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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La racionalización de los mexicanos en Estados Unidos: estratificación racial en la teoría y en la práctica]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Mechanisms of social stratification require the categorical definition of an out-group to that can be excluded and exploited. Historically in the United States African Americans have been the subject of a systematic process of racial formation to define them as a exploitable and excludable out-group. Beginning in the 1970s and accelerating in the 1980s and 1990s, Mexicans increasingly have been subject to a similar process of racialization to render them more exploitable and excludable than ever before. As a result, over the past decade Mexican Americans moved steadily away from their middle position in the economic hierarchy and toward the formation of an underclass. This paper describes the basic mechanisms of stratification in the United States and how Mexicans have steadily been racialized as a dehumanized and vulnerable out-group.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Art&iacute;culos</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>La racionalizaci&oacute;n de los mexicanos en Estados Unidos: estratificaci&oacute;n racial en la teor&iacute;a y en la pr&aacute;ctica<a href="#nota">*</a></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Douglas S. Massey**</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>** Princeton University,</i> correo&#150;e: <a href="mailto:dmassey@princeton.edu">dmassey@princeton.edu</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>RESUMEN</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los mecanismos de estratificaci&oacute;n social requieren la definici&oacute;n categ&oacute;rica de un grupo externo que pueda ser excluido y explotado. Hist&oacute;ricamente, en Estados Unidos los afroamericanos han sido sujetos a un proceso sistem&aacute;tico de formaci&oacute;n racial para definirlos como parte de un grupo explotable y susceptible de exclusi&oacute;n. Comenzando en los a&ntilde;os setenta y aceler&aacute;ndose en los ochenta y noventa, los mexicanos han sido objeto de procesos similares de exclusi&oacute;n para hacerlos m&aacute;s explotables y aptos para su exclusi&oacute;n que nunca antes. Como consecuencia, en la &uacute;ltima d&eacute;cada los mexicoamericanos se alejaron de su posici&oacute;n intermedia en la jerarqu&iacute;a econ&oacute;mica y se acercaron a la formaci&oacute;n de una clase inferior. Este art&iacute;culo describe los mecanismos b&aacute;sicos de estratificaci&oacute;n en Estados Unidos y c&oacute;mo los mexicanos han sido constantemente racializados y como grupo externo deshumanizado y vulnerable.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>ABSTRACT</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mechanisms of social stratification require the categorical definition of an out&#150;group to that can be excluded and exploited. Historically in the United States African Americans have been the subject of a systematic process of racial formation to define them as a exploitable and excludable out&#150;group. Beginning in the 1970s and accelerating in the 1980s and 1990s, Mexicans increasingly have been subject to a similar process of racialization to render them more exploitable and excludable than ever before. As a result, over the past decade Mexican Americans moved steadily away from their middle position in the economic hierarchy and toward the formation of an underclass. This paper describes the basic mechanisms of stratification in the United States and how Mexicans have steadily been racialized as a dehumanized and vulnerable out&#150;group.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La estratificaci&oacute;n social se da porque todas las sociedades humanas se caracterizan por una estructura social que divide a la gente en categor&iacute;as con base en una combinaci&oacute;n de rasgos logrados y recibidos. Las caracter&iacute;sticas logradas son aquellas adquiridas en el curso de la vida, mientras que las recibidas se establecen en el nacimiento. La estratificaci&oacute;n es la distribuci&oacute;n desigual de las personas en categor&iacute;as que se caracterizan por un acceso diferencial a recursos escasos. Los recursos pueden ser materiales, como el ingreso y la riqueza; pueden ser simb&oacute;licos, como el prestigio y la posici&oacute;n social; o pueden ser emocionales como el amor, el afecto y el sexo. Los sistemas de estratificaci&oacute;n ordenan verticalmente a las personas dentro de una estructura social en donde se caracteriza claramente su cima y su fondo. Aunque la cifra y el rango de las categor&iacute;as sociales han aumentado dram&aacute;ticamente en a&ntilde;os recientes, los medios b&aacute;sicos por los cuales las personas reciben menor o mayor acceso a los recursos materiales, emocionales y simb&oacute;licos escasos ha permanecido notablemente similar a trav&eacute;s del tiempo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dadas las categor&iacute;as socialmente definidas y las personas distribuidas en ellas, la inequidad se genera y perpet&uacute;a a trav&eacute;s de dos mecanismos b&aacute;sicos: la explotaci&oacute;n y el acopio de oportunidades (Tilly 1998). La <i>explotaci&oacute;n </i>se da cuando las personas en un grupo social expropian un recurso producido por los miembros de otro grupo social y evitan que sean concientes del valor pleno de su esfuerzo al producirlo. El <i>acopio de oportunidades </i>ocurre cuando un grupo social restringe el acceso a un recurso escaso, sea a trav&eacute;s de una negativa franca o por el ejercicio de un control monop&oacute;lico que requiere que los miembros de fuera de ese grupo paguen una cuota a cambio del acceso. En cualquiera de estas dos formas, el acopio de oportunidades se instaura por medio de un <i>proceso de exclusi&oacute;n socialmente definido.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ambos mecanismos son sociales por su origen y se dan como consecuencia de la b&uacute;squeda de motivos sociales centrales que resultan comunes a todos los seres humanos (Fiske 2003). En una manera bastante real, la estratificaci&oacute;n comienza psicol&oacute;gicamente con la creaci&oacute;n de fronteras cognoscitivas que asignan a las personas a categor&iacute;as sociales. Antes de que la inequidad categorial pueda ser puesta en marcha socialmente, las categor&iacute;as deben ser creadas en el nivel cognoscitivo para clasificar mentalmente a las personas con base en alguna combinaci&oacute;n de caracter&iacute;sticas logradas y adscritas. Esta categorizaci&oacute;n de las personas sigue su propia l&oacute;gica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LA ESTRATIFICACI&Oacute;N RACIAL EN TEOR&Iacute;A</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las ra&iacute;ces de la estratificaci&oacute;n social descansan en &uacute;ltima instancia en la construcci&oacute;n de l&iacute;mites para realizar distinciones sociales, una tarea que llega con naturalidad a los seres humanos, quienes est&aacute;n mentalmente programados para realizar pensamiento de clasificaci&oacute;n (Fiske 2003). Construimos categor&iacute;as generales sobre el mundo en el que vivimos y luego las usamos para clasificar y evaluar los est&iacute;mulos que encontramos. Estas categor&iacute;as conceptuales son conocidas colectivamente como <i>esquemas. </i>Representan estructuras cognoscitivas que sirven para interconectar un conjunto de est&iacute;mulos, sus diversos atributos y las relaciones entre ellos (Fiske 2003).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las personas utilizan esquemas para evaluarse a s&iacute; mismos y a los roles sociales, los grupos sociales, los eventos sociales y los actores sociales con los que se encuentran, proceso que se conoce como cognici&oacute;n social (Fiske 2003). Las categor&iacute;as en las que dividen al mundo pueden cambiar con el tiempo y evolucionar con la experiencia, pero siempre existen entre los seres humanos maduros y pueden volver a ellas cuando interpretan objetos, eventos, personas y situaciones (Fiske 2003). Los seres humanos est&aacute;n psicol&oacute;gicamente programados para clasificar a la gente con la que se encuentran y utilizar estas categorizaciones para realizar juicios sociales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los esquemas sociales, empero, no existen simplemente como representaciones mentales neutrales. El cerebro humano est&aacute; compuesto de dos procesadores paralelos que, aun cuando est&aacute;n interconectados, funcionan independientemente (Panksepp 1998; Konner 2002). El cerebro emocional tiene sus ra&iacute;ces en un conjunto de estructuras neurol&oacute;gicas comunes a todos los mam&iacute;feros y en conjunto son conocidas como sistema l&iacute;mbico, mientras que el cerebro racional se centra en el neoc&oacute;rtex, en especial el c&oacute;rtex prefrontral, el m&aacute;s desarrollado en los humanos (Damasio 1999). Las dos porciones del cerebro est&aacute;n neurol&oacute;gicamente inter&#150;conectadas, pero la cantidad y la velocidad de las conexiones que van del sistema l&iacute;mbico al neocortex es mayor que en el sentido inverso, de modo que las memorias emotivas que se guardan en el sistema l&iacute;mbico, t&iacute;picamente inconcientes, afectan en gran medida a la manera en que los seres humanos utilizan las categor&iacute;as existentes en el cerebro racional y conciente (LeDoux 1996; Zajonc 1998).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las emociones almacenadas en el sistema l&iacute;mbico pueden ser positivas o negativas pero cuando se asocian con clases particulares de personas u objetos contribuyen al <i>prejuicio, </i>el que constituye una orientaci&oacute;n emotiva predeterminada ha los individuos o los objetos (Fiske 2003). Una orientaci&oacute;n prejuiciada a favor o en contra de alg&uacute;n grupo social encierra componentes concientes e inconcientes (Bargh 1996). Todos los seres humanos, sea que piensen en s&iacute; mismos como prejuiciados o no, manejan esquemas mentales con los que clasifican a la gente en categor&iacute;as con base en la edad, el g&eacute;nero, la raza y la etnia (Taylor <i>et al., </i>1978; Stangor <i>et al., </i>1992). No pueden evitarlo. Es parte de la condici&oacute;n humana; y estos esquemas por lo general incluyen memorias impl&iacute;citas que resultan en disposiciones inconcientes hacia las personas y los objetos, derivando en estereotipos (Fiske 1998). Las nociones estereot&iacute;picas siempre est&aacute;n presentes, pero las personas tienen una mayor probabilidad de caer en ellas al hacer juicios cuando se sienten confrontadas o enfrentan alguna amenaza o incertidumbre (Bodenhausen y Wyer 1985; Bodenhausen y Lichtenstein 1987).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al hacer juicios sociales acerca de otros, los seres humanos parecen evaluar a las personas siguiendo dos dimensiones psicol&oacute;gicas: calidez y competencia (Fiske <i>et al. </i>2002). La calidez refiere a qu&eacute; tanto puede gustarse de una persona y a la vez qu&eacute; tanto permite que se le aproximen. Nos sentimos atra&iacute;dos a personas que vemos como altas en la dimensi&oacute;n de calidez y buscamos interactuar y pasar tiempo con ellas. Encontramos a personas que son bajas en la dimensi&oacute;n de calidez como personas que no nos reciben adecuadamente y por lo <i>general </i>las evitamos para minimizar la cantidad y el rango de contactos sociales; no gustamos de ellas y las encontramos "fr&iacute;as". Adem&aacute;s, de estos sentimientos subjetivos de atracci&oacute;n y gusto, evaluamos a la gente tambi&eacute;n en t&eacute;rminos de competencia y eficacia &#150;su capacidad de actuar de manera que reflejen seguir un prop&oacute;sito para lograr que las cosas se hagan. Puede ser que nos guste o no la gente que es altamente competente, pero por lo general los respetamos y apreciamos su habilidad de hacer que las cosas se hagan de manera efectiva.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas dos dimensiones de la percepci&oacute;n social se unen en el <i>modelo del contenido del estereotipo, que </i>argumenta que la cognici&oacute;n social humana implica la ubicaci&oacute;n cognoscitiva de grupos e individuos en un espacio social bidimensional definido por la intersecci&oacute;n de ejes independientes de calidez y competencia (Fiske <i>et al., </i>2002). Como se muestra en la <a href="#f1">figura 1</a>, el espacio social para la formaci&oacute;n de estereotipos tiene cuatro cuadrantes b&aacute;sicos. El cuadrante superior derecho contiene a las personas dentro del propio grupo, junto con los miembros de los grupos que percibimos como similares al propio. Naturalmente pensamos que los miembros de nuestro propio grupo son c&aacute;lidos y competentes y, por tanto, son accesibles y dignos de respeto. La emoci&oacute;n relevante que se asocia con la percepci&oacute;n del propio grupo <i>(in&#150;group) </i>es el orgullo.</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="f1"></a></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/myd/n10/a4f1.jpg"></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La intersecci&oacute;n de dos dimensiones deriva en tres distintos tipos de grupos externos <i>(out&#150;groups), </i>sin embargo, los que var&iacute;an en t&eacute;rminos de su grado de acercamiento <i>(approachability) </i>y respecto. El cuadrante inferior derecho contiene a aquellos grupos que son vistos socialmente como competentes pero no c&aacute;lidos. Se les respeta pero no se gusta de ellos y la emoci&oacute;n relevante que las personas sienten hacia ellos es la envidia. Este cuadrante incluye a las cl&aacute;sicas minor&iacute;as del hombre promedio como los jud&iacute;os en la Europa medieval, los chinos en Malasia, los tutti en Rwanda y los hind&uacute;es en &Aacute;frica oriental. En una estructura social estable, las personas muestran respeto y deferencia p&uacute;blicos ante los miembros de los grupos externos envidiados, pero si el orden social de quebranta pueden convertirse en blanco del odio y la violencia comunitarias, incluso de genocidio, porque no se gusta de ellos ni se perciben que sean personas "como nosotros".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cuadrante superior izquierdo incluye a los grupos externos que se ven como c&aacute;lidos y por tanto dignos de que nos gusten pero que no se ven como competentes. Quienes caen en esta categor&iacute;a son las personas que han experimentado alguna desgracia pero que sin ella ser&iacute;an vistos como "personas como yo", como los discapacitados, los viejos, los ciegos, los retrasados mentales. Uno puede imaginarse en sus zapatos pero por alg&uacute;n accidente del destino, y la emoci&oacute;n relevante es l&aacute;stima. Nos gustan pero, al reconocer su falta de competencia tambi&eacute;n sentimos l&aacute;stima por ellos y no los respetamos. En una estructura social estable los miembros de los grupos externos por los que sentimos l&aacute;stima tienden a ser cuidados y atendidos; pero en &eacute;pocas de desorden social pueden sufrir de abandono (como se vio en los d&iacute;as siguientes del hurac&aacute;n Katrina en Nueva Orle&aacute;ns), aunque por lo general no se convierten en blanco de odio intencional o de violencia comunitaria.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, los grupos sociales que ocupan el cuadrante inferior izquierdo son percibidos simult&aacute;neamente como bajos en calidez y bajos en competencia. Como no son dignos de gustarnos ni son capaces, las personas dentro de estos grupos externos son socialmente despreciadas y la emoci&oacute;n dominante es disgusto o desprecio. Este cuadrante contiene a los excluidos sociales como los traficantes de droga, los que enga&ntilde;an a los sistemas de beneficencia p&uacute;blica, los delincuentes sexuales, los desamparados y los vagabundos. Tambi&eacute;n incluye a los miembros de grupos que han sido sujetos a un proceso ideol&oacute;gico de formaci&oacute;n de grupo y formaci&oacute;n de l&iacute;mites que cuestiona su humanidad. Los afroamericanos en el sur de Jim Crow eran percibidos por los blancos como personas que no eran competentes ni c&aacute;lidas. Eran socialmente etiquetados como inferiores, incluso infrahumanos; y debido a que se les percib&iacute;a como menos que humanos plenos, se les pod&iacute;a explotar, segregar, humillar y matar sin remordimiento.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El trabajo reciente en neurociencia ha involucrado una regi&oacute;n espec&iacute;fica del cerebro como zona central para el proceso de cognici&oacute;n social (v&eacute;ase Harris y Fiske 2006). Cada vez que los individuos perciben un estimulo como humano y por tanto como un actor social potencial, un &aacute;rea del cerebro conocida como el <i>cortex medial prefrontral </i>se ilumina cuando se le observa bajo un aparato de im&aacute;genes resonancia magn&eacute;tica funcional (fMRI, por sus siglas en ingl&eacute;s). Harris y Fiske (2006) pusieron primero a prueba una serie de fotograf&iacute;as de actores sociales para establecer el cuadrante en el que se les ubicaba; luego mostraban estas im&aacute;genes a sujetos experimentales de modo tal que cada persona ve&iacute;a un total de 80 im&aacute;genes &#150; 20 de miembros del mismo grupo, 20 de grupos a los que se envidia, 20 de grupos por los que se siente l&aacute;stima y 20 de grupos que se desprecian.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A medida que ve&iacute;an las diversas im&aacute;genes sociales, los cerebros de los sujetos fueron escaneados con FMRI y se registraron los centros de actividad. Como se esperaba, los investigadores encontraron que las im&aacute;genes que representaban al propio grupo, a los grupos externos envidiados y por los que se siente l&aacute;stima, desataron claras reacciones en el cortex medial prefrontral. Para su sorpresa, sin embargo, las im&aacute;genes de los grupos despreciados no lo hicieron as&iacute; (Harris y Fiske 2006). Mientras que los grupos externos que despertaban sentimientos de l&aacute;stima y envidia eran percibidos instant&aacute;neamente como seres humanos y actores sociales, aquellos que se despreciaba no eran vistos en t&eacute;rminos sociales en absoluto &#150;en el nivel de cognici&oacute;n m&aacute;s fundamental. Los grupos despreciados por tanto se deshumanizaban en el nivel neuronal, dando licencia a los humanos, en sus propias mentes, para tratarlos como si fueran animales u objetos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este rasgo b&aacute;sico de la cognici&oacute;n social humana aporta los fundamentos psicol&oacute;gicos para la explotaci&oacute;n y el acopio de oportunidades en el mundo real. La posici&oacute;n de un grupo dentro del espacio social definido por la calidez y la competencia no est&aacute; fijo, sino que es maleable, var&iacute;a seg&uacute;n el tiempo, el espacio y la cultura (Leslie, Constantine, y Fiske 2006). Aunque las categor&iacute;as sociales son construidas y mantenidas en &uacute;ltima instancia por los individuos en el interior de sus mentes, el proceso por el cual se expresan los l&iacute;mites es social en &uacute;ltima instancia. Las identidades y los l&iacute;mites de grupo se negocian por medio de repetidas interacciones que establecen las definiciones operativas de las categor&iacute;as en cuesti&oacute;n, incluidas tanto el contenido subjetivo como el objetivo, un proceso que los soci&oacute;logos han etiquetado como <i>trabajo de l&iacute;mites </i>(v&eacute;ase Gieryn 1983; Lamont y Molnar 2002). Cuando los actores sociales logran establecer los l&iacute;mites y el contenido de varias categor&iacute;as sociales en las mentes de los dem&aacute;s, los psic&oacute;logos se refieren a este proceso como <i>enmarcado (framing) </i>(Kahneman y Tversky 2000). En esencia, el trabajo de l&iacute;mites implica definir categor&iacute;as en la estructura social y el enmarcado implica definirlos en la cognici&oacute;n humana.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las personas favorecen naturalmente a los l&iacute;mites y los enmarcados que les dan un mayor acceso a recursos materiales, simb&oacute;licos y emocionales y buscan convencer a los dem&aacute;s de que acepten su versi&oacute;n preferida de la realidad social (v&eacute;ase Lakoff 2002; Lakoff y Johnson 2003). En general, los actores sociales que controlan m&aacute;s recursos en la sociedad &#150;los que se ubican m&aacute;s cerca de la cima del sistema de estratificaci&oacute;n&#150; tienen los mayores privilegios en cuanto al trabajo de enmarcado y trazo de l&iacute;mites. Hist&oacute;ricamente, los blancos han perpetuado los estereotipos negativos de los afroamericanos como tontos, violentos, hipersexuales y tercos; y la gente rica de la misma forma ha promovido una visi&oacute;n de los pobres como holgazanes, carentes de motivaci&oacute;n, indisciplinados y poco merecedores. Seg&uacute;n sea el grado al cual estos estereotipos se convierten en parte de la cognici&oacute;n social cotidiana, los individuos que son miembros del grupo externo estereotipado tender&aacute;n a experimentar discriminaci&oacute;n y exclusi&oacute;n en la sociedad.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por supuesto que las distinciones sociales excluyentes y los enmarcados despreciativos siempre son cuestionados por las personas en el lado que es objeto de esas distinciones (Barth 1969). Quienes est&aacute;n sujetos a la explotaci&oacute;n de un enmarcado particular de la realidad social luchan para opon&eacute;rsele y substituirlo por un enmarcado alternativo m&aacute;s adecuado a sus intereses. De la misma forma, cuando se topan con l&iacute;mites categ&oacute;ricos que evitan que accedan a un recurso deseado, las personas trabajan activamente para resistir y subvertir las definiciones sociales de la mejor manera a su alcance. Los miembros de los grupos subyugados tienen sus propias expectativas acerca de c&oacute;mo deben ser percibidos y tratados e incluso si en lo exterior se adaptan a las preconcepciones sociales de los m&aacute;s poderosos, por lo general trabajan en el interior para minar el orden conceptual y social dominante de maneras peque&ntilde;as y grandes.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A trav&eacute;s de esas interacciones en dos sentidos, por m&aacute;s asim&eacute;tricas que sean, la gente en ambos lados de una divisi&oacute;n social estratificada participa activamente en la construcci&oacute;n de los l&iacute;mites y las identidades que definen un sistema de estratificaci&oacute;n. Sin importar cu&aacute;l sea su posici&oacute;n en el sistema, las personas buscan definir para s&iacute; mismas el contenido y el significado de las categor&iacute;as sociales, adoptando algunos elementos que les son adscritos por la sociedad dominante y rechazando otros, simult&aacute;neamente aceptando y resistiendo las limitaciones y las oportunidades asociadas con su particular status social. A trav&eacute;s de las interacciones cotidianas con las personas y las instituciones, la gente construye una concepci&oacute;n de las l&iacute;neas entre grupos sociales espec&iacute;ficos (Barth 1981).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LA ESTRATIFICACI&Oacute;N RACIAL EN LA PR&Aacute;CTICA HIST&Oacute;RICA</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A lo largo de la historia de Estados Unidos, muchos grupos se han convertido en objetos de prejuicio y discriminaci&oacute;n (Perlmutter 1999; Jacobson1999). Oleadas sucesivas de inmigrantes europeos y sus descendientes han luchado duramente y por mucho tiempo para ser aceptados como "blancos" dentro de la sociedad estadounidense y la completa "blancura" no se logr&oacute; socialmente por parte de la mayor parte de los europeos del sur y el este de ese continente sino hasta los a&ntilde;os setenta (Alba 1990). Aunque en la actualidad existe escaso enmarcado o trazo de l&iacute;mites para crear distinciones sociales de importancia entre los grupos de origen europeo, la erosi&oacute;n de los l&iacute;mites entre categor&iacute;as es mucho menos cierta para el grupo que en la actualidad es la minor&iacute;a de m&aacute;s r&aacute;pido crecimiento: los mexicanos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por s&iacute; mismos los mexicoamericanos constituyen el segundo grupo minoritario en cuanto a tama&ntilde;o de la naci&oacute;n, con cerca de 28 millones de personas, en comparaci&oacute;n con 38 millones de afroamericanos, y cuando se combinan con otros grupos de origen latinoamericano constituyen la minor&iacute;a de mayor tama&ntilde;o del pa&iacute;s: los latinos. Los mexicanos no s&oacute;lo constituyen dos terceras partes de toda la poblaci&oacute;n latina; sino que tambi&eacute;n es dudoso que el angloamericano promedio pueda distinguir entre los mestizos de origen mexicano, guatemalteco, salvadore&ntilde;o, peruano o colombiano. El grado al cual el trabajo de trazo de l&iacute;mites y enmarcado se realizan en la sociedad estadounidense para ubicar a los mexicanos como un "otro" racializado, determina que haya efectos de difusi&oacute;n hacia otros latinos.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los mexicanos se introdujeron por primera vez a Estados Unidos en 1848, cuando el Tratado de Guadalupe Hidalgo puso fin a la guerra M&eacute;xico&#150;estadounidense y cedi&oacute; a Estados Unidos los actuales estados de Texas, Arizona, Nuevo M&eacute;xico y California, adem&aacute;s de algunas porciones de UTA, Colorado y Nevada. Con la firma de este tratado, m&aacute;s de 50,000 mexicanos se convirtieron s&uacute;bitamente en ciudadanos estadounidenses (Jaffe <i>et al., </i>1980), y con el trazo de una pluma pasaron a ser, de mayor&iacute;a en su propio pa&iacute;s a una minor&iacute;a en una tierra ajena (MacLachlan y Beezley 2003).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La mayor&iacute;a de los nuevos ciudadanos viv&iacute;a en Nuevo M&eacute;xico y Texas y en este &uacute;ltimo, dado que era un estado esclavista, pronto se releg&oacute; a los mexicanos al lado inadecuado de la l&iacute;nea de color &#150;no fueron esclavizados como los afroamericanos, pero ciertamente no se les concedieron los derechos y privilegios de los europeos blancos (Guti&eacute;rrez 1995). A trav&eacute;s de una diversidad de mecanismos categoriales &#150;algunos legales y otros no tan legales&#150; los mexicanos fueron sistem&aacute;ticamente despojados de sus propiedades y libertades y de les convirti&oacute; en jornaleros sin tierra al servicios de los propietarios y empresarios blancos (Zamora 1993; De Leon 1999). Aunque los mexicanos tambi&eacute;n fueron despojados fuera de Texas, el grado de subyugaci&oacute;n en otros lugares no fue tan severo en sus inicios, pero poco a poco se torn&oacute; peor a medida que crec&iacute;an los n&uacute;cleos de poblaci&oacute;n mexicana (Gutierrez 1995).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para fines del siglo XIX, los mexicanos se hab&iacute;an transformado, tanto social como econ&oacute;micamente en un estrato subordinado que estaba sujeto a una discriminaci&oacute;n difundida y a una exclusi&oacute;n sistem&aacute;tica (Grebler, Moore y Guzm&aacute;n 1970). El grado al cual los mexicanos se hab&iacute;an transmutado de amos de sus propios dominios en fuente racializada de mano de obra barata para los blancos se muestra en el reporte de  la comisi&oacute;n estatal Dillinghan de 1911, en donde se describe a los mexicanos como "notablemente indolentes y poco progresistas en todo lo que se refiere a educaci&oacute;n y cultura", realizando trabajos sucios dignos tan s&oacute;lo del "grado m&aacute;s bajo de las razas nativas no asimilables" aunque su "utilidad, no obstante, se ve impedida en mucho por &#91;su&#93; falta de ambici&oacute;n y &#91;su&#93; inclinaci&oacute;n al uso constante de licor intoxicante" (U.S. Commission on Immigration 1911:59,94,110).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los cerca de 50,000 mexicanos que fueron absorbidos hacia Estados Unidos en 1848 se incrementaron principalmente por crecimiento natural hasta el siglo XX. Aun cuando las tasas de fecundidad eran altas, tambi&eacute;n lo eran las tasas de mortalidad y la tasa de expansi&oacute;n demogr&aacute;fica era modesta. Para 1900 la poblaci&oacute;n de origen mexicano en Estados Unidos alcanzaba apenas cerca de 150,000 y ese a&ntilde;o &uacute;nicamente llagaron 237 mexicanos como inmigrantes. Aun cuando el racismo contra los mexicanos era real y corriente, su peque&ntilde;a cifra y su aislamiento geogr&aacute;fico signific&oacute; que los mecanismos categ&oacute;ricos de inequidad establecidos para asegurar su status subordinado tuvieron escaso efecto en la inequidad dentro de la naci&oacute;n en conjunto.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta situaci&oacute;n se alter&oacute; en 1907. Ese a&ntilde;o, Estados Unidos y Jap&oacute;n cerraron un "acuerdo de caballeros" por el cual las autoridades japonesas aceptaban evitar la salida de sus ciudadanos con rumbo a Estados Unidos, a cambio de lo cual Estados Unidos acord&oacute; no infligir a Jap&oacute;n la indignidad de prohibir su entrada (Zolberg 2006). Esta acci&oacute;n caus&oacute; una seria alteraci&oacute;n en los mercados de trabajo occidentales, ya que los inmigrantes japoneses hab&iacute;an llegado a convertirse en la columna vertebral de la mano de obra no calificada de la regi&oacute;n. En respuesta, los patrones occidentales miraron hacia el sur y comenzaron a reclutar mexicanos, primero para trabajar en los ferrocarriles, luego en las minas y finalmente en las f&aacute;bricas (Cardoso 1980; Durand y Arias 2000).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como lo expres&oacute; la comisi&oacute;n Dillinham, "la inmigraci&oacute;n mexicana puede incrementarse por alg&uacute;n tiempo ya que esta raza ofrece una fuente de mano de obra para sustituir a la asi&aacute;tica en las ocupaciones temporales m&aacute;s indeseables". En efecto, continuaba la comisi&oacute;n, "en los dos distritos del sur de California en donde la fuerza de los jornaleros es predominantemente mexicana, se prefiere a los mexicanos sobre los japoneses. Se le considera m&aacute;s tratable y ser mejor trabajador en un caso. En el otro se dice que es m&aacute;s r&aacute;pido y mejor trabajador que el japon&eacute;s..." (U.S. Commission on Immigration 1911: 50, 110). Pocos mexicanos entraron a Estados Unidos antes de ese acuerdo de caballeros con Jap&oacute;n; pero a partir de entonces el flujo de los inmigrantes legales se aceler&oacute; r&aacute;pidamente desde cerca de cero en 1907 hasta alcanzar los 16,000 en 1909.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con el inicio de la Primera Guerra Mundial en 1914, los patrones estadounidenses se vieron privados de la mano de obra inmigrante procedente de Europa y de Asia, y a medida que creci&oacute; la demanda de productos estadounidenses los patrones incrementaron su reclutamiento de trabajadores provenientes del sur de la frontera (Cardoso 1980). Cuando Estados Unidos entr&oacute; a la Primera Guerra Mundial en 1917, al demanda de mano de obra alcanz&oacute; su cima y la escasez de trabajadores se convirti&oacute; en cr&oacute;nica cuando los trabajadores blancos de las f&aacute;bricas se movilizaron al servicio militar. En respuesta, el gobierno estadounidense estableci&oacute; un programa oficial de reclutamiento de mano de obra para apoyar a los productores agr&iacute;colas en el suroeste (Reisler 1979; Morales 1982) y los propietarios de f&aacute;bricas en el medio oeste redoblaron sus esfuerzos privados de reclutamiento (Durand y Arias 2000).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De tal manera, la cifra de trabajadores bajo contrato que entraron a Estados Unidos se increment&oacute; desde 17,000 en 1920 y la inmigraci&oacute;n legal alcanz&oacute; una cifra sin precedente de 51,000 personas. Las incertidumbres estadounidenses acerca de todo lo extranjero se dispararon durante la recesi&oacute;n que sigui&oacute; a la Guerra, y el Terror Rojo <i>(Red Scare) </i>de 1918&#150;1921 estuvo acompa&ntilde;ado de una ola de histeria anti&#150;inmigrante. El congreso aprob&oacute; la primer ley de cuotas en 1921 para limitar la inmigraci&oacute;n proveniente de Europa del sur y del este y aprob&oacute; una versi&oacute;n aun m&aacute;s estricta en 1924. Durante este periodo, tanto la inmigraci&oacute;n legal como aquella por contrato entre los mexicanos se desplom&oacute;, alcanzando las bajas cuotas, en 1922, de 18,000 y de 12,000 en 1924.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La recuperaci&oacute;n econ&oacute;mica, sin embargo, llev&oacute; a una sostenida explosi&oacute;n econ&oacute;mica conocida como "los fabulosos veintes" y, dadas las nuevas restricciones a la inmigraci&oacute;n de europeos y al ajuste constante de los mercados de mano de obra, pronto se reinici&oacute; el reclutamiento de mexicanos. La inmigraci&oacute;n legal se elev&oacute; nuevamente para alcanzar la cifra de 88,000 personas en 1924 y el ingreso de jornaleros por contrato alcanz&oacute; los 18,000. Hasta ese momento, la frontera entre M&eacute;xico y Estados Unidos era poco m&aacute;s que una l&iacute;nea en el mapa y en buena parte no estaba siquiera marcada (Massey, Durand, Malone 2002). Como respuesta a la creciente inmigraci&oacute;n proveniente de M&eacute;xico, empero, en 1924 el congreso cre&oacute; la Patrulla Fronteriza <i>(U.S. Border Patrol) </i>y por primera vez la frontera entre M&eacute;xico y Estados Unidos se convirti&oacute; en una realidad tangible.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La creaci&oacute;n de la patrulla fronteriza signific&oacute; la existencia de una nueva categor&iacute;a de mexicanos en Estados Unidos &#150;el migrante ilegal. Durante el primer a&ntilde;o de operaci&oacute;n la patrulla fronteriza aprehendi&oacute; a cerca de 4,600 mexicanos que intentaban entrar al pa&iacute;s sin documentos (Massey, Durand y Malone 2002). No obstante, los ingresos legales se incrementaron a mediados de la d&eacute;cada, para llegar a los 68,000 migrantes con documentos y a 17,000 trabajadores por contrato en 1927. Al reducirse estos dos flujos a fines de los a&ntilde;os veinte, se increment&oacute; correspondientemente la inmigraci&oacute;n ilegal, llegando las aprehensiones a 18,000 personas en 1930.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir del acuerdo de caballeros de 1907 hasta 1930, la cifra de personas de origen mexicano en Estados Unidos rebas&oacute; el cu&aacute;druplo, elev&aacute;ndose de 178,000 a 739,000 en poco m&aacute;s de dos d&eacute;cadas y convirtiendo a los mexicanos en una minor&iacute;a visible en las ciudades de las regiones del suroeste, el medio oeste y el Pac&iacute;fico (Durand y Arias 2000). Con la ca&iacute;da del mercado valores estadounidense, sin embargo, el incremento en la inmigraci&oacute;n de mexicanos se acab&oacute; tan r&aacute;pido como hab&iacute;a comenzado. Siguiendo los preceptos establecidos por la comisi&oacute;n Dillingham, los mexicanos se consideraron dispensables como trabajadores e incapaces de asimilar como ciudadanos y, en una &eacute;poca de creciente austeridad, los blancos los enmarcaron como personas que despojaban de los empleos a quienes les pertenec&iacute;an, los "verdaderos" estadounidenses, generando cargas en los contribuyentes con pagos de indemnizaci&oacute;n que recompensaban su "indolencia" natural (Hoffman 1974). De acuerdo con estas percepciones, las autoridades federales se unieron con los funcionarios estatales y locales para organizar una serie de campa&ntilde;as de deportaci&oacute;n, mismas que, en el curso de unos cuantos a&ntilde;os, redujeron a la mitad la poblaci&oacute;n de origen mexicano en Estados Unidos (Jaffe <i>et al., </i>1980).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante el periodo 1929&#150;1937, unos 458,000 mexicanos fueron arrestados y expulsados de Estados Unidos sin el proceso legal adecuado, incluidos muchos hijos de nacidos en Estados Unidos. Para 1940, solo quedaban 377,000 inmigrantes mexicanos en el pa&iacute;s (Jaffe <i>et al. </i>1980). Quienes permanecieron en &eacute;l fueron empujados hacia los m&aacute;rgenes de la sociedad, segregados en barrios ruinosos, en donde se les atend&iacute;a en escuelas segregadas y en donde recib&iacute;an servicios de calidad inferior (Grebler, Moore y Guzm&aacute;n 1970). En estos enclaves, los mexicanos se transformaron de aspirante a inmigrar en una minor&iacute;a nacional conciente de s&iacute;, que gradualmente dej&oacute; de llamarse a s&iacute; misma "mexicana" para utilizar el t&eacute;rmino de "chicana" (S&aacute;nchez 1995; Guti&eacute;rrez 1995). El grado al cual los mexicanos fueron racializados durante este periodo se manifiesta en el hecho de que la oficina del censo de Estados Unidos en 1930, por primera y &uacute;nica vez en su historia enumerara a los mexicanos como una raza por s&iacute; misma, junto a los negros (Bean y Tienda 1987).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, la industria estadounidense una vez m&aacute;s se moviliz&oacute; y se restableci&oacute; el pleno empleo. En combinaci&oacute;n con el reclutamiento militar renovado, la guerra gener&oacute; escasez de mano de obra, en especial en el suroeste estadounidense y las autoridades federales pronto se olvidaron de las deportaciones y, sin hacer esc&aacute;ndalo, voltearon hacia el sur para negociar un tratado binacional para la importaci&oacute;n "temporal" de jornaleros provenientes de M&eacute;xico, a los que se conoci&oacute; como <i>braceros. </i>El consiguiente "Programa Bracero" estuvo operado por los Departamentos de Estado, del Trabajo y de Justicia de Estados Unidos, en cooperaci&oacute;n con el gobierno mexicano y en septiembre de 1942 llegaron los primeros braceros para hacerse cargo del trabajo agr&iacute;cola en Stockton, California (Calavita 1992).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El Programa Bracero fue instrumental para reiniciar un flujo migratorio que hab&iacute;a estado latente por m&aacute;s de una d&eacute;cada. En los a&ntilde;os previos a 1942, la inmigraci&oacute;n de mexicanos hacia Estados Unidos era virtualmente nula; y aunque los flujos se reavivaron con el Programa Bracero, la cifra de trabajadores por contrato permaneci&oacute; bastante peque&ntilde;a a lo largo de la <i>guerra. </i>Entre 1942 y 1945, un <i>total </i>de tan s&oacute;lo 168,000 braceros se reclutaron hacia Estados Unidos. En las &aacute;reas urbanas, los hijos de los inmigrantes mexicanos de &eacute;pocas anteriores aprovecharon el retorno al pleno empleo y lograron una movilidad econ&oacute;mica ascendente, trabajando en empleos sindicalizados en las industrias de guerra y traduciendo su reci&eacute;n encontrada afluencia en un nuevo y llamativo estilo conocido como "pachuco", cuyo emblema era el traje holgado conocido como<i>zoot suit </i>(Mazon 1984).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como sucediera en relaci&oacute;n con los japoneses en a&ntilde;os anteriores del siglo, los californianos blancos se resintieron de los inferiores de raza que se elevaban por encima del lugar que se les hab&iacute;a asignado y en la cargada atm&oacute;sfera de Los &Aacute;ngeles en la &eacute;poca de la guerra se iniciaron los disturbios en contra de los mexicanos. El 3 de junio de 1943, un grupo de soldados de licencia se quej&oacute; de que hab&iacute;an sido atacados por una pandilla de pachuchos que llevaban zoot suits (Obregon Pagan 2006). En respuesta, una airada multitud de soldados y civiles blancos se dirigi&oacute; al barrio mexicano del este de Los &Aacute;ngeles, en donde sus miembros atacaron a todos los hombres que portaran zoot suits, los golpearon salvajemente al tiempo que los despojaban de los trajes ofensivos y los quemaban en el lugar.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En vez de proteger a los ciudadanos estadounidenses de origen mexicano, la polic&iacute;a de Los &Aacute;ngeles arras&oacute; el barrio y arrest&oacute; a cientos de pachuchos que ya hab&iacute;an sido golpeados, acus&aacute;ndolos de "alterar la paz" y varios de ellos murieron en la c&aacute;rcel por falta de tratamiento m&eacute;dico. Aun cuando nueve marineros blancos fueron arrestados en los siguientes d&iacute;as, ocho de ellos fueron liberados sin cargos y al &uacute;ltimo se le liber&oacute; tras pagar una peque&ntilde;a multa. Los ataques a los mexicanos cesaron &uacute;nicamente cuando las autoridades militares declararon a la ciudad de Los &Aacute;ngeles como un lugar prohibido para el personal en servicio. A los mexicoamericanos, empero, se les hab&iacute;a hecho llegar un fuerte mensaje: incluso en la progresista California las personas de origen mexicano no eran aceptadas como iguales, sin importar en d&oacute;nde hubieran nacido, cu&aacute;nto percibieran de sueldo, o qu&eacute; tan elegantes se vistieran (Mazon 1984).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aun cuando al principio se pens&oacute; que la medida era "temporal" por el tiempo de Guerra, la vigorosa econom&iacute;a de la posguerra perpetuar&iacute;a los temores de los agricultures de escasez de mano de obra y, bajo presi&oacute;n de las delegaciones del congreso provenientes de Texas y California, Casa de Representantes y el Senado ampliaron el Programa Bracero cada a&ntilde;o hasta fines de los a&ntilde;os cuarenta. A pesar de las ampliaciones, no obstante, la cifra de visas para braceros fue insuficiente para cubrir la creciente demanda de los agricultores y de ese modo los patrones se hicieron cargo de la situaci&oacute;n reclutando directamente a migrantes ilegales, en especial despu&eacute;s de 1950, cuando la restauraci&oacute;n del reclutamiento militar forzoso durante la <i>guerra </i>de Corea estrech&oacute; notoriamente los mercados de mano de obra de Estados Unidos. A medida que los mexicanos cruzaban la frontera en n&uacute;meros mayores en su viaje hacia las granjas y campos en donde sab&iacute;an que ser&iacute;an contratados, la cifra anual de aprehensiones se dispar&oacute; de cerca de 7,000 en 1942 hasta alcanzar los 544,000 en 1952.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al final de la guerra de Corea, una breve recesi&oacute;n econ&oacute;mica, se combin&oacute; con otro aumento en la histeria xen&oacute;foba durante la &eacute;poca de McCarthy para volver a la migraci&oacute;n ilegal un tema pol&iacute;tico candente. En 1953&#150;1954, el servicio estadounidense de inmigraci&oacute;n y naturalizaci&oacute;n <i>(U.S. Immigration and Naturalization Service&#150;INS) </i>respondi&oacute; al creciente clamor lanzando la "operaci&oacute;n espaldas mojadas" <i>(Operation Wetback) </i>(Calavita 1992). En cooperaci&oacute;n con las autoridades estatales y locales, el INS militariz&oacute; la frontera entre M&eacute;xico y Estados Unidos y organiz&oacute; el arresto masivo de mexicanos &#150;o, m&aacute;s exactamente, de personas que lucieran como mexicanos. Durante 1954 la cifra de mexicanos aprehendidos por el INS se dispar&oacute; a m&aacute;s de un mill&oacute;n por primera vez en la historia de Estados Unidos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una diferencia crucial en comparaci&oacute;n con la campa&ntilde;a de deportaci&oacute;n de los a&ntilde;os treinta, sin embargo, fue que esta vez el congreso actu&oacute; simult&aacute;neamente para ampliar la cifra de visas de trabajo temporal, duplicando casi el n&uacute;mero de braceros admitidos por a&ntilde;o. Entre 1955 y 1959, entre 400,000 y 450,000 braceros se importaron cada a&ntilde;o hacia Estados Unidos. La inmigraci&oacute;n legal se elev&oacute; tambi&eacute;n, yendo de 9,600 en 1952 a 65,000 en 1956 antes de estabilizarse (Massey, Durand y Malone 2002). Este incremento en las alternativas de ingreso legales, m&aacute;s que la vigilancia fronteriza reforzada, fue lo que redujo la migraci&oacute;n ilegal a un m&iacute;nimo durante los a&ntilde;os cincuenta. De estar en una cifra de 1.1 millones en 1954, el n&uacute;mero de aprehensiones se redujo a tan s&oacute;lo 30,000 en 1959, nivel en el que permaneci&oacute; ya bien entrados los a&ntilde;os sesenta.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante un tiempo los estadounidenses parec&iacute;an contentos de poseer fuerza de trabajo desechable que cada temporada viajaba a Estados Unidos para realizar trabajos dif&iacute;ciles y exigentes pero que regularmente regresaba a M&eacute;xico una vez que se efectuaba el trabajo. Al inicio de la Operaci&oacute;n Espalda Mojada y la expansi&oacute;n del Programa Bracero, la inmigraci&oacute;n ilegal desapareci&oacute; como tema pol&iacute;tico; pero a medida que tomaba fuerza el movimiento de los derechos civiles, la inmigraci&oacute;n se volvi&oacute; controvertida de manera distinta. Adem&aacute;s de acabar con las regulaciones <i>de Jim Crow </i>en contra de los negros y prohibir la discriminaci&oacute;n en los mercados estadounidenses, los activistas de los derechos civiles buscaron purgar el sistema nacional de inmigraci&oacute;n de su legado racista. Como consecuencia, durante los a&ntilde;os sesenta, tanto el Programa Bracero como las cuotas por origen nacional se convirtieron en blancos de ataques.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El Programa Bracero era visto por los defensores de los derechos civiles como un sistema de mano de obra corrupto, coercitivo y explotador, en buena parte a la par de las cosechas compartidas por los negros en el sur. Bajo intensa presi&oacute;n de grupos religiosos, sindicatos y organizaciones de derechos civiles, el congreso redujo el Programa Bracero a principios de los a&ntilde;os sesenta &#150;reduciendo el n&uacute;mero de visas de trabajo por a&ntilde;o de 438,000 en 1959 a 178,000 en 1964&#150; antes de votar al a&ntilde;o siguiente a favor de dar por terminado ese programa por completo. En el mismo a&ntilde;o de 1965, el congreso acept&oacute; enmiendas al Decreto de Inmigraci&oacute;n y Nacionalizaci&oacute;n en donde finalmente se aboli&oacute; la discriminaci&oacute;n por or&iacute;genes nacionales y se levant&oacute; la prohibici&oacute;n en contra de la inmigraci&oacute;n proveniente de Asia y &Aacute;frica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En vez de cuotas racistas, la nueva legislaci&oacute;n estableci&oacute; un l&iacute;mite neutral de 20,000 visas de inmigrante al a&ntilde;o para cada uno de los pa&iacute;ses fuera del hemisferio occidental. Estas visas se distribu&iacute;an entre las personas utilizando un "sistema de preferencia" que tomaba en cuenta las necesidades de empleo y humanitarias nacionales (Zolberg 2006). Aunque se le ve&iacute;a como un logro destacable de parte del movimiento de los derechos civiles, el Decreto de Inmigraci&oacute;n de 1965 inaugur&oacute; tambi&eacute;n una nueva tendencia en las pol&iacute;ticas restrictivas de inmigraci&oacute;n en el caso de M&eacute;xico al imponer los primeros l&iacute;mites num&eacute;ricos a la inmigraci&oacute;n proveniente del hemisferio occidental. Las enmiendas sucesivas pusieron a cada naci&oacute;n del hemisferio occidental bajo el l&iacute;mite de las 20,000 visas por pa&iacute;s, abolieron las cuotas separadas por hemisferio y finalmente establecieron un solo l&iacute;mite mundial que se redujo a 270,000 visas. Mientras que en 1965 los mexicanos que aspiraban a convertirse en inmigrantes legales no se enfrentaban con un l&iacute;mite num&eacute;rico, para 1980 se encontraron compitiendo con aspirantes a inmigrantes de todo el mundo por una cifra limitada de visas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Junto al final del Programa Bracero, estos cambios legislativos redujeron dram&aacute;ticamente las posibilidades de ingreso legal y pr&aacute;cticamente garantizaron el aumento en la migraci&oacute;n indocumentada. Mientras que a fines de los cincuenta cada a&ntilde;o entraron a Estados Unidos cerca de 480,000 mexicanos como braceros o inmigrantes legales, el flujo total de ingreso de mexicanos por los canales legales descendi&oacute; a 62,000 por a&ntilde;o entre 1965 y 1985, el 13% de su nivel previo. La diferencia entre la demanda de visas por parte de los patrones y trabajadores y el escaso n&uacute;mero de ellas que ofrec&iacute;a el gobierno se compon&iacute;a cada vez m&aacute;s de migraci&oacute;n indocumentada y las aprehensiones anuales en la frontera se elevaron de manera estable desde 55,000 en 1965 a 1.6 millones en 1985.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esencia el cambio en la pol&iacute;tica de inmigraci&oacute;n en Estados Unidos despu&eacute;s de 1965 transform&oacute; a la migraci&oacute;n de mexicanos de un programa de jure de trabajadores hu&eacute;spedes basado en la circulaci&oacute;n de braceros en un programa de facto de trabajadores basado en la circulaci&oacute;n de migrantes indocumentados (Durand y Massey 2003). Hasta 1985 este flujo permaneci&oacute; abrumadoramente circular, y estuvo compuesto primordialmente por j&oacute;venes que se trasladaban de ida y vuelta atra&iacute;dos por el trabajo de temporada en la agricultura, la construcci&oacute;n, la manufactura y los servicios (Massey, Durand, Malone 2002). Bajo el programa de trabajadores temporales no oficial, que prevaleci&oacute; entre 1965 y 1985, los mexicanos permanecieron como trabajadores desechables y como ciudadanos no deseados, como en el Programa Bracero, pero los flujos de mano de obra estuvieron regulados informalmente como producto de la vigilancia fronteriza en vez de que lo fueran bajo los t&eacute;rminos de un acuerdo binacional formal.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque la presencia de mexicanos indocumentados en Estados Unidos era t&eacute;cnicamente ilegal, hasta mediados de los a&ntilde;os ochenta las consecuencias de esta ilegalidad eran relativamente benignas. El tama&ntilde;o y el presupuesto de la patrulla fronteriza creci&oacute; de forma modesta cada a&ntilde;o para conservar el ritmo gradual de crecimiento del volumen subyacente de migraci&oacute;n indocumentada y la probabilidad de aprehender a alguien que cruzara la frontera como indocumentado permaneci&oacute; constante en cerca de 33% (Massey y Singer 1995). La econom&iacute;a pol&iacute;tica de la migraci&oacute;n mexicana antes de 1985 era tal que un migrante indocumentado podr&iacute;a esperar con cierto margen de sensatez que llegar&iacute;a a la frontera y lograr&iacute;a entrar tras unos cuantos intentos con un riesgo personal reducido y con una inversi&oacute;n financiera modesta.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El aumento en la migraci&oacute;n indocumentada despu&eacute;s de 1965 se vio acompa&ntilde;ado, empero, de una nueva satanizaci&oacute;n de los mexicanos. Los migrantes mexicanos fueron enmarcados cada vez m&aacute;s como una amenaza a la seguridad de la naci&oacute;n, a los trabajadores, a la cultura, a la forma de vida. Chavez (2001) estudi&oacute; las portadas de las revistas estadounidenses dedicadas a la inmigraci&oacute;n entre 1965 y 2000 y las clasific&oacute; como afirmativas, alarmistas o neutrales en su representaci&oacute;n de los inmigrantes. Las portadas clasificadas como "afirmativas" utilizaban textos e im&aacute;genes para celebrar la inmigraci&oacute;n; las portadas "alarmistas" utilizaban texto e im&aacute;genes para manifestar problemas, temores o peligros asociados con la inmigraci&oacute;n; y las portadas "neutrales" eran acompa&ntilde;adas por art&iacute;culos que ofrec&iacute;an una cobertura equilibrada y factual de los temas de la inmigraci&oacute;n que no era ni afirmativa ni alarmista.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ch&aacute;vez encontr&oacute; que los temas alarmistas predominaban de manera abrumadora en la cobertura de la inmigraci&oacute;n despu&eacute;s de 1965, caracterizando a dos tercios de todas las portadas dedicadas al t&oacute;pico desde 1965 a 1999, en comparaci&oacute;n con tan s&oacute;lo el 9% clasificado como neutral y 19% afirmativo. La frecuencia de las portadas alarmistas tambi&eacute;n se increment&oacute; notablemente con el tiempo. Mientras que el 18% de las portadas alarmistas apareci&oacute; en los a&ntilde;os setenta, el 38% fue publicado en los a&ntilde;os ochenta y el 45% en la d&eacute;cada de los noventa. Los incrementos en los textos y las im&aacute;genes alarmistas coincidieron tambi&eacute;n con periodos de recesi&oacute;n en Estados Unidos (Ch&aacute;vez 2001:21&#150;24).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las palabras impresas en los textos que acompa&ntilde;aban a las im&aacute;genes por lo general reforzaban el sentido de alarma y urgencia comunicados por las im&aacute;genes (Ch&aacute;vez 2001). En un estilo que se ha conservado a lo largo del tiempo, los editores utilizaban notablemente las met&aacute;foras marinas, representando a la inmigraci&oacute;n como una "ola gigante" que estaba "anegando" Estados Unidos y amenazaba con "inundar" su cultura. Durante los a&ntilde;os setenta y ochenta, empero, apareci&oacute; con mayor frecuencia una nueva met&aacute;fora a medida que los inmigrantes y la inmigraci&oacute;n fueron enmarcados cada vez m&aacute;s en t&eacute;rminos marciales. La frontera M&eacute;xico&#150;Estados Unidos era representada como un "campo de batalla" que estaba "siendo atacado" por parte de "invasores extranjeros" que constitu&iacute;an una "bomba de tiempo" que esperaba explotar y destruir la cultura y los valores estadounidenses. En esta representaci&oacute;n militarizada, los oficiales de la patrulla fronteriza se convert&iacute;an en "defensores" que estaban "en desventaja de armas" en sus intentos por "conservar la l&iacute;nea" en contra de las "hordas" (Dunn 1996; Andreas 2000).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fuera marcial o marino el lenguaje utilizado, empero, siempre representaba a la inmigraci&oacute;n proveniente de M&eacute;xico como una "crisis". Retrocediendo a los primeros d&iacute;as de la rep&uacute;blica, los pol&iacute;ticos han encontrado conveniente el satanizar a los inmigrantes durante los periodos de inquietud social e inseguridad econ&oacute;mica (Higham 1955) y durante los a&ntilde;os ochenta la representaci&oacute;n simb&oacute;lica de los inmigrantes como amenaza alcanz&oacute; nuevas cotas (Zolberg 2006). En particular Ronald Reagan, enmarc&oacute; a la inmigraci&oacute;n como una cuesti&oacute;n de "seguridad nacional" ligada con sus acusaciones constantes de la Guerra Fr&iacute;a. Como consecuencia de las insurgencias comunista en centroam&eacute;rica, predijo una "ola gigante de refugiados &#150;y esta vez ser&aacute;n 'personas de a pie' y no personas en botes&#150; llegando multitudinariamente a nuestro pa&iacute;s en busca de un refugio frente a la represi&oacute;n comunista en el sur" <i>(Washington Post, </i>21 de junio de 1983). En un discurso de 1986, record&oacute; a los estadounidenses que los "terroristas y subversivos est&aacute;n a tan s&oacute;lo dos d&iacute;as de manejo por carretera de &#91;el cruce fronterizo de&#93; Harlingen, Texas (citado en Kamen 1990) y su comisi&oacute;n de 1987 sobre el terrorismo report&oacute; que los inmigrantes constitu&iacute;an una potencial quinta columna en Estados Unidos porque los extremistas se "alimentar&iacute;an de la ira y la frustraci&oacute;n de los inmigrantes centro y sudamericanos recientes que no realizar&aacute;n su propia versi&oacute;n del sue&ntilde;o americano" (citado en Dunn 1996).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta denominaci&oacute;n de la inmigraci&oacute;n como una amenaza a la seguridad nacional, la representaci&oacute;n simb&oacute;lica de la frontera entre M&eacute;xico y Estados Unidos como una fortaleza defensiva y la satanizaci&oacute;n de los latinos como subversivos alcanz&oacute; un crescendo a mediados de los a&ntilde;os ochenta (Massey, Durand y Malone 2002). El a&ntilde;o de 1986 fue crucial. A fines de ese a&ntilde;o el congreso aprob&oacute; el decreto de reforma y control de la inmigraci&oacute;n <i>(Immigration Reform and Control Act&#150;IRCA)</i>, que conten&iacute;a tres medidas de largo alcance que dr&aacute;sticamente reconfiguraron la econom&iacute;a pol&iacute;tica de la migraci&oacute;n y transformaron la posici&oacute;n de los mexicanos en Estados Unidos (Durand, Massey y Parrado 1999). En primer lugar, el IRCA increment&oacute; notablemente el financiamiento para la vigilancia de la frontera, iniciando una expansi&oacute;n sin precedentes en la patrulla fronteriza que continu&oacute; sin interrupci&oacute;n durante dos d&eacute;cadas. En segundo lugar, autoriz&oacute; dos programas de legalizaci&oacute;n: uno para los residentes a largo plazo que hab&iacute;an estado en el pa&iacute;s por al menos cinco a&ntilde;os y otro para trabajadores agr&iacute;colas en el corto plazo. Finalmente, criminaliz&oacute; el contratar trabajadores indocumentados y aplic&oacute; sanciones en contra de los empleados que lo hicieran a sabiendas.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LA ESTRATIFICACI&Oacute;N RACIAL EN LA PR&Aacute;CTICA ACTUAL</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s de 1986 el tama&ntilde;o y el presupuesto de la patrulla fronteriza creci&oacute; r&aacute;pidamente, a un ritmo que ya no estaba conectado con el volumen subyacente de la migraci&oacute;n (Durand, Massey y Malone 2002). A pesar de los enormes gastos en vigilancia fronteriza, sin embargo, la tasa de ingresos ilegales permaneci&oacute; estable (Donato, Durand y Massey 1992). Para 1990 estaba claro que la legislaci&oacute;n no estaba funcionando y que la migraci&oacute;n crec&iacute;a otra vez, por lo que el congreso aprob&oacute; una nueva serie de cambios restrictivos al decreto de inmigraci&oacute;n y naturalizaci&oacute;n, imponiendo nuevos l&iacute;mites a la migraci&oacute;n familiar legal, autorizando financiamiento para miles de oficiales adicionales en la patrulla fronteriza, haciendo m&aacute;s estrictas las sanciones contra los patrones, agilizando los procedimientos de deportaci&oacute;n, incrementando las penas para las violaciones en la inmigraci&oacute;n y reforzando la vigilancia interna. De una cifra de apenas 11,000 en 1985, la cifra anual de mexicanos arrestados en el interior de Estados Unidos y deportados a la fuerza creci&oacute; de forma estable hasta alcanzar los 150,000 en 2005, la mayor cifra desde las campa&ntilde;as de deportaci&oacute;n de la Gran Depresi&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La militarizaci&oacute;n de la frontera y la escalada de vigilancia en el interior ayudaron a romper el patr&oacute;n tradicional de migraci&oacute;n circular que hab&iacute;a prevalecido a lo largo de la historia (Massey, Durand y Malone 2002). Mientras que la probabilidad de que un mexicano iniciara la migraci&oacute;n indocumentada permaneci&oacute; constante en los a&ntilde;os despu&eacute;s de aprobado el IRCA, la probabilidad de regresar a M&eacute;xico una vez que se hab&iacute;a logrado ingresar a Estados Unidos, se desplom&oacute; despu&eacute;s de 1986. En vez de considerar como primera opci&oacute;n la de no ir a Estados Unidos, los migrantes indocumentados escog&iacute;an en cambio permanecer m&aacute;s tiempo una vez que hab&iacute;an convertido en un &eacute;xito el azaroso cruce de la frontera para internarse en el pa&iacute;s (Durand y Massey 2003).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tasa decreciente de emigraci&oacute;n y la tasa estable de inmigraci&oacute;n se combinaron para incrementar la tasa de la migraci&oacute;n neta indocumentada y causar una aceleraci&oacute;n sin precedentes en la cifra de mexicanos que viv&iacute;an al norte de la frontera. En esencia, las pol&iacute;ticas de inmigraci&oacute;n y de vigilancia fronteriza lograron lo contrario de lo que pretend&iacute;an. En vez de reducir el flujo neto de ingreso anual de migrantes mexicanos, la redoblaron. Las pol&iacute;ticas de inmigraci&oacute;n y fronteriza de Estados Unidos transformaron la inmigraci&oacute;n mexicana de ser un flujo circular de trabajadores varones en una poblaci&oacute;n establecida de familias. Para el a&ntilde;o 2008, la cifra total de mexicanos indocumentados que se encontraban al norte de la frontera hab&iacute;a alcanzado los 7 millones y el n&uacute;mero total de mexicanos nacidos fuera de Estados Unidos hab&iacute;a ascendido a cerca de 12 millones.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas cifras denotan que una de cada diez personas nacidas en M&eacute;xico vive ahora en Estados Unidos y cerca del 55% tienen status ilegal. Al mismo tiempo, los inmigrantes han llegado a formar una creciente fracci&oacute;n de todos los mexicoamericanos, aproximadamente el 40% en 2005; y la enorme cifra de indocumentados entre ellos significa que a mediados del siglo XXI m&aacute;s de la mitad de todas las personas provenientes de M&eacute;xico &#150;y m&aacute;s de una quinta parte de todas las personas de origen mexicano&#150; carecen de derechos sociales, pol&iacute;ticos o econ&oacute;micos en Estados Unidos. Los mexicanos son ahora m&aacute;s explotables que en cualquier otra &eacute;poca desde la d&eacute;cada de 1850.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En vez de culpar por el deterioro de los salarios y las condiciones de trabajo a los cambios estructurales en la econom&iacute;a pol&iacute;tica, sin embargo, los economistas conservadores como George Borjas (1995) han atribuido la tendencia a un "declive en la calidad de los inmigrantes", resaltando a los mexicanos de forma que ser&iacute;a conocida a los miembros de la comisi&oacute;n Dillingham. Aunque la satanizaci&oacute;n de los inmigrantes latinos como "invasores" y "terroristas" se redujo un poco durante el auge econ&oacute;mico de los a&ntilde;os noventa, estos marcos regresaron con m&aacute;s fuerza despu&eacute;s del 11 de septiembre de 2001, tanto desde dentro como desde fuera de la academia.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dentro de la academia, intelectuales como el especialista en ciencias pol&iacute;ticas Samuel P. Huntington (2004) ofrecieron una nueva puesta en escena de las afirmaciones de la comisi&oacute;n Dillingham acerca de la incapacidad de asimilaci&oacute;n de los inmigrantes latinoamericanos:</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El persistente flujo de llegada de los inmigrantes hispanos amenaza con dividir a Estados Unidos en dos pueblos, dos culturas y dos lenguajes. A diferencia de los grupos de inmigrantes del pasado, los mexicanos y otros latinos no se han asimilado en la cultura dominante de Estados Unidos, formando en cambio sus propios enclaves ling&uuml;&iacute;sticos y pol&iacute;ticos desde Los &Aacute;ngeles a Miami &#150;y rechazando los valores anglo&#150;protestantes que construyeron el sue&ntilde;o americano. Estados Unidos ignora este desaf&iacute;o arriesg&aacute;ndose a s&iacute; mismo.</font></p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fuera de la torre de marfil, quien antes escribiera los discursos de Nixon e intelectual conservador Patrick Buchanan (2006), ha advertido sobre un "complot azteca" fomentado por conspiradores mexicanos para reconquistar las tierras perdidas bajo el Tratado de Guadalupe&#150;Hidalgo, haciendo efectiva de ese modo la "reconquista" del suroeste americano. Comparando a los mexicanos con los b&aacute;rbaros que invadieran la Roma antigua, se refiere a "la invasi&oacute;n y conquista del tercer mundo a Estados Unidos" como un "estado de emergencia". En una entrevista con la revista <i>Time, </i>advirti&oacute;:</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si no logramos el control de nuestras fronteras y paramos la mayor invasi&oacute;n de la historia, veo la disoluci&oacute;n de Estados Unidos y la p&eacute;rdida del suroeste americano &#150;cultural y lig&uuml;&iacute;sticamente, si es que no pol&iacute;ticamente&#150; frente a M&eacute;xico. Podr&iacute;a convertirse en parte de M&eacute;xico de la misma forma en que Kosovo es ahora parte de Albania (28 de agosto de 2006, p. 6).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aun m&aacute;s hip&eacute;rboles vendr&iacute;an de parte de Chris Simcox del <i>Minutemen Civil Defense Corps, </i>un grupo "vigilante" fundado para patrullar la frontera M&eacute;xico&#150;Estados Unidos. En la p&aacute;gina de Internet de la organizaci&oacute;n, plantea ret&oacute;ricamente la pregunta: "&iquest;explotan los terroristas nuestras porosas fronteras?" y luego aporta la siguiente respuesta: "sabemos que los narcotraficantes, los pandilleros y demasiados extranjeros inquietan a nuestras comunidades y amenazan nuestra seguridad p&uacute;blica".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los fundamentos legales para la criminalizaci&oacute;n no s&oacute;lo de los contratos a indocumentados, sino de los propios migrantes indocumentados se establecieron en el decreto de 1996 contra el terrorismo, titulado <i>Antiterrorism and Effective Death Penalty Act, </i>que dio al gobierno federal nuevos poderes polic&iacute;acos para la "exclusi&oacute;n expedita" de cualquier extranjero que hubiera <i>alguna vez </i>cruzado la frontera sin documentos (sin importar su actual status legal actual) o que hubiera <i>alguna vez </i>cometido alg&uacute;n delito menor (sin importar cu&aacute;nto tiempo atr&aacute;s). Estas medidas &#150;que llegan tras una d&eacute;cada de leyes antidrogas draconianas y de una legislaci&oacute;n que se&ntilde;ala un m&aacute;ximo de tres faltas a la ley&#150; hicieron que en un instante miles de residentes legales se convirtieran en extranjeros susceptibles de ser deportados, muchos de los cuales entraron a Estados Unidos como infantes y pasaron todas sus vidas en Estados Unidos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La ley deleg&oacute; tambi&eacute;n en el departamento de estado la autoridad absoluta para designar a cualquier organizaci&oacute;n como "terrorista", haciendo con ello que todos los miembros de grupos as&iacute; denominados fueran inmediatamente susceptibles de exclusi&oacute;n y deportaci&oacute;n. Tambi&eacute;n redujo las razones para el asilo y a&ntilde;adi&oacute; el contrabando de extranjeros en busca de asilo a la lista de cr&iacute;menes cubiertos por el estatuto RICO (organizaciones corruptas influidas por la extorsi&oacute;n&#150;<i>Racketeer Influenced Corrupt Organizations), </i>al tiempo que limitaba seriamente las posibilidades de apelaci&oacute;n judicial de las deportaciones. Seg&uacute;n Legomsky (2000: 1616), esta legislaci&oacute;n constituye "el m&aacute;s virulento ataque a la revisi&oacute;n judicial de las decisiones en inmigraci&oacute;n" lanzada jam&aacute;s "al crear nuevas cortes de remoci&oacute;n que permiten el uso de procedimientos secretos para retirar a extranjeros sospechosos de terrorismo; al trasladar la autoridad para hacer 'remociones expeditas' a los inspectores de inmigraci&oacute;n en los puertos de entrada; y al establecer l&iacute;mites sin precedente en la revisi&oacute;n judicial de las decisiones de inmigraci&oacute;n".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los eventos del 11 de septiembre ocurrieron pues en el contexto de una creciente animadversi&oacute;n en contra de los inmigrantes y un ataque creciente a sus libertades civiles y derechos sociales. En respuesta a los ataques terroristas, el 26 de octubre de 2001 el congreso aprob&oacute; el decreto Patriota USA, que conced&iacute;a a la rama ejecutiva nuevos poderes ampliados para deportar, sin audiencia o presentaci&oacute;n de evidencia a todos los extranjeros &#150;legales e ilegales&#150; acerca de los cuales el Fiscal General tuviera "raz&oacute;n para creer" que podr&iacute;an cometer, apoyar o facilitar actos de terrorismo. Por primera vez desde el decreto de extranjeros y sedici&oacute;n <i>(Alien and Sedition Act) </i>de 1798, el congreso vot&oacute; para permitir el arresto, encarcelamiento y deportaci&oacute;n de no ciudadanos con una orden del Fiscal General sin una revisi&oacute;n judicial.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A lo largo de la historia de Estados Unidos los ataques a los inmigrantes han aumentado y disminuido. Lo que distingue a la actual ola de histeria en contra de los inmigrantes respecto a sus predecesoras no es su satanizaci&oacute;n de los extranjeros ni el duro tratamiento a los no ciudadanos como tales, sino su uso del temor a los extranjeros para lanzar un ataque m&aacute;s amplio a las libertades civiles, tanto de los inmigrantes como de todos los estadounidenses, ya que el decreto patriota permite adem&aacute;s la vigilancia y encarcelamiento sin precedentes de ciudadanos estadounidenses, nuevamente a discreci&oacute;n de la rama ejecutiva y sin revisi&oacute;n. Como hace notar Zolberg (2006): "mientras que los retos planteados por la migraci&oacute;n internacional son reales y requieren de reconsideraci&oacute;n mundial de los reg&iacute;menes existentes, el resurgimiento de las respuestas nativistas constituye una amenaza m&aacute;s inmediata a la democracia liberal que la inmigraci&oacute;n misma. No es coincidencia que el &uacute;nico ciudadano estadounidense que ha sido retenido en detenci&oacute;n indefinida sin levantarle cargos y sin una audiencia sea un latino de piel oscura, Jos&eacute; Padilla.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LAS CONSECUENCIAS DE LA RACIALIZACI&Oacute;N</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todo el trabajo de trazado de l&iacute;mites realizado por los acad&eacute;micos, ide&oacute;logos y pol&iacute;ticos para enmarcar a los inmigrantes como una amenaza y clasificarlos como socialmente indeseables ha afectado a la opini&oacute;n p&uacute;blica, volvi&eacute;ndola constantemente en contra de los latinos. Seg&uacute;n las encuestas realizadas por los Pew Charitable Trusts, todav&iacute;a en 2000 s&oacute;lo el 38% de los estadounidenses estaba de acuerdo con que "los inmigrantes en la actualidad son una carga para nuestro pa&iacute;s porque toman nuestros empleos, viviendas y atenci&oacute;n m&eacute;dica". Cinco a&ntilde;os m&aacute;s tarde, el porcentaje se hab&iacute;a incrementado al 44%; y cuando el ataque de la ret&oacute;rica en contra de los inmigrantes hab&iacute;a alcanzado un crescendo en 2006, &eacute;ste se convirti&oacute; en el punto de vista de una mayor&iacute;a situada en el 52%. A tono con este cambio, el porcentaje de estadounidenses que consideraron a ls inmigraci&oacute;n como un problema nacional moderadamente grande o muy grande se elev&oacute; de 69% en 2002 a 74% en 2006 (Kohut y Suro 2006).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para el a&ntilde;o 2006, casi la mitad de todos los estadounidenses (48%) opinaba que los "reci&eacute;n llegados de otros pa&iacute;ses amenazan los valores y costumbres estadounidenses tradicionales" y 54% dijo que Estados Unidos necesitaba ser "protegido en contra de la influencia extranjera". No es de sorprender que, dadas estas visiones, el 49% dijera que cre&iacute;an que los "inmigrantes se reservan entre ellos y no tratan de ajustarse aqu&iacute;"; el 56% dijo que ellos "no pagan los impuestos que les corresponden"; el 58% cre&iacute;a que los inmigrantes "no aprenden ingl&eacute;s en un periodo de tiempo razonable"; y el 60% de quienes hab&iacute;an escuchado sobre los "Minutemen" aprobaban sus actividades (Kohut y Suro 2006).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los estudios recientes de Lee y Fiske (2006) aplicaron el modelo del contenido de estereotipos a diversos grupos de inmigrantes. Con base en las clasificaciones de los encuestados y de otros sujetos, trazaron la posici&oacute;n de diferentes grupos en el espacio bidimensional definido por la intersecci&oacute;n de calidez y competencia; los resultados de este ejercicio se reproducen en la <a href="/img/revistas/myd/n10/a4f2.jpg" target="_blank">figura 2</a>. Como se esperaba, el espacio social ocupado por lo general por los miembros del propio grupo, a los que se estima (alta calidez, alta competencia) incluye a grupos como los canadienses, europeos, inmigrantes con documentos e inmigrantes de la tercera generaci&oacute;n. De manera similar, el espacio ocupado por lo general por los grupos externos a los que se envidia (alta competencia, baja calidez) lo ocupan usualmente las cl&aacute;sicas minor&iacute;as del hombre medio como los coreanos, chinos, japoneses y asi&aacute;ticos. Los europeos del este, la primera generaci&oacute;n de inmigrantes, los rusos, alemanes, franceses y los inmigrantes del centro&#150;este europeo ocupan una posici&oacute;n intermedia de calidez moderada y competencia moderada.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">N&oacute;tese, sin embargo, qu&eacute; grupos ocupan el espacio de baja calidez y baja competencia que corresponde a los grupos externos m&aacute;s despreciados: sudamericanos, latinos, mexicanos, jornaleros y africanos; y el grupo m&aacute;s despreciado de todos los inmigrantes es el de los migrantes indocumentados, quienes obtienen el m&aacute;s bajo puntaje de todos en calidez y competencia, de modo que se aproximan a la porci&oacute;n de la gr&aacute;fica usualmente reservada s&oacute;lo para los grupos m&aacute;s detestados y socialmente estigmatizados, como los criminales y narcotraficantes. En t&eacute;rminos sociales, se trata de un territorio peligroso, ya que implica que los migrantes indocumentados no son percibidos como plenamente humanos en el nivel neural m&aacute;s fundamental de la cognici&oacute;n, abri&eacute;ndose as&iacute; una puerta al tratamiento m&aacute;s duro, explotador y cruel que los seres humanos son capaces de infligir a otros humanos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este contexto, el sistema de inmigraci&oacute;n de Estados Unidos ha asumido una nueva posici&oacute;n central en la explotaci&oacute;n y exclusi&oacute;n de los latinos. La puesta en pr&aacute;ctica de las sanciones en contra de los patrones increment&oacute; la discriminaci&oacute;n de los hispanos en los mercados de trabajo estadounidenses, bajando sus salarios, deprimiendo los retornos de capital humano y cerrando trayectorias largamente establecidas de movilidad ascendente. Al mismo tiempo, el IRCA promovi&oacute; un cambio masivo a la subcontrataci&oacute;n en el mercado de mano de obra no calificada. La militarizaci&oacute;n de la frontera entre M&eacute;xico y Estados Unidos, mientras tanto, aument&oacute; la tasa de crecimiento de la poblaci&oacute;n inmigrantes no documentada para incrementar la cifra de las personas en las categor&iacute;as vulnerables y susceptibles de ser explotadas. Finalmente, a medida que aument&oacute; la discriminaci&oacute;n privada y mayores porciones de la poblaci&oacute;n fueron explotadas econ&oacute;micamente, el congreso increment&oacute; los castigos sociales por ser pobre, hispano, extranjero e indocumentado, alejando incluso a los inmigrantes legales de los servicios p&uacute;blicos para los cuales hasta ese momento ten&iacute;an derechos vigentes.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como resultado de estas acciones deliberadas de pol&iacute;tica, la econom&iacute;a pol&iacute;tica que enfrentan los hispanos es ahora m&aacute;s dura y m&aacute;s punitiva que la prevaleciente antes de 1986. Hist&oacute;ricamente, los hispanos han ocupado una posici&oacute;n intermedia entre los negros y los blancos en el sistema de estratificaci&oacute;n estadounidense, pero con la reestructuraci&oacute;n de la econom&iacute;a pol&iacute;tica de la inmigraci&oacute;n a fines de los a&ntilde;os ochenta y principios de los noventa, la posici&oacute;n relativa de los hispanos decay&oacute; y vinieron a reemplazar a los afroamericanos en el fondo de la jerarqu&iacute;a de clases. La <a href="#f3">figura 3</a> ilustra este cambio al mostrar la raz&oacute;n del ingreso de las minor&iacute;as frente a los blanco e hispanos entre 1972 y 2002.</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="f3"></a></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/myd/n10/a4f3.jpg"></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las l&iacute;neas m&aacute;s bajas muestran las razones de los ingresos de los hombres hispanos y negros. A principios de los a&ntilde;os setenta, el hombre negro promedio ganaba aproximadamente el 60% de lo que ganaba el hombre blanco promedio, mientras que los hombres hispanos ganaban alrededor del 70% del nivel del hombre blanco. Estas razones relativas de ingreso prevalecieron los primeros a&ntilde;os de los ochenta, pero a la mitad de la d&eacute;cada el IRCA transform&oacute; la estructura del mercado de mano de obra de bajos ingresos y se deterior&oacute; la posici&oacute;n de negociaci&oacute;n de los hombres hispanos. De 1983 a 1986, la raz&oacute;n de ingresos entre los hispanos frente a los blancos cay&oacute; de .70 a cerca de .60, en donde se mantuvo hasta 1991, y luego se desplom&oacute; por debajo de .60 por primera vez en la historia. En esa &eacute;poca los ingresos de los hombres negros comenzaron a subir en relaci&oacute;n con los ingresos de los hombres blancos y en 1993 la raz&oacute;n del ingreso se cruz&oacute; con la l&iacute;nea de la raz&oacute;n de hispanos&#150;blancos y desde ese momento los hispanos reemplazaron a los negros en la parte baja de la jerarqu&iacute;a de los ingresos masculinos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las dos l&iacute;neas superiores muestran las tendencias en las ganancias relativas de las mujeres hispanas y negras para revelar un intercambio similar de posiciones, ocurrida aun m&aacute;s temprano que la acontecida entre los hombres de las minor&iacute;as. En 1972 las mujeres hispanas recib&iacute;an el mismo ingreso que las mujeres blancas, mientras que las mujeres negras ganaban cerca del 92% de sus contrapartes blancas. Durante los a&ntilde;os setenta y ochenta, empero, las ganancias de las mujeres en los dos grupos minoritarios se deterioraron en relaci&oacute;n con aquellos de las mujeres blancas; pero la ca&iacute;da fue m&aacute;s r&aacute;pida entre las mujeres hispanas y en 1981 las dos l&iacute;neas se cruzaron y desde entonces las mujeres hispanas reemplazaron a las mujeres negras en el fondo de la jerarqu&iacute;a de las ganancias femeninas.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de este cruce temprano, sin embargo, las razones entre los ingresos de hispanos&#150;blancos y negros&#150;blancos permanecieron bastante cercanas entre s&iacute; hasta que se aprob&oacute; el IRCA en 1986. A partir de esta fecha, el deterioro en el ingreso femenino negro se hizo m&aacute;s lento y luego, a principios de los noventa, se revirti&oacute; y comenz&oacute; a subir. En contraste, el deterioro de las ganancias de las mujeres hispanas se aceler&oacute; y las dos razones de ingreso comenzaron a separarse a pasos acelerados, dejando un creciente hiato. De 1987 a 2002, la raz&oacute;n del ingreso entre las mujeres negras frente a las mujeres blancas se increment&oacute; de .80 a .96, mientras que la raz&oacute;n del ingreso de las mujeres hispanas descendi&oacute; de .80 a cerca de .70, subiendo nuevamente al final de la d&eacute;cada a cerca de .77.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las cambiantes fortunas de los hispanos y afroamericanos en el mercado de fuerza de trabajo en Estados Unidos se refleja claramente tambi&eacute;n en las estad&iacute;sticas sobre la pobreza en Estados Unidos, como se muestra en la <a href="#f4">figura 4</a>. Hist&oacute;ricamente, las tasas de pobreza hispana estaban mucho m&aacute;s abajo que las correspondientes a los negros, pero a lo largo de las d&eacute;cadas de 1980 y 1990 desapareci&oacute; el diferencial y los dos grupos terminaron el siglo XX casi en la misma paridad en t&eacute;rminos de privaci&oacute;n material. La <a href="#f4">figura 4</a> muestra la raz&oacute;n de la pobreza hispana frente a la pobreza negra de 1972 a 2002. Durante los a&ntilde;os setenta y principios de los ochenta, las tasas de pobreza hispana fluctuaron en cerca de 70% a 80% del nivel de los negros, pero durante fines de los ochenta y principios de los noventa las tasas de pobreza hispana aumentaron y llegaron al rango entre el 80 y el 90% de las tasas negras. Con el incremento en el establecimiento por parte de los migrantes indocumentados y el cambio a la migraci&oacute;n familiar tras el reforzamiento de la frontera comenzado en la operaci&oacute;n bloqueo en El Paso, las tasas de pobreza de los hispanos llegaron a equipararse o exceder las de los negros y la raz&oacute;n subi&oacute; por encima de 1.0 por primera vez desde que se recolectan estad&iacute;sticas de pobreza.</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="f4"></a></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/myd/n10/a4f4.jpg"></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El deterioro en la posici&oacute;n de los hispanos en el mercado de trabajo en relaci&oacute;n con la que ocupan los negros ha estado acompa&ntilde;ado por un cambio paralelo en los mercados de vivienda, ya que el estudio de discriminaci&oacute;n en la vivienda de 2000 <i>(Housing Discrimination Study) </i>revel&oacute; un incremento significativo en la discriminaci&oacute;n contra los hispanos. Mientras que en 1989 los hispanos ten&iacute;an una probabilidad de 19% <i>menor </i>que los negros de experimentar un tratamiento adverso en los mercados de renta de vivienda estadounidenses, en 2000 ten&iacute;an una probabilidad 8% <i>mayor </i>de sufrir discriminaci&oacute;n. Adem&aacute;s, aunque la incidencia de tratamiento discriminatorio decay&oacute; para ambos grupos en el mercado de ventas, la ca&iacute;da para los hispanos fue mucho m&aacute;s peque&ntilde;a. Como resultado, mientras que los blancos en 1989 ten&iacute;an el doble de probabilidades de experimentar discriminaci&oacute;n en las ventas de vivienda, para el 2000 los hispanos ten&iacute;an un 18% <i>m&aacute;s de probabilidad </i>de ser discriminados (Turner <i>et al., </i>2002). En su revision de las viviendas en renta en el &aacute;rea de la Bah&iacute;a de San Francisco, Purnell, Isardi y Baugh (1999) documentaron hallazgos consistentes con los datos anteriores, al se&ntilde;alar un extenso "perfilamiento ling&uuml;&iacute;stico" que exclu&iacute;a a los hablantes de la variante chicana del ingl&eacute;s as&iacute; como a los que hablaban ingl&eacute;s negro del acceso a la vivienda.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A medida que aument&oacute; la discriminaci&oacute;n en contra de los latinos en los mercados de vivienda, tambi&eacute;n se incrementaron los niveles de segregaci&oacute;n residencial de los hispanos. Mientras que el nivel general de segregaci&oacute;n de los negros descendi&oacute; en 10 puntos en la d&eacute;cada pasada y el aislamiento en los barrios negros cay&oacute; en 12 puntos, la segregaci&oacute;n hispana aument&oacute; en 6 puntos y el aislamiento aument&oacute; en 10 puntos (Charles 2003); y mientras que los hispanos no satisficieron los criterios para la hipersegregaci&oacute;n en ninguna de las &aacute;reas metropolitanas durante los a&ntilde;os ochenta o noventa, para el 2000 tanto Nueva York como Los &Aacute;ngeles hab&iacute;an ganado la dudosa distinci&oacute;n de convertirse en ciudades hipersegregadas para los residentes latinos (Wilkes y Iceland 2004).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el &aacute;mbito social, los investigadores tambi&eacute;n han documentado el "escalofriante efecto" de la legislaci&oacute;n de inmigraci&oacute;n y bienestar en el uso de los servicios p&uacute;blicos por parte de los inmigrantes (Fix y Zimmerman 2004). Entre los migrantes indocumentados, el uso de los servicios sociales, siempre bastante bajo, cay&oacute; todav&iacute;a m&aacute;s, de modo que despu&eacute;s de 1996 menos del 5% report&oacute; recibir estampillas canjeables por comida, beneficios sociales o seguros de desempleo mientras estuvo en Estados Unidos y s&oacute;lo el 7% report&oacute; inscribir a sus hijos en escuelas p&uacute;blicas. Es aun m&aacute;s sorprendente el declive en los servicios utilizados por los inmigrantes legales. Despu&eacute;s de 1996, las tasas de utilizaci&oacute;n de beneficios sociales, seguro de desempleo y estampas de comida cayeron todas notablemente a 10% o menos (Donato, Massey y Wagner 2006) y, seg&uacute;n c&aacute;lculos de Borjas (2004), cada 10% de reducci&oacute;n en la fracci&oacute;n de la poblaci&oacute;n que sobrevive con asistencia p&uacute;blica, aumenta el n&uacute;mero relativo de hogares con inseguridad alimenticia en cinco puntos porcentuales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Parece por tanto que el congreso lanz&oacute; una clara se&ntilde;al en 1996 a los inmigrantes legales e ilegales en el sentido de que no eran bienvenidos en lo que quedaba del estado de bienestar estadounidense y ambos conjuntos de inmigrantes recibieron el mensaje de manera clara y en volumen alto. Adem&aacute;s de restringir la elegibilidad de los inmigrantes legales para recibir beneficios de medios federales comprobables, sin embargo, el congreso en 1996 aument&oacute; tambi&eacute;n el nivel de ingresos requerido para obtener una garant&iacute;a de sostenimiento. Este documento se requiere para todas las personas que buscan patrocinar el ingreso legal de un miembro de la familia y requiere que en el hogar se compruebe que tiene recursos suficientes para sostener al inmigrante en caso de que &eacute;ste llegara a la indigencia. El congreso, por supuesto, buscaba limitar la inmigraci&oacute;n familiar, pero en vez de quedarse inm&oacute;viles y permitir que el gobierno los declarara no aptos para traer a sus familiares, los hogares de inmigrantes se opusieron a la medida enviando a m&aacute;s miembros de la familia al mercado de fuerza de trabajo para aumentar las ganancias colectivas de modo que pudieran alcanzar el nivel de ingresos m&aacute;s alto. Despu&eacute;s de 1996, los hijos de m&aacute;s edad en las familias mexicanas desertaron m&aacute;s de las escuelas y fueron a trabajar, deprimiendo aun m&aacute;s los bajos niveles de escolaridad entre los ni&ntilde;os latinos y minando de manera permanente sus prospectos econ&oacute;micos (Donato, Massey y Wagner 2006).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque los hispanos parecen no haber sido arrastrados hacia el complejo industrial carcelario al mismo grado que los afroamericanos, no obstante comprenden un segmento importante de los recluidos que es desproporcionado en relaci&oacute;n con su proporci&oacute;n en la poblaci&oacute;n. Cerca del 5% de los hombres hispanos entre 20 y 40 a&ntilde;os de edad estaban en prisi&oacute;n o en la c&aacute;rcel en el a&ntilde;os 2000, en comparaci&oacute;n con el 12% de los negros y el 2% de los blancos (Western 2006). Adem&aacute;s, en la primavera de 2006 la Casa de Representantes aprob&oacute; una legislaci&oacute;n (HR4437) patrocinada por el representante republicano James Sensenbrenner para hacer que la "presencia ilegal" en Estados Unidos se convirtiera en un delito <i>(felony). </i>Defin&iacute;a la presencia ilegal tan ampliamente que casi cualquier violaci&oacute;n de la inmigraci&oacute;n, sin importar cu&aacute;n menuda, t&eacute;cnica o intencional, se convert&iacute;a en un crimen federal que hac&iacute;a a quien lo cometiera susceptible de encarcelamiento y deportaci&oacute;n. Si este decreto pasa el Senado para convertirse en ley, har&aacute; que 21 millones de personas sean instant&aacute;neamente sujetas de encarcelamiento y representar&aacute; la m&aacute;s grande expansi&oacute;n del complejo industrial carcelario de la historia, triplicando potencialmente el tama&ntilde;o de la poblaci&oacute;n carcelaria en Estados Unidos, que ya es la de mayor tama&ntilde;o en el planeta.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>CONCLUSI&Oacute;N</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su obra <i>American Apartheid, </i>Massey y Denton (1993) ofrecen un cartab&oacute;n de c&oacute;mo construir una clase inferior:</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para comenzar, selecci&oacute;nese un grupo minoritario cuyos miembros de alg&uacute;n modo se puedan identificar como diferentes de la mayor&iacute;a. Una vez que se ha seleccionado el grupo el siguiente paso para crear una clase inferior es confinar a sus miembros en un peque&ntilde;o n&uacute;mero de &aacute;reas de residencia continuas...Una vez que se ha asegurado la segregaci&oacute;n de un grupo en la sociedad, el siguiente paso para crear una clase inferior es aumentar su tasa de pobreza...La interacci&oacute;n entre pobreza y segregaci&oacute;n act&uacute;a para concentrar una diversidad de caracter&iacute;sticas sociales y econ&oacute;micas perniciosas. A trav&eacute;s de una prolongada exposici&oacute;n a la vida en un barrio racialmente aislado e intensivamente pobre, la pobreza muy probablemente se pase a la siguiente generaci&oacute;n. Cuando se alcance este punto, se habr&aacute; creado una estructura eficiente y de funcionamiento correcto para la construcci&oacute;n y mantenimiento de una clase urbana inferior.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La evidencia revisada aqu&iacute; sugiere que las pol&iacute;ticas de Estados Unidos est&aacute;n trasladando a los mexicanos de manera constante hacia una posici&oacute;n lejana de su posici&oacute;n intermedia en la jerarqu&iacute;a econ&oacute;mica y hacia la formaci&oacute;n de una clase inferior. Los niveles de segregaci&oacute;n aumentan, la discriminaci&oacute;n se incrementa, la pobreza se profundiza, los niveles de escolaridad se estancan y la red de seguridad social se ha interrumpido de manera deliberada para permitir que los inmigrantes caigan a trav&eacute;s de ella. El que los mexicanos se conviertan en una nueva clase inferior est&aacute; todav&iacute;a por verse; pero lo que s&iacute; es claro es que tras ocupar una posici&oacute;n intermedia entre los blancos y los negros durante generaciones, las fortunas econ&oacute;micas de los mexicanos ahora han descendido a niveles iguales o inferiores a los que ocupan los afroamericanos. De manera cr&iacute;tica, adem&aacute;s, los mexicanos est&aacute;n mucho peor que los estadounidenses negros. Cualesquiera barreras discriminatorias que los afroamericanos todav&iacute;a enfrenten, al menos tienen el derecho legal a vivir y trabajar en Estados Unidos. En contraste, una quinta parte de todos los mexicoamericanos carece de la posibilidad de realizar exigencias legales en la sociedad estadounidense por estar presentes sin autorizaci&oacute;n y esta fracci&oacute;n aumenta r&aacute;pidamente. Si la proporci&oacute;n de latinos con status indocumentado continua subiendo, la clase inferior resultante estar&aacute; incluso "mejor" que la que surgi&oacute; en las ciudades negras centrales durante los a&ntilde;os ochenta. Sus miembros no solo ser&aacute;n explotados y excluidos; estar&aacute;n fuera de la misma ley, ser&aacute;n susceptibles de deportaci&oacute;n inmediata y quiz&aacute; incluso en serio riesgo de ser encarcelados por el crimen menor de vivir y trabajar en Estados Unidos sin permiso.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Alba, Richard D. 1990. <i>Ethnic Identity<sub>:</sub> The Transformation of White America. </i>Nueva Haven: Yale University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351878&pid=S1870-7599200800010000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Andreas, Peter. 2000. <i>Border Games: Policing the US&#150;Mexico Divide. </i>Ithaca: Cornell University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351880&pid=S1870-7599200800010000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bargh, John A. 1996. "Automaticity in Social Psychology." Pp. 169&#150;83 en E. Tory Higgins y Arie W. Kruglanski, eds., <i>Social Psychology: Handbook of Basic Principles. </i>Nueva York: Guilford.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351882&pid=S1870-7599200800010000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Barth, Fredrik. 1969. Ethnic Groups and Boundaries: The Social Organization of Culture Difference. Boston: Little, Brown.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351884&pid=S1870-7599200800010000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;, 1981. Process and Form in Social Life. London: Routledge and Kegan Paul.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351886&pid=S1870-7599200800010000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bean, Frank D. y Marta Tienda. 1987. <i>The Hispanic Population of the United States. </i>Nueva York: Russell Sage Foundation.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351888&pid=S1870-7599200800010000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bodenhausen, Galen V. y M. Lichtenstein. 1987. "Social Stereotypes and Information Processing Strategies: The Impact of Task Complexity." <i>Journal of Personality and Social Psychology </i>52:871&#150;80.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351890&pid=S1870-7599200800010000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150; y Robert S. Wyer. 1985. "Effects of Stereotypes on Decision Making and Information Processing Strategies." <i>Journal of Personality and Social Psychology </i>48:267&#150;82.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351892&pid=S1870-7599200800010000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Borjas, George J. 1995. "Assimilation and Changes in Cohort Quality Revisited: What Happened to Immigrant Earnings in the 1980s?" <i>Journal of Labor Economics </i>13:201&#150;245.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351894&pid=S1870-7599200800010000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;, 2004. "Food Insecurity and Public Assistance." <i>Journal of Public Economics </i>88: 1421&#150;43.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351896&pid=S1870-7599200800010000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Buchanan, Patrick J. 2006. <i>State of Emergency<sub>:</sub> The Third World Invasion and Conquest of America. </i>Nueva York: Thomas Dunne Books.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351898&pid=S1870-7599200800010000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Calavita, Kitty. 1992. <i>Inside the State: The Bracero Program, Immigration, and the I.N.S. </i>Nueva York: Routledge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351900&pid=S1870-7599200800010000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cardoso, Lawrence A. 1980. Mexican Emigration to the United States, 1897&#150;1931: <i>Socio&#150;Economic Patterns. </i>Tucson: University of Arizona Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351902&pid=S1870-7599200800010000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Charles, Camille Z. 2003. "The Dynamics of Racial Residential Segregation." <i>Annual Review of Sociology </i>29: 67&#150;207.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351904&pid=S1870-7599200800010000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Chavez, Leo R. 2001. <i>Covering Immigration: Population Images and the Politics of the Nation. </i>Berkeley: University of California Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351906&pid=S1870-7599200800010000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Damasio, Antonio R. 1999. <i>The Feeling of What Happens: Body and Emotion in the Making of Consciousness. </i>Nueva York: Harcourt Brace.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351908&pid=S1870-7599200800010000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">De Leon, Arnoldo. 1993. <i>Mexican Americans in Texas: A Brief History. </i>Wheeling, IL: Harlan Davidson.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351910&pid=S1870-7599200800010000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Donato, Katharine M., Jorge Durand y Douglas S. Massey 1992. "Stemming the Tide? Assessing the Deterrent Effects of the Immigration Reform and Control Act." <i>Demography 29 :139&#150;57.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351912&pid=S1870-7599200800010000400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></i></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;, Douglas S. Massey y Brandon Wagner. 2006. "The Chilling Effect: Public Service Usage by Mexican Migrants to the United States." Trabajo presentado en la reunion annual de la Population Association of America, Los &Aacute;ngeles.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351914&pid=S1870-7599200800010000400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dunn, Timothy J. 1996. <i>The Militarization of the U.S.&#150;Mexico Border, 1978&#150;1992: Low&#150;Intensity Conflict Doctrine Comes Home. </i>Austin: Center for Mexican American Studies, University of Texas at Austin.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351916&pid=S1870-7599200800010000400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durand, Jorge y Patricia Arias. 2000. <i>La Experiencia Migrante: Iconograf&iacute;a de la Migraci&oacute;n M&eacute;xico&#150;Estados Unidos. </i>M&eacute;xico, DF: Altexto.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351918&pid=S1870-7599200800010000400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150; y Douglas S. Massey. 2003. "The Costs of Contradiction: U.S. Immigration Policy 1986&#150;1996." <i>Latino Studies </i>1:233&#150;52.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351920&pid=S1870-7599200800010000400022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;, Douglas S. Massey y Emilio A. Parrado. 1999."The New Era of Mexican Migration to the United States."<i>Journal of American History </i>86:518&#150;36.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351922&pid=S1870-7599200800010000400023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fiske, Susan T. 1998. "Stereotyping, Prejudice y Discrimination." Pp. 357&#150;414 in Daniel T. Gilbert, Susan T. Fiske y Gardner Lindzey, eds., <i>The Handbook of Social Psychology, Volume I, Fourth Edition. </i>Nueva York: McGraw Hill</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351924&pid=S1870-7599200800010000400024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;, 2003. <i>Social Beings: A Core Motives Approach to Social Psychology. </i>Nueva York: Wiley.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351925&pid=S1870-7599200800010000400025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;, Amy J.C. Cuddy, Peter Glick y Jun Xu. 2002. "A Model of (Often Mixed) Stereotype Content: Competence and Warmth Respectively Follow from Perceived Status and Competition. <i>" Journal of Personality and Social Psychology </i>82:878&#150;902.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351927&pid=S1870-7599200800010000400026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fix, Michael y Wendy Zimmermann. 2004. "The Legacy of Welfare Reform for U.S. Immigrants." Pp. 337&#150;53 en Douglas S. Massey y J. Edward Taylor, eds., <i>International Migration: Prospects and Policies in a Global Market. </i>Oxford: Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351929&pid=S1870-7599200800010000400027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gieryn, Thomas F. 1983. "Boundary&#150;work and the Demarcation of Science from Nonscience: Strains and Interests in Professional Ideologies of Scientists." <i>American Sociological Review </i>48:781&#150;795.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351931&pid=S1870-7599200800010000400028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Grebler, Leo, Joan Moore y Ralph Guzman. 1970. <i>The Mexican&#150;American People: The Nation's Second Largest Minority. </i>Nueva York: Free Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351933&pid=S1870-7599200800010000400029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gutierrez, David. 1995. <i>Walls and Mirrors: Mexican Americans, Mexican Immigrants, and the Politics of Ethnicity. </i>Berkeley: University of California Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351935&pid=S1870-7599200800010000400030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Harris, Lasana T. y Susan T. Fiske. 2006. "Dehumanizing the Lowest of the Low: Neuro&#150;Imaging Responses to Extreme Outgroups." <i>Psychological Science </i>17(10): 847&#150;53.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351937&pid=S1870-7599200800010000400031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Higham, John. 1955. <i>Strangers in the Land: Patterns of American Nativism, 1860&#150;1925. </i>New Brunswick, N.J., Rutgers University Press, 1955.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351939&pid=S1870-7599200800010000400032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hoffman, Abraham. 1974. <i>Unwanted Mexican Americans in the Great Depression: Repatriation Pressures, 1929&#150;1939. </i>Tucson: University of Arizona Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351941&pid=S1870-7599200800010000400033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Huntington, Samuel P. 2004. "The Hispanic Challenge." <i>Foreign Policy, </i>March/April, pp. 1&#150;12. <a href="http://www.foreignpolicy.com/story/cms.php?story_id=2495" target="_blank">http://www.foreignpolicy.com/story/cms.php?story_id=2495</a></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351943&pid=S1870-7599200800010000400034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Iceland, John and Rima Wilkes. 2006. "Does Socioeconomic Status Matter? Race, Class, and Residential Segregation." <i>Social Problems </i>53:248&#150;73.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351944&pid=S1870-7599200800010000400035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jacobson, Matthew F. 1999. <i>Whiteness of a Different Color: European Immigrants and the Alchemy of Race. </i>Cambridge, MA: Harvard University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351946&pid=S1870-7599200800010000400036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jaffe, Abraham J., Ruth M. Cullen y Thomas D. Boswell.1980. <i>The Changing Demography of Spanish Americans. </i>Nueva York: Academic Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351948&pid=S1870-7599200800010000400037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kahneman, Daniel y Amos Tversky. 2000. <i>Choices, Values, and Frames. </i>Nueva York: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351950&pid=S1870-7599200800010000400038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kamen, <i>Al. </i>1990. "Central America is no Longer the Central Issue for Americans." <i>Austin American Statesman, </i>Octubre 21.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351952&pid=S1870-7599200800010000400039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kohut, Andrew y Roberto Suro. 2006. <i>No Consensus on Immigration Quandary or Proposed Fixes. </i>Washington, D.C.: Pew Research Center for the People and the Press and Pew Hispanic Center.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351954&pid=S1870-7599200800010000400040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Konner, Melvin. 2002. <i>The Tangled Wing: Biological Constraints on the Human Spirit. </i>Nueva York: Henry Holt &amp; Co.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351956&pid=S1870-7599200800010000400041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lakoff, George. 2002. Moral Politics: How Liberals and Conservatives Think. Chicago: University of Chicago Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351958&pid=S1870-7599200800010000400042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150; y Mark Johnson. 2002. <i>Metaphors We Live By. </i>Chicago: University of Chicago Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351960&pid=S1870-7599200800010000400043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lamont, Michele y Vireg Molnar. 2002. "The Study of Boundaries in the Social Sciences." <i>Annual Review of Sociology </i>28.167&#150;95.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351962&pid=S1870-7599200800010000400044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ledoux, Joseph. 1996. <i>The Emotional Brain: The Mysterious Underpinnings of Emotional Life. </i>Nueva York: Simon and Schuster.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351964&pid=S1870-7599200800010000400045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lee, Tiane L. y Susan T. Fiske. 2006. "Not an Outgroup, Not Yet an Ingroup: Immigrants in the Stereotype Content Model." <i>International Journal of Inter cultural Relations </i>30: 751&#150;68.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351966&pid=S1870-7599200800010000400046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Legomsky, Stephen H. 2000. "Fear and Loathing in Congress and the Courts: Immigration and Judicial Review." <i>Texas Law Review </i>78:1612&#150;20.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351968&pid=S1870-7599200800010000400047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Leslie, Lisa M., V.S. Constantine y Susan T. Fiske. 2006. "The Princeton Quartet: How Are Stereotypes Changing?" Trabajo in&eacute;dito, Department of Psychology, Princeton University.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351970&pid=S1870-7599200800010000400048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MacLachlan, Colin M. y William H. Beezley. 2003. <i>El Gran Pueblo: A History of Greater Mexico, </i>Third Edition. Nueva York: Prentice&#150;Hall.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351972&pid=S1870-7599200800010000400049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Massey, Douglas S. y Nancy A. Denton. 1993. <i>American Apartheid: Segregation and the Making of the Underclass. </i>Cambridge: Harvard University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351974&pid=S1870-7599200800010000400050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;, Jorge Durand y Nolane J. Malone. 2002. <i>Beyond Smoke and Mirrors: Mexican Immigration in an Era of Economic Integration. </i>Nueva York: Russell Sage Foundation.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351976&pid=S1870-7599200800010000400051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150; y Audrey Singer. 1995. "New Estimates of Undocumented Mexican Migration and the Probability of Apprehension." <i>Demography </i>32:203&#150;11.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351978&pid=S1870-7599200800010000400052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mazon, Mauricio. 1984. <i>The Zoot&#150;Suit Riots: The Psychology of Symbolic Annihilation. </i>Austin: University of Texas Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351980&pid=S1870-7599200800010000400053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Morales, Patricia. 1982. <i>Indocumentados Mexicanos. </i>M&eacute;xico, DF: Editorial Grijalvo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351982&pid=S1870-7599200800010000400054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Obregon Pagan, Eduardo. 2006. <i>Murder at the Sleepy Lagoon: Zoot Suits, Race, and Riot in Wartime L.A. </i>Chapel Hill: University of North Carolina Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351984&pid=S1870-7599200800010000400055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Panksepp, Jaak. 1998. <i>Affective Neuroscience: The Foundations of Human and Animal Emotions. </i>Nueva York: Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351986&pid=S1870-7599200800010000400056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Perlmutter, Phillip. 1999. <i>Legacy of Hate: A Short History of Ethnic, Religious, and Racial Prejudice in America. </i>Nueva York: M.E. Sharp.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351988&pid=S1870-7599200800010000400057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Purnell, Thomas, William Idsardi y John Baugh. 1999. "Perceptual and Phonetic Experiments on American English Dialect Identification." <i>Journal of Language and Social Psychology </i>18:10&#150;30.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351990&pid=S1870-7599200800010000400058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Reisler, Mark. 1976. <i>By the Sweat of their Brow: Mexican Immigrant Labor in the United States 1900&#150;1940. </i>Westport, CN: Greenwood Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351992&pid=S1870-7599200800010000400059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sanchez, George I. 1995. <i>Becoming Mexican American: Ethnicity, Culture, and Identity in Chicano Los Angeles, 1900&#150;1945. </i>Nueva York: Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351994&pid=S1870-7599200800010000400060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Stangor, Charles, L. Lynch, C. Duan y B. Glass. 1992. "Categorization of Individuals on the Basis of Multiple Social Features." <i>Journal of Personality and Social Psychology </i>62: 207&#150;18.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351996&pid=S1870-7599200800010000400061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Taylor, Shelly E., Susan T. Fiske, Nancy L. Etcoff y Audrey J. Ruderman. 1978. "Categorical Bases of Person Memory and Stereotyping. <i>" Journal of Personality and Social Psychology </i>36: 778&#150;93.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5351998&pid=S1870-7599200800010000400062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tilly, Charles. 1998. <i>Durable Inequality. </i>Berkeley: University of California Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5352000&pid=S1870-7599200800010000400063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Turner, Margery A., Stephen L. Ross, George C. Galster y John Yinger. 2002. <i>Discrimination in Metropolitan Housing Markets: National Results from Phase I. </i>Washington, D.C.: U.S. Department of Housing and Urban Development.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5352002&pid=S1870-7599200800010000400064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">U.S. Commission on Immigration. 1911. <i>Immigrants in Industries: Part 25: Japanese and Other Immigrant Races in the Pacific Coast and Rocky Mountain States: Agriculture. </i>Washington, D.C., USA: Government Printing Office.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5352004&pid=S1870-7599200800010000400065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Western, Bruce. 2006. <i>Punishment and Inequality in America. </i>Nueva York: Russell Sage Foundation.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5352006&pid=S1870-7599200800010000400066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Wilkes, Rima and John Iceland. 2004. "Hypersegregation in the Twenty&#150;First Century: An Update and Analysis." <i>Demography </i>41:23&#150;36.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5352008&pid=S1870-7599200800010000400067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Zajonc, Robert B. 1998. "Emotions." Pp. 591&#150;634 in Daniel T. Gilbert, Susan T. Fiske y Gardner Lindzey, eds., <i>The Handbook of Social Psychology. </i>Boston: McGraw&#150;Hill.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5352010&pid=S1870-7599200800010000400068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Zamora, Emilio. 1993. <i>The World of the Mexican Worker in Texas. </i>College Station: Texas A &amp; M Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5352012&pid=S1870-7599200800010000400069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Zolberg, Aristide R. 2006. <i>A Nation by Design: Immigration Policy in the Fashioning of America. </i>Nueva York: Russell Sage Foundation.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5352014&pid=S1870-7599200800010000400070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota"></a><b>NOTAS</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">NOTA DEL EDITOR: Traducci&oacute;n del ingl&eacute;s de Luis Rodolfo Mor&aacute;n Quiroz. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* Office of Population Research, Princeton University.</font></p>      ]]></body><back>
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