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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Árbol de historias: Configuraciones del pasado en Severo Martínez y Luis Cardoza y Aragón]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Carrillo, Ana Lorena (2009), <i>&Aacute;rbol de historias. Configuraciones del pasado en Severo Mart&iacute;nez y Luis Cardoza y Arag&oacute;n</i></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Luis Pedro Taracena Arriol*</b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Guatemala: Editorial Pensativo</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* CIRMA, Antigua Guatemala, Guatemala, C. A.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Una lectura cirujana</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este libro Ana Lorena Carrillo nos interioriza a dos textos emblem&aacute;ticos en la reflexi&oacute;n guatemalteca: <i>Guatemala, las l&iacute;neas de su mano</i> de Luis Cardoza y Arag&oacute;n y <i>La patria del criollo</i> de Severo Mart&iacute;nez Pel&aacute;ez. Los autores comparten un momento pol&iacute;tico y social de la historia guatemalteca, aunque uno le lleve al otro algunos a&ntilde;os de diferencia en su realizaci&oacute;n. Ambos son ensayos vistos a trav&eacute;s del abordaje acad&eacute;mico y literario, as&iacute; como denuncias de la situaci&oacute;n pol&iacute;tica y social guatemalteca. Contienen, pues, visibles intenciones. En ambos se recurre al pasado para explicar el presente y vislumbrar una necesaria transformaci&oacute;n. Son miradas hist&oacute;ricas situadas en su presente. De esta manera, la historia se convierte en la gran protagonista. A trav&eacute;s del argumento vemos recorrer: criollos, ind&iacute;genas, pueblos de indios, ciudades y paisajes, tanto coloniales como sus legados contempor&aacute;neos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Pero, qu&eacute; tienen en com&uacute;n adem&aacute;s de ello? Ambos escritos son una combinaci&oacute;n de mirada y escritura. Mirada del pasado asentada en escritura. Como sabemos la mirada desde lo alto y la escritura normalmente nos refieren al inter&eacute;s de un dominio. La mirada impuesta busca convertirse en visi&oacute;n. Es decir, en una verdad destinada a ser legitimada. La autora nos introduce en la forma en que Cardoza y Arag&oacute;n y Mart&iacute;nez Pel&aacute;ez proyectan sus visiones, usando el pasado para denunciar el presente. El primero enfocado en la experiencia de la derrota del gobierno de Arbenz en 1954 y el segundo tiene como trasfondo el reciclaje de la lucha revolucionaria de las d&eacute;cadas de los a&ntilde;os sesenta y setenta. Ambos autores usan el ensayo como instrumento de comunicaci&oacute;n. Es decir, recurren estrat&eacute;gicamente al recurso reflexivo, deliberativo, interpretativo y persuasivo. Con ello contin&uacute;an esa larga tradici&oacute;n latinoamericana donde el argumento es lo central, en el cual deliberar es demostrar. En Cardoza y Arag&oacute;n predomina el discurso po&eacute;tico, las expresiones metaf&oacute;ricas y le reconocemos su erudici&oacute;n literaria. En Mart&iacute;nez Pel&aacute;ez predomina el discurso cient&iacute;fico, pero tambi&eacute;n le reconocemos su pasi&oacute;n en el escribir. Ambos buscan tocar las teclas de la emoci&oacute;n, seducir con un argumento que llaman a convertirlo en un nosotros. La derrota es explicada en la necesidad de comprender la complejidad del pa&iacute;s y en la denuncia del dominio y opresi&oacute;n de la herencia criolla. La pretensi&oacute;n es incidir en el lector: emocionarlo e indignarlo en la medida que van legitimando su intenci&oacute;n, su verdad pol&iacute;tica, el comprender la realidad para transformarla.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero, la autora no se contenta con decirnos eso, sino profundiza en su lectura. De ese modo nos recuerda que &eacute;sta &uacute;ltima tiene un margen de acci&oacute;n y de libertad frente a las actividades impositivas de la escritura y la mirada. La escritura busca fijar la mirada y utiliza sus argucias para llevar al lector hacia donde quiere llevarlo. Pero en la lectura el lector, escoge, filtra, escarba, rechaza, acoge, desconf&iacute;a..., y deja las puertas abiertas para escabullirse. Claro, s&oacute;lo si ese lector deja de leer como creyente, aceptando el "querer decir" del autor en funci&oacute;n de la fuerza de su autoridad. Y, as&iacute; se involucra en una lectura donde predomina el "querer escuchar".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A esta altura nos damos cuenta que Ana Lorena Carrillo desarrolla una lectura cirujana. Analog&iacute;a tosca pero figurativa. Ya no es una mirada desde la altura sino nos introduce en las intimidades de los dos textos. Penetra en ellos, los delimita y los secciona. Nos va presentando sus intencionalidades y la construcci&oacute;n de esa intencionalidad. Nos introduce en una nueva forma de leer, recorriendo las expectativas de los autores en su contexto y posibilidades, en ese horizonte de expectativas del que nos habla la autora.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s, nos advierte que no pretende mirar el contenido sino el uso social del texto. Y, esto puede tener dos caras. La primera es c&oacute;mo los autores est&aacute;n empapados del uso social de su tiempo. Impregnados de heterog&eacute;neas corrientes de pensamiento, recogiendo de aqu&iacute; y de all&aacute;, mezclando, tejiendo y ensamblando para dotar de coherencia al argumento. Esta es la intencionalidad expl&iacute;cita. Pero, tambi&eacute;n es posible ver c&oacute;mo lo social, a su vez, los usa. C&oacute;mo son producto de su tiempo, c&oacute;mo inciden sus patrones culturales, c&oacute;mo el entorno los marca, c&oacute;mo el lenguaje, el relato y la narraci&oacute;n son parte de la vida social que los envuelve. Adem&aacute;s, nos va ense&ntilde;ando c&oacute;mo los autores no s&oacute;lo miran hacia atr&aacute;s acoplando el pasado al presente, tambi&eacute;n nos muestra c&oacute;mo se introducen en sus propios relatos y ese relato se convierte en el yo de ambos. Un <i>yo</i> que navega en el pasado emergiendo tanto la ideolog&iacute;a como la emoci&oacute;n po&eacute;tica. Ambos transfiguran su <i>yo</i> en el texto y nuevamente pretenden convertirlo en un <i>nosotros.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Poco a poco uno va meti&eacute;ndose en la lectura cirujana de la autora, al grado que tenemos que frenarnos y preguntarnos: &iquest;pero qui&eacute;nes son ellos y por qu&eacute; transcienden? Pregunta de respiro a pesar de que hemos conocido a esos autores. No nos son extra&ntilde;os, los hemos le&iacute;do con anterioridad. Mart&iacute;nez Pel&aacute;ez, historiador, conocido hasta la saciedad por muchos, Cardoza y Arag&oacute;n, literato, conocido hasta la saciedad por otros muchos. Y, entonces nos damos cuenta que los hemos convertido en autores cl&aacute;sicos. Palabra que nos recuerda lo dicho por Jeffrey Alexander, quien nos explicaba que, con esa categor&iacute;a nombr&aacute;bamos a un rango de personajes privilegiados frente a los personajes de hoy. Al retomarlos aprendemos de ellos tanto como lo hacemos con nuestros contempor&aacute;neos. La fuerza evocativa de su discurso recae en el argumento en tanto &eacute;ste se aboca en el razonamiento. De manera que, sus pretensiones de validez no se remiten a los datos que nos muestran sino a que tanto tirios y troyanos llegan a entender de lo que nos hablan. En definitiva nos facilitan la discusi&oacute;n y la comunicaci&oacute;n entre heterog&eacute;neos y podemos leerlos sin necesariamente adherirnos a sus criterios. En nuestro caso, ambos autores nos delimitaban el campo del discurso pol&iacute;tico sobre el pasado. Y, entonces nos damos cuenta, que ya no s&oacute;lo estamos intentando comprender la lectura que Ana Lorena Carrillo nos transmite sobre nuestros dos personajes, sino comenzamos a leerla de manera cirujana a ella tambi&eacute;n. Junto con ella releemos a esos cl&aacute;sicos y compartimos lo que estos tratan de comunicar y lo que ella a su vez nos comunica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Podemos observar el uso de la ciencia que hace Mart&iacute;nez Pel&aacute;ez para sumergirnos en la intenci&oacute;n de interpretar la patria del criollo. Vemos a su <i>yo</i> traer el pasado al presente y luego desplazarse en &eacute;l. Reconocemos su argumento y el efecto de verdad que nos trasmite para que creamos en lo que dice. Comprendemos como el criollo construye su visi&oacute;n de patria a trav&eacute;s de su sentido de propiedad. Observamos c&oacute;mo recurre a su enemigo simb&oacute;lico, el criollo, para mostrar lo que &eacute;ste oculta en su inter&eacute;s por dirigir una naci&oacute;n acoplada a su idea de posesi&oacute;n. Vemos c&oacute;mo combina la emoci&oacute;n por la historia con la interpretaci&oacute;n en funci&oacute;n del cambio social. Tambi&eacute;n es posible ver su arrogancia por llevar esa historia al ind&iacute;gena y convertirla en la historia de &eacute;ste, pensando en que se dirige a un ser que recibe y reacciona pero que no act&uacute;a. A su vez, descubrimos no s&oacute;lo la mezcla de las corrientes de pensamiento sino tambi&eacute;n el trasfondo liberal de su marxismo. Adem&aacute;s, notamos el encaje del sentido popular en una dimensi&oacute;n social. As&iacute;, se nos va haciendo m&aacute;s f&aacute;cil entender su denuncia y lo que debe superarse.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n vemos a Cardoza y Arag&oacute;n, cuyo lenguaje abigarrado y erudito refleja su propia trayectoria, conocedor del mundo intelectual europeo y arraigado en M&eacute;xico, un pa&iacute;s de debate intelectual intenso. Escribe para ellos y no para el p&uacute;blico guatemalteco en el af&aacute;n de hacer comprensible el pa&iacute;s en un marco universal. No deja de chocar en Guatemala donde es incomprendido. Pa&iacute;s de lacerante cr&iacute;tica hacia su intelectualismo y a su origen criollo. No obstante, su dificultad para traducirse popularmente insiste en crear un discurso nacional no nacionalista, imbuido en un romanticismo intimista: el <i>yo</i> que se hunde en los significados de su patria para transportarla al mundo y en una mirada apoyada en el rescate de su propia experiencia. Obviamente, en el marco de una derrota cercana y de una reflexi&oacute;n de poco optimismo por el futuro, pero sin abandonarlo. Observamos a un autor que mira desde arriba como universalista con su romanticismo y sensibilidad intelectual, pero tambi&eacute;n que ve desde adentro y expresa profundidad en la b&uacute;squeda &iacute;ntima.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Llegado a este punto reconocemos c&oacute;mo la autora nos ha transportado a trav&eacute;s de su lectura cirujana al interior de esos textos. Y, los masticamos mejor, al mismo tiempo que nos aferramos a entender lo que quieren decir. La autora los comunica con nuestro presente y reproducimos aquellas intenciones, apoyados en que ambos confluyen en la necesidad transformadora, en la cr&iacute;tica del presente, en el proyecto de otra patria y en la promesa del cambio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero, nuevamente la autora no se contenta con dejarnos ah&iacute; y seguimos profundizando en su lectura cirujana, desmenuzando palabras y cronotopos. Lugares, sucesos y sentimientos que nos transmiten historicidad: ciudad, paisaje, finca, pueblo de indios, volc&aacute;n, plazas, puertas, orden, desorden, posesi&oacute;n, sufrimiento, nostalgia. En su momento nos llama la atenci&oacute;n la centralidad de la ciudad de Antigua para ambos, representada por Mart&iacute;nez Pel&aacute;ez en el s&iacute;mbolo colonial de dominio y del conservadurismo contempor&aacute;neo, en lo oculto ahora expl&iacute;cito. Mientras Cardoza y Arag&oacute;n, sin negar lo anterior, nos la expresa con mirada cari&ntilde;osa y nost&aacute;lgica en un paisaje emocional que busca unificar a los y las guatemaltecas. Incluso, al estar sumergidos en estos diseccionados textos nos permitimos imaginar a los dos autores ascendiendo el volc&aacute;n de Agua. Al llegar a la cumbre Mart&iacute;nez Pela&eacute;z, mira hacia lo lejos y dirige su vista hacia las lejanas cumbres de Huehuetenango, agregando: "he ah&iacute; la mirada del criollo, quien piensa que todo ello le pertenece". Mientras tanto, Cardoza y Arag&oacute;n baja la vista y la dirige hacia su ciudad, al pie del volc&aacute;n, sin mencionar palabra alguna.</font></p>       ]]></body>
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