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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>El historiador y los l&iacute;mites de la posmodernidad</b></font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><b><font face="verdana" size="2">Adri&aacute;n Gerardo Rodr&iacute;guez S&aacute;nchez*</font></b></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><b><font face="verdana" size="3">Tenorio Trillo, M. (2012), <i>Culturas y memoria: manual para ser historiador. Una invitaci&oacute;n te&oacute;rica y pr&aacute;ctica para rescribir el pasado y reinventar el presente,</i> M&eacute;xico: Tusquets.</font></b></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Maestro en Historia de M&eacute;xico. Profesor&#45;investigador asociado en la Universidad Aut&oacute;noma de Aguascalientes.</i> Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:adrian.geros@gmail.com">adrian.geros@gmail.com</a></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El presente libro es la autorreflexi&oacute;n de un historiador sobre los gajes de su oficio. Pero es un ejercicio intelectual que no solamente deviene de la experiencia de a&ntilde;os de escribir historias, revisar archivos y pensar en los estratos epistemol&oacute;gicos del conocimiento hist&oacute;rico, sino tambi&eacute;n de mucho tiempo dedicado a ense&ntilde;ar historia en diferentes universidades de M&eacute;xico y Estados Unidos. De ah&iacute; que en ocasiones la narraci&oacute;n proyecte un tono intimista y confesionario. Sin embargo, el libro es m&aacute;s que eso. Para Mauricio Tenorio Trillo, autor de la obra, la historia no se limita a recolectar datos, juntarlos y explicarlos. El acto debe conllevar adem&aacute;s un an&aacute;lisis sobre las herramientas, el contexto y las subjetividades del historiador como individuo en la sociedad. Porque contar historias es tambi&eacute;n un proceso de selecci&oacute;n de intereses en medio de contingencias. De ah&iacute; que la obra de Tenorio aborde cuestiones al parecer dis&iacute;mbolas: la funci&oacute;n de la memoria, la imaginaci&oacute;n hist&oacute;rica, la relaci&oacute;n entre la poes&iacute;a y la historia o entre la saudade y el bolero, apuntes autobiogr&aacute;ficos y la narraci&oacute;n de historias semi&#45;ficticias.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ese aparente cuerpo heterog&eacute;neo de temas tiene como hilo conductor una sabia cr&iacute;tica sobre aquella corriente historiogr&aacute;fica llamada "historia cultural", especialidad del autor. Lo fruct&iacute;fero de tal discernimiento es que va acompa&ntilde;ado de propuestas pr&aacute;cticas. Es decir, el historiador no se limita a se&ntilde;alar ingenuidades y abusos de la historia cultural, sino que &eacute;l mismo sugiere, a trav&eacute;s de varios estudios de su libro, una forma de hacer ese tipo de historia. Para ello elige al ensayo como herramienta de trabajo. Pero ensayo no como aquello que se entiende en tiempos recientes, sobre todo en la academia: la exposici&oacute;n de un tema dado, con sus conclusiones e introducci&oacute;n correspondientes, la cual incluye una m&aacute;s o menos exhaustiva asimilaci&oacute;n de otros autores y otros temas. Por el contrario, para Tenorio ensayar es afilar lo colegido en lecturas y autores con la piedra de la experiencia, adem&aacute;s de construir y presentar al lector un estilo propio. As&iacute;, ese g&eacute;nero de escritura &#151;que algunos ubican dentro de la literatura&#151;, en manos del autor se convierte en dispositivo de conocimiento, pero tambi&eacute;n de provocaci&oacute;n e iron&iacute;a. En otras palabras, para el autor el ensayo es un arma de doble filo con la cual no importa herirse uno mismo, siempre y cuando el acto sea consciente y busque con ello aleccionar sobre tal o cual punto del argumento.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con esa dosis de erudici&oacute;n y provocaci&oacute;n, Tenorio empieza su obra narrando la manera en que sin saberlo se vio imbuido en las "guerras culturales" de fines de la d&eacute;cada de 1980, cuando ingres&oacute; como estudiante en el programa de Historia de la Universidad de Stanford. El autor cuenta las revoluciones que presenci&oacute; en los trabajos hist&oacute;ricos a partir del giro ling&uuml;&iacute;stico, los estudios de la cultura popular o de las clases subalternas, adem&aacute;s de sus encuentros con personajes fundamentales para nuestra era "post&#45;moderna", como Michel Foucault, Jaques Derrida, Roland Barthes, etc. Lo original de estos apuntes autobiogr&aacute;ficos esta en dos cuestiones: la sinceridad expresada con un an&aacute;lisis l&uacute;dico que el autor hace de s&iacute; mismo, y la manera en que narra c&oacute;mo fue formulando su propio punto de vista sobre la historia y la cultura, con lecturas y m&aacute;s lecturas, las exigencias de la academia y sus propias disidencias intelectuales. Con ello, finalmente Tenorio llega a puntualizar su visi&oacute;n de los <i>cultural studies</i> en el oficio de historiar, donde por igual razona sobre varios fen&oacute;menos, por ejemplo: la "moda" de usar y abusar de los modelos te&oacute;ricos de autores como Clifford Geertz, la imposibilidad de dejar de lado la noci&oacute;n de "raza" para abordar el estudio del otro o la contradictoria relatividad te&oacute;rica de los estudios culturales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, "poes&iacute;a e historia" y "la imaginaci&oacute;n hist&oacute;rica" son tal vez los ensayos m&aacute;s originales del libro, y se pueden leer como piezas complementarias. En aquel el autor discurre sobre la larga &#151;y algo olvidada&#151; relaci&oacute;n entre la historia (cultural) y la poes&iacute;a como actos cognitivos, cada una con su propio campo de inter&eacute;s delimitado, pero cuyos objetivos algunas veces convergen en un punto: explicar al ser humano. Para ello, el autor lleva su an&aacute;lisis al campo del lenguaje y propone que las met&aacute;foras usadas por los historiadores de la cultura en sus textos, no son, como a veces se quiere pensar, simples ademanes ret&oacute;ricos y rom&aacute;nticos, sino expresiones que tienen la funci&oacute;n de revivir experiencias, de mover voluntades, pero sobre todo, dilucidar y hacer inteligible un fen&oacute;meno que de otra manera ser&iacute;a imposible. Este hecho es s&oacute;lo una m&aacute;s de herramientas con las que opera la imaginaci&oacute;n hist&oacute;rica, la cual, como propone el autor, se ve limitada por cinco elementos: la erudici&oacute;n, la iron&iacute;a melanc&oacute;lica, el aula, el pragmatismo y la naturaleza de la evidencia. De esta manera, la imaginaci&oacute;n hist&oacute;rica va a desarrollarse a contracorriente, concatenando ideas, papeles, im&aacute;genes, releyendo l&iacute;neas, intuyendo; todo para llegar a captar un tramo del pasado que pueda ser sentido en el presente. Al respecto, el autor presenta un ejemplo esclarecedor con la obra de Carlos Marx.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A la mitad del camino de la obra, el lector se encuentra con una provocaci&oacute;n bien urdida: seis historias relatadas de viva voz por seis personajes que Mauricio Tenorio invent&oacute;, y que, sin embargo, rayan en la verosimilitud hist&oacute;rica. Lo efectivo de &eacute;sta historias es que est&aacute;n llenas de datos, im&aacute;genes, de experiencia temporal y de un lenguaje que hace creer que esos actores existieron, para luego hacernos dudar de su ficci&oacute;n. Efectivamente, las historias de Guadalupe Aceves, Juan de L&oacute;pez, Epifanio Mart&iacute;nez, Jacobo Camino, Joan Rivera y Pablo P&eacute;rez, se entraman en situaciones y tragedias de la historia de M&eacute;xico: la inmigraci&oacute;n mexicana a Estado Unidos y la inmigraci&oacute;n europea a M&eacute;xico, los exiliados de la Rep&uacute;blica Espa&ntilde;ola o la cultura de los descendientes de la nobleza ind&iacute;gena que se mezclaron con la nobleza espa&ntilde;ola. Todas son historias que dejan una sensaci&oacute;n de historia en la experiencia del lector.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, el autor presenta un apartado titulado "Abuso de la memoria" donde trata varios temas, como por ejemplo, la relaci&oacute;n entre la acci&oacute;n de la memoria y la popularizaci&oacute;n del bolero en M&eacute;xico o la naturaleza de la "autobiograf&iacute;a" como g&eacute;nero a partir de una lectura de <i>La estatua de sal</i> de Salvador Novo. A estos, Tenorio suma relatos y apuntes donde combina el estilo ficcioso de Borges, el epigrama y la intenci&oacute;n de la par&aacute;bola b&iacute;blica, con los cuales presenta los riesgos e inconvenientes de cuestiones para &eacute;l esenciales: el problema del lenguaje y la traducci&oacute;n en "la erudici&oacute;n", "la perogrullada" en la que caen muchos comentaristas pol&iacute;ticos y "los dogmas" nacionalistas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En suma, la lectura del libro de Mauricio Tenorio es adentrarse en los problemas epistemol&oacute;gicos, pol&iacute;ticos, morales, de lenguaje y memoria que enfrentan la historia y las ciencias sociales, pero desde una mirada que, no por erudita y experta, deja de ser atenta con elector, a quien le plantea retos, exhorta a dialogar y pide criticarse a s&iacute; mismo, para repensar el presente y re&#45;imaginar el pasado.</font></p>      ]]></body>
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