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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[De la luneta a la barrera: El teatro Degollado y la plaza de toros El Progreso, 1920-1940]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad de Guadalajara Departamento de Historia ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Escalante Capri, Nora, <i>De la luneta a la barrera. El teatro Degollado y la plaza de toros</i> El Progreso, <i>1920&#45;1940</i></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Sergio Valerio Ulloa</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Guadalajara, Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Jalisco, 2013, 300 pp.</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Departamento de Historia, Universidad de Guadalajara.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/treh/n62/a14f1.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nora Escalante nos cuenta en su libro la historia de dos espacios culturales y recreativos durante el periodo de 1920 a 1940, en el que se fueron consolidando las principales instituciones que conformaron el Estado mexicano moderno en la mayor parte del siglo XX. La historia no s&oacute;lo es interesante porque se trata de dos edificios emblem&aacute;ticos de la sociedad tapat&iacute;a del siglo pasado, sino porque fueron centros de confluencia, sociabilidad e identidad para los habitantes de Guadalajara, y para una gran parte de la poblaci&oacute;n del occidente de M&eacute;xico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La historia se encuentra en la intersecci&oacute;n de varios estilos narrativos historiogr&aacute;ficos: por un lado, la historia urbana y arquitect&oacute;nica, con sus calles y edificios; por otro lado, la historia social, con sus grupos, clases sociales y conflictos, y, por &uacute;ltimo, con una historia cultural, donde se analiza c&oacute;mo se generan determinados productos culturales, c&oacute;mo se intercambian, c&oacute;mo se apropian y c&oacute;mo se consumen dichos productos culturales. El prop&oacute;sito fundamental de esta investigaci&oacute;n es estudiar a la sociedad tapat&iacute;a en torno a los principales espacios de esparcimiento durante la tercera y cuarta d&eacute;cada del siglo XX.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para el p&uacute;blico que no est&aacute; familiarizado con el quehacer historiogr&aacute;fico, le resultar&aacute; extra&ntilde;o que en un libro de historia se est&eacute; hablando de funciones de teatro, de corridas de toros y de otras diversiones y espect&aacute;culos; sin embargo, la historia no s&oacute;lo son fechas y datos, h&eacute;roes y batallas. La historia, como nos la cuenta Nora Escalante, tambi&eacute;n se ocupa de la vida cotidiana, de la cultura y de las diversiones, todo lo que los seres humanos hacen con su vida constituye un tema de estudio y por tanto de inter&eacute;s para los historiadores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este libro nos es producto de la casualidad o de una inspiraci&oacute;n divina, espont&aacute;nea y fugaz, por el contrario, es el producto de varios a&ntilde;os de trabajo sistem&aacute;tico y disciplinado, rob&aacute;ndole horas al sue&ntilde;o y a la familia. Esta obra que tenemos en nuestras manos s&oacute;lo pudo ser el resultado de una exhaustiva b&uacute;squeda en fuentes primarias, principalmente hemerogr&aacute;ficas, localizadas en los archivos locales, y en una extensa consulta en fuentes bibliogr&aacute;ficas sobre el tema. De tal manera, que como investigaci&oacute;n hist&oacute;rica, cumple con uno de los principales requisitos para ser cre&iacute;ble y convincente en su relato, pues lo que dice la autora est&aacute; respaldado por la consulta, an&aacute;lisis e interpretaci&oacute;n de una masa considerable de testimonios, escritos, documentales, orales y gr&aacute;ficos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La lectura del libro se hace amena y ligera porque la obra est&aacute; bien escrita, algo que hay que agradecer a la autora, esto se debe a que hay coherencia y concordancia en la estructura de la obra, en la integraci&oacute;n de los cap&iacute;tulos y en el hilo conductor del relato hist&oacute;rico. Los cap&iacute;tulos abordan subtemas que van respondiendo a las preguntas que la autora se formula como gu&iacute;as para continuar la explicaci&oacute;n y el an&aacute;lisis. En este texto el lector encontrar&aacute; lo que se anuncia en su portada: la historia del teatro Degollado y de la plaza de toros <i>El Progreso,</i> las actividades que ah&iacute; se realizaban y el p&uacute;blico que acud&iacute;a durante el periodo de 1920 a 1940.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cierta medida, los libros delatan mucho de los sentimientos del autor, de su visi&oacute;n del mundo y de sus posiciones pol&iacute;ticas, ideol&oacute;gicas y religiosas; esto se expresa de forma clara o entre l&iacute;neas, por eso la obra est&aacute; inherentemente ligada a su autor. En el caso de Nora Escalante se declara sumamente arraigada a Guadalajara, con lo cual no hace otra cosa sino seguir una tradici&oacute;n historiogr&aacute;fica inaugurada por don Luis Gonz&aacute;lez y Gonz&aacute;lez que es la microhistoria. Y no es para menos, Guadalajara ha sido la ciudad m&aacute;s importante del occidente de M&eacute;xico desde su fundaci&oacute;n. Por eso la autora nos da una breve explicaci&oacute;n en el primer cap&iacute;tulo del libro del desarrollo econ&oacute;mico y social de la capital de Jalisco a fines del siglo XIX y principios del XX, cuando la ciudad experiment&oacute; un procesos de modernizaci&oacute;n que se reflej&oacute; en la construcci&oacute;n de obras p&uacute;blicas y el mejoramiento de los servicios, as&iacute; como de la construcci&oacute;n de nuevos espacios recreativos y la regulaci&oacute;n y modificaci&oacute;n de la conducta ciudadana, lo cual ten&iacute;a como objetivo continuar con un proceso civilizatorio, modernizador, higienista y socialmente disciplinario, que al mismo tiempo pretend&iacute;a que el pueblo se divirtiera de manera ordenada y dentro de los c&oacute;digos legales, morales y religiosos establecidos por el r&eacute;gimen y la elite decimon&oacute;nica. De esta manera, se&ntilde;ala la autora, fue posible ubicar los entretenimientos que se llevaron a cabo en diferentes plazas, jardines y avenidas, como lo fueron las audiciones musicales, los festejos patrios, las pr&aacute;cticas deportivas, los paseos y otras actividades recreativas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los edificios y espacios recreativos que Nora Escalante nos describe y analiza est&aacute;n ubicados en el coraz&oacute;n de la ciudad, que constituye el centro pol&iacute;tico, religioso, comercial y cultural no s&oacute;lo de la ciudad, sino de toda la regi&oacute;n del occidente de M&eacute;xico; ah&iacute; confluye una gran cantidad de gente y mercanc&iacute;as. Este espacio urbano est&aacute; cargado de un gran simbolismo, historicidad, sociabilidad, identidad y sentimentalismo local. Desde el siglo XVIII la poblaci&oacute;n hab&iacute;a sostenido un importante crecimiento demogr&aacute;fico, era el centro de los poderes pol&iacute;ticos, la sede del episcopado y el principal mercado urbano, adem&aacute;s de contar con una de las m&aacute;s antiguas universidades del pa&iacute;s. Por lo mismo, ser&iacute;a inexplicable que a partir de la segunda mitad del siglo XIX, la ciudad de Guadalajara contara con un teatro y una plaza de toros acorde con su jerarqu&iacute;a e importancia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La sociedad tapat&iacute;a, como la de toda ciudad mediana o grande, es un conjunto muy amplio y abigarrado de seres humanos que habitan en unos cuantos kil&oacute;metros cuadrados; analizar a dicha sociedad no es nada sencillo, para ello se recurre a las ciencias sociales y humanas, a sus teor&iacute;as y a sus conceptos. La autora trata de explicarnos c&oacute;mo fue la conformaci&oacute;n social de Guadalajara durante el periodo de estudio, los individuos, los grupos y las clases sociales que la habitaron, y que concurr&iacute;an al teatro y a la plaza de toros para ver los espect&aacute;culos que ah&iacute; se ofrec&iacute;an y divertirse.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El objeto de estudio no son en s&iacute; mismo los edificios ni los espacios, sino el p&uacute;blico asistente y lo que ve&iacute;an: la interacci&oacute;n entre individuos, grupos y clases sociales dentro de estos edificios y la sociedad a la que pertenec&iacute;an. Las personas que acud&iacute;an al teatro Degollado o a la plaza de toros <i>El Progreso,</i> no se desprend&iacute;an de su extracci&oacute;n social, cultural, religiosa o moral, al entrar a estos centros de esparcimiento, por el contrario y aunque difer&iacute;a un poco, la conformaci&oacute;n social dentro del teatro y dentro de la plaza de toros eran una representaci&oacute;n de la sociedad tapat&iacute;a del momento a una micro escala.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El p&uacute;blico tanto del Degollado como de <i>El Progreso,</i> nos dice la autora, era un p&uacute;blico socialmente diferenciado y estratificado; esto estaba previamente determinado por la clase social a la que pertenec&iacute;a cada individuo que acud&iacute;a a estos centros de diversi&oacute;n. Pero no s&oacute;lo eso, el precio del boleto de entrada y el lugar que ocupaba cada individuo dentro de estos lugares lo situaba en una categor&iacute;a social espec&iacute;fica. De esta manera en el teatro Degollado los individuos se clasificaban o se ubicaban seg&uacute;n el precio de su boleto en luneta, palcos y galer&iacute;a, en donde las primeras dos eran propias para las clases alta y media, y la tercera para la clase baja, que en t&eacute;rminos geom&eacute;tricos y visuales parecer&iacute;a una imagen invertida de la clasificaci&oacute;n social, pues en esta estructura es en la &uacute;nica en la que los pobres de la ciudad aparecen arriba y los ricos abajo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por su parte, en la plaza de toros <i>El Progreso,</i> la divisi&oacute;n social se establece tambi&eacute;n seg&uacute;n el precio del boleto de entrada y el lugar en que se ubica dentro del coso. Nora Escalante nos explica que la gente se clasificaba seg&uacute;n se situaran en la zona de "sombra" o en la zona de "sol", y que a la primera asist&iacute;an "las principales familias" de la ciudad, y a la segunda asist&iacute;a "la gente menuda", el pueblo com&uacute;n y corriente que gritaba, chiflaba y dec&iacute;a groser&iacute;as; mientras que en sombra, la gente "distinguida", "las mejores familias tapat&iacute;as": eran educados, elegantes y sab&iacute;an comportarse con propiedad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En teor&iacute;a y desde la perspectiva moderna y civilizatoria del Estado y de las elites, la gente deb&iacute;a portarse "bien", tanto en los lugares p&uacute;blicos como las plazas, calles y avenidas, como en los lugares que, aunque de propiedad privada, constitu&iacute;an espacios p&uacute;blicos porque eran concurridos por la gente, como teatros, restaurantes, cines y plazas de toros. Para ello las autoridades gubernamentales buscaron ordenar, reglamentar, asegurar e higienizar los espacios urbanos, y la ciudad de Guadalajara no fue la excepci&oacute;n. A lo largo de las dos d&eacute;cadas estudiadas hubo varias prohibiciones y decretos a fin de modificar costumbres y conductas arraigadas en la poblaci&oacute;n, entre las cuales se encontraban algunos vicios y pasatiempos que se contrapon&iacute;an al nuevo proyecto de ciudad y de sociedad que se ven&iacute;a gestando.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nora Escalante nos dice que la implementaci&oacute;n de estas medidas no fue sencilla, pues adem&aacute;s de la "natural resistencia" de algunos grupos por acatar nuevas disposiciones, hubo intereses econ&oacute;micos que las obstaculizaron, tambi&eacute;n en ello influy&oacute; la tibieza con la que actuaron algunos funcionarios, por lo cual ciertas leyes y reglamentos s&oacute;lo quedaron en meros proyectos. Sin embargo, se lograron aplicar ciertas normas y reglamentos que permitieron modernizar y moralizar ciertas conductas, sobre todo en los espacios de diversi&oacute;n y entretenimiento, como lo fue en el teatro y en la plaza de toros. Seg&uacute;n esta reglamentaci&oacute;n, la gente deb&iacute;a adoptar toda una serie de normas y composturas que iban a tono con un comportamiento civilizado, respetuoso y decente, seg&uacute;n los valores propios de la &eacute;poca y de la cultura de una sociedad conservadora y religiosa como la de Guadalajara. No obstante, las pr&aacute;cticas y comportamientos reales de algunos de los asistentes al teatro o a la plaza de toros pod&iacute;an distar mucho de ese comportamiento ideal establecido por los reglamentos; era entonces cuando las autoridades correspondientes les llamaban la atenci&oacute;n, los sancionaban o los sacaban del recinto respectivo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante la segunda mitad del siglo XIX y la primera del siglo XX, los principales espacios de diversi&oacute;n p&uacute;blica en la ciudad de Guadalajara fueron el teatro Degollado y la plaza de toros <i>El Progreso.</i> Esto lleva a la autora a reflexionar sobre los conceptos de diversi&oacute;n, entretenimiento, esparcimiento, cultura y ocio. Conceptos que todos conocemos pero en los cuales poco nos ponemos a pensar. Un autor muy importante como Norbert El&iacute;as nos dice que el tiempo humano se puede clasificar en tiempo de trabajo y en tiempo libre, y que el tiempo de trabajo es aquel en el que forzosamente estamos dedicados a labores que, nos gusten o no, son obligatorias, pues de ellas depende nuestro sustento; mientras que el tiempo libre se pude dedicar a actividades que no est&aacute;n directamente relacionadas con el trabajo como el descanso, la diversi&oacute;n, la pol&iacute;tica, el arte, el deporte o la cultura. De aqu&iacute; que la jornada diaria se divida en dos periodos, seg&uacute;n lo establec&iacute;an los griegos desde la antig&uuml;edad: el ocio y el negocio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El ocio, para los griegos, era el tiempo realmente humano, pues era el tiempo dedicado a la creatividad, al arte, a la m&uacute;sica, a la pol&iacute;tica, al deporte, a la diversi&oacute;n, al amor y al disfrute. Mientras que el negocio (no&#45;ocio), era el tiempo dedicado a la jornada de trabajo, y para los griegos, que era una sociedad esclavista, el trabajo era propio de los esclavos. Esta relaci&oacute;n entre ambos t&eacute;rminos sufri&oacute; un cambio radical en la sociedad capitalista moderna, la cual puso como divisa fundamental que "el tiempo es oro" y hay que ahorrarlo y cuidarlo celosamente, todo el tiempo y todas las energ&iacute;as de los seres humanos, desde esta perspectiva, tienen que estar enfocadas a producir, pero no a la producci&oacute;n en general, sino a producir plusvalor. De esta manera, se invirti&oacute; la importancia de los conceptos: para el capitalista lo importante es el tiempo y el trabajo productivo, es el que produce dinero y ganancias, mientras que el tiempo de ocio es el tiempo desperdiciado, el tiempo que no vale nada, en pocas palabras, es "una p&eacute;rdida de tiempo", despectivamente, "es pura ociosidad" y la ociosidad hay que castigarla.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, el tiempo de ocio, seg&uacute;n las elites burguesas decimon&oacute;nicas y posrevolucionarias, habr&iacute;a que ordenarlo y reglamentarlo para civilizar, educar y moralizar al pueblo inculto, a trav&eacute;s de diversiones y espect&aacute;culos cultos y elevados, como en el caso del teatro Degollado, o de entretenimientos, que, aunque no sean muy cultos, como las corridas de toros, est&eacute;n muy bien reglamentadas y cuidadas para que el pueblo se divierta "sana y decentemente". Seg&uacute;n la autora, el teatro fue considerado desde mediados del siglo XVIII como un medio privilegiado para civilizar e ilustrar a la poblaci&oacute;n; no obstante, las corridas de toros no fueron del agrado de los grupos gobernantes ilustrados y modernizadores, aunque las toleraron y trataron de reglamentarlas con el fin de disminuir sus pr&aacute;cticas poco civilizadas y b&aacute;rbaras. Nora Escalante nos dice que en el siglo de las luces era el teatro y no las corridas de toros la diversi&oacute;n p&uacute;blica preferida por las autoridades, pues consideraban que estas &uacute;ltimas "s&oacute;lo pod&iacute;an servir para propagar entre las clases bajas la brutalidad y la barbarie, por lo que el teatro les pareci&oacute; m&aacute;s adecuado y eficaz para civilizar e ilustrar al pueblo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante la oposici&oacute;n de ilustrados y liberales, la afici&oacute;n por los toros y las corridas de toros se impusieron por el fuerte arraigo y el gusto que la sociedad en general ten&iacute;a sobre este espect&aacute;culo. De este modo, las autoridades tuvieron que tolerarlas, adem&aacute;s de que eran un buen ingreso a las arcas p&uacute;blicas por los impuestos que pagaban.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La fiesta de los toros, como la llaman com&uacute;nmente los aficionados, experiment&oacute; un proceso de modernizaci&oacute;n civilizatoria, como bien nos lo explica Nora Escalante: este proceso consisti&oacute; en construir un edificio especial para dicho espect&aacute;culo, dejando de ser itinerante y ef&iacute;mero, una reglamentaci&oacute;n moderna del espect&aacute;culo y una profesionalizaci&oacute;n de los principales actores, los toreros. Los opositores a este espect&aacute;culo podr&aacute;n seguir diciendo que es un espect&aacute;culo b&aacute;rbaro e incivilizado porque el &uacute;nico que muere es el toro, pero no podr&aacute;n negar que tiene sus reglas, su profesionalizaci&oacute;n y que hay un gusto arraigado en una parte de la poblaci&oacute;n por las corridas de toros.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo m&aacute;s interesante que nos aporta el libro de Nora Escalante es confirmar y sustentar que tanto el teatro Degollado como la plaza de toros <i>El Progreso</i> sirvieron para que se desarrollara una gran diversidad de espect&aacute;culos y eventos, de tal manera que no s&oacute;lo se ve&iacute;an obras de teatro o corridas de toros, sino &oacute;peras, zarzuelas, recitales, festivales, peleas de box, lucha libre y grecorromana, concursos de belleza, eventos musicales, circenses, funciones de cine, actos pol&iacute;ticos, convenciones, conferencias, actos gubernamentales, entre muchos otros espect&aacute;culos. Todo pod&iacute;a caber dentro del amplio y superficial concepto de "cultura" que ten&iacute;an las autoridades y administradores de estos centros, donde conflu&iacute;an "gentes de cien mil raleas".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El desarrollo posterior de la historia de estos dos edificios resultaron opuestas y contradictorias, mientras que el teatro Degollado gan&oacute; un lugar privilegiado tanto por parte de las autoridades como de la sociedad tapat&iacute;a, el edificio qued&oacute; en el centro de las plazas m&aacute;s importantes de la ciudad y se constituy&oacute; en un emblema de identidad imprescindible de los tapat&iacute;os. La plaza de toros <i>El Progreso,</i> de forma ir&oacute;nica, en 1979 sufri&oacute; una pu&ntilde;alada trapera y fue una v&iacute;ctima m&aacute;s de un proyecto modernizador por parte del gobierno del estado de Jalisco, el gobierno municipal y las elites pol&iacute;ticas, econ&oacute;micas y religiosas de la ciudad.</font></p>      ]]></body>
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