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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[FERNÁNDEZ SARASOLA, Ignacio, Proyectos constitucionales en España (1786-1824)]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ 
    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as Bibliogr&aacute;ficas</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>
    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>FERN&Aacute;NDEZ SARASOLA, Ignacio, <i>Proyectos constitucionales en Espa&ntilde;a (1786&#150;1824)</i></b></font></p>
    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>
    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Madrid, Centro de Estudios Pol&iacute;ticos y Constitucionales, 2004, colecci&oacute;n Cl&aacute;sicos del Pensamiento Pol&iacute;tico y Constitucional Espa&ntilde;ol, 751 pp.</b></font></p>
    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>
    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Faustino Mart&iacute;nez Mart&iacute;nez*</b></font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Departamento de Historia del Derecho y de las Instituciones Universidad Complutense de Madrid.</i></font></p>
    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde hace unos a&ntilde;os a esta parte, la preocupaci&oacute;n por la historia constitucional o la historia del constitucionalismo (entendidas como la recreaci&oacute;n y reconstrucci&oacute;n de los diferentes procesos constituyentes desarrollados en la pen&iacute;nsula ib&eacute;rica en los cuales se persegu&iacute;a abiertamente la afirmaci&oacute;n jur&iacute;dico&#150;pol&iacute;tica de un nuevo sujeto o realidad nacional que se opera mediante la Constituci&oacute;n), ha conformado el tema preferido de investigaci&oacute;n de numerosos profesores y acad&eacute;micos. La generaci&oacute;n de los textos mismos en que se refleja ese esp&iacute;ritu constitucional, las propias Constituciones como enciclopedia de todo lo que supone el nuevo Estado en construcci&oacute;n, y el desarrollo de los movimientos que conducen a la redacci&oacute;n y final sanci&oacute;n de aqu&eacute;lla, ozan ahora de una preferencia m&aacute;xima que estimamos positiva dentro del campo de la historia del derecho, tradicionalmente anclado en la tem&aacute;tica del Antiguo R&eacute;gimen y de &eacute;pocas hist&oacute;ricas anteriores. Y decimos que es positiva porque todo cuanto simbolice apertura de miras y hallazgo de nuevos horizontes as&iacute; debe ser considerado.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Solamente en este contexto de recuperaci&oacute;n de lo constitucional, es posible examinar el grado de ruptura que la revoluci&oacute;n jur&iacute;dica liberal implic&oacute;, marcando as&iacute; una gran cesura hist&oacute;rica, y solamente as&iacute; se explica y se justifica el sistema constitucional del que disfrutamos en la actualidad. Si el Estado calificado como liberal, con los adjetivos que se le quieran a&ntilde;adir (democr&aacute;tico, de derecho, social, auton&oacute;mico, integral, federal, etc&eacute;tera, pero, siempre y hasta la m&eacute;dula, defensor de la libertad en sus m&uacute;ltiples variantes, y, por ello, siempre liberal) ha conseguido perdurar y sobrevivir a las amenazas que se cern&iacute;an, por su izquierda y por su derecha , tal y como postul&oacute; en su d&iacute;a Francis Fukuyama,<sup><a href="#notas">1</a></sup> la Constituci&oacute;n parece ser el recipiente l&oacute;gico final en el cual se depositan las esencias de ese conglomerado de principios, valores y reglas, que se quieren firmes y s&oacute;lidas para la edificaci&oacute;n de una suerte de poder que se someta f&eacute;rreamente a los postulados del derecho, a los dictados de lo jur&iacute;dico, mediante los cuales es controlado y es encauzado.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Constituci&oacute;n es la punta de lanza, el abanderado que encabeza la lucha contra la tiran&iacute;a, el despotismo y el absolutismo, en sus vertientes pol&iacute;tica y jur&iacute;dica. Ese Estado liberal es, hoy m&aacute;s que nunca, Estado constitucional,<sup><a href="#notas">2</a></sup> porque solamente halla en dicha Constituci&oacute;n, escrita o consuetudinaria, su raz&oacute;n de existir, su fundamento, su base misma, su acta de nacimiento. esencialmente, ese "fin de la historia", al que se refer&iacute;a el ensayista norteamericano citado, no supone la terminaci&oacute;n de aqu&eacute;lla, sino un replanteamiento de la historicidad del ser humano, toda vez que se ha llegado al sistema pol&iacute;tico m&aacute;s equilibrado de los pensables y posibles (perfectible y mejorable, sin lugar a dudas, sobre todo en el campo econ&oacute;mico, en el social y en el cultural). Hoy, los pilares del Estado liberal (sometimiento del poder al derecho, soberan&iacute;a Nacional y/o popular, separaci&oacute;n de poderes, reconocimiento de derechos y libertades naturales para todos los ciudadanos, libertad de expresi&oacute;n, de imprenta, de asociaci&oacute;n, laicismo y aconfesionalidad, etc&eacute;tera) parecen formar parte de nuestro paisaje usual, de nuestro lenguaje y de nuestras reflexiones, de suerte tal que no hay un cuestionamiento global del modelo, sino debates entorno a la profundizaci&oacute;n en el mismo, entorno a las acciones que deben seguirse de cara a un perfeccionamiento de sus funciones, admiti&eacute;ndolo en sus grandes perfiles.<sup><a href="#notas">3</a></sup> El fin de la historia, en lo jur&iacute;dico, parece que desemboca asimismo en la Constituci&oacute;n, en tendiendo "fin" como tendencia direccional y como consumaci&oacute;n conceptual. Es, en este sentido, la culminaci&oacute;n jur&iacute;dica del ideario revolucionario liberal, con a&ntilde;adidos sociales y democr&aacute;ticos. Pero adem&aacute;s de fin en la doble direcci&oacute;n apuntada, fue el texto constitucional tambi&eacute;n inicio. En el principio de todo ello, se encuentra la Constituci&oacute;n; antes que ella, el proceso constituyente, y, antes de &eacute;ste, el proyecto que finalmente se derrama en texto constitucional. He aqu&iacute; el esquema l&oacute;gico&#150;hist&oacute;rico, toda vez que no hay generaciones espont&aacute;neas en el mundo del derecho y todo responde a un combinado juego de causas y de efectos. Proyecto constitucional. Proceso constituyente. Constituci&oacute;n final.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Constituci&oacute;n, sin embargo, no solamente se estudia, se piensa, se reflexiona sobre ella. La Constituci&oacute;n exige para su materializaci&oacute;n una suerte de plebiscito cotidiano, como dec&iacute;a Renan, de la naci&oacute;n, una especie de realizaci&oacute;n diaria, una vivencia y una convivencia con su articulado y el modelo que de la misma parece derivarse. Vivirla, asumirla, hacer la propia, interiorizarla, considerarla como el marco m&aacute;s adecuado de convivencia social. Por eso, la Constituci&oacute;n requiere conocerla y esto implica comprenderla, adquirir cultura acerca de la misma, de su esencia y de sus vicisitudes. Cultura constitucional, en el sentido de permitir que dichos valores, reglas y principios permeen la vida de los ciudadanos y de los poderes, se conviertan en referente de obligado cumplimiento, no por la fuerza de la coacci&oacute;n, sino por medio de la su gesti&oacute;n y el convencimiento de que aquel conglomerado de principios es el m&aacute;s apto socialmente hablando y el que puede hacer que la vida en comunidad sea m&aacute;s llevadera, respetuosa, en suma, mejor. Con esto no queremos decir que la Constituci&oacute;n sea panacea de ninguna sociedad, cura para todo mal social o pol&iacute;tico, b&aacute;lsamo de Fierabr&aacute;s que con solo tocar el miembro infectado procede a su sanaci&oacute;n. Ni mucho menos. Ejemplos varios ha y en la historia de Constituciones nacidas con las mayores expectativas y bendiciones, fracasadas luego con el mayor de los estruendos. No es un elemento m&aacute;gico, ni mucho menos, por que su valor depende m&aacute;s de los receptores de su mensaje y no tanto de ella misma. La simbiosis entre Constituci&oacute;n y los destinatarios de la misma (la Constituci&oacute;n "real" que dir&iacute;a F. Lasalle) es lo que garantiza el &eacute;xito del modelo constitucional, la perfecta armon&iacute;a entre lo que la norma determina y lo que los sujetos que a ella misma se vinculan est&aacute;n dispuestos a soportar en aras de un inter&eacute;s superior, que podemos denominar, con cierto tono cl&aacute;sico, bien com&uacute;n. La Constituci&oacute;n es, en suma, cultura, conocimiento, respeto, tolerancia y asunci&oacute;n de ese conocimiento para su realizaci&oacute;n pr&aacute;ctica. Evoca as&iacute; un poco, y en cierta medida, el ideal del imperativo categ&oacute;rico kantiano, ahora personificado en el texto constitucional, como principio esencial, primer pelda&ntilde;o de arranque de una moralidad y una juridicidad que se pretenden universales.<sup><a href="#notas">4</a></sup></font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es tradici&oacute;n situar en una fecha, el a&ntilde;o 1812, el momento &aacute;lgido de los inicios de esa cultura constitucional en Espa&ntilde;a, la culminaci&oacute;n de unos proleg&oacute;menos que se hunden en la anterior centuria.<sup><a href="#notas">5</a></sup> Al menos, en ese preciso instante surge el primer texto constitucional que podemos considerar como "nacional" en el doble sentido de elaborado por la naci&oacute;n y elaborado por una que se dice espa&ntilde;ola (excluyen do as&iacute; al Estatuto de Bayona, otorgado por Napole&oacute;n en 1808, al que no se puede referir ninguno de los calificativos mencionados). C&aacute;diz es el primer texto constitucional, normativamente hablando, el primero sancionado, establecido, impuesto con arreglo a los cauces de un proceso de elaboraci&oacute;n&#150;aprobaci&oacute;n que sigue unas reglas nuevas motivadas por la revoluci&oacute;n en ciernes que se est&aacute; gestando desde los or&iacute;genes de la guerra de la Independencia. Una crisis que, en realidad, son varias: as&iacute; ha habla do Jos&eacute; Mar&iacute;a Portillo Vald&eacute;s de los triples efectos de ese momento cambiante, de crisis de in de pendencia, crisis de soberan&iacute;a y crisis constitucional, profundamente entrelazadas e inseparables.<sup><a href="#notas">6</a></sup> La crisis constitucional que supone encontrar una nueva Constituci&oacute;n parece ser respuesta, camino para superar las dos anteriores, la que se eleva como medida final para la recuperaci&oacute;n de los valores pol&iacute;ticos perdidos en manos de la dinast&iacute;a Bonaparte. Ha emanado de esa situaci&oacute;n cr&iacute;tica general del Antiguo R&eacute;gimen un nuevo sujeto pol&iacute;tico, esa naci&oacute;n, que ha asumido la desfalleciente titularidad de los poderes estatales en manos hasta entonces de una caduca monarqu&iacute;a corrupta y dominada por validos sin escr&uacute;pulos; una naci&oacute;n que ha hecho suya esa soberan&iacute;a anta&ntilde;o lejana, ha hecho propios los poderes a ella inherentes, y ha procedido a dictarse las normas esenciales respeto a la conformaci&oacute;n del gobierno, del poder y de las posiciones jur&iacute;dicas diversas que corresponden a los ciudadanos. C&aacute;diz, sin romper totalmente con el pasado, mas introduciendo ya nuevos conceptos, marca una cesura determinante en nuestra historia pol&iacute;tica y tambi&eacute;n jur&iacute;dica. Es un nuevo mundo el que se anuncia, el liberal, y, al mismo tiempo, pone el cierre a todo uno antiguo, absoluto, estamental, corporativo.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La peripecia vital de esta Constituci&oacute;n se convertir&aacute; en el <i>leit&#150;motiv </i>ideol&oacute;gico del primer liberalismo: el debate dentro del pensamiento liberal naciente y triunfante se centrar&aacute;, tras su primer ensayo aplicativo (1812&#150;1814) y su subsecuente abrogaci&oacute;n por el absolutismo (1814&#150;1820), en determinar si ese texto constitucional val&iacute;a en su &iacute;ntegra totalidad y era susceptible de ser aplicado en su literalidad misma, o si, por el contrario, se exig&iacute;an de inmediato remedios, correcciones y matices. C&aacute;diz fue una voz, fue la voz oficial del poder, del Estado liberal, la voz que marc&oacute; las pautas de una nueva forma de ver al sujeto &uacute;ltimo del poder pol&iacute;tico, la encargada de cercenar el absolutismo, de convertir al simple hombre en ciudadano, de reconocer en manos de la naci&oacute;n la protecci&oacute;n de ciertos derechos y libertades e, indirectamente, de ponerlos en manos de sus integrantes, de dividir las potestades, de organizar un nuevo r&eacute;gimen, de construir la revoluci&oacute;n por medio del recurso a la naci&oacute;n de cara a remozar el aspecto y el fondo del Estado mismo.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero, &iquest;fue acaso la &uacute;nica voz?, &iquest;o hubo un coro subyacente dentro del movimiento liberal en ascensi&oacute;n?, &iquest;callaron las otras sensibilidades pol&iacute;ticas, las otras facciones, los otros hombres?, &iquest;fue el constituyente gaditano el &uacute;nico que se pronunci&oacute; sobre la Constituci&oacute;n? Y, una vez dada &eacute;sta, &iquest;fue aceptada sin m&aacute;s como palabra divina en lo pol&iacute;tico que no requer&iacute;a ulteriores precisiones, ni modificaciones, ni alteraciones, ni cambios?, &iquest;hubo alternativas reales? La respuesta parece conducir a la pluralidad, al debate, a esa opini&oacute;n p&uacute;blica tambi&eacute;n naciente, que habla de todo, especialmente, de pol&iacute;tica. C&aacute;diz no fue el remedio total, la cura de todos los males de la patria, y tampoco silenci&oacute; voces a uno y a otro lado del espectro pol&iacute;tico, sino que las aviv&oacute; en muchas ocasiones. Fue la Constituci&oacute;n de donde germin&oacute; inconformismo pol&iacute;tico a raudales, para liberales, para absolutistas, para afrancesados. C&aacute;diz, 1812, es estaci&oacute;n de llegada, de todo un proceso de gestaci&oacute;n intelectual que se comienza a fraguardes de la segunda mitad del siglo XVIII. O lo que es lo mismo: C&aacute;diz no nace de la nada. Es Constituci&oacute;n, pero antes de la misma fue necesario que, como en el poema de Borges, por mediaci&oacute;n de las causas y los azares, de los ponientes y las generaciones, de m&uacute;ltiples combinaciones de actos y hechos, se produjesen infinidad de movimientos y sucesos, que condujesen a la final condenaci&oacute;n de un programa pol&iacute;tico que un&iacute;a lo viejo, par a arrumbar lo, y lo nuevo, para elevar lo a primera categor&iacute;a pol&iacute;tico&#150;constitucional, en el texto que ve la luz el 19 de marzo de 1812, y no a simple an&eacute;cdota o capricho pasajero.<sup><a href="#notas">7</a></sup></font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nos obsequia el profesor Fern&aacute;ndez Sarasola con una nueva obra que incide en la l&iacute;nea de investigaci&oacute;n que viene siendo cultivada desde la c&aacute;tedra del profesor Varela en la universidad de Oviedo: la historia de nuestro constitucionalismo, ahora bajo la versi&oacute;n de la historia de los proyectos constitucionales, como paso previo a la construcci&oacute;n de los posteriores monumentos constitucionales oficialmente estatuidos. Y decimos obsequia por que este trabajo es un regalo para el investigador por lo queda a primera vista y por los materiales que proporciona de cara al futuro. Para estudiar el c&oacute;mo se llega al Estado liberal en nuestro pa&iacute;s, donde las Constituciones son elemento jur&iacute;dico capital, no basta conce&ntilde;irse a los textos publicados, a lo que sali&oacute; en su d&iacute;a de imprentas oficiales o particulares, sino ir m&aacute;s all&aacute;, a los efectos de obtener el diagn&oacute;stico preciso de lo que se ha venido denominando la cultura constitucional. Cultura constitucional como trasunto de un modo concreto de entender el liberalismo y de trasladarlo al solar hisp&aacute;nico, como una simiente nueva, que se asienta y finalmente procede a crecer y a madurar en plenitud. Para hallar esa cultura tenemos los textos constitucionales que estuvieron en vigor, pero a ellos se llega despu&eacute;s de propuestas, ensayos, debates, defensas, luchas, bocetos, pol&eacute;micas, transacciones, pol&iacute;tica y pol&iacute;ticas en estado puro.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La historia de nuestras Constituciones no es simplemente la historia de sus textos; es o debe ser la historia de los procesos constituyentes que finalmente acaban desembocando y cristalizando en un texto, pero &eacute;ste no se puede comprender sin aquellos anteriores. Y la historia de los procesos constituyente es la historia de &eacute;xitos, de lo que finalmente se quiso que fuera una Constituci&oacute;n, pero tambi&eacute;n de aquellos textos que no lo lograron, ni pudieron conseguirlo. Solamente as&iacute; el proceso hist&oacute;rico que podemos denominar constitucional ser&aacute; lo suficientemente aprehendido y comprendido, captado y asimilado. Conociendo sus pasos previos (las propuestas) y los caminos posteriores (las realizaciones). De esta manera, se deben glosar sucesivamente ideolog&iacute;as como punto de partida, proyectos como manifestaci&oacute;n de las anteriores, procesos constituyentes que se ponen en marcha por el impulso de los dos elementos referidos, y, finalmente, la sedimentaci&oacute;n que opera con el texto constitucional mismo, en este caso, C&aacute;diz, como referente continuo a partir de su aprobaci&oacute;n, para lo bueno (conservarlo) y para lo malo (reformarlo).</font></p>
    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El profesor Fern&aacute;ndez Sarasola presenta en este grueso volumen los principales hitos de este proceso, acotado entre dos fechas: 1786 y 1824. La primera se elige por razones comparativas: es la fecha en que se data el primer proyecto constitucional propiamente hisp&aacute;nico, pero es, al mismo tiempo, coet&aacute;neo a la fecha en la que nace la Constituci&oacute;n de los Estados Unidos, primer texto constitucional moderno y paradigma de un cierto tipo de constitucionalismo. La segunda, 1824, nos muestra el doloroso colapso del liberalismo, el triunfo del absolutismo tras el Trienio y la necesidad imperiosa de replantear el modelo gaditano a los efectos de dotar a la naci&oacute;n de una nueva Constituci&oacute;n m&aacute;s realista, m&aacute;s moderada, m&aacute;s plena de posibilidades en cuanto a su aplicaci&oacute;n. 1786 supone el arranque del constitucionalismo universal; 1824, el fracaso del primer constitucionalismo liberal hisp&aacute;nico y el inicio de una nueva b&uacute;squeda de modelos, culturas y Constituciones.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La obra en s&iacute; misma es necesaria ante la ausencia de una publicaci&oacute;n de conjunto que aglutinase todos estos proyectos y experiencias frustradas. Los textos constitucionales s&iacute; han sido objeto de variadas publicaciones, como las de Tierno Galv&aacute;n, Jorge de Esteban o Raquel Rico Linaje, entre los m&aacute;s destacados. Pero segu&iacute;an faltando los proyectos que antecedieron al momento de culminaci&oacute;n constitucional, faltaron las compilaciones de esos andamios que luego permitieron concluir el edificio.<sup><a href="#notas">8</a></sup> Y esta laguna es la que, tras muchos esfuerzos, consultas bibliogr&aacute;ficas y b&uacute;squeda en archivos (sobre todo, el del Congreso de los Diputados), ha tratado exitosamente el autor de cubrir con esta voluminosa publicaci&oacute;n, que cumple las expectativas y no defrauda al lector ansioso de conocer en su plenitud esos procesos constituyentes, sus avances y retrocesos, los entre sijos de los mismos, su suerte final y las razones que la explican. Es libro de fuentes, que ha exigido cotejos, desplazamientos, revisiones, e incluso correcciones y nuevas lecturas de muchos de los textos ahora conjuntamente publicados.<sup><a href="#notas">9</a></sup> Por esa pulcritud y correcci&oacute;n en su elaboraci&oacute;n, derivada de la constante insatisfacci&oacute;n que caracteriza al buen investigador, el resultado es &oacute;ptimo, s&oacute;lido, capaz, de obligada consulta de aqu&iacute; en adelante.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una breve presentaci&oacute;n (pp. XV&#150;XIX) indica la raz&oacute;n final del trabajo. Los proyectos, dice el autor, nunca llegaron a convertirse en su redacci&oacute;n originaria en Constituciones v&aacute;lidas, si bien muchos de ellos operaron como fuentes de tales textos (p. XV). Para adentrar se en los proyectos, se debe renunciar a cualquier visi&oacute;n positivista, en un sentido exclusivamente normativo del quehacer constitucional. Los proyectos son acaso los textos en donde se recoge de mejor manera y de modo m&aacute;s completo el debate pol&iacute;tico&#150;ideol&oacute;gico, donde la libertad de expresi&oacute;n pol&iacute;tica pod&iacute;a manifestarse sin sometimiento a los r&iacute;gidos cors&eacute;s de las mayor&iacute;as, a la disciplina del voto en Cortes impuesta por l&iacute;deres de facciones, o a las manipulaciones y a los pactos. All&iacute; halla campo sembrado el estudio de las ideas pol&iacute;tico&#150;constitucionales (p. XV) porque all&iacute; es donde se pronuncian ideas con mayores libertades y menores sujeciones.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero, &iquest;por qu&eacute; estudiar los proyectos, si a fin de cuentas, no llegaron a ser derecho positivo, no llegaron a vincular a la poblaci&oacute;n, ni al poder, no fueron m&aacute;s que meros bocetos sin trascendencia? Primeramente, por que estas afirmaciones no son tan claras, ni n&iacute;tidas, como a primera vista pudiera suponerse. Un proyecto no es solamente una propuesta, un decir lanzado al viento. La trascendencia existe: no fueron directamente ley, pero coadyuvaron en debates, comisiones, juntas, discusiones, en un incesante tr&aacute;nsito de ideas, a la formaci&oacute;n de leyes futuras, por lo que algo hay en el derecho positivo, efectivamente aprobado, que puede reconducir a los textos proyectados. No es derecho, aunque s&iacute; se aproxima mucho a lo que finalmente se convirti&oacute; en tal. Es arriesgado afirmar esa ausencia de valor normativo, toda vez que muchos de ellos devinieron fuentes, y son, por ende, elemento de arranque para el derecho futuro que s&iacute;, en este caso, se ver&aacute; aprobado por los cauces oficiales . Con otros ropajes y vestuarios, llegaron muchas de estas ideas a convertirse en norma. En segundo lugar, por su relevancia doctrinal e interpretativa: nos da el estado de las ideas y de las opiniones en el momento de la forja de la Constituci&oacute;n, nos muestra el pulso del pensamiento pol&iacute;tico, y sirve para la final interpretaci&oacute;n del caudal jur&iacute;dico resultante. En tercer lugar &#151;y eso lo advierte el autor en la p&aacute;gina XVI&#151;, operan los proyectos como fuentes, directas o indirectas, de las Constituciones hist&oacute;ricas, y son muestra en la mayor parte de los casos del ideario de la minor&iacute;a (lo que les confiere el honor de presentar muchas corrientes ideol&oacute;gicas en su estado m&aacute;s puro, virginal, inmaculado, sin contaminaciones). Lo primero, por lo que ya advertimos arriba: algunos proyectos lo fueron oficialmente, entraron en el juego parlamentario, fueron debatidos y modificados (si se comparan con la Constituci&oacute;n resultante), lo que permite aventurar relaciones entre texto aprobado y texto originario, conocer el <i>iter </i>y los cambios que las arduas negociaciones pol&iacute;ticas produjeron, cu&aacute;ndo y por qu&eacute; se dieron transacciones o bien se impuso el criterio dominante, en fin, reconstruir la historia de la Constituci&oacute;n a partir de textos que no llegaron a serlo, pero sin los que aqu&eacute;lla no habr&iacute;a adquirido sus perfiles y rasgos definitorios finales. El proyecto muestra as&iacute; "una doctrina en su estado puro, sin las alteraciones que pueda sufrir por la l&oacute;gica transacci&oacute;n parlamentaria" (p. XVI), muestra el proyecto de la facci&oacute;n en su radicalidad m&aacute;s manifiesta, sin las amputaciones que oscuras negociaciones pudieran haber causado en su articulado, sin la correcci&oacute;n de lo pol&iacute;ticamente plausible o viable. Muchas veces el proyecto es la idea pol&iacute;tica en bruto, expresada directa e inmediatamente, sin depuraci&oacute;n, sin modulaciones, sin conformismos, ni componendas. El discurso pol&iacute;tico expresado en toda su vehemencia. Pero no siempre.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al mismo tiempo, los proyectos que no llegaron siquiera a tener la posibilidad remota de influir en textos oficiales, juegan un relevante papel: tampoco deben ser desechados sin m&aacute;s puesto que su influencia se pudo dar en otros documentos constitucionales posteriores, m&aacute;s all&aacute; de su contemporaneidad, y porque expresan el pensamiento de la minor&iacute;a. Esta situaci&oacute;n, en principio, inocua, sin embargo, es de gran relevancia en un constitucionalismo, como el nuestro, tan poco amigo del di&aacute;logo, del pacto y de la transacci&oacute;n. De ah&iacute; que, en este segundo caso, el texto de la minor&iacute;a tenga una incidencia negativa, como "contra&#150;modelo", como alternativa, o bien una incidencia positiva, matizando y corrigiendo el formulado por la mayor&iacute;a (p. XVII).</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En todo caso, admitiendo la pluralidad de tentativas y de cabezas que en un momento dado deciden perge&ntilde;ar una Constituci&oacute;n, tres ser&iacute;an las grandes l&iacute;neas o modelos que seguir&aacute;n los autores de proyectos que van a ser examinados: el modelo liberal, el modelo afrancesado y el modelo reformista. &Eacute;se ser&aacute; el criterio con arreglo al cual se clasifiquen los proyectos resultantes, lo cual es bastante acertado, a nuestro modesto entender, teniendo en cuenta el caudal ideol&oacute;gico plural que se vive entre finales del siglo XVIII y el primer tercio del siglo XIX. Tres l&iacute;neas de pensamiento que, con matices, reproducen buena parte de la situaci&oacute;n de pensamiento pol&iacute;tico en la que vive Espa&ntilde;a entre la Ilustraci&oacute;n y el Liberalismo.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Falta simplemente una &uacute;ltima acotaci&oacute;n: &iquest;qu&eacute; es un proyecto? Evidentemente, algo se ha avanzado previamente y algo se ha insinuado. Un proyecto no es texto positivo y no ha sido en el pasado texto positivo, pero no basta cualquier texto, sino aquel que comporte "teorizaciones que se reflejaron en un texto articulado, orientado a servir como Constituci&oacute;n nacional, o bien como bases constitucionales para un documento m&aacute;s detallado" (p. XVII). Textos, pues, te&oacute;ricos, aunque articulados, ordenados y sistematizados, nacidos convocaci&oacute;n de convertirse en programa constitucional pleno o bien sentar las bases para el cumplimiento de tales presupuestos. Algunos fueron oficiales; otros no. Unos nacen en sede pol&iacute;tica (juntas, cortes, ayuntamientos); otros vinculados a individuos sin aspiraciones de ese tipo. Se publicaron a lo largo y ancho de las "Espa&ntilde;a", en lo que parece ser un clima incesante de "constitucionalizaci&oacute;n" y participaci&oacute;n en la "constituyencia".<sup><a href="#notas">10</a></sup> Estos rasgos aparecen como secundarios y en todo caso no decisivos para el &eacute;xito o el sepultamiento, parlamentario o cortesano, del proyecto mismo, pero sirven para trazar su genealog&iacute;a.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es, de alguna manera, la historia de textos fracasados, de textos perdedores, pero cuyos fracasos y derrotas son relativos merced al paso del tiempo y al giro de los acontecimientos en un oscilante, cambiante y excesivamente din&aacute;mico inicio de siglo XIX espa&ntilde;ol. Textos de cuyas ca&iacute;das se aprende siempre algo y algo siempre acaban transmitiendo. Y gratitud es asimismo lo que esta obra transmite. Concluye esta presentaci&oacute;n con los agradecimientos varios a todas las personas que han auxiliado en tan ardua tarea, desde su planteamiento inicial hasta su final conversi&oacute;n en libro, con todos los auxilios intermedios imaginables y con la indicaci&oacute;n tambi&eacute;n de los archivos y bibliotecas<sup><a href="#notas">11</a></sup> en los cuales se desarroll&oacute; el grueso del trabajo, de donde se tomaron los materiales y las fuentes finalmente condensadas en las p&aacute;ginas de este tratado de constitucionalismo que no trata, sin embargo, de Constituciones m&aacute;s que remotamente.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El <i>estudio preliminar </i>(pp. XXI&#150;XLIV) glosa el desarrollo del ideario constitucionalista en Espa&ntilde;a, a los efectos de se&ntilde;alar el modo en que nacen los tres modelos referidos con anterioridad. Se inicia con las huellas del constitucionalismo en el siglo XVIII. Cierto es que Espa&ntilde;a y su pensamiento, en una l&iacute;nea que se mov&iacute;a entre la neo&#150;escol&aacute;stica y el conciliarismo, hab&iacute;an con formado en los siglos XVI y XVII un modelo de reflexi&oacute;n socio&#150;pol&iacute;tica de gran calado e influencia, con las figuras se&ntilde;eras de la Escuela de Salamanca (Vitoria, Soto, Su&aacute;rez) u otras menores, menos c&eacute;lebres, pero de igual calado intelectual. Sin excepci&oacute;n, los grandes fil&oacute;sofos europeos hab&iacute;an recurrido a los pensadores patrios. La quiebra que suponen las guerras religiosas y el fraccionamiento de la antigua unidad cat&oacute;lica provocan la consecuente decadencia de los planteamientos y la necesidad de reemplazar los viejos dogmas por ideas igualmente operativas que superen el vac&iacute;o intelectual en el que se ha sumido el continente. Una Europa, ya no cat&oacute;lica, toma el relevo a unos reinos hisp&aacute;nicos en la totalidad de sus crisis.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El siglo XVIII hab&iacute;a invertido la tendencia y la Espa&ntilde;a, que exportaba ideario, pasa a ser ahora la que reciba los nuevos aires del pensamiento racionalista desde pr&aacute;cticamente todos los frentes y todas las fronteras. El derecho natural, de base cat&oacute;lica, deja paso al derecho natural protestante, esto es, eminentemente racionalista, ya en su versi&oacute;n cartesiana, ya en la variante emp&iacute;rica brit&aacute;nica. En todo caso, el hombre y su naturaleza se convert&iacute;an en el eje del debate filos&oacute;fico, pol&iacute;tico y jur&iacute;dico, mientras que Dios pasaba a un segundo plano. Cobra fuerza el agnosticismo y el hombre trata de dominar con la raz&oacute;n el universo entero. Para ello, necesita  formar esa raz&oacute;n y de ah&iacute; los logros m&aacute;s relevantes de la Ilustraci&oacute;n, con la <i>Enciclopedia </i>a la cabeza. Espa&ntilde;a queda un poco desplazada de todo este proceso de renovaci&oacute;n, v&iacute;ctima de sus propias debilidades internas En este contexto, sin embargo, el reina do de Carlos III en la segunda mitad del Siglo de las Luces marca una inflexi&oacute;n y el inicio de la aceptaci&oacute;n de ideas procedentes de allende los Pirineos, aceptaci&oacute;n que se realiza con suma prudencia debido al celoso control religioso que sigue subsistiendo y al miedo que despu&eacute;s se despierta con los acontecimientos revolucionarios de Francia. All&iacute;, en el seno de esa Ilustraci&oacute;n, nacen las primeras visiones constitucionales que el autor agrupa en dos grandes bloques (pp. XXII&#150;XXVIII): los reformistas y los rupturistas.</font></p>
    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los primeros postulaban cambios graduales "que no supusiesen socavar las bases mismas de la Monarqu&iacute;a" (p. XXIII), esto es, admitir la monarqu&iacute;a como forma perfecta de gobierno, pero introducir algunas innovaciones institucionales a los efectos de mejorar el sistema pol&iacute;tico en su totalidad. A su vez, estos reformistas se divid&iacute;an en una primera corriente racionalista (Cabarr&uacute;s, Ib&aacute;&ntilde;ez de Renter&iacute;a), partidarios de racionalizar la actuaci&oacute;n del poder, lo que supon&iacute;a un monarca fuerte con una poderosa maquinaria administrativa a su lado, cuyo modelo ser&iacute;a el gobierno del rey mediante consejos, mientras que una segunda rama historicista hablaba de ciertas "leyes fundamentales" pactadas entre el rey y el reino, no modificables por la sola voluntad de alguno de los sujetos, que con formaban la esencia pol&iacute;tica misma del sistema. Recuperar o reformar la monarqu&iacute;a deb&iacute;a hacerse en funci&oacute;n de la historia, del pasado, y no en funci&oacute;n de la raz&oacute;n. Dentro de esta l&iacute;nea de pensamiento, a la que se adscriben, por ejemplo Jovellanos, Cadalso o Mart&iacute;nez Marina, se entend&iacute;a que hab&iacute;a un n&uacute;cleo intocable e inmodificable, un pilar interno que no pod&iacute;a ser objeto nunca y bajo ning&uacute;n concepto de negociaci&oacute;n pol&iacute;tica. En ese n&uacute;cleo referido, se hallaban esencialmente dos principios: el car&aacute;cter mon&aacute;rquico del gobierno y la confesionalidad, traducida en intolerancia religiosa, del sistema pol&iacute;tico estatal. Su modelo mixtificado ser&iacute;a el modelo constitucional brit&aacute;nico, con esa armon&iacute;a y control rec&iacute;proco entre el rey y el parlamento.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al lado de los anteriores, aparecen los rupturistas, partidarios ya no de simples retoques en el aparato de gobierno en atenci&oacute;n a la raz&oacute;n o a la historia, sino defensores a ultranza de unas nuevas formas de gobierno, de r&eacute;gimen, de Estado, de poder y de su articulaci&oacute;n. La historia era, para estos pensadores, ense&ntilde;anza, que no modelo, a la que no se ten&iacute;a necesariamente que tender o recuperar, sino m&aacute;s bien superar. No bastaba la correcci&oacute;n de lo existente: se exig&iacute;a una nueva realidad estatal y, por ende, constitucional, cuya base radicaba en el individualismo y en la defensa y satisfacci&oacute;n de los derechos naturales subjetivos de los ciudadanos (p. XXVI). Para cumplir esos fines, la ruptura supon&iacute;a trasladar el centro pol&iacute;tico del antiguo soberano a la nueva naci&oacute;n, as&iacute; como fraccionar los viejos poderes entre distintos &oacute;rganos, reduciendo el rey a un papel meramente ejecutivo y encumbrando al legislativo, responsable pr&aacute;cticamente de todo y actuante pr&aacute;cticamente tambi&eacute;n en toda materia. Para que este cometido se pudiera materializar, hab&iacute;a que destruir lo existente y recurrir a una Constituci&oacute;n nueva, creada por esa naci&oacute;n, refundar la sociedad, en un proceso constituyente, con lo que se comienza a atisbar un concepto racional&#150;normativo, no simplemente hist&oacute;rico, de lo que es una Constituci&oacute;n. Lo postularon as&iacute; las figuras de Le&oacute;n de Arroyal y Manuel de Aguirre. En suma, hallamos dos conceptos enfrentados respecto a la Constituci&oacute;n y al Estado mismo como poder. Para los primeros, ambos elementos procedentes del Antiguo R&eacute;gimen son v&aacute;lidos y susceptibles, a lo sumo, de ciertas correcciones. Para los segundos, ninguno de los elementos citados es operativo y tienen que ser cambiados para dar origen a una nueva realidad pol&iacute;tica y constitucional. La importancia de estos pensadores no es balad&iacute;: a partir de ambas corrientes citadas, nacen las tendencias de los primeros a&ntilde;os del siglo XIX que ahora nos acompa&ntilde;ar&aacute;n. El primer liberalismo hunde sus ra&iacute;ces en este llamado "pensamiento constitucional ilustrado", pero tambi&eacute;n las orientaciones absolutistas o afrancesadas. Todo se hallaba ah&iacute; en estado embrionario, presto a madurar de una forma veloz.<sup><a href="#notas">12</a></sup></font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se ocupa a rengl&oacute;n seguido el autor del "constitucionalismo liberal" (pp. XXVIII&#150;XXXV), vinculado al rupturismo aludido hace unas l&iacute;neas y por ello copart&iacute;cipe de su ideolog&iacute;a. Sus postulados son evidentes: la naci&oacute;n no ha reasumido la soberan&iacute;a, sino que &eacute;sta le pertenec&iacute;a por pleno derecho en todo momento; distinci&oacute;n entre titularidad y ejercicio de la misma; necesidad del proceso constituyente para que dicha naci&oacute;n como sujeto pol&iacute;tico procediese a materializar su voluntad, eligiendo el sistema de gobierno, separando los poderes y protegiendo los derechos de los ciudadanos; la preeminencia otorgada al Poder Legislativo, identificado con la naci&oacute;n misma, y al que quieren libre de toda ingerencia pol&iacute;tica (del Ejecutivo, sobre todo) y social (que se traduce en el unicameralismo y el sufragio). Estos son sus rasgos b&aacute;sicos. Son interesantes en este contexto los proyectos presentados desde los territorios de Ultramar, acaso te&ntilde;idos de un liberalismo mucho m&aacute;s acentuado que el peninsular, provocado probablemente por el trato desigual del que fueron v&iacute;ctimas sus representantes en las Generales y Extraordinarias de 1810.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El modelo fue, para lo bueno y para lo malo, C&aacute;diz y sus h&eacute;roes los diputados que participaron en su redacci&oacute;n desde el punto de vista de la mayor&iacute;a triunfante, pero dicha Constituci&oacute;n era ut&oacute;pica en muchos sentidos por irrealizable al presentar una arm&oacute;nica colaboraci&oacute;n entre poderes que ni remotamente pod&iacute;a ser realizada (basta la experiencia del Trienio para mostrar su inviabilidad). Tras la primera restauraci&oacute;n absolutista, la reflexi&oacute;n, la c&aacute;rcel o el destierro matizaron la opini&oacute;n de muchos pol&iacute;ticos y ello dio origen a un primer fraccionamiento en las filas liberales, entre los exaltados, rayanos en el jacobinismo, defensores a ultranza de la labor constitucional realizada, enemigos ac&eacute;rrimos del rey, de los absolutistas y de los afrancesados, frente a los moderados, partidarios de una necesaria modulaci&oacute;n de las exigencias m&aacute;s radicales del liberalismo para hacer viable la transici&oacute;n hacia un nuevo sistema pol&iacute;tico. Ello explica que no haya proyectos exaltados entre 1820 y 1824: ya exist&iacute;a una Constituci&oacute;n perfecta que deb&iacute;a ser puesta en marcha. Pudieron darse proyectos republicanos incluso, pero no nos han sido transmitidos, aunque el autor lo insin&uacute;a en p. XXXIII: el peso de la ley fundamental que hablaba de una Espa&ntilde;a siempre mon&aacute;rquica parece calar hondo en todas las ideolog&iacute;as implicadas. El moderantismo, por su parte, torn&oacute; los ojos a Francia y al modelo de la carta constitucional de 1814, con sus dos grandes logros de cara a sentar las bases de un liberalismo de corte doctrinario amante del orden por encima de la justicia: el bicameralismo y la recuperaci&oacute;n del veto absoluto por parte del rey, que le permite obrar un poder de corte moderador, una exquisita neutralidad en el seno del debate pol&iacute;tico. La ruptura entre ambas facciones fue total porque asimismo el modelo franc&eacute;s de referencia era antin&oacute;mico. Supon&iacute;a este debate elegir entre la Francia de 1789 o la Francia de 1814, pero siempre Francia aparec&iacute;a como elemento de referencia en la reflexi&oacute;n. Y fue esa segunda direcci&oacute;n la que se trat&oacute; de impregnar a la pol&iacute;tica nacional desde 1834.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un tercer elenco corresponder&iacute;a al constitucionalismo reformista y de algunas facciones del absolutismo (pp. XXXV&#150;XL), ese pensamiento conformista con la estructura de poder del Antiguo R&eacute;gimen a la que se podr&iacute;an ir haciendo a&ntilde;adidos y correcciones, pero postulando la validez general del r&eacute;gimen. Jovellanos, Mart&iacute;nez Marina, Blanco White, por citar tres ejemplos, encarnan esta corriente, que parte de la Ilustraci&oacute;n y termina en el siglo XIX. Su visi&oacute;n de la Constituci&oacute;n era hist&oacute;rica, no racional; est&aacute;tica, no din&aacute;mica, por lo que a partir de ah&iacute; su discurso es f&aacute;cilmente reconducible a una serie de t&oacute;picos, de lugares comunes: la existencia de unas leyes fundamentales r&iacute;gidas e inamovibles, distinguiendo en las mismas algunos aspectos externos, susceptibles de adaptaci&oacute;n a los nuevos tiempos, sobre los cuales s&iacute; se predicaba la idea de reforma; la posibilidad de enmendarlas y corregirlas, con respeto siempre de su n&uacute;cleo intangible; la inexistencia de un proceso constituyente: mejor se habla de una "mera tarea de codificaci&oacute;n y a mejoramiento de fueros" (p. XXXVIII); la defensa a ultranza de la monarqu&iacute;a como forma natural de gobierno, sobre la que solamente se puede predicar la moderaci&oacute;n o templanza (p. XXXIX), a los efectos de llegar a ese "equilibrio constitucional" de raigambre brit&aacute;nica.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, queda el grupo nada homog&eacute;neo de los afrancesados (pp. XL&#150;XLIV), quienes ven en Napole&oacute;n una ocasi&oacute;n o pretexto para certificar la caducidad del Antiguo R&eacute;gimen y dar paso a un sistema pol&iacute;tico inspirado en el franc&eacute;s, con su bicameralismo, el liberalismo moderado con defensa de derechos, pero tambi&eacute;n un poder fuerte en manos del monarca, fieles al modelo galo que sirve de inspiraci&oacute;n y de emulaci&oacute;n. Muchos de sus integrantes pasar&aacute;n con el tiempo al autoritarismo cuando se ve la ausencia de orden que su puso el Trienio Liberal, en un proceso que parece razonable porque el fondo de su pensamiento estaba te&ntilde;ido de ese anhelo constitucional franc&oacute;filo, de ese amor al orden, de ese liberalismo doctrinario presto a defender con virulencia sus elementos esenciales frente a cualquier devaneo de tipo neorrevolucionario. La revoluci&oacute;n se hab&iacute;a hecho y ahora hab&iacute;a que dominarla, calmarla, dormirla.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sentadas esas bases ideol&oacute;gicas, el autor pasa a clasificar tem&aacute;ticamente cada uno de los proyectos seleccionados, que se ven precedidos de una peque&ntilde;a introducci&oacute;n, donde se desgranan los elementos esenciales de cada uno de esos textos, con noticias acerca del autor, su redacci&oacute;n e influjos, lugar y fecha de publicaci&oacute;n, destino final y el sumario o &iacute;ndice de los mismos.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se inician los proyectos con el constitucionalismo liberal, primeramente con referencia a los proyectos ilustrados del siglo XVIII: desfilan as&iacute; el primero que merece tal calificativo, si buen su tono discursivo lo aproxima m&aacute;s a un tratado pol&iacute;tico que una verdadera "ley constitucional", el de Manuel Aguirre, de ra&iacute;ces rousseaunianas;<sup><a href="#notas">13</a></sup> y el m&aacute;s completo, razonado y articulado, de Le&oacute;n del Arroyal, con incorporaci&oacute;n de un C&oacute;digo Civil complementario.<sup><a href="#notas">14</a></sup></font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A estos dos siguen los de la etapa juntista, marcados por ciertos perfiles an&aacute;logos, relativos de nuevo a la presencia incontestable de Rousseau y a la admiraci&oacute;n por ciertos rasgos del jacobinismo: son el de Antonio Panadero (citado, pero no recogido, si bien se indica el legajo del Archivo del Congreso de los Diputados donde figura el mismo) y el de fray Jos&eacute; P&eacute;rez de Madre, pleno de ideolog&iacute;a asamblearia, de b&uacute;squeda de legitimidad popular en todas y cada una de las instituciones, y de deseos de evitar centralizaciones abusivas, con una lectura, en suma, pr&aacute;cticamente federal con esas juntas c&iacute;vicas, provinciales y central, adem&aacute;s de las especializadas.<sup><a href="#notas">15</a></sup> Se contin&uacute;a con Fl&oacute;rez Estrada, liberal radical, que refleja en su texto una mayor amplitud de miras en cuestiones como la tolerancia religiosa, la existencia de un cat&aacute;logo de derechos, limitaciones de potestades regias, y fortalecimiento del poder provincial, si bien la influencia de esta su propuesta parece ser que fue muy limitada.<sup><a href="#notas">16</a></sup></font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se contin&uacute;a con los proyectos ventiladas en las Cortes gaditanas a partir de 1810: el an&oacute;nimo, firmado por <i>S.D.M.A.L.T., un amante de la patria</i><sup><a href="#notas">17</a></sup>el de Jos&eacute; Mar&iacute;a Peina do, elaborado en Am&eacute;rica bajo la forma de instrucciones al estilo de las antiguas Cortes,<sup><a href="#notas">18</a></sup> con una clara determinaci&oacute;n de la finalidad del texto constitucional en su pre&aacute;mbulo;<sup><a href="#notas">19</a></sup> el de la Comisi&oacute;n de Constituci&oacute;n, acaso el m&aacute;s similar a la Constituci&oacute;n finalmente sancionada, por motivos obvios;<sup><a href="#notas">20</a></sup> o los proyectos de Constituci&oacute;n Militar de Vicente Sancho y de Fl&oacute;rez Estrada, en el intento de convertir al ej&eacute;rcito en instituci&oacute;n asimismo constitucional, "de ciudadanos", que actuasen movidos por el amor a la patria y a las virtudes p&uacute;blicas.<sup><a href="#notas">21</a></sup></font></p>
    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tras este primer escenario de Constituci&oacute;n y de proyectos, el retorno de Fernando VII y su real voluntad expresa da el 4 de mayo de 1814, dando por concluido el experimento constitucional, determinan la vuelta a la realidad institucional del Antiguo R&eacute;gimen en toda su crudeza. As&iacute;, muchos de los liberales, destacados protagonistas de las Cortes gaditanas, se ven obligados a abandonar Espa&ntilde;a y buscar refugio en la tranquilidad de Inglaterra o de Francia. De esta manera, la influencia pol&iacute;tico&#150;constitucional de estos dos pa&iacute;ses sobre el nuestro se ver&aacute; re forzada m&aacute;s si cabe, acentuando contacto y uniones personales. De ese primer exilio liberal, salen proyectos y salen proyectos en un sentido m&aacute;s realista que el gaditano. Conscientes de que el fracaso constitucional pod&iacute;a tener sus ra&iacute;ces en el mismo texto de C&aacute;diz (m&aacute;s que en una conjura universal, en la que participaban Fernando VII y todas las fuerzas unidas de la reacci&oacute;n), los liberales m&aacute;s moderados se orientan de forma paulatina hacia un liberalismo de esencia francesa, el de Constant y Destutt de Tracy, el doctrinario y pragm&aacute;tico, m&aacute;s suave y menos radical que el practicado por sus compa&ntilde;eros dentro de la gran familia liberal hisp&aacute;nica.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El ejemplo m&aacute;s claro de esta nueva tendencia se encuentra en el proyecto an&oacute;nimo intitulado <i>Acta constitucional de los espa&ntilde;oles de ambos hemisferios, </i>vinculado a la llamada "sorpresa del Palmar", intento de conspiraci&oacute;n liberal fracasado en 1819. Forma parte de un conjunto de instrucciones destinadas a organizar la toma del poder por ese liberalismo, con descripciones del modo de hacer la revoluci&oacute;n y de ejecutarla. El liberalismo emergente hab&iacute;a visto con claridad en el pronunciamiento la &uacute;nica manera de doblegar la voluntad absolutista de Fernando VII. Dichas instrucciones lo critican, pero tambi&eacute;n critican el r&eacute;gimen de C&aacute;diz. Ah&iacute; la diferencia respecto al periodo inmediatamente anterior. No se trata de complementar o desarrollar C&aacute;diz, sino de pasar p&aacute;gina por encima de su modelo constitucional. Los remedios propuestos son los ya conocidos: el bicameralismo y el poder neutro del rey, junto a otras realidades como la responsabilidad de los ministros (ya no llamados secretarios), la previsi&oacute;n del jurado y de otros dos nuevos poderes: el electoral y el poder administrativo o municipal.<sup><a href="#notas">22</a></sup> Es significativo, en esa l&iacute;nea planteada, de considerar la Constituci&oacute;n como panacea pol&iacute;tica, de lo queda buena cuenta el art&iacute;culo 206, con el que se cierra el <i>Acta, </i>sumamente expresivo de aquello que esperaban los redactores de la obra respecto de los efectos bals&aacute;micos que la misma producir&iacute;a en la realidad espa&ntilde;ola, con la necesaria colaboraci&oacute;n de los ciudadano, seres virtuosos, proclives a mirar m&aacute;s all&aacute; de su simple inter&eacute;s particular. Una muestra de un optimismo constitucional que subyace en los restantes proyectos examinados en este libro: "La presente acta constitucional es el libro sagrado del Estado, que la naci&oacute;n deposita  en la virtud, el talento y la energ&iacute;a de todos los espa&ntilde;oles y habitantes de los dominios de Espa&ntilde;a".</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A continuaci&oacute;n, toca el turno a los proyectos del Trienio, comenzando con otro de Constituci&oacute;n militar, debido a Dionisio Carre&ntilde;o, en la l&iacute;nea de la legislaci&oacute;n aprobada en esa nueva experiencia liberal; o los m&aacute;s originales en cuanto que enfocan de forma directo el tratamiento del problema americano, con un proyecto constitucional abiertamente federal an&oacute;nimo y otro debido al cubano Sequeira,<sup><a href="#notas">23</a></sup> caracterizados por el mayor grado de autogobierno que quieren otorgar a las provincias americanas, en una soluci&oacute;n que no llega a abrazar totalmente el federalismo, pero se aproximaba a &eacute;l, acaso como remedio muy tard&iacute;o, puesto que no pudo evitar la emancipaci&oacute;n, dram&aacute;tico resultado final que ya hab&iacute;a sido previsto, entre otros, por Foronda, Fl&oacute;rez Estrada, Blanco White o el propio Bentham. Llegados a este punto, concluye la referencia al liberalismo centrada no por casualidad en los dos temas m&aacute;s problem&aacute;ticos a los que tuvo que hacer se frente tras el pronunciamiento de riego. Las dos asignaturas pendientes en el examen de la viabilidad gaditana segu&iacute;an siendo el ej&eacute;rcito, que deb&iacute;a ser pasado por el tamiz de la Constituci&oacute;n, y la resoluci&oacute;n urgente del problema americano. Obvia decir que en ambos casos se fracas&oacute;, en un caso, temporalmente hasta que no se produjo el definitivo sometimiento de aqu&eacute;l al poder civil; en el otro, de forma definitiva, tras los plurales movimientos de insurgencia y sucesivas derrotas militares, que certifican la p&eacute;rdida de la Am&eacute;rica hisp&aacute;nica.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En un salto comprensible, tem&aacute;ticamente hablando, pasamos al segundo gran grupo de proyectos anteriormente descritos en sus rasgos globales. Toca el turno ahora a los calificados como "reformistas", es decir, respetuosos con el Antiguo R&eacute;gimen, con su catolicismo, su visi&oacute;n esta mental y corporativa, pero tendentes a ofrecer algunas variaciones sobre aspectos puntuales del modelo pol&iacute;tico en aquellos aspectos "externos" que las propias leyes fundamentales toleraban y admit&iacute;an, sobre todo, en la cuesti&oacute;n referida al modo de convocar y organizar las futuras Cortes.<sup><a href="#notas">24</a> </sup>Corresponde este calificativo a textos que nacen como respuesta a la famosa "consulta al Pa&iacute;s", como el Proyecto de Francisco P&eacute;rez Mu&ntilde;oz, con tres &oacute;rganos esenciales (Rey, Junta Central y C&aacute;mara Suprema de Justicia, a modo de Senado y Supremo Tribunal);<sup><a href="#notas">25</a></sup> el presentado por la Junta de Mallorca;<sup><a href="#notas">26</a></sup> el marcadamente racionalista, combinado con dosis tradicionalistas, de Juan Bosmeniel y Riesco (partidario de un gobierno mixto, con recuperaci&oacute;n de los antiguos consejos);<sup><a href="#notas">27</a></sup> o el escrito por el obispo y cabildo de C&oacute;rdoba (con la curiosa propuesta, de origen polaco, de celebrar "ante&#150;cortes" o Cortes preparatorias para las generales, y cita reiterada de numerosos pensadores ilustrados).<sup><a href="#notas">28</a></sup></font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De ah&iacute; pasamos al constitucionalismo afrancesado, conformado alrededor del Estatuto de Bayona y sus tres proyectos sucesivos de la primavera&#150;verano de 1808. Elaborados por Napole&oacute;n, a instancias de Murat, recog&iacute;a el primero en todo su esplendor el ideario imperial, que se hab&iacute;a establecido en las Constituci&oacute;n del a&ntilde;o VIII, seg&uacute;n reforma del a&ntilde;o X, que se ve matizado y "espa&ntilde;olizado" en los dos sucesivos proyectos, como, por ejemplo, en la cuesti&oacute;n de la intolerancia religiosa, de la regencia o de los territorios de Ultra mar.<sup><a href="#notas">29</a></sup> A estos tres se suma un curioso proyecto an&oacute;nimo, tambi&eacute;n afrancesado, de la &eacute;poca del Trienio, en donde se contempla la deriva ideol&oacute;gica de los antiguos admiradores de Napole&oacute;n hacia posiciones m&aacute;s pr&oacute;ximas al moderantismo y sus postulados arquet&iacute;picos.<sup><a href="#notas">30</a></sup></font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tras los proyectos, un ap&eacute;ndice nos introduce en lo que el autor denomina "programas constitucionales", algo m&aacute;s que meras obras doctrinales o te&oacute;ricas, puesto que son conceptuados como "textos que contienen un programa b&aacute;sico no articulado o articulado de forma imperfecta, a fin de servir de gu&iacute;a para una elaboraci&oacute;n normativa m&aacute;s detallada" (p. 385), lo que vendr&iacute;a a suponer hablar de aut&eacute;nticos "proyectos de proyectos", si se permite la expresi&oacute;n. Dos textos se incluyen aqu&iacute;: el de John Allen, en su versi&oacute;n inglesa y su posterior traducci&oacute;n espa&ntilde;ola, exponente de una l&iacute;nea reformista, que busca armonizar tradici&oacute;n hispana y constitucionalismo brit&aacute;nico;<sup><a href="#notas">31</a></sup> y el conjunto de trabajos debidos a la Junta de Legislaci&oacute;n, en el seno de la Junta Central, en su b&uacute;squeda hist&oacute;rica y desesperada de las leyes fundamentales y de las posibilidades de reformarlas, ante su resistencia a hablar de un aut&eacute;ntico poder constituyente (lo que realmente eran o como tal actuaron).<sup><a href="#notas">32</a></sup></font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un segundo ap&eacute;ndice se refiere a la incidencia del constitucionalismo emergente en las obras doctrinales, en una suerte de tratados que se presentan como Constituciones encubiertas. Ello obedece al efecto totalizante que se persegu&iacute;a: la Constituci&oacute;n pas&oacute; a ser objeto de estudio y a determinar el modo de presentaci&oacute;n del material did&aacute;ctico, que segu&iacute;a el mismo esquema que el del propio texto constitucional, con sus t&iacute;tulos, cap&iacute;tulos, secciones y art&iacute;culos, cosa que sucede tanto en el campo liberal (con los ejemplos de Victori&aacute;n de Villava y Jos&eacute; Canga Arg&uuml;elles) como en el absolutista (con Alvarado y G&oacute;mez Hermosilla). Los primeros, evidentemente, para ensalzar la Constituci&oacute;n y su racionalismo a ultranza que se pod&iacute;a palpar en la propia estructura de la obra; los segundos, para ridiculizar y parodiar los efectos presuntamente ben&eacute;ficos de aqu&eacute;lla.<sup><a href="#notas">33</a></sup> La fiebre constitucional llega a generar un estilo literario propio, en serio o en tono burlesco, pero muestra c&oacute;mo su capacidad de organizaci&oacute;n y de ordenaci&oacute;n a nadie dejaba indiferente.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute; concluye esta magn&iacute;fica obra en la que se echa en falta un conjunto de &iacute;ndices (tem&aacute;tico y de personas), &uacute;nica pega a un estudio s&oacute;lidamente elaborado, con convicci&oacute;n y argumentos, que no desmerece para nada el trabajo realizado por el profesor Fern&aacute;ndez Sarasola, acaso uno de las personas m&aacute;s preparadas para afrontar una tit&aacute;nica tarea de b&uacute;squeda y captura de todo este material constitucional que antecedi&oacute; a la implantaci&oacute;n del Estado liberal y coexisti&oacute; despu&eacute;s en unos primeros a&ntilde;os balbucientes y ag&oacute;nicos que siguen a 1812, y, al mismo tiempo, para darle forma de cara a su presentaci&oacute;n en manera de libro . Creemos que hay un prop&oacute;sito que ha inspirado la publicaci&oacute;n: observar y postular que la historia del constitucionalismo es m&aacute;s que simples textos; que se puede estudiar la Constituci&oacute;n m&aacute;s all&aacute; y m&aacute;s ac&aacute; de la Constituci&oacute;n misma; en definitiva, que el texto constitucional no es simplemente un conjunto de letras negras sobre fondo blanco, sino toda una cultura que se inicia fuera de las asambleas y parlamentos, cobra forma y fuerza en su seno, y finalmente es lanzada el mundo jur&iacute;dico con plenitud de valores. El esquema que propugnamos al inicio de esta rese&ntilde;a (proyecto, proceso constituyente, texto constitucional) es respetado e inspira estas reflexiones constitucionales sobre proyectos que no fueron Constituci&oacute;n, pero que aspiraron a ello.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gracias a estas fuentes ahora publicadas conjuntamente, esos remotos or&iacute;genes constitucionales, gestados entre los a&ntilde;os 1786 y 1824, parecen m&aacute;s cercanos y m&aacute;s claros. Y esos tres campos de estudio pueden ser abordados ahora con mayor seguridad y mayor certeza porque tenemos los materiales. Un meritorio y arduo trabajo, &eacute;ste de los proyectos, a cuyo autor solamente podemos dedicar palabras de profundo elogio y sincero agradecimiento.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>
    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>NOTA</b></font></p>
    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> V&eacute;ase Fukuyama, F., <i>El fin de la historia y el &uacute;ltimo hombre , </i>Barcelona, 1992.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2404110&pid=S1405-9193200700010001900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->
    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Para un caracterizaci&oacute;n del mismo, remito al lector a H&auml;berle, Peter, <i>El Estado constitucional, </i>traducci&oacute;n de H&eacute;ctor Fix&#150;Fierro, M&eacute;xico, UNAM, 2001.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2404112&pid=S1405-9193200700010001900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->
    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Acaso uno de esos nuevos desaf&iacute;os, uno de los ejes del debate pol&iacute;tico y jur&iacute;dico, sea el tan manido concepto del "multiculturalismo" y su consecuencia m&aacute;s capital: el problema de la integraci&oacute;n del otro. V&eacute;ase a este respecto Arias Mart&iacute;n, A. (coord.), <i>Debate multicultural y derechos humanos, </i>M&eacute;xico, 2005.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2404114&pid=S1405-9193200700010001900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->
    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4 </sup>V&eacute;ase Kant, L, <i>Fundamentaci&oacute;n de la metaf&iacute;sica de las costumbres. Filosof&iacute;a moral, </i>traducci&oacute;n de Manuel Garc&iacute;a Morente, Madrid, 1992, en especial, el cap&iacute;tulo II, pp. 37 y ss.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2404116&pid=S1405-9193200700010001900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->
    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Sobre los or&iacute;genes, contamos con el excelente trabajo de Portillo Vald&eacute;s, J. M., <i>Revoluci&oacute;n de Naci&oacute;n. Or&iacute;genes de la cultura constitucional en Espa&ntilde;a, 1780&#150;1812, </i>Madrid, 2000. En cierta medida y salvando las distancias, la obra de Fern&aacute;ndez Saraso la viene a completar este trabajo previo con acopio de materiales constitucionales que ayudan a buscar e ilustrar esos inicios.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2404118&pid=S1405-9193200700010001900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->
    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6 </sup>V&eacute;ase <i>ibidem, </i>nota 5, cap&iacute;tulo II, pp. 157 y ss. Espa&ntilde;a, las Espa&ntilde;as, deja de ser un pa&iacute;s independiente, por no ser soberano y por violentar su propio conjunto de leyes fundamentales. He aqu&iacute; la concatenaci&oacute;n: crisis de independencia en una doble faceta, internacional e interna, provocada por la intervenci&oacute;n de Napole&oacute;n; crisis de soberan&iacute;a, derivada de la anterior, dado que esa monarqu&iacute;a reinante quedaba mediatizada por una voluntad ajena a su historia, a su tradici&oacute;n, y, por ello, a s&iacute; misma; y crisis constitucional, modo final de resoluci&oacute;n de las anteriores, con protagonismo ahora ya decisivo, que no &uacute;nico, de la naci&oacute;n, que renueva y remueve las estructuras pol&iacute;ticas conocidas.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2404120&pid=S1405-9193200700010001900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->
    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> La bibliograf&iacute;a sobre C&aacute;diz es ingente. A efectos de s&iacute;ntesis, v&eacute;ase el monogr&aacute;fico de la revista <i>Ayer, </i>n&uacute;m. 1, Artola, M. (ed.), <i>Las Cortes de C&aacute;diz, </i>Madrid, 1991;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2404122&pid=S1405-9193200700010001900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Lorente, M. y Garriga, C., "El modelo constitucional gaditano", Il <i>modello costituzionale inglese e la sua recezione nell 'area mediterranea tra la fine del '700 e la prime met&agrave; dell'800. Atti del Seminario Internazionale di Studi in memoria difrancisco Tom&aacute;s y Valiente (Messina, 14&#150;16 novembre 1996), </i>A cura di Andrea Romano, Mil&aacute;n, 1998, pp. 587&#150;613;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2404123&pid=S1405-9193200700010001900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Clavero, B., "C&aacute;diz como Constituci&oacute;n", <i>Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de la Monarqu&iacute;a Espa&ntilde;ola promulgada en C&aacute;diz a 19 de marzo de 1812. Volumen II. Estudios, </i>Sevilla, 2000, pp. 75&#150;265;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2404124&pid=S1405-9193200700010001900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> y varios autores, <i>Pueblos, Naci&oacute;n, Constituci&oacute;n (En torno a 1812), </i>Vitoria, 2004.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2404125&pid=S1405-9193200700010001900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8 </sup>Hay alguna excepci&oacute;n de la queda cuenta el autor en p. XV, nota n&uacute;m. 1, como la obra de Sevilla Andr&eacute;s o la publicada por la Secretar&iacute;a de las Cortes, pero los proyectos all&iacute; recopilados junto a las Constituciones se refieren a la &eacute;poca de la consolidaci&oacute;n del Estado liberal, a partir del reina do de Isabel II, y no a los momentos de construcci&oacute;n preliminar de ese liberalismo.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9 </sup>Sobre todo, en relaci&oacute;n a la edici&oacute;n de Sanz Cid del primer proyecto constitucional de Bayona. El autor ofrece una versi&oacute;n nueva y corregida de los numerosos errores de la menciona da edici&oacute;n anterior, en pp. 519 y ss.</font></p>
    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10 </sup>No obstante el predominio de los lugares de publicaci&oacute;n como Madrid, en la mayor parte de los casos, al ser capital de los reinos (operada aqu&eacute;lla por medio de diarios o documentaci&oacute;n parlamentaria) y C&aacute;diz, por razones obvias cuando all&iacute; est&aacute;n radicadas las Cortes, tambi&eacute;n Birmingham, M&eacute;xico, Guatemala o Cuba aparecen como espacios donde el debate est&aacute; presente, se pone por escrito y es objeto de edici&oacute;n.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11 </sup>"Presentaci&oacute;n", pp. XVIII&#150;XIX. La inquietud del autor y el deseo de brindar una meritoria compilaci&oacute;n de todos los proyectos le ha llevado a consultas no ce&ntilde;idas al &aacute;mbito hisp&aacute;nico, ni siquiera al &aacute;mbito universitario. Citamos la n&oacute;mina para dar prueba de ello: Archives Nationales, Archivo de Palacio, Archivos del Congreso de los Diputados, de la Corona de Arag&oacute;n, General Militar, Hist&oacute;rico Nacional, y Nacional de Cuba; Bibliotecas del Congreso de los Diputados, Nacional, P&uacute;blica de Pola de Lena, del Senado, de la Universidad de Navarra, de la Universidad de Oviedo, la Bodleian Library de la Universidad de Oxford, la British Library, el Instituto Feijoo de Estudios del Siglo XVIII, y las Reales Academias de la Historia y de jurisprudencia y Legislaci&oacute;n.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> "Estudio preliminar", pp. XXVII&#150;XXVIII: "El conflicto constitucional entre rupturistas (a los que podemos definir como liberales) y reformistas historicistas deriva esencialmente de su concepto de Constituci&oacute;n: los primeros parten de una idea racional&#150;normativa, y los segundos de la concepci&oacute;n material hist&oacute;rica. Por esta raz&oacute;n, para los rupturistas se trata de elaborar ex novo un texto, abordando un proceso constituyente, en tanto que los reformistas historicistas optan por una mera reforma constitucional. De todas las corrientes de pensamiento pol&iacute;tico que eclosionan en el siglo XVIII surgir&aacute;n luego las corrientes del primer tercio del siglo XIX: los apologistas derivan en el absolutismo; los reformistas historicistas se mantienen en el siglo XIX; el reformismo racionalista conduce al Despotismo Ilustrado afrancesado; y el rupturismo, en fin, desemboca en el liberalismo revolucionario que halla su m&aacute;xima expresi&oacute;n en las Cortes de C&aacute;diz".</font></p>
    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13 </sup><i>Leyes constitucionales, cuya observancia es una obligaci&oacute;n inviolable para todos los individuos de la sociedad </i>(1786), introducci&oacute;n, pp. 7 y 8, texto, pp. 9&#150;14.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2404132&pid=S1405-9193200700010001900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->
    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14 </sup><i>Exposici&oacute;n de los derechos naturales. Divisi&oacute;n y orden del reino. Idea de la ley civil </i>(1786&#150;1790), introducci&oacute;n, pp. 15&#150;17, texto, pp. 18&#150;72.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2404134&pid=S1405-9193200700010001900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->
    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup><i> Gobierno universal, seguro, permanente y patri&oacute;tico de la naci&oacute;n espa&ntilde;ola, presentado a la Suprema Junta Central </i>(1809), introducci&oacute;n, pp. 75&#150;77; texto, pp. 78&#150;87.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2404136&pid=S1405-9193200700010001900013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->
    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup><i> Constituci&oacute;n para la Naci&oacute;n espa&ntilde;ola presentada a S. M. la Junta Suprema Gubernativa de Espa&ntilde;a e Indias en 1o. de noviembre de 1809 </i>(1809), introducci&oacute;n, pp. 89&#150;91, texto, pp. 92&#150;132, con amplia exposici&oacute;n de motivos donde el control del rey parece ser un elemento determinante en el juego pol&iacute;tico. De ese modo, se le priva del veto, del derecho a declarar la guerra y se somete a responsabilidad ante las Cortes, conforme a los art&iacute;culos 51 y siguientes.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2404138&pid=S1405-9193200700010001900014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->
    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17 </sup><i>Ensayo  de  Constituci&oacute;n para la Naci&oacute;n  espa&ntilde;ola </i>(1811),  introducci&oacute;n,  pp. 135&#150;137, texto, pp. 138&#150;159, dividido en cuatro partes dedicadas a las Cortes, al gobierno, a los tribunales y a la polic&iacute;a.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2404140&pid=S1405-9193200700010001900015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->
    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup><i> Instrucciones para la Constituci&oacute;n Fundamental de la Monarqu&iacute;a Espa&ntilde;ola y su gobierno. Parte I: Constituci&oacute;n Fundamental </i>(1810), introducci&oacute;n, pp. 161&#150;164, texto, pp. 165&#150;186, diferenciando entre Declaraci&oacute;n de los Derechos del Ciudadano y la Constituci&oacute;n propiamente dicha, al modo franc&eacute;s.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2404142&pid=S1405-9193200700010001900016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19</sup> Destaca por considerar a la Constituci&oacute;n como una suerte de remedio general para todos los males de la naci&oacute;n, en una reflexi&oacute;n que reaparece constantemente. As&iacute;, <i>Instrucciones, </i>pp. 166 y 167: "He aqu&iacute; los fundamentos de nuestra ruina. He aqu&iacute; los males que han oprimido la patria, y que insensiblemente han minado los cimientos del majestuoso edificio de la monarqu&iacute;a espa&ntilde;ola. Una Constituci&oacute;n, pues, que prevenga el despotismo del jefe de la naci&oacute;n: que se&ntilde;ales los l&iacute;mites de su autoridad: que haga del rey un padre y un ciudadano; que forme del magistrado un simple ejecutor de la ley; que establezca unas leyes consultadas con el derecho natural, que contiene en si todas las reglas de lo equitativo y de lo justo, y que se hallen revestidas de todos los caracteres de bondad absoluta, y de bondad relativa a los objetos primarios de la sociedad: que ense&ntilde;en a los pueblos sus deberes: que circunscriban sus obligaciones; y que a &eacute;stas, y a sus derechos se&ntilde;alen l&iacute;mites fijos e inalterables: que establezcan una administraci&oacute;n clara, sencilla y cimentada en los principios de propiedad, libertad y seguridad; que bajo tales principios e ilustrada con la filosof&iacute;a guarden proporci&oacute;n entre los delitos, y las penas, y no establezcan otras que las absolutamente necesarias y &uacute;tiles a la sociedad. Un sistema econ&oacute;mico y pol&iacute;tico, que auxilie los tres sagrados principios de propiedad, libertad y seguridad. Una instrucci&oacute;n p&uacute;blica y met&oacute;dica que disipe la ignorancia de los pueblos, y que difundiendo las luces promueva la utilidad general. &Eacute;ste es el &uacute;nico medio que a juicio del Ayuntamiento de Guatemala debe adoptarse para lo futuro si se ha de establecer la felicidad nacional. El Ayuntamiento desenvolver&aacute; oportunamente estos principios con la posible sencillez y concisi&oacute;n, pidiendo al Ser Supremo, padre universal y fuente de todo bien, el acierto en tan grave materia".</font></p>
    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20 </sup><i>Proyecto de Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de la Monarqu&iacute;a Espa&ntilde;ola, presentado a las Cortes Generales y Extraordinarias por su Comisi&oacute;n de Constituci&oacute;n </i>(1811), introducci&oacute;n, pp. 187&#150;190, texto, pp. 191&#150;267.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2404145&pid=S1405-9193200700010001900017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->
    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21</sup> M&aacute;s completo y extenso el segundo de ellos: <i>Ensayo de una Constituci&oacute;n militar deducida de la Constituci&oacute;n pol&iacute;tica de la Monarqu&iacute;a espa&ntilde;ola </i>(1812), introducci&oacute;n, pp. 269&#150;272, texto, pp. 273&#150;277;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2404147&pid=S1405-9193200700010001900018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> y <i>Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de la Naci&oacute;n Espa&ntilde;ola por lo tocante a la parte militar </i>(1813), introducci&oacute;n, pp. 279&#150;281, texto, pp. 282&#150;313.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2404148&pid=S1405-9193200700010001900019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->
    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>22</sup><i> Acta constitucional de los Espa&ntilde;oles de ambos hemisferios </i>(1819), introducci&oacute;n, pp. 317&#150;325, texto, pp. 326&#150;363.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2404150&pid=S1405-9193200700010001900020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->
    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>23 </sup><i>Bases o Puntos Capitales </i>(1821), introducci&oacute;n, pp. 421&#150;427, texto, pp. 428&#150;431;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2404152&pid=S1405-9193200700010001900021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> y <i>Variaciones a la Constituci&oacute;n de la Monarqu&iacute;a espa&ntilde;ola, para esta Isla exclusivamente </i>(1822), introducci&oacute;n, pp. 433&#150;439, texto, pp. 440&#150;454.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2404153&pid=S1405-9193200700010001900022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>24</sup> As&iacute;, a modo declaro ejemplo, el Proyecto de la Junta de Mallorca, pp. 476 y 477, destacaba a las Cortes no como &oacute;rgano legislativo, sino meramente propulsor de una legislaci&oacute;n que solamente al rey compet&iacute;a. En su art&iacute;culo 3o. dispon&iacute;a que las Cortes "podr&aacute;n tratar cualquier materia o asunto que crean concerniente al bien del Reino o a su gobernaci&oacute;n,   en   todo   ramo   y   presentaran   al   rey   las   peticiones   que   tengan   por convenientes". Esas mismas Cortes ser&aacute;n las encargadas de determinar cu&aacute;les son esas leyes fundamentales o constitucionales, para lo cual el art&iacute;culo 8o. propone como de especial pronunciamiento las siguientes: "Las Cortes deber&aacute;n declarar entre las leyes constitucionales de la Monarqu&iacute;a espa&ntilde;ola, las siguientes: el que en ella s&oacute;lo se ha de profesar la religi&oacute;n cat&oacute;lico&#150;romana. Que el gobierno de Espa&ntilde;a e Indias es el mon&aacute;rquico y que el trono debe ser ocupado hoy por el Sr. D. Fernando VII y leg&iacute;tima descendencia, seg&uacute;n el orden de succi&oacute;n que pidi&oacute; el Reino al soberano en las Cortes de Madrid de 1789, que es el reconocido en la naci&oacute;n desde los tiempos m&aacute;s antiguos, y seg&uacute;n el cual deben suceder las hembras en falta de varones. Que no se podr&aacute; establecer impuesto alguno sin el consentimiento de las Cortes".</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>25 </sup><i>Proyecto de Constituci&oacute;n para Espa&ntilde;a que se propone a la meditaci&oacute;n de los sabios Espa&ntilde;oles que dediquen sus tareas a fijar la felicidad presente y futura de su naci&oacute;n con arreglo al manifiesto de S. M. la Suprema Junta Central de 10 de noviembre de 1808 </i>(1809), introducci&oacute;n, pp. 457&#150;459, texto, pp. 460&#150;465.</font></p>
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>26</sup><i> Informe de la Junta Superior de Observaci&oacute;n y defensa del reino de Mallorca a la comisi&oacute;n nombrada por la Suprema Junta Central para examinar el modo y forma en que deben celebrar se las Cortes nacionales que S. M. ha resuelto convocar en todo el a&ntilde;o pr&oacute;ximo de 1810, o antes si las circunstancias lo permitieren, sobre los puntos que expresa el real decreto de 22 de mayo de este a&ntilde;o </i>(1809), introducci&oacute;n, pp. 467&#150;469, texto, pp. 470&#150;480.</font></p>
    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>27</sup><i> Policrasia filos&oacute;fica o arte de constituir una naci&oacute;n para gobernarla seg&uacute;n la naturaleza y la experiencia </i>(1809), introducci&oacute;n, pp. 481&#150;482, texto, pp. 483&#150;499.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2404158&pid=S1405-9193200700010001900023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->
    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>28</sup><i> Informe del Obispo y Cabildo de C&oacute;rdoba </i>(1809), introducci&oacute;n, pp. 501&#150;503, texto, pp. 504&#150;516.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2404160&pid=S1405-9193200700010001900024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->
    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>29 </sup><i>Proyectos Napole&oacute;nicos del Estatuto de Bayona; </i>introducci&oacute;n, pp. 519&#150;523. Primer Proyecto, pp.  524&#150;535,  Segundo Proyecto, pp.  536&#150;546, Tercer Proyecto, pp. 547&#150;570.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2404162&pid=S1405-9193200700010001900025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->
    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>30</sup><i> An&oacute;nimo que tiene por objeto establecer el orden de sucesi&oacute;n en la Corona de Espa&ntilde;a y de establecer bajo una forma nueva las antiguas Cortes por medio de Procuradores y una Diputaci&oacute;n Permanente </i>(&iquest;1820&#150;1823?), introducci&oacute;n, pp. 573&#150;574, texto, pp. 575&#150;584.</font></p>
    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>31</sup><i> Suggestions on the Cortes (Insinuaciones sobre las Cortes) </i>(1809), introducci&oacute;n, pp. 587&#150;590, texto en ingl&eacute;s, pp.591&#150;616. Traducci&oacute;n al castellano de Andr&eacute;s &Aacute;ngel de la Vega Infanz&oacute;n, pp. 617&#150;641.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2404165&pid=S1405-9193200700010001900026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->
    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>32 </sup>Con decisiva participaci&oacute;n deranz Romanillos y Arg&uuml;elles. <i>Actas de la Junta de Legislaci&oacute;n </i>(1809&#150;1810), introducci&oacute;n, pp. 643&#150;648, texto, pp. 649&#150;698. Estos documentos fueron objeto de un magn&iacute;fico estudio del profesor Tom&aacute;s y Valiente, F., "G&eacute;nesis de la Constituci&oacute;n de 1812. I. De muchas leyes fundamentales a una sola Constituci&oacute;n", <i>AHDE, </i>65, 1995, pp. 13&#150;125.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2404167&pid=S1405-9193200700010001900027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->
    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>33 </sup>Ap&eacute;ndice II. <i>La "forma constitucional" de las obras doctrinales; </i>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2404169&pid=S1405-9193200700010001900028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->Victori&aacute;n de Villava, <i>Apuntes para una reforma de Espa&ntilde;a, sin trastorno del Gobierno Mon&aacute;rquico ni la Religi&oacute;n </i>(1797);    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2404170&pid=S1405-9193200700010001900029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Jos&eacute; Canga Arg&uuml;elles, <i>Reflexiones sociales o idea para la Constituci&oacute;n espa&ntilde;ola que ofrece a los representantes de las Cortes </i>(1811);    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2404171&pid=S1405-9193200700010001900030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Francisco Alvarado, <i>Constituci&oacute;n filos&oacute;fica que el fil&oacute;sofo Rancio, transformado en fil&oacute;sofo liberal, escribi&oacute; antes de las llamadas Cortes Extraordinarias sancionasen su Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de la Monarqu&iacute;a Espa&ntilde;ola </i>(1811);    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2404172&pid=S1405-9193200700010001900031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> y Jos&eacute; G&oacute;mez Hermosilla, <i>El jacobinismo </i>(1823)</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2404173&pid=S1405-9193200700010001900032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->
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