<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>1607-050X</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Desacatos]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Desacatos]]></abbrev-journal-title>
<issn>1607-050X</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S1607-050X2005000300010</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA["Como el santo Job": Un caso de literatura de prodigios y calamidades en los territorios hispánicos del siglo XVII]]></article-title>
</title-group>
<aff id="A">
<institution><![CDATA[,  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>12</month>
<year>2005</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>12</month>
<year>2005</year>
</pub-date>
<numero>19</numero>
<fpage>161</fpage>
<lpage>174</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1607-050X2005000300010&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S1607-050X2005000300010&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S1607-050X2005000300010&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Testimonios</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>"Como el santo Job". Un caso de literatura de prodigios y calamidades en los territorios hisp&aacute;nicos del siglo XVII</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>ALGUNAS CLAVES A MANERA DE PRESENTACI&Oacute;N</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El siguiente testimonio proviene del siglo XVII. Pertenece a un g&eacute;nero de texto impreso que, desde nuestro punto de vista, permiti&oacute; una importante circulaci&oacute;n de la lectura del prodigio hecha por diferentes actores sociales, en este caso de las "calamidades", nombre que en la &eacute;poca se le dio a lo que ahora conocemos como desastres. Hablamos de impresos en formato de folio basados en el contenido de cartas y relaciones enviadas por particulares. Poco se conoce sobre el proceso de su impresi&oacute;n y sus promotores, no as&iacute; de su intencionalidad, sobre todo cuando de "calamidades" se trataba. &iquest;Qui&eacute;nes encargaban la publicaci&oacute;n de las cartas que informaban sobre los prodigios que se suced&iacute;an a lo largo de los extensos territorios del imperio espa&ntilde;ol? &iquest;C&oacute;mo fue que diferentes escritos rebasaran el &aacute;mbito privado para convertirse en materiales impresos de circulaci&oacute;n p&uacute;blica? &iquest;Los impresores vieron en este tipo de relatos un potencial de venta de textos peque&ntilde;os? &iquest;Hubo particulares de por medio que promov&iacute;an de su bolsa la impresi&oacute;n de estas noticias para difundir el mensaje del prodigio y de la calamidad?.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No estamos ante un g&eacute;nero novedoso para el siglo XVII. Al menos en la Nueva Espa&ntilde;a, primera sede de la imprenta en Am&eacute;rica, la narrativa de prodigios y su circulaci&oacute;n impresa, esto es, el desarrollo de una memoria y difusi&oacute;n impresa de noticias en torno a las grandes desgracias que asolaban diversas regiones del imperio, arranca en 1541 con la impresi&oacute;n que hiciera Juan Pablos de la primera "hoja volante" que llevara el t&iacute;tulo de <i>Relaci&oacute;n del espantable terremoto que agora nuevamente ha acontecido en la cibdad de Guatimala: es cosa de grande admiraci&oacute;n y de grande exemplo para que todos nos enmendemos de nuestros pecados y estemos aperscividos para quando Dios fuere servido de nos llamar</i> (reproducido en Medina, 1989: I, 6&#45;10). Se trata de la breve relaci&oacute;n que escribiera Juan Rodr&iacute;guez sobre las tempestades y aludes de piedra y lodo que afectaron a la naciente Guatemala en septiembre de 1541. Desconocemos el tiraje y los alcances del impreso, sin embargo, llama la atenci&oacute;n lo inmediato de su publicaci&oacute;n y la intencionalidad presente en el t&iacute;tulo. Tambi&eacute;n es interesante el hecho de encontrarnos a tan s&oacute;lo un siglo de la irrupci&oacute;n de la imprenta en Occidente, lo que permite pensar en el temprano uso que de ella hicieron los impresores para establecer un g&eacute;nero noticioso alrededor de acontecimientos que, sin duda, despertaban el inter&eacute;s y estimulaban el imaginario religioso de la poblaci&oacute;n que ten&iacute;a acceso a la lectura, incluida aquella que, siendo analfabeta, conoc&iacute;a el contenido de los boletines por mediaci&oacute;n de un lector o por la recepci&oacute;n y circulaci&oacute;n de las im&aacute;genes que se formaban los oyentes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El g&eacute;nero impreso que podr&iacute;amos denominar como "literatura del prodigio" abarc&oacute; m&uacute;ltiples manifestaciones: terremotos, volcanes, inundaciones, grandes tormentas que se presentaban como peque&ntilde;os diluvios, p&eacute;rdida de flotas en la mar, grandes incendios, eclipses, cometas, monstruosidades, descubrimientos extraordinarios, milagros y apariciones. Del conjunto de impresos en folio que sobre estos temas circularon en el imperio entre los siglos XVI y XVIII nos queda una m&iacute;nima parte. Otra veta la encontramos en la impresi&oacute;n de libros, principalmente cr&oacute;nicas y relaciones que incluyeron a los prodigios como parte sustantiva de sus textos y visiones. Si bien es cierto que existieron m&uacute;ltiples formas de transmisi&oacute;n del prodigio y la calamidad, podemos decir que el texto impreso fue una de sus principales v&iacute;as de circulaci&oacute;n por extensos territorios, de alcances trasatl&aacute;nticos y de gran incidencia en el imaginario social. Para el caso de las calamidades en el mundo hisp&aacute;nico, consideradas como parte sustantiva de los prodigios, las relaciones existentes que circularon de manera impresa tuvieron como fuente relaciones y cartas escritas por particulares, incluidos religiosos y funcionarios de la Corona. Desconocemos por ahora las diversas mediaciones que se suced&iacute;an entre la elaboraci&oacute;n de una carta y su llegada al taller del impresor, lo cierto es que algunas fueron consideradas de gran inter&eacute;s noticioso y moralizante. Tambi&eacute;n quedan por comprender las formas de recepci&oacute;n y los usos diferenciados que de las im&aacute;genes contenidas en las relaciones de las calamidades hicieron los grupos de poder o bien los sectores subalternos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para el caso de la calamidad, el testimonio que presentamos a continuaci&oacute;n nos permite una aproximaci&oacute;n a la percepci&oacute;n del riesgo y a los fundamentos culturales del desastre vigentes en el siglo XVII, esto es, cuando la "Madre Naturaleza" a&uacute;n no nac&iacute;a. Estamos ante un mundo en el cual no exist&iacute;a separaci&oacute;n entre el mal natural y el mal social. Al menos hasta el siglo XVIII, el pensamiento occidental tuvo una noci&oacute;n muy diferente de la que ahora poseemos sobre la naturaleza. &Eacute;sta era entendida principalmente como el orden y disposici&oacute;n de todas las cosas que compon&iacute;an el universo; como la fuerza, actividad y principio de todas sus operaciones, aqu&eacute;llas ajenas al artificio humano o a las manifestaciones consideradas sobrenaturales y milagrosas. Todos los eventos o expresiones del mundo natural que escapaban al conocimiento que en el campo de la filosof&iacute;a se ten&iacute;a de dicho orden universal, la f&iacute;sica incluida, pertenecieron al &aacute;mbito del prodigio, esto es, al campo de los sucesos extraordinarios que exced&iacute;an los l&iacute;mites regulares de la naturaleza. Fue en la transici&oacute;n del llamado siglo de las luces al siglo XIX cuando la percepci&oacute;n cientificista cre&oacute; a la "Madre Naturaleza", entidad emancipada de la influencia de Dios o de otros elementos considerados por la ciencia moderna como pertenecientes al terreno de la fe. As&iacute;, para la &eacute;poca de nuestro testimonio, la naturaleza era un &aacute;mbito con regularidades y mecanismos f&iacute;sicos bien establecidos, que pod&iacute;an ser alterados por la ira de Dios, estimulada por el comportamiento de la sociedad.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">No se trataba de un mero discurso; en el terreno de las ideas y las creencias de la &eacute;poca quedaba clara la relaci&oacute;n entre las calamidades y los males de la sociedad.<sup><a href="#nota">1</a></sup> Estamos ante un pensamiento complejo que establec&iacute;a una etiolog&iacute;a de la calamidad basada en el pecado, en el sufrimiento y en la prueba constante a la fe de los cristianos. As&iacute;, fue la cultura, esto es, el orden significativo que permite establecer el sentido de la realidad y orientar la acci&oacute;n social, el elemento de configuraci&oacute;n de las calamidades como expresiones que permit&iacute;an evaluar el orden, la salud de la sociedad y su capacidad de mantenerse en la fe. En medio de dicha matriz de orden cristiano se movieron los usos heterog&eacute;neos, ortodoxos y heterodoxos que de la calamidad y sus sentidos hicieron los diversos actores sociales involucrados en situaciones de desastre.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dicho de otra forma, en las calamidades, como en otras expresiones del mundo social, existieron usos diferenciados de los materiales culturales compartidos, principalmente en la construcci&oacute;n de los sentidos y significados, y en la lectura que de la realidad se generaba a partir de las desgracias. La vulnerabilidad social y el riesgo de calamidad tuvieron como fuente principal la transgresi&oacute;n del orden, lo que establec&iacute;a una din&aacute;mica de responsabilidades entre lo humano y lo divino. Ello permite comprender el lenguaje de la humillaci&oacute;n ante Dios, sobre todo en una sociedad como la hispana, cuyo <i>ethos</i> estaba caracterizado por una fuerte inclinaci&oacute;n al pecado y a la devoci&oacute;n. De esta manera, la calamidad adquiri&oacute; sentido en funci&oacute;n de lo que hemos denominado el paradigma de Job, esto es, una forma sapiencial de conocimiento e interpretaci&oacute;n de las desgracias humanas (individuales y colectivas) en su relaci&oacute;n con los misterios de la divinidad y en funci&oacute;n del drama de la libertad del hombre.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n19/a10im1.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Abundemos en lo anterior a partir del documento que nos ocupa, la relaci&oacute;n del terremoto que devast&oacute; Santiago de Chile el 13 de mayo de 1647,<sup><a href="#nota">2</a></sup> y que fuera publicada en formato de folio un a&ntilde;o despu&eacute;s en Madrid. Se trata de una carta fechada en Lima el 13 de julio de aquel a&ntilde;o, escrita por el jesuita Juan Gonz&aacute;lez Chaparro a Alonso de Ovalle y del Manzano, entonces procurador general de los jesu&iacute;tas de Santiago de Chile en Roma.<sup><a href="#nota">3</a></sup> En su texto, Gonz&aacute;lez reprodujo las noticias contenidas en los informes y cartas que llegaron a Lima desde el 7 de julio, casi dos meses despu&eacute;s del suceso, incluidas las relaciones escritas por oidores de la Audiencia de Chile<sup><a href="#nota">4</a></sup> y, de manera central, las del obispo de Santiago, el agustino fray Gaspar de Villarroel. Este primer momento en la circulaci&oacute;n de las im&aacute;genes de la calamidad nos permite observar la socializaci&oacute;n que los particulares en Lima hicieron de las noticias recibidas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con estos materiales, el santiaguino Gonz&aacute;lez Chaparro elabor&oacute; la carta que envi&oacute; a su coterr&aacute;neo Alonso de Ovalle, quien un a&ntilde;o antes hab&iacute;a logrado publicar en Roma su <i>Hist&oacute;rica relaci&oacute;n del reino de Chile y de las misiones y ministerios que ejercita en &eacute;l la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s,</i> ejercicio narrativo en el cual predomin&oacute; la visi&oacute;n criolla, la intenci&oacute;n reivindicativa de la patria chilena ignota a ojos europeos y la historia de la empresa evangelizadora de los jesuitas en tierras araucanas.<sup><a href="#nota">5</a></sup> Ovalle insert&oacute; en la <i>Hist&oacute;rica relaci</i>&oacute;n algunos documentos que hab&iacute;a publicado con antelaci&oacute;n, entre los que destaca un folleto que circul&oacute; en cuatro hojas en folio, tambi&eacute;n perteneciente al g&eacute;nero de la literatura de prodigios y que hab&iacute;a sido publicado en 1642 por Francisco Maroto en Madrid, a saber, la <i>Relaci&oacute;n verdadera de las pazes que capitul&oacute; con el araucano Rebelado, el Marques de Baides.</i><sup><a href="#nota">6 </a></sup> Se trata de una lectura hist&oacute;rico&#45;prodigiosa de la paz lograda entre el gobernador de Chile y los jefes araucanos en 1641.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La carta de Gonz&aacute;lez Chaparro debi&oacute; llegar a Roma, previo paso por Madrid, hacia finales de aquel a&ntilde;o 1647, seguramente con otras relaciones y escritos sobre el asunto dirigidos a particulares y autoridades. De esta forma comenz&oacute; la difusi&oacute;n en el imaginario europeo de la noticia sobre la devastaci&oacute;n de Santiago de Chile, el llamado Flandes americano. &iquest;C&oacute;mo llegar&iacute;a la carta de Gonz&aacute;lez Chaparro a la imprenta? Sabemos que Ovalle, al conocer la noticia, se traslad&oacute; a la corte de Felipe IV en Madrid en busca de apoyos para su ciudad natal, lo cual hace probable que fuera &eacute;l mismo quien en un esfuerzo por difundir lo ocurrido ordenara al impresor Diego D&iacute;az la edici&oacute;n de la carta. Tambi&eacute;n es probable que del texto de Gonz&aacute;lez Chaparro se hicieran diversos traslados que habr&iacute;an comenzado a circular por Madrid y Sevilla hasta caer en manos de los impresores. Como quiera que haya sido, la carta de Gonz&aacute;lez logr&oacute; una r&aacute;pida circulaci&oacute;n por medio del texto impreso. Adem&aacute;s de la primera edici&oacute;n de 1648 realizada en Madrid por D&iacute;az de la Carrera, conocemos al menos dos ediciones m&aacute;s registradas por Toribio Medina en su <i>Biblioteca hispano&#45;chilena:</i> la primera carece de pie de imprenta y bien pudo realizarse en Madrid o Sevilla; la segunda fue realizada en esta &uacute;ltima ciudad por Francisco de Lyra, en el mismo a&ntilde;o 1648, con el t&iacute;tulo de <i>Relaci&oacute;n del gran terremoto, o temblor de tierra que assol&oacute; toda la Ciudad de Chile en el nuevo mundo, sin dexar Templos, casas fuertes, ni edificios, que en menos de un quarto de hora no derribasse por el suelo. Escrita por el P. Iuan Gon&ccedil;alez Chaparro de la Compa&ntilde;&iacute;a de</i> les&uacute;s.Fue &eacute;sta la que utiliz&oacute; el impresor Jean Mommart para la edici&oacute;n traducida al franc&eacute;s que realiz&oacute; en Bruselas, tambi&eacute;n en 1648, bajo el t&iacute;tulo de <i>Relation del l'horrible tremblement, Qui a ruyn&eacute; de fons en comble la floriffante Cit&eacute; de S. laques de Chil&eacute;, Aux Indes Occidentales,</i> lo cual nos da una idea de los alcances que tuvo por medio del texto impreso la narrativa de las calamidades y los prodigios.<sup><a href="#nota">7</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Son muchos los puntos a destacar en la carta de Gonz&aacute;lez Chaparro: desde las cifras tan contradictorias de v&iacute;ctimas que toma de los informes disponibles, hasta la trasposici&oacute;n de im&aacute;genes b&iacute;blicas que asemejan a Santiago con Jerusal&eacute;n, met&aacute;fora recurrente en la literatura de la calamidad cuando se trataba de ciudades espa&ntilde;olas afectadas por alg&uacute;n desastre. Por supuesto que no pod&iacute;a faltar la presencia de milagros; y no fue para menos, sobre todo ante el famoso episodio del rescate del obispo Villarroel, quien sali&oacute; casi ileso tras quedar sepultado bajo los escombros de lo que fuera el palacio episcopal y cuya salvaci&oacute;n fue atribuida a la protecci&oacute;n de san Francisco Xavier, santo jesuita que desde entonces fue jurado como abogado de Santiago en contra de los terremotos. La figura de fray Gaspar de Villarroel<sup><a href="#nota">8</a></sup> es clave en el texto de Gonz&aacute;lez Chaparro y en la comprensi&oacute;n de los sentidos y lecturas que se construyeron en torno al terremoto de Santiago. Mientras el jesuita, al calor de las primeras noticias, no deja de manifestar su extra&ntilde;eza por la sa&ntilde;a con que ha sido castigada una ciudad tan piadosa y devota, al grado de encoger los hombros y venerar los cercanos e inescrutables juicios de Dios, el agustino Villarroel establecer&aacute; una justificaci&oacute;n teol&oacute;gica basada en el principio del pago que hacen justos por pecadores. No debemos olvidar que mientras Gonz&aacute;lez era nativo de Santiago, Villarroel era el obispo y, por lo tanto, pastor de la ciudad vulnerada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De hecho, fue fray Gaspar el autor de la primera relaci&oacute;n sobre el terremoto en su calidad de sobreviviente, elemento que exacerb&oacute; la lectura milagrosa y teol&oacute;gica del acontecimiento. Su carta, titulada <i>Relaci&oacute;n del terremoto que asol&oacute; la Ciudad de Santiago de Chile, en los Reinos del Per&uacute;, dispuesta por el Doctor Don Fray Gaspar de Villarroel, Obispo de la misma Ciudad</i> y datada el 9 de junio de 1647, poco antes de cumplirse un mes de la calamidad, estuvo dirigida a Garc&iacute;a de Haro y Avellaneda, presidente del Consejo de Indias y fue, en buena medida, la base de las posteriores relaciones que se escribieron, incluida la de Gonz&aacute;lez Chaparro. Villarroel incorpor&oacute; a&ntilde;os despu&eacute;s dicha relaci&oacute;n a su obra m&aacute;s importante, <i>Gobierno eclesi&aacute;stico&#45;pac&iacute;fico,</i> publicada en 1656,<sup><a href="#nota">9</a></sup> a la que a&ntilde;adi&oacute; al final sus reflexiones y conclusiones sobre el terremoto. Esto permite contrastar la narraci&oacute;n que fray Gaspar escribiera entre los escombros de la ciudad con su posterior lectura y representaci&oacute;n del porqu&eacute; de los hechos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta &uacute;ltima, intitulada <i>Consideraciones sobre el terremoto. Elogio de Santiago de Chile,</i> Villarroel abunda sobre la naturaleza de la calamidad y su relaci&oacute;n con las culpas. Estamos ante uno de los principales tratados que sobre el tema se escribieran en el siglo XVII en Hispanoam&eacute;rica, dirigido a fundamentar el elogio de las buenas costumbres que prevalec&iacute;an en Santiago, justo cuando Villarroel era el pastor y prelado de sus habitantes. La intencionalidad de la argumentaci&oacute;n muestra tambi&eacute;n la maleabilidad de los sentidos y lecturas que en el interior de la matriz cultural cristiana pod&iacute;an esgrimirse, desde la teolog&iacute;a, para construir el mensaje de la calamidad. Haciendo uso de san Agust&iacute;n, del libro de Job y de otros pasajes b&iacute;blicos, Villarroel concluye, a partir de la experiencia del terremoto de Santiago, que no existe un v&iacute;nculo forzoso entre delitos y terremotos: "Presupongo que los terremotos no siempre son castigos de los pueblos, y que estas universales ruinas no es forzoso que se originen de culpas"<sup><a href="#nota">10</a></sup> (Villarroel, c. XX, art. II).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;A qu&eacute; se refer&iacute;a el agustino? A la calamidad como prueba de Dios para su grey m&aacute;s preciada: "Tengo por cierto que asol&oacute; &#91;Dios&#93; la ciudad de Santiago con aquel prodigioso terremoto tan sabido, para sacar de este mal unos colmados frutos" (Villarroel, C. XX, art. II: 284). En su apolog&eacute;tica relaci&oacute;n de la sociedad santiaguina que presidi&oacute; como obispo y, por lo tanto, inmerso en el velado autoelogio, Villarroel no encuentra culpa que explique la "justa sa&ntilde;a de Dios". Deja as&iacute; a la posteridad el retrato que su percepci&oacute;n episcopal se hab&iacute;a formado del conjunto social de Santiago antes de la destrucci&oacute;n de la ciudad. Entre otras cosas, hace un diagn&oacute;stico de los factores de riesgo social que podr&iacute;an haber estado presentes para establecer el nexo entre el pecado, la culpa y el terremoto de referencia: la cabeza de la sociedad, esto es, la autoridad temporal y la espiritual de Santiago, estaba sana; la soltura de las mujeres que, "en materia de deshonestidades, pudiera acarrear temblores", estaba erradicada pues, al entender del obispo, "no se ha visto este sexo ni m&aacute;s modesto ni m&aacute;s detenido" como en Santiago, donde las mujeres, "sexo corto y detenido", eran un dechado de devoci&oacute;n, continencia y desprecio de las vanidades. En materia de fe tambi&eacute;n Santiago se hab&iacute;a mostrado inexpugnable ante las herej&iacute;as; su devoci&oacute;n y virtud de religi&oacute;n quedaba de manifiesto, entre otras cosas, por las siete procesiones de sangre que se hac&iacute;an en la Semana Santa. Ni qu&eacute; decir de la caridad de la gente de esta tierra que "compite con las mayores de Europa", o bien de las dotes de las llamadas v&iacute;rgenes de Cristo, que en Santiago encontraban uno de sus principales refugios en sus renombrados conventos. &iquest;Por qu&eacute; entonces hiri&oacute; Dios a Santiago de Chile y sus habitantes? Seg&uacute;n Villarroel, por la misma raz&oacute;n por la que hiri&oacute; al justo Job, o por la que dej&oacute; ciego a Tob&iacute;as, o por la que asust&oacute; al padre Abraham con el mandato del sacrificio de Isaac: "Es de fe que da Dios trabajo a sus mayores amigos"<sup><a href="#nota">11</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n19/a10im2.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la visi&oacute;n de Villarroel conviven, por tanto, las dos caras de la calamidad presentes en la cristiandad del siglo xvii: como castigo de Dios por los pecados o como pruebas para la verdadera fe, esto es, la calamidad como causa y remedio de los males p&uacute;blicos. Ambas facetas quedan inmersas, a su vez, en la l&oacute;gica de la calamidad como oportunidad y en la aceptaci&oacute;n del sufrimiento que Dios infringe a sus criaturas. Todos estos conceptos, presentes en la narrativa de los prodigios y las calamidades, pueden ayudar en mucho a comprender expresiones ahora tan ajenas a nosotros como "el justo castigo" o "la justa peste que se ha servido enviarnos Dios", f&oacute;rmulas reiteradas entre los siglos XVI y XVIII en el mundo hisp&aacute;nico y que adquirieron dotes edificantes y ejemplarizantes en la circulaci&oacute;n impresa de la calamidad por el orbe cristiano occidental. Sirvan estas l&iacute;neas para guiar la lectura de los sentidos presentes en la carta de Gonz&aacute;lez Chaparro y para introducir al lector en el mundo del g&eacute;nero impreso que antecedi&oacute; a las gacetas: la literatura del prodigio y la calamidad.</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">JUAN CARLOS RUIZ GUADALAJARA</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#91;al margen&#93; Chile, 1647</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">&#91;187r.&#93;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Carta del Padre Juan Gon&ccedil;&aacute;lez Chaparro de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s, y de la Vice Provincia de Chile, para el Padre Alonso de Ovalle y del Man&ccedil;ano de la misma Compa&ntilde;&iacute;a, Procurador General en Roma, en que le d&aacute; cuenta del lastimoso sucesso del terremoto que huvo en la Ciudad de Santiago de Chile en Indias.</b><sup><a href="#nota">11</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;s copiosa materia dieran (mi Padre Alonso de Ovalle) las l&aacute;grimas, para escrivir en esta ocasi&oacute;n a Vuestra Reverencia que la tinta, pues no bastar&aacute;n las que Jerem&iacute;as derram&oacute; sobre la assolada ciudad de Jerusal&eacute;n; para llorar la triste, y desastrada tragedia, y assola&ccedil;i&oacute;n de nuestra querida patria, y ciudad de Santiago de Chile, arruynada por la poderosa mano del muy Alto, con tal estrago, que toda pondera&ccedil;i&oacute;n es corta, no avi&eacute;ndose visto, ni oydo en este Nuevo Mundo, caso tan lamentable, y triste.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n19/a10im3.jpg"></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">A 13 de Mayo deste a&ntilde;o de 47, a las 10 y media de la noche, quando el descuydo no es tanto, que algunos no est&eacute;n en vela, s&uacute;bito vino un temblor, y terremoto tan horrible, y espantoso, que en menos de quatro credos assol&oacute;, y derrib&oacute; toda la sumptuosa pompa de los edificios desta triste, y afligida ciudad, no dexando piedra sobre piedra, con tan desusada commo&ccedil;i&oacute;n de tierra, que sacudiendo a&uacute;n de sus subterr&aacute;neos los mas fuertes fundamentos, los dej&oacute; inh&aacute;biles para poderse reedificar sobre ellos. Enfure&ccedil;iose su rigor m&aacute;s contra aquellos, que pare&ccedil;iendo incontrastables por sus fuertes murallas de Cal y canto, pudieran resistir al m&aacute;s terrible terremoto; Pero qui&eacute;n se opondr&aacute; a la justa sa&ntilde;a, y enojo de la Justicia Divina, ocasionada de nuestras culpas, &aacute; descargar su ira sobre los que las cometen, y ponen el a&ccedil;ote en su mano para castigarlas! En tan repentino su&ccedil;esso, que sobrevino sin rumor, ni ruydo ante&ccedil;edente, como suele en otros temblores, y tan inopinado de los tristes habitadores, que tan descuydados viv&iacute;an en esta amen&iacute;ssima, y deli&ccedil;iossima &#91;sic&#93; ciudad, &#91;&iquest;&#93;qui&eacute;n podr&aacute; significar la turba&ccedil;i&oacute;n, y susto tan sin esperan&ccedil;a de vida, que ocup&oacute; a todos los de ella? y dando alas a los pies, &#91;187v.&#93; unos se arrojavan en los patios, otros en los jardines, y calles; y algunos de los corredores altos, como sucedi&oacute; en nuestro Colegio. El peligro de perder la vida fue igual, y en &eacute;l perecieron m&aacute;s de mil personas, como dize en su Relaci&oacute;n la Real Audiencia, y a ser el desastrado su&ccedil;esso a la una de la noche, pocos pusieran en salvo sus vidas, y aun todos por m&aacute;s soli&ccedil;itos que las guare&ccedil;iessen, las tuvieran en evidente peligro, porque si corr&iacute;an a la calle, los altos de ambas partes, tejas, corredores, y balcones les eran en contra: y si estaban en ella, los montes, y promontorios de tierra, con que les iva en alcan&ccedil;e la Divina Justicia, ceg&aacute;ndoles las nuves densas de polvo, que embargando el passo a la luz les imped&iacute;a tanto la respira&ccedil;i&oacute;n, que quedaban ahogados. Aqu&iacute; si era lastimosso espect&aacute;culo oyr los gritos, y alaridos de los que estavan en pie, los gemidos de los que oprimidos con la violencia de los edifi&ccedil;ios rend&iacute;an la vida; el estallido de la maquina de una Ciudad entera: y enmedio desta tormenta se oyeron herir<sup><a href="#nota">12</a></sup> los pe&ntilde;ascos, que est&aacute;n sobre el cerro de Santa Lu&ccedil;&iacute;a, cavallero,<sup><a href="#nota">13</a></sup> y contiguo a la Ciudad, del qual se desgajaron dos de formidable grandeza, y uno se arroj&oacute; sobre la ciudad, discurriendo por ella dos quadras enteras, como dize la Rela&ccedil;ion citada de la Real Audiencia, conque todo era un horrible estrago, y representa&ccedil;i&oacute;n de un d&iacute;a de Jui&ccedil;io. Enmedio de tan desmedidos peligros, el amor de las madres a sus hijos les arrojava de nuevo en ellos, para socorrer a sus caras prendas, y pere&ccedil;&iacute;an con ellas; lo mismo aconte&ccedil;&iacute;a a los maridos con sus esposas, y a los hermanos con sus hermanas, y a los fieles siervos con sus due&ntilde;os. Recog&iacute;anse muchos por los umbrales m&aacute;s fuertes de las puertas, y all&iacute; entraban por las de la muerte. Acost&aacute;ronse temprano algunos, y amane&ccedil;ioles en la otra vida: obligados a dar la quenta, que aun no ten&iacute;an liquidada; y fueron tantos, que solo en la quadra de mi morada (dize un fide digno en una carta) murieron sesenta personas. Enterr&aacute;ronse en la ruyna de los edifi&ccedil;ios, no s&oacute;lo los hombres, mas a&uacute;n los animales y bestias, que en adelante con su corrup&ccedil;i&oacute;n no fueron de poca pena: causava triste, y &#91;188r.&#93; lamentable compassi&oacute;n, quando los que hu&iacute;an se encontraban unos con otros, &oacute; heridos, &oacute; lastimados, &oacute; embueltos en polvo, y muchos sin abrigo ninguno, por averse escapado como pudieron de las camas, y sin poder pronun&ccedil;iar palabra prorrump&iacute;an en llantos, y suspiros, corriendo todos al sagrado de los templos, para alivio de su pena, y alcan&ccedil;ar de las piados&iacute;ssimas entra&ntilde;as de Dios misericordia, mas a&uacute;n esta puerta hallavan cerrada. Viendo sus fuertes murallas, y edificios arruynados, y assolados, cre&ccedil;&iacute;a el dolor, y postrados en tierra se abra&ccedil;avan con ella, y de rodillas ped&iacute;an al cielo misericordia, vi&eacute;ndose en un instante despojados de sus casas, haziendas, y arruynados sus sagrados Templos donde la pretend&iacute;an alcan&ccedil;ar. Halleme yo (dize un docto Sacerdote en una revela&ccedil;i&oacute;n, en esta ocasi&oacute;n) m&aacute;s cerca del peligro: y recono&ccedil;iendo de Dios la Divina Misericordia, que me conservaba la vida, me depar&oacute; Su Magestad un devoto Crucifixo, que cay&oacute; pendiente de una pared &aacute; mis pies; y entre el peligro, y murallas de tierra, hall&eacute; aquel portillo del Cielo, aquella escala para subir a &eacute;l, y animado corr&iacute; por las tristes puertas, y assoladas calles, pidiendo &aacute; Dios misericordia, confessando y consolando a los afligidos, siendo alivio al afligido topar con otro que corre la misma fortuna, y como testigo de vista, que pudiera contar de l&aacute;stimas! qu&eacute; tristes, y lamentables su&ccedil;essos! que no refiero por no lastimar m&aacute;s el cora&ccedil;&oacute;n de Vuestra Paternidad (hasta aqu&iacute;).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Concurrieron los que escaparon con vida a la pla&ccedil;a, que por estar descombrada, m&aacute;s asseguraba la de los que ansiosos anhelaban por ella, donde se renovaron los tristes llantos, y alaridos, lamenta&#91;n&#93;do cada qual lo que av&iacute;a perdido. Y no d&aacute;ndose por seguros, todos con l&aacute;grimas contrastaban la Divina Justi&ccedil;ia, y ped&iacute;an misericordia, temiendo se acabasse de abrir la tierra, y los tragasse vivos; no sin gran fundamento, porque despu&eacute;s de la primera commo&ccedil;i&oacute;n, que llev&oacute; tras s&iacute; toda la &ccedil;iudad, se repitieron dos temblores mayores que el primero: y no hallando en que hazer presa, desquadernando la tierra la abrieron muchas bocas, y grutas, arrojando tanta copia de agua espesa, y turbia que inund&oacute; las campi&ntilde;as, &#91;188v.&#93; hizo correr los r&iacute;os secos que dex&oacute; surcados el diluvio, hundiose en parte, y dex&oacute;la resquebrajada, y arada. Terrible, y lamentable expect&aacute;culo, y que conmover&aacute; &aacute; l&aacute;stima las m&aacute;s duras entra&ntilde;as.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mas viniendo a lo particular, assolose la iglesia Catedral, de cal, y canto, emula&ccedil;i&oacute;n de la que tiene esta ilustr&iacute;ssima Ciudad de Lima, de tres naves; pero m&aacute;s fuerte, por ser sus colunas de Siller&iacute;a y piedras fort&iacute;ssimas, de admirable f&aacute;brica, y hermos&iacute;ssimas, y con maravillosa propor&ccedil;i&oacute;n, aviendo m&aacute;s de sesenta a&ntilde;os, que se av&iacute;a edificado. Toda esta m&aacute;quina se igual&oacute; con el suelo, entrando en sus ruynas su riqueza y adorno: las devot&iacute;ssimas im&aacute;genes, y lo que m&aacute;s es, el Venerable Sacramento del Altar, donde assiste la Suma y sacrosanta persona de Christo Se&ntilde;or Nuestro, y qued&oacute; tan deshecha toda la f&aacute;brica, que fue fuer&ccedil;a colocarle en la pla&ccedil;a p&uacute;blica. Como pudi&eacute;ramos exclamar con Jerem&iacute;as: <i>Quomodo obscuratum est aurum dispersi sunt lapides sanctuarii in capite omnium platearum.</i><sup><a href="#nota">14</a></sup> Casi continuado con esta f&aacute;brica, est&aacute; el Pala&ccedil;io Episcopal, hermoso edifi&ccedil;io. La ruyna deste llev&oacute; tras si la prenda m&aacute;s cara, el Padre, y Pastor de esta Rep&uacute;blica, enterrando en sus ruynas al Ilustr&iacute;simo Se&ntilde;or Don fray Gaspar de Villarroel, vali&oacute; a su Ilustr&iacute;sima el alarido del Pueblo que lleg&oacute; al Cielo, y m&aacute;s el aver invocado a Nuestro Ap&oacute;stol del Oriente San Francisco Xavier, que le favore&ccedil;i&oacute;, para que al cabo de muy gran espa&ccedil;io le sacassen, y desenterrassen con vida, mas ensangrentado, y lastimado del fracaso:<sup><a href="#nota">15</a></sup> conserv&oacute;sela el Se&ntilde;or para lo que luego diremos.</font></p>              <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n19/a10im4.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La iglesia m&aacute;s vezina a la Catedral es la nuestra, y nuestro Colegio, aqu&iacute; me vienen las l&aacute;grimas a los ojos, viendo igualado con el suelo el Templo, a mi ver, m&aacute;s gra&ccedil;ioso, y vistoso, que ten&iacute;a este Reyno, con el retablo tan ricamente esmaltado, &eacute;mulo del mexor de Lima, con hermosas estatuas; era la iglesia de cal y canto, fort&iacute;ssima en murallas, cubierta de cipr&eacute;s, y el consuelo desta triste Ciudad, y aunque los arcos en que estribava la media naranja se desenquadernaron, no cay&oacute; &#91;sic&#93; esta pie&ccedil;a en tierra por la &#91;189r.&#93; fortaleza del Cru&ccedil;ero, y averlas afirmado, y fortalecido con gran destreza el art&iacute;fice que la acab&oacute;, que es de los primeros del Per&uacute;. Hall&aacute;ronse aqu&iacute; arrojados sobre la tierra los cimientos, cay&oacute; &#91;sic&#93; todo el Colegio, y qued&oacute; muerto en sus ruynas uno de nuestros sacerdotes. Lo particular que sucedi&oacute;, fue, que se arrojaron por los corredores a un desv&aacute;n algunos de los nuestros, qued&oacute; sepultado en una selda de las que de arriba cayeron arruynadas el Padre Le&#91;c&#93;tor de Artes, y estuvo dos d&iacute;as en el promontorio de madera, y tierra, que desembara&ccedil;ado para sacar el cuerpo dio vozes, para que fuessen con tiento: y hallado dio cuenta de su tragedia diziendo, que invocando el auxilio del prodigio del Oriente San Fran&ccedil;isco Xavier, experiment&oacute; su amparo, y a despecho de densas nuves de polvo, y maderos y ruyna de edificio, tan encumbrado av&iacute;a conservado la vida. Sali&oacute; con ella sin lesi&oacute;n alguna: Este milagroso su&ccedil;eso, y m&aacute;s el de la Ilustr&iacute;sima persona del Se&ntilde;or Obispo, motiv&oacute; a su Ilustr&iacute;sima y a todo el afligido pueblo, que votasse por abogado de los terremotos &aacute; tan milagroso Patr&oacute;n, y que ordenasse fuesse fiesta de guardar su d&iacute;a.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a href="/img/revistas/desacatos/n19/a10im5.jpg" target="_blank">Panorama de Santiago desde el cerro Santa Luc&iacute;a, 1860. Dibujo de R. Harvey, en <i>Resumen de la historia de Chile,</i> de Francisco Encina, vol. II.</a></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Confina con la pla&ccedil;a el ilustre Convento de Predicadores, que pade&ccedil;i&oacute; el mismo estrago arruyn&aacute;ndose el claustro, que se acabava de fabricar, con admirable tra&ccedil;a, desahogo, y propor&ccedil;i&oacute;n: igualava en edifi&ccedil;io al mexor deste Reyno, y exced&iacute;a en el jard&iacute;n y curiosidad. La iglesia y retablo pade&ccedil;ieron gran fracaso, edificada con arquer&iacute;a de ladrillo, por largos a&ntilde;os, devi&oacute; de quedar alg&uacute;n rinc&oacute;n en el Coro donde sub&iacute;an los ornamentos, y cosas Sagradas por una escalera de piedra, que se se&ntilde;ala por ser excelente, y ser re&ccedil;i&eacute;n acavada, con la obra del Claustro, por la industria del Padre Prior, y Vicario Provincial, diligente y soli&ccedil;ito Prelado, y quiso la triste Suerte, que &eacute;sta tambi&eacute;n quebrantada, se rindiesse hundi&eacute;ndose.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El Convento de Nuestro Padre San Augustin, no ten&iacute;a a&uacute;n acavada la f&aacute;brica de tres naves de cal y canto, mas ya estava para coronarse, quando el terremoto sobrevino, y con &eacute;l su ruyna. La misma pade&ccedil;i&oacute; el Real Convento de Nuestra Se&ntilde;ora de la Merced, y su iglesia teniendo dicha entre las dem&aacute;s, que &#91;189v.&#93; el terremoto reservasse un peque&ntilde;o lugar, donde qued&oacute; intacta la Custodia SacroSanta del Sant&iacute;ssimo, y fue esta suerte espe&ccedil;ial, porque las dem&aacute;s pade&ccedil;ieron tal ruyna, que a&uacute;n las formas consagradas se hallaron entre las ruynas, si es que todas pare&ccedil;ieron.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En fortale&ccedil;a se llevaba la prima&ccedil;ia la Iglesia Ser&aacute;phica de Nuestro Padre San Francisco, y exced&iacute;a en una Torre muy hermosa, que se descollava entre todos los m&aacute;s altos edificios tres picas en alto: &eacute;sta se arruyn&oacute; tan de improviso, que llevando tras s&iacute; la siller&iacute;a del Coro de Cipr&eacute;s, y de las m&aacute;s bien obradas deste Reyno, que de solas manos estava en doze mil pesos, quit&oacute; la vida a un devoto Religioso, que en la Capilla, que ca&iacute;a debajo de la torre haz&iacute;a ora&ccedil;i&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n se assol&oacute; todo el edifi&ccedil;io, y Hospital con Iglesia de los Padres de San Juan de Dios.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2"><a href="/img/revistas/desacatos/n19/a10im6.jpg" target="_blank">Panorama de Santiago desde el cerro Santa Luc&iacute;a, 1867. Dibujo del aquitecto Pedro de Jean, en <i>Resumen de la historia de Chile</i>, de Francisco Encina, vol. II.</a></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Caus&oacute; singular compassi&oacute;n la ruyna de dos Monasterios de Religiosas, Esposas purissimas de Christo Se&ntilde;or Nuestro, que viven con gran observan&ccedil;ia, uno de la Concep&ccedil;i&oacute;n, que professa la regla de Nuestro Padre San Augustin, y &aacute; sido por su religi&oacute;n, y observan&ccedil;ia, el modelo de V&iacute;rgenes pur&iacute;ssimas. El otro, que no lo es menos, y se recogi&oacute; a esta &Ccedil;iudad de las ruynas de las Ciudades de arriba, que asol&oacute; el Araucano rebelde, y professa la Regla de Santa Clara. Escriven, que entrambos quedaron con clausura en tal estrago: se&ntilde;al del gusto, que tiene su celestial Esposo de verlas como la a&ccedil;u&ccedil;ena olorosa, encar&ccedil;eladas entre espinas, y vallados. Entrambos tambi&eacute;n tuvieron favor especial del Cielo, en que conservassen la vida. El primero, porque estando sus Religiosas en&ccedil;erradas en su dormitorio, no pudieron, por m&aacute;s que lo intentaron, abrir con llave la puerta, y en el inter&iacute;n cay&oacute; &#91;sic&#93; el corredor, que las huviera oprimido con su ruyna, a no aver salido aprissa del dormitorio. El segundo, porque estando tambi&eacute;n recogidas en su Dormitorio, al estreme&ccedil;erse la tierra, turbadas no a&ccedil;ertaron con las llaves, y aclamando al &ccedil;ielo, quiso su Magestad volasse la techumbre con la violen&ccedil;ia hazia la parte exterior, sin que re&ccedil;iviessen lesi&oacute;n al desquadernarse las paredes, desamparadas de sus fuertes llaves, y trava&ccedil;on. &#91;190r.&#93; Sola una Religiosa enferma, que habitaba su celda, qued&oacute; enterrada, y muerta; Aqu&iacute; se me viene &aacute; la memoria lo que afirman las relaciones del Pastor Sagrado deste reba&ntilde;o de Corderitas tiernas, que apenas Limpi&oacute; la Sangre, y polvo de su triste fracaso, quando preguntando por ellas, y saviendo estaban en igual &oacute; mayor fortuna, dando fuer&ccedil;as al cuerpo oprimido con la violen&ccedil;ia de la vezina muerte, que tuvo tragada, con acelerado paso las fue &aacute; animar, y consolar, re&ccedil;iviendo a su Ilustr&iacute;sima las afligidas v&iacute;rgenes con doblados llantos, y suspiros, vi&eacute;ndose en un momento sin casas, sin Iglesias, sin vestuario bastante y de&ccedil;ente, sin mantenimiento, ni de donde sacarlo, pues avian pere&ccedil;ido sus rentas en la ruyna de los edifi&ccedil;ios, sobre que las ten&iacute;an situadas. De aqu&iacute; sali&oacute; su Ilustr&iacute;sima con un Cru&ccedil;ifixo en la mano, trope&ccedil;ando con hombres penitentes, y discurriendo por la &Ccedil;iudad, como otro San Carlos Borromeo, quando ensangrentado discurr&iacute;a por Milan aplacando la ira Divina, consolando y absolviendo a los que se arrojavan a sus pies.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No falt&oacute; en esta ocasi&oacute;n la vigilan&ccedil;ia, y cuydado de los Se&ntilde;ores Oydores, que assisten en esta Real Audien&ccedil;ia, que aviendo experimentado el mismo peligro, como los que embarcados en un&#91;a&#93; nave corren igual fortuna en una tormenta, acudieron a la pla&ccedil;a, y hallando por el suelo las casas Reales, c&aacute;r&ccedil;eles, portales y todo lo que adornaba sus hermosos edifi&ccedil;ios, dieron tra&ccedil;a como acomodar lugar de&ccedil;ente, para colocar el Sant&iacute;ssimo Sacramento en la pla&ccedil;a, y hizieron todo el esfuer&ccedil;o possible para consolar, y aliviar el afligido pueblo: Dio la mano Su Alteza al Se&ntilde;or Don Antonio de Heredia Ministro zeloso, y cuydadoso del bien com&uacute;n, que socorri&oacute; y desenterr&oacute; al Se&ntilde;or Ilustr&iacute;simo. Visit&oacute; los tristes y afligidos Monasterios de Monjas, recogi&oacute; los soldados que pudo, y desenterrando las armas puso cuerpo de guardia en la pla&ccedil;a, oponi&eacute;ndose al rumor que entre el quebranto de tan desmedido af&aacute;n corri&oacute;, que los Indios y Esclavos aprovech&aacute;ndose de la ocasi&oacute;n intentaban borrar el nombre Espa&ntilde;ol de Chile, con que obvi&oacute; el inconveniente que se tem&iacute;a. Puso guardas a las Caxas Reales, mand&oacute; tapiar las tomas de las azequias, para &#91;190v.&#93; que no se anegasse la &ccedil;iudad, y comidas soterradas, no pudiendo correr por los promontorios de tierra, cosa important&iacute;ssima, como despu&eacute;s se experiment&oacute;: y discurriendo toda la noche en estas obras dignas de tan gran Ministro, amane&ccedil;i&oacute; a todos el d&iacute;a Martes, y como si salieran de la otra vida se miraban unos a otros, sin tener que comer, enterradas las comidas, los molinos por el Suelo, y sin poderse servir de las azequias, ciegas con tantas ruynas. Era ver la compassi&oacute;n de la afligida &ccedil;iudad, que tantos a&ntilde;os sustent&oacute; los Reales ex&eacute;rcitos, que con sus derramas di&oacute; para sueldo de los Soldados, que en s&iacute; como patria com&uacute;n recogi&oacute; las reliquias de las &Ccedil;iudades assoladas por el enemigo Araucano, ya sin tener con que alimentarse a s&iacute;. Y enmedio desto amane&ccedil;i&oacute; el &ccedil;ielo encapotado, y amena&ccedil;ando &aacute; llover, como su&ccedil;edi&oacute; algo despu&eacute;s, conque cre&ccedil;i&oacute; el dolor y cuyta. Pare&ccedil;e que los quatro Elementos se conjuraron contra esta afligida &Ccedil;iudad. La tierra con su terremoto horrible, el agua con su inunda&ccedil;i&oacute;n: y no falta quien piense fue la total ruyna; porque entr&aacute;ndose por los subterr&aacute;neos, commovi&oacute; su estabilidad, y rebent&oacute; por tantas bocas, embrabecida, y poco antes se levantaron en esta costa del Per&uacute; horribles tormentas en las orillas del mar, tragando nav&iacute;os. Arm&oacute;se tambi&eacute;n el ayre, congelando densas nuves, y arrojando poco despu&eacute;s granizo, y re&ccedil;ios aguazeros. Y el fuego, porque ay rela&ccedil;iones, que afirman, vieron unos caminantes, poco antes del terremoto, abrasarse toda la &ccedil;iudad. Mas no afirmo este, ni otros prodigios, si bien tienen abonados fiadores, hasta tenerlos mejor averiguados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No ser&iacute;a f&aacute;&ccedil;il redu&ccedil;ir &aacute; breve Summa, lo que este assalto del poder de Dios, y Santiago de la Justicia Divina, assol&oacute; en esta triste &ccedil;iudad. Dos millones y medio (dize la Real Audien&ccedil;ia) pere&ccedil;ieron aquella noche. Corto pare&ccedil;er&aacute; el n&uacute;mero si se atiende no s&oacute;lo a lo material, mas al adorno y riqueza de tan hermosa &Ccedil;iudad. Y pues Vuestra Reverencia tiene las espe&ccedil;ies vivas de lo que era Santiago de Chile, sus calles, edifi&ccedil;ios, y Templos, lo deli&ccedil;ioso de las huertas, y jardines, junto con el temple tan apa&ccedil;ible, que todos los m&aacute;s entendidos le d&aacute;n la prima&ccedil;&iacute;a en este Nuevo Orbe, junt&aacute;ndose en esta ame&#45; &#91;191r.&#93; n&iacute;ssima &ccedil;iudad la mayor commodidad, que apetecen los hombres para la vida humana, y la semejan a la Ciudad de Granada en Espa&ntilde;a, no en toda su sumptuosidad y grandeza, sino en el temple, frutas, y delicias.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/desacatos/n19/a10im7.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aora dixera yo las personas de quenta, que escriven pade&ccedil;ieron naufragio en esta tormenta, si no fueran tantas: Dir&eacute; algunas de las que escriven con particulares circunstan&ccedil;ias, como son: Don Loren&ccedil;o Moraga valeroso Capit&aacute;n, que huyendo la ruyna, le alcan&ccedil;&oacute; el a&ccedil;ote de la ira de Dios, dividi&eacute;ndole la cabe&ccedil;a, quedando tronco el cuerpo. Otro Cavallero N. Quiroga, que vi&eacute;ndose en salvo, y dexando una hija peque&ntilde;a en el peligro, de nuevo se arroj&oacute; en &eacute;l, llevado del amor de la hija, y al salir, la ruyna de los corredores les oprimi&oacute;, y quit&oacute; la vida: Deste Cavallero, dize una Rela&ccedil;i&oacute;n, y no es otra persona, que Do&ntilde;a Ana de Quiroga, a quien su&ccedil;edi&oacute; lo de la hija, muriendo con ella: es muger del Capit&aacute;n Don Francisco de Urbina. Do&ntilde;a Antonia de Guzm&aacute;n muger del Maesse de Campo Don Luys de Ulloa, con una hija suya; Dos hijas del Capit&aacute;n Juan Venegas, la primera muger del Capit&aacute;n Juan de Eraso. Don Joseph de Viedma, su madre, t&iacute;a, y casa. Tres hijos del General Miguel de Silva, dos del Maesse de Campo Don Juan Rodolfo Lisperger, dos del Capit&aacute;n Don Juan Roco de Carvajal, un hijo del General Don Diego Xara. Una hija del Maesse de Campo Don Christoval Pizarro, y una nieta. La madre y hermana de el Padre Ger&oacute;nimo de Segura. El Capit&aacute;n Don Fran&ccedil;isco de Herrera, Do&ntilde;a Elena de Cansino, Nicol&aacute;s de Soloaga, con otras personas de quenta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De las Sagradas Religiones el Reverendo Padre fray Gregorio de Silva, hermano del Maesse de Campo Miguel de Silva del orden de Predicadores, y otro Religioso de la misma professi&oacute;n. El Padre Guardi&aacute;n de San Fran&ccedil;isco del Monte fray Marcos Navarro, otro de la misma Religi&oacute;n. El Padre fray Alonso Vahamonde de San Agust&iacute;n, y porque se igualassen todos, uno de Nuestra Se&ntilde;ora de la Mer&ccedil;ed, y el Padre Joseph de C&oacute;rdoba de Nuestra Compa&ntilde;&iacute;a. &#91;191v.&#93;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y para mayor tribula&ccedil;i&oacute;n como al Santo Job, estando en un muladar &ccedil;ercado de innumerables cuitas, le ven&iacute;an nuevas de los desastrados su&ccedil;essos, que av&iacute;an sobrevenido en todas sus haziendas, hijos y heredades: ass&iacute; a esta triste, y afligida &ccedil;iudad, puesta ya como en un muladar, le ven&iacute;an cada d&iacute;a nuevas de los lamentables su&ccedil;essos, que en &ccedil;ien leguas en contorno le av&iacute;an acae&ccedil;ido: ya que todo el Valle de Quillota av&iacute;a pere&ccedil;ido, ya que desde Maule, que dista quarenta leguas a la parte opuesta, los edifi&ccedil;ios se av&iacute;an arruynado: y &uacute;ltimamente les fue nueva, como en el puerto de Arica, av&iacute;a naufragado seis d&iacute;as antes del terremoto el Nav&iacute;o San Nicol&aacute;s con 200 mil pesos que traya de aquel Reyno en Reales, y cosechas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No causar&aacute; menos compasi&oacute;n el sobresalto conque todos los afligidos cora&ccedil;ones destos &ccedil;iudadanos se hallan sobresaltados con un inbierno riguroso en las manos, sin abrigo con qu&eacute; cubrirse, sin casas donde morar, y sin bastante sustento con qu&eacute; alimentarse. Temen rigurosa peste, ocasionada de tantas desdichas, y de la corrupci&oacute;n de tantos animales, que no se an podido sacar de las ruynas, y de la hambre y cuytas. Su Divina Magestad incline su piedad al amparo de tantos afligidos y hu&eacute;rfanos: <i>Orphano tu eris adiutor.</i><sup><a href="#nota">16</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aqu&iacute; no tenemos mi Padre Alonso de Ovalle, sino encoger los ombros, y venerar los &ccedil;ercanos Juicios de Dios, y dezir con San Pablo: <i>Quam inescrutabilia sunt inditia eius</i> :<sup><a href="#nota">17</a></sup> Pues vemos, y nos consta la piedad, Religi&oacute;n, culto Divino, y templan&ccedil;a desta &Ccedil;iudad, se&ntilde;al&aacute;ndose en la modestia y honestidad de las mugeres, gente piadosa, y virtuosa, que no se atreve &aacute; mostrar en p&uacute;blico, sino con mucha de&ccedil;en&ccedil;ia y compostura. Y dixo en esta ocasi&oacute;n un Ministro de Su Magestad, an&ccedil;iano por la edad, y prudente por la experien&ccedil;ia de muchas cosas, que &#91;h&#93;a tocado con las manos en estos Reynos, y assiste en otra &ccedil;iudad: <i>Pueblo m&aacute;s ajustado yo no lo &#91;h&#93;e hallado en las Yndias;</i> sobre &eacute;ste descarga Dios su a&ccedil;ote. Despojemos todos las espaldas, aguard&aacute;ndole, &oacute; aplaquemos su Divina Justi&ccedil;ia con buenas obras, y limosnas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Passado el triste su&ccedil;esso, trat&oacute; nuestra Com&#45; &#91;192r.&#93; pa&ntilde;&iacute;a, como suele, de mover el pueblo a peniten&ccedil;ia, para aplacar la ira de Dios, y alcan&ccedil;ar perd&oacute;n de sus piadosissimas entra&ntilde;as. Sac&oacute; la imagen devota del Cru&ccedil;ifixo, que sol&iacute;a estar colocada en la Iglesia, y escap&oacute; lastimada de la ruyna, y de su Santissima Madre la de Loreto, y colocadas en la pla&ccedil;eta, bien grande, y capaz, que est&aacute; delante de nuestra Iglesia; concurri&oacute; devoto, y numeroso el pueblo, y poco huvo menester. A los primeros Sermones que con fervoroso Esp&iacute;ritu predicaron los nuestros, se movieron tanto, que interrumpiendo las vo&ccedil;es del Predicador con l&aacute;grimas, alaridos, y golpes, llegavan sus clamores al &ccedil;ielo, pidiendo a Dios misericordia, y aplacando la justa sa&ntilde;a conque los castigaba. Sigui&oacute;se reforma&ccedil;i&oacute;n de costumbres, y traje, vistieron h&aacute;bito de penitencia, quitaron los hombres las cavelleras, exer&ccedil;it&aacute;ndose en obras de piedad Christiana, como lo pod&iacute;a hazer el m&aacute;s retirado Anacoreta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A 7 del corriente lleg&oacute; la triste y lastimosa nueva a esta &Ccedil;iudad de Lima, hall&oacute; al Ex&ccedil;elentissimo Se&ntilde;or Marqu&eacute;s de Mancera, Virrey de estos Reynos, en el Puerto del Callao, y al Illustrissimo Se&ntilde;or Ar&ccedil;obispo desta &Ccedil;iudad, la Real Audien&ccedil;ia, Tribunales, y lo granado desta Rep&uacute;blica. Acabava Su Ex&ccedil;elen&ccedil;ia de dar gra&ccedil;ias a la Divina Magestad con una devot&iacute;ssima, y solemn&iacute;ssima Pro&ccedil;essi&oacute;n, por la conclusi&oacute;n famos&iacute;ssima de la ex&ccedil;elente f&aacute;brica, y muralla del Callao. Y estando dispuestas fiestas y regozijos navales, y en tierra toros, etc&eacute;tera. Mand&oacute; su Excelencia al&ccedil;ar la mano de todo, y que se deshiziessen barreras, y tablados, y retirado su Excelencia mostr&oacute; gran sentimiento, y compassi&oacute;n con palabras piados&iacute;ssimas, conque ansiosso mostrava deseo de Socorrer tan afligido pueblo. Orden&oacute; se hiziesse luego acuerdo, para tomar expediente en lo que se dev&iacute;a hazer: y aunque por estar Su Excelencia con el despacho de la Armada en la mano, aun no &#91;h&#93;emos entendido lo que &#91;h&#93;a trazado su gran piedad y magn&aacute;nimo pecho, esperamos no poco. El Se&ntilde;or Ar&ccedil;obispo mostr&oacute; en esta ocasi&oacute;n entra&ntilde;as de piados&iacute;ssimo Padre, y luego trat&oacute; su Ilustr&iacute;sima con gran zelo y extraordinaria edifica&ccedil;i&oacute;n de toda esta Rep&uacute;blica, del amparo de la assolada &ccedil;iudad y espe&ccedil;ialmente de aquel descarriado reba&ntilde;o de Corderas y Esposas de Christo, a quienes como buen Pastor quer&iacute;a &#91;192v.&#93; Socorrer. Y confiriendo sobre el caso con su Excelencia, venido a esta &Ccedil;iudad junt&oacute; su Cavildo, propuso la extrema ne&ccedil;essidad de aquellos dos Monasterios, y con su exemplo anim&oacute; a los de &eacute;l, assegurando, que si s&oacute;lo le huviessen quedado los tapi&ccedil;es y colgaduras de su Pala&ccedil;io, las empe&ntilde;ara para amparo destas V&iacute;rgenes. Y con acuerdo de Su Excelencia est&aacute; disponiendo unas solemn&iacute;ssimas honrras por los difuntos, pro&ccedil;essiones, y otras obras p&iacute;as, para alcan&ccedil;ar misericordia, por el afligido pueblo. El Se&ntilde;or Marqu&eacute;s de Vaides, que se halla en esta &Ccedil;iudad, despu&eacute;s de aver governado feli&ccedil;issimamente aquel Reyno, se da por muy obligado del, y lastimado del Su&ccedil;esso, &#91;h&#93;a soli&ccedil;itado assi con Su Excelencia como con el Se&ntilde;or Ilustr&iacute;simo, su amparo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En fin, el sentimiento de toda esta &Ccedil;iudad de Lima, no &#91;h&#93;a sido menor, acostumbrada ya a tomar sobre sus ombros el amparo de aquel miserable Reyno, como lo hizo con gran piedad, quando el rebelde Araucano assol&oacute; las &ccedil;inco &Ccedil;iudades, Socorri&eacute;ndole con larga mano: y pare&ccedil;e, que en esta ocasi&oacute;n se &#91;h&#93;a mostrado a&uacute;n m&aacute;s lastimada, pues al punto que lleg&oacute; la nueva, que ser&iacute;a a las quatro de la tarde se estreme&ccedil;i&oacute; la tierra con un temblor y terremoto, que pare&ccedil;i&oacute; dar muestra de sentimiento, y junt&aacute;ndose con la voz que corri&oacute;, dio bien qu&eacute; pensar, y a&uacute;n cuydar cada uno de tener de su parte el favor, y amistad de Dios, escarmentando en cabe&ccedil;a agena.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">S&iacute;rvase su Divina Magestad de aplacar Su ira, y mirarnos con ojos de misericordia. P&iacute;daselo Vuestra Paternidad a su Magestad, con todos los fervorosos compa&ntilde;eros que trae para la conquista espiritual de aquel desamparado Reyno, y ofrescan fervorosas Ora&ccedil;iones, y sacrifi&ccedil;ios, en que mucho me encomiendo. Lima 13 de Julio de 1647. Humilde siervo de Vuestra Reverencia, Juan Gon&ccedil;alez Chaparro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Fondo consultado</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Biblioteca Nacional de Madrid (BNM), secci&oacute;n de manuscritos sobre Am&eacute;rica (Sala Cervantes).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Biblia, 1985,25&ordf; ed., versi&oacute;n de Eloino Nacar Fuster y Alberto Colunga Cueto, Editorial La Cat&oacute;lica&#45;Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2672540&pid=S1607-050X200500030001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CERESIS, 1985, <i>Terremotos destructivos en Am&eacute;rica del Sur. 1530&#45;1894,</i> vol. 10, Lima.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2672542&pid=S1607-050X200500030001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Covarrubias Orozco, Sebasti&aacute;n de, 1995, <i>Tesoro de la lengua castellana o espa&ntilde;ola,</i> Felipe C. R. Maldonado (ed.), Castalia, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2672544&pid=S1607-050X200500030001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Diccionario de la lengua castellana, en que se explica el verdadero sentido de las voces, su naturaleza y calidad, con las phrases o modos de hablar, los proverbios o refranes, y otras cosas convenientes al uso de la lengua,</i> 1969, ed. facsimilar de la de 1726&#45;1739, 3 vols., Gredos, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2672546&pid=S1607-050X200500030001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Escalante Gonzalbo, Fernando, 2000, <i>La mirada de Dios. Estudio sobre la cultura del sufrimiento,</i> Paid&oacute;s, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2672548&pid=S1607-050X200500030001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esteve Barba, Francisco, 1992, <i>Historiograf&iacute;a indiana,</i> 2&ordf; ed., Gredos, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2672550&pid=S1607-050X200500030001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hanisch, Walter S. J., 1974, <i>Historia de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s en Chile (1593&#45;1955),</i> Francisco de Aguirre, Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2672552&pid=S1607-050X200500030001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lomnitz, Cinna, 1970, "Major Earthquakes and Tsunamis in Chile During the Period 1535 to 1955", <i>Sonderdruck Aus Der Geologischen Rundschau,</i> vol. 59, n&uacute;m. 3, pp. 938&#45;960.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2672554&pid=S1607-050X200500030001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mart&iacute;nez Guti&eacute;rrez, Gregorio, 1994, <i>Gaspar de Villarroel, OSA. Un ilustre prelado americano,</i> Estudio Agustiniano, Valladolid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2672556&pid=S1607-050X200500030001000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Medina, Jos&eacute; Toribio, 1897&#45;1899, <i>Biblioteca hispano&#45;chilena (1523&#45;1817),</i> 3 vols., ed. del autor, Santiago de Chile.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2672558&pid=S1607-050X200500030001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;, 1989, <i>La imprenta en M&eacute;xico (1539&#45;1821),</i> ed. facsimilar de la de 1911, 8 vols., Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2672560&pid=S1607-050X200500030001000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Terradas, Ignasi, 1988, <i>Mal natural, mal social. Introducci&oacute;n a la teor&iacute;a de las ciencias humanas,</i> Barcanova, Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2672562&pid=S1607-050X200500030001000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Urrutia de Hazbun, Rosa y Carlos Lanza Lazcano, 1993, <i>Cat&aacute;strofes en Chile. 1541&#45;1992,</i> La Noria, Santiago de Chile.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2672564&pid=S1607-050X200500030001000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Villarroel, fray Gaspar de, 1943, <i>Gobierno eclesi&aacute;stico&#45;pac&iacute;fico. Selecciones,</i> Gonzalo Zaldumbide (prol. y sel.), Imprenta del Ministerio de Gobierno, Quito.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2672566&pid=S1607-050X200500030001000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Sobre el tema v&eacute;ase Terradas, 1988 y Escalante, 2000.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Se trata de uno de los temblores chilenos m&aacute;s fuertes y, quiz&aacute;s, por ello, mejor documentados para la &eacute;poca colonial (v&eacute;ase Urrutia y Lanza, 1993: 37&#45;42). Se le ha identificado a Santiago&#45;Valpara&iacute;so como regi&oacute;n epicentral y se le ha estimado una magnitud de 8.5 (Lomnitz, 1970: 943&#45;944 y 956).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Gonz&aacute;lez Chaparro naci&oacute; en Santiago de Chile. Fue procurador de los jesuitas de esa ciudad en Lima, de 1645 a 1650. Falleci&oacute; en 1651 siendo calificador del Santo Oficio. Alonso de Ovalle naci&oacute; en Santiago de Chile en 1601, estudi&oacute; con los jesuitas primero en Santiago y posteriormente en C&oacute;rdoba de Tucum&aacute;n. En 1635 fue nombrado rector del Convictorio de San Francisco Xavier, y en 1640 fue enviado por la orden a Roma como procurador de la Provincia de Chile. Tras el terremoto de Santiago se traslad&oacute; a Madrid para gestionar ante Felipe IV una serie de ayudas para aquella ciudad. Hacia 1650 y acompa&ntilde;ado por 17 jesuitas emprendi&oacute; el viaje de regreso a Chile, pero muri&oacute; de fiebre a su paso por Lima el 11 de mayo de 1651. V&eacute;ase Medina, 18971899:1,475&#45;483; Esteve Barba, 1992: 613&#45;616; Hanisch, 1974: 46&#45;48.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Entre los oidores de Chile que escribieron informes y posteriores relaciones destaca el jurista Nicol&aacute;s Polanco de Santillana, quien enmedio de las ruinas de la ciudad escribi&oacute; en los ocho meses posteriores al terremoto un tratado jur&iacute;dico intitulado <i>De obligationibus judicum in casibus fortuitis (De las obligaciones de los Jueces y Gobernadores en los casos fortuitos)</i> por el cual estableci&oacute; el modo de administrar las leyes en casos de calamidad y adversidad. Dicho tratado, del cual existen referencias en diversos documentos del Archivo de Indias, se encuentra, al parecer, perdido del todo. V&eacute;ase Medina, 1897&#45;1899:1,406&#45;413.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Cfr. Esteve Barba, 1992: 613&#45;616; Hanisch, 1974: 46&#45;48. Para datos espec&iacute;ficos de la edici&oacute;n original de la <i>Hist&oacute;rica relaci&oacute;n</i> y sus reimpresiones v&eacute;ase Medina, 1897&#45;1899: I, 458&#45;460.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Su t&iacute;tulo completo es <i>Relaci&oacute;n verdadera de las pazes que capitul&oacute; con el araucano Rebelado, el Marques de Baides, Conde de Pedroso, Governador, y Capitan General del Reyno de Chile, y Presidente de la Real Audiencia. Sacada de sus informes, y cartas, y de los Padres de la Compa&ntilde;&iacute;a de Iesus, que acompa&ntilde;aron el Real exercito en la jornada que hizo para este efeto el A&ntilde;o passado de 1641. Contiene raros prodigios que precedieron a estas pazes. Un bolcan, que rebentando con las encendidas cenizas, y pe&ntilde;ascos que arrojava, calent&oacute; las aguas, y coci&oacute; el pescado de los rios. Una monstruosa bestia, que corria por uno dellos en seguimiento de un crecido, y empinado arbol, que iva sobre sus aguas. Dos exercitos que se vieron en el aire, y que peleando el uno con el otro vencia siempre el de nuestra vanda, y le governava un famoso Capitan en un cavallo blanco, y espada ancha en la mano. Tratase de la libertad de los cautivos Espa&ntilde;oles y de las solemnidades, y ceremonias con que los enemigos capi tularon las pazes, y otras cosas de gusto, y provecho.</i> Sobre sus posteriores impresiones v&eacute;ase Medina, 1897&#45;1899: I, 416&#45;417.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> V&eacute;ase Medina, 1897&#45;1899: I, 475&#45;483. La edici&oacute;n m&aacute;s reciente de la carta fue realizada por el propio Toribio Medina en 1897 como parte del tomo I de la ya mencionada <i>Biblioteca hispano&#45;chilena.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Fray Gaspar de Villarroel naci&oacute; en Quito en 1587 y muri&oacute; en Chuquisaca en 1665. Profes&oacute; en Lima para la orden de San Agust&iacute;n y destacose en la oratoria sagrada. Tras desarrollar su actividad como escritor en Lisboa, Madrid y Sevilla, le fue otorgada por el rey la silla episcopal de Santiago de Chile, de la que tom&oacute; posesi&oacute;n en 1637. En 1651 fue trasladado a Arequipa como arzobispo y posteriormente presidi&oacute; la di&oacute;cesis de Chuquisaca. Es considerado uno de los eruditos m&aacute;s importantes de las letras hispanoamericanas del siglo XVII. V&eacute;ase Mart&iacute;nez Guti&eacute;rrez, 1994.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> El lector interesado en la literatura de prodigios y calamidades puede consultar una edici&oacute;n reciente de la carta de Villarroel en Mart&iacute;nez Guti&eacute;rrez, 1994: 137&#45;150. Tambi&eacute;n aparece como parte de la selecci&oacute;n de textos del Gobierno eclesi&aacute;stico&#45;pac&iacute;fico de Villarroel que hiciera Gonzalo Zaldumbide (Villarroel, 1943: 269&#45;283). Los estudios consultados mencionan tambi&eacute;n una edici&oacute;n de 1847 realizada en Santiago de Chile, que no hemos logrado localizar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> Villarroel, 1943: 284.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> Villarroel, 1943: 284&#45;287.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> Documento guardado en la Biblioteca Nacional de Madrid (BNM), ms. 2378: 187&#45;192v. (traslado de la carta); existe otro ejemplar en BNM, mss. 2379: 245&#45;246v.; la carta fue publicada en Madrid por Diego D&iacute;az de la Carrera en 1648, dos hojas en folio, y aparece un ejemplar en BNM, mss. 3048: 209. Presentamos la transcripci&oacute;n literal de la versi&oacute;n manuscrita del traslado. Tan s&oacute;lo se han agregado algunos acentos y signos de puntuaci&oacute;n con el fin de facilitar la lectura. Una versi&oacute;n preliminar de este documento fue dada a conocer en 1985, como parte de una publicaci&oacute;n de poca distribuci&oacute;n (v&eacute;ase CERESIS, 1985).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> El autor utiliza "herir" en su sentido de "golpear, maltratando" V&eacute;ase la definici&oacute;n del t&eacute;rmino en 1611 en Covarrubias, 1995: 628.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> El autor utiliza "caballero" en su acepci&oacute;n metaf&oacute;rica de fortificaci&oacute;n, haciendo referencia a la situaci&oacute;n de predominio y se&ntilde;or&iacute;a del cerro santa Luc&iacute;a sobre la ciudad de Santiago de Chile: "Es una obra que se levanta sobre el terrapl&eacute;n de la Plaza &#91;...&#93; sobre la qual se forma el parap&eacute;to, para que en caso de ganarle el enemigo, quede enteramente descubierto. Ll&aacute;mase Caball&eacute;ro, porque assi como un hombre a caballo se&ntilde;orea &agrave; todos los que est&aacute;n &agrave; pi&eacute;: assi este Caball&eacute;ro domina &agrave; toda la Plaza y &agrave; los enemigos." V&eacute;ase <i>Diccionario de la lengua castellana,</i> 1969: II, 6. En adelante <i>Diccionario de Autoridades.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> <i>Lamentaciones,</i> 4,1. El vers&iacute;culo completo es el siguiente: <i>Quomodo obscuratum est aurum / Mutatus est color optimus! / Dispersi sunt lapides sanctuarii / In capite omnium platearum. (&iexcl;Qu&eacute; deslucido qued&oacute; el oro, / qu&eacute; p&aacute;lido el oro m&aacute;s fino! / Las piedras sagradas est&aacute;n esparcidas / por las esquinas de todas las calles).</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup> Tomado el t&eacute;rmino en su acepci&oacute;n de "sucesso lastimoso, inopinado, lamentable y funesto", <i>Diccionario de Autoridades,</i> 1969: III, 786.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup><i>&nbsp;Ser&aacute;s ayuda para el hu&eacute;rfano.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup><i>&nbsp;Cu&aacute;n inescrutables son tus designios.</i></font></p>      ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<nlm-citation citation-type="book">
<source><![CDATA[Biblia]]></source>
<year>1985</year>
<edition>25</edition>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[La CatólicaBiblioteca de Autores Cristianos]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<nlm-citation citation-type="">
<collab>CERESIS</collab>
<source><![CDATA[Terremotos destructivos en América del Sur. 1530-1894]]></source>
<year>1985</year>
<volume>10</volume>
<publisher-loc><![CDATA[Lima ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Covarrubias Orozco]]></surname>
<given-names><![CDATA[Sebastián de]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Maldonado]]></surname>
<given-names><![CDATA[Felipe C. R.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Tesoro de la lengua castellana o española]]></source>
<year>1995</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Castalia]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<nlm-citation citation-type="book">
<source><![CDATA[Diccionario de la lengua castellana, en que se explica el verdadero sentido de las voces, su naturaleza y calidad, con las phrases o modos de hablar, los proverbios o refranes, y otras cosas convenientes al uso de la lengua]]></source>
<year>1969</year>
<volume>3</volume>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Gredos]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B5">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Escalante Gonzalbo]]></surname>
<given-names><![CDATA[Fernando]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[La mirada de Dios. Estudio sobre la cultura del sufrimiento]]></source>
<year>2000</year>
<publisher-name><![CDATA[Paidós]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B6">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Esteve Barba]]></surname>
<given-names><![CDATA[Francisco]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Historiografía indiana]]></source>
<year>1992</year>
<edition>2</edition>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Gredos]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B7">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Hanisch]]></surname>
<given-names><![CDATA[Walter S. J.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Historia de la Compañía de Jesús en Chile (1593-1955)]]></source>
<year>1974</year>
<publisher-loc><![CDATA[Buenos Aires ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Francisco de Aguirre]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B8">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Lomnitz]]></surname>
<given-names><![CDATA[Cinna]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Major Earthquakes and Tsunamis in Chile During the Period 1535 to 1955]]></article-title>
<source><![CDATA[Sonderdruck Aus Der Geologischen Rundschau]]></source>
<year>1970</year>
<volume>59</volume>
<numero>3</numero>
<issue>3</issue>
<page-range>938-960</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B9">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Martínez Gutiérrez]]></surname>
<given-names><![CDATA[Gregorio]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Gaspar de Villarroel, OSA. Un ilustre prelado americano]]></source>
<year>1994</year>
<publisher-loc><![CDATA[Valladolid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Estudio Agustiniano]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B10">
<nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Medina]]></surname>
<given-names><![CDATA[José Toribio]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Biblioteca hispano-chilena (1523-1817)]]></source>
<year></year>
<volume>3</volume>
<publisher-loc><![CDATA[Santiago de Chile ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B11">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Medina]]></surname>
<given-names><![CDATA[José Toribio]]></given-names>
</name>
</person-group>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[La imprenta en México (1539-1821)]]></source>
<year>1989</year>
<volume>8</volume>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional Autónoma de México]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B12">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Terradas]]></surname>
<given-names><![CDATA[Ignasi]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Mal natural, mal social. Introducción a la teoría de las ciencias humanas]]></source>
<year>1988</year>
<publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Barcanova]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B13">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Urrutia de Hazbun]]></surname>
<given-names><![CDATA[Rosa]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Lanza Lazcano]]></surname>
<given-names><![CDATA[Carlos]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Catástrofes en Chile. 1541-1992]]></source>
<year>1993</year>
<publisher-loc><![CDATA[Santiago de Chile ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[La Noria]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B14">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Villarroel]]></surname>
<given-names><![CDATA[fray Gaspar de]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Zaldumbide]]></surname>
<given-names><![CDATA[Gonzalo]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Gobierno eclesiástico-pacífico. Selecciones]]></source>
<year>1943</year>
<publisher-loc><![CDATA[Quito ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Imprenta del Ministerio de Gobierno]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
