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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;a </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp; </font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Alfonso Fabila: el ap&oacute;stol indigenista, redivivo</b> </font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp; </font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Hilario Topete Lara</b> </font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp; </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Escuela Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia</i> </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp; </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A mediados del siglo XX, luego del marasmo ocasionado por la Segunda Guerra Mundial, M&eacute;xico, como muchos otros Estados americanos, abr&iacute;a los ojos ante una de las realidades m&aacute;s lacerantes: se asomaba hacia sus entra&ntilde;as para descubrirse, entre otras formas de descubrirse, como abastecedor de materias primas, carente de metalmec&aacute;nica, con una burgues&iacute;a d&eacute;bil, con un capitalismo atrasado y, para el caso que nos ocupa, como pa&iacute;s analfabeta y sin una pol&iacute;tica educativa org&aacute;nica con la cual sacudirse el estigma. El panorama era m&aacute;s desilusionador cuando se revisaban las cifras de deserci&oacute;n, ocasionadas en parte por una pol&iacute;tica econ&oacute;mica de fuerte exigencia de insumos alimentarios y materias primas para la expansi&oacute;n urbana y para el crecimiento del sector industrial, respectivamente; esta exigencia en cierta forma era una estrategia del hoy llamado periodo del Milagro Verde Mexicano que hab&iacute;a apostado ingenuamente a hacer de M&eacute;xico un productor de materias primas para exportaci&oacute;n hacia los centros industriales sin casi agregar a los productos valor alguno. El desconcierto de las naciones y el orden emergente de la econom&iacute;a de la posguerra coadyuvaba a ello de buena forma y M&eacute;xico, comprometido con su "aliado" del norte se hab&iacute;a propuesto abrir nuevos terrenos al cultivo, a la ganader&iacute;a, a la infraestructura, a la capacitaci&oacute;n de la fuerza de trabajo, a la modernizaci&oacute;n. Las zonas cuasi v&iacute;rgenes de Chiapas, Tabasco, Oaxaca y Guerrero, entre otras, eran filones de promesas cuyo potencial de aprovechamiento era irresistible, pero, a la vez, eran tambi&eacute;n entidades con serios problemas sanitarios y de salud, con cacicazgos pervivientes, con comunicaciones y transportes deficientes, con enorme rezago educativo y escasa poblaci&oacute;n. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Posibilitados, estimulados y atra&iacute;dos por el Programa Bracero que hab&iacute;a desplazado decenas de miles de trabajadores a los campos agr&iacute;colas estadounidenses, los campesinos &#151;ind&iacute;genas entre ellos, como ocurri&oacute; con los pur&eacute;pechas afectados con la erupci&oacute;n del Paricut&iacute;n que tuvieron prioridad para la contrataci&oacute;n&#151; "enganchados" y "con fortuna", tambi&eacute;n se convirtieron en un elemento estimulante para la migraci&oacute;n y el cambio. Era a&uacute;n el tiempo cuando gran parte del sector rural prefer&iacute;a obtener ingresos a costa del retiro de los hijos de las aulas que proporcionar nivel acad&eacute;mico a &eacute;stos, toda vez que las perspectivas de desarrollo para los proletarios agr&iacute;colas no estaban en las profesiones ni en la profesionalizaci&oacute;n t&eacute;cnica, sino en la inmediatez de los ingresos para subsistir. Las propias ideas de desarrollo, de progreso y de modernidad no hab&iacute;an enraizado en el pensamiento del sector rural y menos a&uacute;n entre los ind&iacute;genas... al menos, no hab&iacute;an enraizado en la forma en que la clase pol&iacute;tica y la burgues&iacute;a lo deseaban. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dentro de este &#151;apretadamente descrito&#151; panorama ocurri&oacute; el ascenso de Adolfo L&oacute;pez Mateos al Poder Ejecutivo. &Eacute;ste hab&iacute;a heredado ya el viejo proyecto de hacer productivo al campo, abrir nuevos terrenos a la agricultura, colonizar parajes promisorios y proveerles de servicios m&iacute;nimos. Durante su gesti&oacute;n se implement&oacute; el primer programa educativo en los Estados Unidos Mexicanos con la finalidad de resolver un problema ingente: conformar una plataforma educativa homog&eacute;nea sobre la cual generar los nuevos cuadros de competencia que la burgues&iacute;a nacional e internacional exig&iacute;an para los nuevos tiempos t&eacute;cnicos, tecnol&oacute;gicos, cient&iacute;ficos y de servicios. El instrumento recibi&oacute; el nombre de Plan para el Mejoramiento y la Expansi&oacute;n de la Educaci&oacute;n Primaria, m&aacute;s conocido coloquialmente como Plan de Once A&ntilde;os. El apuntalamiento ten&iacute;a b&aacute;sicamente dos soportes correspondientes a sendas Instituciones: los centros normales regionales (CNR) de Ciudad Guzm&aacute;n, Jalisco, y Arcelia, Guerrero. Luego ser&iacute;an incorporadas las normales rurales y, aunque con mucha distancia, la Escuela Nacional de Maestros. Al final se integraron algunas normales particulares, aunque en n&uacute;mero muy reducido. De todas ellas deseo destacar a las normales p&uacute;blicas. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el plan de estudios de los CNR se hab&iacute;a incorporado una materia extra&ntilde;a pero con sentido. Extra&ntilde;a, porque se trataba fundamentalmente de mostrar al futuro docente el camino de la gesti&oacute;n; y con sentido, porque de lo que en ella se aprendiese y se emprendiese depend&iacute;a en buena forma el t&iacute;tulo de profesor de primaria. El nombre de la materia: Desarrollo de la Comunidad. La finalidad, capacitar a los normalistas en materia de promoci&oacute;n &#151;para la localidad donde se hiciese, idealmente, la primera residencia, y en calidad de servicio social&#151; de bienes y servicios que el Poder Ejecutivo, a trav&eacute;s de sus &oacute;rganos de gobierno, pod&iacute;a llevar hasta los rincones m&aacute;s apartados del pa&iacute;s bajo una l&oacute;gica de mejoramiento integral de la localidad encarnado en el concepto "desarrollo". El normalista ser&iacute;a un docente que llevar&iacute;a la aritm&eacute;tica y la geometr&iacute;a, el conocimiento de la historia, del civismo, la geograf&iacute;a, el conocimiento y formas de aprovechamiento de los recursos naturales, las manualidades, la educaci&oacute;n f&iacute;sica y la lecto&#150;escritura &#151;con ella el forzoso monoling&uuml;ismo&#151;, en su versi&oacute;n de "lengua nacional"; adicionalmente, deb&iacute;a realizar al menos una obra de desarrollo de la comunidad: introducir la energ&iacute;a el&eacute;ctrica, lograr la perforaci&oacute;n de un pozo para la obtenci&oacute;n de agua potable, tramitar el tendido de una carpeta asf&aacute;ltica, organizar la construcci&oacute;n del centro de salud local, construir el recinto escolar, u otra similar. A cambio, reitero, deb&iacute;a sacrificar "atavismos" locales, dentro de ellos &#151;si fuese el caso&#151; su indigenidad, la condici&oacute;n <i>sine qua non </i>de su "atraso". La labor de "mutilaci&oacute;n &eacute;tnica" casi siempre se iniciaba con una serie de sanciones (castigos corporales incluidos) y estigmas contra quieres usaban las lenguas originarias. Sin embargo, la labor que realizaban estos servidores de la Secretar&iacute;a de Educaci&oacute;n P&uacute;blica (SEP) ten&iacute;a todo el rostro de un apostolado. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta misi&oacute;n corr&iacute;a en sentido distinto de lo que ya hac&iacute;an otros &#151;aunque no todos, tambi&eacute;n considerables como&#151; ap&oacute;stoles laicos. &Eacute;stos, que hab&iacute;an nacido con la fundaci&oacute;n del Instituto Nacional Indigenista (INI) el 4 de diciembre de 1948 bajo el gobierno de Miguel Alem&aacute;n Vald&eacute;s, fueron los indigenistas. Sus dependencias operadoras estrat&eacute;gicamente establecidas en n&uacute;cleos ind&iacute;genas fueron los centros coordinadores indigenistas (CCI). La instituci&oacute;n, a trav&eacute;s de sus investigadores y aparato burocr&aacute;tico, realizar&iacute;a estudios en torno de los problemas relativos a los n&uacute;cleos ind&iacute;genas, a la vez que propondr&iacute;a, gestionar&iacute;a &#151;y coordinar&iacute;a&#151; medidas para el mejoramiento con apoyo del Poder Ejecutivo (secretar&iacute;as de Estado, sobre todo), sin menoscabo de, tambi&eacute;n, divulgar sus productos de investigaci&oacute;n y acciones indigenistas. Pero tambi&eacute;n coincid&iacute;a con el proyecto de la Secretar&iacute;a de Educaci&oacute;n P&uacute;blica a trav&eacute;s de sus normales porque estaba llevando a las etnorregiones la educaci&oacute;n biling&uuml;e, los servicios de salubridad, la gesti&oacute;n de nuevas t&eacute;cnicas y tecnolog&iacute;as agr&iacute;colas y ganaderas, las formas de gobierno constitucional, la restituci&oacute;n y la dotaci&oacute;n de tierras. Para lograrlo se apoyaba en m&eacute;dicos, abogados, soci&oacute;logos, enfermeras, ingenieros agr&oacute;nomos, ling&uuml;istas, etn&oacute;logos e historiadores, muchos de ellos formados &#151;o form&aacute;ndose&#151; en la Escuela Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia (ENAH). </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al INI ingresaron investigadores &#151;y bur&oacute;cratas&#151; de distinta laya y de las m&aacute;s diversas calidades humanas. Pensar lo contrario, es decir, que fueron todos engranajes de una fiel m&aacute;quina reproductora de un proyecto pol&iacute;tico etnocida es, me parece, un juicio m&aacute;s pol&iacute;tico que acad&eacute;mico o cient&iacute;fico. Todav&iacute;a m&aacute;s: suponer que los indigenistas pretendieron en todo tiempo, en cualquier lugar, y a cualquier precio, incorporar al ind&iacute;gena al desarrollo exterminando &#151;si fuese necesario&#151; las culturas indias es una radicalizaci&oacute;n cr&iacute;tica poco documentada y, por ende, insidiosa y poco objetiva. Alfonso Fabila Montes de Oca es un claro ejemplo de lo contrario, a decir de la semblanza realizada por su sobrino&#150;nieto Ren&eacute; Avil&eacute;s Fabila. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como producto del hallazgo de un mecanuscrito de Alfonso Fabila en la biblioteca Juan Rulfo de la Comisi&oacute;n Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Ind&iacute;genas (CDI), hoy tenemos noticia de una estancia (interrumpida por motivos de salud) realizada por el amanalquense en el CCI de Jamiltepec. Gracias al esfuerzo de Xilonen Luna Ruiz, ha visto la luz <i>Mixtecos de la costa. Estudio etnogr&aacute;fico de Alfonso Fabila en Jamiltepec, Oaxaca (1956). </i>Es esta la tercera aparici&oacute;n de una saga titulada Pioneros del Indigenismo en M&eacute;xico, bajo el cuidado editorial y coordinaci&oacute;n de la serie de Margarita Sosa Su&aacute;rez y el patrocinio de la propia CDI. El t&iacute;tulo, un apostizo del documento original (un estudio, a decir del propio autor, que hab&iacute;a titulado <i>Informe de Jamiltepec), </i>no le desmerece nada porque para su elaboraci&oacute;n Fabila hubo de echar mano de fuentes primarias (observaci&oacute;n objetiva, observaci&oacute;n participante e incluso militante, entrevistas y documentos de archivo, entre otros) y secundarias (informes, sobre todo), adem&aacute;s de un tratamiento propiamente etnogr&aacute;fico de la informaci&oacute;n sociocultural obtenida. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El omaso que nos entrega la CDI posee una semblanza confeccionada por Ren&eacute; Avil&eacute;s que lo mismo atrae documentaci&oacute;n "objetiva" que recuerdos familiares para proporcionarnos el rostro menos acad&eacute;mico pero m&aacute;s humano de Alfonso Fabila. Sigue a la semblanza un estudio introductorio realizado por Jos&eacute; Mart&iacute;n Gonz&aacute;lez Solano, cuya lectura deviene &uacute;til &#151;al lector no especializado&#151; para comprender el estilo y los temas comprendidos en el <i>Informe..., </i>y cierra, luego del texto central, con un anexo cuya incorporaci&oacute;n o     manifiesta el valor que para Fabila ten&iacute;a el tema agrario y, dentro de &eacute;l, los t&iacute;tulos primordiales. Y, de principio a fin, el lector encontrar&aacute; remansos visuales con casi un centenar de magn&iacute;ficas fotograf&iacute;as realizadas por el propio Fabila, que acompa&ntilde;an a algunos dibujos y pinturas del etn&oacute;grafo en cuesti&oacute;n para hacer, juntamente con el texto, un todo agradable al lector. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiz&aacute; a quien ha pasado por c&iacute;rculos acad&eacute;micos en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, sin un conocimiento de la antropolog&iacute;a realizada en M&eacute;xico y sin aproximaciones al indigenismo, parezca que este ha sido el &uacute;nico producto de Alfonso Fabila, lo que, adem&aacute;s de nada cierto, es injusto porque su obra etnogr&aacute;fica es profusa, como lo indica la bibliohemerograf&iacute;a incorporada hacia el final del libro por los editores; parte de esta injusticia ha sido generada en las aulas donde personajes como Pablo Vel&aacute;zquez y el propio Fabila fueron opacados por las figuras de Calixta Guiteras Holmes, Alfonso Villa Rojas, Gonzalo Aguirre Beltr&aacute;n y otros que, por su trabajo pol&iacute;tico, acad&eacute;mico y etnogr&aacute;fico han sido convertidos en "cl&aacute;sicos" del indigenismo. Quiz&aacute; a Fabila se le conozca m&aacute;s por su producci&oacute;n literaria, lo que tambi&eacute;n es injusto, porque fue mucho m&aacute;s polifac&eacute;tico: etn&oacute;grafo, hombre de letras, periodista cr&iacute;tico, militante de izquierda, pintor, fot&oacute;grafo y humanista. Y justamente <i>Mixtecos de la costa. </i>es un material que nos permite aquilatar sus diversos rostros. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fabila era un observador agudo y sensible. Capturaba los problemas y ubicaba fuentes y soluciones de &eacute;stos sin concesiones a las autoridades locales, ni a los operadores de programas espec&iacute;ficos, pero en cambio s&iacute; se dol&iacute;a de las desgracias ajenas. El lector de <i>Mixtecos de la costa. </i>podr&aacute; percibirlo con facilidad y quiz&aacute; pueda compenetrarse de la manera de hacer etnograf&iacute;a a mediados del siglo XX, a la vez que podr&aacute; advertir los principales temas y problemas en los que incid&iacute;a el INI en su momento. Tambi&eacute;n podr&aacute; percatarse el lector que: en tanto estudio, el texto carece de pretensiones te&oacute;ricas y de simpat&iacute;as por corriente antropol&oacute;gica alguna, pero abunda en datos, sensibilidad y compromisos: en primer lugar, un compromiso &#151;y fidelidad&#151; con la instituci&oacute;n para la que laboraba en ese momento (1956): el INI y, a trav&eacute;s de &eacute;l, deja traslucir un indigenismo que podr&iacute;amos calificar de comprometido, de contenido social y humanista, aunque parezca redundante la expresi&oacute;n. En efecto, no son pocos los pasajes donde Fabila exalta la labor realizada por el INI para allegar a Jamiltepec los servicios m&eacute;dicos &#91;pp. 106, 124&#93; que los nativos usaban con poca frecuencia, toda vez que hac&iacute;an uso de "la medicina tradicional casera a base de yerbitas &#91;n&oacute;tese el sarcasmo&#93; y la que los curanderos y brujos emplean a base de manipulaciones m&aacute;gicas cuyos resultados ya pueden deducirse" &#91;p. 110&#93;. Tampoco escasean las referencias a los beneficios que derramaba la instituci&oacute;n al introducir semillas h&iacute;bridas, frutales y hortalizas "que casi no se conoc&iacute;an" &#91;p. 47&#93;, o al promover los servicios sanitarios que hab&iacute;an coadyuvado a erradicar el paludismo en la zona mediante programas de "dedetizaci&oacute;n" &#91;p. 113&#93;.  </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, en el mismo tenor del elogio a la labor del INI, y a diferencia del discurso pedag&oacute;gico en boga, Fabila consideraba a la educaci&oacute;n , promovida por el INI &#151;en zonas ind&iacute;genas&#151; como una educaci&oacute;n formal completamente diferente "de la que da el Estado en forma federalizada" &#91;p. 201&#93;, y de calidad superior porque, al ser impartida por un promotor biling&uuml;e "que utiliza combinadamente el mixteco y el castellano... los peque&ntilde;os pueden entender con facilidad lo que se les ense&ntilde;a" &#91;p. 207&#93;. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este investigador, que lo mismo documentaba con dibujos, pinturas o fotograf&iacute;as (algunos usados para ilustrar el hoy libro), quiz&aacute; imbuido del esp&iacute;ritu que hab&iacute;a forjado en las lides anarquistas y m&aacute;s tarde en su militancia dentro del Partido Comunista Mexicano, hizo del estudio una forma de diagn&oacute;stico y de &eacute;ste un instrumento de denuncia. Su preocupaci&oacute;n por el excesivo consumo de alcohol entre los mixtecos del Distrito de Jamiltepec &#91;p. 126&#93; es paradigm&aacute;tica. La escasa atenci&oacute;n de las autoridades locales por la salud es expresada sin tapujos: "&iquest;Qu&eacute; hacen las autoridades locales sobre la cuesti&oacute;n? Nada, absolutamente nada" &#91;p.106&#93;; y en materia de exclusi&oacute;n de los ind&iacute;genas por los mestizos en los puestos y cargos agrarios, municipales, as&iacute; como de la manipulaci&oacute;n de autoridades tradicionales, Fabila tampoco guard&oacute; silencio &#91;pp. 232&#150;233&#93;, tanto como no lo hizo al denunciar la inhumana explotaci&oacute;n de la fuerza de trabajo ind&iacute;gena con cuyos frutos se enriquec&iacute;an los mestizos de la regi&oacute;n &#91;p. 100&#93;. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Producto de su &eacute;poca y su experiencia de vida, Fabila adem&aacute;s estaba convencido de la misi&oacute;n del INI y de su propia manera de entender al ind&iacute;gena. P&aacute;gina tras p&aacute;gina nos desvela, con sus fotograf&iacute;as, el paisaje, la cotidianidad, la presencia f&iacute;sica del mixteco &#151;aun en su desnudez o su semidesnudez&#151; y de sus expresiones est&eacute;ticas para acercarnos a una reflexi&oacute;n cuasi rom&aacute;ntica y una mirada que nos permite a la vez ver, como Diego Rivera, la belleza del ind&iacute;gena que s&oacute;lo puede mirarse a trav&eacute;s de un humanista comprometido con los ind&iacute;genas y marginados. Pero su admiraci&oacute;n y compromiso, como nos cuenta Ren&eacute; Avil&eacute;s en la semblanza inicial, no se agota en el trazo, las pinceladas o la impresi&oacute;n en el papel fotogr&aacute;fico, sino en otros planos: la lengua, por ejemplo, fue tambi&eacute;n motivo de preocupaci&oacute;n del amanalquense, de all&iacute; su enorme preocupaci&oacute;n por la p&eacute;rdida del mixteco porque cre&iacute;a que su desaparici&oacute;n pondr&iacute;a en riesgo su propia identidad. Y m&aacute;s all&aacute;: abrir las puertas de su casa a los ind&iacute;genas que viajaban a la Ciudad de M&eacute;xico para atender sus asuntos del &aacute;mbito federal habla de o     su calidad humana y de un cierto <i>ethos </i>de investigador comprometido no s&oacute;lo con la informaci&oacute;n, el dato, el objeto de estudio, sino con algo que antecede a todo ello: esos ind&iacute;genas, antes que informantes, antes que sujetos estudiables, eran seres humanos y en calidad de tales Fabila los vivi&oacute;. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La aparici&oacute;n de <i>Mixtecos de la costa.   </i>es un hito en la historia de la antropolog&iacute;a mexicana tanto como debi&oacute; serlo el estudio de su autor en su momento. Constituye una reivindicaci&oacute;n tan tard&iacute;a del autor como lo fue el otorgamiento que le hicieran de la presea Manuel Gamio al M&eacute;rito Indigenista <i>post mortem. </i>Lo es hoy porque parte de ese <i>ethos </i>deber&iacute;a deslizarse a las aulas donde se forman los antrop&oacute;logos futuros; deber&iacute;a rememorarse y vivirse en los c&iacute;rculos de investigadores presentes. Lo es hoy porque el estudioso no s&oacute;lo encontrar&aacute; en sus p&aacute;ginas esa forma tan personal de hacer etnograf&iacute;a, que parece dirigida por un gui&oacute;n preestablecido que lo mismo daba para registrar lo existente y dar cuenta de lo que "no hay", como si un estudio pudiese tener potencial explicativo con las inexistencias. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Mixtecos de la costa., </i>adem&aacute;s de ser un material digno de formar en la lista de los cl&aacute;sicos del indigenismo por su elogiable etnograf&iacute;a, es un documento hist&oacute;rico: es un testimonio de la forma de vida, de la organizaci&oacute;n social, de la cultura mixteca de mediados del siglo XX y, por ello, referente obligado, ya, para construir cualquier marco de antecedentes de todo estudio sobre la etnorregi&oacute;n; es un documento hist&oacute;rico que adem&aacute;s nos dice de esa forma de hacer etnograf&iacute;a con miras a proyectos de antropolog&iacute;a aplicada que, por cierto, no se decid&iacute;an desde la etnograf&iacute;a misma, sino desde un programa pol&iacute;tico estatal sugerido, a su vez, por los antrop&oacute;logos te&oacute;ricos que, a la vez que investigaban, coordinaban el proyecto indigenista y tomaban decisiones. Por ello es una lectura obligada para los estudiosos de &#151;e interesados en&#151; la llamada antropolog&iacute;a mexicana, la investigaci&oacute;n etnogr&aacute;fica y las t&eacute;cnicas y m&eacute;todos de investigaci&oacute;n. De todos ellos habr&aacute; que esperar la respectiva indulgencia para el autor, a quien escaparon algunos yerros que con seguridad resultar&aacute;n chocantes a los puristas de la ortograf&iacute;a. Para finalizar, y para su acceso, perm&iacute;taseme proporcionar la siguiente ficha: </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">FABILA Montes de Oca, Alfonso. <i>Mixtecos de la costa. Estudio etnogr&aacute;fico de Alfonso Fabila en Jamiltepec, Oaxaca (1956), </i>pr&oacute;logo de Jos&eacute; Mart&iacute;n Gonz&aacute;lez Solano y semblanza de Ren&eacute; Avil&eacute;s Fabila, M&eacute;xico, CDI, 2010 (Pioneros del Indigenismo en M&eacute;xico, n&uacute;m. 3), 302 pp., ISBN 978&#150;970&#150;753&#150;162&#150;8 para la obra e ISBN 978&#150;970&#150;753&#150;183&#150;3 para la colecci&oacute;n. Incluye: mapa en color; dibujos, pinturas y fotograf&iacute;as del autor; tablas estad&iacute;sticas, ap&eacute;ndice, bibliograf&iacute;a del introductor y bibliohemerograf&iacute;a de Alfonso Fabila. </font></p>      ]]></body>
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