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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Estudio, devoción y belleza: Obras selectas de la pinacoteca universitaria. Siglos XVII-XX]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ 
	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Libros</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>

	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b><i>Estudio, devoci&oacute;n y belleza. Obras selectas de la pinacoteca universitaria. Siglos</i></b> <i><b>XVII&#45;XX</b></i><b>,</b> <b>de Eduardo Merlo y Velia Morales</b></font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>

	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>por Rogelio Ruiz Gomar</b></font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>

	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Benem&eacute;rita Universidad Aut&oacute;noma de Puebla, 2002.</b></font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como se se&ntilde;ala desde el subt&iacute;tulo, el n&uacute;cleo principal del libro que nos ocupa tiene el prop&oacute;sito de ofrecer una selecci&oacute;n de la rica colecci&oacute;n de pintura que forma parte del patrimonio art&iacute;stico que guarda la Benem&eacute;rita Universidad Aut&oacute;noma de Puebla. Dicha pinacoteca est&aacute; compuesta por m&aacute;s de 400 obras, la mayor&iacute;a de las cuales pertenecen al periodo virreinal, pero las hay tambi&eacute;n del siglo XIX y aun de principios del XX. Abre el libro con una "Presentaci&oacute;n" y dos "estudios introductorios" que, aunque breves, resultan muy &uacute;tiles y esclarecedores para la comprensi&oacute;n del material, pues es ah&iacute; donde los autores del estudio, Eduardo Merlo y Velia Morales, advierten al lector sobre lo que debe esperar en torno al contenido del libro y le indican c&oacute;mo organizaron el material. El primer ensayo, realizado por Velia Morales, arroja valiosa luz sobre la historia de dicha colecci&oacute;n, informando paso a paso de las etapas y vicisitudes que &eacute;sta fue experimentando hasta alcanzar su formaci&oacute;n y quedar incorporada al patrimonio universitario. Revisi&oacute;n en la que merece destacarse el oportuno se&ntilde;alamiento de que los fondos de la pinacoteca universitaria proceden b&aacute;sicamente de dos colecciones poblanas que, formadas de manera paralela, se terminaron juntando en 1937: la que atesoraba el Colegio del Estado, constituida por las pinturas que exist&iacute;an en los colegios jesuitas, y la conformada con las piezas que se reunieron de los conventos suprimidos tras la aplicaci&oacute;n de las Leyes de Reforma, en 1861, conjunto que se adjudic&oacute; a la Academia de Bellas Artes de Puebla (fundada desde 1813). Tiene mucha raz&oacute;n esta autora cuando se&ntilde;ala que la colecci&oacute;n resulta la m&aacute;s importante y numerosa en el estado de Puebla, pero creo que la deber&iacute;a haber puesto en su verdadera perspectiva asentando que s&oacute;lo queda a la zaga del rico acervo pict&oacute;rico &#151;igualmente con obras que van del siglo XVII al XX&#151; que se concentr&oacute; en las galer&iacute;as de la Academia de San Carlos en la ciudad de M&eacute;xico. Y es que si, como sabemos, buena parte de la mejor pintura con que cuentan algunas instituciones culturales o que se exhibe en los museos que desde principios del siglo XX se fueron abriendo fuera de la ciudad de M&eacute;xico procede de ese fondo de la Academia de San Carlos, no es menos cierto que la gran excepci&oacute;n resulta, precisamente, este acervo de la ciudad de Puebla, lo que en buena medida se explica en raz&oacute;n de la importancia que como centro productor de arte alcanz&oacute; la dicha ciudad de Puebla desde el periodo virreinal, como nos lo deja saber el hecho de que desde muy temprano contara con una vigorosa escuela propia de pintura, muchos de cuyos maestros compet&iacute;an abiertamente con los que trabajaban en la capital, y el de que desde el siglo XIX en ella surgieron importantes coleccionistas.</font></p>

	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">De igual val&iacute;a es el ensayo de Eduardo Merlo intitulado "Los motivos del arte en el acervo novohispano", texto en el que el autor nos obliga a tomar conciencia del complejo mundo que serv&iacute;a de fondo a las expresiones art&iacute;sticas de ese periodo, al recordarnos que &eacute;stas descansaban en motivaciones devocionales y did&aacute;cticas, antes que en afanes meramente est&eacute;ticos; y es que con frecuencia pasamos por alto que cada uno de los cuadros ejecutados en el periodo virreinal, adem&aacute;s de haber sido hecho a solicitud expresa de un cliente y para un sitio espec&iacute;fico, contiene un mensaje y obedece a intenciones muy propias, motivaciones acaso poco comprensibles para nosotros, hoy en d&iacute;a, pero que eran totalmente l&oacute;gicas en sus circunstancias, hasta el punto de que son ellas las que explican, en buena medida, su raz&oacute;n de ser.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Viene luego la presentaci&oacute;n de las obras que fueron consideradas las m&aacute;s importantes del acervo. Basta una ojeada r&aacute;pida al &iacute;ndice de esta secci&oacute;n para adivinar los problemas a los que se enfrentaron los autores a la hora de organizar un material que de entrada se ofrec&iacute;a tan rico y heterog&eacute;neo, tanto en la variedad de tipos de obras que la conforman, como en la calidad de las mismas. Sea como fuere, al verse en la penosa tarea de decidir qu&eacute; cuadros incluir y cu&aacute;les no, a fin de ofrecer con ellos una selecci&oacute;n que fuese suficientemente representativa, advirtieron que el punto de la autor&iacute;a era una buena base para comenzar, pues de manera casi natural el material se pod&iacute;a presentar en dos grandes bloques: obras de autores conocidos &#151;sea porque los cuadros ostentaran firmas o porque se dispusiera con alguna atribuci&oacute;n&#151;, y obras an&oacute;nimas. Bastaba con separar las obras de esa manera para tener en el primer grupo, autom&aacute;ticamente, la lista de los principales autores representados en la colecci&oacute;n. Y es que no parece estar de m&aacute;s recordar que en la pinacoteca universitaria se guardan obras &#151;firmadas o atribuidas&#151; de buena parte de los m&aacute;s destacados pintores que florecieron durante el virreinato en las ciudades de M&eacute;xico y Puebla: Jos&eacute; Ju&aacute;rez, Crist&oacute;bal de Villalpando, Francisco Mart&iacute;nez y Miguel Cabrera, en el primer caso, y de Conrado, Borgraf, Tinoco, Jer&oacute;nimo de la Portilla, Pascual P&eacute;rez, Bernardino Polo, Luis Berrueco, Jos&eacute; Ortiz, los Talavera, Jos&eacute; Joaqu&iacute;n Mag&oacute;n, Miguel Jer&oacute;nimo Zendejas, Manuel Caro, Jos&eacute; Mariano de Lara, Manuel L&oacute;pez Guerrero y Jos&eacute; Rodr&iacute;guez Alconedo, en el segundo; y que, por si fuera poco, a&uacute;n cuenta con obras de afamados pinceles activos en el M&eacute;xico independiente y moderno, como Manzo, Agust&iacute;n Arrieta, Daniel D&aacute;vila y el padre Gonzalo Carrasco. Pero cabe observar que, para la presentaci&oacute;n de ese primer grupo, Merlo y Morales optaron por colocar a los autores en un orden cronol&oacute;gico, el cual, entre los diferentes criterios que pudieron haber tomado (por orden alfab&eacute;tico, por escuelas, etc.), parece ser el m&aacute;s adecuado, especialmente por tratarse de un trabajo auspiciado por una instituci&oacute;n acad&eacute;mica, pues, sin dejar de poner cierto &eacute;nfasis en las personalidades aisladas, abre la posibilidad de armar, con grandes trazos, una visi&oacute;n amplia del desarrollo que fue experimentando el quehacer pict&oacute;rico en el virreinato de la Nueva Espa&ntilde;a, en lo general, y, por la naturaleza de la mayor parte de los materiales reunidos, el desarrollo que esta disciplina alcanz&oacute; en la importante ciudad de Puebla, en lo particular; como ocurrir&iacute;a, pongamos por caso, si frente a un rompecabezas al que le faltan piezas, alcanz&aacute;ramos a formarnos una idea de su contenido al conseguir armar algunas partes aisladas.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Importante en calidad y n&uacute;mero es, tambi&eacute;n, el lote de obras de autor desconocido. Para la selecci&oacute;n de &eacute;stas, y ante la dificultad de ponerlas en relaci&oacute;n con los artistas conocidos, o de insertarlas en el contexto hist&oacute;rico, estil&iacute;stico o regional que les correspondiese, los autores debieron tomar en cuenta el inter&eacute;s que presentaban y la calidad que exhib&iacute;an, pero es f&aacute;cil advertir que prefirieron optar por hacer grupos que, de acuerdo con aspectos de escuela, tema, g&eacute;nero o t&eacute;cnica, facilitaran su manejo. As&iacute;, hay un apartado para las obras europeas; apartados distintos para las que se ocupaban de asuntos del Antiguo Testamento, de advocaciones marianas y de representaci&oacute;n de los &aacute;ngeles o de santos patronos; otros m&aacute;s para los retratos, ya fuesen de los benefactores del colegio o de miembros destacados de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s, etc., y aun existe una entrada para la &uacute;nica obra de arte plumario en la colecci&oacute;n.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En t&eacute;rminos generales, la selecci&oacute;n que nos ofrecen los autores es acertada, por cuanto que en ella encuentran cabida las obras m&aacute;s importantes, firmadas o no, que existen en el acervo. Dif&iacute;cilmente podr&iacute;a eliminar alguna obra de las que han quedado incorporadas, pero, como en todo proyecto humano, en el que no hay forma de suprimir el gusto o las inclinaciones personales, quiz&aacute; yo hubiera a&ntilde;adido alguna que otra obra m&aacute;s; por ejemplo, entre las pinturas con autor habr&iacute;a incluido alguno de los cuadros con pasajes de la "Vida de la Virgen" firmados por Espinosa, un artista acaso de segunda l&iacute;nea que hasta ahora ha pasado pr&aacute;cticamente inadvertido, pues no podemos descartar que dentro de sus modestos alcances tambi&eacute;n hubiese contribuido al desarrollo de la pintura que se hac&iacute;a en Puebla hacia finales del siglo XVII. O, entre las obras an&oacute;nimas, la que representa al <i>Se&ntilde;or de Burgos,</i> por tratarse de una de las poqu&iacute;simas representaciones con que contamos de esa imagen que gozara de cierta veneraci&oacute;n en el &aacute;mbito novohispano.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el caso de los cuadros que ostentan firma, en cada "entrada" se ofrece una semblanza del pintor correspondiente. Expurgadas de aqu&iacute; y de all&aacute;, el lector encontrar&aacute; las principales noticias de car&aacute;cter biogr&aacute;fico (nacimientos, matrimonios, hijos, testamentos, defunciones, etc.), as&iacute; como una breve relaci&oacute;n de sus cuadros m&aacute;s importantes. En este acarreo de informaci&oacute;n radica una de las virtudes de este libro, pues las m&aacute;s de dichas noticias andaban desperdigadas en textos o art&iacute;culos poco asequibles que, por lo mismo, estaban al alcance s&oacute;lo de los estudiosos. Lo que s&iacute; debemos reclamar es que al llegar al o a los cuadros de dichos autores que forman parte de la colecci&oacute;n universitaria, el registro hubiese quedado en la simple menci&oacute;n de ellos, sin el menor asomo de descripci&oacute;n o de valoraci&oacute;n. Hubiera bastado un p&aacute;rrafo o unas l&iacute;neas para decir algo en relaci&oacute;n al lenguaje formal (dibujo, composici&oacute;n, color, caracter&iacute;sticas de los tipos o de los pa&ntilde;os empleados, etc.) presente en las obras seleccionadas, o haber incluido alguna reflexi&oacute;n sobre el sitio que ocupa ese cuadro en el conjunto de la obra del pintor, o dentro del panorama general de esta disciplina art&iacute;stica en la Nueva Espa&ntilde;a. Y no obstante que existe el compromiso &#151;por parte de la instituci&oacute;n y de los autores&#151; de seguir estudiando este material y de entregar un cat&aacute;logo m&aacute;s acabado de la colecci&oacute;n, con m&aacute;s rigor y extensi&oacute;n, y pese a que el libro que ahora nos entregan est&aacute; concebido como una obra de difusi&oacute;n y se dirige al p&uacute;blico en general, no a los especialistas, pienso que los autores desperdiciaron una magn&iacute;fica oportunidad de caminar en esa direcci&oacute;n y desde este libro "empezar a abrir boca" con las piezas selectas del acervo, tanto m&aacute;s cuanto que de esa manera se justificaba la inclusi&oacute;n de &eacute;stas y no de otras obras en su selecci&oacute;n, y no creo equivocarme al pensar que, en general, el p&uacute;blico hubiera agradecido esa gu&iacute;a para empezar a hacer su propia apreciaci&oacute;n.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y ya que entramos en el terreno de los "hubiera", creo que hubiera sido muy &uacute;til la inclusi&oacute;n de un selecto ap&eacute;ndice documental para comenzar a transcribir alguno de los listados o inventarios que se citan a lo largo del trabajo, como, por ejemplo, la lista de las pinturas que, procedentes de los conventos clausurados, ingresaron a la Academia de Bellas Artes de Puebla en 1861; o la relaci&oacute;n de las otras 125 obras del Colegio del Estado que en 1937 pasaron a la custodia de la Academia. Y siguiendo en el terreno de los deseos, quiz&aacute; hubiera sido oportuno incluir algunas de las pinturas que desde hace ya varias d&eacute;cadas andan algo desperdigadas en el Teatro Principal y otros sitios, salvo que &#151;y perd&oacute;n por mi ignorancia sobre la situaci&oacute;n legal de las mismas&#151; no pertenezcan ya al patrimonio universitario.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En otro tipo de consideraciones, es preciso reconocer que el libro que nos ocupa vale tanto por el contenido como por su presentaci&oacute;n. Al buen nivel de los textos corresponde la magn&iacute;fica calidad del material fotogr&aacute;fico reunido, y a ello se suma el buen dise&ntilde;o editorial que, acorde con los tiempos que vivimos, concede gran importancia a las im&aacute;genes. Y es que no s&oacute;lo el material fotogr&aacute;fico es excelente, sino que, trat&aacute;ndose de una colecci&oacute;n de pinturas, se agradece el esfuerzo que debi&oacute; significar el que todas las reproducciones fuesen a color. Vale la pena resaltar esa conjunci&oacute;n de textos e im&aacute;genes, pues no siempre se consigue; todos hemos tenido alguna vez en las manos libros con buenas fotos pero textos huecos; y es que, con m&aacute;s frecuencia de lo que fuera deseable, se han publicado libros con meros afanes de "presencia institucional" o con fines abiertamente comerciales, en los que se ha sacrificado la seriedad y pertinencia del contenido en aras de una presentaci&oacute;n "bonita" o lujosa de libros en que tal pareciera que no importa que los textos no digan nada &uacute;til, pues, finalmente &#151;alguien parece haberlo decidido de antemano&#151;, no son para leerse sino para que se vean bien en alg&uacute;n librero de la sala o del estudio. Debo agregar que el formato escogido tiene su atractivo, por m&aacute;s que al ser casi cuadrado no es muy f&aacute;cil de manejar (ni de guardar en el librero). Tengo finalmente otro "pero" o desahogo que no me quiero guardar, que es al mismo tiempo un reclamo y una recomendaci&oacute;n a los dise&ntilde;adores gr&aacute;ficos: &iexcl;dejen las notas al pie de p&aacute;gina! Pareciera que no han terminado de entender que es una verdadera tortura para el lector tener en cada caso que ir a buscar al final de los cap&iacute;tulos o al final del libro las referencias correspondientes. Con m&aacute;s prepotencia que con argumentos, los dise&ntilde;adores gr&aacute;ficos han exagerado al defender su parcela, pero por lo que se ve o no son asiduos lectores o son muy ego&iacute;stas, ya que en su b&uacute;squeda de conseguir que se vean "limpios" los textos que deben publicar, les estorban las notas, y no se les ocurre otra cosa que mandarlas juntas a otra parte &#151;afortunadamente no a la basura&#151;, lo cual es una verdadera falta de respeto y de consideraci&oacute;n, tanto para los autores como para los receptores de los libros que ellos manufacturan, sacrificando el esfuerzo de los primeros y sometiendo a su capricho la comodidad de los segundos. El libro que nos ocupa es un ejemplo m&aacute;s de cu&aacute;n extendida es ya lamentablemente esa moda que amenaza con establecerse como norma, sin que nadie haga nada para impedirlo.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con todo, el balance, al final, es m&aacute;s que bueno. Gracias al esfuerzo de los autores y al decisivo apoyo de la Benem&eacute;rita Universidad Aut&oacute;noma de Puebla, contamos con un libro que nos ofrece, en varios niveles de lectura, la posibilidad de conocer y disfrutar un acervo que, estoy seguro, no ha sido debidamente aquilatado. Sirvan estas l&iacute;neas, adem&aacute;s, para resaltar la importancia de elaborar este tipo de trabajos que contribuyen a dar pasos verdaderamente significativos en la a&uacute;n incompleta tarea de registrar nuestro patrimonio art&iacute;stico y cultural, el cual, por ser tan rico y variado, est&aacute; en permanente riesgo de desaparecer frente a nuestros ojos por causa del tiempo, de los desastres naturales, del saqueo, de la indolencia de las autoridades (in)competentes, y de nuestra propia apat&iacute;a. Felicitamos, pues, a todos los que hicieron posible que este libro saliera a la luz, el cual, ni duda cabe, est&aacute; llamado a convertirse en la referencia obligada de estudio y consulta para todos aquellos que quieran o necesiten acercarse al rico acervo que guarda la BUAP, la calidad de cuyas obras puede ser heterog&eacute;nea, pero no por ello es un conjunto indigno de nuestra atenci&oacute;n. Y si es cierto aquello de que s&oacute;lo se ama lo que se conoce, este libro es el veh&iacute;culo ideal para que todos, estudiosos y p&uacute;blico en general, tengamos la posibilidad de conocer y entrar en contacto con las piezas m&aacute;s selectas de esta rica colecci&oacute;n. La custodia, el estudio y la difusi&oacute;n de la misma son tareas que deben significar una enorme responsabilidad para la Benem&eacute;rita Universidad Aut&oacute;noma de Puebla, pero no es menos cierto que con el cumplimiento de esas encomiendas se gana el reconocimiento y la gratitud de los poblanos y de todos los mexicanos en general. En el "Mensaje" introductorio con el que abre el libro, el doctor Enrique Doger, rector de esa casa de estudios, expresa su satisfacci&oacute;n y reconoce el privilegio de haber contribuido a dar a las prensas el libro que nos ocupa, declaraci&oacute;n que debe tomarse como una prueba de que las autoridades y personal acad&eacute;mico de la misma han asumido con seriedad ese compromiso.</font></p>
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