contornos m&aacute;s definidos en el imaginario popular; ya no se les consideraba sujetos que actuaban a t&iacute;tulo individual, sino que pertenec&iacute;an a una especie de "estamento", adem&aacute;s de que detentaban un mote distintivo: "rateros".</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con Piccato, la figura del "ratero" era m&aacute;s bien una construcci&oacute;n, una "invenci&oacute;n". Se trataba de un estereotipo al que se adjudicar&oacute;n ciertas caracter&iacute;sticas, como vivir en zonas espec&iacute;ficas (los barrios bajos) y aliarse con otros de su clase para operar. La prensa incluso report&oacute; la existencia de academias donde rateros experimentados impart&iacute;an instrucci&oacute;n a los novatos en el robo. En la d&eacute;cada de 1920, el "ratero" se hab&iacute;a convertido en un personaje habitual de la ciudad. Las autoridades hicieron p&uacute;blica su intenci&oacute;n de "limpiar" a la ciudad de esa indeseada plaga, de tal modo que la polic&iacute;a pod&iacute;a llegar a detener a sujetos "potencialmente" culpables de un delito, ya fuera de manera individual o colectiva, a trav&eacute;s de <i>razzias</i> peri&oacute;dicas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El an&aacute;lisis del autor subraya un aspecto que la historiograf&iacute;a sobre el tema ha hecho particularmente visible en los &uacute;ltimos a&ntilde;os: el crimen &#151;la transgresi&oacute;n, en un sentido m&aacute;s general&#151; no es una categor&iacute;a inmutable ni "natural"; de ah&iacute; que los sujetos y los comportamientos calificados como delictuosos se encuentren en una constante redefinici&oacute;n, dependiendo del tiempo y de la geograf&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s de los robos menudos, en esa &eacute;poca comenzaron a surgir bandas criminales, cuyos atracos llamaban la atenci&oacute;n por su espectacularidad: grandes botines y uso de adelantos tecnol&oacute;gicos &#151;pistolas, autom&oacute;viles&#151; como parte de su <i>modus operandi;</i> otro factor no menos importante fue el encubrimiento, e incluso la complicidad, de alguna autoridad, como ocurri&oacute; con la celeb&eacute;rrima "banda del autom&oacute;vil gris". En &eacute;ste, al igual que en otros casos, la simulaci&oacute;n lleg&oacute; a los extremos: los ladrones se disfrazaban de polic&iacute;as y los polic&iacute;as aprovechaban su posici&oacute;n para delinquir. Al conocer tales pormenores, la poblaci&oacute;n vio confirmadas sus sospechas sobre los v&iacute;nculos que un&iacute;an a los encargados del orden y a los criminales, lo cual no hizo sino reforzar el poco aprecio que sent&iacute;a hacia los primeros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, Piccato analiza el &uacute;ltimo eslab&oacute;n del proceso judicial: el castigo, visto a trav&eacute;s de la experiencia penal. La historia del sistema penitenciario desde sus inicios en el siglo XIX estuvo llena de altibajos. La funci&oacute;n rehabilitadora de las prisiones qued&oacute; rebasada ante la corrupci&oacute;n, el consumo de alcohol y drogas y la sobrepoblaci&oacute;n. La construcci&oacute;n de Lecumberri hab&iacute;a generado altas expectativas, pero, al cabo de un tiempo, tambi&eacute;n esta prisi&oacute;n "modelo" mostr&oacute; su insuficiencia y se vio afectada por los mismos problemas que hab&iacute;an enfrentado sus antecesoras.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los reg&iacute;menes posrevolucionarios redactaron nuevos c&oacute;digos penales (1929, 1931) en los que se exaltaba la posibilidad de regenerar a los delincuentes en las prisiones por medio del trabajo y de la educaci&oacute;n; aunque esto se tradujo en algunas mejoras en la vida carcelaria, no se obtuvieron los resultados deseados. Piccato, sin embargo, va m&aacute;s all&aacute; del discurso de 1 os crimin&oacute;logos o de las autoridades y se adentra en la visi&oacute;n de los reos. Sus testimonios dan cuenta de las hostiles condiciones de vida dentro de las c&aacute;rceles, pero tambi&eacute;n permiten advertir que no eran sujetos que aceptaban de manera pasiva sus circunstancias. Algunos de ellos se unieron con prop&oacute;sitos tan diversos como crear una banda de m&uacute;sica o reclamar amnist&iacute;as; para quejarse de los maltratos a los que se les somet&iacute;a o para solicitar la remoci&oacute;n de alg&uacute;n guardia.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un gran acierto de Pablo Piccato consiste precisamente en dejar o&iacute;r la voz de todos los involucrados en la administraci&oacute;n de justicia: las autoridades, los criminales y las v&iacute;ctimas, que recupera gracias a soportes como la prensa y los expedientes judiciales. La investigaci&oacute;n es excelente por ser exhaustiva y por la gran cantidad de fuentes utilizadas, pero, sobre todo, porque Piccato supo manejarlas con enorme habilidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La vigencia de <i>Ciudad de sospechosos</i> es indudable, a pesar de que fue escrito hace m&aacute;s de diez a&ntilde;os. El texto suscita en los lectores una reflexi&oacute;n en la que resulta natural confrontar el pasado con el presente y constatar las permanencias y las transformaciones que ha experimentado una ciudad donde la administraci&oacute;n de justicia se percibe como lenta, ineficaz y corruptible (lo cual provoca que en muchas ocasiones no se denuncien los delitos).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n en la actualidad los c&oacute;digos no escritos &#151;muchas veces al margen de la ley&#151; regulan en buena medida la convivencia social y, a pesar de todo lo que pueda argumentarse en contra, resultan funcionales en el d&iacute;a a d&iacute;a. Las condiciones de vida en las c&aacute;rceles son deplorables y pocos creen a&uacute;n en las bondades del sistema penitenciario; las soluciones propuestas van desde la restauraci&oacute;n de la pena de muerte hasta la imposici&oacute;n de medidas alternativas a la prisi&oacute;n. La desconfianza cr&oacute;nica hacia las autoridades prevalece, acaso porque muchas v&iacute;ctimas de delitos, para asegurar que se les haga justicia, deben tomar el proceso en sus manos o porque existen sujetos acusados por mera presunci&oacute;n que tienen que demostrar su inocencia si desean librarse de la c&aacute;rcel. Y es que en esta ciudad, puede que muchos est&eacute;n libres de culpa, pero casi nadie est&aacute; libre de sospecha.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Notas</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1 </sup>Las tres obras tuvieron su origen en las tesis doctorales de los autores.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Piccato tambi&eacute;n hace notar que los par&aacute;metros utilizados para la elaboraci&oacute;n de estad&iacute;sticas no eran estables, por lo que las cifras deben analizarse con cuidado e incluso con cierta reserva, sobre todo, al momento de realizar comparaciones entre diferentes lapsos temporales.</font></p>      ]]></body>
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