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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Apología y crítica de la ciencia en Edgar Morin: una búsqueda antropológica]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font size="4" face="verdana">Legados</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font size="4"><b><font face="verdana">Apolog&iacute;a y cr&iacute;tica de la ciencia en Edgar Morin: una b&uacute;squeda antropol&oacute;gica</b></font></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Defense and Critique of Science in Edgar Morin: An Anthropological Search</b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Ricardo Guzm&aacute;n D&iacute;az</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Investigaci&oacute;n en Ciencia y Cultura, Instituto Tecnol&oacute;gico y de Estudios Superiores de Monterrey, Monterrey, Nuevo Le&oacute;n, M&eacute;xico.</i> <a href="mailto:rguzman@itesm.mx">rguzman@itesm.mx</a></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El inter&eacute;s por las ciencias naturales que Edgar Morin revela en su obra no es accidental, su aparici&oacute;n no es meramente circunstancial, sino que responde a lo m&aacute;s profundo de sus preocupaciones. En el pr&oacute;logo de <i>Ciencia con consciencia</i> nos explica c&oacute;mo desde su primer libro, <i>El hombre y la muerte,</i> el problema que lo acompa&ntilde;ar&aacute; toda la vida es "el de una antropo&#45;sociolog&iacute;a abierta &#91;...&#93; al universo biof&iacute;sico, del cual se distingue al mismo tiempo que est&aacute; inmersa en &eacute;l" (Morin, 1984: 9). Para Morin la preocupaci&oacute;n antropol&oacute;gica no puede prescindir de una reflexi&oacute;n sobre temas cient&iacute;ficos fundamentales, como la relatividad einsteiniana, la teor&iacute;a del <i>big bang,</i> el principio de indeterminaci&oacute;n de Heisenberg, entre otros, pues el hombre es, despu&eacute;s de todo, hijo del cosmos. De esta manera surge en &eacute;l un di&aacute;logo multidisciplinario con el que se ver&aacute; en posici&oacute;n de cuestionar los aspectos del mundo contempor&aacute;neo al identificar sus problemas y sus crisis.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de su temprana relaci&oacute;n con las ciencias naturales, fue gracias a una invitaci&oacute;n que recibi&oacute; para una estancia en el Instituto Salk de Estudios Biol&oacute;gicos, entre 1969 y 1970, que Morin hace un contacto m&aacute;s directo con las teor&iacute;as m&aacute;s recientes que se discut&iacute;an en ese entonces en los campos de la f&iacute;sica, la biolog&iacute;a, la gen&eacute;tica, etc. Esta oportunidad, combinada con su excepcional formaci&oacute;n en ciencias humanas, lo llevar&iacute;a a proponer su paradigma de la complejidad constituido en torno a los conceptos de orden, desorden y organizaci&oacute;n con los que tratar&aacute; de entender el entramado de la realidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En diferentes momentos, Edgar Morin reconoce el poder de la ciencia de la naturaleza nacida en la cultura occidental, se&ntilde;ala sus posibilidades y sus l&iacute;mites, puntualiza sus errores, identifica las rupturas que experimenta durante el siglo XX y nos descubre nuevos caminos que nos permiten superar una visi&oacute;n del mundo que nos qued&oacute; corta. Morin escudri&ntilde;a una nueva manera de entender la ciencia, m&aacute;s trascendente, que abarque la complejidad humana y que no se quiebre en la sobreespecializaci&oacute;n que mutila y dispersa el conocimiento. Se afana por encontrar un pensamiento totalizador &#151;que no totalizante, explica &eacute;l&#151;,<sup><a href="#notas">1</a></sup> un conocimiento m&aacute;s amplio y reflexivo. Para arribar a tal concepci&oacute;n considera que el aporte de las ciencias es tan importante, que a partir de ah&iacute; construir&aacute; su paradigma de comprensi&oacute;n. La b&uacute;squeda "viene de nuestro suelo cient&iacute;fico en convulsi&oacute;n &#91;...&#93; ha nacido de la crisis de la ciencia, y se nutre de sus progresos revolucionarios" (Morin, &#91;1981&#93; 2006a: 30). El presente ensayo busca recuperar y valorar, en su justa medida, la visi&oacute;n moriniana de las ciencias naturales, as&iacute; como atender su demanda por evadir la tentaci&oacute;n de la simplicidad y por admitir que nada en nuestro mundo puede ser estudiado de manera transparente y objetiva, que siempre encontraremos complejidad, diversidad, caos.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>CIENCIA Y CIVILIZACI&Oacute;N OCCIDENTAL</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n Morin, la aventura intelectual que dio lugar a la ciencia moderna tuvo sus or&iacute;genes en el pensamiento cartesiano, pero su desarrollo posterior estuvo marcado por una serie de paradojas, de incongruencias, de contrasentidos. El establecimiento de reglas, m&eacute;todos y heur&iacute;sticas permitieron un desarrollo ins&oacute;lito de las ciencias, pero en su camino tuvo que recurrir, en varios sentidos, al ocultamiento, a la disyunci&oacute;n, a la fragmentaci&oacute;n. Fue un proceso necesario en su momento, pero que en el &uacute;ltimo siglo ha debido reconsiderar sus puntos de partida, los supuestos en los que se bas&oacute;, gracias a lo cual presenta ahora opciones nuevas, miradas renovadas que apuestan a una transformaci&oacute;n enriquecida de nuestra visi&oacute;n del mundo. Un nuevo atisbo que, desde la perspectiva de Morin, lleva en su n&uacute;cleo la idea de complejidad y con ella las de orden, desorden, incertidumbre, azar y organizaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En Ren&eacute; Descartes (1596&#45;1650) reconocemos gran esfuerzo y voluntad por encontrar un m&eacute;todo riguroso, asentado sobre bases indiscutibles y guiado por la raz&oacute;n, que nos condujera a un conocimiento cierto, transitando de una "filosof&iacute;a especulativa" a una "pr&aacute;ctica mediante la cual, conociendo la fuerza y las acciones del fuego, el agua, el aire, los astros, los cielos y todos los dem&aacute;s cuerpos que nos rodean", pudi&eacute;ramos emplearlos y "convertirnos as&iacute; en una especie de due&ntilde;os y poseedores de la naturaleza" (Descartes, &#91;1637&#93; 1998: 74). &iquest;Qui&eacute;n habr&iacute;a imaginado el alcance de este sue&ntilde;o? &iquest;Qui&eacute;n habr&iacute;a conjeturado que a partir del punto de quiebre establecido por Descartes y sus contempor&aacute;neos &#151;Bacon, Galileo, etc.&#151; se llegara a conocer la estructura m&aacute;s &iacute;ntima de la materia, los secretos del espacio&#45;tiempo, los or&iacute;genes del cosmos, la estructura y codificaci&oacute;n de la vida, las complejas operaciones del cerebro? Sin embargo, nos dice Morin, despu&eacute;s de un largo andar, hemos extraviado el sue&ntilde;o de constituir una visi&oacute;n del hombre y del mundo. Si bien el investigador especializado contempor&aacute;neo cuenta con recursos impensables de conocimiento, de herramientas y de m&eacute;todos, al ser due&ntilde;o de s&oacute;lo una peque&ntilde;a parcela de la realidad, la posibilidad de dicha visi&oacute;n global e integral se ha visto sustituida por otro tipo de motivaciones bajo la perspectiva de que:</font></p>          <blockquote>           ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">el saber no es producido para ser articulado y pensado, sino para ser capitalizado y utilizado de manera an&oacute;nima. Las cuestiones fundamentales son rechazadas como cuestiones generales, es decir, vagas, abstractas, no operacionales. La cuesti&oacute;n original que la ciencia arrebat&oacute; a la religi&oacute;n y a la filosof&iacute;a para asumirla, la cuesti&oacute;n que justifica su ambici&oacute;n de ciencia: &iquest;qu&eacute; es el hombre, qu&eacute; es el mundo, qu&eacute; es el hombre en el mundo?, la remite &#91;...&#93; a los no sabios, descalificados <i>a priori.</i> S&oacute;lo tolera que, a la edad de retirarse, sus grandes dignatarios adopten cierta altura meditativa (Morin, &#91;1981&#93; 2006a: 25).</font></p>     </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En otras palabras, la ciencia se manifiesta en su incapacidad para articular el conocimiento, dislocado ahora "en mil saberes ignorantes", sin posibilidad de concebirse a s&iacute; misma y sujeta a poderes de manipulaci&oacute;n, de sojuzgamiento, algunos visibles, otros subrepticios. Para Morin, se trata de la amenaza de una &eacute;poca oscura en la que:</font></p>      <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">nos acercamos a una temible revoluci&oacute;n en la historia del saber, en la que &eacute;ste, dejando de ser pensado, meditado, reflexionado, discutido por los seres humanos, integrado en la b&uacute;squeda individual del conocimiento y de sabidur&iacute;a, resulta estar destinado cada vez m&aacute;s a ser acumulado en los bancos de datos, y despu&eacute;s computado por instancias manipuladoras, en primer lugar, el Estado (Morin, 1984: 33).</font></p> </blockquote>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a href="/img/revistas/desacatos/n40/a10img1.jpg" target="_blank">Manifestaci&oacute;n contra la violaci&oacute;n de los derechos de la mujer, 2012.</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Son las dos caras del dios Jano, que aparecen como dos vertientes del proyecto de la Ilustraci&oacute;n. Por un lado, un progreso inaudito de los conocimientos, del poder de la ciencia y de sus aplicaciones ben&eacute;ficas a la sociedad en campos tan diversos como la salud, las comunicaciones, etc. Por otro lado, tenemos un aspecto fallido, un camino desviado, una historia que nos ha llevado a tiempos de sometimiento del ser humano a un conjunto de poderes de car&aacute;cter tecnoecon&oacute;mico que pretenden legitimarse en la raz&oacute;n cient&iacute;fica. Se trata de la conformaci&oacute;n de un mundo en el que la capacidad y la acci&oacute;n humanas son minimizadas a esferas de puro trabajo t&eacute;cnico bien organizado, de efectividad administrativa para el logro de intereses particulares. En pocas palabras, una forma de vida que al final deja vac&iacute;o el esp&iacute;ritu humano. Todo bajo el cobijo de una racionalidad cuyo basamento ontol&oacute;gico radicaba en los principios l&oacute;gicos de identidad y de no contradicci&oacute;n (Morin, &#91;1992&#93; 2006d: 178&#45;179). Pero, a m&aacute;s de decir que la ciencia del siglo XX tendr&aacute; que negar la absolutizaci&oacute;n de estos principios, Morin dirige su cr&iacute;tica a la conversi&oacute;n de dicha racionalidad en una racionalizaci&oacute;n que pretende "encerrar la realidad en el orden y la coherencia de un sistema" (Morin, &#91;1981&#93; 2006a: 35) o una racionalizaci&oacute;n justificante de la explotaci&oacute;n y en perjuicio de lo que en principio era una de las motivaciones del pensamiento racional: la emancipaci&oacute;n del ser humano.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Edgar Morin pone sobre la mesa el hecho, quiz&aacute;s trivial para algunos, aunque tal vez no para los propios estudiosos de la naturaleza, de que la ciencia occidental es una elecci&oacute;n sobre una forma de mirar al mundo y de comprendernos a nosotros mismos y que lleva impl&iacute;citamente una serie de dogmatismos, ataduras y carencias. Una breve revisi&oacute;n hist&oacute;rica nos puede revelar algunos de estos elementos. Si bien habl&aacute;bamos de Descartes como punto de quiebre, en realidad suele ubicarse el nacimiento de la racionalidad occidental en la civilizaci&oacute;n griega, en la que se enfrenta por primera vez el problema cosmol&oacute;gico sin recurrir a los dioses, es decir, naturalizando la relaci&oacute;n entre el hombre y su entorno: la b&uacute;squeda de  los elementos que constituyen las cosas del mundo. Merecen menci&oacute;n especial las ciencias griegas m&aacute;s desarrolladas. Nos referimos fundamentalmente a las matem&aacute;ticas &#151;en especial la geometr&iacute;a&#151; y la astronom&iacute;a. La geometr&iacute;a nos presenta una matem&aacute;tica de formas est&aacute;ticas, permanentes y de relaciones l&oacute;gicas &#151;los "Elementos" de Euclides&#151;. Recordemos que para Arist&oacute;teles el universo est&aacute; dividido en dos regiones: la supralunar, donde todo es perfecto, estable, sin cambio, y la sublunar, donde todo cambia, se degrada, se corrompe, As&iacute;, los cielos son perfectos, est&aacute;n hechos de un quinto elemento. Su permanencia y estabilidad permiten hacer una ciencia de los cielos, basada en paradigmas geom&eacute;tricos, los astros movi&eacute;ndose en c&iacute;rculos que giran sobre otros c&iacute;rculos pero que permanecen eternamente en su estado de perfecci&oacute;n. Es la permanencia del ser que encontramos en la filosof&iacute;a de Parm&eacute;nides. Por otro lado tenemos el continuo cambio y devenir de las cosas, el "todo fluye" de Her&aacute;clito como contraparte. Entonces, &iquest;c&oacute;mo hacer ciencia del mundo sublunar, donde todo cambia? Para esto habr&iacute;a que esperar la llegada de otra matem&aacute;tica, la del c&aacute;lculo diferencial &#151;despu&eacute;s de un sue&ntilde;o de 1 500 a&ntilde;os en que hab&iacute;a retornado y se hab&iacute;a instalado la hegemon&iacute;a de lo sagrado&#151; que permitir&iacute;a tratar el flujo del tiempo &#151;"fluxiones" para Newton&#151; y unir los momentos instant&aacute;neos en un proceso din&aacute;mico. Para esto deber&iacute;a conservarse de alguna forma la idea de permanencia &#151;de nuevo el ser&#151;, ya no como algo est&aacute;tico, pero s&iacute; como la presencia de regularidades en ese devenir &#151;leyes f&iacute;sicas&#151;. La ciencia moderna, aunque de manera quiz&aacute; m&aacute;s oculta, se queda con el ser como la &uacute;nica forma de aferrarnos a lo estable para dar luz a nuestro entendimiento, bajo la inteligibilidad de un mecanicismo cuyo m&aacute;ximo exponente ser&iacute;a Newton. En esta renovada cosmovisi&oacute;n, "el nuevo Universo se convert&iacute;a en una mec&aacute;nica perfecta que obedec&iacute;a a las Leyes fijadas por un Dios&#45;Monarca absoluto" (Morin, &#91;1992&#93; 2006d: 60).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la historia se revelan las determinaciones, las elecciones que condujeron a la ciencia moderna y, por ende, sus constre&ntilde;imientos e insuficiencias. El m&eacute;todo y su l&oacute;gica implican la selecci&oacute;n misma de los datos y las variables que se consideran relevantes para afirmar la coherencia de una teor&iacute;a y la exclusi&oacute;n de aquello que es obst&aacute;culo para su certificaci&oacute;n. Este proceso es guiado a su vez por procesos m&aacute;s profundos. Morin nos habla de paradigmas, en un sentido m&aacute;s radical que Kuhn, como "principios ocultos que gobiernan nuestra visi&oacute;n de las cosas y del mundo sin que tengamos conciencia de ello" (Morin, &#91;1990&#93; 2007: 28). La ciencia moderna se desenvolvi&oacute; bajo el paradigma de la simplificaci&oacute;n. El origen, como explic&aacute;bamos, est&aacute; en Descartes. Para evitar el error habr&iacute;a que dividir lo examinado en sus partes simples y partir de la comprensi&oacute;n de dichas partes para posteriormente reunirlas en su totalidad. Paradigma reduccionista con la ilusi&oacute;n de una "verdad" definida por la posibilidad de expresi&oacute;n de ideas claras y distintas, que junto a la cuantificaci&oacute;n y matematizaci&oacute;n del conocimiento proporcionar&iacute;a &eacute;xitos inimaginables, teor&iacute;as comprensivas con alcances de predicci&oacute;n que permitir&iacute;an no s&oacute;lo modelos explicativos de los fen&oacute;menos, sino su posibilidad de control.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Manipulaci&oacute;n y control aparecen como objetivos que como parte del paradigma de simplificaci&oacute;n llevan a la reducci&oacute;n de todas las causas aristot&eacute;licas a la causa eficiente, ligada al establecimiento de conexiones causa&#45;efecto y, si no a eliminar, al menos a minimizar las causas material, formal y final. Lo que importaba era una formalizaci&oacute;n efectiva de las relaciones, aunque se sacrificaran elementos de comprensi&oacute;n. Esta forma de reducci&oacute;n queda claramente expresada por Richard Feynmann cuando se&ntilde;ala que "a los f&iacute;sicos les gusta pensar que todo lo que hay que decir es &eacute;sas son las condiciones, ahora &iquest;qu&eacute; pasa despu&eacute;s?" (Feynmann, citado por Gleick, 1988: 9).</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, en esta forma de racionalidad inaugurada por los griegos y reconfigurada en la revoluci&oacute;n cient&iacute;fica se presenta una ruptura que permear&aacute; los modos de comprensi&oacute;n y de relaci&oacute;n con el mundo de la civilizaci&oacute;n occidental: la separaci&oacute;n entre sujeto y objeto. El reconocimiento de que el fen&oacute;meno del conocimiento incluye a los dos, pero a la vez de que para lograr el conocimiento "verdadero", aquel que refleje como en un espejo la realidad del objeto, el sujeto deber&aacute; apartarse y ser rechazado de la ciencia, pues el mundo que est&aacute; "ah&iacute; afuera" es aparentemente autosuficiente y existe objetivamente independiente del sujeto. Pero "el gran misterio &#91;es que&#93; la objetividad cient&iacute;fica deba necesariamente aparecer en el esp&iacute;ritu de un sujeto humano", nos dice Morin (&#91;1990&#93; 2007: 67). Se trata del problema irresuelto de la dualidad mente/cuerpo, relacionado irremediablemente con el problema de la flecha del tiempo. En su libro <i>The Emperor's New Mind,</i> Roger Penrose (1989) nos recuerda que en la imagen que nos ofrece la f&iacute;sica cl&aacute;sica no hay lugar para el pensamiento y, podemos agregar, no hay lugar para la distinci&oacute;n entre pasado y futuro. Sus leyes nos marcar&iacute;an, en su car&aacute;cter determin&iacute;stico, todo lo que ha sido y todo lo que ser&aacute;. La ciencia cl&aacute;sica se olvid&oacute; del elemento esencial de la experiencia humana pensante que es la existencia de un "antes" y un "despu&eacute;s", es decir del flujo del tiempo. As&iacute;, aparece una grieta m&aacute;s en nuestra comprensi&oacute;n de la realidad: por un lado, las ciencias de la realidad material &#151;ciencias naturales&#151;, por otro, las ciencias de la experiencia y del fen&oacute;meno humano &#151;ciencias del esp&iacute;ritu&#151;. Una fragmentaci&oacute;n, se&ntilde;alada por Snow (1964), que perdura hasta nuestros d&iacute;as.<sup><a href="#notas">2</a></sup></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde la perspectiva de Morin, hablamos de un conocimiento con carencias y parcelado. Esto &uacute;ltimo evidenciado por el car&aacute;cter disciplinar de la ciencia moderna, en la que, para fines pr&aacute;cticos, la posibilidad de pensar el sentido global del conocimiento queda vedada a un investigador, so pena de descuidar su &aacute;rea de especialidad. La articulaci&oacute;n entre zonas del conocimiento intenta remediarse por reducci&oacute;n: de lo humano a lo biol&oacute;gico, a lo qu&iacute;mico, a lo f&iacute;sico. Y junto a esto el ideal de un orden perfecto, el sue&ntilde;o de desentra&ntilde;ar el universo en t&eacute;rminos de una operaci&oacute;n mec&aacute;nica perfectamente descrita y articulada. Un todo formado por partes, cada una independiente, pero perfectamente engranada con el resto formando la maquinaria del cosmos.</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a href="/img/revistas/desacatos/n40/a10img2.jpg" target="_blank">Organismos civiles y la sociedad en general se han manifestado en varias ocasiones contra la violencia que ha generado la guerra contra el narco, 2011.</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Morin nos advierte: a la par de los enormes progresos surgir&aacute;n consecuencias extremadamente nocivas que saldr&aacute;n a la luz hasta el siglo XX. Junto a la capacidad de la ciencia para dilucidar, manipular y penetrar los misterios de la naturaleza, "se han operado deslizamientos y permutaciones de finalidad: el medio &#151;la manipulaci&oacute;n&#151; ha llegado a ser tambi&eacute;n fin y, al manipular para experimentar, se ha experimentado para manipular" (Morin, &#91;1981&#93; 2006a: 412). Encontramos la simiente desde el siglo XIX, durante el que no fue casual que la cultura industrial y la cultura cient&iacute;fica tuvieran una convergencia como empresas sociales ambas, bajo el mandato de la transformaci&oacute;n de las fuerzas naturales con el fin de extraer el poder que ah&iacute; se ocultaba y manifestarlo de m&uacute;ltiples formas, especialmente en su conversi&oacute;n en movimiento y trabajo &uacute;til. La f&iacute;sica de finales del siglo XIX nos hablaba de una econom&iacute;a de la naturaleza, que pose&iacute;a riquezas que pod&iacute;an producir trabajo &uacute;til por medio de m&aacute;quinas que aprovecharan dichos recursos. La Revoluci&oacute;n Industrial hab&iacute;a fraguado una nueva cultura del trabajo, que pugnaba por la eficiencia en los procesos de producci&oacute;n de bienes. Ahora, gracias al trabajo cient&iacute;fico, la misma idea pod&iacute;a transferirse tanto a las operaciones de la naturaleza como a las de las m&aacute;quinas. Se trataba de una cultura de la eficiencia que ped&iacute;a la optimizaci&oacute;n de las m&aacute;quinas, pero que tambi&eacute;n exig&iacute;a lo mismo de los hombres. El conocimiento cient&iacute;fico se torna prol&iacute;fico y eficaz y esas cualidades le permiten integrarse a las diversas instituciones representativas del poder: el Estado, la industria, el ej&eacute;rcito. Morin nos se&ntilde;ala las paradojas del proceso:</font></p>      <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">al autonomizarse, &#91;las ciencias naturales&#93; resultaron cada vez m&aacute;s profundamente interdependientes de un proceso en adelante cient&iacute;fico&#45;t&eacute;cnico&#45;econ&oacute;mico&#45;social &#91;...&#93; el conocimiento cient&iacute;fico es cada vez m&aacute;s puro, desinteresado, especulativo, pero al mismo tiempo es cada vez m&aacute;s operacional, manipulador y manipulado.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ciencia, t&eacute;cnica, sociedad han devenido sustentadoras y sustentadas en un torbellino en el que son mutuamente dominadoras y dominadas, sojuzgadoras y sojuzgadas. Este torbellino afecta en adelante al devenir del planeta. Se acelera una aventura fant&aacute;stica en la que la ciencia, cada vez m&aacute;s alucinante y ciega, omnipotente e impotente, se ha convertido en cabeza investigadora. No hace un siglo se cre&iacute;a que conduc&iacute;a a la emancipaci&oacute;n de la humanidad. Hoy vemos que puede conducir al sojuzgamiento del hombre y a la explosi&oacute;n del mundo. Nada est&aacute; decidido todav&iacute;a (Morin, &#91;1992&#93; 2006d: 62&#45;63).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Morin se pregunta sobre el futuro de nuestra civilizaci&oacute;n, sobre el posible paso a una sociedad&#45;mundo (Morin, &#91;2003&#93; 2006e: 264). La principal barrera para superar un momento de crisis que puede llevarnos bien a la autodestrucci&oacute;n, bien a una nueva etapa para la humanidad, es una forma de pensamiento incapaz de concebir lo global y lo fundamental, que s&oacute;lo conoce el c&aacute;lculo y desconoce a los individuos. El mundo avanza vertiginosamente potenciado por cuatro motores entrelazados: la ciencia, la t&eacute;cnica, la industria y la econom&iacute;a capitalista (Morin, &#91;2003&#93; 2006e: 269). El desenlace es incierto.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>NUEVOS HORIZONTES</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La ciencia nacida de la revoluci&oacute;n cient&iacute;fica, que alcanzara su profesionalizaci&oacute;n y su mayor&iacute;a de edad durante el siglo XIX, ver&iacute;a en la primera mitad del siglo XX sus m&aacute;s consumados logros &#151;liberaci&oacute;n de la energ&iacute;a encerrada en las entra&ntilde;as de la materia, el desciframiento del c&oacute;digo de la vida, el desvelamiento de la estructura del universo etc.&#151; y, al mismo tiempo, sufrir&iacute;a el desmoronamiento de muchos de sus cimientos. Sin embargo, las nociones que dieron lugar a esa crisis de fundamentos son las mismas que est&aacute;n permitiendo concebir nuevas formas de entendimiento. Los expulsados de la ciencia volver&aacute;n triunfantes: el sujeto, lo complejo, el desorden, el azar, el esp&iacute;ritu, la libertad. Para Morin, las nuevas posibilidades de comprensi&oacute;n no son ruptura total, provienen del mismo esfuerzo de las ciencias nacidas con Descartes, pero con nuevas afinidades con la reflexi&oacute;n filos&oacute;fica, con el compromiso de no ceder al pensamiento simplificador que idealiza, racionaliza y normaliza, y con la decisi&oacute;n firme de no temer al error, a la incertidumbre y al car&aacute;cter siempre inacabado de nuestro conocimiento.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Morin nos recuerda por un lado el fracaso del positivismo l&oacute;gico en su af&aacute;n de encontrar los fundamentos del conocimiento cierto. Tanto la inducci&oacute;n como la deducci&oacute;n, nos dice Morin haciendo eco de Hume, Popper y G&oacute;del, son insuficientes para afirmar a plenitud un conocimiento. M&aacute;s aun si el conocimiento se presenta con este problema, ni qu&eacute; decir del metapunto de vista que busque responder a la pregunta de c&oacute;mo conocemos (Morin, &#91;1988&#93; 2006c: 22&#45;27).</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La avalancha que har&iacute;a tambalear lo m&aacute;s preciado de la ciencia mec&aacute;nica heredada de Newton: la idea del orden perfecto que mueve los engranes del universo, empez&oacute; sutilmente en la segunda mitad del siglo XIX en la ciencia de la termodin&aacute;mica. En dicha ciencia se pone al descubierto por primera vez una contradicci&oacute;n oculta de la disposici&oacute;n perfecta del cosmos. Por un lado, el primer principio de la termodin&aacute;mica revela como unidad fundamental de la naturaleza a la energ&iacute;a, sus posibilidades de transformaci&oacute;n, pero sobre todo su indestructibilidad. Por otro lado, el segundo principio, revelado por Clausius, manifiesta una degradaci&oacute;n de esa misma energ&iacute;a, produciendo una grieta en la explicaci&oacute;n mec&aacute;nica del universo. Cada proceso de transformaci&oacute;n lleva consigo un desgaste, un desperdicio, una fracci&oacute;n de la energ&iacute;a que no desaparece y que queda inutilizable. El cosmos no es entonces un mecanismo indestructible, sino que est&aacute; sujeto a un proceso que lo llevar&aacute; a su "muerte". Boltzmann quiso darle justificaci&oacute;n mec&aacute;nica, pero lleg&oacute; a una interpretaci&oacute;n probabil&iacute;stica de lo que se llam&oacute; "entrop&iacute;a", variable f&iacute;sica que representa el desorden al que lleva dicha degradaci&oacute;n. Se hab&iacute;a insertado, de una vez por todas, la flecha del tiempo y la problematizaci&oacute;n de la misma idea de orden.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Eso s&oacute;lo ser&iacute;a el principio de un alud de nuevas nociones que cambiar&iacute;an radicalmente nuestra visi&oacute;n del mundo. Morin, haciendo gala de su intuici&oacute;n f&iacute;sico&#45;filos&oacute;fica, nos revela con maestr&iacute;a el cambio profundamente ontol&oacute;gico que supone la nueva revoluci&oacute;n que se da en la f&iacute;sica a principio del siglo XX: por un lado el "desarreglo microf&iacute;sico", por otro el "desorden gen&eacute;sico" o problema cosmol&oacute;gico, y que, a su juicio, marcar&aacute; el nacimiento de una <i>physis,</i> de un estrato o simiente de la realidad radicalmente distinta (Morin, &#91;1981&#93; 2006a: 55&#45;58).</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La nueva f&iacute;sica nacida con Einstein, Planck, Bohr y toda una pl&eacute;yade de pensadores hace estallar la materia. Si bien Rutherford quiso entender el &aacute;tomo a imagen y semejanza de un sistema solar, con un n&uacute;cleo material pesado en un centro orbitado por ligeros electrones, al final, las part&iacute;culas fundamentales de que est&aacute;n hechas las cosas quedar&aacute;n confundidas entre visiones corpusculares y ondulatorias, entre campos e interacciones. A decir de uno de los principales exponentes de la nueva f&iacute;sica cu&aacute;ntica, la materia dej&oacute; de "ser algo permanente, perfectamente alcanzable &#91;...&#93; que nunca podr&iacute;a ser destruida &#91;y que&#93; se pod&iacute;a agarrar con la seguridad de que no se esfumar&iacute;a entre los dedos" (Schr&oacute;dinger, &#91;1951&#93; 1988: 22). La materia deviene en algo mucho m&aacute;s escurridizo y et&eacute;reo cuya identidad queda en entredicho. El principio de incertidumbre de Heisenberg borra la imagen de un mundo formado por entidades materiales cuyas interacciones y trayectorias est&aacute;n determinadas de manera objetiva de forma continua y con precisi&oacute;n matem&aacute;tica, y nos arrastra a la introducci&oacute;n del observador en la descripci&oacute;n de la realidad. Desde entonces ya nada ser&iacute;a igual en nuestra concepci&oacute;n del mundo. La matem&aacute;tica seguir&aacute; siendo, quiz&aacute;s con m&aacute;s vehemencia, el lenguaje de la ciencia, pero ahora describir&aacute; probabilidades, fluctuaciones, azares. M&aacute;s que materia, la part&iacute;cula es forma, organizaci&oacute;n, pero tambi&eacute;n incertidumbre y fluctuaci&oacute;n. Igual que con el segundo principio de la termodin&aacute;mica, otra vez "el orden y la organizaci&oacute;n se hacen problema, devienen enigma" (Morin, &#91;1981&#93; 2006a: 56).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El siglo XX tambi&eacute;n vio nacer un universo en expansi&oacute;n. Encontramos su primera base emp&iacute;rica en el desplazamiento hacia el rojo que delata el alejamiento de las galaxias entre s&iacute;. De la misma manera que sabiendo que dos autos que se alejan de un punto de origen, uno viajando a 50 km/h a una distancia de 1 km del origen y otro viajando a 100 km/h a una distancia de 2 km de la misma referencia, podr&iacute;amos deducir que ambos partieron de ese punto al mismo tiempo, as&iacute; la evidencia emp&iacute;rica hace posible retrotraer el universo a un momento violento y catastr&oacute;fico de inicio, un <i>big bang</i> originario de todo cuanto existe incluidos tiempo y espacio, que dej&oacute; como evidencia observable una radiaci&oacute;n de fondo c&oacute;smica, cuya fina estructura ha permitido hurgar en la creaci&oacute;n misma del cosmos. La cosmolog&iacute;a cient&iacute;fica moderna parece asentarse en fuertes pilares te&oacute;rico&#45;emp&iacute;ricos que dan testimonio de una evoluci&oacute;n c&oacute;smica de casi 14 000 millones de a&ntilde;os que a partir de un fuego primigenio ha dado lugar a las m&aacute;s inimaginables entidades celestes en constante proceso de creaci&oacute;n y destrucci&oacute;n: estrellas, pulsares, qu&aacute;sares. Toda una fauna estelar en fulgurante evoluci&oacute;n. Lejos del orden geom&eacute;trico, del universo m&aacute;quina, del universo determinista, que vislumbraron respectivamente Kepler, Newton, Laplace, el desorden y el caos se manifiestan nuevamente.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tres escalas &#151;nuestra banda media, la microf&iacute;sica y la macrof&iacute;sica&#151;, en las que en la interpretaci&oacute;n de Morin: "el desorden surge para reivindicar audazmente el trono que ocupaba el Orden" (Morin, &#91;1981&#93; 2006a: 57) y "el caos est&aacute; permanentemente subyacente como infraestructura de nuestra <i>physis"</i> (Morin, &#91;1981&#93; 2006a: 78). Pero entonces, &iquest;c&oacute;mo surge el orden?, &iquest;qu&eacute; magia suscita la estructura del &aacute;tomo, las formas maravillosas de las galaxias, la complejidad de la c&eacute;lula, la maravilla del cerebro y de la conciencia? Morin halla algunas pistas en disciplinas nacidas a mediados del siglo XX: la teor&iacute;a de sistemas, la cibern&eacute;tica, la teor&iacute;a de la informaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El gran teatro del mundo ya no puede concebirse en el sentido simple de la existencia de un espacio y un tiempo absolutos que cumplen la funci&oacute;n del escenario donde se desarrolla la puesta en escena de <i>objetos</i> materiales como entidades que se pueden entender en su ser ontol&oacute;gico aislado de todo entorno: el &aacute;tomo como el objeto de estudio de la f&iacute;sica o la qu&iacute;mica, el organismo y la c&eacute;lula como objetos de estudio de la biolog&iacute;a, etc. Al final, los <i>objetos</i> de estudio devienen en sistemas cuya explicaci&oacute;n radica no en sus constituyentes, sino en su naturaleza organizacional. El &aacute;tomo, concebido anta&ntilde;o como la constituci&oacute;n &uacute;ltima y expresi&oacute;n m&iacute;nima e indivisible de la materia, es un bullir de part&iacute;culas, ondas, interacciones, campos que despliegan un comportamiento sumamente complejo, de lo cual depende toda la diversidad del mundo que conocemos. Los &aacute;tomos forman mol&eacute;culas, ya sea inorg&aacute;nicas u org&aacute;nicas, &eacute;stas &uacute;ltimas se aglutinan en entidades vitales, organismos, ya sean vegetales o animales. Y en el nivel m&aacute;s alto de organizaci&oacute;n, seres humanos, sociedades, etc. La Naturaleza, nos dice Morin:</font></p>      <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">no es m&aacute;s que esta extraordinaria solidaridad de sistemas encabalgados edific&aacute;ndose los unos sobre los otros &#91;...&#93; el sistema ha tomado el lugar del objeto simple y sustancial, y es rebelde a la reducci&oacute;n a sus elementos; el encadenamiento de sistemas rompe la idea de objeto cerrado y autosuficiente (Morin, &#91;1981&#93; 2006a: 121&#45;122).</font></p> </blockquote>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a href="/img/revistas/desacatos/n40/a10img3.jpg" target="_blank">Integrantes del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad en Juchit&aacute;n, Oaxaca, 13 de septiembre de 2011.</a></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La cibern&eacute;tica, m&aacute;s particular que el concepto sist&eacute;mico, aunque igualmente transdisciplinar, aplicable a sistemas f&iacute;sicos y sociales, trata de la comunicaci&oacute;n y el control como caracter&iacute;sticas b&aacute;sicas de los organismos vivos e imitables en las m&aacute;quinas y las organizaciones. Para Morin, el elemento clave es el de retroalimentaci&oacute;n, que rompe con la idea de causalidad lineal y que lo lleva al concepto de "recursi&oacute;n" o de "causalidad circular", como un proceso en el que "los 'efectos' retroact&uacute;an sobre sus 'causas'" (Morin, &#91;1988&#93; 2006c: 111), pero que &eacute;l intenta llevar m&aacute;s lejos considerando que es algo que revela "un proceso organizador fundamental y m&uacute;ltiple en el universo f&iacute;sico, que se desvela en el universo biol&oacute;gico y que nos permite concebir la organizaci&oacute;n de la percepci&oacute;n y la organizaci&oacute;n del pensamiento" (Morin, &#91;1988&#93; 2006c: 112).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tanto la cibern&eacute;tica como la teor&iacute;a de sistemas hacen uso del concepto de "informaci&oacute;n", pero esta noci&oacute;n es m&aacute;s aut&oacute;noma y, seg&uacute;n explica Morin, alcanza a enraizarse en la misma <i>physis,</i> en el mismo sustrato de la realidad. &Eacute;sta surge con Shannon y Weaver a mediados del siglo XX en un dominio pr&aacute;ctico de inter&eacute;s tecnol&oacute;gico, sobre la manera m&aacute;s eficiente y econ&oacute;mica de transmitir mensajes, que con el transcurso de las convergencias tecnol&oacute;gicas digitales y computacionales ha tenido un desarrollo formidable, un reto de codificaci&oacute;n de s&iacute;mbolos para la generaci&oacute;n, almacenamiento y transmisi&oacute;n de cosas significantes. Resulta interesante la extrapolaci&oacute;n de esta teor&iacute;a de la informaci&oacute;n al dominio biol&oacute;gico: el ADN<b>,</b> centro de la biolog&iacute;a moderna, constituye una especie de programa computacional para la reproducci&oacute;n y el mantenimiento del organismo, cuyo &eacute;xito depende de una transmisi&oacute;n eficaz de la informaci&oacute;n. No obstante, el concepto de informaci&oacute;n est&aacute; ligado a la idea de "orden": un conjunto de s&iacute;mbolos lanzados al azar no significan nada, pero una agrupaci&oacute;n de elementos ordenados conlleva informaci&oacute;n, como el conjunto de letras en este escrito. De ah&iacute; la definici&oacute;n probabil&iacute;stica que diera Shannon y que eventualmente se ligara, en orden inverso, con el concepto de entrop&iacute;a que, como vimos antes, tambi&eacute;n es una medida de probabilidad. El concepto ser&aacute; central en la nueva <i>physis.</i> Morin escribe, citando a Boulding, que "la informaci&oacute;n es la tercera dimensi&oacute;n b&aacute;sica m&aacute;s all&aacute; de la masa y la energ&iacute;a" (Morin, &#91;1981&#93; 2006a: 347). De esta manera, la informaci&oacute;n queda ligada con la <i>physis</i> pero, hay que advertirlo, con una contradicci&oacute;n: en tanto el cosmos en su totalidad va sufriendo la degradaci&oacute;n, la dispersi&oacute;n de la energ&iacute;a, la muerte t&eacute;rmica, se organiza a la vez en formas complejas y de mayor orden manifiestas en este car&aacute;cter informacional.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La virtud de estas nuevas aproximaciones del siglo XX es la de estudiar las caracter&iacute;sticas de los sistemas abiertos, a diferencia de lo que privilegiaba la ciencia cl&aacute;sica, que eran los sistemas cerrados, aislados. Lo m&aacute;s importante aqu&iacute; es la comunicaci&oacute;n con el entorno, el intercambio de materia, energ&iacute;a e informaci&oacute;n con el ambiente que rodea a una entidad que se encuentra lejos de una situaci&oacute;n de equilibrio y que da lugar a propiedades completamente nuevas. Por eso ilya Prigogine hace hincapi&eacute; en la f&iacute;sica del no equilibrio y la posibilidad de incluir al caos y a la flecha del tiempo en las leyes de la naturaleza. Ya lo coment&aacute;bamos, el tiempo es la dimensi&oacute;n existencial primordial y no hab&iacute;a sido incorporada a la visi&oacute;n mecanicista newtoniana, pues sus leyes eran reversibles. La introducci&oacute;n de la segunda ley de la termodin&aacute;mica fue una primera inserci&oacute;n del flujo del tiempo, pero s&oacute;lo conduc&iacute;a al desorden y resultaba incompatible con la aparici&oacute;n de novedades &#151;como ocurre con la teor&iacute;a de la evoluci&oacute;n darwiniana&#151; y con la creatividad del universo. Era necesario reconocer que "la producci&oacute;n de entrop&iacute;a contiene siempre dos elementos 'dial&eacute;cticos': un sentido creador de desorden, pero tambi&eacute;n un elemento creador de orden" (Prigogine, &#91;1988&#93; 1998: 48). La ciencia de Prigogine nos abre las puertas a la existencia de bifurcaciones, a un devenir que no se puede atrapar en un determinismo absoluto, pues la direcci&oacute;n tomada por un sistema puede modificarse radicalmente por cambios infinitamente peque&ntilde;os en las condiciones del sistema que son imposibles de conocer y/o medir y que conducen a la generaci&oacute;n de novedades, de nuevas estructuras, de nuevos ordenamientos. Morin recoge estas ideas:</font></p>      <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">desviaci&oacute;n, perturbaci&oacute;n y disipaci&oacute;n pueden provocar "estructura", es decir, organizaci&oacute;n y orden a la vez. Es posible, pues, explorar la idea de un universo que forma su orden y su organizaci&oacute;n en la turbulencia, la inestabilidad, la desviaci&oacute;n, la improbabilidad, la disipaci&oacute;n energ&eacute;tica (Morin, &#91;1981&#93; 2006a: 59).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La vieja <i>physis,</i> de car&aacute;cter est&aacute;tico, desprovista de vida, sin posibilidad de dar lugar a nada nuevo, encerrada en su idea de materia conformadora de objetos inertes, es sustituida por un nuevo "principio inmanente de transformaci&oacute;n y de organizaci&oacute;n"(Morin, &#91;1981&#93; 2006a: 75), donde "el caos est&aacute; permanentemente subyacente como infraestructura de nuestra <i>physis"</i> (Morin, &#91;1981&#93; 2006a: 78), que lleva a "concebir un principio complejo del universo" (Morin, &#91;1981&#93; 2006a: 85). Estas ideas son el punto de partida de una forma de intuici&oacute;n moriniana, primero hacia una "ontolog&iacute;a &#91;...&#93; que pone el acento sobre la relaci&oacute;n en detrimento de la sustancia &#91;y&#93; sobre las emergencias, las interferencias, como fen&oacute;menos constitutivos del objeto" (Morin, &#91;1990&#93; 2007: 76), y posteriormente hacia un paradigma de complejidad que nos permita pensar la realidad en sus m&uacute;ltiples dimensiones, en sus variadas expresiones y, sobre todo, hacer retornar a los "expulsados" de la ciencia cl&aacute;sica, pues si bien dicha exclusi&oacute;n sent&oacute; las posibilidades de una extraordinaria explosi&oacute;n de conocimientos, represent&oacute; "una debilidad de mucho peso que ahora asfixia, sofoca, a la nueva y necesaria metamorfosis" (Morin, &#91;1990&#93; 2007: 79). Ahora damos la bienvenida a lo aleatorio, al accidente, a la creatividad, a la imaginaci&oacute;n, al sujeto. Elementos que hasta finales del siglo XIX se consideraran la expresi&oacute;n misma de lo anticient&iacute;fico y que empezaron a infiltrarse poco a poco ante los agotados recursos de la ciencia vieja ahora son el marco de una posible renovaci&oacute;n, de un nuevo paradigma. No se trata, desde luego, de rechazar todo lo que la empresa cient&iacute;fica nos ha regalado en discernimiento, en dilucidaciones extraordinarias de los enigmas del mundo, pero s&iacute; de renovar el misterio, nuestra capacidad de asombro, de aprender a vivir con la incertidumbre.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>C&Iacute;RCULOS DE CONOCIMIENTO</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Edgar Morin sintetiza el cambio de paradigma que cree vislumbrar de la siguiente manera:</font></p>  	    <blockquote> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la visi&oacute;n cl&aacute;sica, cuando una contradicci&oacute;n aparec&iacute;a en un razonamiento, era una se&ntilde;al de error. Significaba dar marcha atr&aacute;s y emprender otro razonamiento. </font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero en la visi&oacute;n compleja, cuando se llega por v&iacute;as emp&iacute;rico&#45;racionales a contradicciones, ello no significa un error sino el hallazgo de una capa profunda de la realidad que, justamente porque es profunda, no puede ser traducida a nuestra l&oacute;gica (Morin, &#91;1990&#93; 2007: 100).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiz&aacute; podemos encontrar un buen ejemplo de esto en el intento de comprender el fen&oacute;meno de la luz. La elucidaci&oacute;n del mismo hab&iacute;a oscilado entre interpretaciones "corpusculares" y "ondulatorias".<sup><a href="#notas">3</a></sup> La f&iacute;sica cu&aacute;ntica, a trav&eacute;s del principio de complementariedad de Niels Bohr, nos habla de la dualidad onda&#45;corp&uacute;sculo de la luz. &Eacute;sta se presenta como una u otra cosa seg&uacute;n el contexto experimental que busque captar el fen&oacute;meno. Las dos descripciones son excluyentes, en el sentido de que no se manifiestan simult&aacute;neamente, y complementarias, porque la totalidad del fen&oacute;meno s&oacute;lo puede entenderse por medio de la superposici&oacute;n de las diferentes descripciones del mismo. Si esto sucede dentro de una misma disciplina, que en el ejemplo mencionado ser&iacute;a la f&iacute;sica, igual deber&aacute; ocurrir de manera transdisciplinaria, en el sentido de que podemos comprender mejor la realidad a partir de m&uacute;ltiples miradas que se retroalimenten y dialoguen entre s&iacute; y con la realidad misma. Este esfuerzo de comunicaci&oacute;n entre disciplinas tendr&aacute; que ir acompa&ntilde;ado de una dimensi&oacute;n epistemol&oacute;gica envolvente que fecunde esa convivencia y ese di&aacute;logo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La misma f&iacute;sica cu&aacute;ntica puso tambi&eacute;n su grano de arena para cambiar lo que era moneda de uso com&uacute;n en las ciencias naturales: olvidar que todo conocimiento es conocimiento de alguien, que el observador juega un papel importante. A su vez, otras instancias permiten reconocer que adem&aacute;s ese alguien pertenece a una cultura. De ah&iacute; que los problemas mente&#45;cerebro, por un lado, e individuo&#45;sociedad, por el otro, sean centrales.<sup><a href="#notas">4</a></sup> La conciencia se nos aparece como el fen&oacute;meno m&aacute;s asombroso y ahora reconocemos plenamente su lazo con la realidad f&iacute;sica y la realidad biol&oacute;gica. Esto nos lleva a la preocupaci&oacute;n de Morin por encontrar conexiones y puentes entre las ciencias del hombre, las ciencias biol&oacute;gicas y las ciencias f&iacute;sicas, pues en el nuevo paradigma de la complejidad "la vida deja de ocupar un lugar intermedio entre lo f&iacute;sico y lo antropol&oacute;gico: adquiere un sentido amplio que se enraiza en la organizaci&oacute;n f&iacute;sica y se despliega sobre todo lo que es antroposocial" (Morin, &#91;1983&#93; 2006b: 29). De ah&iacute; que la nueva <i>physis</i> deba dar testimonio de esa realidad compleja. Debe surgir un nuevo paradigma en el que se intente un punto de vista que cuente con el mundo y reconozca al sujeto. Este &uacute;ltimo y su conciencia tienen un sustrato biol&oacute;gico y f&iacute;sico, pero lo trascienden y desde el horizonte del mundo se interrogan sobre su ser y su ser en el mundo. Lo fundamental, las preguntas m&aacute;s trascendentes del ser humano nos llevaron al conocimiento cient&iacute;fico y ahora &eacute;ste debe llevarnos de vuelta a los planteamientos cardinales. Para Schr&oacute;dinger, "los logros pr&aacute;cticos de la ciencia tienden a ocultar su aut&eacute;ntico sentido", que es el de conocernos mejor. No se menosprecia que la ciencia sea fuente de invenciones para el mejoramiento de las condiciones de vida, si bien no debemos "subestimar la tarea idealista de la ciencia" (Schr&oacute;dinger, &#91;1951&#93; 1988: 19&#45;20), que en palabras de Morin es la de "esclarecer la condici&oacute;n y la conducta humana" (Morin, &#91;1992&#93; 2006d: 71). Los esfuerzos de la ciencia natural en torno a esa preocupaci&oacute;n central deben acompa&ntilde;arse arm&oacute;nicamente de nuestras dem&aacute;s formas de conocimiento, es decir que en "s&iacute;ntesis con el resto del saber &#91;...&#93; contribuya realmente a responder al interrogante &#91;...&#93; &iquest;qu&eacute; somos?" (Schr&oacute;dinger, &#91;1951&#93; 1988: 15). La tarea que Morin propone:</font></p>          <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">no tiene la intenci&oacute;n de limitar el conocimiento de lo humano s&oacute;lo a las ciencias. Considera literatura, poes&iacute;a y artes no s&oacute;lo como medios de expresi&oacute;n est&eacute;tica, sino tambi&eacute;n como medios de conocimiento &#91;...&#93; tiene la plena voluntad de integrar la reflexi&oacute;n filos&oacute;fica en lo humano, pero aliment&aacute;ndola de los logros cient&iacute;ficos (Morin, &#91;2003&#93; 2006e: 17).</font></p>     </blockquote>         <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a href="/img/revistas/desacatos/n40/a10img4.jpg" target="_blank">Periodistas de distintos medios de comunicaci&oacute;n protestan por el asesinato de Regina Mart&iacute;nez, corresponsal de <i>Proceso,</i> en la representaci&oacute;n del gobierno de Veracruz en la ciudad de M&eacute;xico, 30 de abril de 2012.</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Incluso, estar&iacute;amos hablando de un nuevo <i>paradigma</i> en el sentido de aquello que representa "la clave de todo un sistema de pensamiento", que como tal tiene repercusi&oacute;n en toda la acci&oacute;n humana, es decir, "afecta a la vez a la ontolog&iacute;a, a la metodolog&iacute;a, a la epistemolog&iacute;a, a la l&oacute;gica, y en consecuencia, a la pr&aacute;ctica, a la sociedad, a la pol&iacute;tica" (Morin, &#91;1990&#93; 2007: 82). Siguiendo a Morin, hay que entender al hombre en su car&aacute;cter f&iacute;sico, biol&oacute;gico y cultural. Para comprender nuestra naturaleza debemos transitar c&iacute;clicamente desde la esfera de la <i>physis</i> &#151;que no se reduce a una supuesta materialidad del mundo, sino a un mundo de interacciones regida, estructurada, por la triada orden&#45;desorden&#45;organizaci&oacute;n&#151;, que aparece en todos los niveles de la realidad, hasta la esfera de la cultura, pues "la humanidad no se reduce de ning&uacute;n modo a la animalidad, pero sin animalidad no hay humanidad &#91;y&#93; el concepto de hombre comporta una doble entrada; una entrada biof&iacute;sica, una entrada psico&#45;socio&#45;cultural, que se remiten la una a la otra" (Morin, &#91;2003&#93; 2006e: 37).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, atendiendo al despliegue amplio de la condici&oacute;n humana, es imperativa la comprensi&oacute;n del hombre en toda su entrelazada diversidad de manifestaciones, es decir, en su car&aacute;cter de <i>sapiens,</i> pero tambi&eacute;n en el de <i>faber,</i> de <i>economicus,</i> de <i>demens,</i> de <i>ludens,</i> y sobre todo de <i>complexus</i> (Morin, &#91;2003&#93; 2006e: 130&#45;159).</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vemos entonces que la propuesta moriniana busca abarcar todos los campos de acci&oacute;n humana. incluso para su propuesta de una &eacute;tica de religaci&oacute;n, sobre la que no profundizaremos en este ensayo, Morin propone un nuevo humanismo que, m&aacute;s que afirmar la dignidad del hombre y la b&uacute;squeda de su emancipaci&oacute;n para asumir soberanamente su conformaci&oacute;n &eacute;tica e intelectual, se fundar&iacute;a m&aacute;s bien en el reconocimiento de la fragilidad que nos caracteriza y en la fraternidad planetaria con todos nuestros semejantes. El sentido de una &eacute;tica as&iacute; renunciar&iacute;a a cualquier pretensi&oacute;n de salvaci&oacute;n, de progreso o de promesa y se adherir&iacute;a m&aacute;s bien "a la poes&iacute;a de la vida" y a una "resistencia a la crueldad del mundo y a la barbarie humana" (Morin, 2006f: 223) y buscar&iacute;a voltear la vista para escrutar nuestras fuentes c&oacute;smicas, reconocernos como parte de la innovaci&oacute;n y creatividad del universo en su proceso evolutivo y, al hacerlo, "asumir nuestro destino c&oacute;smico, f&iacute;sico, biol&oacute;gico &#91;que&#93; es asumir la muerte al tiempo que se le combate" (Morin, 2006f: 43). En definitiva, Morin busca puentes de comprensi&oacute;n desde el orbe de la <i>physis</i> hasta el orbe &eacute;tico. Como precisa &eacute;l mismo: "no se podr&iacute;a deducir un deber de un saber &#91;... &#93; la moral es verdad subjetiva y el saber pretende la verdad objetiva &#91;...&#93; pero la conducta moral debe tener conocimiento de las condiciones objetivas en las que se ejerce" (Morin, 2006f: 67), es decir, la raz&oacute;n no es privativa del conocimiento objetivo, sino que tambi&eacute;n debe actuar desde la subjetividad en un intento de dilucidar lo que debe ser dentro del orbe &eacute;tico para la construcci&oacute;n de mundos mejores. Se trata de utilizar, como lo dijera el fil&oacute;sofo espa&ntilde;ol Jos&eacute; Antonio Marina (1993), una "inteligencia creadora" para alcanzar un conocimiento del ser y del deber ser.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ciertamente, en este intento abarcador Morin no hace alarde de originalidad: "El discurso que emprendo est&aacute; ya esbozado por todas partes" (Morin, &#91;1990&#93; 2007: 75). Por otro lado, en su af&aacute;n de articular los m&uacute;ltiples saberes, tiende a perderse en generalidades carentes de operatividad y en el uso de un lenguaje que m&aacute;s de uno calificar&iacute;a de excesivamente metaf&oacute;rico y falto de propuesta metodol&oacute;gica propiamente dicha. De ah&iacute; surgen algunas de las cr&iacute;ticas que se le han hecho. Carlos Reynoso, por ejemplo, nos dice que "el trabajo de Morin es una especificaci&oacute;n filos&oacute;fica que se encuentra muchos niveles de generalidad por encima de una posible implementaci&oacute;n cient&iacute;fica" (Reynoso, 2007: 45) y que por tanto habr&iacute;a que tomar su trabajo como punto de partida, o en todo caso como "trampol&iacute;n para saltar hacia una investigaci&oacute;n m&aacute;s sofisticada" (Dobuzinskis, 2004: 449) que conecte con las m&aacute;s actuales teor&iacute;as cient&iacute;ficas de la complejidad. Habr&iacute;a que estar hasta cierto punto atentos a estas cr&iacute;ticas, pero tambi&eacute;n reconocer que en ese entretejido dial&oacute;gico de Morin emerge una intuici&oacute;n digna de tomarse en cuenta, una exploraci&oacute;n intelectual cuya agudeza nos conduce de las preguntas m&aacute;s profundas del misterio de la vida, de la muerte y de la conciencia, hacia nuestra m&aacute;s &iacute;ntima conexi&oacute;n espacio&#45;temporal con el cosmos y nos permite indagar sobre el a&uacute;n m&aacute;s profundo misterio del conocimiento, no a secas, sino del conocimiento <i>humano,</i> atendiendo a sus or&iacute;genes, sus posibilidades y sus limitaciones asociadas a nuestra propia naturaleza f&iacute;sica, biol&oacute;gica e intelectual, caracterizada por la fragilidad y la vulnerabilidad. Habr&iacute;a que decir que lo aqu&iacute; expuesto, por su brevedad, quiz&aacute; no hace justicia a la ampl&iacute;sima obra de Morin, pero al menos ha intentado extraer el esp&iacute;ritu del pensamiento de este fil&oacute;sofo franc&eacute;s, cuyo inter&eacute;s principal ha sido el hombre y su condici&oacute;n en el mundo, pero siempre con la convicci&oacute;n de que la verdadera comprensi&oacute;n anhelada tiene que pasar por la lucha contra la fragmentaci&oacute;n del conocimiento que las formas de aproximaci&oacute;n cient&iacute;fica cl&aacute;sicas nos han heredado.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>REFERENCIAS</b></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Descartes, Ren&eacute;, &#91;1637&#93; 1998, <i>Discurso del m&eacute;todo,</i> Losada, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2729370&pid=S1607-050X201200030001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dobuzinskis, Laurent, 2004, "Where Is Morin's Road to Complexity Going?", en <i>World Futures: The Journal of General Evolution,</i> vol. 60, n&uacute;ms. 5 y 6, pp. 433&#45;455.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2729372&pid=S1607-050X201200030001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gleick, James, 1988, <i>Chaos: Making a New Science,</i> Penguin Books, Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2729374&pid=S1607-050X201200030001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Marina, Jos&eacute; Antonio, 1993, <i>Teor&iacute;a de la inteligencia creadora,</i> Anagrama, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2729376&pid=S1607-050X201200030001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Morin, Edgar, 1984, <i>Ciencia con consciencia,</i> Anthropos, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2729378&pid=S1607-050X201200030001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, &#91;1981&#93; 2006a, <i>El m&eacute;todo 1: la naturaleza de la naturaleza,</i> C&aacute;tedra, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2729380&pid=S1607-050X201200030001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, &#91;1983&#93; 2006b, <i>El m&eacute;todo 2: la vida de la vida,</i> C&aacute;tedra, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2729382&pid=S1607-050X201200030001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, &#91;1988&#93; 2006c, <i>El m&eacute;todo 3: el conocimiento del conocimiento,</i> C&aacute;tedra, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2729384&pid=S1607-050X201200030001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, &#91;1992&#93; 2006d, <i>El m&eacute;todo 4: las ideas: su h&aacute;bitat, sus costumbres, su organizaci&oacute;n,</i> C&aacute;tedra, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2729386&pid=S1607-050X201200030001000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, &#91;2003&#93; 2006e, <i>El m&eacute;todo 5: la humanidad de la humanidad: la identidad humana,</i> C&aacute;tedra, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2729388&pid=S1607-050X201200030001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 2006f, <i>El m&eacute;todo 6: &eacute;tica,</i> C&aacute;tedra, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2729390&pid=S1607-050X201200030001000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, &#91;1990&#93; 2007, <i>Introducci&oacute;n al pensamiento complejo,</i> Gedisa, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2729392&pid=S1607-050X201200030001000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Penrose, Roger, 1989, <i>The Emperor's New Mind: Concerning Computers, Minds, and the Laws of Physics,</i> Penguin Books, Nueva York.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2729394&pid=S1607-050X201200030001000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 2007, <i>Las sombras de la mente: hacia una comprensi&oacute;n cient&iacute;fica de la conciencia,</i> Cr&iacute;tica, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2729396&pid=S1607-050X201200030001000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Prigogine, Ilya, &#91;1988&#93; 1998, <i>El nacimiento del tiempo,</i> Tusquets, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2729398&pid=S1607-050X201200030001000015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Reynoso, Carlos, 2007, <i>Edgar Morin y la complejidad: elementos para una cr&iacute;tica,</i> Grupo Antropocaos, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2729400&pid=S1607-050X201200030001000016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Schr&ouml;dinger, Erwin, &#91;1951&#93; 1988, <i>Ciencia y humanismo,</i> Tusquets, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2729402&pid=S1607-050X201200030001000017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Snow, Charles Percy, 1964, <i>The Two Cultures: And a Second Look,</i> Cambridge University Press, Cambridge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2729404&pid=S1607-050X201200030001000018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Se trata, m&aacute;s que de un sistema de pensamiento globalizador, de una forma de reflexi&oacute;n que articule, de un "esfuerzo &#91;que conduzca&#93; a los conocimientos cruciales, los puntos estrat&eacute;gicos, los nudos de comunicaci&oacute;n &#91;...&#93; entre las esferas disjuntas" (Morin, &#91;1981&#93; 2006a: 33).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Snow se refiri&oacute; en realidad a las ciencias y a las letras. Present&oacute; sus ideas en una conferencia en 1959 titulada "The Two Cultures", y las extendi&oacute; en 1964 bajo el t&iacute;tulo <i>The Two Cultures: And a Second Look.</i></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> La mente humana recurre a formas experimentadas en otros contextos para tratar de explicar fen&oacute;menos diferentes que pueden ser m&aacute;s escurridizos. Ciertamente podr&iacute;amos preguntar: &iquest;qu&eacute; hay m&aacute;s escurridizo que la luz?</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Ya que mencionamos lo que tiene que decir la f&iacute;sica cu&aacute;ntica sobre esos temas, es relevante citar a manera de ejemplo respecto del tema de la relaci&oacute;n mente&#45;cerebro la propuesta que hace Roger Penrose en su libro <i>Sombras de la mente,</i> primero en el sentido de distinguir el pensamiento consciente de la mera computaci&oacute;n, y posteriormente de investigar de qu&eacute; modo la conciencia aparece a partir de la materia, el espacio y el tiempo, hurgando en la profundidad del campo mecano&#45;cu&aacute;ntico (Penrose, 2007).</font></p>      ]]></body><back>
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