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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Conocimiento y estudios sobre el agua subterránea en la Costa de Hermosillo]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This work analyzes the role played by the evolution of scientific knowledge with regard to groundwater in the development of an agricultural región in the northwest of the country. The introduction presents the economic context and the prevailing view of the availability and exploitation of water which made possible the origin of the Costa de Hermosillo in the mid-40s. The first section describes the knowledge of groundwater in certain areas of the country and in the State of Sonora that existed before the origin of the Costa. The second section shows different estimates of groundwater potential at both national and State levels, as well as the methods used for these estimates. The third section discusses various estimates of the natural recharge of the Costa aquifer throughout the sixties. Finally, the fourth section gives a summary of the conclusions derived from this analysis, and the risks stemming from the lack of up-to-date knowledge of this aquifer prior to possible implementation of new projects for the utilization of water.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Art&iacute;culos</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Conocimiento y estudios sobre el agua subterr&aacute;nea en la Costa de Hermosillo</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Jos&eacute; Luis Moreno V&aacute;zquez*</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Investigador de El Colegio de Sonora, se le puede enviar correspondencia a Obreg&oacute;n 54, Centro, C.P 83000. Tel.: (62) 12 65 51, fax: (62) 12 50 21.</i> Correo electr&oacute;nico <a href="mailto:jmoreno@colson.edu.mx">jmoreno@colson.edu.mx</a>.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Recibido en diciembre de 1999    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 	Revisado en marzo del 2000</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este trabajo se analiza el papel que desempe&ntilde;&oacute; la evoluci&oacute;n del conocimiento cient&iacute;fico en materia de agua subterr&aacute;nea en el desarrollo de una regi&oacute;n agr&iacute;cola del noroeste del pa&iacute;s. En la introducci&oacute;n, se aborda el contexto econ&oacute;mico y la visi&oacute;n dominante que exist&iacute;a sobre la disponibilidad y aprovechamiento del agua que hicieron posible el nacimiento de la Costa de Hermosillo a mediados de los a&ntilde;os 40. En el primer apartado, se describe el conocimiento que hab&iacute;a sobre el agua del subsuelo en ciertas zonas del pa&iacute;s y del estado de Sonora antes de dicho nacimiento. En el segundo, se muestran las diferentes estimaciones realizadas acerca del potencial de agua subterr&aacute;nea a nivel nacional y estatal, as&iacute; como los m&eacute;todos empleados para tal efecto. En el tercer apartado, se discuten las diversas estimaciones efectuadas sobre la recarga natural del acu&iacute;fero de la Costa a lo largo de la d&eacute;cada de los a&ntilde;os 60. Por &uacute;ltimo, en el cuarto se ofrece un resumen de las conclusiones derivadas de este an&aacute;lisis y los riesgos de la falta de conocimiento actualizado sobre este acu&iacute;fero ante la posible puesta en pr&aacute;ctica de nuevos proyectos de aprovechamiento de agua.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">This work analyzes the role played by the evolution of scientific knowledge with regard to groundwater in the development of an agricultural regi&oacute;n in the northwest of the country. The introduction presents the economic context and the prevailing view of the availability and exploitation of water which made possible the origin of the Costa de Hermosillo in the mid&#45;40s. The first section describes the knowledge of groundwater in certain areas of the country and in the State of Sonora that existed before the origin of the Costa. The second section shows different estimates of groundwater potential at both national and State levels, as well as the methods used for these estimates. The third section discusses various estimates of the natural recharge of the Costa aquifer throughout the sixties. Finally, the fourth section gives a summary of the conclusions derived from this analysis, and the risks stemming from the lack of up&#45;to&#45;date knowledge of this aquifer prior to possible implementation of new projects for the utilization of water.</font></p>      <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este trabajo tiene como objetivo mostrar el contexto de conocimiento hidrol&oacute;gico en el que se dio el nacimiento de la regi&oacute;n agr&iacute;cola de la Costa de Hermosillo a fines de la d&eacute;cada de los a&ntilde;os 40, as&iacute; como la forma en que evolucion&oacute; dicho saber en cuanto al manto acu&iacute;fero que la alimenta en el periodo del auge productivo de los a&ntilde;os 50 y 60. La hip&oacute;tesis central es que el conocimiento de las caracter&iacute;sticas principales de los recursos hidrol&oacute;gicos del subsuelo fue a la zaga de su explotaci&oacute;n en gran escala. Tal desfase provoc&oacute; que la extracci&oacute;n del l&iacute;quido se realizara sin tener certeza de su potencial real de aprovechamiento. Entre los impactos negativos estuvieron el abatimiento del acu&iacute;fero y la presencia de indicios de intrusi&oacute;n salina. No obstante, cuando dicho conocimiento se adquiri&oacute; a fines de los a&ntilde;os 60, este saber no se utiliz&oacute; para llevar a cabo una explotaci&oacute;n adecuada del recurso, sino para extraer mayores cantidades de agua del subsuelo, lo que caus&oacute; la agudizaci&oacute;n de los impactos antes se&ntilde;alados.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre los elementos de contexto m&aacute;s relevantes para entender el desarrollo agr&iacute;cola de la Costa y la explotaci&oacute;n de su acu&iacute;fero iniciados en 1945, se encuentra el discurso oficial centrado en la necesidad de expandir la econom&iacute;a del pa&iacute;s y en "ganar la batalla por la producci&oacute;n", planteado por el presidente Manuel Avila Camacho en el marco de la Segunda Guerra Mundial. La estrategia consist&iacute;a en continuar con la apertura de nuevas tierras al cultivo e intensificar las pol&iacute;ticas de irrigaci&oacute;n y colonizaci&oacute;n promovidas por los gobiernos posrevolucionarios, en particular, en las &aacute;reas "inh&oacute;spitas, vac&iacute;as, bald&iacute;as u ociosas" del norte de M&eacute;xico. Esta estrategia inclu&iacute;a como novedad la asignaci&oacute;n de un nuevo papel a la agricultura: apoyar el proceso de industrializaci&oacute;n del pa&iacute;s y satisfacer las necesidades de una poblaci&oacute;n futura que se estimaba ser&iacute;a mucho mayor en n&uacute;mero a la que se ten&iacute;a en aquel entonces.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dicha estrategia continuar&iacute;a, con peque&ntilde;as diferencias, en las administraciones posteriores de los presidentes Miguel Alem&aacute;n y Adolfo Ruiz Cortines, dando como resultado una superficie total puesta bajo riego de aproximadamente 2 millones de hect&aacute;reas (entre nuevas y mejoradas) en el periodo 1940&#45;1958. Otro resultado importante fue el cambio cualitativo que se dio en la superficie de 1.7 millones de hect&aacute;reas (ha) de particulares. De un 8% del total de la superficie bajo "riego seguro" con pozos, se pas&oacute; en el mismo lapso a 41%, lo cual represent&oacute; un aumento de 150 a 700 mil hect&aacute;reas bajo este tipo de riego, as&iacute; como la disminuci&oacute;n del uso del riego eventual (Orive Alba, 1960:176&#45;178).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro de los elementos de contexto fue la visi&oacute;n dominante que se ten&iacute;a sobre los recursos hidrol&oacute;gicos del pa&iacute;s. Si bien se reconoc&iacute;a la carencia de esta riqueza natural en la mayor parte del territorio nacional (ya que 93% se consideraba &aacute;rido o semi&aacute;rido), se propon&iacute;a que &eacute;sta pod&iacute;a ser solventada gracias a la innovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica, los avances de la ingenier&iacute;a hidr&aacute;ulica, la disponibilidad de recursos financieros y el paso del tiempo. Considerada "hija de la segunda revoluci&oacute;n industrial", esta innovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica implic&oacute; el uso de nuevos materiales como el concreto, nuevos dise&ntilde;os de presas, el empleo del ferrocarril y motores de combusti&oacute;n interna, as&iacute; como el desarrollo paralelo de la energ&iacute;a el&eacute;ctrica (Aboites, 1999: 159).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La confianza en el papel de la ingenier&iacute;a hidr&aacute;ulica para impulsar el desarrollo agr&iacute;cola en gran escala se reflej&oacute; en la participaci&oacute;n que tuvieron algunos de sus exponentes principales en la creaci&oacute;n y direcci&oacute;n de instituciones como la Comisi&oacute;n Nacional de Irrigaci&oacute;n (CNI) en 1926 y la Secretar&iacute;a de Recursos Hidr&aacute;ulicos (SRH) en 1946, entre los que destacaron Javier S&aacute;nchez Mejorada y Adolfo Orive Alba. En ese a&ntilde;o, este &uacute;ltimo funcionario se&ntilde;alaba que en las zonas &aacute;ridas hab&iacute;a recursos hidr&aacute;ulicos posibles para regar 5 millones de hect&aacute;reas (Orive Alba, 1946:103). E ra tal su optimismo y su confianza, que dec&iacute;a que si se continuaba con el mismo ritmo de trabajo y el presupuesto asignado en tal a&ntilde;o, entonces todo era una simple cuesti&oacute;n de tiempo:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">...en unos 27 a&ntilde;os se habr&iacute;an ejecutado todas las obras de riego necesarias para aprovechar todos nuestros recursos hidr&aacute;ulicos en las zonas &aacute;ridas y semi&aacute;ridas de M&eacute;xico y en otros 13 a&ntilde;os habr&iacute;amos ejecutado las obras necesarias para regar los dos millones de hect&aacute;reas en las zonas semih&uacute;medas, si ello resulta necesario, como creemos. Ahora bien, un lapso total de 40 a&ntilde;os &#151;que aun se acortar&iacute;a si los presupuestos asignados a irrigaci&oacute;n siguen la progresi&oacute;n creciente que hasta la fecha&#151; ser&iacute;a muy corto en la vida de un pa&iacute;s para lograr obtener el total aprovechamiento en riego de sus recursos hidr&aacute;ulicos (Orive Alba, 1946: 126).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al final de su texto, el mismo funcionario se&ntilde;alaba la oportunidad que se le presentaba al pa&iacute;s y a los estados del norte en relaci&oacute;n con otras naciones del planeta que sufr&iacute;an las consecuencias de la conflagraci&oacute;n mundial:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">...en estos momentos en que el mundo a&uacute;n se debate en una guerra sangrienta provocada por pa&iacute;ses que quisieron conquistar nuevos territorios por la fuerza de las armas, podemos estar orgullosos, nosotros, los mexicanos, de que nuestro pa&iacute;s tambi&eacute;n est&eacute; conquistando nuevos territorios, pero pac&iacute;fica, civilizadamente, mediante su pol&iacute;tica de irrigaci&oacute;n, mediante la conquista de sus propios desiertos (<i>Ib&iacute;dem</i>).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta visi&oacute;n se centraba b&aacute;sicamente en el conocimiento que se ten&iacute;a del agua superficial. En cuanto al agua subterr&aacute;nea, todav&iacute;a era escaso lo que sab&iacute;a sobre ella, aunque hab&iacute;a muchos sitios dispersos en el territorio nacional en donde se explotaba desde hac&iacute;a varios a&ntilde;os, como se expone en el siguiente apartado. Debido a este desconocimiento de los acu&iacute;feros, dentro de la reci&eacute;n creada SRH se estableci&oacute; en 1947 la Direcci&oacute;n de Geolog&iacute;a, cuyo primer jefe fue el ingeniero ge&oacute;logo y geof&iacute;sico Alfonso De la O Carre&ntilde;o. Entre los objetivos principales de esta nueva dependencia estaba "hacer el estudio sistem&aacute;tico y el inventario de los recursos hidr&aacute;ulicos del subsuelo". Para tal efecto, se deber&iacute;an emplear los sistemas m&aacute;s modernos, como los m&eacute;todos geof&iacute;sicos de exploraci&oacute;n o nuevos sistemas usando ondas de radar desarrolladas en estos &uacute;ltimos a&ntilde;os con motivo de los adelantos logrados en la pasada guerra mundial (Orive Alba, 1960:14).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Las primeras extracciones y exploraciones en M&eacute;xico y Sonora</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como se mencion&oacute; antes, al terminar la d&eacute;cada de los a&ntilde;os 40, el conocimiento que se ten&iacute;a de la cantidad de agua subterr&aacute;nea existente en el subsuelo del pa&iacute;s era todav&iacute;a escaso. No obstante, seg&uacute;n Paul Waitz, reconocido especialista del tema en aquella &eacute;poca, este conocimiento impreciso y la carencia de estudios sobre sus posibilidades reales de aprovechamiento no hab&iacute;an sido obst&aacute;culos para su explotaci&oacute;n con &eacute;xito en muchas zonas de la rep&uacute;blica en la d&eacute;cada de los a&ntilde;os 30. Tal explotaci&oacute;n se hac&iacute;a para abastecer del l&iacute;quido a las ciudades de Guadalajara y Monterrey, o con diversas finalidades en las inmediaciones de las ciudades de M&eacute;xico, Ce laya y Le&oacute;n. Tambi&eacute;n se extra&iacute;a l&iacute;quido en varias haciendas del centro del pa&iacute;s, en regiones agr&iacute;colas como La Laguna, en estaciones de ferrocarril como Pesqueira al norte de Hermosillo, Sonora, y en &aacute;reas fronterizas como el valle de Ju&aacute;rez (Arregu&iacute;n, 1998: 35&#45;37).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con Waitz, en esos a&ntilde;os no se hab&iacute;an hecho captaciones de agua subterr&aacute;nea en gran escala y mucho menos en forma sistem&aacute;tica por parte del Estado, ya que los m&aacute;s connotados aprovechamientos eran realizados siempre a cuenta y riesgo de empresas particulares. El estudio de los aprovechamientos &#151;dec&iacute;a&#151; "no hab&iacute;a pasado m&aacute;s all&aacute; de reconocimientos ligeros, como en el valle Trincheras, en el distrito de Altar, Sonora".<sup><a href="#notas">1</a></sup> De hecho, algunos de los trabajos realizados en zonas semi&aacute;ridas de Sonora fueron publicados a mediados de los a&ntilde;os 20, como los de los ingenieros ge&oacute;logos Maximino Alcal&aacute; (1927) y Luis Bl&aacute;squez (1926). El primero mencion&oacute; la existencia de un manto acu&iacute;fero situado a 180 metros de profundidad, producto de las perforaciones hechas con anterioridad por Ferrocarriles en Agua Zarca y Casita en el r&iacute;o Magdalena cerca de Nogales; en tanto el segundo mencion&oacute; la existencia de abundantes aguas fre&aacute;ticas en las cuencas de los r&iacute;os Concepci&oacute;n y Sonoyta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre los primeros estudios realizados para el aforo de aguas subterr&aacute;neas, Arregu&iacute;n (1998: 36) resalt&oacute; un trabajo del ingeniero Jos&eacute; S. de la Vega publicado en 1933 sobre el r&iacute;o Pil&oacute;n en Nuevo Le&oacute;n, que utiliz&oacute; el procedimiento el&eacute;ctrico y que era considerado por su autor como el m&aacute;s preciso y expedito de todos los existentes . Este m&eacute;todo se aplicaba por primera vez en nuestro pa&iacute;s y demostraba el inter&eacute;s por cuantificar el recurso, aunque se tratara solamente de aguas fre&aacute;ticas.<sup><a href="#notas">2</a></sup> Tambi&eacute;n resalt&oacute; un trabajo del ingeniero Luis Echeagaray, quien en 1938 public&oacute; un trabajo sobre los tres m&eacute;todos existentes para aforar aguas subterr&aacute;neas: a) el ya mencionado procedimiento el&eacute;ctrico, b) los procedimientos de clorantes, y c) el procedimiento basado en la ley de Darcy, conocida desde 1856 (Arregu&iacute;n, 1998: 39).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un estudio sobresaliente fue el del ingeniero ge&oacute;logo Gonzalo Vivar, llevado a cabo en 1 934 en una parte de la regi&oacute;n que a&ntilde;os despu&eacute;s ser&iacute;a el distrito de riego por bombeo de Santo Domingo, Baja California Sur, la cual mostrar&iacute;a cierta similitud de caracter&iacute;sticas naturales con la regi&oacute;n de la Costa de Hermosillo. En dicho estudio se incluy&oacute; una estimaci&oacute;n gruesa del volumen de agua subterr&aacute;nea aprovechable y recomendaba, por prudencia y antes de emprender cualquier obra costosa, realizar un bombeo experimental, as&iacute; como efectuar una investigaci&oacute;n del abatimiento del nivel hidrost&aacute;tico y el posible agotamiento o invasi&oacute;n de agua salada "para juzgar acerca de la cantidad de hect&aacute;reas irrigables". Esto llamar&iacute;a la atenci&oacute;n de Arregu&iacute;n (1998: 38), pues por esas fechas no se ten&iacute;an experiencias en M&eacute;xico de intrusi&oacute;n salina del mar, siendo tal vez ese se&ntilde;alamiento producto de "referencias bibliogr&aacute;ficas".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para dicho autor, estos fueron los a&ntilde;os que conformaron la primera etapa de la historia de la geohidrolog&iacute;a en M&eacute;xico, que &eacute;l denomin&oacute; "los albores de la geohidrolog&iacute;a" y que comprendi&oacute; de 1890 a 1 935. Sus caracter&iacute;sticas principales fueron! la relativa abundancia de agua ante una poblaci&oacute;n reducida; la resoluci&oacute;n de problemas geohidrol&oacute;gicos que no requer&iacute;an de estudios o investigaciones profundas para aprovechar el agua subterr&aacute;nea; los limitados estudios geohidrol&oacute;gicos que brillaban en un medio caracterizado por "burdos lirismos y pr&aacute;cticas de zahor&iacute;es" y los m&eacute;todos carentes de todo principio cient&iacute;fico, o bien, en el mejor de los casos, en los escasos conocimientos y dudosa experiencia de perforadores. Las obras m&aacute;s espectaculares y de mayor m&eacute;rito fueron las grandes obras hidr&aacute;ulicas de captaci&oacute;n y conducci&oacute;n como el acueducto de Xochimilco, que captaba el l&iacute;quido de manantiales cercanos para posteriormente enviarlo a la ciudad de M&eacute;xico (Arregu&iacute;n 1998: 40).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De hecho, no importaban mayormente diversos aspectos de la geohidrolog&iacute;a porque simplemente no se necesitaban. As&iacute;, esta etapa se distingui&oacute; por:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">...concentrarse en la simple b&uacute;squeda del agua subterr&aacute;nea y, desde luego, su incipiente aprovechamiento ante necesidades y requerimientos modestos, casi siempre satisfechos por fuentes locales cuya potencialidad bastaba y hasta sobraba, mediante manantiales, norias someras, galer&iacute;as filtrantes y pozos de poca profundidad (Arregu&iacute;n 1998: 25).</font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro trabajo sobresaliente realizado en esta etapa en la regi&oacute;n de estudio fue el efectuado por el ingeniero en minas Teodoro Flores en una porci&oacute;n de la cuenca del r&iacute;o Sonora. Entre sus objetivos estaba la realizaci&oacute;n de un reconocimiento geol&oacute;gico en la parte central de esta regi&oacute;n, en donde se proyectaba construir una presa para la irrigaci&oacute;n de las tierras del valle de Ures, 100 km al noreste de la capital del estado. Sobresale, por su menci&oacute;n a la escasez de agua y a la poca probabilidad de encontrar agua artesiana en terrenos de lo que ser&iacute;a despu&eacute;s el distrito de riego por bombeo de la Costa de Hermosillo:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El agua en esta regi&oacute;n es escasa y &uacute;ltimamente se ha buscado perforando pozos bastante profundos (Santa Teresa, Tejunco, San Miguel, Pimienta y otros), algunos de los cuales han alcanzado las aguas fre&aacute;ticas a los 60 metros de profundidad. En la &eacute;poca de nuestra visita a esta regi&oacute;n (1922) el pozo de Santa Teresa hab&iacute;a llegado a una profundidad de 128 metros sin haber encontrado, hasta entonces, agua brotante nining&uacute;n macizo rocalloso, sino solamente arenas o materiales fragmentarios, pudiendo as&iacute; apreciarse por esta perforaci&oacute;n el espesor que tienen hacia la costa los dep&oacute;sitos de acarreo, el que parece ser muy considerable (Flores, 1929:18).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;s adelante reafirmaba su opini&oacute;n sobre las aguas artesianas de la manera siguiente:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es poco probable, en nuestro concepto, que se encuentren aguas de esta naturaleza en ese sitio porque hasta ahora, no obstante lo profundo de esas perforaciones, se han encontrado solamente terrenos arenosos sueltos o detr&iacute;ticos sin haber cortado ninguna formaci&oacute;n sedimentaria en la que pudiera existir alguna capa impermeable que tuviera captada alguna agua a presi&oacute;n; en cambio s&iacute; es posible que las aguas sean ascendentes en esos pozos, sin ser brotantes y que se pueda proveer de agua suficiente a esas feraces tierras del ex&#45;Distrito de Hermosillo bombeando el agua (Flores, 1929:25).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un aspecto importante del estudio de Flores fue que incluy&oacute; las observaciones del ge&oacute;logo E.T. Dumble cuando trabajaba al servicio del Ferrocarril Sud&#45;Pac&iacute;fico a principios de siglo. En forma contraria a lo expuesto por aqu&eacute;l, &eacute;ste hace referencia a la presencia de aguas subterr&aacute;neas en las tierras de los valles de Ures, HermosiIlo y San Jos&eacute; de Guaymas. Llamando la atenci&oacute;n sobre el porvenir agr&iacute;cola de algunas regiones de Sonora y en especial la "feracidad" de esas tierras, apunta que dichas aguas podr&iacute;an utilizarse para su irrigaci&oacute;n perforando "pozos m&aacute;s o menos profundos". Esta opini&oacute;n la sustenta en los resultados obtenidos al perforar un pozo en la estaci&oacute;n Maytorena del ferrocarril en el valle de Guaymas y "cortar" una importante capa de agua de 46 m de espesor. Adem&aacute;s de sus hallazgos, es importante destacar su premonici&oacute;n de lo que acontecer&iacute;a a&ntilde;os despu&eacute;s en los valles costeros de Sonora y, en particular, en la Costa de Hermosillo:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por el resultado tan satisfactorio como el que queda dicho es de esperar y desear que otros se animen a hacer perforar pozos en &eacute;ste y otros valles similares. Juzgando por los estudios geol&oacute;gicos que he podido practicar, &eacute;ste es el &uacute;nico pozo que ha alcanzado un volumen de agua semejante. (...) La configuraci&oacute;n y declive que presenta el terreno me hace creer tambi&eacute;n que en algunas partes del valle podr&iacute;an descubrirse pozos artesianos o pozos comunes, mas en la mayor&iacute;a de los casos el agua tendr&iacute;a que extraerse por medio de bomba. Para las necesidades m&aacute;s precisas y la explotaci&oacute;n agr&iacute;cola en peque&ntilde;a escala la extracci&oacute;n puede hacerse por medio de molinos de viento o m&aacute;quinas de gasolina, mas al tratarse de grandes acopios para el riego ser&aacute; indispensable el uso de potentes bombas de vapor para las que se vislumbra la probabilidad de que en d&iacute;a no lejano habr&aacute; abundancia de combustible barato. (...) Aun cuando para llegar a conclusiones definitivas tocante a la cantidad de agua que pueda encontrarse, ser&aacute; preciso perforar algunos otros pozos en parte m&aacute;s lejana, en el centro del valle, hay aparentemente l&iacute;quido suficiente para el regad&iacute;o de huertas, vi&ntilde;edos y vergeles y tal vez con la ayuda del agua fluvial levantar abundantes cosechas de cereales y forrajes. Posible es que con perforaciones m&aacute;s profundas se obtuviesen resultados m&aacute;s satisfactorios todav&iacute;a (Flores, 1929:85&#45;86).<sup><a href="#notas">3</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al final, Dumble pone como ejemplo de lo que pod&iacute;a realizarse con abundante provisi&oacute;n de agua a la floreciente agricultura del vecino estado de California y las "m&uacute;ltiples industrias" que de ella se derivan, rematando su argumentaci&oacute;n con el siguiente comentario:</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es innegable que el extenso valle de Guaymas, aunque aparentemente est&eacute;ril e improductivo, es rico en suelo y agua. Depende, por tanto, de la energ&iacute;a de los ciudadanos de Sonora el convertirlo en uno de los m&aacute;s bel los jardines de esta progresista y atractiva entidad (Dumble, 1901).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Flores, por su parte, (1929:86), no se quedar&iacute;a atr&aacute;s al reafirmar la "urgente necesidad" de ejecutar las obras de la importancia de la presa y otras de igual o mayor magnitud para regar las tierras de Ures y Hermosillo, as&iacute; como:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">...las situadas hacia la costa que son probablemente las m&aacute;s f&eacute;rtiles, obras que convertir&iacute;an propiedades que son ahora eriazas e improductivas y pr&aacute;cticamente sin valor, en fuentes de producci&oacute;n para sus due&ntilde;os, lo que en definitiva redundar&aacute; en provecho de la riqueza nacional.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A&ntilde;os m&aacute;s adelante, en la d&eacute;cada de los 50, Teodoro Flores ocup&oacute; el cargo de director del Instituto de Geolog&iacute;a de la UNAM. Fue en su periodo cuando el citado De la O Carre&ntilde;o public&oacute; sus primeros trabajos sobre las provincias geohidrol&oacute;gicas de M&eacute;xico en el bolet&iacute;n de dicha instituci&oacute;n y que son comentados en el siguiente apartado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cabe resaltar que varias d&eacute;cadas antes de la conformaci&oacute;n del distrito de riego de la Costa de Hermosillo, el antrop&oacute;logo estadounidense William McGee en su obra sobre los indios seris elaborada a fines del siglo XIX, mencion&oacute; que algunos ranchos de la regi&oacute;n como el Costa Rica se abastec&iacute;an de las filtraciones subterr&aacute;neas del r&iacute;o Sonora, en tanto otros ranchos como el Libertad y Santa Ana, situados m&aacute;s hacia el norte, se abastec&iacute;an de las filtraciones del r&iacute;o Bacoachi (McGee, 1980: 47 y 28).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En ese entonces, la riqueza acu&iacute;fera existente en el subsuelo del Bacoachi era ya mencionada, si bien todav&iacute;a no era cuantificada. De acuerdo con dicho autor, el Bacoachi era una t&iacute;pica corriente fluvial de la provincia sonorense. Seg&uacute;n la estaci&oacute;n, mostraba tramos peque&ntilde;os de 8 a 24 kil&oacute;metros en donde corr&iacute;a por la superficie de arenas, y tramos largos; all&iacute; el r&iacute;o se introduc&iacute;a al subsuelo convirti&eacute;ndose en "aluvi&oacute;n arenoso por 80 kil&oacute;metros", distancia en la cual pod&iacute;an hallarse "pozos cada vez m&aacute;s profundos". Despu&eacute;s, pasaba a la "fase delta" y penetraba en el noreste del territorio seri, en una zona caracterizada por bosques de mezquites excepcionalmente robustos. Este r&iacute;o &#151;que &eacute;l consideraba nac&iacute;a 320 km al noreste de Bah&iacute;a Kino&#151; durante y despu&eacute;s de las tormentas se transformaba en un r&iacute;o que llega a tener el caudal del Ohio o el Rin y recorr&iacute;a tumultuosamente 240 kil&oacute;metros para finalmente hundirse en las arenas del Desierto Encinas, a 50 u 80 km de la costa. Adem&aacute;s &#151;continu&oacute;&#151; desde su nacimiento "suficiente cantidad de agua atraviesa las barreras, para abastecer a los pozos profundos del abanico terminal", as&iacute; como a dos de los ranchos antes mencionados (McGee, 1980: 45&#45;47).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n es de resaltar que en el grupo de trabajo que llev&oacute; a cabo los estudios en la zona seri se encontraba Willard D. Johnson, quien fue el fot&oacute;grafo y top&oacute;grafo de la segunda expedici&oacute;n efectuada en 1895 y contaba con la autorizaci&oacute;n de Investigaciones Geol&oacute;gicas de los Estados Unidos.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Las primeras estimaciones sobre el agua del subsuelo</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con el titular de la SRH, en 1947 las estimaciones m&aacute;s confiables acerca del agua era que del 100% de la precipitaci&oacute;n total anual de M&eacute;xico, 17% se infiltraba al suelo para formar dep&oacute;sitos y corrientes subterr&aacute;neas, 60% se evaporaba y transpiraba, y 23% escurr&iacute;a superficialmente. Esto significaba alrededor de 263 mil millones de metros c&uacute;bicos de agua en el subsuelo al a&ntilde;o "cuyo aprovechamiento para riego, abastecimiento de agua potable o usos industriales es de vital importancia para el pa&iacute;s" (Orive Alba, 1960: 14&#45;16).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otras estimaciones realizadas posteriormente por el citado Alfonso De la O Carre&ntilde;o (1954) y el ingeniero Luis Echeagaray (1958) calcularon un volumen de 270 mil y 152 mil millones de metros c&uacute;bicos, respectivamente. La segunda estimaci&oacute;n se&ntilde;al&oacute; <i>grosso modo</i> y en forma preliminar que se "podr&iacute;a llegar a aprovechar" el 42% del volumen total de agua en el subsuelo, es decir, 64 mil millones de metros c&uacute;bicos.<sup><a href="#notas">4</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ese mismo a&ntilde;o de 1958, el ingeniero civil Jorge Tamayo, con amplia trayectoria en la administraci&oacute;n p&uacute;blica y la academia, ofreci&oacute; sus propias estimaciones. Consider&oacute; "excesiva" la cifra de 211 mil millones de metros c&uacute;bicos que calcul&oacute; otro ingeniero, Andr&eacute;s Garc&iacute;a Quintero. Propuso &#151;basado en datos de De la O sobre valorizaci&oacute;n de las superficies llanas del pa&iacute;s&#151; un volumen total de 185 mil millones de metros c&uacute;bicos y una cifra de 27 mil millones de metros c&uacute;bicos como volumen anual que se infiltra a los dep&oacute;sitos "que puede extraerse sin afectar los almacenamientos subterr&aacute;neos". Esto es, 58% menos del volumen de agua calculado por Garc&iacute;a Quintero. En la determinaci&oacute;n de este valor menor de agua influy&oacute; un fen&oacute;meno que &eacute;l ya hab&iacute;a observado en los acu&iacute;feros:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tal cifra parece excesiva y en cierto modo se contradice con la realidad que nos est&aacute; demostrando en las zonas de explotaci&oacute;n que la infiltraci&oacute;n tiene valores menores, raz&oacute;n por lo que tan luego se hace un bombeo intensivo, descienden los niveles (Tamayo: 1958: 92).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Del total calculado por Tamayo, el 14% del volumen acuf&iacute;ero, esto es, 4 mil millones de metros c&uacute;bicos, se localizaban en la planicie costera de Sonora y en la parte norte del estado de Sinaloa hasta el r&iacute;o del mismo nombre. Las regiones con mayor potencial en el pa&iacute;s eran! el resto de la planicie costera del Pac&iacute;fico hasta el r&iacute;o Verde en Oaxaca (con 31% del volumen total) y las vertientes interiores de la Altiplanicie Mexicana (con 29%).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su estudio publicado en dos partes, el citado De la O Carre&ntilde;o da cuenta del avance que se ten&iacute;a en esta materia y del reto que se ten&iacute;a enfrente. Apunta que la explotaci&oacute;n de la riqueza acu&iacute;fera del subsuelo hab&iacute;a empezado de manera general "hasta hace apenas unos tres a&ntilde;os", es decir, en 1948. Llama la atenci&oacute;n sobre la necesidad de incrementar el &aacute;rea de riego en el pa&iacute;s, no s&oacute;lo con aguas superficiales sino tambi&eacute;n con las subterr&aacute;neas, debido a que, seg&uacute;n cifras de Orive Alba, ya titular de la SRH, 14 millones de hect&aacute;reas susceptibles de cultivo en el pa&iacute;s no pod&iacute;an regarse por falta de agua, 7 millones contaban con agua superficial y 2 millones no necesitaban riego por encontrarse en zonas h&uacute;medas. Todo esto justificaba la necesidad de que "conozcamos nuestros recursos naturales geohidrol&oacute;gicos". A ra&iacute;z de la creaci&oacute;n de la citada Direcci&oacute;n de Geolog&iacute;a en 1947 y a&ntilde;os antes, en 1939, de la Oficina de Geohidrolog&iacute;a en la CNI &#151;dec&iacute;a&#151; se "despert&oacute; en gran escala el inter&eacute;s p&uacute;blico por aprovechar nuestros recursos de aguas subterr&aacute;neas", lo cual inclu&iacute;a la apertura de perforaciones hechas por la propia secretar&iacute;a y la cooperaci&oacute;n de otras instituciones o particulares (De la O Carre&ntilde;o, 1951: XI&#45;XIII; 1954: 52&#45;53).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este trabajo se calcul&oacute; el escurr&iacute; miento superficial, la evaporaci&oacute;n y la infiltraci&oacute;n en las provincias geohidrol&oacute;gicas de Sonora, entre las que estuvieron las denominadas Seri, Bacoachi y Hermosillo. En las tres provincias, el porcentaje de agua infiltrada, con respecto al total de precipitaci&oacute;n, oscil&oacute; entre 31 y 42%. La infiltraci&oacute;n global calculada fue de 74, 718 y 3,143 millones de metros c&uacute;bicos (Mm<sup>3</sup>) de agua al a&ntilde;o, respectivamente. Este volumen no implicaba el potencial disponible para su extracci&oacute;n del subsuelo en cada una de las provincias, sino s&oacute;lo una estimaci&oacute;n del l&iacute;quido que se infiltraba de acuerdo con las caracter&iacute;sticas topogr&aacute;ficas y geol&oacute;gicas y los datos climatol&oacute;gicos conocidos y disponibles hasta entonces. En a&ntilde;os posteriores, se empezar&iacute;an a calcular los coeficientes de porosidad y almacenamiento y el volumen de recarga natural de agua de cada acu&iacute;fero, para conocer su potencial real de aprovechamiento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un resumen de los diferentes &oacute;rdenes de magnitud de cada una de las estimaciones descritas se muestra en el <a href="#c1">cuadro 1</a>. Se aprecia c&oacute;mo la cantidad de agua calculada fue descendiendo conforme el a&ntilde;o del estudio era m&aacute;s reciente. Ello tiene su explicaci&oacute;n en el empleo de m&eacute;todos de estimaci&oacute;n m&aacute;s modernos y precisos y en la observaci&oacute;n directa en el terreno de los impactos de la extracci&oacute;n. As&iacute;, las altas expectativas iniciales sobre los vol&uacute;menes de infiltraci&oacute;n de agua al subsuelo y su potencial real de aprovechamiento fueron disminuyendo con el transcurso del tiempo. Posteriormente, en 1975 y con datos que cubr&iacute;an el 37% del territorio nacional, se calcul&oacute; entre 5 y 10 mil millones de metros c&uacute;bicos el volumen renovable de agua subterr&aacute;nea, que se pod&iacute;a extraer de manera permanente. El volumen no renovable almacenado se estim&oacute; entre 60 y 80 mil millones de metros c&uacute;bicos (SRH, 1975).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="c1"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/regsoc/v12n20/a3c1.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Arregu&iacute;n (1998: 25&#45;26), estos a&ntilde;os formaron parte de la segunda etapa en la historia de la geohidrolog&iacute;a que denomin&oacute; "los detonantes del desarrollo de la geohidrolog&iacute;a" y que abarc&oacute; el periodo de los a&ntilde;os 1935&#45;1966. El a&ntilde;o de inicio propuesto tuvo como fundamento dos razones: a) ser la fecha en que Charles V. Theis, considerado el fundador de la moderna hidr&aacute;ulica de pozos, da a conocer su hist&oacute;rica ecuaci&oacute;n de flujo no establecido hacia un pozo; y b) porque "m&aacute;s o menos" coincide con los primeros desarrollos masivos de pozos para abastecer de agua a la ciudad de M&eacute;xico y a los grandes proyectos de irrigaci&oacute;n agr&iacute;cola de la Costa de Hermosillo, Sonora y el Va lie de Santo Domingo, Baja California Sur.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta etapa, los problemas y las actividades geohidrol&oacute;gicas giraron en torno al desarrollo y aplicaci&oacute;n de nuevas tecnolog&iacute;as en el &aacute;mbito de la hidrolog&iacute;a subterr&aacute;nea cuantitativa. En ello fue decisivo el reconoc&iacute; miento de que el agua subterr&aacute;nea "constituye un recurso natural limitado, ante los ejemplos de sobreexplotaci&oacute;n de acu&iacute;feros que ya empezaban a manifestar efectos perjudiciales e indeseables desde cualquier punto de vista". Estos ejemplos "fueron reto y acicate para que los t&eacute;cnicos abordaran con mayor seriedad y empe&ntilde;o los aspectos cuantitativos enfocados a determinar el potencial de los almacenamientos del subsuelo". A los trabajos de prospecci&oacute;n indispensables para identificar la presencia de agua subterr&aacute;nea, se agregaron! la determinaci&oacute;n de las caracter&iacute;sticas hidrodin&aacute;micas, el conocimiento de la calidad del agua por alumbrar, la elaboraci&oacute;n de un modelo conceptual del comportamiento del acu&iacute;fero y su modelaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dos aspectos notables para el desarrollo de la geohidrolog&iacute;a en estos a&ntilde;os, continuando con Arregu&iacute;n (1998: 41 &#45;42 y 49), fueron el desarrollo mismo de los distritos de riego por bombeo y los avances de la industria petrolera en materia de perforaci&oacute;n. En los primeros, al principio, la b&uacute;squeda de agua subterr&aacute;nea estuvo regida por la "rabdomancia y los zahor&iacute;es", pero a medida que adquiri&oacute; importancia el n&uacute;mero de pozos y el &aacute;rea de riego que serv&iacute;an, los usuarios se organizaban, se decretaba la creaci&oacute;n del distrito de riego respectivo, se tecnificaban la localizaci&oacute;n y dise&ntilde;o de pozos, el riego, los cultivos y en general la actividad agr&iacute;cola. No obstante lo anterior, dicho autor reconoc&iacute;a inmediatamente despu&eacute;s la falta de control y planeaci&oacute;n en su explotaci&oacute;n y los impactos negativos que gener&oacute;:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La perforaci&oacute;n de pozos fue an&aacute;rquica, siempre en el predio del interesado y fuera de consideraciones geohidrol&oacute;gicas regionales. Al paso de los a&ntilde;os se fueron notando los efectos de interferencias durante la operaci&oacute;n conjunta de los pozos, el abatimiento generalizado de los niveles de agua por sobreexplotaciones locales primeramente, y regionales despu&eacute;s, con sus variados efectos secundarios colaterales (<i>lbidem</i>:49).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto a la tecnolog&iacute;a petrolera, fueron cruciales todos los avances en materia de equipos de perforaci&oacute;n con sistema rotatorio que se dieron entre 1890 y 1950 y que fueron aplicados en la b&uacute;squeda de agua del subsuelo. Entre ellos estuvieron! los nuevos dise&ntilde;os de barrenas, la calidad del acero de las tuber&iacute;as, el tama&ntilde;o de las bombas de lodos, los lodos de perforaci&oacute;n y los motores de combusti&oacute;n interna, tanto de gas como de diesel, que desplazaron a los de vapor. Estas mejoras se tradujeron en un aumento de la profundidad de perforaci&oacute;n, que pas&oacute; de los 600 m en 1900 a casi 7,500m en la actualidad, y de la velocidad de penetraci&oacute;n, que pas&oacute; de unos cuantos metros hasta 100 m en 24 horas.<sup><a href="#notas">5</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo relevante en esta etapa y en particular en los distritos de riego por bombeo fue que, a pesar de la falta de certeza sobre la cantidad de agua que almacenaban los acu&iacute;feros y, por ende, sobre la cantidad que pod&iacute;a ser explotada sin afectarlos, la extracci&oacute;n del l&iacute;quido (denominado "libre alumbramiento" o "bombeo libre") comenz&oacute; en gran escala sin esperar a que su volumen fuera siquiera preliminarmente cuantificado. Las primeras estimaciones confiables llegar&iacute;an varios a&ntilde;os despu&eacute;s, en la d&eacute;cada de los a&ntilde;os 60, cuando los abatimientos eran ya significativos en ciertas regiones como la Costa de Hermosillo y las soluciones posibles parec&iacute;an llegar demasiado tarde.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Los primeros c&aacute;lculos de agua aprovechable en la Costa de Hermosillo</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La primera estimaci&oacute;n sobre el volumen de agua subterr&aacute;nea que se pod&iacute;a extraer del acu&iacute;fero de la Costa de Hermosillo sin afectarlo, se le debe al ya citado De la 0 Carre&ntilde;o (1960). Este se&ntilde;al&oacute; una recarga natural del acu&iacute;fero de 324 Mm<sup>3</sup> al a&ntilde;o, cifra que ser&iacute;a ligeramente inferior a la que calcular&iacute;a a&ntilde;os despu&eacute;s el estudio de Ariel Construcciones (1968) de 350 M y que es la m&aacute;s aceptada en la actualidad. Dicho volumen se estim&oacute; empleando la metodolog&iacute;a de coeficientes de infiltraci&oacute;n, la consulta de datos de observaci&oacute;n y el auxilio de diversas cartas del comportamiento y naturaleza de las aguas subterr&aacute;neas como salinidad y abatimiento, que comenzaban a elaborarse ya en el distrito de riego. Incluy&oacute; reconocimientos a&eacute;reos en avioneta por la zona, r&aacute;pidos reconocimientos por tierra y obtenci&oacute;n de l&iacute;neas de fotograf&iacute;as a&eacute;reas. Su objetivo era determinar si se estaba sobreexplotando el acu&iacute;fero y recomendar medidas para su soluci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Concluy&oacute; que hab&iacute;a una extracci&oacute;n de 800 Mm<sup>3</sup>, cifra m&aacute;s de dos veces superior a la alimentaci&oacute;n. Alert&oacute; sobre el peligro de la invasi&oacute;n y contaminaci&oacute;n con las aguas saladas costeras de continuar la sobreexplotaci&oacute;n, y la probabilidad de que en 7 a&ntilde;os m&aacute;s se estuviera bombeando agua salada en la franja m&aacute;s cercana a la costa, cosa que sucedi&oacute; y se reconoci&oacute; oficialmente aproximadamente 10 a&ntilde;os despu&eacute;s. Recomendaba, entre otras cosas, efectuar un estudio geohidrol&oacute;gico preliminar m&aacute;s a detalle, as&iacute; como un estudio geol&oacute;gico de la regi&oacute;n. Ya desde entonces se mencionaba que la alimentaci&oacute;n principal del acu&iacute;fero de la Costa de Hermosillo era la proveniente del arroyo Bacoachi (<a href="#f1">figura 1</a>). Propon&iacute;a reducir la extracci&oacute;n a la de 1951 que fue de 387 Mm<sup>3</sup>, as&iacute; como revestir canales y nivelar tierras para disminuir el consumo de agua.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="f1"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/regsoc/v12n20/a3f1.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Espec&iacute;ficamente propuso llevar a cabo 200 sondeos el&eacute;ctricos a una profundidad m&iacute;nima de 200 m, perforar 10 pozos centinelas y 10 piezom&eacute;tricos para el control de la probable invasi&oacute;n salina y de las presiones, con una profundidad m&iacute;nima de 150 m. Pugnaba porque las perforaciones fueran de preferencia contratadas con empresas que "garantizaran el &eacute;xito de las mismas". Adem&aacute;s, recomendaba un estudio gravim&eacute;trico para indagar posteriormente si hab&iacute;a barreras estructurales en el subsuelo o depresiones que puedan "defender de la intrusi&oacute;n salada" a la Costa de Hermosillo. Este estudio ayudar&iacute;a a conocer la profundidad y dimensiones de la cuenca subterr&aacute;nea en explotaci&oacute;n.<sup><a href="#notas">6</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 1965, apareci&oacute; publicado el trabajo del ingeniero Angel Jim&eacute;nez Villalobos. Utilizando el m&eacute;todo de Hill, basado en el volumen extra&iacute;do y la variaci&oacute;n del nivel est&aacute;tico en un largo periodo de observaci&oacute;n, estim&oacute; en 570 Mm<sup>3</sup> el volumen que se pod&iacute;a extraer del subsuelo sin que "se registren abatimientos ni recuperaciones en el nivel de las aguas subterr&aacute;neas" (Jim&eacute;nez, 1965:65&#45;81). Su problema fue, seg&uacute;n Arregu&iacute;n (1998: 63), que el m&eacute;todo no es aplicable, ya que la cifra mencionada inclu&iacute;a el agua de intrusi&oacute;n marina, es decir, un componente de recarga al acu&iacute;fero "indeseable por contaminante" y que deb&iacute;a de restarse de las aportaciones totales determinadas de esta manera.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este trabajo llaman la atenci&oacute;n sus frases: la "posibilidad te&oacute;rica" de una invasi&oacute;n de las aguas del mar hacia los acu&iacute;feros en explotaci&oacute;n, la ausencia de este fen&oacute;meno en el ciclo agr&iacute;cola 1962&#45;63 seg&uacute;n "la composici&oacute;n qu&iacute;mica de las aguas extra&iacute;das", y la "muy remota posibilidad de avance de las aguas marinas" debido a la existencia de cordilleras paralelas a la costa que interrumpen la continuidad de los acu&iacute;feros en explotaci&oacute;n hacia el mar, salvo la zona del estero Santa Cruz (cerca de Bah&iacute;a Kino) constituida por formaciones muy permeables. Frases que, parec&iacute;an revelar en cierta medida, una resistencia a aceptar el riesgo de intrusi&oacute;n salina de la que hablaban y estaban casi seguros los ge&oacute;logos si continuaban las altas extracciones del acu&iacute;fero. Esta diferencia de opini&oacute;n ser&iacute;a una constante en los estudios realizados durante la d&eacute;cada de los a&ntilde;os 60 por parte de ge&oacute;logos e ingenieros agr&oacute;nomos (Moreno, 2000).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En ese mismo a&ntilde;o de 1965, el citado Tamayo olvid&oacute; algo de su prudencia expresada a&ntilde;os antes en cuanto a la cantidad de agua subterr&aacute;nea aprovechable del subsuelo. En una reuni&oacute;n efectuada en Hermosillo, indic&oacute; una recarga total de los acu&iacute;feros de la planicie costera de Sonora de 2,000 Mm<sup>3</sup>, siendo el de la Costa de Hermosillo (al que llamaba tambi&eacute;n "del r&iacute;o Sonora") el de mayor volumen con 780 Mm<sup>3</sup>, cifra que representaba m&aacute;s del doble de lo estimado por De la O Carre&ntilde;o. Se&ntilde;alaba que las cifras no son muy lejanas a la realidad, y que en el caso de la Costa "tan puede ser buena la cifra m&iacute;a como la de la secretar&iacute;a", ya que &eacute;sta es de alrededor de 900 Mm<sup>3</sup>. Lo importante para &eacute;l era "que es inferior a los 1,000 Mm<sup>3</sup>, que actualmente se est&aacute;n sacando con las bombas" y "que podr&iacute;an regarse 230 mil hect&aacute;reas", aprovechando este volumen en su totalidad para riego. Adem&aacute;s, observ&oacute; que en la Costa de Hermosillo 693 Mm<sup>3</sup> de l&iacute;quido eran "aguas f&oacute;siles", es decir, el 88% del total (Tamayo, 1965: 265&#45;266).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Conceptualiz&oacute; con ese nombre a los mantos subterr&aacute;neos que "no reciben realimentaci&oacute;n reciente y que no son sino vestigios de un almacenamiento realizado en &eacute;pocas geol&oacute;gicas anteriores". Consideraba que estas aguas "no son dep&oacute;sitos regenerables", que puestas bajo explotaci&oacute;n "tendr&iacute;an que agotarse en un plazo m&aacute;s o menos largo", y que hab&iacute;a que darles un tratamiento de "recurso natural no renovable" El otro tipo de mantos subterr&aacute;neos existentes eran aquellos que "reciben aportaciones contempor&aacute;neas y que, por lo tanto, son reabastecidos" (Tamayo, 1964: 74&#45;75).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, para Tamayo tal presencia de aguas f&oacute;siles en la Costa no era problema. El problema era no evaluar con precisi&oacute;n la cantidad de agua almacenada en estos dep&oacute;sitos para prever su agotamiento a una extracci&oacute;n determinada:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">...no nos debemos de espantar de que los dep&oacute;sitos sean de aguas f&oacute;siles y los vayamos a agotar. Yo creo que los dep&oacute;sitos de aguas f&oacute;siles es peligroso explotarlos sin saber su volumen, pero en el momento que sepamos su volumen podemos darle el mismo tratamiento que a un dep&oacute;sito de mineral, un recurso natural no renovable (1965: 266).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con esta argumentaci&oacute;n parec&iacute;a justificarse el tipo de agricultura que hab&iacute;a criticado, varios a&ntilde;os antes en su cl&aacute;sico texto sobre los distritos de riego del noroeste, el reconocido Jacques Chonchol (1957), asesor de la FAO. Al estudiarla y observar sus impactos en el terreno, la defini&oacute; como una agricultura <i>tipo miner&iacute;a</i> que trata de sacar el mayor provecho a los recursos agua y suelo en poco tiempo sin preocuparse del futuro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Parte del optimismo de Tamayo se basaba tambi&eacute;n en el convencimiento de que "dentro de 30 o 40 a&ntilde;os" se podr&iacute;a disponer de agua de Alaska en la frontera de M&eacute;xico o de los sobrantes del r&iacute;o Santiago en Nayarit mediante una sucesi&oacute;n de obras (conocidas como Plan Hidr&aacute;ulico del Noroeste). Por tal motivo &#151;finalizaba&#151; "no nos deber&iacute;amos espantar de agotar el agua f&oacute;sil", si hay la seguridad de que en ese lapso llegar&aacute; a Sonora "un repuesto de agua para sustitu&iacute;r&iacute;a" (Tamayo, 1964: 267 ).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un a&ntilde;o despu&eacute;s fue publicado en una revista especializada de los Estados Unidos el trabajo de Busch, Matlock y Fogel, (Busch, et al, 1966), quienes un a&ntilde;o antes hab&iacute;an realizado un estudio por encargo del organismo que representa a los agricultores privados m&aacute;s importantes de la regi&oacute;n! la Asociaci&oacute;n de Organismos Agr&iacute;colas del Norte de Sonora (Busch, <i>22</i>, 1965). Se citan ambos documentos, escritos por los mismos autores y sobre la misma regi&oacute;n objeto de estudio, ya que existen peque&ntilde;as diferencias entre las preguntas y el contenido de cada uno de ellos. Por su inter&eacute;s, se cita en mayor medida el contenido del documento entregado a los agricultores como consultores, y no el publicado como profesores de ingenier&iacute;a agr&iacute;cola de la Universidad de Arizona en Tucson los dos primeros, y como hidr&oacute;logo de la misma instituci&oacute;n el tercero.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las preguntas que plante&oacute; el estudio fueron dos! &iquest;Cu&aacute;l es la cantidad de agua subterr&aacute;nea existente y la cantidad bombeable sin la intrusi&oacute;n de agua salada durante un largo periodo de tiempo? y &iquest;pueden mejorarse los m&eacute;todos de riego para ahorrar agua? Entre las t&eacute;cnicas empleadas estuvieron: evaluaciones de las t&eacute;cnicas de riego en el campo, an&aacute;lisis de la tierra, an&aacute;lisis de la transmisibilidad del acu&iacute;fero de acuerdo con el m&eacute;todo propuesto por el U.S. Geological Survey (presentado en el documento Suministro de agua 1464) y tasas de introducci&oacute;n de agua salada. Tambi&eacute;n se estimaron los "recursos de agua potencial", mediante el an&aacute;lisis de la informaci&oacute;n de las pruebas de bombeo de 20 pozos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Concluy&oacute; que la aportaci&oacute;n de agua dulce es menor a la mitad del agua bombeada y que el agua almacenada representaba una posible explotaci&oacute;n de 100 a&ntilde;os, siempre y cuando se minimizaran los efectos de la intrusi&oacute;n salina y del exceso de bombeo. Si el agua bombeada en los ciclos agr&iacute;colas 1963&#45;1964 y 1964&#45;1965 fue superior a los 1,000 Mm<sup>3</sup> cada a&ntilde;o, esto quiere decir que calcularon una aportaci&oacute;n natural al acu&iacute;fero menor a los 500 Mm<sup>3</sup>. La cantidad de agua disponible se estim&oacute; en la asombrosa cifra de 1 00,000 Mm<sup>3</sup> de agua, la cual ocupaba una tercera parte del volumen total del acu&iacute;fero.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los niveles del agua en la mayor parte del distrito se encontraban bajo el nivel del mar y el abatimiento anual era de 1 a 1.5 m. El nivel del agua bombeada estaba a una profundidad promedio de 70 m y se calculaba que en 20 a&ntilde;os estar&iacute;a a 100 m. La velocidad con que el agua salada entraba a los campos o "usurpaba el &aacute;rea de cultivo" se estim&oacute; en 21 metros al a&ntilde;o. Se&ntilde;al&oacute; las "oportunidades limitadas" para aumentar la recarga acu&iacute;fera con agua proveniente de las precipitaciones, ya que el valor de la evaporaci&oacute;n era 10 veces mayor. Concluy&oacute; que el agua no era utilizada eficientemente seg&uacute;n los m&eacute;todos de riego observados y que el riego por aspersi&oacute;n podr&iacute;a ahorrar hasta 50% del volumen de agua empleada por otros m&eacute;todos. Por &uacute;ltimo, apunt&oacute; que un descenso en la sobreexplotaci&oacute;n del agua pod&iacute;a realizarse mediante la reducci&oacute;n de la superficie sembrada, un cambio en los modelos de siembra, la importaci&oacute;n de agua de otras cuencas o la captura de un mayor porcentaje de la precipitaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cabe resaltar que el agua bombeada en los dos ciclos agr&iacute;colas mencionados represent&oacute; el volumen m&aacute;ximo de extracci&oacute;n en la historia de la Costa, y signific&oacute; casi 4 veces m&aacute;s que la recarga natural calculada por De la 0 Carre&ntilde;o. Este volumen de agua fue empleado para regar una superficie de 126 y 130 mil hect&aacute;reas en ambos ciclos, mediante la operaci&oacute;n de un total de 493 pozos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un poco m&aacute;s adelante se presentaron los resultados del estudio elaborado por una empresa israel&iacute; a solicitud de la SRH (Tahal, 1966). Si bien &eacute;ste no incluy&oacute; ninguna estimaci&oacute;n del agua almacenada en el acu&iacute;fero ni de su recarga natural, se cita aqu&iacute; porque recomend&oacute; incrementar los m&eacute;todos de recolecci&oacute;n de datos y evaluarlos correctamente para la mejor administraci&oacute;n de los recursos de agua en el distrito. Para subsanar la "magra informaci&oacute;n existente", recomendaba perforar 50 pozos de investigaci&oacute;n y observaci&oacute;n y correlacionar sus resultados con mediciones geof&iacute;sicas o geoel&eacute;ctricas, as&iacute; como el uso extensivo de computadores an&aacute;logos o modelos hidrol&oacute;gicos. En general, hablaba de un "manejo cient&iacute;fico de las aguas subterr&aacute;neas". Por &uacute;ltimo, propuso un plan preliminar para la reubicaci&oacute;n de pozos y estudios de previabilidad de proyectos para transportar agua de otras cuencas a la Costa de Hermosillo y proyectos de desalinizaci&oacute;n de agua de mar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dos a&ntilde;os despu&eacute;s concluy&oacute; el trabajo que constituye el estudio m&aacute;s detallado realizado sobre el acu&iacute;fero de la Costa de Hermosillo hasta la fecha (Ariel, 1968). Su elaboraci&oacute;n fue el resultado de un estudio preliminar efectuado en 1967 que se consider&oacute; como directo de tercer orden.<sup><a href="#notas">7</a></sup> En este primer estudio se cuantific&oacute; "una magnitud probable" de la recarga media del acu&iacute;fero de 350 Mm<sup>3</sup>, mediante la aplicaci&oacute;n de una "teor&iacute;a para abatimientos medios regionales" y utilizando la historia conocida de los abatimientos y las extracciones en el distrito. Lo que hizo el segundo estudio fue confirmar la cifra anterior, la cual todav&iacute;a hoy es la cifra oficial manejada por las autoridades respectivas. Otro de sus objetivos fue "investigar la posible existencia de nuevas fuentes de agua subterr&aacute;nea en la regi&oacute;n, que ayuden a cubrir el d&eacute;ficit existente".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ambos estudios incluyeron la perforaci&oacute;n de 28 pozos por parte de la compa&ntilde;&iacute;a privada Perforadora Latina y una prospecci&oacute;n geoel&eacute;ctrica realizada por Geofimex, S.A. El prop&oacute;sito era "explorar m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites de la arcilla azul, frontera situada alrededor de los 150 m de profundidad y que nunca antes se hab&iacute;a traspasado". En total, 11 fueron pozos de bombeo, 14 de observaci&oacute;n para prueba de bombeo y lecturas piezom&eacute;tricas peri&oacute;dicas y 3 para observar el avance de la intrusi&oacute;n salina. Aunque su profundidad promedio fue de 150 a 200 m, algunos I legaron a tener m&aacute;s de 700 metros. La profundidad m&aacute;xima alcanzada en la prospecci&oacute;n geoel&eacute;ctrica fue de 1,500 metros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n su representante, el ingeniero Jos&eacute; Arregu&iacute;n, este estudio que implic&oacute; una profundidad de investigaci&oacute;n a m&aacute;s de 1,000 m de profundidad, algo ins&oacute;lito en aquellos a&ntilde;os en el medio, vino a "salvar el prestigio de la geof&iacute;sica". Esto se deb&iacute;a a los pobres resultados obtenidos hasta entonces por medio de dichos m&eacute;todos de prospecci&oacute;n y que se encontraban desprestigiados por el grupo de t&eacute;cnicos que ejerc&iacute;an la especialidad, salvo honrosas excepciones (Arregu&iacute;n, 1998: 70&#45;71).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este trabajo fue el que determin&oacute; tambi&eacute;n las caracter&iacute;sticas b&aacute;sicas y el funcionamiento del acu&iacute;fero conocidas hasta la actualidad: la existencia de dos acu&iacute;feros interconectados entre s&iacute;, separados por un manto arcilioso de origen marino con espesor variable. El primer acu&iacute;fero (llamado superior) con un espesor de 200 m; el manto arcilloso con espesor de 400 m cerca del mar y que desaparece al interior del continente; y el segundo acu&iacute;fero (llamado inferior) con espesores variables hasta los 700 m de profundidad, lugar donde se presenta el basamento gran&iacute;tico regional. La alimentaci&oacute;n proviene en 22% de las partes altas de los r&iacute;os Bacoachi y Sonora y el 78% restante del acu&iacute;fero inferior a trav&eacute;s del manto arcilloso, ignor&aacute;ndose la alimentaci&oacute;n total de este &uacute;ltimo (<a href="#f2">figura 2</a>).</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="f2"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/regsoc/v12n20/a3f2.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un aspecto fundamental de este estudio fue el descubrimiento del segundo acu&iacute;fero, que hasta entonces se desconoc&iacute;a. Sobra decir lo que este descubrimiento signific&oacute; en momentos en que los agricultores sufr&iacute;an numerosos problemas derivados de la aplicaci&oacute;n del reglamento de explotaci&oacute;n que hab&iacute;a reducido en 24% las extracciones de agua en el periodo de los a&ntilde;os 1964&#45;1968. Fue tal la euforia que gener&oacute;, que el entonces secretario de Recursos Hidr&aacute;ulicos Jos&eacute; Hern&aacute;ndez Ter&aacute;n declar&oacute; en una reuni&oacute;n efectuada en Hermosillo que el descubrimiento de este manto junto con otros que se localizaron casi el mismo tiempo en Guaymas y Caborca, "hacen prever que la veda para la perforaci&oacute;n de pozos en vastas zonas del territorio sonorense sea levantada" (<i>El Imparcial</i>, 1968).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Incluso ese mismo d&iacute;a, el funcionario federal se reuni&oacute; con representantes de agricultores para solicitarles su apoyo financiero para acelerar los trabajos y concluirlos. Esta colaboraci&oacute;n podr&iacute;a provenir de una cuota adicional en las extracciones de agua de ese entonces, o bien con perforaciones que los propios agricultores financien en la "inteligencia de que dichos pozos se utilizar&aacute;n en provecho propio". Cuatro meses despu&eacute;s, el citado diario daba cuenta de la aportaci&oacute;n de 2 millones de pesos &#151;de un total de 4 millones&#151; por parte de los agricultores de la Costa a la dependencia federal para el incremento de las investigaciones de aguas subterr&aacute;neas en la regi&oacute;n (<i>El Imparcial</i>, 1968).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El descubrimiento de este nuevo acu&iacute;fero y la elaboraci&oacute;n del estudio citado se dieron en el contexto de la realizaci&oacute;n de numerosos estudios geohidrol&oacute;gicos en el pa&iacute;s promovidos por la Direcci&oacute;n de Aguas Subterr&aacute;neas de la SRH, bajo la direcci&oacute;n del ingeniero Ignacio S&aacute;inz Ortiz. Creada en 1966, entre las atribuciones de esta dependencia estaban "evaluar los recursos de aguas subterr&aacute;neas" en diversas regiones del territorio, as&iacute; como vigilar que su explotaci&oacute;n "se efect&uacute;e racional y eficientemente". De acuerdo con Arregu&iacute;n, este momento marc&oacute; el inicio de la tercera etapa en la historia de la geohidrolog&iacute;a definida como "consolidaci&oacute;n y difusi&oacute;n de la hidrolog&iacute;a subterr&aacute;nea (1966&#45;1995)". Los estudios se llevaron a cabo en &aacute;reas consideradas como cr&iacute;ticas o con problemas graves. Entre otras regiones en donde hubo resultados positivos en la perforaci&oacute;n de pozos para obtener agua estuvieron: las ciudades de Monterrey y Le&oacute;n, los valles del Mezquital, Mexicali, Mesa de San Luis y Ciudad Ju&aacute;rez, y el desierto del Vizca&iacute;no.<sup><a href="#notas">8</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En forma similar a las expectativas que hubo en cuanto a la disponibilidad de agua subterr&aacute;nea en el pa&iacute;s, el potencial de la recarga acu&iacute;fera en la Costa de Hermosillo fue disminuyendo conforme el paso del tiempo. La &uacute;nica excepci&oacute;n lo fue el primer estudio realizado por De la O Carre&ntilde;o en 1960, quien desde el principio estim&oacute; la cifra m&aacute;s baja de todas las propuestas (<a href="#c2">cuadro 2</a>).</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="c2"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/regsoc/v12n20/a3c2.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, la cifra de recarga natural en el acu&iacute;fero de la Costa de Hermosillo de 350 Mm<sup>3</sup> lleg&oacute; 23 a&ntilde;os despu&eacute;s de la perforaci&oacute;n del primer pozo profundo en la regi&oacute;n. Y varios a&ntilde;os despu&eacute;s de la emisi&oacute;n de diversos ordenamientos jur&iacute;dicos tendientes a regular la extracci&oacute;n de agua, tales como: 4 decretos de veda (1951, 1954, 1963 y 1967),<sup><a href="#notas">9</a></sup> el citado reglamento de explotaci&oacute;n (1963) que en los hechos constituy&oacute; el primer programa de reducci&oacute;n de extracciones, un reglamento de operaci&oacute;n del distrito de riego (1966) y la creaci&oacute;n de un consejo de conservaci&oacute;n de los recursos geohidrol&oacute;gicos (1956).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta forma, el conocimiento de su volumen parec&iacute;a llegar demasiado tarde, cuando el punto cr&iacute;tico de bombeo del acu&iacute;fero se encontraba a casi 30 m de profundidad y la intrusi&oacute;n salina era ya casi un hecho. Y lo que es peor, con el hallazgo paralelo de que hab&iacute;a todav&iacute;a un segundo rico manto de agua a&uacute;n sin explotar. Producto en parte de ese descubrimiento, las extracciones de agua volver&iacute;an a aumentar a un volumen anual entre 800 y 900 Mm<sup>3</sup> en el periodo 1968&#45;1977, cifra que ser&iacute;a similar a la manifestada en los primeros diez a&ntilde;os de vida del distrito (<a href="/img/revistas/regsoc/v12n20/a3g1.jpg" target="_blank">gr&aacute;fica 1</a>). De hecho, en el ciclo 1969&#45;1970 se alcanzar&iacute;a el m&aacute;ximo hist&oacute;rico de superficie sembrada: 132 mil hect&aacute;reas. Terminado ese periodo de regreso a una alta extracci&oacute;n, dio inicio el segundo programa de reducci&oacute;n de extracciones que concluy&oacute; en 1990, el cual, dicho sea de paso, tampoco logr&oacute; igualar los vol&uacute;menes de extracci&oacute;n de agua con la recarga natural. En el presente, la sobreexplotaci&oacute;n del acu&iacute;fero contin&uacute;a, con un volumen de extracci&oacute;n anual de 460 Mm<sup>3</sup>. El nivel est&aacute;tico est&aacute; a 60 metros bajo el nivel del mar y la intrusi&oacute;n salina aument&oacute; sus valores de salinidad de 500 hasta 8,000 partes por mill&oacute;n en una franja de 10 a 15 km de ancho (CNA, 1999: 6, 15).</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Consideraciones finales</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este breve recorrido por la forma en que evolucion&oacute; el conocimiento del agua subterr&aacute;nea en el pa&iacute;s y los resultados principales de los estudios realizados sobre el acu&iacute;fero de la Costa de Hermosillo hasta finales de los a&ntilde;os sesenta muestra, en ambos casos, que el conocimiento sobre sus caracter&iacute;sticas y potencial fue a la zaga de su explotaci&oacute;n en gran escala. Y cuando &eacute;stas se alcanzaron a determinar, como en el caso de la regi&oacute;n de estudio, en lugar de propiciar la utilizaci&oacute;n adecuada del acu&iacute;fero, provocaron una mayor extracci&oacute;n de agua. Tambi&eacute;n muestra que ante los d&eacute;ficits de l&iacute;quido, hubo mayor inter&eacute;s por encontrar nuevos dep&oacute;sitos, que por fomentar su uso eficiente y conservaci&oacute;n. En igual forma, refleja que las estimaciones iniciales de la cantidad de agua subterr&aacute;nea infiltrada y aprovechable, tanto en el pa&iacute;s como en la Costa de Hermosillo, fueron disminuyendo en la medida en que los m&eacute;todos empleados obtuvieron informaci&oacute;n directa proveniente de los acu&iacute;feros mismos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Asi mismo, que la Costa fue una zona privilegiada en cuanto a elaboraci&oacute;n de estudios en relaci&oacute;n con otras zonas del pa&iacute;s, no s&oacute;lo por su n&uacute;mero y metodolog&iacute;a empleadas, sino por el tipo de personas involucradas en ellos. Dos casos fueron los citados De la O Carre&ntilde;o y Arregu&iacute;n, quienes fueron, director de geolog&iacute;a de la misma SRH y pionero de muchos estudios geohidrol&oacute;gicos el primero, as&iacute; como uno de los consultores privados m&aacute;s importantes del pa&iacute;s el segundo. Otro caso fue el de los investigadores procedentes de la Universidad de Arizona en Tucson. Adem&aacute;s, dicho recorrido revel&oacute; que la mayor parte de los ordenamientos jur&iacute;dicos emitidos en la Costa de Hermosillo para regular la explotaci&oacute;n del agua fueron inoperantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desgraciadamente, la preocupaci&oacute;n e inter&eacute;s por conocer la cantidad de agua que se puede extraer del acu&iacute;fero sin afectarlo negativamente desapareci&oacute; despu&eacute;s del estudio de la empresa Ariel en 1968. En los a&ntilde;os siguientes y hasta la actualidad, no volver&iacute;a a efectuarse ning&uacute;n otro con detalle para determinar si el volumen de la recarga natural hab&iacute;a variado con el transcurso de los a&ntilde;os y poder planear as&iacute; su aprovechamiento cabal y sostenible durante un largo periodo de tiempo. La raz&oacute;n de ello puede ser que ni la autoridad competente, ni los productores agr&iacute;colas, han estado realmente interesados en conocer cu&aacute;l es su situaci&oacute;n, confiando tal vez en la potencialidad del segundo acu&iacute;fero descubierto desde entonces. En este sentido, documentos internos de la propia dependencia encargada de su administraci&oacute;n han reconocido que cabe la posibilidad de que el volumen de la recarga sea menor a 350 Mm<sup>3</sup> debido al incremento de las extracciones en los ca&ntilde;ones de los r&iacute;os Sonora, San Miguel Zanj&oacute;n y Bacoachi (CNA, 1992). Esto, si se demuestra en un estudio, podr&iacute;a tener como consecuencia inmediata la disminuci&oacute;n de la dotaci&oacute;n de agua actual a los agricultores.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sobre este tema, lo &uacute;nico que se ha hecho en a&ntilde;os recientes es un estudio de balance de agua en la Costa para el ciclo espec&iacute;fico 1986&#45;1987 realizado por la ge&oacute;loga Lourdes Vega de la Universidad de Sonora. Dicho balance se llev&oacute; a cabo empleando datos de climatolog&iacute;a, planos de elevaciones de niveles est&aacute;ticos, planos de transmisividades y vol&uacute;menes de bombeo. Entre sus conclusiones principales estuvo una estimaci&oacute;n de entrada de agua (dulce y salada) al acu&iacute;fero de 318 Mm<sup>3</sup>, mientras el bombeo fue de 610 Mm<sup>3</sup>, es decir, una sobreexplotaci&oacute;n de 91% (Vega, 1997: 40).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, las preocupaciones principales de los estudios en torno al agua del acu&iacute;fero en las &uacute;ltimas tres d&eacute;cadas se centraron en temas como! la intrusi&oacute;n salina y el empleo de modelos matem&aacute;ticos para observar y predecir su comportamiento futuro, modelos &oacute;ptimos de patr&oacute;n de cultivos, an&aacute;lisis econ&oacute;micos de los usos del agua y necesidades t&eacute;cnicas de informaci&oacute;n ante su escasez. Otros temas abordados fueron: la gesti&oacute;n ambiental a nivel de cuenca hidrogr&aacute;fica, percepci&oacute;n sobre la transferencia del distrito de riego a los usuarios, sondeos geof&iacute;sicos para investigar su zona vadosa, y oportunidades y barreras relacionadas con el desarrollo sostenible (Moreno, 2000).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tema de la recarga natural de agua al acu&iacute;fero no fue objeto de estudio ya de ning&uacute;n tesista, centro de investigaci&oacute;n, dependencia gubernamental o consultor&iacute;a nacional o extranjera. Como tampoco ser&iacute;a inter&eacute;s de los propios productores, no obstante ser el grupo m&aacute;s afectado por esta problem&aacute;tica. A nivel gubernamental, lo &uacute;nico que continuar&iacute;a efectu&aacute;ndose ser&iacute;a la medici&oacute;n del nivel de abatimiento del acu&iacute;fero mediante el paro del bombeo en todos los pozos del distrito durante casi una semana al a&ntilde;o, cuya evaluaci&oacute;n es utilizada para calcular la extracci&oacute;n realizada y programar la dotaci&oacute;n de agua disponible para los ciclos agr&iacute;colas siguientes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta ausencia de conocimiento en cuanto a la cantidad de agua aprovechable, as&iacute; como la falta de un estudio geodrol&oacute;gico completo y actualizado sobre el acu&iacute;fero de la Costa de Hermosillo, adquiere hoy d&iacute;a una relevancia mayor ante el planteamiento de nuevos proyectos de aprovechamiento de agua en la regi&oacute;n. Tal es el caso de la construcci&oacute;n de una planta desaladora para resolver los problemas de abastecimiento de l&iacute;quido de la ciudad de Hermosillo. Este proyecto contempla, entre otros aspectos, perforar una bater&iacute;a de pozos profundos localizados en el "&aacute;rea salobre" del subsuelo cercana al litoral para extraer 3, 400 litros por segundo y desalarla por el proceso de osmosis inversa. El objetivo es producir 2, 5001l/seg. de agua potable (216, 000 mil m<sup>3</sup>/d&iacute;a), conducirla a la ciudad a trav&eacute;s de un acueducto de 110 km, e invertir la l&iacute;nea interfase que divide los mantos de agua dulce y agua salada formando una mayor barrera entre ambas (CNA, 1999: 12&#45;14).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todo esto se plantea sin tener el conocimiento cient&iacute;fico actual sobre la din&aacute;mica y comportamiento del acu&iacute;fero despu&eacute;s de 50 a&ntilde;os de explotaci&oacute;n intensiva, y sin el cual resultar&aacute; dif&iacute;cil predecir y prevenir los impactos negativos derivados de la construcci&oacute;n de este tipo de obras con un alto componente de innovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica, tal y como &#151;seg&uacute;n hemos visto&#151; ocurri&oacute; en el pasado. Entre los inconvenientes de estas obras est&aacute;n! su requerimiento de una alta inversi&oacute;n en recursos financieros para llevarlasa cabo y que las experiencias exitosas en M&eacute;xico est&aacute;n documentadas &uacute;nicamente para plantas de uso industrial y uso dom&eacute;stico en localidades peque&ntilde;as, cuya capacidad individual no rebasa los 3,000 m<sup>3</sup>/d&iacute;a. 0 sea, una capacidad casi 100 veces menor a la de la planta que se piensa construir. Adem&aacute;s, su construcci&oacute;n y operaci&oacute;n genera una gran cantidad de impactos ambientales (Arregu&iacute;n y Mart&iacute;n, 2000).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ante ello no es casual que, debido a la falta de conocimiento y difusi&oacute;n p&uacute;blica de la informaci&oacute;n cient&iacute;fica y econ&oacute;mica que da sustento a este proyecto de planta desaladora, investigadores de la regi&oacute;n cuestionen el alto costo para el contribuyente de la misma en relaci&oacute;n con otras opciones, como lo puede ser la compra de derechos de agua subterr&aacute;nea a los propios agricultores (B&uacute;rquez y Mart&iacute;nez&#45;Yr&iacute;zar, 2000:281&#45;283).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por estas razones, en los pr&oacute;ximos meses resultar&aacute; de la mayor prioridad subsanar este vac&iacute;o de informaci&oacute;n mediante la realizaci&oacute;n de un nuevo estudio geohidrol&oacute;gico del acu&iacute;fero de la Costa antes del inicio de la obra mencionada. Este estudio podr&iacute;a llevarse a cabo con la participaci&oacute;n de los diversos centros de investigaci&oacute;n existentes en la entidad y sus recursos humanos especializados en el tema, en colaboraci&oacute;n con las dependencias encargadas de su gesti&oacute;n. Su financiamiento podr&iacute;a correr a cargo de los sectores involucrados en el proyecto como los gobiernos federal, estatal y municipal, las organizaciones de productores agr&iacute;colas, y los organismos financieros internacionales como el Banco Mundial. Con ello se evitar&aacute; la presencia, de nueva cuenta, del desfase entre conocimiento y explotaci&oacute;n de agua que se manifest&oacute; en d&eacute;cadas pasadas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para evitar lo que sucedi&oacute; cuando se comprob&oacute; la existencia de un mayor potencial del acu&iacute;fero a finales de los a&ntilde;os 60, dicho estudio deber&iacute;a ser la "piedra de toque" o el insumo de informaci&oacute;n b&aacute;sica, a partir del cual se promoviera el debate p&uacute;blico, abierto y transparente entre los sectores directamente interesados y la comunidad en general, acerca de cu&aacute;les son sus ventajas y desventajas, si es o no una opci&oacute;n viable para la ciudad o la regi&oacute;n agr&iacute;cola y si hay otras posibilidades por explorar. Igualmente podr&iacute;a servir para evaluar si cuenta con el respaldo de la poblaci&oacute;n de la ciudad o de los mismos productores del campo quienes son los actuales concesionarios del recurso. Con esta participaci&oacute;n colectiva y consensada podr&iacute;an evitarse conflictos sociales que obstaculicen el desarrollo y funcionamiento posterior de la obra y pongan en riesgo la inversi&oacute;n realizada en ella.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De no hacer dicho estudio, o hacerlo despu&eacute;s de iniciada la obra s&oacute;lo para cumplir un tr&aacute;mite administrativo m&aacute;s de una decisi&oacute;n gubernamental tomada <i>a priori</i>, posiblemente en el corto plazo se manifiesten sus altos costos ecol&oacute;gicos sobre la naturaleza y el acu&iacute;fero de la Costa, sus costos sociales sobre los productores y trabajadores agr&iacute;colas y sus costos econ&oacute;micos sobre toda la poblaci&oacute;n de la ciudad de Hermosillo. Se repetir&iacute;a as&iacute;, una vez m&aacute;s, otro negro cap&iacute;tulo en la historia de la explotaci&oacute;n sin conocimiento, sin planeaci&oacute;n y sin control de uno de los recursos naturales m&aacute;s preciados del desierto! el agua subterr&aacute;nea.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aboites, Luis (1998), "Notas sobre el optimismo mexicano y los v&iacute;nculos entre geograf&iacute;a, ingenier&iacute;a hidr&aacute;ulica y pol&iacute;tica (1926&#45;1976)", en <i>Agua, medio ambiente y desarrollo en M&eacute;xico</i>, Memorias del XX Coloquio de Antropolog&iacute;a e Historia Regionales, El Colegio de Michoac&aacute;n, pp. 158&#45;167.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6365033&pid=S1870-3925200000020000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Alan&iacute;s Pati&ntilde;o, Emilio (1950), "Las tierras de riego", <i>Problemas agr&iacute;colas e industriales de M&eacute;xico</i>, vol. II, no. 2, abril&#45;junio.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6365035&pid=S1870-3925200000020000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Alcal&aacute;, Maximino (1927), "Hidrolog&iacute;a subterr&aacute;nea de las cuencas de los r&iacute;os Magdalena y Altar en el estado de Sonora", <i>Folleto de divulgaci&oacute;n</i>, no. 25, Instituto Geol&oacute;gico de M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6365037&pid=S1870-3925200000020000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ariel Construcciones (1968), <i>Estudio hidrogeol&oacute;gico completo de los acu&iacute;feros de la Costa de Hermosillo</i>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6365039&pid=S1870-3925200000020000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Arregu&iacute;n, Jos&eacute; (1998), <i>Aportes a la historia de la geohidrolog&iacute;a en M&eacute;xico 1890&#45;1995</i>, CIESAS&#45;Asociaci&oacute;n Geohidrol&oacute;gica Mexicana, A.C.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6365041&pid=S1870-3925200000020000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Arregu&iacute;n, Felipe y Alejandra Mart&iacute;n (2000), "Desalinizaci&oacute;n del agua", <i>Ingenier&iacute;a hidr&aacute;ulica en M&eacute;xico</i>, vol. XV, no. 1, enero&#45;abril, pp. 27&#45;49.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6365043&pid=S1870-3925200000020000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bl&aacute;squez, Luis (1926), "Hidrolog&iacute;a subterr&aacute;nea de las cuencas de los r&iacute;os de la Concepci&oacute;n y de Sonoyta, Distrito de Altar, estado de Sonora", <i>Folleto de divulgaci&oacute;n</i>, no. 22, Instituto Geol&oacute;gico de M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6365045&pid=S1870-3925200000020000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Busch, C. D., W G. Matlock y M. M. Fogel (1966), "Utilization of Water Resources in a Coastal Groundwater Basin", <i>Journal of Soil and Water Conservation</i>, septiembre&#45;octubre, pp. 163&#45;169.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Busch, Matlock and Associates (1965), <i>Informe final a la Asociaci&oacute;n de Organismos Agr&iacute;colas del Norte de Sonora</i>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6365048&pid=S1870-3925200000020000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">B&uacute;rquez,Alberto y Angelina, Mart&iacute;nez&#45;lr&iacute;zar (2000), "El desarrollo econ&oacute;mico y la conservaci&oacute;n de los recursos naturales", en Ignacio Almada Bay (comp.), <i>Sonora 2000 a debate</i>, El Colegio de Sonora&#45;Cal y Arena, pp. 267&#45;333.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6365050&pid=S1870-3925200000020000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Comisi&oacute;n Nacional del Agua&#45;Gerencia Estatal en Sonora (1992), <i>Caracter&iacute;sticas de los acu&iacute;feros de los valles de Guaymas, Costa de Hermosillo y Caborca, Sonora.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6365052&pid=S1870-3925200000020000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></i></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Comisi&oacute;n Nacional del Agua (1999), <i>La prioridad es el agua</i>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6365054&pid=S1870-3925200000020000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Chonchol, Jacques (1957), <i>Los distritos de riego del noroeste. Tenencia y aprovechamiento de la tierra</i>, Centro de Investigaciones Agrarias.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6365056&pid=S1870-3925200000020000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">De la O Carre&ntilde;o, Alfonso (1951), <i>Las provincias geohidrol&oacute;gicas de M&eacute;xico</i> (primera parte), Bolet&iacute;n no. 56, Instituto de Geolog&iacute;a, UNAM.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6365058&pid=S1870-3925200000020000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1954), <i>Las provincias geohidrol&oacute;gicas de M&eacute;xico</i> (segunda parte), Bolet&iacute;n no. 56, Instituto de Geolog&iacute;a, UNAM.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6365060&pid=S1870-3925200000020000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1960), <i>Condiciones geol&oacute;gicas y geohidrol&oacute;gicas generales de la Costa de Hermosillo</i>, Sonora, Secretar&iacute;a de Recursos Hidr&aacute;ulicos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6365062&pid=S1870-3925200000020000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1961), "Estudio geohidrol&oacute;gico de la regi&oacute;n de Santo Domingo, territorio de Baja California", <i>Ingenier&iacute;a hidr&aacute;ulica en M&eacute;xico</i>, enero&#45;marzo, pp. 57&#45;68.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dumble, E.T. (1901), "El valle de Guaymas", <i>El Minero Mexicano</i>, no. 13, tomo XXXVII, versi&oacute;n espa&ntilde;ola.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6365065&pid=S1870-3925200000020000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>El Imparcial</i> (1968), "Ser&aacute;n salvaci&oacute;n de la Costa los nuevos mantos acu&iacute;feros. Tambi&eacute;n de Caborca y Guaymas, af&iacute;rmase", 9 de abril.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6365067&pid=S1870-3925200000020000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1968), 10 de agosto.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Flores, Teodoro (1929), <i>Reconocimientos geol&oacute;gicos en la regi&oacute;n central del estado de Sonora</i>, Bolet&iacute;n no. 49, Instituto Geol&oacute;gico de M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6365070&pid=S1870-3925200000020000300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jim&eacute;nez, Angel (1965), "Condiciones de las aguas subterr&aacute;neas en el distrito de riego no. 51, Costa de Hermosillo, Sonora", <i>Ingenier&iacute;a hidr&aacute;ulica en M&eacute;xico</i>, vol. XIX, no. 3, pp. 65&#45;81 .    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6365072&pid=S1870-3925200000020000300019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Larios, Jes&uacute;s (1968), <i>Estudios hidrogeol&oacute;gicos en la Costa de Hermosillo</i>, tesis de licenciatura en ingenier&iacute;a, Universidad de Sonora.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6365074&pid=S1870-3925200000020000300020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">McGee, William (1980), <i>Los seris</i>, Instituto Nacional Indigenista, edici&oacute;n en espa&ntilde;ol de la obra original publicada en ingl&eacute;s en 1898.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6365076&pid=S1870-3925200000020000300021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Moreno, Jos&eacute; Luis (2000), "Apropiaci&oacute;n y sobreexplotaci&oacute;n del agua subterr&aacute;nea en la Costa de Hermosillo 1945&#45;2000", versi&oacute;n preliminar, tesis doctoral.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6365078&pid=S1870-3925200000020000300022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Or&iacute;ve Alba, Adolfo (1946), "La pol&iacute;tica de irrigaci&oacute;n", <i>Problemas econ&oacute;mico&#45;agr&iacute;colas de M&eacute;xico</i>, no. 2, octubre&#45;diciembre, pp. 101&#45;126.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6365080&pid=S1870-3925200000020000300023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1960), <i>La pol&iacute;tica de irrigaci&oacute;n en M&eacute;xico</i>, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6365082&pid=S1870-3925200000020000300024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Secretar&iacute;a de Recursos Hidr&aacute;ulicos (1975), <i>Plan Nacional Hidr&aacute;ulico</i>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6365084&pid=S1870-3925200000020000300025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tahal Water Planning (1966), <i>Informe del estudio de reconocimiento: Costa de Hermosillo&#45;Distrito de riego no. 51, estado de Sonora</i>, Secretar&iacute;a de Recursos Hidr&aacute;ulicos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6365086&pid=S1870-3925200000020000300026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tamayo, Jorge (1958), <i>El aprovechamiento del agua y del suelo en M&eacute;xico</i>, Secretar&iacute;a de Recursos Hidr&aacute;ulicos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6365088&pid=S1870-3925200000020000300027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1964), <i>El problema fundamental de la agricultura mexicana</i>, M&eacute;xico, Instituto Mexicano de Investigaciones Econ&oacute;micas.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6365090&pid=S1870-3925200000020000300028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (1965), "Aprovechamiento de recursos hidr&aacute;ulicos subterr&aacute;neos", <i>Desarrollo integral del estado de Sonora</i>, Gobierno del Estado de Sonora y Comisi&oacute;n Mexicana Pro&#45;Alianza para el Progreso, pp. 262&#45;267.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6365092&pid=S1870-3925200000020000300029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vega, Lourdes y Juan Saiz (1997), "Estudio de balance de agua de la zona agr&iacute;cola de la Costa de Hermosillo", <i>Primer Seminario Acu&iacute;feros Costeros de Sonora</i>, Hermosillo, Departamento de Agricultura y Ganader&iacute;a, Universidad de Sonora, noviembre, pp. 30&#45;45.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6365094&pid=S1870-3925200000020000300030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">West, Robert (1993), <i>Sonora Its Geographical Personality</i>, University of Texas Press, Austin.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=6365096&pid=S1870-3925200000020000300031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Los trabajos principales de Paul Waitz fueron publicados en la revista <i>Irrigaci&oacute;n en M&eacute;xico</i> entre 1930 y 1943.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> El procedimiento el&eacute;ctrico consist&iacute;a en la instalaci&oacute;n de dos pozos someros ubicados a cierta distancia y en direcci&oacute;n de la corriente subterr&aacute;nea; el de aguas arriba se contamina con sal, y con un amper&iacute;metro, o bien aparatos que miden la conductividad el&eacute;ctrica, se registra el momento en que llega la contaminaci&oacute;n al pozo ubicado aguas abajo, registrando desde luego el tiempo de llegada para as&iacute; estimar la velocidad de filtraci&oacute;n, que relaciona la distancia entre pozos y el tiempo de recorrido.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> El trabajo citado era: "El valle de Guaymas", E.T. Dumble.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> La diferencia entre la estimaci&oacute;n de Echeagaray y las dos primeras se derivaba de que en aqu&eacute;lla se utiliz&oacute; el m&eacute;todo de Thornthwaite, que si bien dio buenos resultados para calcular las demandas de riego, no lo fue as&iacute; para tratar de obtener evapotranspiraci&oacute;n real. Por su parte, el m&eacute;todo empleado por De la O Carre&ntilde;o y Orive fue la ecuaci&oacute;n de E. Martonne, procedimiento tambi&eacute;n criticado porque la evapotranspiraci&oacute;n se determinaba mediante f&oacute;rmulas emp&iacute;ricas de dudosa certeza, ya que al ser su rango de error muy amplio, pod&iacute;a caber en ella varias veces el valor real de la infiltraci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Entre la d&eacute;cada de los a&ntilde;os 40 y 50 se desarroll&oacute; la fabricaci&oacute;n de m&aacute;quinas llamadas "hechizas", copiando t&eacute;cnicas extranjeras, principalmente de la Bucyrus Erie.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Otro estudio relevante realizado por este autor fue llevado a cabo en la regi&oacute;n agr&iacute;cola de Santo Domingo, B. C. S., en donde debido a los vol&uacute;menes de extracci&oacute;n y la infiltraci&oacute;n de agua al subsuelo calculados, recomendaba "no perforar nuevos pozos" y "no poner en explotaci&oacute;n los existentes no equipados". De la O Carre&ntilde;o (1961).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Seg&uacute;n la terminolog&iacute;a geol&oacute;gica, eran estudios de tercer orden aquellos cuyas observaciones y conclusiones no pod&iacute;an considerarse definitivas. Se apoyaban en el uso de informaci&oacute;n directa (de los acu&iacute;feros mismos e inclu&iacute;a estratigraf&iacute;a, piezometr&iacute;a, caudales de entrada y salida, y resultados de pruebas de bombeo) e informaci&oacute;n indirecta (mediciones y observaciones en superficie como levantamiento hidrogeol&oacute;gico, registros hidrol&oacute;gicos y el im&aacute;ticos, estimaciones de evapotranspiraci&oacute;n, etc&eacute;tera). Para ser de segundo orden, la informaci&oacute;n anterior ten&iacute;a que complementarse con la aplicaci&oacute;n de ciertas leyes e hip&oacute;tesis deducidas de la observaci&oacute;n del abatimiento, para estimar directamente los caudales que fluyen por los acu&iacute;feros. Para ser de primer orden ten&iacute;a que crear un modelo geohidrol&oacute;gico matem&aacute;tico. Lo ideal ser&iacute;a un estudio hidrol&oacute;gico integral, es decir, aquel que manejara conjuntamente el sistema hidrol&oacute;gico superficial y el sistema hidrol&oacute;gico subterr&aacute;neo, estableciendo sus mutuas relaciones. Larios (1968:17&#45;20).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> La citada empresa Ariel tuvo a su cargo tambi&eacute;n la realizaci&oacute;n de estudios en los valles de Mexicali, Baja California, Guaymas, Sonora, y Santo Domingo, Baja California Sur. Arregu&iacute;n (1998:67&#45;73).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> Formalmente el decreto de 1951 es el &uacute;nico con el nombre "decreto de veda"; los 3 restantes son "ampliaciones" del &aacute;rea de veda original.</font></p>      ]]></body><back>
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