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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>&iquest;Fin de la historia, fin de las ideolog&iacute;as?</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Luis V&aacute;zquez Le&oacute;n</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Alfonso Fabila, 2002. <i>La tribu kikapoo de Coahuila</i>, Instituto Nacional Indigenista, col. Cl&aacute;sicos de la Antropolog&iacute;a, 2a. ed., pr&oacute;logo de Ren&eacute; Avil&eacute;s Fabila, M&eacute;xico.</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>CIESAS Occidente.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tras muchos a&ntilde;os de olvido, la colecci&oacute;n Cl&aacute;sicos de la Antropolog&iacute;a Mexicana ideada por Juan Rulfo vuelve a la vida con un libro de sesenta y dos a&ntilde;os de existencia. Habr&aacute; que felicitar por este doble acierto al director del Instituto Nacional Indigenista. Empero, debemos reflexionar que el revivir ahora a nuestros cl&aacute;sicos acaso equivalga al canto del cisne del propio indigenismo como pol&iacute;tica social. En ese sentido, es inquietante que el libro de Fabila, comparado con la historia del indigenismo estructurado desde 1940, guarden m&aacute;s de una semejanza, comparaci&oacute;n que muy bien puede entra&ntilde;ar una serie de iron&iacute;as, ninguna de ellas positiva.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A diferencia de la primera edici&oacute;n abreviada impresa por la SEP en 1945, esta segunda edici&oacute;n es una copia fiel y completa del texto original. Ambas, por cierto, no dejan de pertenecer a su momento hist&oacute;rico: la primera (cuando apenas era un informe in&eacute;dito escrito a m&aacute;quina por Fabila a modo de ponencia) coincide con el Primer Congreso Indigenista Interamericano de P&aacute;tzcuaro, acto fundacional del indigenismo mexicano instaurado a trav&eacute;s del Departamento de Asuntos Ind&iacute;genas, progenitor del actual Instituto Nacional Indigenista. Por el contrario, el momento actual coincide con una "Consulta nacional sobre pueblos ind&iacute;genas, pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y reforma institucional", auspiciada de manera interesada por la titular de la Oficina de los Pueblos Ind&iacute;genas de la Presidencia de la Rep&uacute;blica,<sup><a href="#notas">1</a></sup> pero que recuerda m&aacute;s a un refer&eacute;ndum sobre el anunciado fin de la instituci&oacute;n, y con ella el fin del propio indigenismo, al menos como lo conocimos con todos sus matices y orientaciones desde 1940.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Fin de la historia, fin de las ideolog&iacute;as? S&iacute;, pero a un alto costo. Nuestra &eacute;poca es inmune a todos los "ismos" de gran catadura que demanden compromisos activos a sus seguidores; en su lugar gusta disfrutar c&oacute;modamente de las identidades particulares, cuanto m&aacute;s exclusivas mejor, lo que explica la popularidad conseguida por el t&eacute;rmino cultura. Y es que entre 1940 y 2002 media todo un cambio de paradigmas sobre el que ser&iacute;a conveniente meditar con largueza en otra oportunidad. Mas en lo que al contexto del libro se refiere, hemos visto sucumbir uno tras otro al agrarismo, al obrerismo, al nacionalismo, al socialismo y tal parece que le toca el turno al indigenismo. Mientras, en otros &aacute;mbitos el fin de las ideolog&iacute;as ha significado incluso el fin de los Estados&#45;naci&oacute;n que los institucionalizaban, en M&eacute;xico el cambio econ&oacute;mico conservador se ha ensa&ntilde;ado con las instituciones sociales "heredadas de la Revoluci&oacute;n", tan caras a grupos e individuos del cercano siglo XX. Le&iacute;do bajo este derrotero, el libro contiene una dolorosa iron&iacute;a producto de la historia, porque es obvio que en su momento Fabila apostaba a por lo menos cuatro de los "ismos" vigentes: comunalismo, agrarismo, indigenismo y  socialismo. Adem&aacute;s, el referente mismo del libro brinda otra iron&iacute;a, que corresponde a la &eacute;poca y a los a&ntilde;os subsiguientes a su escritura. Lo ocurrido luego del estudio con la propia tribu algonkina asentada al norte de Coahuila, muestra que del comunalismo primitivo (en el que Fabila cifraba en parte sus esperanzas) pas&oacute; a ser para los a&ntilde;os setenta del siglo pasado un grupo jornalero migratorio &#151;el primero o uno de los primeros de lo que hoy constituye una condici&oacute;n generalizada a muchos otros grupos ind&iacute;genas&#151;, evoluci&oacute;n que implica un desenlace entre tendencias econ&oacute;micas encontradas que, como Fabila bien lo previ&oacute;, termin&oacute; en proletarizaci&oacute;n. Es decir, en ninguna orgullosa diferencia que mostrar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por su estructura expositiva, el libro no difiere de otras etnograf&iacute;as del autor. Desde luego, es mucho m&aacute;s comparable a su etnograf&iacute;a de las tribus yaquis (escrita pocos a&ntilde;os antes) que a la de los huicholes, muy posterior, y en la que se aprecia una visi&oacute;n bastante m&aacute;s sist&eacute;mica de medio, la econom&iacute;a y la cultura.<sup><a href="#notas">2</a></sup> Su etnograf&iacute;a se aviene pues a los c&aacute;nones &eacute;ticos existentes para la descripci&oacute;n etnogr&aacute;fica, hecha por &iacute;tems de observaci&oacute;n clasificados con anticipaci&oacute;n, tales como el medio, la historia, la demograf&iacute;a, la familia, la pol&iacute;tica, la religi&oacute;n, etc&eacute;tera.<sup><a href="#notas">3</a></sup> Incluso repite su estilo de agregar ap&eacute;ndices documentales relativos a las resoluciones agraristas favorables al grupo descrito. En consecuencia, es al interior de algunos de estos &iacute;tems clasificatorios que uno tiene que descubrir las preocupaciones m&aacute;s profundas de Fabila. Entonces, el hecho de que dedique una mayor atenci&oacute;n precisamente a la cuesti&oacute;n de la tierra comunal (la confirmaci&oacute;n de 7 mil hect&aacute;reas) o a la urgente resoluci&oacute;n del problema sanitario del tracoma no dejan lugar a dudas. Aparte de identificarlo plenamente con el indigenismo revolucionario del cardenismo &#151;especialmente con el indigenismo formulado por Mois&eacute;s S&aacute;enz&#151;,<sup><a href="#notas">4</a></sup> es obvio que por esta v&iacute;a se siente la influencia de Jos&eacute; Carlos Mari&aacute;tegui a prop&oacute;sito de la tesis comunista peruana de aprovechar el comunalismo ind&iacute;gena para fincar el colectivismo socialista.<sup><a href="#notas">5</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ya que a Fabila le importa la econom&iacute;a, y que por esa senda describe la evoluci&oacute;n social kikap&uacute; de tribu cazadora&#45;recolectora a la de un campesinado incipiente: "Es decir, el kikap&uacute; principia su marcha hacia la civilizaci&oacute;n" (p. 24), a escasa media p&aacute;gina cita <i>El origen de la familia, de la propiedad y el Estado,</i> de Engels. &Eacute;ste es su mayor asidero te&oacute;rico. Y su etnograf&iacute;a del parentesco, la propiedad y la pol&iacute;tica se apega a la teor&iacute;a marxista, tal como Engels la entend&iacute;a. Pero va m&aacute;s all&aacute; al abordar la sociedad: el cambio econ&oacute;mico que atraviesa la tribu crea la posibilidad de una autodeterminaci&oacute;n como un "natural desenvolvimiento interno". Pero no tarda en pronunciarse al respecto cuando atempera de inmediato su afirmaci&oacute;n con un realismo etnogr&aacute;fico de su propia inspiraci&oacute;n: "Pero lo que podr&iacute;a suceder y desearse, no ocurrir&aacute;, y el kikapoo quedar&aacute; enquistado en donde se halla, haciendo una vida tr&aacute;gicamente dolorosa, aun cuando no carente de inter&eacute;s etnogr&aacute;fico" (p. 75). Admite pues que el capitalismo triunfante (el &uacute;nico "ismo" campeante, por cierto) la llevar&aacute; a disolverse y desintegrarse en clases sociales diferenciadas, desarrollo, agrega, que no sabemos a d&oacute;nde los conducir&aacute;, pero lo caracteriza como "la proletarizaci&oacute;n ind&iacute;gena" dentro de la sociedad mexicana. Agrega luego una disonancia menor cuando dice que ha comunicado al Congreso Indigenista de P&aacute;tzcuaro esta preocupaci&oacute;n, pero otra vez se frustra al saber que la respuesta del congreso se redujo a un simple dictamen de publicaci&oacute;n, es decir, en realidad no se le discuti&oacute; a fondo.<sup><a href="#notas">6</a></sup> Pero el asunto era de la mayor importancia. Percibe as&iacute; los primeros signos de disgregaci&oacute;n en el terreno pol&iacute;tico a modo de un faccionalismo entre tradicionalistas e innovadores, entre viejos y j&oacute;venes, pero tambi&eacute;n entre "comuneros tradicionalistas" e "individualistas antikikap&uacute;s", y con estos &uacute;ltimos, aunque fueran ind&iacute;genas tambi&eacute;n, el advenimiento de la propiedad privada (p. 99).</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="../img/revistas/desacatos/n10/a14i1.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero el hecho de que Fabila dedique tanto espacio de su etnograf&iacute;a a los asuntos agrarios como son las restituciones de tierra a la tribu son inconfundibles: le est&aacute; apostando de veras a los comuneros, a la tendencia colectivista y, por &uacute;ltimo, a la autonom&iacute;a socialista. Pero es su propio realismo el que lo contradice pues percibe que la lucha est&aacute; perdida. Que no habr&aacute; socialismo, autonomismo, agrarismo o colectivismo. &Eacute;sa es la iron&iacute;a contenida en su misma escritura. Adicionalmente, como digo, su lectura actual le a&ntilde;ade otras iron&iacute;as preocupantes: el fin del indigenismo, simult&aacute;neo al proceso de proletarizaci&oacute;n generalizada, justo en el tiempo que m&aacute;s se habla de la autonom&iacute;a de los pueblos ind&iacute;genas. He ah&iacute; el signo parad&oacute;jico de nuestros tiempos. Los kikap&uacute;s s&oacute;lo se adelantaron a ello. Fabila no lo vio. S&oacute;lo lo anunci&oacute; en 1940, pero era ya del todo visible en 1970. Cuando yo mismo estuve en El Nacimiento por ese entonces, durante meses la comunidad &#151;lo que quedaba de ella, con tierras "comunales" para beneficio de los ganaderos kikap&uacute; enriquecidos con esta peque&ntilde;a tragedia de los comunes&#151; era un poblado fantasma, apenas habitado por viejos, ni&ntilde;os y mujeres. Ya entonces la mayor parte de la poblaci&oacute;n se remontaba hasta Utah y Montana para emplearse como jornaleros en la pizca de diversos cultivos, volviendo de su periplo proletario al finalizar el a&ntilde;o, cuando el trabajo asalariado menguaba. Recuerdo que en esos d&iacute;as los rancheros mestizos de los alrededores envidiaban los d&oacute;lares y las trocas tra&iacute;das por ellos del otro lado. Hoy, esa envidia es in&uacute;til. Im&aacute;genes similares a &eacute;sta son harto comunes en el declinante paisaje del M&eacute;xico rural de nuestra &eacute;poca.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En suma, la dolorosa iron&iacute;a de una experiencia social venida a menos se extiende a mixtecos, triques, tarascos, otom&iacute;es y muchos otros "pueblos indios", cuya principal riqueza es su pobreza, una pobreza que los hace muy valiosos para saciar una y otra vez la infinita hambre de ganancia de los agronegocios empresariales en M&eacute;xico, Estados Unidos y Canad&aacute;. Tambi&eacute;n la pobreza y la explotaci&oacute;n de los indios es global y trilateral. Los kikap&uacute;s cruzaron muy r&aacute;pido por este camino de envilecimiento. Fabila s&oacute;lo percibi&oacute; el comienzo, pero ya sab&iacute;a el fin. Doloroso m&eacute;rito para un estudioso como &eacute;l. Y para cualquiera que como &eacute;l se preocupe por sus conciudadanos m&aacute;s sojuzgados, los nuevos condenados de la tierra.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> De modo menos p&uacute;blico, el Banco Mundial auspicia a su vez una evaluaci&oacute;n de los resultados obtenidos por todos los programas del INI, evaluaci&oacute;n que de seguro tendr&aacute; mayores alcances que la consulta.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup>&nbsp;Cfr. Alfonso Fabila, <i>Los yaquis,</i> INI, M&eacute;xico, 1978 (1938);    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651997&pid=S1607-050X200200020001400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> <i>Los huicholes de Jalisco,</i> INI, M&eacute;xico, 1959.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2651998&pid=S1607-050X200200020001400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup>&nbsp;Desde finales del siglo XIX estaban disponibles las <i>Notes and Queries on Anthropology,</i> publicadas por el Royal Institute of Anthropology del Reino Unido. Todav&iacute;a hubo una traducci&oacute;n al espa&ntilde;ol como <i>Manual de campo del antrop&oacute;logo</i> (UIA) en 1971. La etnograf&iacute;a del manual es la de estos &iacute;tems clasificatorios.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup>&nbsp;De Mois&eacute;s S&aacute;enz v&eacute;ase sobre todo <i>Sobre el indio peruano y su incorporaci&oacute;n al medio nacio</i>nal, SEP, M&eacute;xico, 1933;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2652001&pid=S1607-050X200200020001400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->y <i>Carapan, bosquejo de una experiencia,</i> Librer&iacute;a e Imprenta Gil, Lima, 1936.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2652002&pid=S1607-050X200200020001400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Este reconocimiento no es gratuito. La discusi&oacute;n de Marx con los populistas rusos permaneci&oacute; olvidada por muchos a&ntilde;os, y fue del todo ajena a la pol&iacute;tica de las peque&ntilde;as nacionalidades de Lenin y los bolcheviques.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> Adem&aacute;s de Fabila, el peruano Hildebrando Castro Pozo expuso un desenlace similar para las comunidades ind&iacute;genas peruanas. Tampoco fue escuchado. Y es que tanto el indigenismo como el agrarismo por un lado sufragaban una utop&iacute;a campesina y por otro implicaban pol&iacute;ticas sociales dentro del capitalismo nacionalista.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre el autor</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Luis V&aacute;zquez Le&oacute;n.</b> Estudi&oacute; la licenciatura en la Escuela Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia, la maestr&iacute;a en El Colegio de Michoac&aacute;n y el doctorado en el CIESAS&#45;Universidad de Guadalajara. Ha realizado trabajos de campo en los siguientes lugares: Muzquiz, Coahuila; la Comarca Lagunera; Cutzamala, Guerrero; Sierra Tarasca, Michoac&aacute;n; Tanhuato&#45;Yur&eacute;cuaro, Michoac&aacute;n. Sus libros son: <i>Ser indio otra vez. La purepechizaci&oacute;n de los tarascos serranos</i> (Conaculta, 1992), <i>El Leviat&aacute;n arqueol&oacute;gico. Antropolog&iacute;a de una tradici&oacute;n cient&iacute;fica</i> (CNWS, 1996) y <i>La antropolog&iacute;a sociocultural del nuevo milenio</i> (coeditor, FCE, 2002).</font></p>      ]]></body><back>
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