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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Comentario</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Empate, conflicto e incertidumbre</b></font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Jos&eacute; Antonio Crespo</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Centro de Investigaci&oacute;n y Docencia Econ&oacute;micas, M&eacute;xico&#45;Distrito Federal</i>. <a href="mailto:cres5501@hotmail.com">cres5501@hotmail.com</a></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los art&iacute;culos reunidos en este n&uacute;mero relatan, analizan y reflexionan sobre una elecci&oacute;n presidencial, la primera despu&eacute;s de varias d&eacute;cadas, celebrada bajo un gobierno distinto al Partido Revolucionario Institucional (PRI), que no logr&oacute; su prop&oacute;sito fundamental: el consenso electoral. El consenso electoral no se refiere, como muchos llegan a creer, a que todos los electores hayan votado por el mismo candidato que, evidentemente, resultar&iacute;a el ganador indiscutible. No, el consenso electoral se refiere a aquella circunstancia en la que la abrumadora mayor&iacute;a de los ciudadanos acepta la idea de que quien gan&oacute; oficialmente la elecci&oacute;n lo hizo en buena lid, que su triunfo refleja sin asomo de duda la voluntad de la mayor&iacute;a ciudadana emitida en las urnas. Eso fue lo que sucedi&oacute;, por ejemplo, en la elecci&oacute;n del a&ntilde;o 2000; s&oacute;lo 43&#37; del electorado sufrag&oacute; por Vicente Fox y, sin embargo, la abrumadora mayor&iacute;a (si no es que la totalidad) de los ciudadanos dio por bueno su triunfo. Nadie puso en duda que &eacute;sa era la voluntad de la mayor&iacute;a ciudadana, independientemente de que se hubiera votado o no por el entonces candidato panista. Ese es uno de los prop&oacute;sitos esenciales de una elecci&oacute;n democr&aacute;tica, que las condiciones de equidad, limpieza e imparcialidad sean tales que el veredicto oficial, que da como ganador a uno de los contendientes, sea aceptado por la totalidad de la ciudadan&iacute;a, independientemente de cu&aacute;l haya sido su preferencia. El consenso electoral est&aacute; asociado a la certeza, uno de los ejes rectores de los comicios establecido por la Constituci&oacute;n. Lo anterior es justo lo que no ocurri&oacute; en 2006, y en esa medida la elecci&oacute;n fue un fracaso. Eso, independientemente de cu&aacute;l sea la creencia de cada ciudadano sobre si el veredicto oficial en realidad refleja la voluntad mayoritaria o no. El dato duro que tenemos sobre esta elecci&oacute;n no es, como hubiera sido deseable, que uno u otro de los contendientes gan&oacute; con absoluta certeza y en buena lid. No, el dato duro con que contamos es la divisi&oacute;n de la opini&oacute;n al respecto. Pr&aacute;cticamente todas las encuestas levantadas desde el 2 de julio, con peque&ntilde;as diferencias de algunos puntos, ubican que poco m&aacute;s de la mitad de los ciudadanos (entre 50 y 55&#37;) piensa que Felipe Calder&oacute;n &#151;el ganador oficial&#151; triunf&oacute; en buena lid, sin sombra de duda; que cerca de una tercera parte (entre 35 y 40&#37;) cree que hubo un fraude suficiente que le arrebat&oacute; el triunfo a Andr&eacute;s Manuel L&oacute;pez Obrador, quien, por tanto, debi&oacute; haber quedado como presidente; finalmente, que un tercer segmento minoritario (entre 10 y 15&#37;) considera que los datos disponibles y los hechos asociados al proceso electoral no permiten saber a ciencia cierta cu&aacute;l de los dos punteros &#151;Calder&oacute;n o L&oacute;pez Obrador&#151; gan&oacute;, que no puede haber certidumbre ni sobre el triunfo del candidato panista ni la presunta victoria arrebatada al candidato perredista. Lo que prevalece, desde esta &oacute;ptica, es la incertidumbre.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Comparto la posici&oacute;n de ese segmento que no se atreve a declarar ganador a ninguno de los contendientes ante la falta de elementos fehacientes que demuestren el triunfo de L&oacute;pez Obrador y el fraude que lo rob&oacute; &#151;cuya demostraci&oacute;n correspond&iacute;a al Partido de la Revoluci&oacute;n Democr&aacute;tica (PRD)&#151; o la victoria indiscutible de Calder&oacute;n &#151;cuya demostraci&oacute;n correspond&iacute;a al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federaci&oacute;n(TEPJF). Me parece que, ante la falta de evidencia contundente en un sentido o en otro, pensar que gan&oacute; Calder&oacute;n o L&oacute;pez Obrador se convirti&oacute; en un acto de fe, no de demostraci&oacute;n racional, y que el segmento de la incertidumbre se declara &#151;con raz&oacute;n&#151; por el "agnosticismo". Se podr&iacute;a pensar que quienes profesan el triunfo de Calder&oacute;n son aquellos que sufragaron por &eacute;l, en tanto que quienes creen que hubo un fraude en contra de L&oacute;pez Obrador para arrebatarle su clara victoria, son aquellos que votaron por el perredista. Esa es la tendencia, evidentemente. Sin embargo, la incertidumbre y la falta de pruebas fehacientes en un sentido o en otro es tal, que hay segmentos del electorado que, habiendo votado por alguno de los dos punteros, cree en la victoria del otro, o que no aciertan a declarar a ninguno como leg&iacute;timo ganador. Eso mismo lo muestra una encuesta nacional encargada por el Instituto Federal Electoral (IFE), en la que se revela que, si bien 12&#37; de votantes obradoristas acepta el triunfo indiscutible de Calder&oacute;n, hay tambi&eacute;n 29&#37; de calderonistas que creen que L&oacute;pez Obrador sufri&oacute; un fraude, y 44&#37; (casi la mitad) de quienes se declaran agn&oacute;sticos votaron igualmente por el candidato panista (v&eacute;ase <a href="/img/revistas/desacatos/n24/a9g1.jpg" target="_blank">gr&aacute;fica 1</a>, p. 182).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este lamentable desenlace (la falta del consenso electoral) es producto de dos fen&oacute;menos paralelos que coincidieron, y que cada uno, por s&iacute; mismo, es posible en comicios competidos y competitivos: 1) un nivel determinado, incluso no muy elevado, de errores humanos, irregularidades deliberadas, anomal&iacute;as de conteo y captaci&oacute;n del voto, inequidades en favor del partido del gobierno, injerencias indebidas de terceros, y 2) un resultado sumamente cerrado entre el primero y segundo lugares. Lo primero &#151;un cierto nivel de anomal&iacute;as e irregularidades&#151; es pr&aacute;cticamente imposible de evitar a&uacute;n en las democracias m&aacute;s antiguas y desarrolladas. Nunca es completamente superada la tentaci&oacute;n de los contendientes o sus partidarios de inclinar la balanza a su favor aun incurriendo en actos il&iacute;citos. Las democracias electorales consolidadas no se distinguen de las m&aacute;s incipientes o simuladas en que no haya ninguna irregularidad, errores o inequidades, sino en que &eacute;stas suelen ser de baja intensidad. Dif&iacute;cilmente se puede concebir una elecci&oacute;n absolutamente impecable, lo cual no suele generar problemas electorales siempre y cuando la diferencia entre los contendientes sea holgada, pues en tal caso, los errores, las anomal&iacute;as e inequidades no afectan el resultado; esto es, no son determinantes en la conformaci&oacute;n del veredicto oficial. O bien cuando la conformaci&oacute;n del gobierno no se determina a partir de una mayor&iacute;a de votos a favor de un partido, sino a partir de coaliciones mayoritarias en el Congreso (como es la norma en los sistemas parlamentarios), pues en tal caso, un partido con una mayor&iacute;a de votos (amplia o exigua, pero no absoluta) no necesariamente formar&aacute; gobierno; podr&iacute;a hacerlo el conjunto de partidos minoritarios que, juntos, pueden conformar una mayor&iacute;a legislativa capaz de formar gobierno (como sucedi&oacute; en Suecia en 1976, o en Jap&oacute;n en 1993).</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n24/a9f1.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, una elecci&oacute;n sumamente cerrada entre los dos contendientes punteros (en la que, adem&aacute;s, la mayor&iacute;a relativa del voto es determinante para formar gobierno, como sucede en los sistemas presidenciales) podr&iacute;a no dar lugar a dudas sobre la autenticidad del veredicto oficial en caso de ser absolutamente pulcras, impecables, lo cual es, como se dijo, algo pr&aacute;cticamente imposible de lograr. Pero se puede recurrir a mecanismos y procedimientos de revisi&oacute;n exhaustiva&#151;como un recuento total de los votos&#151; para despejar dudas e imprimir mayor certidumbre al resultado (como sucedi&oacute; recientemente en Alemania o Italia). En otras palabras, si bien cuando hay un resultado estrecho se apela al apotegma de que "en una democracia se pierde o se gana por un solo voto", habr&iacute;a que agregar el corolario de que, por lo mismo, "basta un voto irregular o sospechoso para poner en duda el veredicto oficial". Es decir, mientras m&aacute;s estrecha sea la diferencia entre el primero y el segundo lugar, m&aacute;s limpia debe ser la elecci&oacute;n para que sea aceptada por todos, pues en tal caso bastar&iacute;a un peque&ntilde;o margen de irregularidades, errores o anomal&iacute;as para modificar el veredicto final. Y en ello radica justo la dificultad, si se parte de que en toda elecci&oacute;n (en todo pa&iacute;s, en todo momento hist&oacute;rico) se registran algunas anomal&iacute;as, errores, inequidades que, en tal caso, pueden convertirse en determinantes y, en esa medida, arrojar dudas sobre la fidelidad del veredicto oficial. En el extremo, si se gana por un voto, s&oacute;lo dos votos manipulados cambiar&iacute;an el resultado. En efecto, dicha eventualidad tendr&iacute;a que llegar tarde o temprano, desde que en M&eacute;xico se entr&oacute; de lleno en la competitividad electoral. En alg&uacute;n momento se caer&iacute;a en un "empate virtual" que probablemente nos llevar&iacute;a a una situaci&oacute;n de impugnaci&oacute;n, dudas, descalificaciones, incertidumbre y conflicto poselectoral. De hecho, eso hab&iacute;a ocurrido ya en numerosos comicios para gobernador, aun antes del a&ntilde;o 2000 (v&eacute;ase Crespo, 1999). Muchos lo vieron pero pocos lo previnieron. Por ejemplo, el escritor Carlos Fuentes hab&iacute;a dicho en 1999: "Vistas las cosas a principios de 1999, es muy probable que la elecci&oacute;n presidencial del a&ntilde;o 2000 arroje un resultado de empate pr&aacute;ctico &#91;...&#93;. En todo caso, estamos ante una posibilidad de ingobernabilidad que m&aacute;s vale prever desde ahora"<sup><a href="#notas">1</a></sup>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tendencia hist&oacute;rica apuntaba a que la distancia entre el primero y segundo lugar se cerraba indefectiblemente, por lo cual cab&iacute;a esperar que, en alg&uacute;n momento, ser&iacute;a tan cerrada que nos llevar&iacute;a al terreno de la incertidumbre dado el margen inevitable de anomal&iacute;as y errores que contiene toda elecci&oacute;n democr&aacute;tica (v&eacute;ase <a href="/img/revistas/desacatos/n24/a9g2.jpg" target="_blank">gr&aacute;fica 2</a>).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tomando en cuenta lo anterior, en el caso de la elecci&oacute;n de 2006 decir que Felipe Calder&oacute;n gan&oacute; sin asomo de duda, pese a haberlo hecho con una diferencia de 0.6&#37; del voto total, es afirmar impl&iacute;citamente que las elecciones mexicanas son las m&aacute;s pulcras e imparciales organizadas en el mundo. Aunque mucho hemos avanzado en este terreno, esto es un tanto exagerado de aseverar. Lo mismo puede decirse en el corte transversal de los comicios; se ha calculado, con raz&oacute;n, que el nivel de anomal&iacute;as e inconsistencias en 2006 no fue muy distinto al de los comicios federales intermedios de 2003, e incluso al presidencial de 2000. Adem&aacute;s, la magnitud promedio de esos errores no fue muy elevada: 1.26&#37; de votos por casilla en 2000, y 1.35&#37; en 2006 (cfr. Aparicio, 2006). Entonces, &iquest;por qu&eacute; el problema en la elecci&oacute;n de 2006 y no en la de 2000&#63; Por el resultado sumamente estrecho en la de 2006, y el relativamente holgado en la de 2000. Para ejemplificar: si se asume, por decir, un nivel de errores y anomal&iacute;as no muy alto (de 1&#37;), una diferencia de 6&#37;, como la que dio el triunfo a Fox, har&aacute; que aquellas irregularidades sean irrelevantes. Pero ante el mismo margen, una diferencia de 0.6&#37; puede hacer determinantes esas (relativamente) peque&ntilde;as irregularidades, situaci&oacute;n que fue vislumbrada en 2005, con raz&oacute;n, por el presidente del IFE, Luis Carlos Ugalde:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es probable que la competencia del pr&oacute;ximo a&ntilde;o sea cerrada. De ah&iacute; que sea indispensable renovar el acuerdo con el resultado de las urnas, aun si &eacute;ste es muy apretado. En 2000 la diferencia entre el ganador de la presidencia y su m&aacute;s cercano contrincante fue de m&aacute;s de seis puntos, pero si la diferencia hubiera sido de menos de un punto, &iquest;habr&iacute;a sido igual la aceptaci&oacute;n del resultado&#63; (Ugalde, 2005).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute; es. Y lo mismo puede decirse sobre por qu&eacute; un partido (en este caso, el PRD) puede justificadamente impugnar una elecci&oacute;n determinada (la presidencial) y no hacerlo con otras concurrentes (como las legislativas) realizadas en el mismo proceso electoral, bajo la misma autoridad electoral (el IFE) y bajo el mismo marco normativo. Se ha resaltado como incongruente u oportunista la descalificaci&oacute;n de una elecci&oacute;n en particular y su resultado (la presidencial) y no hacerlo respecto a las concurrentes (para diputados y senadores). Pero en estricto sentido, la impugnaci&oacute;n en el caso de una y no en las dem&aacute;s responder&iacute;a a la diferencia entre el primero y segundo lugar, que evidentemente puede y suele ser distinta en los distintos comicios. En la presidencial, esa diferencia fue de 0.6&#37;, mientras que en las 300 de diputado por principio de mayor&iacute;a relativa, s&oacute;lo en 14 (es decir, 4.5&#37; del total de esos comicios) esa diferencia fue de 1&#37; o menos. De esos distritos muy competidos, s&oacute;lo en seis queda el PRD como perdedor en segundo sitio (es decir, en una situaci&oacute;n similar a la de la elecci&oacute;n presidencial), en cuyo caso ser&iacute;a congruente que se pusiera en duda el resultado. Pero eso ocurri&oacute; s&oacute;lo en 2&#37; del total de los comicios para diputados de mayor&iacute;a relativa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y justo debido a un resultado apretado en la elecci&oacute;n presidencial es que el candidato perdedor tiene m&aacute;s elementos para impugnar el resultado oficial que si la diferencia hubiera sido holgada, llevando a cabo una protesta m&aacute;s veros&iacute;mil ante sus seguidores (o ante la mayor&iacute;a de ellos, e incluso ante otros ciudadanos que no lo eran, seg&uacute;n se vio). En tales circunstancias, casi cualquier margen de error humano, irregularidad dolosa, injerencia indebida, manipulaci&oacute;n electoral de programas sociales, parcialidad por parte de las autoridades a favor de un candidato pueden ser, juntas o por separado, determinantes en el veredicto oficial. La natural proclividad a desconocer un resultado desfavorable se incrementa en tales circunstancias, a lo cual hay que agregar el car&aacute;cter incipiente de la democracia electoral mexicana, que s&oacute;lo hab&iacute;a experimentado un buen precedente en 2000, en cuyo caso esa proclividad a cuestionar e incluso desconocer un veredicto desfavorable es mayor en democracias incipientes que en las consolidadas (cfr. Anderson <i>et al.,</i> 2005: cap. VI). Hac&iacute;a falta m&aacute;s, antes de experimentar un resultado estrecho, pero eso depende del azar (pues los electores no pueden ponerse de acuerdo en dar el triunfo a un candidato con un amplio margen de diferencia).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero al registrarse el resultado cerrado, cada elemento de inequidad, cada comportamiento il&iacute;cito por parte de los adversarios, cada injerencia indebida del gobierno, cada acto de parcialidad real o aparente de las autoridades electorales, pueden contar en la percepci&oacute;n de los perdedores como explicaci&oacute;n de ese resultado. Alberto Aziz, en su art&iacute;culo respectivo, hace un recuento de los elementos con los que puede contar el PRD como evidencias de una contienda ganada en mala lid, que parte de la conformaci&oacute;n de la autoridad electoral &#151;el IFE&#151; en octubre de 2003, con exclusi&oacute;n de quien, al final, result&oacute; perdedor en segundo lugar (arrojando desde entonces una sospecha razonable sobre la posible parcialidad de los consejeros electorales de esa instituci&oacute;n, cercanos tanto al PRI como al Partido Acci&oacute;n Nacional, PAN); de la utilizaci&oacute;n pol&iacute;tica del aparato del Estado por parte del presidente Fox para detener el avance de L&oacute;pez Obrador, tanto en el asunto de los "video&#45;esc&aacute;ndalos" de corrupci&oacute;n en el gobierno capitalino en 2004 y, sobre todo, del episodio del desafuero del precandidato perredista, con mayor intenci&oacute;n de voto entonces, en 2005, con clara parcialidad y doble vara por parte de la procuraci&oacute;n de justicia federal a partir de un asunto nimio (en medio de la impunidad de casos mucho m&aacute;s graves, pero dejados de lado por esa misma justicia federal).</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n24/a9f2.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es cierto que un balance equilibrado tendr&iacute;a que dar cuenta de los errores cometidos por L&oacute;pez Obrador durante su campa&ntilde;a &#151;como tambi&eacute;n lo sugiere Aziz&#151;, pues todav&iacute;a en marzo el candidato del PRD gozaba de una ventaja de m&aacute;s o menos diez puntos sobre su m&aacute;s cercano seguidor. Esta ventaja se tradujo en un arma de doble filo, pues L&oacute;pez Obrador pec&oacute; de exceso de confianza &#151;que f&aacute;cilmente se transforma en soberbia&#151; y baj&oacute; la guardia m&aacute;s con autocomplacencia que con prudencia. Entrar de lleno y de manera descuidada en el debate con el presidente Fox, no asistir al primero de dos debates presidenciales (y desechar la posibilidad de al menos aparecer en el posdebate en condiciones de privilegio sobre sus adversarios), insistir en priorizar la campa&ntilde;a territorial sobre la medi&aacute;tica (as&iacute; fuera por cuesti&oacute;n de principios), el retraso y la poca habilidad para responder a la campa&ntilde;a de desprestigio lanzada por el PAN, son errores que gradual, pero claramente, menguaron la ventaja de L&oacute;pez Obrador sobre Calder&oacute;n (cfr. Camacho y Almaz&aacute;n, 2006).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El candidato perredista repiti&oacute; varios de los errores de Cuauht&eacute;moc C&aacute;rdenas en la campa&ntilde;a de 1994, olvidando algunos de los principios fundamentales de toda elecci&oacute;n democr&aacute;tica (cfr. Aguilar Z&iacute;nzer, 1995:1) el grueso del electorado, en condiciones normales, se halla en el centro del espectro ideol&oacute;gico y no en sus extremos; 2) si el voto duro no es suficiente, es indispensable cultivar y cuidar el voto moderado, el de los independientes (que en el caso de L&oacute;pez Obrador estaba mayoritariamente con &eacute;l y conformaba cerca de 60&#37; de su electorado potencial), sin olvidar que el voto moderado es altamente vol&aacute;til pues tiene siempre otras opciones y es muy reticente a discursos y programas radicales y estridentes; 3) el voto duro, en cambio, es poco vol&aacute;til pues no tiene muchas opciones; 4) en cuyo caso m&aacute;s vale correrse hacia el centro ideol&oacute;gico, donde est&aacute;n los votantes, y mantenerse ah&iacute;, pues si bien eso puede generar molestias en el electorado duro, m&aacute;s radical y combativo, dif&iacute;cilmente se perder&aacute; mucho de ese voto (o en todo caso, el saldo entre votos duros perdidos y votos moderados ganados o preservados ser&aacute; positivo). L&oacute;pez Obrador descuid&oacute; o despreci&oacute; la gran cantidad de votantes independientes que para marzo a&uacute;n ten&iacute;an intenci&oacute;n de sufragar por &eacute;l, prefiriendo dar gusto a los excesos de su electorado duro, el que asiste a los m&iacute;tines de campa&ntilde;a y celebra el radicalismo y el discurso estridente. Con lo cual abri&oacute; un flanco para que sus adversarios golpearan por medio de una intensa campa&ntilde;a negativa, minando significativamente su electorado moderado. Para cuando L&oacute;pez Obrador reaccion&oacute;, ya no pudo recuperar el terreno perdido.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De cualquier manera, lo antes dicho no explica la derrota de L&oacute;pez Obrador, sino s&oacute;lo la p&eacute;rdida de la enorme ventaja que manten&iacute;a hasta pocos meses antes de que se realizaran las votaciones, momento en que todas las encuestas mostraban un "empate t&eacute;cnico" entre L&oacute;pez Obrador y Calder&oacute;n, lo que significaba que cualquiera de los dos podr&iacute;a ganar, aunque seguramente por un margen estrecho. Era entonces claro que las irregularidades cometidas por cualquiera de los bandos podr&iacute;an inclinar il&iacute;citamente la balanza y, por tanto, la probabilidad de que se diera una fuerte impugnaci&oacute;n y un conflicto poselectoral por parte de quien quiera que fuera el perdedor era muy probable (cfr. Crespo, 2006). En el caso de que L&oacute;pez Obrador fuera el perdedor &#151;como sucedi&oacute;&#151;, entonces el alegato del PRD para impugnar la elecci&oacute;n se alimentar&iacute;a de una buena cantidad de agravios palpables por parte de sus adversarios, como son: a) su exclusi&oacute;n en la conformaci&oacute;n del IFE, cuyos consejeros en su mayor&iacute;a resultaron ser propuestas de quienes finalmente formaron la dupla ganadora: Elba Esther Gordillo y Felipe Calder&oacute;n; b) la persecuci&oacute;n pol&iacute;tica de L&oacute;pez Obrador desde el gobierno federal, tanto en el asunto de los "video&#45;esc&aacute;ndalos" como en el del "desafuero", que fue visto por una mayor&iacute;a de 72&#37; m&aacute;s como una maquinaci&oacute;n pol&iacute;tica que como la estricta y desinteresada aplicaci&oacute;n de la ley <i>(El Universal,</i> 21 de abril de 2005); c) la injerencia del presidente Fox a favor del candidato panista y, m&aacute;s claramente, en contra de L&oacute;pez Obrador, que se percibi&oacute; como la continuaci&oacute;n del desafuero por otros medios (seg&uacute;n lo reconoci&oacute; el propio Fox meses m&aacute;s tarde: " &#91;El desafuero&#93; Fue una decisi&oacute;n dif&iacute;cil. Y perd&iacute;. Entonces me retir&eacute;. Pagu&eacute; el costo pol&iacute;tico, pero 18 meses m&aacute;s tarde me desquit&eacute; cuando gan&oacute; mi candidato"<sup><a href="#notas">2</a></sup>); d) el uso electoral de los programas sociales a favor de Calder&oacute;n, lo que arroja el interesante dato de que, si bien en los cien municipios con mayor marginaci&oacute;n el PRI gan&oacute; 40&#37; del voto, el PRD consigui&oacute; el segundo sitio con 37&#37; y el PAN s&oacute;lo 15&#37;, y que en los cien municipios con menor ingreso, el PRI gan&oacute; igualmente con 43&#37;, el PRD le sigui&oacute; con 30&#37; y el PAN capt&oacute; s&oacute;lo 19&#37;, en los cien municipios m&aacute;s favorecidos por el programa Oportunidades el PAN logr&oacute; 39&#37; del voto, seguido por el PRD, con 31&#37;, y el PRI al final, con 23&#37;, lo que refleja c&oacute;mo en municipios marginales un programa social puede invertir radicalmente los resultados a favor del partido promotor (cfr., Tello D&iacute;az, 2007: 84); e) hubo una clara injerencia en la campa&ntilde;a electoral de terceros actores, como el Consejo Coordinador Empresarial, por medio de mensajes medi&aacute;ticos a favor de Calder&oacute;n, con lo cual se viol&oacute; la ley electoral.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de estos elementos, el PRD se lanz&oacute; a la movilizaci&oacute;n, pidiendo la revisi&oacute;n de "voto por voto y casilla por casilla", petici&oacute;n que, dadas las condiciones en que se realiz&oacute; la elecci&oacute;n y en virtud de lo estrecho del resultado, no era en absoluto descabellada. Las facetas, los argumentos y un posible saldo del conflicto poselectoral es abordado en este n&uacute;mero por Sergio Tamayo, quien concluye que dicha protesta se adapt&oacute; y cambi&oacute; a partir de la din&aacute;mica de sus protagonistas y de las circunstancias. Un saldo de dicha movilizaci&oacute;n fue el alejamiento de algunos sectores moderados que votaron por L&oacute;pez Obrador, tanto por desconocer el fallo del TEPJF (y aceptar el nombramiento de "presidente leg&iacute;timo", algo que constituye parte del arreglo democr&aacute;tico y es obligado por la Constituci&oacute;n), como por la afectaci&oacute;n del tr&aacute;nsito capitalino al ocupar la avenida Reforma (movilizaci&oacute;n que muchos defienden, por otra parte, en t&eacute;rminos de canalizar por v&iacute;as no violentas el enojo de los seguidores m&aacute;s radicales de L&oacute;pez Obrador, as&iacute; como un factor que elev&oacute; el costo pol&iacute;tico del posible atropello electoral a sus perpetradores).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, como parte de la evaluaci&oacute;n del proceso electoral y su baja calidad, est&aacute; el c&oacute;mputo de los votos por parte del IFE y la posterior calificaci&oacute;n por el TEPJF. En ambos casos hubo deficiencias, errores, contradicciones, omisiones y, en general, un comportamiento que, al menos, puede f&aacute;cilmente aparecer como parcial a favor del PAN. Esto es abordado en el art&iacute;culo de Rafael Loyola. En cuanto a la participaci&oacute;n del IFE, no s&oacute;lo fue un error no haber diferenciado en el Programa Preliminar de Resultados Electorales (PREP) las casillas recibidas de las contabilizadas (sin distinguir las once mil que, por tener inconsistencias, eran rechazadas por ese programa preliminar). Si bien es cierto que el PRD conoc&iacute;a el acuerdo para no incluir en el PREP las casillas con ciertas inconsistencias (aprobado por todos los partidos), y que hab&iacute;a visitado v&iacute;a Internet ese archivo, y reconociendo que en ello actu&oacute; con alevos&iacute;a, el compromiso del IFE no s&oacute;lo era para con los partidos, sino con los ciudadanos que, con todo derecho, quer&iacute;an conocer el destino de su voto y el resultado final. Suponiendo que en ello no hubo mala fe por parte del IFE, s&iacute; hubo al menos una gran torpeza que aliment&oacute; las sospechas en esos momentos tan delicados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Menos disculpable es la postura del IFE durante su conteo oficial del 5 de julio, cuando por ley ten&iacute;a que haber recontado aquellos paquetes cuyas actas registraban anomal&iacute;as aritm&eacute;ticas, es decir, alguna diferencia entre la columna de ciudadanos registrados, las boletas encontradas en las urnas y la suma total de votos a los partidos y los anulados (o emitidos por candidatos no registrados). Cerca de la mitad de las actas registraba alguna anomal&iacute;a de ese tipo, por lo que, por ley, ten&iacute;an que haber sido recontadas por el IFE el 5 de julio. La posici&oacute;n del PRD era, evidentemente, la de abrir todos esos paquetes &#151;o los m&aacute;s que fuera posible&#151; para corroborar su contenido con lo registrado en las actas, o pulir sus inconsistencias. La posici&oacute;n del PAN fue, en cambio, abrir el menor n&uacute;mero de paquetes posible. Los consejos distritales del IFE, cuya responsabilidad era realizar el conteo en cada uno de los 300 distritos legislativos, optaron por la v&iacute;a de abrir s&oacute;lo unos cuantos paquetes (5&#37;) de los que por ley era menester revisar, seg&uacute;n lo dictamin&oacute; m&aacute;s tarde el TEPJF en su primera sentencia sobre la elecci&oacute;n presidencial, emitida el 5 de agosto de 2006. El Tribunal aclar&oacute; entonces que, de acuerdo con el art&iacute;culo 247&#45;c del Cofipe, bastaba con que se reg&iacute;strara cualquier inconsistencia aritm&eacute;tica en el acta entre ciudadanos registrados, boletas encontradas en la urna o la suma total de votos, "para que el consejo distrital correspondiente est&eacute; obligado, de oficio, a realizar de nueva cuenta el escrutinio y c&oacute;mputo" de los paquetes respectivos. Y abund&oacute;:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo anterior se sostiene si se toma en cuenta que la realizaci&oacute;n de un nuevo escrutinio y c&oacute;mputo tiene como finalidad garantizar que los datos utilizados para la realizaci&oacute;n de los c&oacute;mputos guarden una correspondencia con los votos realmente emitidos por los ciudadanos el d&iacute;a de la jornada electoral, finalidad que s&oacute;lo se alcanza si se realiza el recuento ante la existencia de errores evidentes en las actas, pues en cualquier hip&oacute;tesis se trata de atender los mecanismos que est&aacute;n encaminados a garantizar la certeza de los resultados, esto es, su coincidencia con la votaci&oacute;n emitida por los ciudadanos en la casilla.</font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Parte de la suspicacia de los obradoristas en este proceso se gener&oacute; al abrirse un porcentaje baj&iacute;simo (5&#37;) de los paquetes que por ley debieron haberse recontado, postura favorable al PAN, para lo cual no hab&iacute;a justificaci&oacute;n alguna, cuando incluso en varios distritos se abrieron muy pocos paquetes o ninguno, pese a que varias actas registraban una inconsistencia no de uno o dos votos, sino de cifras cercanas o aun superiores a cien. As&iacute;, en 107 de los 300 distritos s&oacute;lo se abrieron tres o menos paquetes, y de ellos, en 22 no se abri&oacute; un solo paquete. Am&eacute;n de ello, el Consejo General del IFE envi&oacute; a los consejos distritales un comunicado donde advert&iacute;a del riesgo de abrir paquetes en exceso, pues exist&iacute;a el precedente en Tabasco de anulaci&oacute;n de la elecci&oacute;n a gobernador (de 2000) porque la autoridad electoral hab&iacute;a abierto cierto n&uacute;mero de paquetes sin que hubiera justificaci&oacute;n legal para ello. En el caso que nos ocupa, una lectura clara de la ley &#151;que debi&oacute; haber hecho el Consejo General&#151; arrojar&iacute;a la conclusi&oacute;n de que no hab&iacute;a ese peligro, toda vez que, como se dijo, la ley establec&iacute;a que el recuento era no s&oacute;lo posible sino obligado en el caso de que las actas correspondientes mostraran cualquier inconsistencia aritm&eacute;tica. El resultado del comunicado sobre el caso de Tabasco enviado por el Consejo General del IFE fue utilizado por los representantes del PAN para inhibir la apertura de los paquetes conforme a lo establecido por la ley y, peor aun, en algunos casos contaron con la ayuda de los vocales ejecutivos del IFE en varios distritos, tambi&eacute;n para reducir el n&uacute;mero de paquetes abiertos y recontados. Esto gener&oacute; en los obradoristas y otros ciudadanos la impresi&oacute;n de que la estructura del IFE se sumaba a la causa calderonista de impedir la apertura de tantos paquetes como fuera posible, contraviniendo lo estipulado por la ley.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jorge Alonso, en su art&iacute;culo sobre los comicios presidenciales y estatales en Jalisco, reporta un ejemplo de esta conducta sospechosa de un vocal ejecutivo del IFE, en el distrito II de la entidad (federal), correspondiente a Lagos de Moreno. Este funcionario report&oacute; que en su distrito se hab&iacute;an encontrado 166 actas con una inconsistencia de un solo voto, lo que, por tanto, no afectar&iacute;a el resultado final de cada casilla (cosa que puede ser criterio de anulaci&oacute;n por parte del TEPJF, pero no es un criterio para abrir o no abrir el paquete electoral, seg&uacute;n sentenci&oacute; el propio Tribunal). Pero aun en ese caso, en dicho distrito se quedaron sin abrir paquetes cuyas actas reportaban una inconsistencia algo mayor que un voto, seg&uacute;n puede apreciarse en el <a href="#c1">cuadro 1</a>.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="c1"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n24/a9c1.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El vocal ejecutivo no explic&oacute; en sus declaraciones la raz&oacute;n por la que no se hab&iacute;an revisado paquetes cuya magnitud de error aritm&eacute;tico s&iacute; era considerable. En cambio, dio tambi&eacute;n una posible explicaci&oacute;n acerca de las boletas faltantes o sobrantes en algunas casillas (funci&oacute;n que, de nuevo, correspond&iacute;a al Tribunal y no a los consejos distritales ni a funcionarios del IFE). Dijo, seg&uacute;n reporta Alonso, que dicha anomal&iacute;a se explicaba en "el hecho de que en algunos casos los ciudadanos se llevaron su boleta o la depositaron en otra urna", de modo que "mientras en unas casillas sobran boletas en otras faltan; es el caso de casillas b&aacute;sicas con respecto a sus contiguas o viceversa"<sup><a href="#notas">3</a></sup>. En efecto, tal confusi&oacute;n puede existir, en cuyo caso las boletas faltantes o sobrantes pueden encontrar su explicaci&oacute;n (con lo cual, la anomal&iacute;a detectada, dolosa o no, desaparece), raz&oacute;n de m&aacute;s para abrir y recontar aquellas casillas cuyas actas reportaban boletas faltantes o sobrantes (al menos en cantidad importante) y sus contiguas, y as&iacute; verificar si, en efecto, se daba la premisa del intercambio por confusi&oacute;n. Al revisar las actas de ese distrito pudo detectarse que s&oacute;lo en un caso hubo tal correspondencia perfecta entre votos sobrantes en una casilla que faltaban y encontrados en su contigua (la 2068 b&aacute;sica y su contigua n&uacute;m. 3). En muchas otras, si bien se registran boletas faltantes y en su contigua sobran, no lo hacen en la misma proporci&oacute;n, por lo cual las boletas restantes no aceptan una explicaci&oacute;n satisfactoria. Un ejemplo de ello es la casilla 1708 b&aacute;sica, donde faltan seis boletas, en tanto que en su contigua n&uacute;m. 3 sobran dos. En tal caso quedan cuatro boletas faltantes sin su respectivo respaldo. Y tambi&eacute;n hay muchos casos donde las boletas faltantes o sobrantes s&oacute;lo se registran en una casilla, pero no en su b&aacute;sica o contigua, seg&uacute;n el caso, o bien en dos o m&aacute;s casillas correlacionadas la inconsistencia es la misma; en todas faltan o sobran boletas, en cuyo caso, lejos de neutralizar la anomal&iacute;a, la incrementa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al hacer la revisi&oacute;n completa en el distrito II de Jalisco y restar las boletas faltantes o sobrantes que encuentran alg&uacute;n respaldo en su b&aacute;sica o contigua, queda un total de 447 boletas sobrantes sin respaldo, por un lado, y 2 892 boletas faltantes sin respaldo, por el otro. &iquest;Es mucho o es poco, como para considerarlas irrelevantes en el resultado final&#63; Si s&oacute;lo se considerara el resultado de ese distrito, podr&iacute;a decirse que la suma de boletas sobrantes y faltantes sin respaldo (3 339) representa 2.5&#37;, que adem&aacute;s no es determinante en el resultado en esa circunscripci&oacute;n donde Calder&oacute;n gan&oacute; por una diferencia porcentual de 24 puntos; adem&aacute;s, el segundo lugar ah&iacute; no fue L&oacute;pez Obrador, sino Roberto Madrazo. Pero el ganador de la contienda presidencial no surge de un conteo por distritos, sino por la suma de votos emitidos y contabilizados en todos los distritos (es decir, en una sola circunscripci&oacute;n nacional), por lo cual esos 3 339 votos sin respaldo del distrito II de Jalisco fueron a dar a la suma total de votos. Si se hiciera una proyecci&oacute;n hipot&eacute;tica donde ese mismo n&uacute;mero de votos sin respaldo se hubiera registrado en los 300 distritos, estar&iacute;amos hablando de una suma de aproximadamente un mill&oacute;n de votos, lo que cuadruplica la diferencia de los poco m&aacute;s de 233 mil votos con los que Calder&oacute;n gan&oacute; oficialmente sobre L&oacute;pez Obrador. En este caso, de acuerdo con lo establecido por el Tribunal, cuando el n&uacute;mero de boletas de m&aacute;s o de menos sobrepasa la diferencia de votos entre el primero y segundo lugar, en realidad no se sabr&iacute;a qui&eacute;n habr&iacute;a ganado, pues es imposible atribuir esos votos sobrantes o faltantes a ning&uacute;n candidato. Esa es justo una de las causales y razones para anular casillas, cuando hay boletas de m&aacute;s o de menos sin justificaci&oacute;n satisfactoria (o respaldo en sus contiguas) que superan la distancia entre el primero y segundo lugar (llamado <i>criterio de determinancia).</i> Eso, independientemente de que las inconsistencias sean consecuencia de error humano o de dolo, seg&uacute;n lo estipula tambi&eacute;n la ley. Desde luego, no es posible asegurar que el n&uacute;mero de boletas faltantes y sobrantes registradas en las actas del distrito II de Jalisco sea el mismo en todos los distritos federales como aqu&iacute; hemos supuesto (de hecho, no ocurre as&iacute;), pero su proyecci&oacute;n hipot&eacute;tica da una idea de la relevancia que un n&uacute;mero aparentemente peque&ntilde;o de esas boletas sin respaldo (2.5 &#37;), que incluso puede no ser determinante en su respectivo distrito, s&iacute; podr&iacute;a serlo a nivel nacional, contrariamente a lo se&ntilde;alado por el Tribunal en su dictamen de calificaci&oacute;n. Este ejercicio tambi&eacute;n permite ver que las declaraciones del vocal ejecutivo del distrito jaliscience en cuesti&oacute;n pueden f&aacute;cilmente tomarse como una postura favorable a los intereses del PAN, y no como una actitud imparcial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El art&iacute;culo elaborado por Calvillo y Loyola profundiza sobre las contradicciones y omisiones del fallo del TEPJF, ya que este organismo no fue exhaustivo en las diligencias que permitieran transparentar tanto como fuera posible el resultado, como pudo haber sido ordenar el recuento de las casillas; si no de todas, al menos s&iacute; de aquellas cuyas actas presentaban inconsistencias aritm&eacute;ticas. Si, como se se&ntilde;al&oacute;, el Tribunal reprendi&oacute; al IFE por no haber recontado la totalidad de esos 71 357 paquetes con anomal&iacute;as registradas, le pudo haber ordenado la reposici&oacute;n del proceso, o bien haberlo llevado a cabo &eacute;l mismo (en lugar de limitarse a realizar el recuento de cerca de 11 mil casillas a partir de las quejas de inconformidad de los partidos, pero que no constitu&iacute;an una muestra representativa pese a constituir 15&#37; de los paquetes con anomal&iacute;as registradas en las actas). Era una forma de reponer la ley e imprimir un grado mayor de certidumbre. Esa posibilidad (e incluso necesidad) quedaba plasmada en una tesis de jurisprudencia del propio Tribunal (1997) en la cual se lee:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando de las constancias que obren en autos no sea posible conocer los valores de los datos faltantes o controvertidos es conveniente acudir &#91;...&#93; a las fuentes originales de donde se obtuvieron las cifras correspondientes, con la finalidad de que la impartici&oacute;n de justicia electoral tome en cuenta los mayores elementos para conocer la verdad material, ya que, como &oacute;rgano jurisdiccional garante de los principios de constitucionalidad y legalidad, ante el cuestionamiento de irregularidades derivadas de la omisi&oacute;n de asentamiento de un dato o de la discrepancia entre los valores de diversos apartados, debe determinarse indubitablemente si existen o no las irregularidades invocadas (TEPJE, 2005: 115).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ello supon&iacute;a, en este caso, reponer el proceso de recuento que descuid&oacute; el IFE. Pero el Tribunal no consider&oacute; su propia jurisprudencia. Por otro lado, en relaci&oacute;n con las boletas faltantes o sobrantes, en su sentencia de calificaci&oacute;n de la elecci&oacute;n, el Tribunal recurri&oacute; al argumento de que las boletas sobrantes pod&iacute;an responder a una equivocaci&oacute;n del ciudadano que la emit&iacute;a en una casilla contigua; y en el de las boletas faltantes, que el ciudadano pudo haberla llevado a su casa. En cambio, en su sentencia de calificaci&oacute;n recurri&oacute; a ese argumento como plena justificaci&oacute;n a las boletas faltantes, rest&aacute;ndole importancia. Al respecto se&ntilde;al&oacute; el Tribunal: "No menos cierto es que conforme a las reglas de la experiencia, no todos los sufragantes lo hacen as&iacute;, aunado al hecho de que la ley no establece alg&uacute;n m&eacute;todo tendente a impedir que los ciudadanos mantengan consigo tales boletas marcadas, cuando decidan no depositarlas en la urna".</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiz&aacute; las reglas de la experiencia se&ntilde;alen eso y la ley podr&aacute; no prever la forma de evitar la sustracci&oacute;n de boletas, pero ello no impide que dicha pr&aacute;ctica sea delictiva, seg&uacute;n se&ntilde;ala el art&iacute;culo 403&#45;x del C&oacute;digo Penal Federal al imponer una penalizaci&oacute;n econ&oacute;mica y de c&aacute;rcel a quien "introduzca o sustraiga en las urnas il&iacute;citamente una o m&aacute;s boletas electorales, o se apodere o destruya o altere boletas". Aunque dif&iacute;cilmente se pueda detectar y penalizar esta anomal&iacute;a, de cualquier forma cae en la categor&iacute;a de un acto il&iacute;cito pues, seg&uacute;n la cantidad de boletas introducidas o sustra&iacute;das de la casilla, podr&iacute;a representar un fuerte elemento de incertidumbre en la casilla en cuesti&oacute;n, o en la elecci&oacute;n en general. Dice tambi&eacute;n la sentencia que no hay elementos para considerar que tal sustracci&oacute;n haya sido dolosa. Esto es posible, pero no obsta para que dichas boletas sean dejadas de lado en la evaluaci&oacute;n general, pues para que constituyan un criterio de <i>determinancia,</i> seg&uacute;n el art&iacute;culo 75&#45;(f y k) de la Ley General de Sistemas de Medios de Impugnaci&oacute;n en Materia Electoral, es irrelevante que haya habido o no una conducta dolosa. El Tribunal no especific&oacute; en su sentencia final la cantidad de esas boletas faltantes, como no lo hizo tampoco con las sobrantes, se&ntilde;alando que "del examen del universo de casillas antes precisado, las diferencias &#91;inconsistencias&#93; que arrojaron fueron m&iacute;nimas &#91;por lo cual&#93; tampoco se advierten elementos que lleven a concluir que esta situaci&oacute;n haya ocurrido de una manera generalizada, como para considerar que pudiera constituir un factor susceptible de alterar los resultados de la elecci&oacute;n".</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n24/a9f3.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, hab&iacute;a un indicio importante de que las boletas faltantes o sobrantes podr&iacute;an ser suficientemente numerosas como para "constituir un factor susceptible de alterar los resultados de la elecci&oacute;n". En las actas captadas por el PREP se registran 818 364 boletas sobrantes y 1 821 580 faltantes, varias veces m&aacute;s la diferencia de votos con la que gan&oacute; oficialmente Calder&oacute;n. En todo caso, especificar el n&uacute;mero de boletas de m&aacute;s o de menos habr&iacute;a dado mayor transparencia al veredicto final (a menos que el n&uacute;mero de boletas faltantes y sobrantes, contrariamente a lo afirmado por el Tribunal, fuese superior a 0.6 &#37; de los votos con que gan&oacute; Calder&oacute;n, pues en tal caso se estar&iacute;a claramente en el &aacute;mbito de la incertidumbre, en el cual, de acuerdo con el propio Tribunal, ser&iacute;a imposible saber qu&eacute; candidato habr&iacute;a ganado). En todo caso, la argumentaci&oacute;n sobre las boletas extra&iacute;das sin dolo por los ciudadanos no fue utilizado por el Tribunal en su primera sentencia de la elecci&oacute;n presidencial, en la que s&iacute; se&ntilde;alaba que las boletas sobrantes o faltantes que no encontraran explicaci&oacute;n (su respaldo en las casillas contiguas) constitu&iacute;an una irregularidad, por lo que proced&iacute;a su contabilizaci&oacute;n para anular aquellas casillas revisadas en donde el n&uacute;mero de boletas faltantes o sobrantes conformaran el criterio de determinancia, en cuyo caso se anul&oacute; la casilla en cuesti&oacute;n. En otras palabras, los criterios vertidos por el Tribunal en su primera sentencia y aplicados en la revisi&oacute;n de las casillas que orden&oacute; recontar, fueron dram&aacute;ticamente cambiados en la sentencia de calificaci&oacute;n final, otra grave incongruencia que, lejos de inyectar certeza en el veredicto, produce dudas y suspicacia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n fue omiso el Tribunal al no solicitar una investigaci&oacute;n especializada para determinar el probable impacto de la campa&ntilde;a presidencial, ya que la consider&oacute; una imprudencia que puso en riesgo la validez de la elecci&oacute;n, para evaluar con instrumentos m&aacute;s precisos si dicha injerencia presidencial fue o no determinante en el resultado final. &iquest;Por qu&eacute; el Tribunal no tom&oacute; tales diligencias&#63; Se habl&oacute; de partidismo de los magistrados, incluso de haber sido c&oacute;mplices de un soborno para validar la elecci&oacute;n sin allegarse m&aacute;s elementos de evaluaci&oacute;n. No hay ninguna prueba en ese sentido. Esto abre la posibilidad a otra tesis de corte pol&iacute;tico: los magistrados (o la mayor&iacute;a de ellos) pudieron haber hecho una evaluaci&oacute;n pol&iacute;tica sobre el impacto de anular la elecci&oacute;n, de modo que el Congreso tuviera que nombrar un presidente interino, lo que, a su vez, convocar&iacute;a a una elecci&oacute;n extraordinaria. De haber considerado los magistrados que ese escenario pondr&iacute;a en riesgo la estabilidad pol&iacute;tica del pa&iacute;s (pese a estar contemplado por la Constituci&oacute;n), pudieron haber ajustado su dictamen a un prop&oacute;sito decidido previamente (validar la elecci&oacute;n y, por tanto, el triunfo de Calder&oacute;n). En tal caso, ordenar nuevas diligencias que eventualmente hubieran podido aportar datos a favor de la anulaci&oacute;n hubiera sido irracional para el objetivo de validar la misma. Por ejemplo, un estudio especializado sobre el impacto de la campa&ntilde;a presidencial pudo haber arrojado (es hip&oacute;tesis) un margen de entre 1 y 1.5&#37; de votos favorables a Calder&oacute;n. De ser as&iacute;, los magistrados se hubieran visto obligados a anular la elecci&oacute;n por estar el margen de ventaja de Calder&oacute;n por debajo de ese margen. O bien, de haber ordenado la revisi&oacute;n de una cantidad mayor de casillas (o de todas), quiz&aacute; se hubieran encontrado anomal&iacute;as e inconsistencias en un grado tal que tambi&eacute;n hubiera sido obligado determinar la invalidez de la elecci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De hecho, esa fue la raz&oacute;n de Calder&oacute;n para no externar su aprobaci&oacute;n por el reconteo de "voto por voto y casilla por casilla", como lo solicitaba el PRD. Calder&oacute;n consider&oacute; que el recuento dar&iacute;a mayor transparencia y, por tanto, credibilidad a su triunfo, del cual en principio no dudaba. Las encuestas de aquellos d&iacute;as suger&iacute;an que un amplio segmento de la ciudadan&iacute;a (m&aacute;s numeroso que los votantes de L&oacute;pez Obrador) ve&iacute;a conveniente que Calder&oacute;n aceptara el recuento (72&#37;, de acuerdo con la firma Parametria)<sup><a href="#notas">4</a></sup>. As&iacute; lo plante&oacute; el panista a su equipo cercano el 10 de julio, pero &eacute;ste lo convenci&oacute; de que una revisi&oacute;n completa podr&iacute;a arrojar anomal&iacute;as tales que podr&iacute;an empa&ntilde;ar el proceso completo, en cuyo caso el Tribunal se ver&iacute;a obligado a anular la elecci&oacute;n. As&iacute; lo explic&oacute; uno de los cercanos del candidato panista:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo &uacute;nico que podr&iacute;a darle argumentos al Tribunal de donde agarrarse para anular la elecci&oacute;n era precisamente la apertura &#91;de los paquetes&#93;, porque con &eacute;sta iba a haber errores, iba a haber inconsistencias, iba a haber incluso algunas casillas seguramente donde con dolo se hizo trampa, a favor de uno o de otro &#91;candidatos&#93;, donde no cuidaron los dem&aacute;s y alguien se pas&oacute; de listo<sup><a href="#notas">5</a></sup>.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El propio Calder&oacute;n se&ntilde;ala que, en efecto, ese riesgo exist&iacute;a y opt&oacute; por asegurar su triunfo aun a costa de mayor transparencia y credibilidad: "Era un momento en que tuvimos que escoger las prioridades y la prioridad era defender el caso jur&iacute;dicamente &#91;...&#93; finalmente tienes que optar por la estrategia que te permita ganar el juicio. Y eso fue lo que hicimos"<sup><a href="#notas">6</a></sup>. No es descabellado suponer que una l&oacute;gica parecida prevaleci&oacute; en la mente de los magistrados electorales (o en la mayor&iacute;a), aunque no pensando en la defensa <i>per se</i> de la victoria de Calder&oacute;n, sino en las consecuencias y riesgos pol&iacute;ticos de anular la elecci&oacute;n. Entonces, lo racional era no allegarse de informaci&oacute;n comprometedora que podr&iacute;a orillarlos a tomar una decisi&oacute;n que hab&iacute;an previamente desechado: la anulaci&oacute;n. De ah&iacute;, quiz&aacute;, la falta de exhaustividad en la calificaci&oacute;n hecha por el TEPJF, que se tradujo no en la certeza que exige la Constituci&oacute;n como principio rector de las elecciones, sino en suspicacia e incertidumbre. Tampoco puede descartarse que el temor a encontrar en los paquetes electorales demasiado desorden e inconsistencias como para confirmar el veredicto oficial haya llevado al IFE a negar la solicitud hecha por ciudadanos y medios de hacer un recuento de los votos contenidos en esos paquetes, aunque con prop&oacute;sitos de mera reconstrucci&oacute;n hist&oacute;rica. Una de las razones ofrecidas por el IFE para no entregar la paqueter&iacute;a fue que se pod&iacute;a poner en riesgo la seguridad nacional, lo que, lejos de disipar la suspicacia, la alimenta. &iquest;Por qu&eacute; si el contenido de los paquetes coincide en lo fundamental con el de las actas, su conocimiento p&uacute;blico pondr&iacute;a en riesgo la seguridad nacional&#63;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde luego, tambi&eacute;n existe la posibilidad de que al abrir los paquetes cuyas actas registraban inconsistencias se detectara que ellas respond&iacute;an a meros errores de captaci&oacute;n y entonces se redujera el n&uacute;mero de boletas faltantes o sobrantes, como de hecho ocurri&oacute; en muchos de los paquetes abiertos por el Tribunal. Por ejemplo, en el distrito I de Zacatecas, el Tribunal recont&oacute; 25 paquetes (impugnados por el PAN) cuyas actas registraban anomal&iacute;as determinantes (es decir, ameritaban su anulaci&oacute;n). De esas casillas, s&oacute;lo cinco fueron finalmente anuladas. En el resto, el propio recuento permiti&oacute; ajustar las anomal&iacute;as que, en algunos casos desaparecieron, y en otros, disminuyeron dejando de ser determinantes en el resultado. Eso mismo podr&iacute;a haber ocurrido de haberse recontado los paquetes con anomal&iacute;as, y el monto de boletas de m&aacute;s o de menos sin sustento pudieron haber disminuido significativamente. De hecho, una encuesta nacional refleja que la calificaci&oacute;n del Tribunal a favor de Calder&oacute;n gener&oacute; sentimientos positivos (alegr&iacute;a, alivio, conformidad, bienestar) s&oacute;lo en 41&#37; de los encuestados, en tanto que provoc&oacute; sensaciones negativas (coraje, inconformidad, decepci&oacute;n, temor) en un no despreciable 28&#37; (el resto manifest&oacute; indiferencia u otras reacciones no significativas)<sup><a href="#notas">7</a></sup>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otros art&iacute;culos de este n&uacute;mero tocan los pormenores de algunas elecciones concurrentes a la presidencial. Es el caso de la elecci&oacute;n capitalina abordada por Juan Reyes del Campillo, la de Quer&eacute;taro analizada por Ana D&iacute;az Aldret, la de Chiapas tocada por In&eacute;s Castro Apreza, y la de Jalisco &#151;ya mencionada&#151; por Jorge Alonso. Como es natural, los comicios estatales, aunque responden a una l&oacute;gica interna, a la relaci&oacute;n de fuerzas y alianzas locales, y a la presencia relativa de los partidos dominantes en cada entidad, inevitablemente se ven en alguna medida influidos por la din&aacute;mica nacional. Incluso, los autores establecen algunos paralelismos entre la elecci&oacute;n estatal y la presidencial. En Quer&eacute;taro se consolida la posici&oacute;n del PAN pero preservando un bipartidismo con el PRI. Como en otras entidades donde el PRD es min&uacute;sculo e irrelevante, en esta elecci&oacute;n, sin embargo, su votaci&oacute;n creci&oacute; significativamente, lo que puede explicarse esencialmente (cuando no exclusivamente) por el fuerte liderazgo y empuje del candidato del PRD, que lleg&oacute; a levantar votos que su partido jam&aacute;s hab&iacute;a conseguido (ni con Cuauht&eacute;moc C&aacute;rdenas) y que quiz&aacute; no vuelva a captar, al menos no con facilidad. En el caso de Chiapas se registr&oacute; una fuerte decepci&oacute;n democr&aacute;tica tras la primera alternancia, como tambi&eacute;n ocurri&oacute; a nivel federal despu&eacute;s del triunfo de Fox. Un sexenio que culmin&oacute; con un proceso electoral desaseado, respectivamente, en el plano federal y en el estatal, incluyendo la acusaci&oacute;n de que se trataba de "elecciones de Estado", aunque en cada caso el acusador fue distinto (el PRD y el PRI, en el proceso nacional, y el PAN, el PRI y el PVEM en el estatal). Jorge Alonso reporta y analiza la utilizaci&oacute;n en la elecci&oacute;n estatal de estrategias parecidas a las vistas a nivel nacional (en ambos casos, por gobiernos del PAN); una campa&ntilde;a de difamaci&oacute;n y calumnia al candidato opositor (en ese caso, Arturo Zamora del PRI), as&iacute; como la utilizaci&oacute;n &#151;il&iacute;cita en t&eacute;rminos democr&aacute;ticos&#151; del aparato de justicia para fines pol&iacute;tico&#45;electorales. Esto recuerda &#151;guardadas las distancias&#151; la persecuci&oacute;n pol&iacute;tica de la PGR a L&oacute;pez Obrador en torno al caso de El Encino, que llev&oacute; al Congreso federal a querer desaforarlo legalmente. En la medida en que dichas estrategias tuvieron &eacute;xito en su prop&oacute;sito de derrotar electoralmente al candidato opositor, tanto a nivel federal como estatal, surge la tentaci&oacute;n de repetirla en el futuro desde los gobiernos (nacional o estatales) para facilitar el triunfo de los candidatos oficiales, respectivamente. Juan Reyes del Campillo, por su lado, relata que en el Distrito Federal el PRD se ha erigido como partido dominante, por lo que su candidato a la jefatura de Gobierno, Marcelo Ebrard, obtuvo una victoria con gran ventaja sobre sus contendientes. Pese a ello, la capital no estuvo ajena al conflicto y polarizaci&oacute;n que caracteriz&oacute; la elecci&oacute;n nacional. La embestida pol&iacute;tica lanzada desde el gobierno de Fox desde 2004 fue dirigida justo contra el jefe de gobierno capitalino y precandidato presidencial del PRD, L&oacute;pez Obrador. El Distrito Federal fue el principal escenario de la movilizaci&oacute;n para condenar y echar atr&aacute;s el desafuero. En cuanto a los resultados electorales, pese al holgado triunfo del PRD en la capital, se refleja tambi&eacute;n la polarizaci&oacute;n y diferenciaci&oacute;n electoral a partir de los segmentos sociales acomodados frente a los de menos ingresos. Los sectores de mayor ingreso votaron por los candidatos del PAN, y conforme descend&iacute;a el ingreso, empez&oacute; a asomar la ventaja de los abanderados del PRD. No deja de ser un punto a destacar, como lo hace Reyes del Campillo, que aun en una situaci&oacute;n de clara dominaci&oacute;n pol&iacute;tica de un partido, las divisiones que prevalecen en el resto del pa&iacute;s se reflejan en el microcosmos capitalino.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al evaluar la elecci&oacute;n presidencial de 2006, dif&iacute;cilmente se puede estar en desacuerdo con la tesis de que, independientemente de cu&aacute;l sea la creencia personal de cada ciudadano (si gan&oacute; Calder&oacute;n en buena lid, si la elecci&oacute;n le fue robada a L&oacute;pez Obrador o si no hay elementos suficientes para determinar con certeza a un ganador), hubo un grave retroceso en materia electoral al no lograrse el consenso sobre la autenticidad y legitimidad del resultado oficial, al ponerse en duda (por una buena parte de ciudadanos) la equidad y limpieza del proceso electoral y la imparcialidad de las autoridades electorales. Esto fue producto, como se sostiene al principio, de dos elementos que coincidieron en este caso (y que podr&iacute;an hacerlo en el futuro): un nivel de anomal&iacute;as (dolosas o no) pr&aacute;cticamente inevitables con un resultado sumamente estrecho. El da&ntilde;o en t&eacute;rminos de legitimidad, polarizaci&oacute;n social y confianza institucional est&aacute; hecho, pero no es irreparable (aunque la p&eacute;rdida de tiempo y esfuerzo s&iacute; son irrecuperables). Se requiere de la presi&oacute;n de la opini&oacute;n p&uacute;blica y la voluntad de los actores pol&iacute;ticos para realizar una nueva y profunda reforma electoral, que considere la prevenci&oacute;n de las diversas variables que incidieron en el fracaso de la elecci&oacute;n presidencial de 2006.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aguilar Z&iacute;nzer, Adolfo, 1995, <i>Vamos a ganar: la pugna de Cuauht&eacute;moc C&aacute;rdenas por el poder,</i> Oc&eacute;ano, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2690355&pid=S1607-050X200700020000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Anderson, Christopher, Andr&eacute; Blais, Shaun Bowler, Todd Donovan y Ola Listhaug, 2005, <i>Losers' Consent: Elections and Democratic Legitimacy,</i> Oxford University Press, Oxford, Inglaterra.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2690357&pid=S1607-050X200700020000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aparicio, Javier, 2006, "La evidencia de una elecci&oacute;n confiable", <i>Nexos,</i> n&uacute;m. 346, octubre, pp. 49&#45;53.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2690359&pid=S1607-050X200700020000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Camacho, &Oacute;scar y Alejandro Almaz&aacute;n, 2006, <i>La victoria que no fue,</i> Grijalbo, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2690361&pid=S1607-050X200700020000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Camarena, Salvador y Jorge Zepeda Patterson, 2007, <i>El presidente electo,</i> Planeta, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2690363&pid=S1607-050X200700020000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Castellanos, Eduardo, 1997, <i>Formas de gobierno y sistemas electorales en M&eacute;xico,</i> t. III, Centro de Investigaci&oacute;n Cient&iacute;fica Jorge L. Tamayo, A. C., Instituto Federal Electoral, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2690365&pid=S1607-050X200700020000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Crespo, Jos&eacute; Antonio, 1999, <i>Los riesgos de la sucesi&oacute;n presidencial,</i> Centro de Estudios de Pol&iacute;tica Comparada, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2690367&pid=S1607-050X200700020000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 2006, "El fantasma del conflicto poselectoral. &iquest;Otra vez&#63;", <i>Metapol&iacute;tica,</i> n&uacute;m. 48, julio&#45;agosto, pp. 45&#45;49.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2690369&pid=S1607-050X200700020000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tello D&iacute;az, Carlos, 2007, <i>2 de julio,</i> Planeta, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2690371&pid=S1607-050X200700020000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federaci&oacute;n (TEPJF), 2005, <i>Jurisprudencia y tesis relevantes (1997&#45;2005),</i> tesis S3ELJ 08/97.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2690373&pid=S1607-050X200700020000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ugalde, Luis Carlos, 2005, "Noche sueca", <i>Voz y Voto,</i> n&uacute;m. 149, junio, p. 7.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2690375&pid=S1607-050X200700020000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Carlos Fuentes, "Grandes ilusiones, modestas proposiciones", <i>Reforma,</i> 20 de enero de 1999.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> <i>El Universal,</i> 13 de febrero de 2007.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Nota informativa enviada al vocal ejecutivo de la Junta Local de Jalisco el 21 de agosto de 2006. Cit. en Jorge Alonso, "Democracia traicionada", en este n&uacute;mero de <i>Desacatos.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> <i>Exc&eacute;lsior,</i> 28 de julio de 2006.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Cit. en Camarena y Zepeda Patterson, 2007: 186.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Cit. en Camarena y Zepeda, 2007: 187.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Consulta Mitofsky, "El conflicto poselectoral: saldos en la opini&oacute;n p&uacute;blica", agosto de 2006.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre el autor:</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Jos&eacute; Antonio Crespo.</b> Licenciado en relaciones internacionales (El Colegio de M&eacute;xico), maestro en sociolog&iacute;a pol&iacute;tica (Universidad Iberoamericana) y doctor en historia (Universidad Iberoamericana). Actualmente se desempe&ntilde;a como investigador del Centro de Investigaci&oacute;n y Docencia Econ&oacute;micas (CIDE). En 1993 fue investigador invitado en la Universidad de California, San Diego. Es autor de los libros: <i>Urnas de Pandora</i> (Espasa Calpe, 1995); <i>Jaque al rey</i> (Joaqu&iacute;n Mortiz, 1995); <i>Votar en los estados</i> (Porr&uacute;a, 1996); <i>&iquest;Tiene futuro el PRI&#63;</i> (Grijlabo, 1998); <i>Fronteras democr&aacute;ticas en M&eacute;xico</i> (Oc&eacute;ano, 1998); <i>Los riesgos de la sucesi&oacute;n presidencial</i> (Centro de Estudios de Pol&iacute;tica Comparada, 1999); <i>PRI: de la hegemon&iacute;a a la oposici&oacute;n</i> (Centro de Estudios de Pol&iacute;tica Comparada, 2001); <i>Fundamentos pol&iacute;ticos de la rendici&oacute;n de cuentas</i> (Congreso de la Uni&oacute;n, 2002); <i>La democracia real, explicada a ni&ntilde;os y j&oacute;venes</i> (Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2004); <i>El fracaso hist&oacute;rico del presidencialismo mexicano</i> (Centro de Estudios de Pol&iacute;tica Comparada, 2006).</font></p>      ]]></body><back>
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