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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><i><b>Decentralization, Democratization and Informal Power in Mexico</b></i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Por Matthew R. Cleary</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>de Andrew Selee, University Park Pennsylvania, The Pennsylvania State University Press, 2011, 191 pp.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Universidad de Syracuse</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los "procesos gemelos de la descentralizaci&oacute;n y la democratizaci&oacute;n" han sido los principales conformadores del desarrollo pol&iacute;tico de M&eacute;xico durante los &uacute;ltimos 30 a&ntilde;os, lo cual ha llevado a los acad&eacute;micos a producir gran cantidad de literatura que describe, explica y analiza, tanto la transferencia de poder y recursos a los estados y municipios mexicanos, como la creciente competencia electoral libre en las mismas entidades. Al respecto, Andrew Selee ofrece una nueva e importante contribuci&oacute;n con <i>Decentralization Democratization and Informal Power in Mexico,</i> que busca entender los efectos de "la descentralizaci&oacute;n en el contexto de la democratizaci&oacute;n", al evaluar espec&iacute;ficamente c&oacute;mo estos procesos han influido en la "responsabilidad y rendici&oacute;n de cuentas" de los municipios mexicanos (p. 16).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Selee comienza con una observaci&oacute;n importante: los cambios institucionales formales desatados por la descentralizaci&oacute;n y la democratizaci&oacute;n son b&aacute;sicamente los mismos en todos los municipios mexicanos, o al menos en todas las grandes ciudades, los cuales son el foco principal del libro. Por ejemplo, las transferencias de fondos federales son cada vez m&aacute;s transparentes y derivan de las partidas presupuestales, al tiempo que las elecciones se han vuelto formalmente libres y limpias, incluso en ciudades dominadas por el PRI, como Ghilpancingo. Los municipios tambi&eacute;n tienen estructuras institucionales semejantes y su autoridad est&aacute; definida por la Gonstituci&oacute;n federal. Sin embargo, lo que visiblemente var&iacute;a es la calidad de la "gobernabilidad democr&aacute;tica"; con esto, Selee se refiere al grado en que los ayuntamientos responden y se responsabilizan ante los intereses de sus ciudadanos. Si las instituciones formales, al ser constantes en todos los casos, no explican esta variabilidad, entonces, &iquest;a qu&eacute; se debe?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por supuesto, muchos acad&eacute;micos han observado estas variaciones en el desempe&ntilde;o municipal mexicano y varios han propuesto explicaciones, pero Selee ofrece una nueva perspectiva al centrarse en los patrones del "poder informal", cuyo an&aacute;lisis representa la principal aportaci&oacute;n de su libro. Selee define las relaciones de poder informales como "una red compleja y jer&aacute;rquica de intermediarios pol&iacute;ticos que permiten el acceso a canales de influencia y distribuyen recursos y favores a cambio de apoyo pol&iacute;tico" (p. 11). El poder informal es m&aacute;s amplio que los conceptos m&aacute;s conocidos de "clientelismo y la pol&iacute;tica del patrocinio" (p. 12), porque describe un patr&oacute;n de relaciones entre Estado y sociedad que abarca tambi&eacute;n las relaciones del primero con las clases acomodadas y con "todos los centros de poder potenciales fuera del Estado, incluidas la iniciativa privada, las organizaciones religiosas y hasta las organizaciones nominalmente 'aut&oacute;nomas'" (p. 13). El poder informal genera una forma de "ciudadan&iacute;a indirecta" presente en toda la sociedad, seg&uacute;n la cual todas las demandas al gobierno se deben canalizar mediante quienes detentan el poder informal. En &eacute;pocas anteriores, los actores clave eran los caciques o l&iacute;deres de las organizaciones corporativas afiliadas al PRI. Al debilitarse el corporativismo pri&iacute;sta, los intermediarios clave podr&iacute;an ser los dirigentes de los comit&eacute;s vecinales o de los movimientos sociales, que no necesariamente est&aacute;n afiliados a ning&uacute;n partido pol&iacute;tico, pero tienden a desempe&ntilde;ar una funci&oacute;n an&aacute;loga como intermediarios entre el Estado y los ciudadanos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de los argumentos centrales de Selee, cuidadosamente documentado en los cap&iacute;tulos 2 y 3, es que esta forma de mediaci&oacute;n indirecta de los intereses tiene un profundo arraigo hist&oacute;rico en M&eacute;xico. Selee logra rastrear sus ra&iacute;ces hasta el siglo xix y muestra, incluso en la &eacute;poca supuestamente centralizada de dominio pri&iacute;sta, que tanto el r&eacute;gimen como los ciudadanos depend&iacute;an de canales de poder informal, los cuales estaban altamente descentralizados. Luego descubre que el patr&oacute;n de relaciones informales establecido en &eacute;pocas anteriores sigue influyendo en las relaciones pol&iacute;ticas actuales, y m&aacute;s espec&iacute;ficamente, en el grado en que los gobiernos municipales responden a los intereses ciudadanos: "en cada ciudad, las variaciones en el tipo de relaciones de poder informales existentes desde antes de la democratizaci&oacute;n siguen siendo la forma principal en que se vinculan los ciudadanos y el ayuntamiento" (p. 165).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s de la discusi&oacute;n tem&aacute;tica de los cap&iacute;tulos 2 y 3, Selee ilustra sus argumentos con estudios de caso de tres ciudades elegidas por las variaciones en las relaciones de poder informales: Ghilpancingo, un basti&oacute;n pri&iacute;sta tradicional; Tijuana, donde el pan ha sido el partido dominante durante los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os, y Giudad Neza&#45;hualc&oacute;yotl, donde el pluralismo electoral naci&oacute; de movimientos sociales inusualmente fuertes que acabaron por generar apoyo al PRD. Vale la pena subrayar que Selee no se limita a estudiar las variaciones en el partido gobernante a nivel municipal, ni se centra &uacute;nicamente en el nivel de competencia electoral. Antes bien, los tres cap&iacute;tulos dedicados a estos estudios de caso demuestran lo siguiente: <i>a)</i> las relaciones de poder informales siguen existiendo en las tres ciudades hasta el d&iacute;a de hoy, aunque <i>b)</i> cada ciudad tiene una estructura de poder informal distinta, dependiente de las peculiaridades de su propio desarrollo hist&oacute;rico. Selee sostiene que esta variaci&oacute;n es la principal determinante del grado en la cual los gobiernos responden a sus ciudadanos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En Ghilpancingo, por ejemplo, la pol&iacute;tica se caracteriz&oacute; hist&oacute;ricamente por el predominio de un pu&ntilde;ado de familias que crearon y controlaron un sistema informal de mediaci&oacute;n de intereses, el cual quiz&aacute; fue t&iacute;pico del PRI tradicional. Si bien las elecciones en Ghilpancingo se han vuelto competitivas y relativamente limpias (p. 88), el PRI sigue dominando por su habilidad para mediar de manera efectiva entre los grupos locales de ciudadanos y las altas esferas del gobierno. Incluso cuando grupos pol&iacute;ticos no pri&iacute;stas alcanzan cierto poder, son obligados a ejercerlo dentro del sistema de v&iacute;as informales construido en &eacute;pocas anteriores. Por lo tanto, el cambio pol&iacute;tico en Ghilpancingo ha sido limitado y sigue existiendo "un sistema jer&aacute;rquico basado en el poder informal y dominado por intermediarios pri&iacute;stas, aunque con la inclusi&oacute;n creciente de mediadores no pri&iacute;stas en las negociaciones" (p. 172).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En Tijuana, dada la debilidad hist&oacute;rica de los v&iacute;nculos entre la regi&oacute;n y el Estado central y la escasa penetraci&oacute;n del PRI en la sociedad, result&oacute; m&aacute;s f&aacute;cil que las administraciones panistas, una vez en el poder, pasaran por encima de los canales de mediaci&oacute;n de intereses y construyeran instituciones mediadoras plurales y participativas. Sin embargo, debido a la falta de eficacia o efectividad de estas nuevas instituciones, con el tiempo el ayuntamiento "volver&iacute;a a caer en los antiguos h&aacute;bitos del clientelismo", con el siguiente resultado: "la pol&iacute;tica informal sobrevivir&iacute;a como la forma clave de mediaci&oacute;n pol&iacute;tica en Tijuana, aunque transformado", en un sistema con "formas d&eacute;biles de mediaci&oacute;n vinculadas d&eacute;bilmente con los altos dirigentes del pan" (pp. 100, 174).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En Giudad Neza, el perfil de la movilizaci&oacute;n partidista se esboza ya en una serie de movimientos sociales activos y organizaciones civiles; estas surgieron aun antes de la incorporaci&oacute;n a la ciudad en 1963 (p. 139). Los grupos civiles surgieron en conflicto con los gobiernos municipales pri&iacute;stas y finalmente prestaron su fuerza pol&iacute;tica al PRD. Esto dio lugar a una pol&iacute;tica electoral competitiva, aunque sin desafiar la estructura b&aacute;sica de ciudadan&iacute;a indirecta y formas corporativas de mediaci&oacute;n de intereses. "Ha surgido una forma de gobernabilidad democr&aacute;tica que s&iacute; genera mayor responsabilidad y rendici&oacute;n de cuentas... &#91;y que ha&#93; abierto nuevos canales para que los ciudadanos se relacionen con sus autoridades p&uacute;blicas. Sin embargo, para conseguir estos avances se han perfeccionado los antiguos patrones de mediaci&oacute;n informal, en lugar de remplazarlos con una relaci&oacute;n m&aacute;s directa entre los ciudadanos y el gobierno" (p. 132). Es una situaci&oacute;n semejante a lo que otros acad&eacute;micos han llamado "clientelismo competitivo". Lo interesante es que, si bien el modo de representaci&oacute;n de intereses en Neza est&aacute; claramente vinculado al "poder informal", Selee considera que su gobierno tiene mejor capacidad de respuesta que el de Ghilpancingo o Tijuana (pp. 174&#45;175).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al reflexionar sobre las lecciones que nos deja este libro cuidadosamente escrito, podemos identificar numerosas contribuciones y temas para investigaciones futuras. Por ejemplo, si bien Selee argumenta de manera convincente que las instituciones formales no pueden dar cuenta de las variaciones en responsabilidad y capacidad de respuesta <i>entre</i> los municipios, tambi&eacute;n acaba demostrando que las instituciones formales &#151;como la duraci&oacute;n de la presidencia municipal, el recambio completo de los ayuntamientos cada tres a&ntilde;os y la prohibici&oacute;n de candidaturas independientes (p. 165)&#151; probablemente inhiben la rendici&oacute;n de cuentas en <i>todos</i> los municipios, incluso cuando las elecciones son competitivas. Este hallazgo coincide con investigaciones previas sobre el tema y resulta muy oportuno, dados los debates recientes en el Gongreso mexicano acerca de ampliar los tiempos de ciertos cargos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, la cuesti&oacute;n m&aacute;s urgente planteada en el libro es <i>por qu&eacute;</i> persisten los patrones de las relaciones de poder informales incluso cuando la descentralizaci&oacute;n y la democratizaci&oacute;n han cambiado el panorama pol&iacute;tico de manera tan dr&aacute;stica durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. En el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo, Selee baraja varias explicaciones posibles, y se queda con una relacionada con el Estado mexicano, la cual "hist&oacute;ricamente ha estructurado sus relaciones con los ciudadanos a trav&eacute;s de un patr&oacute;n complejo de mediaci&oacute;n informal. &#91;... &#93; En gran medida, aun con la competencia y alternancia pol&iacute;ticas, la estructura del Estado permanece b&aacute;sicamente inalterada" (p. 169). Esto es claramente posible, pero es una de las varias explicaciones posibles, y el asunto merece m&aacute;s que la breve discusi&oacute;n dedicada en las conclusiones. Adem&aacute;s, la explicaci&oacute;n elegida por Selee deja sin especificar el mecanismo causal. &iquest;Se trata de una simple inercia hist&oacute;rica? &iquest;Ser&aacute; que la clase pol&iacute;tica mexicana est&aacute; culturalmente predispuesta a actuar por las v&iacute;as informales, de modo que reproduce instituciones estatales neocorpo&#45;rativas?, o &iquest;existen motivos estrat&eacute;gicos para mantener o reactivar canales informales de mediaci&oacute;n de intereses aun en el escenario competitivo de hoy? Todo esto es importante porque si, como sostiene Selee, el poder informal sigue lastrando la rendici&oacute;n de cuentas democr&aacute;tica, entonces proponer una soluci&oacute;n exige que entendamos el origen del problema. Precisamente porque resulta tan convincente el argumento que vincula el poder informal con la respuesta democr&aacute;tica, este libro invita a todos los lectores a pensar m&aacute;s en por qu&eacute; el poder informal persiste y qu&eacute; se puede hacer para contrarrestar sus efectos.</font></p>      ]]></body>
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