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<journal-title><![CDATA[CONfines de relaciones internacionales y ciencia política]]></journal-title>
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<publisher-name><![CDATA[Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, División de Humanidades y Ciencias Sociales]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Los partidos políticos latinoamericanos bajo la lupa]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey Escuela de Graduados en Administración Pública y Política Pública ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Ex libris</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Los partidos pol&iacute;ticos latinoamericanos bajo la lupa</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Jos&eacute; Ruiz Valerio*</b></font></p> 	    <p align="center">&nbsp;</p> 	    <!-- ref --><p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Alc&aacute;ntara S&aacute;ez, M. (2006). <i>Partidos pol&iacute;ticos latinoamericanos. &iquest;Instituciones o m&aacute;quinas ideol&oacute;gicas?</i> Ciudad de M&eacute;xico: Gernika</b></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2181416&pid=S1870-3569200800010000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Escuela de Graduados en Administraci&oacute;n P&uacute;blica y Pol&iacute;tica P&uacute;blica. Tecnol&oacute;gico de Monterrey, Campus Monterrey.</i> <a href="mailto:jfrv@itesm.mx">jfrv@itesm.mx</a></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora que la democracia &#45;o para ser m&aacute;s precisos, la poliarqu&iacute;a (Dahl, 1989a; 1989b; 1993)&#45; se estableci&oacute; en la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses de la regi&oacute;n, comenzaron a multiplicarse las investigaciones acad&eacute;micas sobre uno de sus actores m&aacute;s destacados, si no el m&aacute;s destacado: los partidos pol&iacute;ticos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, tras el reconocimiento de los partidos pol&iacute;ticos, realizado en la constituci&oacute;n de Weimar de 1919, comienzan a proliferar expresiones tales como "estado de partidos", "democracia de partidos" o, incluso, como denomin&oacute; con elocuencia Kelsen, "partidocracia". Dichos t&eacute;rminos aluden a la centralidad que las organizaciones partidistas tienen en la formaci&oacute;n de las "elites" democr&aacute;ticas; en la comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica entre los ciudadanos y sus representantes; en la formaci&oacute;n de una ciudadan&iacute;a democr&aacute;tica; en el monitoreo y fiscalizaci&oacute;n del gobierno y sus actividades; y en la organizaci&oacute;n de la "ca&oacute;tica" voluntad popular (Neumann, 1965) entre otras actividades relevantes propias de los reg&iacute;menes democr&aacute;ticos de gobierno.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, Am&eacute;rica Latina no escapa a lo anterior. Aunque los partidos pol&iacute;ticos de la regi&oacute;n fueron largamente ignorados en los estudios tradicionales m&aacute;s representativos sobre la materia, no cabe duda de que los partidos latinoamericanos no s&oacute;lo guardan destacados "parecidos de familia" con sus pares occidentales, sino que cumplen funciones similares y se organizan internamente de forma semejante a aqu&eacute;llos, atendiendo siempre a la idiosincrasia de sus propios contextos. M&aacute;s a&uacute;n, algunos de los partidos de la regi&oacute;n, como los uruguayos, se cuentan entre los m&aacute;s antiguos del mundo. Si bien es cierto que las idiosincrasias de nuestros pa&iacute;ses desaf&iacute;an al analista en la medida que lo obligan a re&#45;pensar y adaptar los conceptos y las categor&iacute;as te&oacute;ricas a la realidad hist&oacute;rica, social y pol&iacute;tica de su propia de nuestra regi&oacute;n, evitando toda aceptaci&oacute;n pasiva, de ninguna manera se justifica rechazar o desconocer a priori tales conceptos y categor&iacute;as. Como dice el profesor Alc&aacute;ntara (2006):</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los partidos latinoamericanos no son figuras extra&ntilde;as, en su seno no acontecen fen&oacute;menos diferenciados de sus hom&oacute;logos occidentales ni su papel en la pol&iacute;tica es muy distinto. Por ello, aunque la literatura sobre su universo conceptual no haya sido elaborada teni&eacute;ndolos en cuenta sirve para explicarlos, si bien su grado de desarrollo responde a pautas heterog&eacute;neas tanto en lo espacial como en lo temporal. (p.274)</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&Eacute;sta es una afirmaci&oacute;n importante en la medida en que una parte de las ciencias sociales latinoamericanas, durante las d&eacute;cadas de 1950 a 1970 &#45;tanto desde la izquierda acad&eacute;mica como desde el revisionismo de derecha &#45;rechazaba la idea de que los procesos e instituciones pol&iacute;ticas de la regi&oacute;n pudieran ser abordados, te&oacute;ricamente, con categor&iacute;as propias de otros contextos acad&eacute;micos y pol&iacute;ticos, intentando reafirmar, de esta manera, una identidad regional refractaria a explicaciones "externas", "extrapoladas" de otras experiencias distintas de la nuestra. Alc&aacute;ntara inscribe su trabajo dentro de la tradici&oacute;n acad&eacute;mica m&aacute;s extendida sobre el estudio de los partidos pol&iacute;ticos; de &eacute;stos utiliza sus categor&iacute;as anal&iacute;ticas y metodol&oacute;gicas, lo que facilita, luego, la comparaci&oacute;n de los resultados obtenidos con las experiencias de otras regiones y contextos hist&oacute;ricos, d&aacute;ndole una proyecci&oacute;n muy destacada al modelo que presenta y a la informaci&oacute;n que obtiene. &Eacute;ste es un primer punto fuerte del an&aacute;lisis.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero &eacute;ste (el de la semejanza de los partidos latinoamericanos con sus pares occidentales) no es el &uacute;nico mito acad&eacute;mico que intenta romper el libro que hoy presentamos, sino que estamos frente a una investigaci&oacute;n rica, compleja, muy bien dise&ntilde;ada, desde el punto de vista comparativo, que aporta resultados relevantes al estudio de los partidos pol&iacute;ticos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El texto de Manuel Alc&aacute;ntara se organiza en cinco cap&iacute;tulos. El primero y el segundo nos presentan un estado de la cuesti&oacute;n actualizado, completo y minucioso respecto de la literatura acad&eacute;mica sobre los partidos pol&iacute;ticos, en general, y los partidos latinoamericanos, en particular. Ambos est&aacute;n s&oacute;lidamente documentados y escritos de forma amena; permite al lector menos familiarizado con la producci&oacute;n espec&iacute;fica sobre el tema, apreciar la vastedad y complejidad de la materia de estudio. Coherente con la opini&oacute;n citada anteriormente, Alc&aacute;ntara inscribe y relaciona el estudio de los partidos latinoamericanos con la literatura tradicional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A su vez, los cap&iacute;tulos 3, 4 y 5 nos enfrentan con el nudo del trabajo. Esto es, con el estudio comparado del origen, el programa y la organizaci&oacute;n de los partidos pol&iacute;ticos latinoamericanos. O para ser m&aacute;s preciso, de los 63 partidos que entre 1990 y 2000 reun&iacute;an cinco caracter&iacute;sticas relacionadas con su desempe&ntilde;o electoral:</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1) Que el n&uacute;mero de partidos seleccionados en cada pa&iacute;s guardara una relaci&oacute;n proporcional con el n&uacute;mero efectivo de partidos a partir del criterio establecido por Laakso y Taagepera (1979).</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2) Que cada partido hubiera estado representado en el Legislativo en al menos dos periodos durante el lapso analizado.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3) Que cada partido seleccionado tuviera un apoyo promedio superior al 5% a nivel nacional.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">4) Que cada partido tuviera una representaci&oacute;n homog&eacute;nea a nivel nacional o una significancia regional muy fuerte en m&aacute;s de una circunscripci&oacute;n.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">5) Que contara con capacidad de coalici&oacute;n o chantaje, en t&eacute;rminos de Sartori (1999).</font></p> 	</blockquote> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es decir, los 63 partidos analizados son importantes desde el punto de vista pol&iacute;tico&#150;electoral.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para responder a varias de las preguntas planteadas por la investigaci&oacute;n, el profesor Alc&aacute;ntara utiliza los resultados de un trabajo de campo realizado entre los a&ntilde;os 1999 y 2000 en 17 pa&iacute;ses de la regi&oacute;n, a partir de entrevistas personales con cuestionarios semicerrados en muestras no probabil&iacute;sticas, entre dirigentes y miembros de los partidos analizados. Por lo tanto, varios de los temas abordados en el trabajo nos muestran las percepciones de la dirigencia y estructura partidaria, elemento fundamental en la construcci&oacute;n de la imagen y estrategia de los partidos, aunque, en tanto punto de vista, dichas percepciones puedan diferir de las que sustentan los votantes, la ciudadan&iacute;a en general y los medios de comunicaci&oacute;n. A su vez, estas percepciones complementan a los propios actos de gobierno, a las votaciones legislativas y a otras acciones del partido las cuales pueden ser muy elocuentes respecto a los programas, ideolog&iacute;as, tipo de liderazgos y la propia vida interna de los partidos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, el propio modelo de an&aacute;lisis creado por Manuel Alc&aacute;ntara es, sin duda, el gran asunto fuerte del trabajo; un modelo s&oacute;lido, complejo, abundante en matices y que constituye una aut&eacute;ntica referencia metodol&oacute;gica para cualquiera que est&eacute; interesado en realizar un trabajo de investigaci&oacute;n comparativa. La calidad y complejidad del modelo de estudio que sustenta el trabajo es, sin lugar a dudas, el punto m&aacute;s fuerte y destacado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Acerca de los resultados &#45;para no hacer un recuento lineal de los mismos, pero, al mismo tiempo, tratando de destacar los datos nuevos y cuestionadores presentados por el an&aacute;lisis del profesor Alc&aacute;ntara&#45;, en cuanto al origen, tenemos que m&aacute;s de la mitad de los partidos analizados se crearon hace m&aacute;s de 25 a&ntilde;os. Incluso, una decena de ellos proviene del siglo XIX. Algunos, como los uruguayos, se cuentan entre los m&aacute;s antiguos del mundo. Otros vienen del momento de gestaci&oacute;n de los estados populistas. Unos y otros fueron capaces de enfrentar golpes de estado, inestabilidad, cambio en las condiciones que les dieron origen e, incluso, tuvieron una alta capacidad para reformarse, adaptarse y reinventarse frente al cambio de condiciones contextuales que debieron enfrentar durante su extensa vida. Este hecho cuestiona el mito sobre la falta de estabilidad de los partidos regionales. A &eacute;stos se suman algunos (muchos) partidos nuevos cuyo m&eacute;rito reside en haber sabido incorporar a los grupos marginados de sus sociedades de finales del siglo XX.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La mitad de estos partidos se crearon ex novo, lo que cuestiona el mito sobre la tendencia a la fragmentaci&oacute;n de los partidos latinoamericanos. Sin embargo, hay una propensi&oacute;n marcada a la creaci&oacute;n de frentes, los que presentan una suerte electoral diversa. Aunque tradicionalmente el centralismo dominante en la regi&oacute;n sobredimension&oacute; la importancia de las ciudades capitales como &aacute;mbitos de formaci&oacute;n partidista, actualmente, asistimos a la creaci&oacute;n t&iacute;mida de partidos regionales en Brasil, Ecuador y Venezuela.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La mayor&iacute;a de estos partidos latinoamericanos surgi&oacute; con la intenci&oacute;n de enfrentar el reto electoral planteado por la propia democracia, a pesar de que algunos otros surgieron en contextos reactivos e, incluso, revolucionarios. A su vez, pocos de ellos emergieron con el apoyo externo expreso de organizaciones extrapartidistas (como el ej&eacute;rcito) o motivos distintos de la actividad pol&iacute;tica partidaria.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro mito roto: la mayor&iacute;a de estos partidos fue fundada por pol&iacute;ticos, no caudillos, y una mayor&iacute;a m&aacute;s grande a&uacute;n fue creada fuera de los cuarteles militares. S&oacute;lo un tercio de ellos tiene car&aacute;cter antisist&eacute;mico, en general, creado antes de 1975 y vinculado a momentos de quiebre sist&eacute;mico. Otros fueron reactivos, pero la mayor&iacute;a surgi&oacute; leal a las pautas de funcionamiento del sistema pol&iacute;tico vigente. Sin embargo,</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">el cap&iacute;tulo tercero ha puesto de manifiesto la dificultad de establecer relaciones entre estos elementos que componen la subdivisi&oacute;n que comporta el origen de los partidos. De todos ellos el que tiene una condici&oacute;n m&aacute;s s&oacute;lida de variable dependiente es precisamente la &uacute;ltima abordada, es decir, el car&aacute;cter del partido por cuanto que es el elemento que m&aacute;s puede estar condicionado por los otros enunciados, en especial con la fecha de creaci&oacute;n y con el origen electoral. (Alc&aacute;ntara, 2006: 284)</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto al programa, a pesar de la diversidad ideol&oacute;gica que presentan los partidos en funci&oacute;n de su origen, la mayor&iacute;a posee programas escritos que reflejan los objetivos de su acci&oacute;n pol&iacute;tica, estructurando su accionar a trav&eacute;s de principios program&aacute;ticos e ideol&oacute;gicos. Los principios ideol&oacute;gicos se han manifestado principalmente en el eje izquierda&#150;derecha. Los principios program&aacute;ticos se midieron a trav&eacute;s de tres dimensiones significativas:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1) La mayor o menor aceptaci&oacute;n del neoliberalismo, en cuanto a las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2) En cuanto a los valores, la aceptaci&oacute;n o rechazo de posiciones conservadoras o progresistas.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3) Respecto al escenario internacional, la aceptaci&oacute;n de f&oacute;rmulas de integraci&oacute;n regional y de apertura a la globalizaci&oacute;n.</font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Salvo la &uacute;ltima dimensi&oacute;n, las dos primeras diferencian claramente las posiciones entre unos y otros, estableciendo un espacio competitivo evidente entre los partidos analizados. Es decir, a pesar de los cambios experimentados en el fin de siglo, la ideolog&iacute;a a&uacute;n constituye un elemento importante a la hora de explicar y diferenciar las identidades partidistas. Estas dimensiones guardan relaci&oacute;n con el car&aacute;cter de los partidos, de forma tal que,</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los partidos que contaron en su nacimiento con un car&aacute;cter reactivo hoy son partidos a la derecha mientras que los que tuvieron un car&aacute;cter revolucionario son partidos a la izquierda. Finalmente, se constata una clara relaci&oacute;n entre el programa y el rendimiento pol&iacute;tico&#45;electoral de los partidos latinoamericanos puesto que todos los partidos a la izquierda cuentan con un bajo rendimiento. (Alc&aacute;ntara, 2006: 289)</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Obviamente, el inicio de siglo nos enfrenta a un nuevo panorama electoral, aunque la "foto de familia" que presenta Alc&aacute;ntara, realizada a finales del siglo XX, resulta interesante para reflexionar acerca del devenir de nuestras sociedades, de las debilidades y limitaciones de los modelos aplicados, y de los riesgos que deber&aacute;n enfrentar (si no es que ya lo hacen) los partidos actualmente mayoritarios y con responsabilidades de gobierno.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto a la organizaci&oacute;n, los partidos latinoamericanos presentan una estructura continua y se asientan de forma extensa en el territorio nacional, aunque observan diferentes grados de vista partidista, entendida &eacute;sta como la realizaci&oacute;n de actividades peri&oacute;dicas. En cuanto a su financiaci&oacute;n, el modelo predominante es el de la financiaci&oacute;n individual por parte de los candidatos. S&oacute;lo rompen con este modelo el PRD mexicano y el Frente Amplio uruguayo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Respecto a la estrategia para ampliar sus bases de militancia, los partidos de la derecha son m&aacute;s proclives a recurrir a estrategias de ampliaci&oacute;n de sus bases electorales, mientras que los partidos de la izquierda intentan incrementar el n&uacute;mero de sus militantes. En cuanto a las estructuras de autoridad, la evidencia demuestra una diversidad de experiencias que echan por tierra el mito de la concentraci&oacute;n de poder en manos de un &uacute;nico individuo. Los partidos latinoamericanos, lejos de ajustarse a opiniones monol&iacute;ticas y anular el debate ideol&oacute;gico interno, dan cabida a opiniones divergentes y a niveles de debate interno intenso. Sin embargo, "el mayor nivel de discusi&oacute;n ideol&oacute;gica se relaciona con el car&aacute;cter revolucionario del origen de los partidos y el contenido program&aacute;tico de partidos a la izquierda" (Alc&aacute;ntara, 2006: 291).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todo esto cuestiona, nuevamente, la imagen predominante de los partidos latinoamericanos como organizaciones d&eacute;biles, inestables, carentes de debate interno, de discurso monocorde, de liderazgos personales y todopoderosos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta diversidad de experiencias puede dar lugar a un continuo en el que los partidos pueden situarse desde un extremo, vinculado con la institucionalizaci&oacute;n partidista, hasta otro, relacionado con su car&aacute;cter de maquinarias electorales. Cuando hablamos de partidos institucionalizados, nos referimos a una l&oacute;gica estructurada &#45;a partir de los tres elementos analizados, de forma tal que los partidos se desvinculan de los liderazgos personalistas; se vertebran a trav&eacute;s de un programa que articula su ideolog&iacute;a y se estructuran mediante principios organizativos que rigen su funcionamiento cotidiano, con base en principios de racionalidad y eficacia&#45; as&iacute; como a los procedimientos de selecci&oacute;n de los l&iacute;deres y las relaciones de &eacute;stos con el n&uacute;cleo de militantes m&aacute;s activos. Las m&aacute;quinas partidistas, por su parte, son instrumentos temporales de la actuaci&oacute;n de caudillos, entre cuyos objetivos no figura trascender a la figura del l&iacute;der fundador. Carecen de programas o, en caso de que &eacute;stos existan, se trata de un documento desideologizado que aboga por propuestas tecnocr&aacute;ticas y pretendidamente apol&iacute;ticas, estructuradas en una organizaci&oacute;n extendida de forma irregular, supeditada a la estrategia del l&iacute;der.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como se comprender&aacute;, los 63 partidos analizados se extienden a lo largo de este continuo, pero, si mi lectura no es err&oacute;nea, muchos de ellos se ubican en posiciones m&aacute;s cercanas al polo de la institucionalizaci&oacute;n. En especial, los partidos m&aacute;s antiguos, fundados antes de 1950, por razones casi naturales: debieron rutinizar sus liderazgos fundadores, adaptarse a las circunstancias contextuales cambiantes y, en algunos casos, deificar sus identidades originales en funci&oacute;n de los nuevos desaf&iacute;os a enfrentar. Sin embargo, unos y otros, son o instituciones o m&aacute;quinas ideol&oacute;gicas, ya que la ideologizaci&oacute;n es una caracter&iacute;stica que recorre todo el espectro partidista. &iquest;Qu&eacute; opciones tienen los nuevos partidos, formados a partir de 1975, de enfrentar exitosamente desaf&iacute;os similares? &Eacute;sta es una pregunta medular, cuya resoluci&oacute;n marcar&aacute; el devenir de los sistemas pol&iacute;ticos en los que se desenvuelven.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En resumen, si tal como se&ntilde;alan Bourdieu, Chamboredon y Passeron (1975), es la propia mirada del analista la que crea el objeto de estudio, Manuel Alc&aacute;ntara construye, aqu&iacute;, su objeto con preciosismo artesanal. La visi&oacute;n que nos ofrece Alc&aacute;ntara acerca de los partidos latinoamericanos es poli&eacute;drica, rica en matices, compleja, siempre interesante, din&aacute;mica. Enfrenta, cuestiona y, llegado el caso, echa por tierra (como ya mencion&eacute;) algunas im&aacute;genes consolidadas, aunque sin sustento te&oacute;rico.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, hay un &uacute;ltimo punto que deseo destacar aqu&iacute;. Algunos analistas pol&iacute;ticos de la regi&oacute;n cuestionan la pertinencia de hablar de "Latinoam&eacute;rica" como una unidad de estudio coherente y pertinente. Se intenta destacar las particularidades de los casos nacionales a partir de la negaci&oacute;n de rasgos regionales. En un punto, recuerdan el comentario realizado por Laclau (1993: 49) respecto a que el "Oriente" es simplemente el resultado de un discurso occidentalista creado por los acad&eacute;micos occidentales, puesto que la unificaci&oacute;n de la India, China y el Islam en una entidad &uacute;nica s&oacute;lo puede darse a partir de una relaci&oacute;n de equivalencia entre sus caracter&iacute;sticas socioculturales: ninguno de ellos es "occidental".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, olvidan que nadie ha dicho que se deba comparar s&oacute;lo objetos similares (Sartori, 1992: 267). Si es que las especificidades presentadas por los casos nacionales hicieran imposible hablar de similitudes regionales, cualquier estudio regional ser&iacute;a imposible. En cambio, si consideramos que tales diferencias son obst&aacute;culos que cuestionan la creatividad del analista y sus herramientas conceptuales, aqu&eacute;llas se transforman en desaf&iacute;os te&oacute;ricos, est&iacute;mulos intelectuales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, &iquest;cu&aacute;l es la importancia te&oacute;rica de este debate? Si partimos de la base de que hay una similitud original entre los pa&iacute;ses de la regi&oacute;n, el estudio comparado de ellos nos llevar&aacute; a buscar, a acentuar las diferencias, siempre fecundas. "El placer de lo diferente dentro de lo id&eacute;ntico", como dir&iacute;a Borges (citado en Bravo y Paoletti, 1999:180). Por el contrario, si partimos de las diferencias existentes entre los casos nacionales, el incentivo residir&aacute;, entonces, en analizar las semejanzas, las afinidades esenciales que median entre ellos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este doble juego de semejanzas y diferencias es practicado con una sutileza destacable por parte de Manuel Alc&aacute;ntara en el libro que hoy presentamos. As&iacute;, en cada cap&iacute;tulo, comienza describiendo las particularidades de los distintos casos, exhibiendo un conocimiento envidiable de los partidos y de sus contextos pol&iacute;ticos, hist&oacute;ricos y sociales. Pero, luego, el an&aacute;lisis intenta trascender las particularidades, buscando los elementos comunes, las semejanzas, que trascienden las diferencias. Semejanzas y diferencias, lo particular y lo general de los casos, constituyen un balance equilibrado, provocativo, interesante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La obra comentada no s&oacute;lo no rechaza, sino que enfrenta de lleno los desaf&iacute;os de la comparaci&oacute;n dentro de esta babel pol&iacute;tica, social e hist&oacute;rica que es Latinoam&eacute;rica. Aqu&iacute; reside otra fortaleza del trabajo que comentamos: Manuel Alc&aacute;ntara realiza una comparaci&oacute;n sim&eacute;trica, balanceada, apoyada en distintas metodolog&iacute;as, en funci&oacute;n de la dimensi&oacute;n que se est&aacute; analizando de los partidos pol&iacute;ticos. De forma tal que, adem&aacute;s de presentarnos una obra estupenda acerca de los partidos pol&iacute;ticos latinoamericanos, el libro tambi&eacute;n es un magn&iacute;fico "tratado" de metodolog&iacute;a comparada. Al leer el texto, el lector no s&oacute;lo conoce cosas nuevas sobre los partidos, sino que tambi&eacute;n puede repensar (y aprender) acerca de las propias reglas metodol&oacute;gicas del an&aacute;lisis pol&iacute;tico comparado. Al terminar la lectura, uno acaba sabiendo m&aacute;s, y no s&oacute;lo acerca de los partidos pol&iacute;ticos. Por lo tanto, la lectura de este libro, adem&aacute;s de recomendable, resulta imprescindible.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Referencias</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Alc&aacute;ntara S&aacute;ez, M. (2006). <i>Partidos pol&iacute;ticos latinoamericanos. &iquest;Instituciones o m&aacute;quinas ideol&oacute;gicas?</i> Ciudad de M&eacute;xico: Gernika.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bourdieu, P., Chamboredon, J. y Passeron, J. (1975). <i>El oficio de soci&oacute;logo</i>. Ciudad de M&eacute;xico: Siglo XXI.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2181467&pid=S1870-3569200800010000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bravo, P. y Paoletti, M. (1999). <i>Borges verbal</i>. Barcelona: Emec&eacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2181469&pid=S1870-3569200800010000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dahl, R. (1989a). <i>Un prefacio a la teor&iacute;a democr&aacute;tica</i>. Buenos Aires: Grupo Editor Latinoamericano.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2181471&pid=S1870-3569200800010000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;(1989b). <i>La poliarqu&iacute;a</i>. Buenos Aires: REI.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2181473&pid=S1870-3569200800010000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;(1993). <i>La democracia y sus cr&iacute;ticos</i>. Barcelona: Paid&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2181475&pid=S1870-3569200800010000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Laakso, M. y Taagepera, R. (1979). "Effective Number of Parties. A Measure with Application to West Europe". <i>Comparative Political Studies</i>, 12 (1), 3&#45;27.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2181477&pid=S1870-3569200800010000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Laclau, E. (1993). <i>Nuevas reflexiones sobre la revoluci&oacute;n de nuestro tiempo</i>. Buenos Aires: Nueva Visi&oacute;n. p. 49.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2181479&pid=S1870-3569200800010000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Neumann, S. (1965). <i>Partidos pol&iacute;ticos modernos</i>. Madrid: T&eacute;cnos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2181481&pid=S1870-3569200800010000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sartori, G. (1992). <i>La pol&iacute;tica. L&oacute;gica y m&eacute;todo de las ciencias sociales</i>. Ciudad de M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica. p.267</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2181483&pid=S1870-3569200800010000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;(1999). <i>Partidos y sistemas de partidos</i>. Madrid: Alianza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2181484&pid=S1870-3569200800010000800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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