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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Salud, desarrollo urbano y modernización en Guadalajara (1797-1908), de Lilia Oliver]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b><i>Salud, desarrollo urbano y modernizaci&oacute;n en Guadalajara (1797&#45;1908)</i>, de Lilia Oliver</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Agust&iacute;n Vaca*</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Investigador de El Colegio de Jalisco&#45;INAH.</i></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiz&aacute; lo menos importante para los lectores de este libro sea saber que es producto de varios a&ntilde;os de una investigaci&oacute;n bien planeada y mejor realizada, misma que le vali&oacute; a Lilia Oliver el t&iacute;tulo de doctora en Ciencias Sociales, avalado por la Universidad de Guadalajara y el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropolog&iacute;a Social, y que su forma final est&aacute; integrada por 375 p&aacute;ginas, divididas entre los agradecimientos, la introducci&oacute;n, seis cap&iacute;tulos, las conclusiones, la bibliograf&iacute;a de que se ech&oacute; mano en la confecci&oacute;n de la obra, cinco ap&eacute;ndices, dos &iacute;ndices, las abreviaciones que aparecen en el texto y una lista de cuadros, gr&aacute;ficos y planos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, creo que es necesario resaltar que ninguna de las partes mencionadas resulta ociosa, pues cada una satisface una exigencia metodol&oacute;gica, cuyo h&aacute;bil manejo da por resultado el valioso instrumento que pone en nuestras manos para ayudarnos a comprender, por medio de un lenguaje claro, sobrio, preciso y &aacute;gil, las relaciones concretas entre la salud p&uacute;blica, el desarrollo urbano y el proceso de modernizaci&oacute;n de Guadalajara. Desde el momento de trasladarse al valle de Atemajac, en 1542, Guadalajara empez&oacute; a perfilarse como una de las ciudades m&aacute;s importantes, primero de la Nueva Espa&ntilde;a, y luego de la Rep&uacute;blica Mexicana. El trayecto que ha seguido la ciudad, y en consecuencia Jalisco, ha sido objeto de un sinn&uacute;mero de estudios emprendidos desde disciplinas diferentes que abordan asuntos tales como los or&iacute;genes de la ciudad, su crecimiento, los problemas para abastecerla de agua, los transportes, sus caracter&iacute;sticas culturales, la evoluci&oacute;n del sistema educativo, la vida econ&oacute;mica, las vicisitudes sociopol&iacute;ticas, las relaciones entre el Estado y la Iglesia cat&oacute;lica, por no mencionar sino algunos de los temas que han merecido la atenci&oacute;n de los estudiosos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todo esto ha conformado una voluminosa e importante literatura cient&iacute;fico&#45;social que hace de Guadalajara y de Jalisco una de las regiones mejor conocidas del pa&iacute;s. Sin embargo &#151;y esto lo digo sin la menor intenci&oacute;n de reproche o censura&#151;, hasta hace relativamente poco tiempo la mayor&iacute;a de tales estudios eran m&aacute;s bien an&aacute;lisis monofocales, dedicados al escudri&ntilde;amiento de un problema bien definido, sin que en ellos se establecieran las relaciones con otras concomitantes que contribuir&iacute;an a una comprensi&oacute;n m&aacute;s adecuada del fen&oacute;meno en cuesti&oacute;n, cosa que redundaba en un conocimiento parcial y en ocasiones superficial de la evoluci&oacute;n socio hist&oacute;rica de la regi&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como quiera que sea, gracias a esta copiosa literatura, los tapat&iacute;os, nativos o por adopci&oacute;n, hemos adquirido una clara conciencia del significativo lugar que ocupamos, para bien o para mal, no s&oacute;lo ante los ojos de nuestros connacionales sino tambi&eacute;n ante los de los extranjeros. Todos nos enorgullecemos de vivir en la que hoy se considera la ciudad m&aacute;s bella de M&eacute;xico, la capital de Jalisco, estado emblem&aacute;tico de la mexicanidad, y para confirmar esto, all&iacute; est&aacute;n los mariachis, el tequila y lo charros. Vivimos estas condiciones del presente como si siempre hubiera sido as&iacute;, y tal vez por eso nos asombramos con cierta indignaci&oacute;n cuando nos vemos obligados a enfrentar las evidencias de un pasado ni muy lejano ni tan glorioso de la Perla de Occidente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todo lo anterior viene a cuento por dos razones: la primera es que, ya desde la "Introducci&oacute;n", advertimos que el trabajo de la doctora Oliver abandona la visi&oacute;n unidimensional de que antes habl&eacute; para ubicarse dentro de los derroteros de la historiograf&iacute;a m&aacute;s actual que se afana en desvelar las relaciones entre distintos campos de conocimiento, en este caso, el de la historia, medicina y salud p&uacute;blica, dos aspectos de una misma realidad que hasta antes se hab&iacute;an analizado de manera paralela, sin que se hicieran esfuerzos por encontrar un punto de contacto. Desde mi punto de vista, esta intenci&oacute;n relacional abarca m&aacute;s de los dos aspectos que declara la autora, como intentar&eacute; explicar m&aacute;s adelante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda raz&oacute;n es que desde las primeras l&iacute;neas nos percatamos de que estamos ante una obra que aborda asuntos poco explorados y que para hacerlo es necesario atreverse a poner en tela de juicio algunos lugares comunes que se dan por sentado como si fueran hechos ciertos y comprobados. En efecto, lo primero con que nos topamos en las primeras p&aacute;ginas del libro es que casi hasta principios del siglo XX Guadalajara estaba muy lejos de merecer el apelativo de la Perla de Occidente, pues, para verg&uuml;enza de nuestros antepasados, se significaba por ser una ciudad sucia y maloliente, cuyos habitantes tampoco ten&iacute;an por prenda el aseo personal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En descargo de esta situaci&oacute;n, se nos hace saber que condiciones similares tambi&eacute;n pod&iacute;an apreciarse en otras latitudes del mundo, cosa que no evita el que el doctor Miguel Galindo, citado por Lilia Oliver, haya destacado que la mayor&iacute;a de las habitaciones que ocupaban los trabajadores de Guadalajara tuvieran poco que ver con las que exist&iacute;an en la industrializada Inglaterra, y que las locales tuvieran m&aacute;s semejanza con las zah&uacute;rdas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero la puesta en juicio de la intemporal belleza de Guadalajara no es, por supuesto, lo m&aacute;s jugoso de este trabajo, aunque s&iacute; una introducci&oacute;n indispensable al resto de asuntos que en este libro se tratan. De acuerdo con la autora, la modernizaci&oacute;n de Guadalajara lleva impl&iacute;citos tres procesos simult&aacute;neos que se refuerzan entre s&iacute;: la secularizaci&oacute;n de la vida p&uacute;blica, la medicalizaci&oacute;n de los hospitales y la profesionalizaci&oacute;n de los m&eacute;dicos. La obra se dedica a desvelar las relaciones que guardan entre s&iacute; dichos procesos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay que decir que este empe&ntilde;o oblig&oacute; a la doctora Oliver a adentrarse en otras &aacute;reas de la vida p&uacute;blica para poder ofrecernos un panorama m&aacute;s amplio que nos permite conocer, lo m&aacute;s cercanamente posible, lo que realmente sucedi&oacute;. En este sentido, creo que uno de sus mayores aciertos es el de haber puesto la mirada no en lo que sucede en la superficie, sino en los procesos internos que s&oacute;lo se advierten cuando se manifiestan como un problema de inaplazable soluci&oacute;n, la cual exige un reacomodo del sistema socio&#45;pol&iacute;tico prevaleciente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De ah&iacute; que una parte sustancial de este libro contenga un fino an&aacute;lisis de las corrientes de pensamiento en que se sustentan las acciones concretas que los distintos grupos sociales llevan a cabo para cristalizarlas. En consecuencia, dicho an&aacute;lisis no pod&iacute;a menos que partir de una revisi&oacute;n de la misi&oacute;n de las primigenias instituciones hospitalarias, creadas bajo el concepto de la caridad cristiana, destinadas m&aacute;s que a buscar la recuperaci&oacute;n de la salud de los hu&eacute;spedes, a procurarles un paliativo transitorio a sus necesidades m&aacute;s apremiantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde su nacimiento, pues, los hospitales estuvieron en manos de la clerec&iacute;a, en tanto que el arte de curar enfermedades se hab&iacute;a desarrollado desde milenios en un medio guiado por preceptos morales y &eacute;ticos puestos al servicio de los individuos y de su sociedad. A partir de la Alta Edad Media, la Iglesia cat&oacute;lica sustituy&oacute; esta moral laica con los preceptos religiosos, imponiendo as&iacute; la primac&iacute;a de la salvaci&oacute;n del alma sobre la del cuerpo; por eso en sus hospitales s&oacute;lo se admitir&iacute;a a los enfermos que presentaran una constancia de confesi&oacute;n. Desde entonces, m&eacute;dicos y cirujanos tendr&iacute;an pr&aacute;cticamente prohibido el acceso a tales establecimientos hasta bien entrado el siglo XVI, y esto s&oacute;lo en caso de extrema necesidad.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiz&aacute; aqu&iacute; valga la pena mencionar el caso de la escuela de medicina de Salerno. En la fundaci&oacute;n de esta escuela, hacia el siglo X, intervinieron un griego, un cristiano, un musulm&aacute;n y un jud&iacute;o, y sus m&eacute;dicos gozaban de la confianza de los monjes benedictinos de la localidad; pero adem&aacute;s de este ejemplo de laicismo y hasta de ecumenismo, los planes de estudio estaban centrados en el empirismo y la observaci&oacute;n, la medicina y la cirug&iacute;a no estaban separadas, y entre sus estudiantes y profesores no escaseaban las mujeres. Todo esto sirvi&oacute; para que, al fundarse las primeras universidades europeas en el siglo XII, adoptaran el plan de estudios salernitano, s&oacute;lo que en ellas el estudio de la medicina estuvo en manos del clero. Creo que ser&iacute;a justo agregar que la escuela de Salerno tambi&eacute;n hubiera podido servir de ejemplo a las escuelas de medicina contempor&aacute;neas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Evidentemente, con la llegada de los espa&ntilde;oles a estas latitudes, tambi&eacute;n se trasladaron con ellos sus instituciones entre las que se contaban las hospitalarias y m&eacute;dicas, mismas que prevalecieron a lo largo de tres siglos. Como bien lo documenta la doctora Oliver, ser&aacute; el Siglo de las Luces, la edad de la raz&oacute;n con sus propuestas revolucionarias de cambio social en el m&aacute;s amplio sentido de la palabra, la que venga a impulsar tambi&eacute;n la transformaci&oacute;n de las actividades que giran en torno de la conservaci&oacute;n y recuperaci&oacute;n de la salud, tanto individual como colectiva.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ya para entonces, las presiones del crecimiento insospechado de los asentamientos humanos, cuyos efectos en Guadalajara nos describe v&iacute;vidamente la autora, obligan a recurrir a otras formas de considerar la ciudad, entre las cuales predomina el paradigma del organismo, paradigma que se fundamenta en los saberes m&eacute;dicos que, con el auxilio de otras ciencias afines, conforman un sistema pericial espec&iacute;ficamente centrado en los problemas urbanos, sistema que recibi&oacute; el nombre de higiene. Este vocablo, a principios del siglo XIX, era sin&oacute;nimo de salud p&uacute;blica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La necesidad de dar una explicaci&oacute;n adecuada del establecimiento de la corriente higienista, lleva a la doctora Oliver a adentrarse en las dif&iacute;ciles relaciones entre pensamiento filos&oacute;fico, pol&iacute;tica y ciencia. De tal an&aacute;lisis, destaca la labor que desarrollaron los m&eacute;dicos decimon&oacute;nicos establecidos en Guadalajara en la concreci&oacute;n de algunos principios del positivismo, bajo cuyo influjo se logra la integraci&oacute;n de la pr&aacute;ctica y de la ense&ntilde;anza de la medicina a los establecimientos hospitalarios, es decir, la medicalizaci&oacute;n de tales centros, y el consecuente viraje de la atenci&oacute;n hacia el bienestar del cuerpo, dejando el del alma a los curas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero tambi&eacute;n nos hace ver las contradicciones que present&oacute; la misma corriente filos&oacute;fica, pues "por un lado valor&oacute; a la ciencia como fuente de progreso y conocimiento pr&aacute;ctico, y por el otro propag&oacute; una ret&oacute;rica a favor de la investigaci&oacute;n que s&oacute;lo fue discurso". De tal suerte, a pesar del apoyo que prest&oacute; el aparato gubernamental al desarrollo de la ciencia m&eacute;dica, que quiz&aacute; fue la que mayores frutos rindi&oacute; bajo el influjo del positivismo en M&eacute;xico, el esfuerzo sirvi&oacute; m&aacute;s que nada a dar "respetabilidad a los m&eacute;dicos", y elevar a esta ocupaci&oacute;n al rango de profesi&oacute;n con un prestigio social innegable.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La explicaci&oacute;n a este fracaso parcial se encuentra en la lucha pol&iacute;tica que se escenificaba por esos a&ntilde;os en el pa&iacute;s y que ten&iacute;a por principales contendientes a liberales y conservadores, asunto que trata la doctora Oliver con sutileza y profundidad, mediante el an&aacute;lisis de los problemas que se suscitaron en el campo de la salud con la secularizaci&oacute;n de la vida p&uacute;blica nacional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, conviene destacar el descubrimiento que hace la doctora Oliver de las motivaciones que llevaron a la jerarqu&iacute;a eclesi&aacute;stica a fomentar la apertura de establecimientos dedicados a proveer de servicios asistenciales a los menos favorecidos por la fortuna, que si bien contribuyeron al desarrollo de las ciencias m&eacute;dicas, creo que un gran acierto de Lilia fue el de concluir que, por encima de esto, se encontraba "la intenci&oacute;n clara de la Iglesia por recuperar espacios perdidos, a ra&iacute;z de las leyes de Reforma, en la atenci&oacute;n de pobres y desvalidos".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por una parte, el resultado de este an&aacute;lisis disminuye la importancia que se hab&iacute;a dado a la "pol&iacute;tica de conciliaci&oacute;n" emprendida por Porfirio D&iacute;az en lo que toca a facilitar la reorganizaci&oacute;n de la instituci&oacute;n eclesi&aacute;stica despu&eacute;s de los aparentes descalabros que sufri&oacute; con las leyes mencionadas. Por otro lado, se trata de un aspecto poco conocido de las numerosas confrontaciones que en nuestro medio han sostenido el gobierno eclesi&aacute;stico y el civil.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De tal suerte, <i>Salud, desarrollo urbano y modernizaci&oacute;n en Guadalajara</i> nos ense&ntilde;a que las luchas por el poder no s&oacute;lo se solucionan por medio de las armas, sino que adoptan las formas m&aacute;s insospechadas, desde las m&aacute;s solapadas hasta las evidentes a simple vista. En este caso, las pugnas entre el Estado &#151;que se esfuerza por lograr una vida p&uacute;blica racional lejos de la influencia religiosa&#151; y el poder clerical &#151;que no ceja en sus intentos por recobrar las canonj&iacute;as de que disfrutara hasta antes de la Reforma pol&iacute;tica, social y econ&oacute;mica iniciada hacia los finales del primer tercio del siglo XIX por los liberales&#151; ocultan otras luchas no tan grandiosas pero no por eso menos importantes, como son las de la sabidur&iacute;a contra la ignorancia, la ciencia contra los prejuicios o la limpieza contra la mugre, y que no son sino distintas manifestaciones de la aspiraci&oacute;n a vivir en una sociedad m&aacute;s libre, m&aacute;s justa y m&aacute;s sana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Creo que al sacar a la luz esas luchas ocultas para ponerlas en el curso de la historia, la doctora Oliver cumple con creces sus prop&oacute;sitos de establecer las relaciones entre la salud p&uacute;blica, el desarrollo urbano y la modernizaci&oacute;n de Guadalajara.</font></p>          ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Nota</b></font></p>      	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lilia Oliver, <i>Salud, desarrollo urbano y modernizaci&oacute;n en Guadalajara (1797&#45;1908).</i> Guadalajara: Universidad de Guadalajara, 2003.</font></p>      ]]></body>
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