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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Tensiones y equilibrios de la democracia constitucional]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Ex libris</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Tensiones y equilibrios de la democracia constitucional</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Eduardo Rom&aacute;n Gonz&aacute;lez*</b> <a href="#nota">**</a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Ruiz Valerio, Jos&eacute; Fabi&aacute;n (2009). <i>&iquest;Democracia o Constituci&oacute;n? El debate actual sobre el Estado de derecho</i>. M&eacute;xico: Fontamara&#45;EGAP.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Profesor Adjunto del Departamento de Derecho, Universidad de Monterrey</i>. Contacto: <a href="mailto:eroman@udem.edu.mx">eroman@udem.edu.mx</a>.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su m&aacute;s reciente trabajo, Jos&eacute; Fabi&aacute;n Ruiz Valerio pone en evidencia su mixtura acad&eacute;mica. Es polit&oacute;logo y escribe sobre la democracia, pero tambi&eacute;n es jurista y escribe sobre el Estado de Derecho. En esta faceta se muestra c&oacute;mo sigue siendo dif&iacute;cil &#151;aunque cada vez menos&#151; encontrar, en M&eacute;xico, un jurista en el &aacute;mbito del derecho constitucional<sup><a href="#nota">1</a></sup>. Un jurista que no pretenda hacer teor&iacute;a constitucional a partir de la simple narraci&oacute;n de hechos hist&oacute;ricos o de la reproducci&oacute;n de dogmas, ni mucho menos desde la simple trascripci&oacute;n de art&iacute;culos y jurisprudencia, sino a partir de la b&uacute;squeda de respuestas a preguntas inc&oacute;modas, como es, precisamente, la que contiene el t&iacute;tulo de este libro: <i>&iquest;Democracia o Constituci&oacute;n?</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se trata de una pregunta inc&oacute;moda para quienes asumen la democracia constitucional como un modelo perfecto que, inspirado en lo mejor de las tradiciones norteamericana y europea, se propaga por el mundo despu&eacute;s de la Segunda Guerra Mundial y que es la panacea para la soluci&oacute;n de todos nuestros problemas. Un modelo que los promotores internacionales de la democracia presentan como una f&oacute;rmula perfecta para que los Estados busquen la felicidad (Alford, 2000: 1677&#45;1715), especialmente, aquellos que experimentan un proceso de democratizaci&oacute;n; es decir, para quienes la democracia constitucional es una especie de para&iacute;so jur&iacute;dico&#45;pol&iacute;tico, donde conviven pac&iacute;ficamente figuras tan conflictivas y hasta cierto punto contradictorias, como el principio de mayor&iacute;a y los cotos vedados o el legislador democr&aacute;tico y el juez constitucional, por se&ntilde;alar dos ejemplos emblem&aacute;ticos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para quienes tienen esta percepci&oacute;n de la democracia constitucional, la pregunta &iquest;democracia o constituci&oacute;n? resulta inc&oacute;moda, porque la respuesta radica en el hecho, te&oacute;rica y emp&iacute;ricamente incontrovertible, de que la democracia constitucional presenta un serio problema estructural el cual, si es ignorado o menospreciado, pone en riesgo de requebrajamiento al modelo, especialmente, en estados en los que se encuentra en etapa de consolidaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ruiz Valerio, sin embargo, no forma parte de quienes se inscriben en esta corriente acr&iacute;tica de la democracia constitucional. Por el contrario, despu&eacute;s de leer el libro, se advierte claramente que la intenci&oacute;n del autor no es propiamente dar una respuesta concreta a la pregunta contenida en el t&iacute;tulo, sino plantear el debate te&oacute;rico en torno a las complejidades y tensiones del modelo democr&aacute;tico constitucional. Es decir, m&aacute;s que encontrar la soluci&oacute;n al problema estructural de la democracia constitucional, me parece que el libro tiene como virtud principal poner en evidencia esos defectos estructurales y las propuestas te&oacute;ricas m&aacute;s revelantes que se han formulado para resolverlos. Por otra parte, tambi&eacute;n es necesario decir que, en las reflexiones finales, el autor nos da, adem&aacute;s de su diagn&oacute;stico, las l&iacute;neas generales &#150;quiz&aacute; demasiado generales&#150; del tratamiento a seguir.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta manera, el autor nos ofrece una perspectiva de la democracia constitucional desnuda, como lo que es, un modelo de gran complejidad te&oacute;rica y pr&aacute;ctica, al grado de llevar a algunos autores a caracterizarla como la <i>parad&oacute;jica uni&oacute;n de principios contradictorios</i> (Habermas, 2001: 766&#45;781) o como un <i>ox&iacute;moron</i><sup><a href="#nota">2</a></sup>; es decir, como la "combinaci&oacute;n en una misma estructura sint&aacute;ctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido"<sup><a href="#nota">3</a></sup>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para explicar este nuevo sentido &#151;o m&aacute;s bien habr&iacute;a que decir, nuevos sentidos&#151; que impone el modelo de democracia constitucional, el autor dedica los tres primeros cap&iacute;tulos del libro al desarrollo hist&oacute;rico y anal&iacute;tico del Estado de Derecho y explica c&oacute;mo, hoy en d&iacute;a, este concepto se encuentra estrechamente asociado al modelo democr&aacute;tico constitucional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el primer cap&iacute;tulo se nos presenta al Estado de Derecho, b&aacute;sicamente, como una herramienta para la imposici&oacute;n de l&iacute;mites a los poderes p&uacute;blicos; tales l&iacute;mites est&aacute;n constituidos, principalmente, por derechos fundamentales que otorgan a los individuos un &aacute;mbito de autonom&iacute;a que el Estado est&aacute; obligado a respetar y a promover. Pero a&uacute;n m&aacute;s, la existencia del Estado de Derecho implica tambi&eacute;n la presencia de mecanismos de control a la actuaci&oacute;n de los &oacute;rganos del Estado como son la divisi&oacute;n de poderes, el principio de legalidad y el control judicial, a los cuales el autor define como propios del Estado de Derecho. A estos elementos, en el modelo de democracia constitucional, se agrega uno m&aacute;s: el imperio de la ley, es decir, la fuerza que debe darse a la voluntad popular manifestada a trav&eacute;s de sus leg&iacute;timos representantes. Y es, precisamente, la fusi&oacute;n de este &uacute;ltimo elemento el que genera las tensiones m&aacute;s fuertes en las democracias constitucionales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De este cap&iacute;tulo, uno de los aspectos que m&aacute;s llama la atenci&oacute;n, es la presentaci&oacute;n del Estado de Derecho &#151;este sistema de l&iacute;mites y controles&#151; como una especie de camisa de fuerza que el Estado se impone. Aqu&iacute; &#151;tomando prestada la expresi&oacute;n de Bovero (2001: 215&#45;242)&#151; mantengo con Ruiz Valerio un acuerdo global y una discrepancia concreta. El acuerdo global, en el sentido de que el Estado de Derecho, en tanto que es producto de los &oacute;rganos estatales, puede verse como una restricci&oacute;n que el Estado se impone. Sin embargo, la discrepancia concreta radica en que esta idea de la autorrestricci&oacute;n termina siendo s&oacute;lo parcialmente cierta, pues los actores pol&iacute;ticos encargados de poner dichos l&iacute;mites &#151;diputados, senadores, jefes de gobierno, etc.&#151; no necesariamente ser&aacute;n los destinatarios y principales afectados de dichas restricciones: bien pueden estar atando a los gobernantes futuros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, como recuerda el historiador noruego Jens Arup Seip, "(e)n pol&iacute;tica, la gente nunca trata de atarse a s&iacute; misma; s&oacute;lo de atar a los dem&aacute;s"<sup><a href="#nota">4</a></sup>. Aunque la afirmaci&oacute;n tampoco resulta enteramente cierta &#151;pueden darse casos de leg&iacute;tima autorrestricci&oacute;n&#151;, Arup tiene raz&oacute;n en el sentido de que la motivaci&oacute;n detr&aacute;s de dichas restricciones no siempre es la autorrestricci&oacute;n. Como se&ntilde;ala Elster (2002: 115), en relaci&oacute;n con las constituciones &#151;pieza central del Estado de Derecho&#151;, "m&aacute;s que ser actos de autorrestricci&oacute;n, pueden atar o restringir a los dem&aacute;s".</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que en todo caso no queda claro es &iquest;por qu&eacute;?, &iquest;Por qu&eacute;, en un momento dado, determinados actores que detentan el poder de un Estado deciden imponerse o poner a los dem&aacute;s l&iacute;mites a su actuaci&oacute;n y, no s&oacute;lo eso, tambi&eacute;n cargas prestacionales para garantizar ciertos derechos, como los de car&aacute;cter social? La respuesta no puede ser sino coyuntural y, ciertamente, no la encontramos en el libro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los cap&iacute;tulos segundo y tercero el autor nos ofrece, en primer lugar, un recorrido hist&oacute;rico sobre diversas nociones (<i>rule of law, Reschtstaat, &Eacute;tat de Droit</i>) que suelen identificarse como sin&oacute;nimos del concepto Estado de Derecho. No obstante, como bien acierta en poner de manifiesto, se trata de distintas formas de Estado de Derecho.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, llama poderosamente la atenci&oacute;n, en el segundo cap&iacute;tulo, las distintas consecuencias generadas por las nociones inglesa y norteamericana de <i>rule of law</i>, que en el primer caso, derivan en el afianzamiento de la soberan&iacute;a parlamentaria y, en el segundo, en el empoderamiento del poder judicial. Lo cual, ciertamente, no se debe a la ausencia, en Inglaterra, de jueces audaces que pretendieran imponerse, "a lo Marshall", como los revisores finales de las decisiones parlamentarias; he ah&iacute; el caso de Sir Edward Cooke.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el cap&iacute;tulo tercero, se nos presentan distintas visiones te&oacute;ricas sobre el Estado de Derecho, las cuales van desde posiciones minimalistas &#151;o como el autor denomina, "formalistas"&#151; como la de Kelsen, para quien todo Estado era necesariamente un Estado de Derecho, en tanto que estaba articulado en normas jur&iacute;dicas cuyo contenido no importa, hasta visiones m&aacute;s exigentes &#151;o sustancialistas&#151; como la de Ferrajoli, para quien los derechos fundamentales representan una "esfera de lo indecidible" para las mayor&iacute;as parlamentarias.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Luego de ofrecer este bagaje hist&oacute;rico y te&oacute;rico en los primeros cap&iacute;tulos, en los &uacute;ltimos dos, el autor aborda los problemas medulares de la relaci&oacute;n compleja entre Estado Constitucional de Derecho y Democracia, los cuales, me parece, pueden sintentizarse en dos preguntas. La primera: &iquest;hasta qu&eacute; punto son v&aacute;lidas &#151;si es que lo son&#151; en una democracia constitucional, estas concepciones de los derechos fundamentales como "esferas de lo indecibible" o "cotos vedados" que, en la pr&aacute;ctica, se traducen en cl&aacute;usulas p&eacute;treas de algunas Constituciones (como la alemana) o en jurisprudencia de tribunales constitucionales que hablan de un contenido esencial de los derechos fundamentales, los cuales, en todos los casos, resultan indisponibles para el legislador democr&aacute;tico?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En relaci&oacute;n con esta pregunta, el autor ofrece una respuesta sumamente satisfactoria y coherente. Sostiene, en primer lugar, que los derechos fundamentales son necesarios en la democracia constitucional, en tanto que aportan un conjunto de condiciones legales imprescindibles para que los ciudadanos puedan convertirse en agentes portadores de sus propios intereses y aspiraciones. Por otro lado, rechaza la idea de que estos derechos deban ser atrincherados en 'cotos vedados' o 'esferas de lo indecidible', pues resulta contradictorio que a dichos agentes no les sea permitido ejercer su autonom&iacute;a, inteligencia y capacidad de compromiso en torno a sus propios derechos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda pregunta est&aacute; relacionada con la presencia del control judicial de constitucionalidad en las democracias constitucionales. Si, como ha se&ntilde;alado Salazar (2006: 192), "a trav&eacute;s de la interpretaci&oacute;n, el coto vedado, inaccesible para el poder representativo y democr&aacute;tico, puede transformarse en el coto de poder de un cuerpo aristocr&aacute;tico", como son los jueces constitucionales; si, como ha sostenido Nino (2001:260), "(c)uando el origen de los jueces no es de car&aacute;cter democr&aacute;tico, sus decisiones no gozan del valor epist&eacute;mico que s&iacute; tiene el proceso democr&aacute;tico"; si, como han sostenido diversos autores, no tenemos, a priori, ninguna garant&iacute;a de que en el proceso de toma de decisiones de los jueces constitucionales no se reproduzcan los mismos defectos que tienen lugar en el proceso de toma de decisi&oacute;n de los parlamentos<sup><a href="#nota">5</a></sup>, entonces &iquest;qu&eacute; justifica la presencia, en una democracia constitucional, de jueces constitucionales capaces de anular la voluntad popular expresada por los leg&iacute;timos representantes de la ciudadan&iacute;a?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La respuesta a esta segunda cuesti&oacute;n ya no me resulta tan satisfactoria. Hasta donde puedo observar, el autor incurre &#151;quiz&aacute; s&oacute;lo por omisi&oacute;n&#151; en la falacia de la 'l&oacute;gica Marshall', de la cual ya nos hablaba Nino, consistente en justificar el control judicial de constitucionalidad a partir de la necesidad de asegurar la supremac&iacute;a y normatividad de la Constituci&oacute;n. Al descomponer el argumento del Chief Justice Marshall en el paradigm&aacute;tico caso Marbury vs Madison de 1803, Nino llega a la conclusi&oacute;n de que, si bien es cierta y deseable la necesidad de garantizar el respeto a la Constituci&oacute;n, en ning&uacute;n momento se justifica por qu&eacute; debe ser el poder judicial y no cualquier otro poder el encargado de hacerlo<sup><a href="#nota">6</a></sup>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este aspecto, Ruiz Valerio admite la conveniencia de contar con tribunales constitucionales, incluso en "avanzar en la construcci&oacute;n" de &eacute;stos, aunque no ofrece demasiados argumentos para sostener por qu&eacute; es mejor que el control de constitucionalidad sea ejercido por un tribunal y no por un &oacute;rgano con mayor legitimidad democr&aacute;tica. Con ello no quiero decir que el tema de la legitimidad democr&aacute;tica de la justicia constitucional sea pasado por alto en el libro. Todo lo contrario. Se advierte una preocupaci&oacute;n del autor por plantear la necesidad de que los tribunales constitucionales sean integrados a partir de un proceso que, por la participaci&oacute;n de distintos autores, inyecte mayor legitimidad democr&aacute;tica al &oacute;rgano; que &eacute;stos s&oacute;lo adopten las decisiones de inconstitucionalidad de normas por mayor&iacute;as calificadas; que sea permitido el control preventivo de constitucionalidad y que las sentencias sean s&oacute;lo el inicio de un mayor proceso dial&eacute;ctico entre el tribunal y el parlamento, en torno a las mejores soluciones constitucionales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El problema, insisto, radica en que ninguna de sus preocupaciones y propuestas acierta a responder a la pregunta de por qu&eacute; el control de constitucionalidad debe ser judicial. Aunque tampoco me parece que, en este punto, debamos ser demasiado exigentes, pues, desde mi perspectiva, ning&uacute;n argumento te&oacute;rico justifica que sea mejor encargarle a un tribunal, en lugar de a cualquier otro &oacute;rgano, el control de constitucionalidad. Los principales argumentos te&oacute;ricos vertidos en este sentido no son infalibles<sup><a href="#nota">7</a></sup> y los mejores argumentos son m&aacute;s de tipo coyuntural que te&oacute;rico<sup><a href="#nota">8</a></sup>.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, quisiera se&ntilde;alar un &uacute;ltimo punto. Coincido plenamente con el autor cuando se&ntilde;ala que "la democracia es un proyecto progresivo de maduraci&oacute;n y construcci&oacute;n gradual" y que nuestra autonom&iacute;a personal "es la mejor garant&iacute;a de que podemos creer en el uso que las personas hagan de las potencialidades de la democracia". La democracia &#150;tambi&eacute;n la de car&aacute;cter constitucional&#150;, nos ha dicho Dahl, es una apuesta por nosotros mismos, una apuesta a que, obrando en forma aut&oacute;noma, aprenderemos a gobernarnos bien (1992; 232).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por eso me inclino a pensar &#151;junto con Ruiz Valerio&#151; que recurrir en exceso a los cotos vedados y justificar acr&iacute;ticamente la funci&oacute;n de los tribunales constitucionales como veto players que anulan la voluntad popular expresada a trav&eacute;s del parlamento, no favorece demasiado el afianzamiento del modelo democr&aacute;tico constitucional. Como han sostenido Holmes y Sunstein, si un tribunal constitucional convence exitosamente a los ciudadanos acerca de una nueva democracia en la que solamente el tribunal defiende los intereses fundamentales de la gente, esto, sin duda, erosionar&iacute;a la legitimidad de las asambleas representativas (Holmes y Sunstein, 1997: 229). Lo cual conducir&iacute;a a una forma de gobierno en la que las principales decisiones de la sociedad no ser&iacute;an tomadas por sus leg&iacute;timos representantes y as&iacute; se pondr&iacute;a en entredicho la concepci&oacute;n de la democracia como autogobierno. Como advierte Salazar, si aceptamos esta forma de gobierno de jueces, "adem&aacute;s de cuidarnos del pol&iacute;tico demagogo o del l&iacute;der carism&aacute;tico, tendremos que resguardarnos del jurista educado que, desde la silla de un tribunal, esquiva la mirada para ocultarnos sus ambiciones de poder" (Salazar, 2005: 30).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El trabajo nos obliga, pues, a reflexionar sobre las complejidades del modelo democr&aacute;tico constitucional y sus posibles v&iacute;as de soluci&oacute;n. Nos anima, por lo tanto, a seguir buscando ese dif&iacute;cil equilibrio entre los principios contradictorios del modelo. Teniendo en mente que "la democracia constitucional s&oacute;lo es viable y produce los efectos para los que ha sido ideada cuando sus instituciones buscan un equilibrio entre los elementos en conflicto" (Salazar, 2006: 49).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, el libro de Ruiz Valerio constituye una valiosa herramienta para la b&uacute;squeda de dichos equilibrios y una estupenda carta de navegaci&oacute;n en los complicados oc&eacute;anos te&oacute;ricos de la democracia y el constitucionalismo. Nos indica algunas claves para que el barco de la democracia constitucional siga conquistando nuevos horizontes sin naufragar en el intento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Referencias</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Alford, W. (2000, mayo). Exporting the pursuit of happiness. <i>Harvard Law Review</i>, 113 (7), 1677&#45;1715.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2186703&pid=S1870-3569200900020000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bay&oacute;n, J. (2004). Democracia y derechos: problemas de fundamentaci&oacute;n del constitucionalismo. En Beteg&oacute;n, J. et al. (Coords.), <i>Constituci&oacute;n y derechos fundamentales</i>. Madrid: Centro de Estudios Pol&iacute;ticos y Constitucionales.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2186705&pid=S1870-3569200900020000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bovero, M. (2001). Derechos fundamentales y democracia en la teor&iacute;a de Ferrajoli. Un acuerdo global y una discrepancia concreta. <i>Los fundamentos de los derechos fundamentales</i>. Ferrajoli, L. et al. (coords.), Madrid: Trotta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2186707&pid=S1870-3569200900020000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dahl, R. (1992). <i>La democracia y sus cr&iacute;ticos</i>. Barcelona: Paid&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2186709&pid=S1870-3569200900020000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Elster, Jon (2002). <i>Ulises desatado. Estudios sobre racionalidad, precompromiso y restricciones</i>. Barcelona: Gedisa.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2186711&pid=S1870-3569200900020000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Holmes, S. (1999). El precompromiso y la paradoja de la democracia. <i>Constitucionalismo y Democracia</i>. En Elster, J. y Slagstad, R. (Eds.). M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2186713&pid=S1870-3569200900020000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Holmes, S. y Sunstein, C. (1997). The Politics of Constitutional Revision in Eastern Europe. <i>Responding to Imperfection. The Theory and Practice of Constitutional Amendment</i>. En Levinson, S. (Ed.), Princeton: Princeton University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2186715&pid=S1870-3569200900020000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nino, C. (2001). <i>La constituci&oacute;n de la democracia deliberativa</i>. Barcelona: Gedisa.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2186717&pid=S1870-3569200900020000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Salazar, P. (2006). <i>La democracia constitucional. Una radiograf&iacute;a te&oacute;rica</i>. M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica&#45;UNAM.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2186719&pid=S1870-3569200900020000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; (2005, mayo). Justicia constitucional y democracia: El problema de la &uacute;ltima palabra. <i>Nexos</i>, 329.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2186721&pid=S1870-3569200900020000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">** En algo que empieza a ser una feliz costumbre, debo agradecer a Cecilia Mart&iacute;nez Gonz&aacute;lez sus valiosos comentarios a una versi&oacute;n previa de este escrito.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> La lista, desde luego, no puede ser exhaustiva, pero me parece que los trabajos de juristas como Ana Laura Magaloni, Hector Fix Fierro, Miguel Carbonell, Jos&eacute; Ram&oacute;n Coss&iacute;o, Pedro Salazar y Lorenzo C&oacute;rdova, por citar s&oacute;lo algunos, dan buenas razones para creer que en M&eacute;xico existe una nueva generaci&oacute;n que estudia y difunde el derecho constitucional desde una perspectiva m&aacute;s real y din&aacute;mica.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Entre otros: Holmes, S. (1999). El precompromiso y la paradoja de la democracia. En Elster, J. y Slagstad, R. (Eds.) , Constitucionalismo y Democracia (p. 219). M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica. Salazar, P. (2006). La democracia constitucional. Una radiograf&iacute;a te&oacute;rica (p. 183). M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica&#45;UNAM.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Seg&uacute;n la definici&oacute;n de la Real Academia Espa&ntilde;ola de la Lengua en el Diccionario de la Lengua Espa&ntilde;ola.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> En Elster, Jon (2002). Ulises desatado. Estudios sobre racionalidad, precompromiso y restricciones (p. 11). Barcelona: Gedisa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Por ejemplo: Bay&oacute;n, J. C. (2004). "Democracia y derechos: problemas de fundamentaci&oacute;n del constitucionalismo". En Beteg&oacute;n, J. et al. (<i>coords.</i>), <i>Constituci&oacute;n y derechos fundamentales</i> (p. 101). Madrid: Centro de Estudios Pol&iacute;ticos y Constitucionales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> En palabras del propio Nino: "no es verdad que un sistema que no utilice el control judicial de constitucionalidad es una imposibilidad l&oacute;gica o que tal sistema niega la supremac&iacute;a de la constituci&oacute;n. La revisi&oacute;n es necesaria, pero &eacute;sta no tiene que ser necesariamente judicial. El poder del control judicial de constitucionalidad es contingente, incluso cuando el sistema tenga una constituci&oacute;n suprema" (Nino, 2001: 269).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Por ejemplo, el argumento de que los tribunales realizan un control jur&iacute;dico y objetivo de la constitucionalidad, queda en entredicho por la propia naturaleza de las constituciones que, por contener normas de principio m&aacute;s que reglas concretas, ofrecen, en muchos casos, la posibilidad de realizar m&aacute;s de una interpretaci&oacute;n razonable del texto constitucional. Esto implica que el juez constitucional elija una de esas opciones, con lo cual el control deja de ser objetivo y pasa a ser subjetivo. En esta selecci&oacute;n subjetiva, las valoraciones jur&iacute;dicas pierden importancia en contraposici&oacute;n a las de tipo pol&iacute;tico, social, econ&oacute;mico, etc.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Uno de los argumentos que, desde mi perspectiva, explica mejor la presencia de los tribunales constitucionales es la mayor confianza que estos despiertan en la sociedad en contraposici&oacute;n a la desconfianza que generan otros &oacute;rganos, por ejemplo, los de naturaleza pol&iacute;tica. Sin embargo, se trata de un argumento que s&oacute;lo obedece a una circunstancia de car&aacute;cter transitorio: hoy los jueces son m&aacute;s confiables que los pol&iacute;ticos. Pero recordemos que esto no siempre ha sido as&iacute; y ah&iacute; esta el caso de Francia.</font></p>      ]]></body><back>
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