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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Legados</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Recordando a Eric Wolf</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Juan Vicente Palerm</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>University of California&#45;Santa Barbara, Santa Barbara, California, Estados Unidos.</i> <a href="mailto:palerm@anth.ucsb.edu">palerm@anth.ucsb.edu</a></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mi presentaci&oacute;n tiene un car&aacute;cter m&aacute;s anecd&oacute;tico que las anteriores. Trata de recuerdos personales que tengo de Eric Wolf desde ni&ntilde;o. Los recuerdos hablan de Wolf y de su estrecha relaci&oacute;n con &Aacute;ngel Palerm y conmigo. La necrolog&iacute;a que Eric Wolf escribi&oacute; para &Aacute;ngel Palerm, publicada en el <i>American Anthropologist,</i> termina diciendo: "Para m&iacute; fue como un hermano mayor a quien extra&ntilde;ar&eacute; much&iacute;simo". Reclamo entonces a Eric Wolf como un t&iacute;o que tuvo una presencia importante en mi vida, tanta o m&aacute;s grande que la de mis t&iacute;os naturales: de ni&ntilde;o y adolescente fue cari&ntilde;oso conmigo y curioso de mis asuntos, de aspirante antrop&oacute;logo me brind&oacute; direcci&oacute;n y &aacute;nimo, y como colega cuestion&oacute;, siempre con cr&iacute;tica aguda pero constructiva, mis prop&oacute;sitos de investigaci&oacute;n. Recurro a algunos recuerdos, vivencias y correspondencia para ofrecer otro perfil, m&aacute;s privado y personal, de Eric Wolf.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Conoc&iacute; a Eric en 1951 cuando apenas ten&iacute;a siete a&ntilde;os y &eacute;l 28. De hecho, lo conoc&iacute; antes que &Aacute;ngel Palerm. Me acuerdo perfectamente porque me pareci&oacute; como gal&aacute;n de Hollywood o posiblemente por la impresi&oacute;n que me llev&eacute; ese d&iacute;a cuando mi padre regres&oacute; a la casa con la mitad de la cara vendada. El caso es que el momento qued&oacute; firmemente grabado en mi memoria. Eric toc&oacute; a la puerta de nuestro departamento de la calle Ebro en la colonia Cuauht&eacute;moc una noche en busca de mi padre, creo que enviado por Julian Steward &#151;su director de tesis&#151;, quien conoci&oacute; a Palerm indirectamente por su trabajo en Taj&iacute;n, patrocinado por el Institute of Social Anthropology de la Smithsonian Institution, que &eacute;l dirigi&oacute;. Pens&oacute;, con buen tino, que hab&iacute;a puntos de convergencia intelectual entre los dos j&oacute;venes reci&eacute;n egresados y que el encuentro les pod&iacute;a resultar beneficioso.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mi hermano Armando y yo nos encontr&aacute;bamos solos en la casa esa noche, pues mi padre se encontraba hospitalizado por una infecci&oacute;n de ojo. Eric se esforz&oacute; por explicarnos con mucha paciencia qui&eacute;n era y por qu&eacute; buscaba a Palerm, pero la verdad es que no le entendimos absolutamente nada. En retrospectiva, pienso que fue por sus acentos alem&aacute;n&#45;austriaco y estadounidense encimados sobre su, entonces, castellano boricua. Sac&oacute; una libreta de su morral de cuero, que ya entonces usaba como parte de su indumentaria, y escribi&oacute; una nota que dej&oacute; a nuestro cuidado con instrucciones de entregarla a nuestro padre. Sospecho que se retir&oacute; de nuestra casa con poca confianza en que los dos escuincles completaran el encargo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El caso es que poco despu&eacute;s &Aacute;ngel Palerm y Eric Wolf se encontraron y dio comienzo una larga, estrecha y fruct&iacute;fera relaci&oacute;n que durar&iacute;a hasta la muerte de Palerm en 1980. Los uni&oacute; no s&oacute;lo su inter&eacute;s por una antropolog&iacute;a emergente que inclu&iacute;a de manera central temas y problemas de la sociedad moderna y cuestiones de justicia social, sino sobre todo su condici&oacute;n y experiencia de exiliados, su fraternidad como excombatientes armados contra el fascismo y su intolerancia sin cuartel a cualquier guiso absolutista o totalitario que limitara los derechos individuales y la libertad de pensamiento. Compartieron tambi&eacute;n el inter&eacute;s por el marxismo "cient&iacute;fico" no doctrinario que aplicaron a sus investigaciones y que defini&oacute; sus muchas discusiones te&oacute;ricas, no siempre resueltas, pero que alimentaron la investigaci&oacute;n emp&iacute;rica de los dos. A final de cuentas, en el pr&oacute;logo de su <i>Europe and the People Without History,</i> Wolf lament&oacute; que Palerm muriera antes de leer su manuscrito, hecho que lo priv&oacute; de sus penetrantes comentarios. Wolf, sin embargo, tuvo la oportunidad de comentar los ensayos incluidos en el &uacute;ltimo libro de Palerm, <i>Antropolog&iacute;a y marxismo.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de 1951, Wolf tuvo una presencia sostenida en mi vida cotidiana. En el verano de 1954 acompa&ntilde;&eacute; a Wolf, Palerm y Pedro Armillas en sus extensos recorridos por el Acolhuacan. M&aacute;s sobre esto despu&eacute;s. En 1956 viaj&eacute; con Wolf y Palerm desde Washington, D. C. al Distrito Federal y de ah&iacute; a San Crist&oacute;bal de las Casas, pasando por Oaxaca y Salina Cruz. Regresamos en plena temporada de lluvias por la costa del Golfo a Veracruz sobre lo que entonces era una carretera de terracer&iacute;a sin puentes. Calculo que pas&eacute; al menos 20 d&iacute;as sentado en el asiento trasero del carro escuchando las conversaciones incesantes de los dos antrop&oacute;logos, disecando los m&uacute;ltiples y variados paisajes naturales y humanos de Estados Unidos y Mesoam&eacute;rica. Cuando, mucho despu&eacute;s, le&iacute; <i>Sons of the Shaking Earth</i> me di cuenta de que ya hab&iacute;a internalizado mucho del material e ideas que el libro contiene.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 1957 pas&eacute; parte del verano en Charlottesville, Virginia, como hu&eacute;sped de los Wolf. Eric me llev&oacute; a Monticello, la casa de Thomas Jefferson, y me ense&ntilde;&oacute; sobre todo la parte productiva de la plantaci&oacute;n, incluyendo las barracas de los esclavos y la colecci&oacute;n de apeos agr&iacute;colas &#151;paleot&eacute;cnicos&#151; y, con mucho menos &eacute;nfasis, la parte dom&eacute;stica y elegante del palacete "italiano". Durante la primera mitad de la d&eacute;cada de 1960, cuando yo estaba todav&iacute;a en preparatoria, recuerdo largas conversaciones en nuestra casa sobre Cuba, la campa&ntilde;a electoral que llev&oacute; a Kennedy a la Casa Blanca y la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos, incluso en relaci&oacute;n con la marcha sobre Washington, donde resid&iacute;amos en 1963. Durante una visita, ley&oacute; con inter&eacute;s un trabajo que escrib&iacute; para mi clase de ingl&eacute;s sobre la novela <i>Lord of the Flies,</i> de William Golding, a partir de la conocida dicotom&iacute;a Hobbs&#45;Rousseau sobre la naturaleza humana. Me felicit&oacute; y me mand&oacute; a leer <i>El origen de la desigualdad entre los hombres</i> de Rousseau y otra novela de Golding, <i>The Inheritors,</i> basada en materiales antropol&oacute;gicos, con los cuales reescrib&iacute; el ensayo, que fue galardonado por el distrito escolar de mi escuela. Tambi&eacute;n me sugiri&oacute; leer <i>Moby Dick,</i> de Melville &#151;creo que era su novela preferida, pues no fue la primera ni la &uacute;ltima vez que me hizo esta recomendaci&oacute;n&#151;, cosa que no emprend&iacute; sino hasta a&ntilde;os despu&eacute;s, pero sin lograr entender su fascinaci&oacute;n por esa novela.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de 1968 intercambi&eacute; cartas con &eacute;l desde Espa&ntilde;a con cierta regularidad. Durante esos a&ntilde;os Wolf se encontraba inmerso en su trabajo de campo en Italia, interesado en temas del Mediterr&aacute;neo, pero tambi&eacute;n combatiendo las recriminaciones suscitadas en la AAA &#91;American Anthropological Association&#93; por el incidente Tailandia, que sigui&oacute; sobre los talones del esc&aacute;ndalo Camelot, es decir, por el uso de antrop&oacute;logos para fines militares y para apoyar acciones de contrainsurgencia en Am&eacute;rica Latina y el sureste asi&aacute;tico. El 5 de enero de 1971 se quej&oacute; de la desaparici&oacute;n de correspondencia de su despacho en la Universidad de Michigan, que atribuy&oacute; a un robo llevado a cabo por agentes federales y poco despu&eacute;s se mud&oacute; a Nueva York. Con su permiso, un grupo de estudiantes de antropolog&iacute;a en Madrid publicamos y difundimos sus art&iacute;culos sobre campesinos, su ensayo sobre la formaci&oacute;n de la naci&oacute;n y su art&iacute;culo "Anthropologists on the Warpath in Thailand", publicado con Joseph Jorgensen en el <i>New York Review of Books,</i> en un momento en que los antrop&oacute;logos espa&ntilde;oles apenas estaban descubriendo los trabajos de Robert Redfield sobre el campesinado y de Pitt Rivers sobre Espa&ntilde;a. Con su asesor&iacute;a introdujimos al pa&iacute;s literatura antropol&oacute;gica actualizada sobre los campesinos y el Mediterr&aacute;neo. Adem&aacute;s, creo que la inquietud que suscitaron los casos Tailandia y Camelot, especialmente entre la juventud, sacudieron a la antropolog&iacute;a espa&ntilde;ola que se encontraba todav&iacute;a en una etapa inocente e ingenua. Por cierto, vale la pena recordar que la amonestaci&oacute;n que recibi&oacute; Wolf de la AAA por levantar el asunto Tailandia en 1970 hace resonancia con la censura que recibi&oacute; Franz Boas de la misma Asociaci&oacute;n en 1919 cuando denunci&oacute; en una carta publicada en la revista <i>The Nation</i> el desempe&ntilde;o de antrop&oacute;logos como esp&iacute;as, refiri&eacute;ndose, entre otros, a los trabajos de Sylvanius Morley en Yucat&aacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Acolhuacan,1954</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante varios fines de semana del verano de 1954 una peque&ntilde;a tropa de chamacos acompa&ntilde;&oacute; a &Aacute;ngel Palerm, Pedro Armillas y Eric Wolf en sus recorridos por el Acolhuacan. Sal&iacute;amos del Distrito Federal de madrugada, apretados como sardinas en un Jeep Willis destartalado que Wolf hab&iacute;a manejado con Palerm desde Illinois, par&aacute;bamos en el mercado de Texcoco para comprar fruta y comida, y sub&iacute;amos al Tetzcutzingo remontando terrazas sembradas con ma&iacute;z y magueyes. De ah&iacute;, nos encamin&aacute;bamos sobre los cerros en busca de sitios de inter&eacute;s arqueol&oacute;gico y visitando comunidades campesinas y sus entornos. Una o dos veces al d&iacute;a par&aacute;bamos en alg&uacute;n paraje remoto donde Armillas, con su bast&oacute;n, demarcaba ciertas &aacute;reas que asignaba a cada chamaco con instrucciones de recoger todos los tepalcates que pudieran encontrar y meterlos en bolsas de papel numeradas. Armillas, por cierto, cojeaba marcadamente de una pierna debido a una herida que recibi&oacute; combatiendo el golpe franquista en Espa&ntilde;a. Mientras "cosech&aacute;bamos" tepalcates y obsidianas &#151;las obsidianas nos las qued&aacute;bamos nosotros&#151; los tres mayores se sentaban bajo la sombra de alg&uacute;n pirul donde platicaban y discut&iacute;an con &aacute;nimo y calor no necesariamente temas antropol&oacute;gicos, examinando de cuando en cuando el producto de nuestros esfuerzos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A&ntilde;os despu&eacute;s ca&iacute; en la cuenta de que dichos materiales fueron utilizados para establecer una cronolog&iacute;a tentativa del desarrollo econ&oacute;mico, social y cultural del Acolhuacan septentrional y para generar algunas hip&oacute;tesis de trabajo, que fueron plasmadas en dos art&iacute;culos escritos por Wolf y Palerm &#151;"Sistemas agr&iacute;colas y desarrollo del &aacute;rea clave del imperio texcocano" y "Agricultura de riego en el viejo se&ntilde;or&iacute;o del Acolhuacan"&#151; que, seg&uacute;n los estudiosos del tema, orientaron la direcci&oacute;n de la investigaci&oacute;n arqueol&oacute;gica y etnogr&aacute;fica de la regi&oacute;n y, adem&aacute;s, revitalizaron a la arqueolog&iacute;a y a la etnohistoria del Valle de M&eacute;xico con nuevas preguntas y problemas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El impacto de dichos trabajos, en retrospectiva, me sorprende un poco. No s&oacute;lo por la "cuadriculaci&oacute;n" poco ortodoxa de Armillas, quien con su bast&oacute;n apuntaba y dec&iacute;a: "t&uacute; de aquel arbusto a esa piedra y t&uacute; de la piedra al &aacute;rbol", sino especialmente debido a nuestras pr&aacute;cticas alarmantemente selectivas y prejuiciadas. Pronto descubrimos que ciertos tepalcates recib&iacute;an bastante atenci&oacute;n de los mayores &#151;en particular unos rojos y fragmentos con asas&#151; mientras el resto pasaba m&aacute;s bien inadvertido, de manera que empezamos a buscar y recoger los que evidentemente eran m&aacute;s deseables. Adem&aacute;s, en nuestro af&aacute;n por satisfacer, nos sal&iacute;amos de nuestros espacios asignados en busca de los tepalcates m&aacute;s apreciados. Ignoro si Armillas control&oacute; nuestras arbitrariedades, pero estoy seguro de que la muestra que recolectamos no cumplir&iacute;a con los c&aacute;nones m&aacute;s relajados de la arqueolog&iacute;a moderna; sin embargo, las cronolog&iacute;as resultantes pasaron la prueba del tiempo y las hip&oacute;tesis generadas impulsaron productivamente la investigaci&oacute;n y la teor&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un d&iacute;a, mientras recorr&iacute;amos los valles altos cerca de San Jer&oacute;nimo Amanalco, llegamos a un peque&ntilde;o manantial &#151;ojo de agua&#151; que inmediatamente atrajo la atenci&oacute;n de los jovencitos empolvados y acalorados. Como es natural, empezamos a aventar piedras con la intenci&oacute;n de salpicar a los otros, pero apenas hab&iacute;amos comenzado con esta diversi&oacute;n cuando aparecieron dos hombres vestidos de calz&oacute;n blanco y cargando una escopeta quienes procedieron a detenernos por da&ntilde;ar el manantial y molestar sus aguas. Nos encaminaron enseguida hacia su pueblo para comparecer ante las autoridades locales. Durante la marcha forzada, Palerm y Wolf platicaban interesadamente con nuestros guardas, mientras Armillas, algo indignado, rega&ntilde;aba con su elevada voz a su hijo Ignacio, que seg&uacute;n &eacute;l hab&iacute;a provocado el relajo que nos meti&oacute; en el embrollo. Afortunadamente, a la entrada del pueblo, Wolf convid&oacute; a todos refrescos y cervezas, lo cual, y tal vez algo m&aacute;s, logr&oacute; nuestra liberaci&oacute;n. Regresamos al Distrito Federal ya entrada la noche, agotados y empapados por un aguacero veraniego que nos sorprendi&oacute; en la caminata de regreso al carro. Todos los chicos acabamos con fuertes resfriados, lo que nos tuvo en cama durante varios d&iacute;as. Poco despu&eacute;s Wolf contrajo hepatitis y pas&oacute; varias semanas convaleciente en casa de mis abuelos. Posteriormente Wolf y Palerm escribieron: "Los manantiales est&aacute;n vigilados estrechamente por los vecinos de San Jer&oacute;nimo Amanalco para impedir el acceso a los extra&ntilde;os. Seg&uacute;n creencia popular, los manantiales est&aacute;n protegidos por guardianes sobrenaturales del agua &#151;singular: <i>anaki;</i> plural: <i>an&aacute;ke&#151;</i> que castigan a los que perturban las aguas". Sin duda que dimos con los guardianes del pueblo y sospecho que tambi&eacute;n sufrimos con Wolf del poder punitivo de los <i>an&aacute;ke.</i></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n46/a13f1.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Wolf y Palerm sugieren que las observaciones que completaron sobre la agricultura y las comunidades del Acolhuacan septentrional &#151;en el valle, somontano y la sierra&#151; se prestan a una interpretaci&oacute;n "redfieldiana" con base en el paradigma del continuo folk&#45;urbano. Sin embargo, escriben, esto ser&iacute;a falso y llevar&iacute;a a serios errores. En el presente etnogr&aacute;fico, la agricultura y las comunidades de la sierra se encuentran, sin duda, poco desarrolladas y pol&iacute;ticamente marginadas en comparaci&oacute;n con las del valle que est&aacute;n fuertemente integradas a la sociedad y la econom&iacute;a urbana, pero las fuentes hist&oacute;ricas y los restos arqueol&oacute;gicos se&ntilde;alan que estuvieron en el pasado prehisp&aacute;nico m&aacute;s desarrolladas y perfectamente cohesionadas al se&ntilde;or&iacute;o acolhua. Describen, entonces, un declive econ&oacute;mico, pol&iacute;tico y cultural de las comunidades de la sierra desde la Colonia hasta el presente, y concluyen que la situaci&oacute;n actual de marginaci&oacute;n de las comunidades ind&iacute;genas no ofrece una gu&iacute;a &uacute;til ni verdadera para establecer su situaci&oacute;n en el pasado. Esto, a mi parecer, sembr&oacute; una idea fundamental que poco despu&eacute;s desarrollar&iacute;a Wolf con m&aacute;s filo anal&iacute;tico y te&oacute;rico en sus conocidos art&iacute;culos sobre las comunidades campesinas <i>&#151;e. g.,</i> "Types of Latin American Peasantry: A Preliminary Discussion" y "Closed Corporate Peasant Communities in Mesoamerica and Central Java"&#151;, y que Palerm sintetizar&iacute;a m&aacute;s tarde te&oacute;ricamente en su "Articulaci&oacute;n campesinado&#45;capitalismo: sobre la f&oacute;rmula M&#45;D&#45;M" y otros ensayos incluidos en su <i>Antropolog&iacute;a y marxismo.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Apalache, 1956</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como mencion&eacute; antes, en el verano de 1956 viaj&eacute; con Wolf y Palerm de Washington a M&eacute;xico. Nos trasladamos en un Ford verde del 53 que Wolf acababa de cambiar por su viejo Willis. Los dos adultos decidieron cruzar por los Apalache con el prop&oacute;sito de recorrer partes de Tennessee para, entre otras cosas, observar el paisaje rural del Tennessee Valley Authority (TVA). El TVA, por cierto, fue un proyecto de desarrollo regional basado en un gran plan hidr&aacute;ulico que form&oacute; parte del <i>New Deal</i> del presidente Roosevelt. Adem&aacute;s, Wolf ten&iacute;a recuerdos nost&aacute;lgicos del lugar, pues de joven hab&iacute;a pasado ah&iacute; un verano con el Highlander Folk School en un programa de reforestaci&oacute;n, y a Palerm le interesaba visitar el pueblo de Farragut por sus alusiones catalanas. David Farragut, h&eacute;roe de la Guerra Civil y el primer almirante de las fuerzas navales de Estados Unidos, fue hijo de Jordi Farragut Mezquida, originario de Ciutadella, Isla de Menorca, quien adem&aacute;s luch&oacute; con los rebeldes en la Guerra de Independencia de las colonias americanas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Recuerdo que mientras Wolf negociaba la carretera monta&ntilde;osa, angosta y llena de curvas muy cerradas, los dos &#151;uno jud&iacute;o secular y el otro ateo&#151; comentaban con mucho &aacute;nimo y risas las advertencias exageradas que un predicador evangelista transmit&iacute;a con mucha excitaci&oacute;n por la radio. "Prepare to meet your Maker and to pay for your sins by burning in hell!" &#151;"&iexcl;Prep&aacute;rate para conocer a tu Creador y para pagar por tus pecados ardiendo en el infierno!"&#151;, exclamaba el predicador mientras Wolf rebasaba a un cami&oacute;n sobrecargado con grandes troncos de madera. El serm&oacute;n del predicador era, adem&aacute;s, puntualizado por las muchas pancartas colocadas sobre los m&aacute;rgenes de la carretera con alusiones religiosas como "Jesus Loves You" &#151;"Jes&uacute;s te ama"&#151;, "Repent sinners" &#151;"Arrepi&eacute;ntanse pecadores"&#151; y "Satan wants your soul" &#151;"Satan&aacute;s quiere tu alma"&#151;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hicimos noche en un pueblito cerca de Knoxville, en una casa de hu&eacute;spedes, el &uacute;nico lugar que encontramos. A la entrada del pueblo hab&iacute;an colgado una gran manta que se extend&iacute;a de un lado de la calle al otro y anunciaba la celebraci&oacute;n de un aniversario de Davy Crockett &#151;los 170 a&ntilde;os de su nacimiento&#151;, cosa que me excit&oacute; bastante, porque la popular serie de televisi&oacute;n con el personaje hist&oacute;rico estaba en pleno apogeo. Davy Crocket, por cierto, es el h&eacute;roe popular de Tennessee. Muri&oacute; en El &Aacute;lamo, Texas, peleando contra las tropas mexicanas de Santa Anna en 1836.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cenamos en un peque&ntilde;o caf&eacute;, tambi&eacute;n el &uacute;nico que encontramos. Cuando entramos al lugar se hizo un gran silencio y todas las caras de los comensales voltearon hacia nosotros con curiosidad y desaprobaci&oacute;n a la vez. Una vez sentados, ordenamos hamburguesas. La camarera nos record&oacute; discretamente que era viernes, insinuaba que deb&iacute;amos pedir pescado, pero Wolf explic&oacute; con igual discreci&oacute;n que no &eacute;ramos miembros de esa Iglesia y que pod&iacute;amos comer carne. "Okay, honey, coming right up" &#151;"Enseguida, joven"&#151;, dijo la camarera y desapareci&oacute;. Al rato regres&oacute; con las tres hamburguesas, pero entre el pan, con sus acostumbrados aderezos, hab&iacute;an colocado unos pastelitos de pescado molido &#151;"fish sticks"&#151;. Al salir del caf&eacute;, Wolf le mencion&oacute; al cajero, que tambi&eacute;n hac&iacute;a de cocinero, que hab&iacute;amos pedido hamburguesas y nos hab&iacute;an servido pescado. El cajero&#45;cocinero respondi&oacute;: "Yes, she told me" &#151;"S&iacute;, me dijo la camarera"&#151;. Y, levantando la voz para que los otros comensales pudieran o&iacute;rlo, a&ntilde;adi&oacute;: "And you shouldn't bother coming back for breakfast" &#151;"Y no se molesten en regresar para desayunar"&#151;.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al d&iacute;a siguiente, sin desayuno y mientras Wolf y Palerm saldaban la cuenta de la posada, el due&ntilde;o les dijo que deber&iacute;an hacer algo conmigo porque era un embustero: "Le pregunt&eacute; de d&oacute;nde era y me dijo que de M&eacute;xico y yo s&eacute; perfectamente c&oacute;mo se ven los mexicanos". "He's pulling my leg" &#151;"me est&aacute; vacilando"&#151;, agreg&oacute;. Los adultos le explicaron que, en efecto, era mexicano y que &iacute;bamos camino hacia all&aacute;. Obviamente molesto, respondi&oacute;: "Well, you best be on your way cause folks round here don't apreciate your kind" &#151;"Pues mejor sigan su camino, pues por aqu&iacute; no nos cae bien la gente como ustedes"&#151;. Una vez en el coche Wolf volte&oacute; hacia Palerm y pregunt&oacute; con cierta incredulidad: "&#191;Nos corrieron del pueblo, verdad&#63;". Desconcertados por el rechazo sure&ntilde;o, seguimos el camino hacia Arkansas, pero ya sin desviarnos para visitar ese pueblo de Tennessee llamado Farragut.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el verano de 1972, cuando el CIESAS &#91;Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropolog&iacute;a Social&#93;, que primero fue Centro de Investigaciones Superiores del Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia (CIS&#45;INAH), se estaba gestando &#151;como posiblemente algunos de ustedes recordar&aacute;n&#151;, &Aacute;ngel Palerm y Eric Wolf organizaron un seminario sobre "Campesinos", que se celebr&oacute; durante julio y agosto en el sal&oacute;n de gala del Castillo de Chapultepec. Acudieron como ponentes j&oacute;venes antrop&oacute;logos latinoamericanistas &#151;Jorge Dandler, Michael Taussig, Jorge Ochoa y Jean Meyer&#151;, estudiosos mexicanos &#151;Arturo Warman, Rodolfo Stavenhagen, Enrique Florescano y Efra&iacute;n Hern&aacute;ndez Xolocotzi&#151; y los especialistas internacionales m&aacute;s reconocidos del momento &#151;el mismo Eric Wolf, Friedrich Katz, Eric Hobsbawm y Teodor Shanin, que en ese momento establec&iacute;an el <i>Journal of Peasant Studies&#151;.</i> Eric Wolf fungi&oacute; como moderador y &Aacute;ngel Palerm, como agente provocador. Se trataron temas concernientes a la econom&iacute;a y sociedad campesina, movimientos y rebeliones campesinas, y desarrollo rural contempor&aacute;neo, tanto en t&eacute;rminos monogr&aacute;ficos como comparativos entre casos mexicanos, latinoamericanos y europeos. Los ponentes permanecieron en M&eacute;xico durante la totalidad del programa y un nutrido y diverso p&uacute;blico acudi&oacute; a las sesiones, que derivaron en resonadas discusiones pol&eacute;micas y marcaron nuevas direcciones para la investigaci&oacute;n emp&iacute;rica. A mi entender, el impacto del seminario en M&eacute;xico fue considerable y muy estimulante para una nueva generaci&oacute;n de campesin&oacute;logos mexicanos. Para m&iacute; fue cr&iacute;tico, pues el seminario y en especial mis conversaciones con Wolf dieron forma a la investigaci&oacute;n de campo que luego realic&eacute; en Espa&ntilde;a para mi disertaci&oacute;n doctoral, publicada por la Universidad Iberoamericana bajo el t&iacute;tulo de <i>Los nuevos campesinos.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En abril de 1978 me encontr&eacute; con Eric Wolf en el Aeropuerto Internacional Benito Ju&aacute;rez. Los dos nos dirig&iacute;amos a M&eacute;rida, Yucat&aacute;n, para participar en la reuni&oacute;n anual de la Association for Applied Anthropology pero, afortunadamente para m&iacute;, nuestro vuelo fue cancelado debido a mal tiempo en Yucat&aacute;n y pasamos el resto del d&iacute;a encerrados en un hotel del aeropuerto comiendo, platicando y tomando cervezas. Hablamos sobre todo de mi ponencia, que trataba de la econom&iacute;a dom&eacute;stica de ejidatarios de El Baj&iacute;o y de la importancia que hab&iacute;an alcanzado en ella sueldos devengados en Estados Unidos, en particular en la agricultura del estado de California. La ponencia part&iacute;a de una reflexi&oacute;n en torno a Rosa Luxemburgo y Karl Kautsky y la articulaci&oacute;n de modos de producci&oacute;n que permit&iacute;a dilucidar cuestiones acerca de la reproducci&oacute;n del trabajo campesino en M&eacute;xico y de la acumulaci&oacute;n del capital en California. El trabajo enfatizaba las estrategias adoptadas por las familias campesinas para maximizar el env&iacute;o de trabajadores a California y c&oacute;mo los d&oacute;lares ganados ah&iacute; subsidiaban no s&oacute;lo el consumo y reproducci&oacute;n del grupo familiar, sino tambi&eacute;n a la econom&iacute;a agr&iacute;cola de la revoluci&oacute;n verde impulsada por el Estado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Wolf, que en esos a&ntilde;os elaboraba su libro <i>Europe and the People without History,</i> coment&oacute; que el tema ya estaba suficientemente tratado y, aunque siempre ser&iacute;a bienvenida m&aacute;s documentaci&oacute;n etnogr&aacute;fica acerca de la econom&iacute;a dom&eacute;stica campesina, lo que le resultaba m&aacute;s interesante, novedoso e imperativo era el tratamiento etnogr&aacute;fico de la econom&iacute;a agraria capitalista, o sea, de las compa&ntilde;&iacute;as, empresas y empresarios en California que ocupaban la mano de obra campesina mexicana. Esto requerir&iacute;a seguir a los trabajadores abaje&ntilde;os a sus lugares de trabajo en California para observarlos, lo cual, en su opini&oacute;n, permitir&iacute;a completar el an&aacute;lisis de la conexi&oacute;n de interdependencia que existe entre los campesinos mexicanos y el capital agroindustrial de California, adem&aacute;s de someter a revisi&oacute;n cr&iacute;tica las hip&oacute;tesis de trabajo derivadas de las aportaciones te&oacute;ricas de Luxemburgo y Kautsky.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 1981 segu&iacute; a California a los trabajadores migrantes abaje&ntilde;os y ah&iacute; permanezco, como tantos otros migrantes que nunca imaginaron que se quedar&iacute;an del otro lado de la frontera. Me dedico al estudio hist&oacute;rico y etnogr&aacute;fico de la agroindustria en California y su persistente e inc&oacute;moda conexi&oacute;n con trabajadores mexicanos extra&iacute;dos temporal o permanentemente del agro mexicano, as&iacute; como a la reciente formaci&oacute;n de nuevas comunidades de mexicanos en el paisaje agr&iacute;cola de California. Adem&aacute;s, desde la Universidad de California en Santa Barbara me dedico a la formaci&oacute;n de antrop&oacute;logos mexicanos y estadounidenses, los impulso para que se dediquen a estos importantes temas de nuestro tiempo. Me consta que Eric Wolf apoy&oacute; mi nombramiento acad&eacute;mico en California y el primer <i>grant</i> &#151;"apoyo financiero"&#151; que recib&iacute; de parte del Social Science Research Council para mi investigaci&oacute;n en California.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tengo, pues, una gran deuda intelectual con mi "t&iacute;o" Eric, aunque nunca fui formalmente su alumno, y un enorme agradecimiento personal por las muchas cosas que hizo para apoyar mi desarrollo personal y profesional.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n46/a13f2.jpg"></font></p>  	    <p align="left"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre el autor</b></font></p>  	    <p align="left"><font face="verdana" size="2"><b>Juan Vicente Palerm</b> es profesor de m&eacute;rito en la Universidad de California en Santa Barbara (UCSB). Recibi&oacute; el t&iacute;tulo de doctor en antropolog&iacute;a social por la Universidad Iberoamericana (1983) y fue miembro fundador del Departamento de Antropolog&iacute;a Social de la Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana&#45;Iztapalapa (1975). Ocup&oacute; la direcci&oacute;n del Center for Chicano Studies de la UCSB (1984&#45;1994), la direcci&oacute;n del University of California Institute for Mexico and the United States (UC Mexus) (1994&#45;2003) y fund&oacute; la Casa de la Universidad de California en M&eacute;xico. Se dedica al estudio del surgimiento de una nueva sociedad rural en California, resultado de la reestructuraci&oacute;n de la agroindustria y de la sedentarizaci&oacute;n masiva de trabajadores agr&iacute;colas en California procedentes de M&eacute;xico.</font></p>      ]]></body>
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