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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;a</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="4">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Los avances de la educaci&oacute;n en Sonora, bajo don Porfirio y la Revoluci&oacute;n<a href="#notas">*</a></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Servando Ortoll**</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>  Hermosillo, Sonora, M&eacute;xico: Gobierno del Estado de Sonora, Secretar&iacute;a de Educaci&oacute;n y Cultura, 230 pp.</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>** Centro de Investigaciones Culturales&#150;Museo Universidad Aut&oacute;noma de Baja California, Reforma y L s/n, Col. Nueva, 21100, Mexicali, Baja California, M&eacute;xico. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:ortoll@msn.com">ortoll@msn.com</a></i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo tomo de la <i>Historia de la educaci&oacute;n en Sonora,</i><sup><a href="#notas">1</a></sup> de Ricardo Arag&oacute;n P&eacute;rez, muestra c&oacute;mo escribir historia de la educaci&oacute;n en otros estados de la Rep&uacute;blica. Me refiero con ello no s&oacute;lo a su presentaci&oacute;n (el libro est&aacute; confeccionado en papel <i>couch&eacute; matte </i>de 80 libras, con una portada <i>couch&eacute; cover </i>de 100, un terminado engomado al calor con barniz UV e impreso a dos tintas, rojo rub&iacute; y negra), sino por encima de todo, a sus contenidos. Arag&oacute;n P&eacute;rez y su equipo dedicaron cientos de horas a elaborar este tomo. Para ello se basaron en fuentes de primera mano (leyes, informes, fotograf&iacute;as, documentos de archivos, una ampl&iacute;sima hemerograf&iacute;a), as&iacute; como en reconocidas obras publicadas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero para convertir este tomo en un ejemplo a seguir por otros historiadores de la educaci&oacute;n, se debe auscultar el libro con detenimiento.   Est&aacute; formado de manera tal que textos y materiales puntuales &#150;como fotograf&iacute;as de individuos y de grupos; de locales e incluso de animales para la agricultura y reproducciones facsimilares de portadas de decretos, leyes, peri&oacute;dicos, sellos, cartas autografiadas&#150;, se combinan de manera clara y armoniosa. La obra en s&iacute;, sin llegar todav&iacute;a a sus contenidos, podr&iacute;a f&aacute;cilmente ser apreciada por su mensaje did&aacute;ctico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una y otra vez me sorprendi&oacute; el esmero con que Ricardo Arag&oacute;n seleccion&oacute; las tomas (en su mayor&iacute;a de excelente calidad) que ilustran las p&aacute;ginas de este tomo. Las hay de todos tipos y, en la obra, est&aacute;n dispuestas en los lugares precisos. As&iacute; obtenemos una idea del tipo de edificios educativos de los que habla, del rostro de los personajes que menciona &#150;muchos de ellos no reconocidos en el &aacute;mbito nacional como h&eacute;roes patrios, lo que significa que sus retratos no fueron f&aacute;ciles de hallar. Incluso Arag&oacute;n muestra las fotograf&iacute;as del padre y la abuela de un hombre que s&iacute; pertenece a nuestra historia nacional: el guaymense Plutarco El&iacute;as Calles. En otras palabras y para el no interesado en historia de la educaci&oacute;n, el mismo hecho de revisar el libro y observar las ilustraciones, lo incitar&aacute; a investigar &#150;es decir, a leer m&aacute;s&#150; sobre los temas que aqu&iacute; aparecen.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La obra contiene cuatro secciones divididas en cap&iacute;tulos o apartados y culmina coronada por ocho anexos documentales y unas notas finales que sintetizan la obra en su conjunto. Contrario a lo que acontece con buena parte de los libros de historia sobre la educaci&oacute;n, y quiz&aacute; debido a que Ricardo Arag&oacute;n P&eacute;rez es oriundo del puerto de Guaymas, y no de Hermosillo, la capital del estado de Sonora, esta obra contiene informaci&oacute;n que involucra a otros lugares de la entidad. Y al actuar de esta manera el autor abandona la tradicional <i>historia municipal &#150;es </i>decir la que se centra en un municipio, generalmente aqu&eacute;l en el que se sit&uacute;a la capital del estado&#150; y nos presenta una historia netamente estatal.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ricardo Arag&oacute;n inicia su an&aacute;lisis con el legado del antiguo r&eacute;gimen, y termina en 1920, a&ntilde;o en que oficialmente, al menos, concluy&oacute; la Revoluci&oacute;n mexicana. Uno de los ejes que toma el autor a lo largo de su libro, es el de analizar la instrucci&oacute;n p&uacute;blica en sus niveles m&aacute;s elementales. Y quiz&aacute; guiado por el entusiasmo y el amor a su terru&ntilde;o, Arag&oacute;n dedica buena parte de su tiempo a subrayar (y con esto a convencer al lector: conmigo casi lo logr&oacute;) lo avanzado que se encontraba el estado de Sonora en materia de legislaci&oacute;n educativa, no solamente durante los aciagos a&ntilde;os revolucionarios, sino a partir del r&eacute;gimen de Porfirio D&iacute;az. R&eacute;gimen que los legos rara vez identificamos como uno de grandes mejoras educativas para la poblaci&oacute;n rural y urbana. Pero los datos y la informaci&oacute;n all&iacute; est&aacute;n (puede incluso observarse la toma fotogr&aacute;fica de dos de los mesabancos que el gobierno del estado distribu&iacute;a por la entidad), para quien dude de las aseveraciones que aparecen en este tomo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que encontramos a lo largo de la obra es algo que debi&oacute; repetirse a lo ancho de toda la Rep&uacute;blica: un constante ir y venir de pol&iacute;ticas emanadas del centro hacia la periferia, con el af&aacute;n de que esta &uacute;ltima (no hablo tan s&oacute;lo de los gobiernos estatales, sino tambi&eacute;n los municipales) se encargara de la educaci&oacute;n. Y luego marchas atr&aacute;s, ajustes en las pol&iacute;ticas centralistas y un nuevo comienzo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una de las tesis que maneja Ricardo Arag&oacute;n es que bajo Porfirio D&iacute;az la legislaci&oacute;n educativa en Sonora estaba tan consolidada, que repercuti&oacute; durante la d&eacute;cada revolucionaria: al menos desde el Porfiriato los sonorenses se preocuparon, adem&aacute;s de instruir a sus estudiantes, por preparar a sus profesores. S&oacute;lo as&iacute; se alcanzaban los lugares m&aacute;s rec&oacute;nditos y se distribu&iacute;a el saber de manera m&aacute;s equitativa.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor toca temas poco analizados por otros historiadores de la educaci&oacute;n, a saber, fiestas escolares que eran "organizadas y aprovechadas como un medio m&aacute;s para estimular el adelanto de la ense&ntilde;anza, y &#91;cuya&#93; celebraci&oacute;n significaba la coronaci&oacute;n de los esfuerzos realizados en materia educativa" (p. 40). Tambi&eacute;n presenta la historia sucinta de escuelas para mujeres &#150;que &eacute;l llama "femeniles"&#150;, en particular el caso de la "Leona Vicario". Y para ilustrar este cap&iacute;tulo rescata las fotograf&iacute;as de dos estudiantes destacadas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su obra, Ricardo Arag&oacute;n se aparta de la historia oficial. Cierto es que a veces muestra un distanciamiento de &#150;o disgusto con&#150; las escuelas privadas, en particular con aquellas en las que se impart&iacute;an cursos relacionados con la religi&oacute;n cat&oacute;lica; pero hasta donde le es posible, y a riesgo de que se tome su postura como adversa a los triunfos sonorenses en materia de educaci&oacute;n, despliega la otra cara de la moneda, y critica &eacute;ste o aquel sistema, &eacute;ste o aquel plantel educativo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra de las maneras poco ortodoxas en las que el autor elabor&oacute; su libro fue presentar mini biograf&iacute;as de hombres que combinaron el rifle con la pizarra, o trocaron esta &uacute;ltima por el fusil (p. 65). Estas mini biograf&iacute;as proyectan luz sobre individuos hasta ahora poco conocidos: ya sea que se trate de sonorenses (no todos provenientes de la capital del estado) que influyeron en las vidas de personas <i>fuera </i>de Sonora, o de individuos que, procedentes del exterior, tuvieron mucho que ver con la manera en que se desarrollaron los eventos <i>dentro </i>del estado. Tales biograf&iacute;as, lo menciono de paso, m&aacute;s que satisfacer nuestra curiosidad sobre las personas mismas, se&ntilde;alan una ruta a seguir para quienes dejemos el papel pasivo de lectores y nos dirijamos a los archivos en pos de m&aacute;s informaci&oacute;n sobre estos individuos: algunos de ellos maderistas, otros carrancistas que, con su pluma, el autor les ha dispensado preeminencia hist&oacute;rica.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una caracter&iacute;stica adicional de este libro es que cada cap&iacute;tulo es autocontenido, y si bien avanza en el sentido cronol&oacute;gico la historia que va narrando, con frecuencia concede sorpresas interesantes. Nos enteramos as&iacute; de los distintos experimentos en torno a qui&eacute;n deb&iacute;a encargarse de la educaci&oacute;n &#150;&iquest;el municipio?, &iquest;el estado?, &iquest;la federaci&oacute;n?&#150;, y de historias que podr&iacute;an f&aacute;cilmente caer en el terreno de lo anecd&oacute;tico, si no fuera porque est&aacute;n documentadas acorde con las normas m&aacute;s estrictas de la historiograf&iacute;a. Un ejemplo es la historia de las escuelas que surgieron en Sonora para combatir el analfabetismo. Aqu&iacute; tambi&eacute;n cabe la pregunta de &iquest;a qui&eacute;n correspond&iacute;a la tarea de arrancar a los adultos de las garras de la ignorancia? &iquest;Al Estado?, &iquest;a voluntarios particulares? Ricardo Arag&oacute;n recalca que:</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los dirigentes del estado &#91;de Sonora&#93; fueron sensibles a la necesidad de reducir al m&iacute;nimo el exagerado n&uacute;mero de analfabetas adultos, decretando leyes, interesando a los letrados en la instrucci&oacute;n de los iletrados y recompensando econ&oacute;micamente a los que participaran como instructores de analfabetas (p. 91).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra de las sorpresas en el libro es que el autor deja atr&aacute;s al estado de Sonora para acompa&ntilde;ar a dos sonorenses en su viaje a la ciudad de M&eacute;xico, cuando asistieron al Congreso Nacional de Educaci&oacute;n Primaria. Los detalles los encontrar&aacute;n los interesados en la obra misma, pero, de nuevo, al revisar por segunda vez esta obra, como lector, me intrigaron los relatos que Arag&oacute;n seleccion&oacute;: vari&aacute;ndolos y sin perder de vista que su objetivo era presentar, ante propios y extra&ntilde;os, lo avanzado de la educaci&oacute;n en Sonora, antes y durante la Revoluci&oacute;n. Pero al escoger varios de estos casos (de los cuales discutir&eacute; uno m&aacute;s adelante), no dejan de asombrar los artificios de que Arag&oacute;n se vali&oacute; para retener al lector.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De toda la obra, los cuatro cap&iacute;tulos que me cautivaron narran el papel que Plutarco El&iacute;as Calles, como gobernador, desempe&ntilde;&oacute; en su estado para fomentar la educaci&oacute;n, y c&oacute;mo otro guaymense, Adolfo de la Huerta, lo secund&oacute; y abund&oacute; en esos primeros esfuerzos hasta constituir algo ins&oacute;lito: una escuela para los hu&eacute;rfanos de la Revoluci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, comparto el desaliento que Ricardo Arag&oacute;n muestra al relatar la fallida historia de la Escuela Regional de Villa de Seris. El autor rememora c&oacute;mo, en el ejercicio mismo de sus labores como gobernador del estado, Plutarco El&iacute;as Calles no abandon&oacute; su amor por la docencia. En su papel de gobernador, Calles &#150;quien al inicio altern&oacute; su carrera como educador con la de periodista independiente&#150; promovi&oacute; con empe&ntilde;o la educaci&oacute;n: "Convencido de que 'la instrucci&oacute;n de las masas es y debe ser uno de los ideales de la actual Revoluci&oacute;n'", cuenta Arag&oacute;n:</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Plutarco El&iacute;as Calles, Gobernador y Comandante Militar del Estado, refrend&oacute; su lucha "contra el yugo de la ignorancia", decretando: "En todo rancho, hacienda, congregaci&oacute;n, negociaci&oacute;n minera o de labranza y en general en toda reuni&oacute;n de familias, ya sea permanente o temporal, donde haya veinte ni&ntilde;os de edad escolar, se establecer&aacute;n las escuelas necesarias y clasificadas seg&uacute;n la Ley de la materia" (p: 115).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bajo Calles se organiz&oacute; en Hermosillo un Congreso de Educaci&oacute;n Nacional gracias al cual se sentaron las bases de una Escuela Normal y de una escuela de artes y oficios para hu&eacute;rfanos, denominada "Cruz G&aacute;lvez".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El entusiasmo de Calles por la educaci&oacute;n, como dije, lo hered&oacute; Adolfo de la Huerta, quien fund&oacute; una "Escuela Regional de Agricultura" en Villa de Seris; una "Escuela N&aacute;utica" en Guaymas, as&iacute; como una escuela para reos en la penitenciar&iacute;a de Hermosillo. A su arribo a la gubernatura, De la Huerta se encontr&oacute; con la que &eacute;l denomin&oacute; "la hermos&iacute;sima instituci&oacute;n de la Escuela Industrial de Hu&eacute;rfanos", que era la "Cruz G&aacute;lvez", obra del propio Calles e instalada en el antiguo edificio del Seminario. Ricardo Arag&oacute;n dedica muchas p&aacute;ginas a este establecimiento, "que dar&iacute;a 'pan, asilo, educaci&oacute;n y la m&aacute;s completa protecci&oacute;n a todos los ni&ntilde;os desamparados de Sonora, cuyos padres sucumbieron en la Revoluci&oacute;n'" (p. 127).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dicha escuela, para varones y mujeres, obtuvo resultados alentadores tras el primer a&ntilde;o de funcionamiento. Hubo reveses: la escuela se encontraba en un sitio extraordinariamente insalubre, pero incluso para estos casos los hu&eacute;rfanos estaban prevenidos: los estudiantes del taller de carpinter&iacute;a aprendieron a fabricar ata&uacute;des, donde colocaban religiosamente a los ca&iacute;dos: no los de la Revoluci&oacute;n, sino los contagiados por las enfermedades que rondaban a los residentes de la escuela. A la postre, la "Cruz G&aacute;lvez" se vio rodeada de &eacute;xitos, al obtenerse, mediante donaciones particulares, suficientes fondos para reubicar la instituci&oacute;n y para que esta escuela permaneciera hasta nuestros d&iacute;as.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Historia contraria es la de la Escuela Regional de Villa de Seris que clausur&oacute; sus puertas gracias a la miop&iacute;a de las autoridades educativas en turno. Ricardo Arag&oacute;n lamenta que &eacute;ste fuera el caso, lo que sugiere que a lo largo de esta historia, <i>su historia, </i>ha puesto un ojo al gato y otro al garabato: ha pensado c&oacute;mo los errores del pasado se han transmitido hasta nuestros d&iacute;as, y se felicita al descubrir que no todo fueron fracasos, como lo demuestra el ejercicio de la Escuela "Cruz G&aacute;lvez", que todav&iacute;a abre sus puertas a estudiantes sonorenses.<a href="#notas"><sup>2</sup></a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* Obra rese&ntilde;ada: Arag&oacute;n P&eacute;rez, Ricardo. (2003). <i>Historia de la educaci&oacute;n en Sonora </i>(Tomo 2).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> &#91;N. del Ed.&#93; Sonora es uno de los 31 estados y un distrito federal, que conforman M&eacute;xico. Est&aacute; ubicado en la zona noroeste, y colinda al este con el estado de Chihuahua, al sur con el estado de Sinaloa, al oeste con el Mar de Cortez o Golfo de California, al noroeste con el estado de Baja California y al norte con los estados estadounidenses de Arizona y Nuevo M&eacute;xico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Durante la segunda mitad de 2006 el gobierno del estado de Sonora anunci&oacute; sus planes de vender a un particular el terreno y el edificio de la "Cruz G&aacute;lvez". Se construir&iacute;a ah&iacute; un centro comercial. Oportunamente varios grupos se opusieron a que se demoliera el inmueble y el gobierno cancel&oacute; el proyecto. As&iacute;, se salv&oacute; un monumento que pertenece no s&oacute;lo al patrimonio hist&oacute;rico de Sonora, sino de todo M&eacute;xico.</font></p>      ]]></body>
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