<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>1665-952X</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Economía UNAM]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Economía UNAM]]></abbrev-journal-title>
<issn>1665-952X</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Económicas]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S1665-952X2006000200008</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Democratizar la política económica]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Cordera Campos]]></surname>
<given-names><![CDATA[Rolando]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad Nacional Autónoma de México Facultad de Economía ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[México Distrito Federal]]></addr-line>
<country>México</country>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>08</month>
<year>2006</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>08</month>
<year>2006</year>
</pub-date>
<volume>3</volume>
<numero>8</numero>
<fpage>127</fpage>
<lpage>133</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1665-952X2006000200008&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S1665-952X2006000200008&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S1665-952X2006000200008&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;a</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Democratizar la pol&iacute;tica econ&oacute;mica</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Rolando Cordera Campos</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Profesor titular de tiempo completo, Facultad de Econom&iacute;a, UNAM. Miembro del Comit&eacute; Editorial de ECONOM&Iacute;Aunam.</i> &lt;<a href="mailto:cordera@servidor.unam.mx">cordera@servidor.unam.mx</a>&gt;</font></p>      <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cambio de los paradigmas ordenadores de la vida social es global pero no sim&eacute;trico: unos los crean, recrean, imponen, mientras otros los reciben, adoptan y, siempre con dificultad, tratan de adaptarlos y de adaptarse al cambio del mundo. La velocidad y la calidad de esta adaptaci&oacute;n, cuando se da, determinan el destino y el contenido de los desarrollos nacionales. Cuando la adaptaci&oacute;n se confunde con adopci&oacute;n resignada, no hay asimilaci&oacute;n productiva ni inscripci&oacute;n creativa en los nuevos mundos. Hay indigesti&oacute;n conceptual e ideol&oacute;gica y pasividad pol&iacute;tica, aunque los nuevos paradigmas sean recibidos con un curioso sentido de pertenencia por parte de los que mandan y gobiernan.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin una adaptaci&oacute;n imaginativa e idiosincr&aacute;sica de los postulados globales, los Estados y las sociedades de las naciones subdesarrolladas o en desarrollo no pueden modular el cambio y encarar a tiempo las dislocaciones que toda mudanza provoca. Como no hay fin de la historia, cuando lo anterior se impone, las naciones se precipitan a momentos cr&iacute;ticos, de destrucci&oacute;n institucional sin sustituci&oacute;n oportuna, as&iacute; como de reproducci&oacute;n ampliada de la desigualdad y la pobreza.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El estancamiento se apodera del horizonte social, y el "trialismo", como lo ha llamado Enrique Hern&aacute;ndez Laos, avasalla el desempe&ntilde;o econ&oacute;mico. A falta de ideas, fuerza e imaginaci&oacute;n pol&iacute;tica y sociol&oacute;gica, se acude a la mitoman&iacute;a y, entonces, "la cosa se <i>poner</i> grave", como dijera Simone de Beauvoir.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Superar este estancamiento estabilizador que ha inundado la pol&iacute;tica y bloqueado la circulaci&oacute;n de las ideas, es para David Ibarra el m&aacute;ximo reto que hoy encara M&eacute;xico en su larga y costosa transici&oacute;n. Conforma tambi&eacute;n el desaf&iacute;o mayor a su compromiso pol&iacute;tico e intelectual.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Del cambio paradigm&aacute;tico global al extrav&iacute;o ideol&oacute;gico nacional; del vuelco productivo y financiero tumultuoso que produjo la globalizaci&oacute;n mexicana &#45;la realmente existente y no la que anida en las mentes de sus oficiantes&#45;, al cuasi estancamiento econ&oacute;mico; de la portentosa movilidad social desde la periferia &#45;protagonizada por India y China, Corea, Espa&ntilde;a e Irlanda (en alguna medida tambi&eacute;n Chile)&#45;, a la consolidaci&oacute;n entre nosotros de la desigualdad como costumbre nacional y no como "mal p&uacute;blico"; de la brutal bifurcaci&oacute;n laboral y el abandono de los j&oacute;venes, a la devastaci&oacute;n rural y agr&iacute;cola y la sobreexplotaci&oacute;n de las mujeres campesinas, que se quedan en la tierra mientras sus hombres se "mudan por mejorar". De esto y m&aacute;s dan cuenta magistral los <i>Ensayos</i> que aqu&iacute; invitamos a leer.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como reto y desaf&iacute;o permanentes ha vivido Ibarra estos a&ntilde;os de riesgo y cambio. As&iacute; lo muestra esta rica colecci&oacute;n de ensayos con la que, en m&aacute;s de un sentido, cierra un ciclo de reflexi&oacute;n e intervenci&oacute;n p&uacute;blica, y se apresta a iniciar otro, como seguramente lo har&aacute; la naci&oacute;n toda, aunque lo tenga que hacer en medio de la bruma verbal propiciada por el desatino permanente del cambio sin rumbo en que nos meti&oacute; la alternancia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los <i>Ensayos</i> de David Ibarra son una convocatoria al debate, pero tambi&eacute;n invitan a la celebraci&oacute;n reflexiva: contar en estos tiempos opacos con la presencia activa y provocadora de nuestro maestro es un aut&eacute;ntico bien p&uacute;blico. La lectura de sus textos debe entenderse como el disfrute puntual y aprovechado de una oferta que es para todos. O deber&iacute;a serlo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El esfuerzo de construcci&oacute;n paradigm&aacute;tica se da en los centros, nos dice Ibarra. Sin embargo, acotar&iacute;a yo, precisamente por la intensidad de la globalizaci&oacute;n y sus reconfiguraciones, cuyo estudio es el tel&oacute;n de fondo de este libro, cada vez es m&aacute;s claro que, fuera de los centros del poder y la riqueza mundiales, se gestan reacciones y visiones que pueden dar lugar a f&oacute;rmulas ambiciosas de pol&iacute;ticas y estrategias. Esta expansi&oacute;n intelectual propicia la emergencia de nuevas emulsiones conceptuales e ideol&oacute;gicas, probablemente tan poderosas y robustas como las que en su momento desplegaron Ra&uacute;l Prebisch y sus compa&ntilde;eros de la "orden del desarrollo", de quienes David Ibarra es digno sucesor y empe&ntilde;oso renovador.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con su obra, Ibarra da continuidad creativa a las ideas de la CEPAL inspiradas por Prebisch, Furtado, Pinto y V&uacute;skovic, entre otros, a la vez que recoge y enriquece el esfuerzo cr&iacute;tico que en estos a&ntilde;os de crisis y mutaci&oacute;n acelerada de nuestras estructuras realizaron Josu&eacute; S&aacute;enz y V&iacute;ctor Urquidi en nuestro medio. Dar lugar a una econom&iacute;a pol&iacute;tica a la altura de la &eacute;poca, cr&iacute;tica a la vez que anal&iacute;tica, fincada en las lecciones duras de la historia, e inspirada por una expresa intencionalidad pol&iacute;tica &#45;resumida en la fuerza del desarrollo con equidad y democracia&#45;, es la misi&oacute;n que Ibarra ha hecho suya en estos lustros de incesante exploraci&oacute;n discursiva. En su caso, esta reflexi&oacute;n desemboca de modo cada d&iacute;a m&aacute;s claro en una firme inserci&oacute;n en la reforma de la pol&iacute;tica y de la econom&iacute;a a trav&eacute;s de la lucha de ideas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los cambios nacionales que David Ibarra desmenuza en estos <i>Ensayos sobre la econom&iacute;a mexicana</i> son muchos y profundos. No son, como bien se&ntilde;ala en sus p&aacute;ginas introductorias de la "transici&oacute;n sin desarrollo" (I y II), fruto de la casualidad o dictados de las leyes de la naturaleza o de la econom&iacute;a. En todos los casos, son parte de la voluntad del poder, o condensan sus omisiones, en muchos casos voluntarias. As&iacute;, estas mutaciones, como gusta llamarlas, s&oacute;lo pueden comprenderse mediante una econom&iacute;a pol&iacute;tica que, sin renunciar al an&aacute;lisis ni olvidar el detalle y el rigor, tampoco puede desprenderse del compromiso pol&iacute;tico con la democracia y la justicia social. Son estos compromisos los que, sin tapujos ni preciosismos, inspiran el trabajo que comentamos. </font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">David Ibarra es, en todo esto, un consumado y admirable maestro. Sabe y gusta de rebatir y debatir, cultiva el respeto intelectual que no confunde con la condescendencia o el rechazo por la callada.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde <i>Mercados, desarrollo y pol&iacute;tica econ&oacute;mica</i> (1970), hasta que empez&oacute; su nuevo y entusiasta ciclo como intelectual p&uacute;blico, al calor de las cat&aacute;strofes del gran ajuste de los a&ntilde;os ochenta, Ibarra ha sido diestro en la pol&eacute;mica y el an&aacute;lisis, y ambicioso en la s&iacute;ntesis. De su examen del vuelco en las relaciones de poder entre Estado y mercado, a sus <i>Testimonios cr&iacute;ticos,</i> pasando por estimulantes incursiones en los vericuetos de la globalizaci&oacute;n, nuestro amigo y maestro se ha esmerado en combinar econom&iacute;a y pol&iacute;tica, en darle a la noci&oacute;n de ciudadan&iacute;a un bagaje econ&oacute;mico e hist&oacute;rico, y en imponerle a la democracia apenas estrenada objetivos y adjetivos sin los cuales se vuelve juego de abalorios, vac&iacute;o de contenidos y fr&aacute;gil como m&eacute;todo para resolver civilizadamente la lucha por el poder. Ibarra es contundente: sin una recreaci&oacute;n de mediaciones e instituciones, sin un claro y firme compromiso con el desarrollo econ&oacute;mico y social, la democracia se vuelve pr&aacute;ctica pol&iacute;tica sometida a la m&aacute;s vulgar especulaci&oacute;n demosc&oacute;pica y medi&aacute;tica, cuando no pantalla y velo para un juego de poder tan descarnado y excluyente como lo fue en la fase autoritaria de nuestra evoluci&oacute;n pol&iacute;tica.</font></p>      	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Empero, no es la nostalgia de esta experiencia, en la que se tuvo crecimiento alto y sostenido gracias a la industrializaci&oacute;n dirigida por el Estado; protecci&oacute;n social segmentada e insuficiente &#45;aunque siempre presente en el discurso y las instituciones de la &eacute;poca&#45;; opacidad autoritaria y verticalismo pol&iacute;tico, la que inspira la obra y la intervenci&oacute;n p&uacute;blica de David Ibarra. En sus contribuciones generales y sus alcances a los temas espec&iacute;ficos &#45;pero no menores: la IED, banca y globalizaci&oacute;n, el dilema campesino&#45;, nuestro autor se toma siempre el cuidado de hacer expl&iacute;citos sus criterios de evaluaci&oacute;n, y de arriesgar los pasos que podr&iacute;an conformar un alternativa racional. En tiempos de sordera militante y desprecio f&aacute;cil a la divergencia o la disidencia &#45;como son los actuales en la econom&iacute;a y la pol&iacute;tica, las creencias y hasta en la cultura&#45;, un ejercicio cr&iacute;tico razonado pero arriesgado, como el que nos propone Ibarra, es un servicio p&uacute;blico de alto valor y una muestra m&aacute;s de su generosa magistratura.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En <i>M&eacute;xico, transici&oacute;n sin desarrollo I y II,</i> Ibarra pasa revista al frenes&iacute; del cambio pol&iacute;tico&#45;econ&oacute;mico al que llev&oacute; a M&eacute;xico la confusi&oacute;n neoliberal adoptada con un curioso &#45;que se volvi&oacute; peligroso&#45; "sentido de pertenencia a la doctrina". Cuando el fracaso del ajuste ortodoxo se hizo patente, se le quiso edulcorar con un cambio estructural cuya necesidad de conjunto no excusaba &#45;ni excusa&#45; la manera inconsulta como se le quiso implementar, ni la falta de cuidado por su secuencia y por los damnificados que iba dejando en el camino.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ah&iacute; nos habla Ibarra del decaimiento sostenido en la din&aacute;mica productiva, tan largo, que llev&oacute; a V&iacute;ctor L. Urquidi a hablar de un estancamiento; aborda asimismo el debilitamiento en la formaci&oacute;n de capital, as&iacute; como la tragedia del mercado laboral con su obligada secuela de pobreza y concentraci&oacute;n. No omite el autor las "luces" del momento: el abatimiento de la inflaci&oacute;n y el equilibrio fiscal, el salto en el comercio exterior y el flujo de capitales for&aacute;neos. Pero advierte: el balance fiscal contrasta con el impresentable coeficiente de la carga fiscal real, que a su vez revela una enorme falla de legitimidad del Estado, sobre todo ante las elites econ&oacute;micas que se han negado con &eacute;xito a asumir una carga fiscal mayor, "carga &#45;dice&#45; que ser&iacute;a congruente con las responsabilidades anejas a las transferencias de funciones y poderes del Estado, al mercado, y con los sesgos insostenibles en la distribuci&oacute;n del ingreso" (p. 65).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la apertura externa, impresionante sin duda con sus tasas de crecimiento de las exportaciones de 16 o 17% en los a&ntilde;os noventa, transitamos del libre comercio a la sobrevaluaci&oacute;n sostenida del peso, y a una industrializaci&oacute;n a&uacute;n m&aacute;s trunca y contrahecha que la de la sustituci&oacute;n de importaciones (por la falta de pol&iacute;tica industrial), as&iacute; como a cambios agudos en la composici&oacute;n de la deuda externa. Estos cambios, que se condensan en una enorme deuda externa privada, llevan al autor a advertir que el excesivo endeudamiento externo empresarial nos plantea "qui&eacute;rase o no, que hay un nuevo Ficorca en el horizonte" (p. 67).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La agenda es abrumadora, pero para Ibarra hay espacios para maniobrar, si los objetivos cambian y el crecimiento recupera su centralidad hist&oacute;rica y pol&iacute;tica. Pero ello implica, sostiene, asumir la necesidad del cambio paradigm&aacute;tico y de estrategia que nos trajeron la globalizaci&oacute;n y nuestras propias crisis, no como una fatalidad sino como un may&uacute;sculo desaf&iacute;o nacional. Un desaf&iacute;o que s&oacute;lo se puede superar apelando al acuerdo fundamental y a una concertaci&oacute;n de actores que mire al largo plazo y vaya m&aacute;s all&aacute; de los mecanismos elementales y veleidosos de la democracia representativa.</font></p>      	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A este respecto, echo de menos una elaboraci&oacute;n precisa de lo que parece haberse convertido en el eslab&oacute;n perdido de la transici&oacute;n: el estado en que realmente se encuentra la planta empresarial mexicana. Sin abordar expresamente esta cuesti&oacute;n, la convocatoria al acuerdo social para el desarrollo que con insistencia hace nuestro autor, corre el riesgo de quedarse tan trunca y dislocada como la industrializaci&oacute;n que nos arroj&oacute; el cambio estructural para la globalizaci&oacute;n. Se trata de una cuesti&oacute;n econ&oacute;mica, por supuesto, que nos refiere a los mercados y su organizaci&oacute;n, as&iacute; como a la morfolog&iacute;a de los capitales; pero cada vez parece m&aacute;s claro que la asignatura empresarial mexicana pasa tambi&eacute;n por la cultura y las disposiciones pol&iacute;ticas de los propietarios para el compromiso con el desarrollo, la democracia y la equidad. Se trata, en mi opini&oacute;n, de un aut&eacute;ntico eslab&oacute;n perdido. Esperemos que no de un hoyo negro.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De aqu&iacute;, nos insiste, la urgencia de reconocer el desvanecimiento institucional &#45;y el de los instrumentos de la acci&oacute;n p&uacute;blica&#45; acaecido en estos a&ntilde;os duros y confusos de la transici&oacute;n sin desarrollo (p. 103); as&iacute; como de poner de relieve la agon&iacute;a de los mercados nacionales, recuperar el Estado para desde ah&iacute;, desde un Estado reformado, redefinir y enriquecer la vinculaci&oacute;n central, decisiva, de toda sociedad moderna: aquella entre lo p&uacute;blico y lo privado; entre la econom&iacute;a y la pol&iacute;tica; entre el Estado y el mercado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hoy, sin embargo, "despu&eacute;s de veinte a&ntilde;os de esfuerzos sin cuento, volvemos al punto de partida, tropezamos con el mismo obst&aacute;culo al desarrollo sostenido: el estrangulamiento externo... Pese al enorme acrecentamiento del comercio exterior, estamos en la disyuntiva de siempre: endeudarnos, vender activos nacionales o limitar el crecimiento por debajo de las aspiraciones razonables de la poblaci&oacute;n" (p. 121).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Frente al atolladero, que se volvi&oacute; evidente apenas iniciado el gobierno, el presidente propuso sus llamadas reformas estructurales. Se estren&oacute; la <i>reformitis,</i> que pronto se mostr&oacute; como fuga hacia delante sin punto de arribo. "Qui&eacute;rase o no, &#45;dice Ibarra&#45; las reformas propuestas no tienen mayor repercusi&oacute;n en los temas fundamentales que debieran orientar la reforma del Estado. No cierran el d&eacute;ficit democr&aacute;tico, ni la brecha que separa las demandas de la poblaci&oacute;n de los resultados de las estrategias econ&oacute;micas en boga..." (p.122).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&eacute;xico &#45;propone&#45; "requiere fortalecer el mercado interno y el empleo como condici&oacute;n b&aacute;sica para el reacceso al desarrollo sostenido, a la eliminaci&oacute;n de los s&iacute;ntomas ascendentes de descomposici&oacute;n social e ingobernabilidad. El punto de partida &#45;a&ntilde;ade&#45; consistir&iacute;a en hacer hincapi&eacute; en las metas de crecimiento contra las de corte estabilizador cortoplacista... En segundo lugar, habr&iacute;a que poner coto al desmantela&#45;miento del Estado... La acci&oacute;n p&uacute;blica &#45;insiste&#45; no s&oacute;lo est&aacute; constre&ntilde;ida por la cesi&oacute;n de soberan&iacute;a expresada en la aceptaci&oacute;n sin salvaguardas del nuevo orden econ&oacute;mico mundial, sino por el desmantelamiento de las instituciones e instrumentos b&aacute;sicos de la acci&oacute;n gubernamental o de los organismos t&eacute;cnicos dedicados a impulsar la modernizaci&oacute;n productiva".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En suma, "ingresar de lleno a la globalizaci&oacute;n entra&ntilde;a emparejar la liza de la competencia, descontar las desventajas del subdesarrollo con pol&iacute;ticas industriales y comerciales activas., la remodelaci&oacute;n democratizante de los principales organismos de mediaci&oacute;n pol&iacute;tica. Sin ella, no ser&aacute; sencillo reconstruir los puentes entre la macroeconom&iacute;a y la microeconom&iacute;a, ni completar los mecanismos de mercado con los propios de la acci&oacute;n colectiva" (p.126).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No es ni ser&aacute; f&aacute;cil desplegar una agenda como la que David Ibarra nos propone. Lo que impera hoy es la divisi&oacute;n pol&iacute;tica y una lucha distributiva todav&iacute;a un tanto larvada pero a la vez implacable y sin cauce. No deb&iacute;a sorprender por esto que la lucha por el poder constituido, la gran justa democr&aacute;tica que celebramos desde 1997 y en 2000, adquiera los rasgos destructivos y ofrezca los panoramas ominosos conocidos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No se trata de conjurar ingenuamente los conflictos, sino de encontrar el modo de darles un sentido productivo. De aqu&iacute; la atractiva propuesta de imaginar una "democratizaci&oacute;n de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica", que llevara a la incorporaci&oacute;n comprometida de los actores productivos y abriera la puerta para la construcci&oacute;n de suced&aacute;neos eficaces del presidencialismo econ&oacute;mico que, sostiene nuestro autor, se ha ido para siempre.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No hay nada gratis ni indoloro en esta empresa. De una parte, nos insiste, est&aacute; la destrucci&oacute;n de instituciones y capacidades colectivas de acci&oacute;n, que no han encontrado reemplazo eficiente y oportuno. De otra, la acumulaci&oacute;n de carencias, demandas, insatisfacciones, que no dan respiro a los pol&iacute;ticos del poder y los llevan a romper cualquier v&iacute;nculo m&iacute;nimo con la racionalidad instrumental, o de plano a negar todo papel a la racionalidad hist&oacute;rica, que s&oacute;lo puede sustentarse en una democracia capaz de ofrecer con credibilidad dosis crecientes de equidad y seguridad colectiva.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Ibarra, es este cuadro de tensi&oacute;n may&uacute;scula y carencia aguda, de disonancia galopante &#45;como le gusta decir&#45; entre la pol&iacute;tica, la democracia, la econom&iacute;a y la cultura heredada e importada, el que determina la urgencia de imaginar nuevas reformas pol&iacute;ticas del Estado que contemplen expresamente la prioridad &eacute;tica, pero a la vez utilitaria, econ&oacute;mica y de mercado, de la cuesti&oacute;n social. Esta tercera reforma, como la he llamado en otra parte, "deber&iacute;a asegurar, &#45;nos dice Ibarra&#45;, que los objetivos sociales, junto a los de estabilidad y crecimiento, formen parte indisoluble de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas. Hay que <i>aprender</i> &#45;postula el maestro&#45; a practicar la justicia social... en un mundo contingente e imprevisible, hasta ahora dirigido por fuerzas externas y no por l&oacute;gica propia. Conviene ver con suspicacia la creencia de que la historia o el mercado, por s&iacute; mismos, tienen prop&oacute;sito, raz&oacute;n, direcci&oacute;n. El riesgo es seguir erosionando la legitimidad gubernamental, abriendo cauces a la corrupci&oacute;n e inseguridad p&uacute;blicas y privadas, precisamente por la ausencia de controles humanos, deliberados, sobre nuestro destino" (p.159). </font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero &#45;Ibarra propone&#45; Dios no dispone ni con el cabildeo de Don Carlos Abascal. Nos toca a todos &#45;como cuando, con &eacute;l como v&eacute;rtice, hac&iacute;amos "Ves" humanas en la Manifestaci&oacute;n del Silencio del 68&#45; hacerle compa&ntilde;&iacute;a a nuestro amigo y maestro, y hacer de la voluntad raz&oacute;n, y de &eacute;sta convicci&oacute;n profunda de que, con mentes y firmezas como las suyas, es posible convertir en fuerza transformadora la intensidad de la cr&iacute;tica y la excelencia intelectual de que ha vuelto a hacer gala en esta formidable entrega.</font></p>          <p align="justify">&nbsp;</p>      	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre el autor</b></font></p>      	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Rolando Cordera.</b> Licenciado en Econom&iacute;a por la Escuela Nacional de Econom&iacute;a de la UNAM con estudios de posgrado en la London School of Economics. Es catedr&aacute;tico universitario y ha sido periodista y legislador. En 1998 recibi&oacute; el Premio Universidad Nacional en el &Aacute;rea de Ciencias Econ&oacute;mico&#45;Administrativas. Es miembro del Consejo Editorial y de la mesa editorial de la revista <i>Nexos,</i> y durante diez a&ntilde;os fue director y conductor del programa de televisi&oacute;n <i>Nexos.</i> Es consejero de la Comisi&oacute;n de Derechos Humanos del Distrito Federal, miembro del Instituto de Estudios para la Transici&oacute;n Democr&aacute;tica, de la Academia Mexicana de Econom&iacute;a Pol&iacute;tica y del Consejo Consultivo de la Fundaci&oacute;n UNAM, as&iacute; como presidente de la Fundaci&oacute;n Pereyra. Es autor de libros como <i>Cr&oacute;nicas de la adversidad, Las decisiones del poder,</i> en coautor&iacute;a con Carlos Tello <i>La Disputa por la naci&oacute;n,</i> coordinador y coautor de <i>Desarrollo y crisis de la econom&iacute;a mexicana, La desigualdad en M&eacute;xico, El reclamo democr&aacute;tico,</i> y compilador de <i>1995: la econom&iacute;a mexicana en peligro.</i> Tambi&eacute;n es autor de innumerables art&iacute;culos y ensayos y ha participado en diversos foros, seminarios y encuentros de intelectuales de M&eacute;xico y el extranjero. En la actualidad es miembro de la Junta de Gobierno de la UNAM y forma parte del Comit&eacute; Editorial de ECONOM&Iacute;Aunam.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[ ]]></body>
</article>
