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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Presentaci&oacute;n</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Juventud: exclusi&oacute;n y violencia</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Elena Azaola</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>CIESAS.</i></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">Si de m&iacute; hubiera dependido no nacer, indudablemente no habr&iacute;a    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> aceptado la existencia en condiciones tan irrisorias.</font></p>      <p align="right"><font face="verdana" size="2">Dosto&iuml;evski, <i>El idiota</i></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Muchos de los j&oacute;venes integrantes de pandillas que habitan en los barrios marginales de nuestras ciudades latinoamericanas, y que constituyen el sujeto/objeto de estudio que hemos elegido para la secci&oacute;n de Saberes y Razones de este n&uacute;mero, sentir&iacute;an que tal vez sus circunstancias de vida se hallan bastante bien reflejadas en estas palabras de <i>El idiota</i> de Dostoievski. Quiz&aacute;s tambi&eacute;n los j&oacute;venes que viven en condiciones parecidas en otras latitudes. No hay m&aacute;s que dar vuelta a las p&aacute;ginas de este n&uacute;mero para toparse con palabras y testimonios tanto m&aacute;s estremecedores que los que empleara el novelista ruso hace ya m&aacute;s de un siglo. Y no es para menos, si se detiene uno a analizar dichas circunstancias, como ha pretendido hacerlo el conjunto de los trabajos contenidos en esta secci&oacute;n de la revista <i>Desacatos.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A un cierto nivel, parecer&iacute;a que no habr&iacute;a necesidad de justificar por qu&eacute; hemos elegido precisamente a &eacute;ste como nuestro sujeto/objeto de estudio. En el imaginario colectivo ha cobrado carta de naturalizaci&oacute;n el v&iacute;nculo aparentemente indisoluble, y tantas veces reproducido por los medios, entre j&oacute;venes/pandillas/violencia y drogas, que tambi&eacute;n habr&iacute;a cobrado realidad como una entidad cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil de desmenuzar. Se trata, m&aacute;s bien, de una imagen construida a la que, s&oacute;lo si la sometemos a un an&aacute;lisis cuidadoso, podemos descomponer en sus diferentes elementos. Entre los factores que han propiciado la construcci&oacute;n de dicha imagen cabe referir el clima de alarma social, seg&uacute;n algunos,<sup><a href="#notas">1</a></sup> o de p&aacute;nico moral, seg&uacute;n otros,<sup><a href="#notas">2</a></sup> que ha permitido colocar a los j&oacute;venes en el lugar privilegiado para hacerlos responsables de los elevados &iacute;ndices de criminalidad en general, y de la violencia en particular que se observan durante la &uacute;ltima d&eacute;cada en los pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n ha contribuido a crear dicha imagen un clima que ha exacerbado la desconfianza entre los distintos sectores sociales, pero que de manera preponderante centra esta desconfianza en los j&oacute;venes. As&iacute;, y para dar cuenta de estos fen&oacute;menos, diversos estudios han hecho referencia al "deterioro de la sociabilidad" que se habr&iacute;a producido en pa&iacute;ses de la regi&oacute;n sujetos a procesos de cambio relativamente acelerados como consecuencia de la modernizaci&oacute;n y de la puesta en pr&aacute;ctica de los modelos de ajuste econ&oacute;mico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En un informe reciente sobre <i>Las paradojas de la modernizaci&oacute;n en Chile,</i> por ejemplo, los autores se&ntilde;alan que dicho deterioro de la sociabilidad se manifiesta en "un alto grado de desconfianza, una asociatividad precaria, la descomposici&oacute;n de las identidades colectivas tradicionales e incluso cierto debilitamiento de la cohesi&oacute;n intergeneracional en la familia". Refieren, asimismo, que otros autores han llamado a estos fen&oacute;menos "patolog&iacute;as del v&iacute;nculo social" entre las que destacan "la violencia intrafamiliar, la violencia sexual, las adicciones, los actos de incivilidad y desborde an&oacute;mico y la delincuencia juvenil."<sup><a href="#notas">3</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Describen tambi&eacute;n en dicho informe un sentimiento de inseguridad poco preciso pero muy difundido al que relacionan con el debilitamiento del v&iacute;nculo social, del sentimiento de comunidad, as&iacute; como de la noci&oacute;n de orden. De igual modo reportan que la noci&oacute;n de "nosotros" que existe en la comunidad (es decir, la identidad, la confianza y la sociabilidad) se habr&iacute;a "resquebrajado" (1998: 22).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con palabras semejantes podr&iacute;a describirse la atm&oacute;sfera que se respira, no sin dificultad, en los distintos pa&iacute;ses de la regi&oacute;n latinoamericana. Sin pretender anular o desconocer las &#151;en ocasiones importantes&#151; diferencias hist&oacute;ricas, pol&iacute;ticas o las particularidades que tiene el desarrollo econ&oacute;mico en los pa&iacute;ses de la regi&oacute;n, lo que aqu&iacute; nos interesa destacar es un hecho que, en mayor o menor medida, caracteriza hoy en d&iacute;a a sus <b>&nbsp;</b>sociedades: la creciente exclusi&oacute;n que sufre la gran mayor&iacute;a de su poblaci&oacute;n joven. Es &eacute;sta una realidad con la que una y otra vez, a menudo utilizando la propia voz de los j&oacute;venes, nos encaran los trabajos que contiene este n&uacute;mero de la revista. Nos conviene escucharlos, a menos que nuestra posici&oacute;n sea la de ser c&oacute;mplices silenciosos de dicha exclusi&oacute;n o la de querer cerrar los ojos a sus consecuencias.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No est&aacute; de m&aacute;s recordar el giro, el vuelco enorme que la exclusi&oacute;n de los j&oacute;venes, o de la mayor&iacute;a de ellos, significa. En unos cuantos a&ntilde;os, y en un giro que se habr&iacute;a producido sin que casi nos di&eacute;ramos cuenta, los j&oacute;venes han dejado de ser la esperanza, el futuro, la mayor riqueza con la que puede contar una sociedad, para pasar a ser la escoria, el excedente, el peligro m&aacute;s grande que acecha a la propia sociedad.<sup><a href="#notas">4</a></sup> La descripci&oacute;n que el texto revelador de Carlos Mario Perea nos hace de las "operaciones de limpieza" en Colombia, permite vislumbrar la salida que en algunos pa&iacute;ses comienza a ensayarse para desembarazarse de dicho peligro. Puerta falsa, sin duda, pues como el autor lo revela, lejos de limpiar cualquier cosa, la medida no hace sino enturbiar aun m&aacute;s el ambiente y exacerbar, como si todav&iacute;a fuera posible y hasta l&iacute;mites impensables, la violencia.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante las apariencias, hay que decirlo, los j&oacute;venes no son los &uacute;nicos, y muchas veces ni siquiera los principales, responsables de la violencia en nuestros pa&iacute;ses. Si miramos con cuidado los datos que nos ofrece el <i>Reporte mundial de la violencia</i> elaborado por la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud (OMS) en 2002 y citado en el cuidadoso comentario de Gonzalo Sarav&iacute;, resulta que s&oacute;lo podemos atribuir a los j&oacute;venes una parte de los hechos de violencia que cotidianamente se suscitan en nuestros pa&iacute;ses.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, de doce pa&iacute;ses latinoamericanos cuya tasa de homicidios aparece registrada en dicho reporte, en ocho, o sea, en dos terceras partes (Argentina, Chile, Ecuador, El Salvador, M&eacute;xico, Nicaragua, Paraguay y Uruguay) hay diferencias muy poco significativas entre la violencia perpetrada por los j&oacute;venes de diez a 29 a&ntilde;os y la que han ocasionado los adultos e incluso en cinco casos (El Salvador, M&eacute;xico, Nicaragua, Paraguay y Uruguay), casi la mitad del total, es menor la violencia cometida por los j&oacute;venes. S&oacute;lo en cuatro casos &#151;una tercera parte de los pa&iacute;ses incluidos (Brasil, Colombia, Panam&aacute; y Venezuela)&#151; la violencia perpetrada por los j&oacute;venes resulta significativamente m&aacute;s elevada que la que cometen los adultos. Estos datos permiten, desde luego, matizar la imagen construida en la que los j&oacute;venes aparecen, casi de manera exclusiva, como los responsables de la violencia en Latinoam&eacute;rica. Pero, m&aacute;s all&aacute; de las tasas de muerte por homicidio, &iquest;qu&eacute; nos dice este n&uacute;mero de <i>Desacatos</i> acerca de los j&oacute;venes marginados y sus pandillas?, &iquest;de sus barrios y sus familias?, &iquest;de sus sue&ntilde;os y su futuro?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Brevemente, pues no deseamos ahorrarles la lectura, cabe decir que el trabajo de Carlos Mario Perea se acerca a mirar el mundo como lo miran o desde donde lo miran los j&oacute;venes pandilleros colombianos. Nos hace accesible su l&oacute;gica y comprensible su mundo. Al mismo tiempo, contrasta esta mirada con la forma como los j&oacute;venes son vistos desde fuera por otros actores y, en el extremo, por los responsables de las operaciones de limpieza. Deja en claro que, tanto los j&oacute;venes pandilleros como quienes pretenden eliminarlos, son el resultado de una misma descomposici&oacute;n social. La eliminaci&oacute;n de los j&oacute;venes mostrar&iacute;a los extremos a que puede llegar, en una puesta en acto, la fantas&iacute;a o el deseo de excluirlos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">H&eacute;ctor Castillo Berthier, por su parte, mira desde arriba a los j&oacute;venes de toda la regi&oacute;n para mostrarnos lo que, en tanto que j&oacute;venes pandilleros y marginados latinoamericanos, tienen en com&uacute;n. Hace tambi&eacute;n un interesante recorrido por la literatura que nos recuerda los aportes de los textos cl&aacute;sicos sobre el tema.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El estudio de Gabriel Kessler aborda la realidad de los j&oacute;venes marginados argentinos que nos sorprende por la aparente facilidad con la que, cada vez m&aacute;s, tendr&iacute;an necesidad de combinar la l&oacute;gica del trabajo con la del robo para sobrevivir. A trav&eacute;s de una serie de interesantes testimonios, los autores nos revelan con sus propias palabras el mundo de estos j&oacute;venes y subrayan la tendencia a la normalizaci&oacute;n que, por lo menos en algunos c&iacute;rculos, habr&iacute;a de ciertas pr&aacute;cticas delictivas como el robo, no as&iacute; de las relacionadas con las drogas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ernesto Rodr&iacute;guez aborda el tema de la violencia entre los j&oacute;venes de Am&eacute;rica Latina enfocando el an&aacute;lisis con la mirada puesta en el dise&ntilde;o de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas que se requerir&iacute;an para enfrentarla. Destaca los rasgos comunes de la violencia en la que participan los j&oacute;venes como v&iacute;ctimas y victimarios, y concluye sobre la necesidad de transformar los sistemas de justicia penal juvenil en la regi&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Manfred Liebel hace notar que las pandillas en Centroam&eacute;rica son una forma de vida, de asociaci&oacute;n entre los j&oacute;venes, que no se agota en la violencia y la delincuencia. De este modo, se propone hacer visibles las relaciones de los j&oacute;venes con su familia, con la escuela, el trabajo y con su barrio. Analiza los procesos que en los distintos pa&iacute;ses centroamericanos llevaron a conformar este tipo de grupos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El texto de Gonzalo Sarav&iacute;, cuya tarea consist&iacute;a en comentar los anteriores, va m&aacute;s lejos y aporta interesantes reflexiones y cuestionamientos, sin dejar por ello de lado la necesaria visi&oacute;n de conjunto de los trabajos que integran la secci&oacute;n de Saberes y Razones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de los temas que quiz&aacute;s est&aacute; presente de manera m&aacute;s o menos expl&iacute;cita en todos los trabajos, y que considero importante destacar, es el de la necesidad de pertenencia de los j&oacute;venes, la necesidad de asociarse para pertenecer o, visto desde otra perspectiva, el de las formas de sociabilidad, en ocasiones desviada pero de sociabilidad a fin de cuentas, que se revelan en la necesidad de pertenecer a la pandilla. Se tratar&iacute;a de la participaci&oacute;n en la pandilla como una forma de compensar la falta de reconocimiento social, o incluso de retar a la sociedad que los expulsa asoci&aacute;ndose en la pandilla.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto &uacute;ltimo nos permite recordar lo que, desde una perspectiva hist&oacute;rica, ha propuesto Pascal Bruckner para explicar la debilidad del ser humano en nuestros tiempos, sobre todo si comparamos su situaci&oacute;n con las certezas que le produc&iacute;a vivir en el Antiguo R&eacute;gimen.<sup><a href="#notas">5</a></sup> Bruckner rese&ntilde;a el pasaje de la siguiente manera: el individuo, dice, es un producto reciente que surge entre el Renacimiento y la Revoluci&oacute;n. Habr&iacute;a ambicionado, nos explica, salir de la esclavitud mental que anta&ntilde;o lo somet&iacute;a al pasado, la comunidad o una figura trascendente (la monarqu&iacute;a, la Iglesia, Dios). La Ilustraci&oacute;n signific&oacute; la conquista de cada cual de su propia autonom&iacute;a, "quedando librado el individuo al coraje de pensar por s&iacute; mismo sin estar dirigido por el otro". A partir de entonces, el individuo "es problem&aacute;tico y no triunfante, portador tanto de las mayores esperanzas como de los mayores temores". Por ello, nos dice, ninguno de los te&oacute;ricos posteriores del individualismo podr&aacute; desembarazarse de un cierto pesimismo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hasta entonces en efecto los hombres se interpertenec&iacute;an a trav&eacute;s de unas redes de relaciones y de reciprocidad que representaban una traba pero que tambi&eacute;n les garantizaban una condici&oacute;n y un lugar. Nadie era verdaderamente independiente, una serie de deberes y de servicios ataba a cada cual a sus pr&oacute;jimos, la sociabilidad era rica y variada. El estallido de las solidaridades arcaicas (del clan, de la aldea, de la familia, de la regi&oacute;n) va a trastocar este estado de hecho. A partir del momento en que est&aacute; libre de cualquier obligaci&oacute;n y se sabe su propio gu&iacute;a bajo la &uacute;nica luz de su entendimiento, el individuo pierde al mismo tiempo la seguridad de un lugar, de un orden, de una definici&oacute;n. Al ganar la libertad tambi&eacute;n ha perdido la seguridad, ha entrado en la era del tormento perpetuo (2002: 21&#45;22).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bruckner agrega que as&iacute; como la liberaci&oacute;n posee una especie de grandeza, la libertad nos tiraniza a trav&eacute;s de sus exigencias. De ah&iacute; que se&ntilde;ale que este cambio significa, al mismo tiempo, tanto "una promoci&oacute;n como una maldici&oacute;n", lo que explica que tantos seres humanos se intenten "consolar" el d&iacute;a de hoy, nos dice, adhiri&eacute;ndose a nuevas tribus (pandillas), consumiendo drogas o sum&aacute;ndose a grupos pol&iacute;ticos extremistas o a misticismos de toda &iacute;ndole. Y concluye: "el ocio, la diversi&oacute;n, la abundancia material constituyen a su nivel una tentativa pat&eacute;tica de reencantamiento del mundo, una de las respuestas que la modernidad aporta al sufrimiento de ser libre, al inmenso cansancio &#91;que produce&#93; ser uno mismo" (2002: 44&#45;45).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aparece aqu&iacute; la necesidad de pertenencia a la que antes nos hemos referido as&iacute; como las diferentes maneras en que dicha necesidad es encarada o intenta ser resuelta por distintos grupos. Sobra decir que, entre los j&oacute;venes, encontrar&iacute;amos todas las estrategias que Bruckner refiere: desde unirse a pandillas, a grupos pol&iacute;ticos extremistas o m&iacute;sticos, hasta consumir drogas o cometer robos que les permitan tener acceso al ocio, la diversi&oacute;n y el consumo que, de otra forma, les estar&iacute;an vedados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por caminos distintos puede ser que lleguemos al mismo punto. Me refiero a lo que algunos te&oacute;ricos del control social, como Travis Hirschi, han dicho respecto de ciertos comportamientos delictivos en los que, a mi manera de ver, cabe muy bien situar los de nuestro sujeto de estudio. Para Hirschi, cierto tipo de actos delictivos son perpetrados por personas que tienen d&eacute;biles v&iacute;nculos con la sociedad. De acuerdo con su teor&iacute;a, estamos atados a respetar las leyes no mediante el temor que podamos sentir por las consecuencias o las sanciones que podr&iacute;an derivar de dichos actos, sino mediante los lazos de afecto que nos unen a aquellos que resultar&iacute;an lastimados por nuestros actos; esto es, por el da&ntilde;o que el delito ocasionar&iacute;a a nuestras expectativas para el futuro y por nuestra convicci&oacute;n de que cometer un delito es incorrecto. De aqu&iacute; que, seg&uacute;n Hirschi, aquellos con un d&eacute;bil lazo de apego a los otros y con limitadas perspectivas de alcanzar logros en el futuro son m&aacute;s propensos a vivir el momento con una escasa preocupaci&oacute;n por lo que pueda ocurrir despu&eacute;s. Aquellas personas para las que el futuro no cuenta o tiene un escaso valor son, entonces, las m&aacute;s propensas a cometer delitos. Para ellas las consecuencias legales tienen poco peso. Las personas con d&eacute;biles lazos o distantes hacia los otros es poco probable que se sientan disuadidas por las acciones potenciales de un sistema de justicia que, a fin de cuentas, se halla representado por quienes le resultan todav&iacute;a m&aacute;s extra&ntilde;os.<sup><a href="#notas">6</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tema de la exclusi&oacute;n de los j&oacute;venes vuelve a aparecer aqu&iacute; por partida doble: tanto en el debilitamiento de los lazos que los unen a la sociedad, como en sus limitadas expectativas de alcanzar logros en el futuro.<sup><a href="#notas">7</a></sup> En otros t&eacute;rminos, la reducci&oacute;n de las oportunidades de educaci&oacute;n, empleo, salud, vivienda, cultura, etc., que se observa para los j&oacute;venes de nuestras sociedades particularmente durante la &uacute;ltima d&eacute;cada supone, sin lugar a dudas, un debilitamiento grave de los lazos que los unen con la sociedad y una incapacidad severa por parte de &eacute;sta para insertarlos, integrarlos de manera sana en el curso de su desarrollo. Ello, con las consecuencias que en este volumen apenas comienzan a esbozarse.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, cabe tambi&eacute;n decir que la creciente exclusi&oacute;n de los j&oacute;venes coloca serias interrogantes sobre el modelo de sociedad que tenemos y sobre el tipo de sociedad que puede aspirarse a edificar con estos cimientos. No podr&iacute;a tratarse de una sociedad democr&aacute;tica si por &eacute;sta entendi&eacute;ramos, como propone Savater, la b&uacute;squeda razonable de lo mejor o la que permite a todos elegir y participar igualitariamente desde su pluralidad de opciones en el futuro que va construy&eacute;ndose socialmente.<sup><a href="#notas">8</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tampoco parece corresponder a lo que Michael Ignatieff considera como la novedad radical de la sociedad de ciudadanos, a diferencia de otras formas de convivencia del pasado. Aqu&eacute;llas, dice, "no eran democracias basadas en la igualdad de derechos, ni se sosten&iacute;an en la premisa de un modelo c&iacute;vico de inclusi&oacute;n". En la sociedad de ciudadanos, "lo que mantiene unida a una sociedad no es la religi&oacute;n com&uacute;n, la raza, la etnia, la lengua o la cultura, sino un acuerdo normativo respecto al imperio del derecho y la creencia de que somos individuos iguales portadores de los mismos derechos".<sup><a href="#notas">9</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">S&oacute;lo resta decir que esperamos haber contribuido con este n&uacute;mero de <i>Desacatos</i> al conocimiento y la reflexi&oacute;n de uno de los temas que quiz&aacute;s no ha recibido todav&iacute;a la atenci&oacute;n que merece en el campo de las ciencias sociales y sobre el cual esperamos tener la oportunidad de seguir profundizando en el curso de los pr&oacute;ximos a&ntilde;os.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"><b>Notas</b></a></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Emilio Garc&iacute;a M&eacute;ndez, <i>Infancia. De los derechos y de la justicia,</i> Ediciones del Puerto, Buenos Aires, 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2661164&pid=S1607-050X200400010000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Philip Jenkins, <i>Moral Panic,</i> Yale University Press, New Haven, 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2661166&pid=S1607-050X200400010000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, <i>Desarrollo humano en Chile, 1998. Las paradojas de la modernizaci&oacute;n,</i> Santiago de Chile, 1998,p. 28.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2661168&pid=S1607-050X200400010000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Hace unos cuantos d&iacute;as, la prensa daba cuenta de un incidente al que consideraba "simp&aacute;tico" y que hab&iacute;a sido visto por millones de telespectadores estadounidenses. Mientras el presidente Bush pronunciaba un encendido discurso sobre la vitalidad de los j&oacute;venes en Estados Unidos y la bondad de las reformas educativas emprendidas por su gobierno, un adolescente situado a su lado bostezaba repetidamente y volteaba de manera insistente a mirar su reloj antes de que el sue&ntilde;o lo venciera y cayera ante las c&aacute;maras profundamente dormido. El incidente nos hace pensar no s&oacute;lo en el contraste entre la vitalidad de los j&oacute;venes evocada por Bush y el hast&iacute;o del adolescente a su lado, sino tambi&eacute;n en la diferente situaci&oacute;n de los j&oacute;venes, en general, y de los j&oacute;venes marginados, en particular, entre pa&iacute;ses ricos y pobres.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Pascal Bruckner, <i>La tentaci&oacute;n de la inocencia,</i> Anagrama, Barcelona, 4a. ed., 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2661171&pid=S1607-050X200400010000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Travis Hirschi, "Control Theories", en <i>Encyclopedia of Crime and Punishment,</i> vol. 1, Sage Publications, Thousand Oaks, 2002,pp. 311&#45;315.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2661173&pid=S1607-050X200400010000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> El tema de las expectativas escasas para el futuro en relaci&oacute;n con los crecientes &iacute;ndices de criminalidad entre los j&oacute;venes es retomado en un texto reciente de Marcelo Bergman que pronto ser&aacute; publicado: <i>Rising Crime in Urban Argentina: The Effects of Changes in Labor Markets and Community Breakdown.</i></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Fernando Savater, <i>El valor de elegir,</i> Ariel, Barcelona, 2003,pp. 142&#45;143.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2661176&pid=S1607-050X200400010000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> Michael Ignatieff, <i>El honor del guerrero,</i> citado por Savater, <i>op. cit.</i> ,pp. 146&#45;147.</font></p>       ]]></body><back>
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