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<journal-title><![CDATA[Estudios de historia moderna y contemporánea de México]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Historia del desasosiego: La Revolución en la ciudad de México, 1911-1922]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Instituto de Investigaciones Doctor José María Luis Mora  ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Ariel Rodr&iacute;guez Kuri, <i>Historia del desasosiego. La Revoluci&oacute;n en la ciudad de M&eacute;xico, 1911&#45;1922</i></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Gerardo Mart&iacute;nez Delgado* </b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, El Colegio de M&eacute;xico, 201, 228 p.</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Instituto de Investigaciones Doctor Jos&eacute; Mar&iacute;a Luis Mora Doctorado en Historia Moderna y Contempor&aacute;nea</i></font>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Inscrito dentro de una consistente tarea de estudiar la historia de la ciudad de M&eacute;xico que el autor emprendi&oacute; hace casi veinte a&ntilde;os y que ha dado importantes frutos, su libro <i>Historia del desasosiego. La Revoluci&oacute;n en la ciudad de M&eacute;xico, 1911&#45;1922</i> mantiene una l&iacute;nea en la que la historia urbana es entendida fundamentalmente desde la perspectiva pol&iacute;tico&#45;administrativa, de los actores y la ocupaci&oacute;n de los espacios, e introduce, adicionalmente, la preocupaci&oacute;n por la Revoluci&oacute;n en un sentido contrarrevisionista (para hacer notorio su impacto, para mostrar que, como otras, fue un "verdadero acto fundacional de la sociedad pol&iacute;tica"), pensada m&aacute;s all&aacute; de sus l&iacute;mites nacionales, comparada con sus referentes internacionales y m&aacute;s cercana a los <i>revolucionados</i> que a los <i>revolucionarios.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque en el estilo narrativo de Rodr&iacute;guez Kuri dif&iacute;cilmente se encontrar&aacute; un hilo cronol&oacute;gico estricto, combin&aacute;ndose m&aacute;s bien lo "indicativo" y lo "sintom&aacute;tico", momentos, an&aacute;lisis, descripci&oacute;n y reflexiones te&oacute;ricas, no es dif&iacute;cil sin embargo para el lector encontrar el sentido a lo largo de las p&aacute;ginas. El centro de la argumentaci&oacute;n parece descansar en los cap&iacute;tulos tercero y cuarto, que se ocupan del "largo mil novecientos quince", el tiempo de la crisis, el desabasto, la desorganizaci&oacute;n y la degradaci&oacute;n de la capital del pa&iacute;s en medio de las disputas entre ej&eacute;rcitos en la guerra civil. Antes, los cap&iacute;tulos uno y dos muestran el pre&aacute;mbulo del caos: los d&iacute;as del maderismo, el papel de la prensa como contrarrevolucionaria, como desestabilizadora del gobierno, pero tambi&eacute;n como un testigo privilegiado que se interesaba por "todos los detalles de la vida cotidiana de la gran ciudad"; y los d&iacute;as del huertismo, de la militarizaci&oacute;n, de la Decena Tr&aacute;gica. Despu&eacute;s, en el quinto y &uacute;ltimo cap&iacute;tulo, se aterriza en 1922 para estudiar un episodio, el del mot&iacute;n que tuvo lugar en noviembre de ese a&ntilde;o, y evaluar en &eacute;l sus posibles ingredientes pol&iacute;tico&#45;urbanos: el descontento popular por el desabasto de agua, las pugnas partidistas, la vulnerable figura del Ayuntamiento y los posibles cambios en la cultura pol&iacute;tica de la poblaci&oacute;n, que, tras su experiencia en los d&iacute;as de la revoluci&oacute;n, habr&iacute;a aprendido una nueva forma de relacionarse con el poder, m&aacute;s directa y activa.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Que la revoluci&oacute;n fue una experiencia decisiva en la historia de la ciudad de M&eacute;xico es la tesis principal que se propone y que se fortalece a lo largo del libro, a trav&eacute;s de estrategias te&oacute;ricas, metodol&oacute;gicas, de uso de fuentes y de olfato de historiador. Alejado de la "historia exhaustiva", Rodr&iacute;guez no s&oacute;lo busca en lo indicativo sino que quita el foco a ciertos aspectos m&aacute;s espectaculares y m&aacute;s explorados del impacto que sufri&oacute; la ciudad en la segunda d&eacute;cada del siglo XX (como la Decena Tr&aacute;gica), para ponerlo sobre su funcionamiento, con rutas m&aacute;s dif&iacute;ciles, menos superficiales y m&aacute;s ilustrativas: la de los mecanismos de abasto o las implicaciones que la estrategia militar impon&iacute;a en los momentos de ocupaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Contrariamente a lo que se suele pensar, por ejemplo, se hace recurrentemente claro en las p&aacute;ginas del libro que la capital del pa&iacute;s, con todo y su peso pol&iacute;tico, simb&oacute;lico, econ&oacute;mico o demogr&aacute;fico, resultaba secundaria en la escala de prioridades de los grupos revolucionarios. Era importante controlarla, pero no siempre val&iacute;a la pena hacerlo, como mostr&oacute; Venustiano Carranza cuando prefiri&oacute; atrincherarse en Veracruz y dejar la ciudad de M&eacute;xico en manos de los convencionistas. M&aacute;s aun, la ciudad a veces cobraba m&aacute;s de lo que redituaba; ocuparla significaba administrarla, asegurar su funcionamiento, y para ello casi nunca se ten&iacute;a capacidad o inter&eacute;s. Si en la lucha se pod&iacute;an conseguir otros sitios de control y centralidad, la capital y sus habitantes quedaban, en todo caso, como un elemento m&aacute;s de la guerra que pod&iacute;a usarse a conveniencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tampoco importaban el escenario y la gente. Con atino, el autor lanza la hip&oacute;tesis seg&uacute;n la cual Victoriano Huerta hizo de la ciudad a principios de 1913 su campo para un experimento de terror, para una guerra psicol&oacute;gica que, desgastando a sus pobladores, preparara y justificara "ante la opini&oacute;n p&uacute;blica nacional y los gobiernos extranjeros la defenestraci&oacute;n de un gobierno legal".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Siguiendo sus intereses historiogr&aacute;ficos, el autor acierta en mostrar, tambi&eacute;n a lo largo del libro, la fragilidad del Ayuntamiento, su suerte adversa en todo momento. En 1903 el gobierno de Porfirio D&iacute;az hab&iacute;a dejado a los 13 Ayuntamientos del Distrito Federal sin personalidad jur&iacute;dica, como simples &oacute;rganos consultivos. En septiembre de 1914 Carranza le reintegr&oacute; su estatus, en correspondencia con su bandera municipalista, pero apenas en agosto de 1915 &eacute;l mismo regres&oacute; al Ayuntamiento de M&eacute;xico a su limitada posici&oacute;n, suprimi&oacute; su autonom&iacute;a, "sustrajo oficinas y rentas" y asegur&oacute; para s&iacute; el control de los asuntos de la ciudad. Antes y despu&eacute;s, el Ayuntamiento y sus miembros se mantuvieron en total inestabilidad: en junio de 1915, los regidores estaban en medio de varios fuegos: el ej&eacute;rcito zapatista les orden&oacute; amenazante que en toda correspondencia oficial deb&iacute;an incluir su lema "Reforma, libertad, justicia y ley", pero s&oacute;lo algunos se inclinaban a obedecer, mientras otros suger&iacute;an que se escribiera "Constituci&oacute;n y reforma", seg&uacute;n el lema villista, u otros razonaban que ser&iacute;a mejor, como finalmente se decidi&oacute;, que el lema en la correspondencia fuera "municipio libre".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con la revisi&oacute;n paciente de las actas de cabildo, se recupera el ambiente cotidiano de desorden en que viv&iacute;a el Ayuntamiento, el &oacute;rgano que deb&iacute;a velar por el orden de la ciudad: que si unos u otros lo quer&iacute;an desaparecer, que si se demandaba que renunciaran sus miembros, que si otros ped&iacute;an que se quedaran, que si se discut&iacute;a en su interior si pod&iacute;an tomar medidas para intervenir en el comercio (alguien sugiri&oacute; que a las panader&iacute;as se les impidiera hornear pasteles y que la poca harina disponible se aprovechara mejor) o no les correspond&iacute;a. La crisis de 1914 y 1915, subraya Rodr&iacute;guez, "fue tambi&eacute;n una crisis ideol&oacute;gica sobre la manera de concebir y ejercer el gobierno de la ciudad".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ocupada preferentemente de los momentos de grandeza de las ciudades, de sus cambios f&iacute;sicos, evidentes, de su crecimiento, la historia urbana suele reparar menos en las permanencias o en las alteraciones b&aacute;sicas de su funcionamiento. Siguiendo estas &uacute;ltimas implicaciones, Ariel Rodr&iacute;guez desnuda a la ciudad de M&eacute;xico durante la Revoluci&oacute;n, la muestra fr&aacute;gil, como suele ser cualquiera otra en una contingencia, en un momento inesperado o en el contexto de una condici&oacute;n general de violencia. Sujetas a equilibrios vulnerables, las ciudades pueden ponerse de cabeza en un momento, desatando una serie de calamidades de gran impacto para los ritmos de la vida cotidiana.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como pocos, el estudio del abasto, o en este caso del desabasto, es sensible a los estragos que una crisis causa en la poblaci&oacute;n de una ciudad. De ello se ocupa el cap&iacute;tulo cuarto, donde se identifican bien seis elementos explicativos del caos: 1) en un primer momento, un asunto no menor, la desarticulaci&oacute;n del Estado porfiriano; 2) la p&eacute;rdida de la centralidad pol&iacute;tica de la capital, cuando quienes se disputaban el poder pusieron en juego otras estrategias de control territorial y pol&iacute;tico que volvi&oacute; secundario el centro tradicional; 3) el desquiciamiento del sistema monetario provocado por la emisi&oacute;n indisciplinada de billetes de las distintas facciones; 4) la afectaci&oacute;n en la producci&oacute;n agr&iacute;cola, ganadera y de los recursos que en situaciones normales estaban destinados, en muy distintas regiones, a proveer las necesidades de la capital y que, por la propia condici&oacute;n de guerra o factores naturales, se vio reducida; 5) la desarticulaci&oacute;n del sistema de transporte y distribuci&oacute;n, es decir, la afectaci&oacute;n de las v&iacute;as, carros y locomotoras sobre las que descansaba ya entonces la transportaci&oacute;n de un importante n&uacute;mero de productos; 6) el abuso, en medio del descontrol, de parte de comerciantes que especulaban con los escasos art&iacute;culos disponibles.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al final de la larga cadena se a&ntilde;ad&iacute;an dos factores m&aacute;s para desestabilizar el abasto cotidiano: la fuerte demanda que implicaban los miembros de los ej&eacute;rcitos que sucesivamente ocupaban la ciudad, cuyo n&uacute;mero sol&iacute;a ser significativo y, la desarticulaci&oacute;n del comercio al menudeo, ese eslab&oacute;n menospreciado pero definitivo para asegurarle aliento a la vida urbana. Al dar seguimiento a toda la cadena y discutir &#151;con mayor o menor intensidad&#151; con otros autores el impacto particular de cada elemento explicativo, el autor va poniendo de relieve los alcances de la crisis, vistos m&aacute;s all&aacute; de las alteraciones que impon&iacute;an las balas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre los muchos temas pertinentes que se siguen con acierto en el libro hay uno m&aacute;s que interesa destacar. Se trata de la relaci&oacute;n establecida entre la ciudad y las formas de su ocupaci&oacute;n, que el autor analiz&oacute; detalladamente en planes y tratados militares, particularmente en las dos actas del de Teoloyucan, "que organizan y detallan la rendici&oacute;n de la ciudad de M&eacute;xico y la desmovilizaci&oacute;n y disoluci&oacute;n del ej&eacute;rcito federal" en las plazas no tomadas por los constitucionalistas en agosto de 1914. Lo que el autor supo examinar en esos documentos son los c&aacute;lculos pol&iacute;ticos y militares que estaban en juego, el term&oacute;metro y la lectura que cada bando hac&iacute;a del ambiente en la ciudad, de las posibilidades de parque y abasto que se pod&iacute;an tener para resistir un enfrentamiento ("la guerra suele ser el ambiente", dice). El 12 de agosto, por ejemplo, Eduardo Iturbe &#151;encargado de la Polic&iacute;a y el Gobierno del Distrito Federal por el mandato de Francisco Carvajal, el presidente interino tras la renuncia de Huerta&#151; le pidi&oacute; garant&iacute;as a &Aacute;lvaro Obreg&oacute;n &#151;comisionado por Carranza para ocupar la ciudad&#151; pues tem&iacute;a por "las fuerzas desenfrenadas de la plebe", deseosa de "saquear y robar".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En una suerte de b&uacute;squeda de reivindicaci&oacute;n de la historia militar, cada vez menos frecuentada por los historiadores contempor&aacute;neos, tan poco familiarizados con los afanes de los campos de batalla, Rodr&iacute;guez Kuri avanz&oacute; en el aprovechamiento de sus fuentes para construir una serie de planos de la regi&oacute;n circundante a la ciudad de M&eacute;xico, a trav&eacute;s de los cuales logra demostrar en el cap&iacute;tulo tercero asuntos muy significativos. En primer lugar, la vulnerabilidad "geogr&aacute;fica" de la ciudad. En segundo lugar, la necesidad &#151;que se pasa por alto por los no iniciados, pero no por los actores del momento&#151; de buscar la ocupaci&oacute;n de la capital con un juego que considerara "los requerimientos estrat&eacute;gicos y geopol&iacute;ticos m&aacute;s amplios de la guerra, y no s&oacute;lo por el valor 'simb&oacute;lico' de la ciudad"; de esa forma lo planearon los constitucionalistas entre julio y agosto de 1914, posicion&aacute;ndose en "un gran arco que va de Toluca a Orizaba, pasando por la ciudad de M&eacute;xico y Puebla", para proteger la retaguardia y enfilarse a la capital. Los planos tambi&eacute;n ilustran muy claramente los lugares y los medios que estaban en juego en los alrededores de la ciudad para dominarla o acosarla, como lo hicieron en repetidos momentos los zapatistas, librando batallas en los puntos medulares: en las v&iacute;as de ferrocarril, en los lagos, r&iacute;os y en la infraestructura clave para el abasto de agua y v&iacute;veres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Frente a los excelentes y bien trabajados planos de la regi&oacute;n, se extra&ntilde;an los planos de la ciudad, que aqu&iacute; y all&aacute; habr&iacute;an permitido estudiar aspectos decisivos de la narraci&oacute;n: es el caso de los puntos b&aacute;sicos para el abasto (estaciones de ferrocarril, mercados, etc&eacute;tera), como el del sistema de agua, sus alcances y cobertura en la ciudad de 1922, a prop&oacute;sito de las fallas que se presentaron y que para el autor son definitivas en la explicaci&oacute;n del mot&iacute;n de noviembre de ese a&ntilde;o. Respecto de este episodio, Rodr&iacute;guez supone que la suspensi&oacute;n del servicio de bombeo afect&oacute; a un n&uacute;mero importante de capitalinos, entre ellos los de las clases populares, quienes se habr&iacute;an manifestado y protagonizado un violento mot&iacute;n; sus argumentos, que a veces se antojan fr&aacute;giles, podr&iacute;an haberse reforzado &#151;en su caso&#151; con un plano urbano que mostrara si la suspensi&oacute;n del sistema efectivamente afectaba a quienes se presupone.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro caso que podr&iacute;a haber ameritado un mejor tratamiento es el que se aborda en el cap&iacute;tulo cuarto, cuando se detiene en uno de los problemas m&aacute;s graves del desabasto de la ciudad hacia finales de 1914 y el primer semestre de 1915. A partir de una carta que un grupo de panaderos dirigi&oacute; al presidente convencionista Eulalio Guti&eacute;rrez, denunciando el "terrible monopolio" que al parecer manten&iacute;an varios espa&ntilde;oles con la harina, Ariel Rodr&iacute;guez se inclina a pensar que &eacute;sta no era sino una manifestaci&oacute;n xen&oacute;foba, la identificaci&oacute;n de un enemigo beneficiario "de las penas de la gente", natural "en situaciones de crisis". Curiosamente, el testimonio desestimado se complementa bien con otros que el propio autor a&ntilde;ade, como el de las evidencias de un n&uacute;mero considerable de espa&ntilde;oles involucrados en otros dos negocios estrat&eacute;gicos: las casas de empe&ntilde;o y el abasto de carne. Mejor que negar el indicio emp&iacute;rico con elucubraciones te&oacute;ricas, habr&iacute;a convenido transformar el testimonio en un problema historiogr&aacute;fico y ahondar en el fondo del asunto, es decir el posible acaparamiento, m&aacute;s que en lo secundario, la nacionalidad de los acaparadores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, y como se demuestra suficientemente a lo largo del libro, no queda ninguna duda del impacto que para la ciudad y sus ciudadanos signific&oacute; la experiencia de la Revoluci&oacute;n, el primer gran objetivo del autor. El otro gran prop&oacute;sito queda m&aacute;s sujeto a la evaluaci&oacute;n del lector: "Sugiero &#151;dice&#151;, como han hecho apenas unos pocos estudios, que la Revoluci&oacute;n supuso un momento fundacional para la experiencia urbana, sobre todo en t&eacute;rminos de la gestaci&oacute;n de una nueva cultura pol&iacute;tica: nuevos valores, nuevas actitudes, nuevas pr&aacute;cticas. El cambio esencial se habr&iacute;a dado en las pr&aacute;cticas de interlocuci&oacute;n pol&iacute;tica". Desde nuestro punto de vista, parece m&aacute;s una cuesti&oacute;n de acentos: en el t&iacute;tulo del libro, por ejemplo, el &eacute;nfasis est&aacute; puesto en la Revoluci&oacute;n, es <i>la Revoluci&oacute;n en la ciudad,</i> no <i>la ciudad durante la Revoluci&oacute;n:</i> &iquest;se trata de una experiencia que para la ciudad es desde luego extraordinaria, de guerra, de una fuerza asombrosa pero m&aacute;s limitada a su tiempo, o de una impronta definitiva para el futuro de las formas en que sus ciudadanos se relacionan con el poder? Los nuevos c&oacute;digos a los que se refiere Rodr&iacute;guez Kuri tienen que ver con "solicitar tarjetas de racionamiento, formar largas filas en los expendios &#91;...&#93; denunciar la corrupci&oacute;n &#91;...&#93; leer los peri&oacute;dicos para enterarse de la llegada de alimentos", todos los cuales aparecen efectivamente como nuevos, pero circunscritos al momento excepcional. Despu&eacute;s de todo, la idea de fondo del autor es que es inaceptable "la hip&oacute;tesis de una revoluci&oacute;n que viene y va, y deja la ciudad inc&oacute;lume", y &eacute;sa se demuestra con creces.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, en el proceso de construcci&oacute;n de conocimiento, el libro avanza y marca vetas interesantes por explorar con mayor profundidad, como ese sugerente divorcio entre la ciudad de M&eacute;xico y los revolucionarios norte&ntilde;os, el "fascinante s&iacute;ndrome de la emotividad anticapitalina", o para la identificaci&oacute;n detallada y evaluaci&oacute;n del impacto que debieron causar los exiliados "de relevancia pol&iacute;tica, burocr&aacute;tica, militar o eclesi&aacute;stica" que dejaron la ciudad en sus momentos m&aacute;s &aacute;lgidos. En su tono abierto, por lo dem&aacute;s, la escritura de Ariel Rodr&iacute;guez recuerda y revalora casi en todo momento la posibilidad del lector de conversar con el autor, de seguir, comprobar, entender, disentir y ampliar sus ideas.</font></p>      ]]></body>
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